Esta historia no me pertenece, si no a Wingardium Leviosa 11, que me ha dado su consentimiento para traducirla. La forma original de esta historia, en inglés, está completa, por lo que la traducción no me llevará demasiado. Es una historia genial, con una trama excelentemente desarrollada. En fin.


Capítulo 2

Esa tarde, al llegar a su apartamento, Hermione empezó a prepararlo para su futuro invitado.

¿Invitado? Quizás "prisionero" era un mejor término. Aunque sonaba algo hostil... Invitado, entonces.

A pesar de que su trabajo en el Ministerio no pagaba un salario muy alto por el momento, ella había recibido una considerable fortuna después de la guerra; una parte gracias a recompensas por Mortífagos, otra parte por haber dado charlas, otra parte por promocionar artículos; aparentemente, todos querían comprar en la misma librería que Hermione Granger, aunque ella no se veía a ella misma como un éxito de ventas; ella realmente disfrutaba la tienda, e insistía en sólo aceptar la mitad de lo que los dueños le ofrecían por promocionar su tienda.

Aunque puso la mayor parte del dinero en su cuenta de Gringotts (a pesar de todo, era la sensata Hermione), se había permitido un muy agradable apartamento. Estaba en el tercer piso de un edificio histórico bien preservado (lo que significaba que no había elevador, pero las escaleras no eran realmente un problema. A menos que cargaras ocho bolsas del supermercado). Al abrir la puerta, una espaciosa, y a la vez acogedora, sala de estar daba la bienvenida; había un sofá y uno atiborrado sillón en el que adoraba leer. Su elemento favorito de la habitación era la pared que incluía la chimenea y estanterías para sus libros; se alegró al ver que aún le quedaban unas seis pulgadas que llenar.

La sala de estar conducía a la pequeña cocina, con un comedor separado. Continua al comedor, estaba la terraza, donde ella disfrutaba sentarse al atardecer con una taza de té. Siguiente al comedor, estaba la habitación de Hermione, quién la había decorado en los colores de su antigua casa, Gryffindor: rojo y dorado. En el otro final del vestíbulo, detrás de la cocina, estaba el baño y la habitación de invitados. Inicialmente, había pintado de azul esta habitación, pero al convencerse de hacer a su huésped lo más cómodo posible, cambió los colores de las paredes por esmeralda oscuro con su varita y cambió otra, pero supo que era necesario una que hiciera contraste. ¡Pero qué gran decoradora había resultado ser! Motivada por la brillante idea, cambió otra pared en un tono ligero gris, porque plateado se vería de mal gusto. Dejó la pared opuesta de la puerta del mismo color esmeralda, cambió la ropa de cama para que combinara con la pared de contraste y dejó el piso de manera dura inalterado.

Tal vez esto pueda funcionar, después de todo, pensó para sí misma, antes de preparar té e irse a la terraza para el atardecer. No podía exactamente imaginarse a sí misma pintando las uñas de los pies de Malfoy, pero seguramente él había tenido que haber madurado durante la guerra. No podía ser el mismo imbécil insufrible que siempre fue.

¿Podría serlo?

¿Podría?


Hermione intentó de mantener su actitud positiva de la noche anterior al llegar al trabajo el día siguiente, pero no pudo armonizar los nervios que la encontraron al entrar a su oficina. Eran las 9, y creyó que la hora y media que faltaba iba a ser eterna, pero pasó sorprendentemente rápida. Demasiado rápido, de hecho. Iban a ser las 10:30, y sus nervios regresaron con toda fuerza.

Caminando con determinación, Hermione dirigió su camino a la oficina de Kingsley. Se dio una charla motivacional a ella misma, caminando con la frente en alto y abrió la puerta con valentía. La recibió inmediatamente con un fuerte desdeño. Al entrar completamente a la oficina y cerrar la puerta suavemente, el desdeño se convirtió en risa.

-¡Usted espera que viva con ésta por un año! –Draco prácticamente gritó, de la risa. Hermione sintió lágrimas brotar en sus ojos, pero les impidió traicionar la seguridad en sí misma.

Draco, por su parte, no se veía nada bien. Su cabello estaba más fino y sin peinar, su cuerpo demasiado delgado y sus ojos tenían una chispa maníaca que gritaba desesperación. Era difícil creer que éste era el joven engreído con el que ella había crecido.

Hermione esperó a que Kingsley le explicara a Draco la situación, pero él asintió a su dirección, alentándola a hacer el primer movimiento.

-Señor Malfoy, le pediré que se abstenga de lanzar insultos. Realmente, estoy haciéndole un favor. –Dijo Hermione altivamente. Draco rodó sus ojos. –Ha sido seleccionado para ser parte en la primera prueba para una nueva ley del Comité de la M Reintroducción. De aceptar, se mudará a mi apartamento durante un lapso de un año. Durante esos 365 días, no tendrá acceso a magia o sus posesiones, incluyendo su fortuna.

-Por favor, ¡cuéntame más! ¡Suena tan emocionante! –Dijo Draco, arrastrando las palabras con sarcasmo.

-De rechazar esta oferta, -Hermione pausó, dejando que la gravedad del asunto cayera en sus hombros. –será enviado a Azkaban, de por vida, sin oportunidad de libertad condicional.

Las palabras no causaron ninguna reacción de Draco, que desde largo tiempo atrás, había aprendido a controlar cualquier demostración de vulnerabilidad. Hubo un tenso momento de silencio en la habitación, en donde Hermione trató de verse fuerte, aunque también se moría por rogarle que se quedara y probara el plan. Luego de una larga pausa, Draco respondió.

