Cuando dije que era una vaga que no subía capítulos no mentía xDD
Por suerte tengo un esquema entero hecho de cuántos capítulos habrá y demás. Siento que vaya a un ritmo tan lento... Un momento, no lo siento! e_é
Soy atroz.
En fin... Poco a poco a Hakutaku le siguen crispando los nervios... y si encima Hoozuki no mete baza...
No digo más, disfruten de la lectura. O algo así.
Todo va bien. Todo va bien, Hakutaku. Todo va bien.
Una y otra vez, el farmacéutico y médico del paraíso se repetía eso. Como un mantra mágico, como un rezo. Lo cierto es que en chino sonaba casi poético, casi como un consejo de El Arte de la Guerra de Sun Tzu*, como una cita del Libro del Tao de Lao Zi**.
Sin embargo, por mucho que se dijera eso cada día, cada hora, sabía que cuanto uno más necesitaba una medicina era cuando peor se encontraba. Quisiera o no, era consciente de que no iba a mejor.
"Te odio, Kurotaku" pensaba, deseando que pudiera oírlo. Quizás pudiera. "Te odio con toda mi alma. Desaparece"
Durante el día, no había respuesta alguna a sus quejas. Por la noche, la cosa no era igual. Lo veía periódicamente, y aunque a veces no se acordaba, sabía que así era porque al despertar e ir al baño, al mirarse al espejo, sus ojeras delataban una noche terrible, una noche penosa y dolorosa luchando contra algo dentro de sí mismo.
Él intentaba ignorarlo todo. Pero Momotaro se había dado cuenta.
-Señor….-dijo aquella mañana, trayéndole a Hakutaku unas hierbas que le había pedido-. No tiene buena pinta. ¿Ha ocurrido algo?
Hakutaku no respondió enseguida. Cogió las mimosas*** que Momotaro le había traído y tarareando, las cortó con cuidado y echó a la olla.
-¿Hm? ¿Esto?
-No ha estado bebiendo de nuevo, ¿no? ¡Señor!-exclamó entonces-. Tiene sangre en el labio….
Hakutaku se frotó la boca con el dorso de la mano y esbozó una sonrisa.
-¿Eh? ¿Yo? ¿Echar un trago? ¿Por la noche? ¿Por qué debería? ¿Esto? Nada que no se arregle, no seas tan sensible-se rió. Claro que no había bebido, maldita sea, pensó. Claro que esa herida no era nada. Quizás debería haberlo hecho, haber bebido, pero no había sido la ocasión. Y aún así, prefería que pensara que se había embriagado a que había pasado mala noche por culpa de…. Bueno.
Momotaro titubeó, pasándole a los becarios del médico alguna que otra hierba que necesitaran para sus propias medicinas.
-No tiene pinta de que haya bebido, señor-dijo con cuidado-. Últimamente….
-¿Sí? ¿Últimamente?-preguntó Hakutaku, intentando que no se notara en su voz un deje de peligro y distancia.
-Últimamente tiene pinta de estar algo bajo de energías. ¿Come bien? ¿No estará ligando con muchas chicas? ¿No trabaja demasiado? Parece como si no durmiera bien o similar….
Claro que no duermo bien. Ojalá pudiera dormir bien. Me estoy planeando ni dormir. Quizás beber café. Sí, café. Pero no puedo. Ojalá pudiera dormir. Dormir de verdad. Ahora mismo echo de menos dormir sin estar borracho o cansado. Ojalá pudiera dormir con normalidad una sola noche. Por favor. Por favor, por favor, por favor.
-¿Cómo explicarte que las señoritas ocupan tantas de mis energías, Momotaro?-se rió Hakutaku, removiendo la medicina y añadiéndole algo de ajenjo-. Ya me conoces. Las damas quieren un poco de mí, yo debo dárselo. Soy caballeroso.
-Señor…-suspiró Momotaro. Sin embargo, meneó la cabeza y cambió de tema-. Debería de descansar más; las señoritas podrían…esperar un poco, ya sabe, usted es solo uno y ellas deben de ser…muchas.
Sí, muchas señoritas. Ojalá.
-¿Eh, tú crees?-Hakutaku puso un fingido mohín de disgusto-. Pero pero yo…
-Nada de peros, señor-suspiró nuevamente su ayudante-. Supongo que lo entiendo, pero debería de relajarse un poco.
Hakutaku asintió con la cabeza, mostrando falso desacuerdo y pesar, pero agradecía que Momotaro hubiera pensado que en realidad él estaba…
-Quizás debería de echarse un rato, señor-propuso Momotaro-. No tiene buen aspecto. Yo terminaré esto por usted.
