Disclaimer: Los personajes no me pertenecen. Son de la magnífica Stephenie Meyer. La trama es totalmente mía y está hecha sin fines de lucro.

Capítulo 1

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A Isabella Swan le parecía inevitable no caer en cualquier momento de cansancio, su cuerpo demandaba sueño. Ya llevaba una semana trabajando en esa cantina y aun no se acostumbraba a trabajar hasta la madrugada soportando los olores de los borrachos que se allegaban al lugar. Los miraba y se preguntaba una y mil veces ¿Por qué tomaban? La respuesta seguramente no la encontraría, pero se atrevía a hacer especulaciones ella misma, tal vez algunos por estrés del trabajo, otros por perderse en el abismo de sus pensamientos y olvidar un momento sus problemas. No podía imaginarse a ella misma bebiendo para olvidar el dolor que tenía guardado dentro. Aun si su vida era miserable trataba de reír y dejar de quejarse ella misma por sus absurdos problemas

"Seguro que otros la tiene peor que yo" se repetía una y otra vez para no quebrarse ante el mundo que se le venía encima. Tenía el peso de la muerte de su padre un par de años atrás y la huida de su madre dejándola sola sin nadie con quién contar más que con Ángela. Dios, era la única persona en la que podía confiar. Le debía tanto.

—Ey preciosa sírveme otra —la voz del hombre con aliento a alcohol le sacó de su ensoñación. Él puso el vaso sobre la barra y dejó caer restos de cerveza sobre ésta.

—Bella, ya es tarde deja eso debes ir a casa a descansar —escuchó la voz de Ángela, su mejor amiga a su espalda, le tocó el hombro y ella apenas asintió. Terminó de servir la bebida del hombre y regresó para buscar un trapo.

—Solo termino esto y me retiro —Ángela le sonrió y soltó un pequeño bufido. Le apretó los hombros y caminó hacia una de las mesas con un platito de botanas. Bella la miró y luego pasó el trapo húmedo sobre la barra.

Isabella terminó de limpiar un par de mesas más que estaban sucias de restos de cerveza y comida. El reloj de pared marcaba las tres de la mañana. Ya era hora de cerrar y lo habrían hecho hacía veinte minutos si los dos hombres al fondo de la cantina no siguieran bebiendo.

—¡Paga la apuesta o devuélveme mi dinero! —los escuchó discutir. Uno de ellos ya se levantaba para tomar una botella vacía, luego la estrelló contra la mesa haciéndole añicos el fondo y las puntas filosas del vidrio brillaron peligrosamente a la luz de las lámparas.

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Edward Cullen, durante toda su vida había deseado solo una cosa: la muerte.

Envidiaba a los humanos por la forma fácil que tenían de morir. Solo bastaba un poco de dolor en sus míseras vidas para que buscaran los caminos que les llevarían a desaparecer de la faz de la tierra. Sin embargo, eso en él no causaba efecto, por más que deseara acabar su vida, las condiciones eran diferentes, no podía simplemente tomar un poco de veneno o cortarse las venas, tampoco arrojarse de un puente, ni mucho menos por accidente ser atropellado. Siempre fallaban esas posibilidades con él. Era esclavo de su propia eternidad.

Esclavo de sus propios demonios y su propio instinto bestial. Le encantaba la cara de los humanos rogando por sus vidas. Eso lo hacía incrementar sus ganas de clavarles las garras, así cuando la sangre entraba por sus colmillos era capaz de saborear la desesperación, el miedo, y el olor de la muerte. Ese olor del que hacía mucho tiempo no era capaz de experimentar en carne propia. Y de la que se había vuelto adicto.

—¡Ey, tú, bravucón! deja eso ya, vayan a pelear a otro lado —la voz de una chica lo sacó de sus cavilaciones. Y no solo eso, sino su delicioso olor. Se detuvo frente a una cantina mal oliente. Un par de hombres se estaban amenazando.

