Epílogo
Por Franela
…
— No podía estar aquí...
— ¿De qué hablas? —le preguntó ella algo desconcertada.
Sesshomaru suspiró pesadamente sin dejar de bailar, tenía que meditar un poco antes de darle la respuesta. Sí, era ella, por no tenerla a ella se fue, para olvidarla. Ese beso que le dio sin aviso hace diez años lo puso de cabeza, en ese momento quedó completamente desconcertado; entendió cosas que nunca había entendido, sintió lo que nunca había sentido. Sin embargo, la moneda ya estaba tirada. Ella se fue, él lo hizo después. En un comienzo fue difícil, pero claro, él no lo admitiría. Sin darse cuenta la veía en todos lados, con cada chica con la que salía anhelaba que fuera ella, costándole más que unos simples insultos. No obstante, en su negación nunca había entendido la razón, o mejor dicho, no lo quería hacer. ¿Y por qué? Por un simple beso. Con el paso de los años su mente se fue ocupando de otras cosas, por lo que su cometido inicial estaba hecho. Claro que eso era lo que pensaba, porque sólo estaba distraído, y al poner un pie en ese tren todo volvió. Tras no dejar de pensar en aquella dulce pelinegra tomó la decisión de buscarla, así la olvidaría definitivamente al creer que no era más que un capricho y seguiría adelante, para cerrar aquel capítulo. Ingenuo.
El destino es muy caprichoso, y más cuando se treta de lo que creemos querer. El destino la puso en su camino nuevamente, frente a él. Es cierto que no la reconoció de inmediato, albergaba la esperanza de que no fuera aquella chica. Por un segundo creó que esta joven podría ser alguien, por eso quería saber más y más acerca de ella. Iluso. Cuando cayó en cuenta de quien era realmente, sintió que era como un balde de agua fría sobre su orgullo. Nuevamente, y sin darse cuenta, caía ante la misma chica.
— Hace diez años, bajo aquel árbol... —comentó y notó como Rin se atragantó y se le sonrojaban las mejillas— Todo me recordaba a ti, que ya no estabas aquí. —le confesó.
…
Al entrar a la casa se podía notar la celebración que estaba por llevase a cabo. Arreglos florares, cintas, todo en tonos plata y blanco. Al salir al jardín podía verse la misma decoración, sumado a sillas y mesas con blancos manteles, platos, copar y cubiertos en ellas, velas listas para ser prendidas en unas cuantas horas. Se miraba al espejo cuando su hermana entró de golpe a la habitación y soltó un grito ensordecedor. Cuando pudo recomponerse tuvo que cuestionarle que qué rayos le pasaba para que gritara de esa forma.
— ¡Es que te ves hermosa! —volvió a gritar emocionada y se acercó.
Y no mentía, su aperlada piel y su negro cabello lucían espectacular en el vestido blanco que envolvía su cuerpo, sencillo y elegante a la vez.
— Debería estar nerviosa, ¿cierto? —le preguntaba mientras se volvía a arreglar el vestido y el cabello— Digo, uno no se casa todos los días. ¿Verdad?
— Relájate, te vas a híper ventilar —puso sus manos sobre sus hombros—. Es tu día, debes disfrutarlo al máximo —agregó viendo el reflejo de amabas—. No puedo creer todo lo que se demoraron para estar juntos.
— ¿Y qué me dices de ti?
— Yo atrapé a mi hombre hace mucho —ambas rieron—. Debe estar junto a don Inu, porque conociendo a mi futuro cuñado seguro que no se puede estar ni cerca —rodó los ojos.
— Oye, no hables así de él. Aunque no lo demuestre es un hombre tierno, amable y cariñoso, sólo que no suele mostrarlo frente a los demás.
— Por eso dicen que el amor es ciego... —comentó con burla y cuando ella le iba a replicar, continuó— Por cierto, hay algo que me inquieta. ¿Por qué adelantaron la boda? —alzó una ceja y su hermana se puso colorada de inmediato— ¿Acaso tú...?
— ¡Claro que no! se dio vuelta para evitar que la viera pero ya era tarde— E-eh...él quiso hacerlo, y-yo no tuve nada que ver. Aunque... —sentía la mirada de su hermana— Tengo un retraso y...