…No.
-¿Cómo dices?
-No se encuentra bien, se divierte y trabajo demasiado. Déjeme esto a mí y descanse un rato-ofreció Momotaro, cogiendo la olla y poniéndola en otra mesa-. Sé cómo preparar esta medicina, la he visto como la hace, no se preocupe-dijo con una cándida sonrisa.
Hakutaku se quedó paralizado, aún con la cuchara con la que había estado removiendo la medicina en la mano. No sabía qué hacer. No quería ir a su cuarto a echarse. Estaba cansado, sí, mucho, pero descansar no sería su solución. Se sentía muy frustrado, pero no quería culpar a Momotaro; su ayudante siempre le había sido de gran ayuda y siempre había velado por él, sabía que lo hacía con su mejor intención.
-Pero, yo…
-Señor, piense que si ahora está cansado, si al menos descansa un poco luego estará suficientemente fresco como para aguantar más tiempo despierto-dijo Momotaro-. Para…beber o lo que quiera que haga con sus fuerzas, supongo.
Hakutaku pensó detenidamente esas palabras. Lo comparó ridículamente con la hibernación, y quizás no estuviera tan mal encaminado. Como los castigos del Infierno: millones de años de castigo para luego poder disfrutar del paraíso.
"Este va a ser mi infierno personal".
-Bueno, tal vez tengas razón-dijo con una sonrisa forzada. Notaba que le dolían los músculos de la cara-. Me echaré un rato entonces.
Si con tres horas de sueño tortuoso podía luego permanecer un día entero despierto, quizás le compensaba, consideró.
-En ese caso, yo….
Ojalá hubiera podido terminar la frase cuando alguien llamó a la puerta.
-¿Uh? ¿Teníamos clientes hoy?-se preguntó Momotaro, yendo a abrir.
Hakutaku estaba seguro de que no tenían ningún encargo pendiente, y tampoco le preocupaba mucho quién pudiera ser; sería algo rápido y podría irse a dormir en paz. Pero ojalá, de entre todos, no hubiera sido él.
-Buenas tardes. Momotaro-saludó el demonio-. Vaca gorda.
-¡A mí no me llames vaca gorda, subespecie de unicornio retrasado!-gritó Hakutaku. Notó un pinchazo de dolor en la cabeza, y ver la clara parsimonia en el rostro de Hoozuki le crispaba aún más-. ¿Se puede saber qué haces aquí?
-… Unicornio retrasado…-repitió Hoozuki, agitando su maza-. Vaca gorda, últimamente, cada vez que te emborrachas, tus neuronas formas expresiones de lo más ofensivas. Debería de hacer terapia contigo para que no vuelvas a decir cosas así….
-¡Deja de agitar tu arma en mi tienda!-espetó Hakutaku-. ¿A qué has venido?
-Hm…-Hoozuki dejó su kanabo apoyado en la pared de la entrada y se acercó al mostrador-. El Gran Rey Enma se ha vuelto a hacer daño en la espalda. He intentado acupuntura y electrochoques, pero el Dios de los Truenos tenía una cita hoy y no he podido encontrarle. Necesito alguna medicina tuya que haga que el Gran Rey Enma deje de gritar y llorar, tiene trabajo que hacer.
-Tsk-gruñó Hakutaku-. Haber empezado por ahí-dijo, yendo a los cajones de medicinas. Juraría que tenía algo precisamente para la ocasión. Y luego, a dormir. O algo. No lo sabía.
-Lo siento mucho, señor, Hakutaku hoy no se encuentra muy bien-se disculpó Momotaro-. Está un poco irascible, ha debido de pasar mala noche y…
-¿Otra vez yendo de juerga, Hakutaku?-preguntó Hoozuki. El chino no dijo nada, rebuscando en los armarios-. No pienso darte ningún yen más para pagarle las tarifas a Daji. ¿Has estado bebiendo de nuevo?
-…Claro que no, maldita sea-susurró Hakutaku, aunque sabía que no lo creerían. Encontró una bolsita con medicinas y se la tendió a Hoozuki.
-Mientes tanto como respiras, vaca gorda.
Oh, cállate. Cállate. Cállate.
-Para ser una criatura celestial, lo cierto es que algún día tendrás tu propia zona en el infierno…-continuó diciendo el demonio, guardando el medicamento y sacando el dinero para pagarlo.
-Lo dudo mucho…-dijo Hakutaku entre dientes. Bajó la mirada y apretó los puños, pero no borró su sonrisa. Si borraba la sonrisa, nada parecería normal-. No pisaría ese suelo mientras siguieras con vida.
