Capítulo II
Ira
"Tengo tu carta en mi mano helada
la ultima línea fue larga
tan larga como ardiente
mi mirada se mantiene
con cada palabra otro sentimiento muere
estoy aquí abandonado en la oscuridad
sin tus recuerdos
cierro mis ojos
me está matando"
Tokio Hotel – Love is Death
Mis ojos recorrían con cierta ansiedad los rostros de las chicas que cantaban, gritaban, saltaban y lloraban con la música que tocábamos. Cabellos rubios, negros, rosjos y castaños. Ojos verdes, castaños, pieles morenas y blancas. Tantas características y algunas que se asemejaban tanto, al punto de poder confundirla, pero ninguna era aquella chica, yo lo sabía bien, la posibilidad era demasiado escasa, habíamos viajado por muchos países, pero a pesar de ello, me descubría rebuscando entre el público, incluso en las fiestas que se hacían luego de una presentación, paseaba en medio de los asistentes, sólo para estar seguro que ella no se encontraba.
No podía creer que estuviera esperando a que volviéramos a Tokio, sólo por la posibilidad de volver a verla.
Terminé con la última canción. El público estaba eufórico y yo también. Había una especie de conexión entre los fans y yo, muchas veces me quedaba tras el escenario al terminar, escuchando el sonido del público pidiendo más. Cerré los ojos mientras mi respiración comenzaba a calmarse, el clamor enfervorecido se iba apagando poco a poco, entonces en mi mente, escuché su voz.
- Kagome…- había dicho con cierta timidez, sin mirarme a los ojos – me llamo Kagome.
Yo ni siquiera me molesté en decir mi nombre, hacía mucho que había perdido la costumbre de presentarme ante los demás.
- Y qué haces aquí Kagome – le pregunté con ligereza, mientras me inclinaba buscando sus ojos, que sólo entonces me miraron un instante.
- Yo soy Ayumi – dijo su amiga de pronto, ansiosa por ser notada, no resignándose al anonimato.
La miré y le sonreí con amabilidad, pero poco interés, no parecía una mala chica, quizás demasiado corriente incluso. En cambio Kagome me había intrigado, parecí a tan emocionada como incomoda, eso marcaba la diferencia entre las chicas que me había tocado conocer hasta entonces.
Ella pareció conformarse con eso, al menos de momento.
- ¿Y saben tus padres que estás aquí? – volvía a dirigirme a Kagome, intentando sonsacarle su edad, sin caer en la típica pregunta.
Además, no quería tener los líos con menores de edad, aquella era algo muy delicado cuando estás en un mundo como en el que estaba sumergido yo.
- No necesito su permiso – objetó – soy mayor de edad – su aclaración era justo lo que buscaba.
No estaba muy seguro de porqué, pero me atraía enormemente. Pensé que quizás llevaba una temporada demasiado larga, sólo y sin la proximidad de otra persona a la que pudieras simplemente tocar y besar.
Ahora había que descartar que fuera una especie de infiltrada de alguna revista sensacionalista, que luego vendiera una historia sobre mi modo de coquetear. Siempre había sido muy cuidadoso con eso, bueno, no siempre.
- ¿Y cómo es que estás aquí? – continué con las preguntas, ya me las sabía todas, como si tuviera que disertarlas para un examen.
- Yo la traje – saltó su amiga, que parecía seguir sin renunciar a destacar de alguna manera.
- ¿Cuál era tu nombre?... ¿Aki?... – pregunté buscando ponerla en su lugar.
- Ayumi – aclaró sin siquiera molestarse conmigo.
Era una fans absoluta, no cabía duda, aunque a veces cuestionaba si este tipo de chicas no eran más fans del éxito que del trabajo que efectuábamos como banda, en realidad.
- Oh sí, Ayumi – le volví a sonreír - ¿quieres un autógrafo? – le pregunté de inmediato, sin darle tiempo a hablar.
- ¡Oh sí!, por favor – respondió de inmediato, comenzando a registras los pequeños bolsillos de su pantalón, sin encontrar nada de utilidad.