— ¡Lo sabía! —gritó triunfal y la apuntó con su dedo índice acusador— Tú eres una traviesa, ¡ahora lo entiendo!
— ¡No es lo que piensas! —se aclaró rápidamente— Él no lo sabe, nadie lo sabe y es sólo un retraso.
— ¿Y por qué no se lo haz dicho?
— Es qué... ¿Cómo crees que se lo tome?
— ¿Bromeas? ¡Estoy segura de que le encantará!
Se terminaban de arreglar cuando a la puerta. Sonriente vio entrar a su padre y tras él su prima Sango, luciendo un vientre abultado. Las tres mujeres chillaron emocionadas y se abrazaron. Cuando la algarabía se vio terminada, Iori aclaró su garganta para hacerse notar. Las tres volvieron a reír.
— ¿Estás lista? —le preguntó él.
Con un leve asentimiento de cabeza, tomó el brazo que su padre le ofrecía y salieron de la habitación, siendo seguidos por su hermana y prima. En el jardín, todos los invitados los esperaban distribuidos en dos filas que terminaban con una mesa y un joven de platinada cabellera esperándola. La ceremonia transcurrió con normalidad, y una vez que el juez dio por finalizado el acto, los aplausos no se hicieron esperar para celebrar a la feliz pareja.
Tomando la mano de su ahora esposa, la guió al centro del jardín para dar pie a su primer baile. Él tenía la mirada ambarina más brillante que se le haya visto y ella la chocolate más dulce, bailaban al compás de una lenta pieza. Sonriente miraba a su hermana bailar cuando tocaron su hombro.
— ¿Mi princesa me concedería este baile?
— Claro papá —sonrió y tomó su mano, comenzando a danzar al igual que otras parejas que se sumaban—. Kagome luce hermosa. —le comentó.
— Tú también, princesa. Afortunadamente cada día se parecen más a su madre.
— Oye, luces excelente para tener cincuenta y dos.
— Por favor, me haces sentir más viejo.
— Vamos, sigues en la flor de tu juventud.
Ambos rieron y siguieron bailando. Durante la siguiente canción, Iori le confesó que era el hombre más feliz del mundo por ver a sus dos bebitas convertidas en mujer, felices; aunque se vayan de su lado.
— Papá... —se detuvo un momento— Seguimos contigo, Kagome sólo se va de luna de miel por dos semanas.
— Rin, no será lo mismo y lo acepto. Ustedes harán su vida, su familia; sé que crecieron hace mucho y no puedo retrasar lo inevitable.
— Jamás podríamos alejarnos de ti y lo sabes. —lo abrazó— Tal vez me fui antes, pero ya estoy aquí y soy muy feliz.
— Lo sé, y eso me hace estar completo. —se separó y acarició sus mejillas— Bueno, casi.
— ¿Uh?
— Como tú dijiste, ya tengo cincuenta y dos años, además de dos bellas hijas pero ni un nieto.
Rin suspiró y negó con la cabeza. No cabía duda de que su padre era alguien muy particular, que si de él dependiera estarían en un convento o quien sabe qué cosa. Sin embargo, esa necesidad de volver a criar se lo impide. Todos los padres deben ser así, ¿no? Al detenerse la música, Iori besó sus manos y sonrió mirando algo a su espalda. Rin, extrañada, se dio la vuelta y vio a un alto joven de mirada ambarina mirarla fijamente. Su padre le extendió su mano y se retiró, alegando que ya habían bailado lo suficiente y no tenía deseos d formar un mal trío.
— Ya te habías tardado —dijo coquetamente después de que él la tomara por la cintura y la pegara a su cuerpo.
— Tu padre se me adelantó, y no hubiera sido correcto no dejarlo bailar con su bebita —le susurró esto último—. Por cierto, estás preciosa.
La besó y colocó su mano en su espalda baja, descendiéndola con cada paso que daban. Rin apretó su hombro y él riendo la siguió besando, subiendo su mano a su posición inicial. Ni siquiera la necesidad de respirar los hacía separarse, era como si no hubiera alguien más a su alrededor. En un momento ella rompió el beso, bajando el rostro sonrojada.
