Capítulo 1:

—Félix… Despierta, holgazán. Sora dice que tu madre está aquí.

Abrió los ojos, pero debido al resplandor, los cerró inmediatamente.

— ¡Apaga la luz!

—No es una luz, so tonto. ¡Es el sol!

—Pues no sé como le haces, pero lo apagas ahora mismo —respondió Félix con una sonrisa en su rostro; sacudiéndose la arena, se puso de pie y miró a su amiga. Su cabello rojizo resplandecía con el resplandor del sol. Le miraba con unos brillantes ojos azules, y con una enorme sonrisa en el rostro.

—Kairi. ¿A que té refieres con que mi madre está aquí?

— No lo sé. Pero te está esperando en el muelle.

—Tal vez trajo comida.

—Tu mamá es muy buena con nosotros, no lo dudes. Iré con Sora y con Riku, parece que están luchando de nuevo —Kairi se giró y empezó a caminar en dirección al árbol de paopus.

Félix se quedó viendo, sin mirar, al mar, y luego recordó que debía de estar en el muelle. Tomó la mochila que había usado como almohada y se dirigió al muelle. Pronto logró ver la castaña cabellera de su madre; él había heredado los ojos de color marrón y el color de su cabello, pero por lo demás, la gente le decía que era idéntico a su padre. Pero sin embargo, ya había pasado un año desde que una tormenta atrapó a su padre en medio de la pesca…

— ¿Mamá? ¿Sucede algo?

—Hijo. Acabas de cumplir los diez años…

—Si, me regalaste un reloj.

—Creo que es tiempo de que estudies en la isla principal —El miedo subió por la columna de Félix y sintió que sus tripas se hicieron de acero.

— ¿Tan pronto? ¡Riku ya tiene casi once y sus padres no le han dicho nada!

—Tú no eres Riku.

—¡¡Pero quiero pasar más tiempo con mis amigos!! —respondió encolerizado; era su madre, sí, pero no podía separarlo de sus amigos. Pasara lo que pasara, él no dejaría la isla hasta cumplir los quince.— ¡¡No pienso ir al instituto tan pronto!!

— ¡Ni se te ocurra hablarme en ese tono!

—¡¡Yo hablaré como se me antoje!!

Se alejó corriendo, sintiendo los pies pesados entre la arena. No, no se iría. Ahí estaban sus amigos, ahí pasaba el tiempo. No se alejaría de esa isla hasta después de unos años. Antes de que se diera cuenta, se había metido al "lugar secreto"; tomó una roca caliza y empezó a dibujar líneas al azar. Pronto se dio cuenta de que había escrito "El instituto no es mas que excremento de chimpancé". Era un pensamiento infantil, pero expresaba lo que pesaba en esos momentos, luego escribió "Bajo la bóveda estrellada, navegando por el mar del tiempo…", pero su inspiración fue cortada y no pudo continuar con la frase.

Volteó hacia el pequeño hoyo en la roca y pensó de nuevo en la escuela.

Tendré que volver de todos modos, pensó.

Se encaminó hacia la puerta, se detuvo a escuchar la catarata caer y luego se dirigió al muelle de nuevo.

Pasados cuatro años…

— ¡Félix! ¡La cena está lista!

— ¡Voy para allá, mamá!

Estaba sentado en el alféizar de la ventana, observaba como la puesta de sol brillaba sobre las olas del mar. A lo lejos, podía distinguirse un pequeño islote. Allí reinaban los recuerdos de su niñez, donde había pasado casi cinco años. Pero de eso hacía mucho tiempo, aunque… si pudiera volver aunque fuera un día. Se paró con cuidado en la ventana, alzó los brazos para sujetarse y con un gran esfuerzo subió al tejado. Recordó como de niño le tenía miedo a las alturas, y por eso le daba miedo la tirolesa que Riku y Sora habían construido, en cambio ahora, subirse a los tejados, árboles y demás, era su fascinación. Sora, Riku y Kairi… Solamente había visto algunas veces a Kairi por la calle, pero le hubiera gustado ver qué tanto habían crecido sus amigos.

— ¡Mamá! ¿Crees que pueda salir un momento?

— ¡Está bien querido, pero ten cuidado! ¡No vayas a quedar atrapado en una tormenta!

De nuevo sintió un nudo en la garganta, su papá había muerto hacía casi ya cinco años en una tormenta, pero sin embargo todavía no era capaz de superarlo.

Bajó del tejado, se sostuvo en la ventana y se las arregló para bajar por las enredaderas. Corrió hacia la playa y le rentó un pequeño bote al viejo que lo transportaba a la isla. Subió en éste, muy animado y remó hacia la isla. Oscureció más rápido de lo que esperaba y las olas empezaron a agitarse. No iba a terminar como su padre, el lucharía y no abandonaría a su mamá. Durante pequeños intervalos de tiempo, juró haber visto un bote no muy lejos de su posición.

Logró llegar a la isla sano y salvo, amarró y su bote y se dio cuenta de que había gente en la isla. Dos botes pequeños descansaban atados a sus estacas.

Corrió en dirección al árbol de paopus y subió a la copa. Unas cosas extrañas se movían debajo, unas cosas oscuras y con antenas; poco después se acercó Riku, Félix estuvo a punto de llamarlo pero entonces un aura oscura empezó a rodear el pequeño islote. Escuchó pasos y vio que Sora también se había acercado.

—¡Sora! ¡Riku!— gritó, pero de sus labios sólo salió un pequeño gruñido. El miedo lo tenía paralizado, ¿Cómo podían Sora y Riku conversar tan tranquilamente?

De pronto sintió mucho frío, el cuerpo le tembló y sintió como si le estuviera escurriendo agua fría por la columna. Giró el cuello y, para su horror, una de esas cosas estaba parada en una rama.

—¡¡No!!— Pero de sus labios no salió ningún sonido, Riku ya no estaba y Sora había corrido en dirección a la pequeña catarata. Félix cayó del árbol y se quedó sin respiración. Sólo vio como las extrañas criaturas oscuras se lanzaban sobre él… y luego nada…