Capítulo 02

Jurina


"Te debo un café"

Rena abrió los ojos de golpe, casi podía jurar que escuchó la voz de esa joven en su oreja, hasta la piel se le puso chinita. Se llevó las manos a la cara para frotarse bien los ojos y despertar de una buena vez.

-¿Qué diablos fue ese sueño? –Suspiró dándole gracias a su tonto cerebro por haberla sacado del único mundo donde ella podía tener algo de control. Por alguna razón, a su mente vinieron pequeños flashbacks de la pequeña reunión de la mañana con las "Oya"; era de esperarse, Rena llevaba días sin salir de su hogar y esas pequeñas interacciones fueron suficientes para decirle que debía socializar más o quedaría loca pronto.

Vio el reloj marcando casi el medio día, bastante temprano para su rutina habitual. Se quedó un momento en cama, extendiendo los brazos y piernas intentando cubrir la totalidad de la cama. Mantenía los ojos abiertos y la mente en blanco hasta que escuchó unos gritos la sacaron de su paz mental.

"¡JURINA! ¡VUELVE AQUÍ, MALDITA IDIOTA!"

Esa voz era de Yuka, sin duda. Y la risa que se escuchó después seguramente era de esa maleducada roba cafés. Se levantó de inmediato para ir a la ventana y abrir la cortina; los rayos de luz del poderoso sol hicieron que cerrara un momento los ojos para poder adaptarse al cambio. Poco a poco la imagen se hizo clara. Una sonrisa tonta se le formó en el rostro al ver a la delgada fugitiva corriendo por SU patio con unos bóxers de corazones en la mano, agitándolos al aire como una bandera. El cabello negro, mediano, bailaba con el viento invernal y esa sonrisa explosiva adornaba sus bellas facciones. ¿Bellas facciones? Oh sí, pero por supuesto que la chica era hermosa. Una belleza casi salvaje pero infantil.

Rena abrió la ventana, el aire gélido le pegó justo en la cara y se hizo bolita abrazándose a sí misma.

-¡Hey, invasora!- gritó lo suficientemente alto para que Jurina buscara de dónde provenía el grito. Esa pequeña interrupción logró desestabilizar su huida y tropezó con un montículo de pasto. Jurina cayó de forma tan graciosa que Rena no pudo evitar soltar la carcajada.

Yuka no tardó en llegar corriendo hasta donde estaba el soldado caído y sin pensarlo dos veces, se lanzó con el codo extendido sobre ella. Rena notó como las piernas de Jurina se contrajeron, seguro se había quedado sin aire. Aun así, las risas seguían escuchándose. Era una salvaje idiota, sin duda.

-¡Deja de revisar mis cosas! ¡Tú me vas a sacar arrugas pronto! ¡Compórtate que ya no tienes 10 años! –A pesar de lo que Yuka le gritaba a la joven, se notaba que no estaba molesta. Se reía forcejeando con la más alta.

-Parecen niños pequeños las dos. –La voz de Masana se escuchó a un lado de la ventana donde estaba Rena asomada con los codos apoyados en el marco de la misma. La mujer se encontraba parada ahí afuera con los brazos cruzados mirando la escena. "¿A qué hora llegó?" Rena casi había muerto de un infarto, esa menuda mujer era muy escurridiza.- Lamento el escándalo, cuando Jurina se aburre suceden este tipo de cosas.

-¿Siempre es así?

-No. -Masana le sonrió tiernamente, acomodándose el mandil de girasoles que llevaba puesto- A veces es peor. –Esas palabras no fueron lo que Rena quería escuchar, no con su bloqueo mental actual.- Pero tranquila, no es mala niña y sabe respetar "la casa de los escritores".

-Matsui san, una disculpa por el ruido. –Yuka ya se había acercado a ellas, escondía la prenda de corazones en su bolsillo con una mano y con la otra se acomodaba su corto cabello.- Algunas niñas no saben respetar el espacio personal de las personas. Estamos trabajando en ello.

-No hay nada de que disculparse. ¿De qué era la bandera que "Oya-kun" ondeaba tan enérgicamente?

Los colores se le subieron a la cara a la pobre Yuka, quien buscó refugio escondiéndose en un abrazo con Masana.