-Parece que la opción que me das es ninguna otra que ésta. Tan terriblemente, espantosamente horrible como creo que será un año contigo, debo reconocer que ni siquiera mi peor día podría ser tan horroroso como un dementor tratando de succionar mi alma. Veremos si sigo creyendo eso luego de este horrible año.

Hermione exhaló, intentando no dar saltos.

Paso 1, listo.

Ahora sólo faltaban unos 235023953287502375032 pasos más.


A pesar de que era ni siquiera mediodía, todos acordaron que Hermione debería llevar a Draco a su hogar ya, en vez de ser su niñera en su oficina toda la tarde. Mientras los guardias de la prisión temporal pasaron sus pertenencias, Hermione no podía evitar sentir como si estuviera llevando a casa un perro, o adoptando un niño, en vez de monitorear a un peligroso criminal en potencia. Esperaba que, a diferencia de un cachorro o un niño, no tuviera que enseñarle a ir al baño.

Hubo algo de confusión en permitir o no que a Draco se le permitiera aparecerse con alguien o no, pero eventualmente, se decidió que, temporalmente, le sería permitido, especialmente porque le facilitaría las cosas a Hermione. Michael Corner sugirió, que para hacer la experiencia más auténtica, Hermione debería llevarlo en el autobús, pero cuando Hermione le pisó fuertemente el pie izquierdo, decidió dejarlo ir.


Así que aquí estaban, frente a la puerta de su apartamento. Draco hizo un redoble de tambores sarcástico en sus piernas mientras Hermione insertaba la llave en la cerradura y abría la puerta. Tan pronto como entraron, Draco dejó caer su bolso de ropa en la entrada y se dejó caer en su sofá, cuidando poner sus pies sucios en una almohada. Hermione rodó sus ojos.

-¿Quieres que te enseñe el lugar?

-No, estoy bien. Granger, ¿qué tal si me haces el almuerzo?

Hermione tenía dos tácticas: podía ser amistosa y amable o firme y dura. Aunque su instinto inmediato era ser agradable, sabía que ganar su respeto siendo severa.

Realmente era como tener un perro.

-Draco Malfoy, no eres un invitado en mi casa. Eres un criminal bajo una forma extrema de arresto domiciliario. Me seguirás a un recorrido por la casa, y me hablarás respetuosamente, a menos de que quieras ser convertido en un hurón de nuevo. –Ella mantuvo su expresión seria, pero Draco sólo rió.

-De acuerdo, Granger. Muéstrame tu pequeño cuchitril.

Ella frunció el ceño a su comentario y comenzó el tour.

-Esta es la sala de estar.

-¿Te refieres a la primera sala de estar?

-La única sala de estar.

-¿Qué clase de casa tiene sólo una sala de estar? ¡La mansión tiene cuatro sólo en la planta de abajo! –Este tour no estaba teniendo un buen inicio.

- ¡¿Para qué necesitarías cuatro salas de estar?!

-Una para sentarse, otra para leer, otra para descansar y otra para invitados.

-Y no podrías hacer todas esas cosas en una sola habitación, ¿verdad? –Draco la vio fijamente con incredulidad, y Hermione supo que lo mejor que podía hacer era continuar.

-Por aquí, podemos ver la cocina. La única cocina.

-No seas ridícula. Por supuesto que sólo hay una cocina, Granger. Ahora, ¿dónde están tus otros comedores?

Iba a ser un día largo.


Luego de mostrarle a Malfoy el único comedor, la única terraza y el único baño, finalmente llegaron a su habitación. Por sus ojos, supo que estaba sorprendentemente complacido con su elección de colores. Incluso, se vio... feliz.

Ella sostuvo su respiración, esperando por algún tipo de cumplido, o por lo menos una observación decente.

-¿Éste es mi único dormitorio?

Luego de un exhaustivo recorrido por el apartamento y un doloroso almuerzo ("¿Comeremos sándwiches? ¡Pensé que tenías un salario!"), Hermione decidió que era el momento de establecer las reglas. En un verdadero gesto de Hermione Granger, las había impreso y laminado.

Reglas del apartamento de Hermione

-Para evitar Azkaban, Draco Malfoy debe vivir un año en arresto domiciliario en supervisión directa de Hermione Granger

-No dejarás el apartamento sin permiso o acompañamiento. Hay hechizos que impiden que lo hagas.

-Te será permitido el acceso a todas las habitaciones, excepto la mía. Hay hechizos que evitan que entres.

-A Hermione se le permite cualquier tipo de método disciplinario que considere adecuado, incluyendo Maldiciones Imperdonables.

-Hermione se reserva el derecho de incluir más reglas en cualquier momento.

Estaba particularmente orgullosa de la penúltima regla y contenta de agregar la última. Malfoy leyó cada una, rodando los ojos. Al terminar, lanzó la hoja laminada sobre su hombro y volvió a dejarse caer en el sofá.

-Entonces, ¿qué se supone que haga mientras estoy aquí? No puedo usar magia. No me puedo ir. No puedo comprar nada. ¡Por todo un año! ¿Qué se supone que haga que en este apartamento de mierda?

Gracias a la última palabra, sintió en su trasero el agudo golpe de un hechizo.

-¡Maldita sea, Granger! –Otro golpe agudo.

-¿No te mencioné "no maldecir"?

Ahora era el turno de Hermione de reír.