—Tu ramera, cállate si no quieres acabar en un bote de basura —ella se detuvo cuando vio que el hombre hacía añicos una botella vacía. Este amenazó al otro hombre frente a él y ambos, tanto ella como el hombre retrocedieron ante sus amenazas. Entonces ella regresó a la barra y sacó un bate de beisbol. Lo golpeó pasándolo de una mano a otra y fue directo hasta el hombre con la botella en la mano. De pronto le atinó un golpe en el brazo.

Él soltó la botella y se dobló ante el dolor.

—Bien, ahora quiero que salgan de aquí. —empujó al hombre con el bate por la espalda. Cuando los tuvo frente a la puerta de la cantina ocupó ambas manos para sacarlo. El otro la siguió y salió corriendo en cuanto estuvo fuera del lugar. Edward estuvo tentado a ir por aquel hombre cobarde, una mujer lo había salvado. Sin embargo no lo hacía, pues había algo más tentador que la sangre de aquel cobarde.

—Un día de estos te van a poner en tu lugar, puta de mierda. —el hombre escupió el piso y se agarró el brazo adolorido. Luego caminó por la calle hasta doblar en una de las esquinas. Ella regresó al interior con el corazón palpitándole con fuerza. Lo sabía porque escuchaba el latido de su órgano bombeando la sangre con más fuerza por todo su cuerpo. Había adrenalina lo que la volvía más apetitosa. Y ese pequeño sabor de la valentía era el que le endulzaba las fosas nasales. Casi podía sentir el ardor de sus colmillos por probar ese inmaculado cuello y el líquido pasar por su garganta, tan tibio como que lo sacaría de su torrente sanguíneo. Sonrió de lado y se dirigió a un callejón. Ahí esperaría a que la chica saliera, por supuesto ese era un ritual que tenía que llevarse a cabo en la perfecta comodidad, la misma que brindaba un callejón sin interrupciones.

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Isabella movió su cabeza de un lado a otro mientras masajeaba su hombro derecho, después acomodó su chamarra para protegerse del frío y salió de la cantina.

Caminó casi arrastrando los pies. Su día había sido pésimo y por si fuera poco los tipos que habían empezado a pelearse en el lugar. Le fastidiaba eso. Le fastidiaba porque no siempre tendría la misma suerte y un día, tal y como lo había dicho ese hombre, alguien no se detendría solo con amenazas.

Apenas había caminado una cuadra cuando sintió que alguien la seguía, trató de ordenar sus pensamientos. La verdad siempre había tenido delirios de persecución que por lo general resultaban ser solo producto de su imaginación pero esta vez juraba por su vida que era cierto. Sentía una presencia a su espalda, pasos que imitaban los suyos y la mantenían alerta. El corazón comenzó a latirle con fuerza y sus manos le empezaron a temblar y sudar por el pánico. La avenida estaba a más de dos cuadras y antes de llegar había un callejón oscuro. No había nada donde refugiarse y además ya no podía volver a la cantina, pues venían tras de ella. Y demonios, el celular también lo había olvidado.

Apresuró el paso, deteniendo las ganas de volverse a mirar hacia atrás, porque sabía que si lo hacía, no podría continuar caminando por el horror. Sin poder evitarlo se giró un poco para mirar hacia atrás sin encontrar a nadie. Suspiró profundo y se detuvo. Se llevó las manos temblorosas al pecho intentando apaciguar sus fuertes latidos. Entonces se giró de nuevo al frente y el pánico se apoderó completamente de ella.

—Te dije que te arrepentirías perra —el chillido de horror se le atoró en la garganta y los labios se convirtieron en una línea trémula. El hombre que había sacado de la cantina estaba parado frente a ella con una horrible sonrisa en el rostro. Dispuesto a vengarse de ella.

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"Maldición" pensó Edward al darse cuenta de que aquel hombre había regresado. Claro que podía matarlos a los dos, pero eso implicaba decidirse a quién matar primero. Era tan difícil la decisión, ¿qué sangre sería más deliciosa? Aspiró profundo y encontró su respuesta. La sangre de ella, por supuesto.