Yo, en tanto, observaba de reojo las reacciones de Kagome, que aunque no era indiferente al entusiasmo de su amiga, no mostraba la misma euforia.
- Hazlo aquí… - anunció finalmente Ayumi, cuando no encontró nada en lo que poner mi firma, tiró de su blusa mostrándome el pecho para que escribiera ahí.
Le volví a sonreír con amabilidad.
- Es una oferta tentadora – le respondí intentando que no pareciera un rechazo – pero querrás que sea algo más permanente ¿no?
- Claro – dijo, algo desilusionada.
Puse mi mano sobre su hombro y me incliné levemente hacia ella intentando con mi gesto físico, darle algo de la atención que ella estaba reclamando.
- Mira - le indiqué a Kagura, la relaciona pública y principal culpable de estas fiestas - ¿ves a esa mujer?
- ¿Cuál? - preguntó la chica al girarse, algo extraviada, por un momento pensé que tendría que hacerle todo.
- La que tiene cara de sargento – le aclaré.
Kagura era la encargada de coordinar los eventos a los que asistíamos la banda y yo, en cada ciudad en la que estábamos. Nos reservaba sitios de diversión, se encargaba de tener la nevera con la comida que nos gustaba a cada uno y cosas así. Parecía siempre muy agradable, pero cuando se sentía fuera de las cámaras, parecía tener veinte años más.
- Sí, sí, sí… - respondió más animada.
- Dile que te envió yo, que te dé una de nuestras camisetas promocionales para firmar – le indiqué.
No debería sorprenderme, pero la chica me miró casi con adoración y cada vez que una de nuestras fans hacía eso, me preguntaba qué era lo que veía en realidad.
Cuando Ayumi se alejó, puse mi atención en Kagome otra vez.
- ¿Quieres beber algo? – le pregunté condescendiente.
- Mejor será que no – me dijo sin más, picando mi curiosidad.
- Y eso porqué – continué preguntando.
Ella esbozo una sonrisa. Yo tenía las manos metidas en los bolsillos de mi pantalón, solía ponerme muy nervioso al hablar con la gente. Mi comodidad estaba entre mis conocidos, así que jugueteaba con una moneda suelta que había en uno de los bolsillos.
- Digamos que se me sube a la cabeza – habló con medida sinceridad. Miraba a todo mundo alrededor, menos a mí.
- Igual te estoy incomodando – le dije, buscando que me dijera que no.
Entonces me miró y a pesar del nerviosismo que parecía palpable en ella, negó con la cabeza enérgicamente. Me sentí aliviado. Sus ojos castaños eran tan expresivos, que me sorprendieron.
- Aquí está – habló Ayumi a mi lado. Traía entre las manos una camiseta negra, con nuestra imagen y un rotulador especial para poder escribir sobre la tela.
- Bien – se la recibí y avancé hasta la barra del mini bar, para apoyarme. Me siguieron ambas chicas, puse mi garabato y se la entregué a ella, que la abrió, contemplando la zona en la que estaba mi nombre.
- Qué genial… - dijo, admirando la escritura.
- Por qué no vas con Kouga y Bankotsu – le sugerí, esperando que no fuera demasiado evidente mi deseo de estar a solas con Kagome – estarán encargados de firmar también, luego, Miroku está por allá – le indiqué un lugar del salón.
- ¡Claro! – respondió con efusividad, como si no hubiese pensado en esa idea.
Me quedé por un instante extrañado de su actitud tan poco meditada.
Cuando nuevamente nos quedamos solos Kagome y yo, el silencio se hizo tan pesado, que por un momento pensé que debía dejar cualquier intento por socializar con ella. Después de todo era una chica más a la que probablemente no volvería a ver. Tragué con cierta dificultad, ese era el problema principal que tenía con la idea de relacionarme con chicas. Me costaba demasiado asumir que serían personas a las que raramente volvería a ver y con las que era muy probable que tuviera poco o nada en común.
- Te aceptaré una copa – me dijo ella, mordiéndose una uña – a lo sumo, me reiré un poco más – agregó.