-Te dije, son niñitos traviesos. –La joven delgaducha siguió abrazando a su tomate hervido y se la llevó poco a poco. Un "con permiso, nos vemos luego Matsui-san" fue lo único que alcanzó a oír. Justo frente a ella una sonrisa brillante la saludaba.

-Hola de nuevo. –La joven se sacudió el cabello, tenía bastante pasto seco adornándole la cabeza. Yuka se había encargado de dejarla llena de éste.- ¿Estabas durmiendo?

Rena se sintió nerviosa ¿y a esa que le importaba si estaba durmiendo o no?

-No estaba durmiendo, estaba escribiendo. –Mintió, esa mirada juzgadora de la contraria como si supiera lo que estaba ocurriendo de verdad la desesperó de inmediato. ¿Por qué se sentía tan irritada?

-Umm… ya veo. Lamento mucho haberte interrumpido entonces. ¿Puedes escribir adentro? Hay mucho espacio aquí afuera para hacerlo. He visto a otros escritores y la mayoría salían a escribir en el patio o se iban en bicicleta al monasterio que hay kilómetros para…allá. –Jurina hablaba muy rápido y se movía demasiado al hacerlo. Era tan, natural y extrovertida.

-Estoy bien dentro, gracias.

-Ahh… ¿escribes una novela gótica?

-¿Acaso tengo cara de escribir ese tipo de cosas?

-Pues pareces un vampiro, toda pálida. –A pesar de ser un comentario bastante grosero, Jurina lo decía todo con esa sonrisa a la que podías perdonarle todo. Irritante.- Ya en serio, ¿has escrito algo o estás empezando?

-¿No deberías estar desempacando tus cosas?

Jurina giró los ojos y negó varias veces.

-Eso es aburrido, aparte estoy cansada del viaje. Masana es media intensa y controladora en ese aspecto, verla irritada es divertido así que lo dejaré para mañana. ¿Ya comiste? Nosotras vamos a salir a comer, deberías acompañarnos. Será un picnic de bienvenida.

-No creo que…

-Te vengo a buscar en una hora. Así terminas de despertar, trae una libreta y lapicero. Sólo es un consejo. ¡Nos vemos en una hora! –Jurina agitó la mano al pegar la carrera, dejando a Rena con el ceño fruncido y un suspiro de derrota atorado en el pecho.

-¡NO ESTABA DURMIENDO!- le gritó haciendo que la joven se riera a lo lejos. La chica pálida cerró de nuevo la ventana y la cortina. Una sonrisa tímida se asomó en sus labios al quedarse en silencio. Se quedó un momento viendo su cama desarreglada y pensó en sus planes para ese día: tomar otra taza de café, comer algo (un sándwich o una sopa instantánea), leer unas horas, sentarse frente a su computadora viendo la pantalla brillante rogándole al cielo algo de inspiración.

Se rascó la cabeza acercándose a la cama para comenzar a arreglarla. Mantenía una sonrisa estirando las sábanas blancas.


Algunos rayos de sol atravesaban las ramas de los árboles y daban directo al rostro de Rena. Abrió los ojos poco a poco, todavía tenía en sus manos una libreta abierta y el lapicero en las manos. ¿Estaba soñando? No, sólo se había quedado dormida después de comer. Bajó la mirada y descubrió un pequeño poema escrito en la esquina de una página:

"La nieve blanca, como la piel tersa de su rostro,

Cerezas rojas, como los labios que lo adornan,

Miel de abeja, como el claro de sus ojos,

Carbón, como el negro de su cabello."

No tuvo tiempo de pensar en nada, escuchó que alguien se acercaba y cerró el cuaderno de golpe, ignorando el dibujito mal hecho que acompañaba el poema.

-Rena san, ven, ya están listos los botes. –Yuka se había acercado con una sonrisa. Era cierto, Jurina había propuesto una carrera de barcos hechas con hojas o maderas que se encontraran. Se levantó guardando la libreta en su mochila pequeña que llevaba cruzada y acompañó a la ikemen.- Antes de que veas los botes debes de elegir ¿Jurina o Yo?

-¿Perdón?

-¿El bote de Jurina o el mío?

-El de Jurina.

-¿Qué? ¡Ni siquiera lo pensaste!