— No olvides donde estamos, Sesshomaru —le recordó con las mejillas al rojo vivo.
— Pareciera que tú lo olvidaste también —comentó con un tono aterciopelado, dándole un fugaz beso en los labios.
— Eres un tonto —dijo ella recostando su rostro en su pecho—. Pero eres mi tonto.
— Sólo tuyo —reafirmó él abrazándola.
…
El viernes por la tarde, dos amantes estaban en medio de un apasionado beso en el embarque del aeropuerto. Debido a su trabajo en la universidad no podía viajar en la semana, y por su otro trabajo para la misma tenía que ir a la ciudad para buscar un nuevo contratista que se hiciera cargo, ya que el que tenía había renunciado y estaban por empezar con la remodelación. Ella insistió con llevarlo personalmente, ya que quería aprovechar todo momento a su lado, antes de que se fuera por todo un fin de semana.
— Preciosa... debo... irme... —decía él entre besos.
— Aún no tienes... —le reclamó pasando sus manos tras su cuello, obligándolo a besarla nuevamente.
Tampoco podía resistirse, aquel brillo que se ponía en sus labios era delicioso, y sumando a su perfume lo segaba por todos los sentidos. Varios besos y caricias más tarde, el último llamado para abordar fue el que los obligó a separarse.
— Sabes que volveré pronto Rin, diviértete mientras no estoy. —le dio un beso en la punto de la nariz.
— Más te vale que tú no lo hagas. —le advirtió y él levantó una ceja— No me mires así, sabes a lo que me refiero.
— Preciosa, no esperé diez años para perderte sólo por sexo de una noche.
— Claro, ahora dime que estuviste en celibato. —se cruzó de brazos y él soltó una carcajada— No es gracioso, y no es que no confíe en ti, es sólo que...
— ¿Qué cosa?
— Que se te lanzarán encima y tú eres sólo mío. —arrugó los labios haciendo un puchera.
— ¿Como lo harían aquí si no supieran que eres MI novia? —le sujetó el mentón.
— Tú estás aquí, yo no estoy allá.
— Descuida, te llamaré cuando llegue y te extrañaré. —la besó una última ves antes de irse.
…
El fin de semana transcurrió con rapidez, ya que se la pasó afinando los detalles para su taller que comenzaría finalmente al día siguiente. Sonreía satisfecha al mirar todo, su mayor sueño se hacía realidad. El lugar donde sería era una clase de bodega de su casa; al quitar toda la chatarra, polvo, porquerías y basura se convertía en el lugar perfecto: amplio, con luz natural, y lo mejor de todo, le quedaba a unos cuantos pasos. Sintió unos fuertes brazos rodearla.
— Sessh... —fue callada cuando él la besó apasionadamente. Al reaccionar se giró completamente y posó sus manos en el amplio torso de su novio.
Con una media sonrisa arrogante continuó acariciando sus labios casi sin dejarla tomar aire, haciéndola retroceder hasta sentarla sobre una mesa.
— Te dije... que volvería... pronto, preciosa —comenzó a descender a su cuello—. ¿Me extrañaste?
— No tienes ni idea —reía por las cosquillas que le hacía—. Sesshomaru, ¡basta! No me siento cómoda, mi padre podría...
— Iori fue a ver a mi padre, estamos solos —le decía al oído al tiempo que jugaba con el lóbulo de su oreja—. Además...
— ¿Además qué? —preguntaba entre suspiros.
Sesshomaru se separó de ella y sacó una cajita azul del bolsillo de su chaqueta. Rin lo mitraba casi sin poder respirar así que la abrió para dejar al descubierto un anillo de plata con un zafiro en él.
— Serás sólo mía —rozaba su nariz con la propia.
— ¿Lo das por hecho o me lo estás pidiendo? —inquirió ella separándose.
— ¿Aceptas? —preguntó con un leve toque de ironía.
— Mm...debo pensarlo, sabes que uno no se casa todos los días —decía mientras jugaba con el cuello de su camisa. Él la miró de una forma que no pudo evitar reír y esconder su rostro en su cuello—. Tú ganas, Sesshomaru Taisho. Acepto.