-Supongo que las criaturas divinas también se hacen viejas y se vuelven un tanto inútiles-continuó pinchando el demonio-. ¿No has pensado en jubilarte y darle tu trabajo a otro, vaca gorda?
…
Eso, Hakutaku. ¿Por qué no me dejas que haga tu trabajo?
-¡Cállate de una vez y llévate esa porquería!-gritó Hakutaku. Hoozuki aún tenía el dinero en la mano, tendida para dársela, y no se esperaba que Hakutaku la golpeara con la suya, tirando el dinero al suelo-. ¡Vete de aquí, llévate la medicina y no vuelvas! ¡No quiero ni tu dinero!
Por lo general, cualquier situación así hubiera desencadenado en una pelea de palabras o puños entre ambos, entre demonio y deidad, pero no fue así. Hoozuki no reaccionó, quizás sorprendido ante semejante respuesta, poco usual en los años en los que se conocían el uno a otro, y Hakutaku se encerró en su cuarto, dejando que el único sonido que resonara en aquel momento fuera el portazo que dio.
Echó el pestillo. Se tiró a la cama. Bajó las persianas. Se hizo un ovillo y abrazó la almohada. Se sentía francamente mal. No era la primera ni sería la última vez que discutía con Hoozuki, ni la última ni primera vez que el demonio usaba esas mismas palabras. Pero aquella ocasión, alguien había dado una tercera opinión, alguien había irrumpido en esa discusión, y aunque quería que fuera producto de su mente, lo había oído alto y claro.
Oyó también tras las paredes como Momotaro se disculpaba con Hoozuki por su comportamiento, y como la puerta de la tienda se cerraba. Al fin se había ido. Al fin se había ido.
Estaba cansado, y muy dolido. Cerró los ojos. La oscuridad de su cuarto inundó también su mente. Notaba la respiración agitada, luego relajada, agitada de nuevo, pausada otra vez.
Tranquilo, tranquilo, Hakutaku, no ha sido nada. Todo va bien.
Tranquilo.
Tranquilo.
Cuando quiso darse cuenta, la oscuridad era algo más que la que llenaba su cuarto.
-Tranquilo, Hakutaku, todo irá bien-dijo una voz melosa.
-…No. Cállate. Eres producto de mi imaginación. Ahora mismo estoy despierto.
-Oye, nadie dijo que tuvieras que estar dormido para que pudiéramos hablar. ¿No te gusta conversar conmigo?
-¡Creo que ha quedado muy claro que no!
Su sombra sonrió, supo que estaba sonriendo.
-Pues es tu problema. Soy bastante persistente, como tú. ¡Oye! Hoy no te veo borracho ni con damiselas, pero si te veo enfadado. ¿Quién es el afortunado?
Hakutaku no dijo nada. Podía incluso notar que estaba pisando la superficie frágil y lisa que los separaba a ambos.
-A mí tampoco me gusta ese demonio, ¿sabes?-le comentó-. Es muy metomentodo y maleducado. Pero, ¿sabes? Tiene algo de razón. No le puedes hacer frente, te has vuelto un blando~.
-Cállate. ¿Por qué nunca me escuchas?-susurró Hakutaku. Notó su voz temblorosa.
-Porque somos muy parecidos-se carcajeó el otro-. Venga, Hakutaku. Venga. Estás cansado. Muy cansado. Lo quieras o no, él te saca algunos milenios de juventud; algún día no podrás aguantarlos. Tal vez sea más pronto de lo que crees. Además, ya te lo ha dicho él.
¿Por qué no dejas que otro haga tu trabajo?
-¡Ya basta!-gritó Hakutaku-. Nadie va a sustituirme. ¡Te recuerdo que sigo siendo un Dios!
Su voz sonaba temblorosa. Es más, había salido en forma de sollozo.
-Sí, puede que seas un Dios, Hakutaku. Pero reconócelo.
Hakutaku notó que algo tibio y líquido caía por sus mejillas, desde sus ojos. Aun en ese extraño limbo de medio sueños y cordura, podía ver entre las sombras. Miró a su reflejo, en una extraña necesidad de saber qué iba a decir y qué era lo que ocurría.
-Reconoce que eres un Dios asustado.
Las sombras se hicieron tales que Hakutaku no pudo ver nada, excepto que en su reflejo, tal y como había temido, sus lágrimas eran de sangre.
Continuará...
Pronto algo más!
Hoy no hay anotaciones algunas. Veremos si poco a poco pilla buen ritmo! 3