Rena sólo sonrió, después de haberla visto competir en "a ver cuántas uvas caben en tu boca" y destrozar a Yuka batiendo (quizá) un récord Guiness, siempre apostaría por la joven de mirada felina. Misma quien al ver a la pálida chica, dejó lo que estaba haciendo para acercarse a ella. Eso la puso nerviosa, apretando la tira de su mochila y deteniéndose en el camino. La intimidaba, algo en la mirada le revolvía el estómago.

-¿Eres narcoléptica? –Adiós al encanto que parecía tener. Jurina tenía el toque perfecto para romper con los momentos.- Estábamos hablando y te quedaste dormida.

-¿Así de interesante estaba tu plática? –Yuka se metió en la conversación, era parte de su labor el molestarla. La menor hizo una mueca de molestia pero terminó sonriendo.

-Yo no soy aburrida ¿cierto Matsui?

-Ujum… ¿Cuál es tu bote?- Rena ignoró la pregunta de Jurina haciendo que Yuka y Masana se burlaran de la joven quien ahora tenía cara de preocupación.

-Es este. Está hecho con corteza seca y hojas, el de Nakanishi es una porquería con muchas ramas entrelazadas, se le va a ir al fondo de inmediato. –A Rena le asombraba la capacidad de la joven para superar cualquier dolor emocional, justo ahora estaba animada al cien nuevamente.- Me robé una hoja de tu cuaderno para hacerle una pequeña vela.

-Eso es trampa, Jurina. Dijimos que cosas sólo del entorno natural. –Yuka seguía molesta por ello, la menor era muy viva y nunca perdía de verdad.

-Es parte del entorno, la libreta estaba tirada en el suelo cuando la encontré.- Sonrió orgullosa de su explicación. Rena ahora sabía cuándo fue que la menor se dio tiempo a escribir aquello vergonzoso en su libreta, tuvo que mirar a otro lado para evitar la sonrisa estúpida de Jurina.

-No se diga más, háganlos competir. –Masana se estaba subiendo a la espalda de su novia. La más menuda no caminaba mucho, pues todo el trayecto del auto hacia el monasterio donde estaban, Nakanishi se la pasó cargándola. Se agitaba mucho, lo que la hizo pensar en que quizá la mayor de las hermanas tenía algún problema de salud. No preguntaría nada al respecto.- Ya apostaron que la que pierda va a lavar los trastes una semana.


Rena salió del baño con la toalla enrollada en la cabeza. Se sentía muy cansada, demasiado, a decir verdad. Había sido un día agotador lleno de risas en compañía de esas tres mujeres que de pronto le cambiaron la rutina. Mañana sería otro día igual de agotador, de alguna manera se había comprometido en ayudar a Jurina a desempacar sus cosas. Esa joven tenía formas muy extrañas de convencerla, más bien, obligarla.

Se sentó frente a su tocador y comenzó con su ritual de cremas para antes de dormir. No podía quitarse la sonrisa del rostro al recordar las competencias entre los dos "niñitos" de Masana.

Y de pronto, así como así, una idea se le vino a la mente cuando recordó la manera en que se llevaron a cabo las competencias de los botes. A Jurina gritando como loca cuando el bote de Yuka se le pegó y una de las ramitas lo comenzó a ladear metiéndole agua. La mirada de cachorrito y pucherito que puso cuando su bote se fue al fondo del estanque fue algo que Rena no iba a poder sacar pronto de su cabeza. Tan dulce.

Dejó su tratamiento a la mitad y corrió a su pequeña e improvisada oficina para encender la computadora. Mientras cargaba, comenzó a preparar la cafetera. Sería una noche larga, lo veía venir. Sus dedos estaban ansiosos por plasmar todas las palabras que se le venían una sobre otra.

Casi no podía esperar a que amaneciera. Quería estar rodeada de esas tres. Quería estar riendo como tonta a lado de Jurina.

"Nos vemos mañana, no se te olvide traer tu cuaderno ¿ok? Nunca sabes cuando te va a brotar la inspiración" Esas palabras más un guiño ¿quién no se pondría nerviosa por algo así? Irritante y dulce. Sacó su cuaderno y volvió a la página que le habían marcado ese día. Lo dejaría abierto toda la noche. Su inspiración había tomado forma, la forma de un cachorrito mal dibujado y deforme.

-Tonta. –Sonrió, dejando que sus dedos comenzaran a presionar las teclas y las palabras comenzaran a formar oraciones.