— Ya lo sabía —sonrió arrogante y la besó lentamente, jugando con sus labios y lengua—. ¿Mañana comienzas con tu taller?
— Sí, después de las clases de la escuela.
— Hmph, ahora deberé compartir a mi futura esposa con más personas. Tus alumnos tienen suerte —dijo esto mientras rozaba con unos dedos el borde del jeans que levaba y los otros los metía bajo su blusa—. Eres la maestra más sexy que he conocido.
— La mayoría son niños, Sesshomaru. A diferencia de las tuyas.
— Pero ninguna es tú —le sonrió y desabotonó en primer botón.
— Aquí no, es extraño. Vamos a la casa.
— Como desees —la tomó en brazos y ella reía sin parar.
…
Rin preparaba la cena para cuando llegaran su hermana y cuñado a comer. Sintió unas manos deslizarse por su cintura y unos labios comenzar a recorrer desde su hombro hasta su cuello y luego sus labios.
— Sesshomaru, ya casi termino —decía intentando escapar de sus brazos.
— Sólo quiero saludar a mi bella esposa —contestó atrayéndola para sí en un apasionado beso.
Como el timbre sonó, ella aprovechó para escabullirse de su posesivo abrazo e ir a abrir la puerta, mientras que él mascullando algo apenas entendible se quitó la chaqueta y se fue a su habitación. Apenas abrió sintió una presión en sus piernas y sonrió al ver a su sobrinito aferrado a ellas. Se agachó y el pequeño, de cabello negro y ojos ámbar, la besó en la mejilla. Kagome se extrañó de que no lo cargara como de costumbre, mas no le dio mayor importancia en ese momento. Saludó a su hermana y acarició su vientre de varios meses, invitándolos a entrar. Luego de saludar a Inuyasha, no pudo evitar preguntar si ya sabían lo que sería.
— Una niña —sonrió él orgulloso.
— Felicidades —lo abrazó y su esposo hizo acto de presencia, saludando a todos
— Tía —el pequeño le jaló el pantalón.
— ¿Qué sucede, Hiroshi?
— ¿Vas a querer a mi hermanita más que a mí? —preguntó cabizbajo.
— Claro que no, cariño. Los voy as querer a los dos por igual
— ¿Enserio?
— Por supuesto —le sonrió y el niño la abrazó.
La cena transcurrió con normalidad toda la noche. Al terminar, Hiroshi besó a su tía en la mejilla y le estiró los bracitos a su padre, quien lo cargó y lo besó en la frente. Cuando Rin abrazaba a Kagome, esta última se le quedó mirando por algunos segundos.
— ¿Qué sucede, Kagome? —preguntó algo extrañada.
— Es que... me pareció extraño que... —se interrumpió y sonrió— Nada, no me hagas caso.
Se despidió rápidamente y se encaminó junto a su esposo e hijo al auto. Una vez que los perdió de vista, cerró la puerta y vio al suyo terminando de guardar los platos. Ahora ella lo abrazó por la espalda y lo invitó a ver una película antes de dormir. Cuando esta terminó, Rin tomó la mano de Sesshomaru que descansaba en su cadera, despegándose de su pecho; él la besó con ternura.
— ¿Qué sucede preciosa? —preguntó acariciando su mejilla.
— Sessh... —desvió la mirada.
— Rin, sólo me dices así allá —señaló la puerta de su habitación, dándole un fugaz beso en la comisura de los labios—. ¿Algo te preocupa?
— Sesshomaru, yo... —se armó de valor y tomó sus dos manos y las besó, bajando ambas a la altura de su vientre.
Ambos sonrieron.
Gracias a Serena Tsukino Chiba, .RD, Crismonster, Ako Nomura, Zoteria, Annie Thompson, A ese anónimo y a Erly Misaki por sus comentarios en ambos capítulos de este fic, también a los que agregaron mi historia en sus favoritos ^^, espero haber cumplido sus espectativas; y si en un futuro publico más fics, desearía tenerlas/os a todos los que lean éste fanfic como lectores también.
Sin más que decir, además de volver a agradecerles por su apoyo c:
Me despido n_n
Franela ^^