—Déjame en paz —chilló Isabella dando un par de pasos hacia atrás. Era valiente, claro que lo era, pero este tipo la había tomado por sorpresa. Trató de mantener la mayor valentía que podía pero ya estaba muy cansada y su mente no le ayudaba mucho. Aunado a que las palabras le salían atropelladas por el miedo.

—No, no, no, no tan rápido Isabella. Déjame admirarte más tiempo. —extendió una de sus sucias manos y le tocó la piel de las mejillas. La rosaba apenas, pero a ella le causaba un escalofrío desquiciante por todo el cuerpo. A continuación la tomó de los hombros y la arrojó al suelo mientras desabrochaba su cinturón. Luego bajó sus pantalones. Ella trató de levantarse, pero él la devolvió al piso con un pie mientras se agachaba hasta ella. Entonces le apresó las manos por las muñecas encima de la cabeza con una mano y con la libre comenzó a desabrocharle los botones del pantalón.

—Es la primera vez que un humano me gana mi presa —el hombre se quedó paralizado al escuchar la voz a su espalda. Se levantó y volvió a abrochar su cinturón—. Claro la primera y la última —Isabella se quedó esperando a que aquel hombre saliera de entre las sombras. Y justo cuando creyó que había sido su imaginación, él dio un paso hacia la mortecina luz de la luna—, ¿sabes? Tengo que darte las gracias. Hace un par de días que llevo ayunando y tú me has facilitado la búsqueda —tomó al hombre del cuello y le incrustó las garras. Poco tardó para que la sangre brotara del lugar. Sus ojos cambiaron de verde a un color carmesí. Ella abrió los ojos sorprendida.

Él se relamió los colmillos y los incrustó en el cuello del hombre. "demasiado amarga" pensó él.

—¿Qué demonios? —Isabella se levantó del suelo y comenzó a correr. No creía lo que había visto, tenía que ser mentira sus ojos la habían engañado.

Él terminó de beber y miró de reojo como se alejaba. Arrojó el cuerpo inerte al suelo y saltó frente a ella mientras lamía la comisura de sus labios limpiando los restos de sangre.

—Escuché que tu nombre es Isabella —le mostró sus blancos dientes e hizo una reverencia—. Que grosería la mía. Mi nombre es Edward —su mente maquinó un millón de maneras de escapar de aquel sujeto pero sus piernas no respondían ¿en verdad ahí iba a morir? sus piernas temblaron y su respiración se volvió irregular al ver como se acercaba a ella mostrando la misma mirada que con el hombre—, aunque no es necesario que lo recuerdes, ya que no te servirá de nada en el otro mundo —dijo y volvió a mostrar sus inmaculados dientes con una perfecta y demoniaca sonrisa. Ella juraba que era hermoso, su cabello era precioso, incluso mientras le caía sobre la cara y le pegaba a ella en la frente. Tan cerca y tan peligroso a la vez. Entonces su mente divagó profunda en cuanto sintió la punzada en su cuello y todo se volvió oscuro y silencioso.

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Paulii Taisho (que bueno que te gustó), IssaSwanCullen, Andrea 15 de Cullen, Karenjazz21( gracias me encantó tu review, ¬¬ en realidad todos me encantan, pero es que el tuyo me levantó el ánimo, la verdad apenas igual empecé y mi primer capítulo publicado en otro fic fue un asco, pero unas amigas me dieron muchas recomendaciones y creo que mejoré, deberías animarte a escribir, yo te apoyo), Jade HSos( buen punto de que no debe terminar enamorada…pero ya veremos qué pasa), maleja twihard, icecream kuraki ( ahora si sé que eres tu Nidia, se te quiere), sorgalimmartinez, twilighttcullen( siii \o/ dijo que ya me quería… besos sangrientos…me mató), lunawithlock. Muchas gracias por sus reviews. Me encantó leer cada uno de ellos. También a los que dieron a favs y follows.

Pues como vi que si tuvo buena aceptación y sus deseos son ordenes pues les dejé el primer capítulo. Espero que me digan que les pareció.

¿Reviews?

Editado: 3/10/2015