Aquel comentarios me pareció sincero, estaba nerviosa, quizás tanto como yo, sólo que mi practica en disimular era mayor, sin embargo no intentaba parecer más de lo que era en realidad, una chica en la fiesta del grupo de música que le gustaba.
- Qué tan fuerte – le pregunté.
- Regular.
Me estiré por encima de la barra, mi pierna rozó ligeramente la suya y una fuerte corriente eléctrica me cruzó. Intenté ignorarla, pero la sensación se quedó palpitando en mi interior. En otro momento, probablemente habría escapado de aquello, dejando a la chica en la fiesta y olvidándome de ella sumergido en la música o en algún navegador de internet, pero hoy me sentía diferente, hoy no quería llenarme de prejuicios, hoy quería sentirme diferente.
Alcancé una copa y una botella de vodka. Pensé que no encontraría otra cosa en esta fiesta. Era un licor efectivo y que no dejaba rastros notorios, más que lo poco o muy mareado que podías quedar. Se lo preparé con hielo, al menos eso aligeraría el alcohol.
- Toma – le extendí la copa.
Y me descubrí teniendo pensamientos lascivos, por la forma en que acariciaba el vaso con los dedos y como sus labios se prendaban del borde de cristal. Bajé la mirada extenuado, definitivamente la falta de sexo me estaba afectando, ¿hacía cuánto de la última vez?, ¿ocho meses?, ¿un año? Ni siquiera lo recordaba. Apuré la copa en mi mano.
- Esto de regular no tiene nada – me acusó ella, después de beber parte del contenido de su vaso.
- Es lo que hay en estas fiestas – le dije sin más. A la distancia pude ver a su amiga Ayumi, hablando alegremente con Miroku. Me sonreí ligeramente, ese sí que no conocía la palabra "abstinencia".
Kagome también parecía mirarla fijamente.
- ¿Qué canción es la que más te gusta? – le pregunté, intentando atraer su atención.
Me miró con los ojos muy abiertos, como si estuviera preguntándole algo muy personal. Esa reacción llamó poderosamente mi atención, hasta ahora no se comportaba como la típica fans, pero tampoco mostraba desinterés.
- Es tan difícil escoger – me respondió, como si estuviera haciendo un repaso mental de los temas – todos hablan de ti.
Primero pensé que se equivocaba. Las letras no decían necesariamente cosas sobre mí, aunque luego lo pensé mejor y quizás tenía razón, no hablaban de vivencias, pero sí de anhelos.
La vi humedecerse los labios con nerviosismo, no había en aquel movimiento una seducción analizada y sin embargo me pareció lo más sensual que había visto.
Miré a mi alrededor. Miroku se había sumergido en un rincón con Ayumi, por lo que supuse estaría coqueteando más abiertamente con ella. Kouga y Bankotsu, seguían en su mundo independiente. Sesshomaru no se encontraba junto a la mujer de antes, que ahora gesticulaba compulsivamente rente a otro invitado y Kagura había abandonado también su puesto de vigilancia. Así que por un momento me sentí decidido. Apuré el contenido de mi copa y aún con el calor en mi garganta, hablé.
- Kagome… - hice una brevísima pausa, para darle fortaleza a la voz, que parecía inestable – si yo te invito a mi habitación… ¿vendrías?
Había una propuesta implícita en la pregunta que había hecho y ella me miró con esos vivaces ojos castaños, comprendiéndola.
No habló, simplemente asintió.
Le tomé la mano y me fui con ella hasta mi habitación. Echando el seguro y olvidándome de todo lo que existía fuera de esas cuatro paredes de hotel.
De eso, hacía ya dos meses.
Dos golpes en la puerta de mi habitación, me distrajeron. No alcancé a decir nada y ya tenía a Miroku dentro.
- ¿Qué tal?, ¿has descansado? – me preguntó.
Cuando lo vi, recordé el problema de sonido que habíamos tenido durante el concierto de la noche anterior.
- Te pedí expresamente que tocaras una octava más bajo – le dije, poniéndome en pie del sofá en el que me encontraba.
Avancé hacia la ventana, de vidrios polarizados, desde la que podía observar el exterior, sin ser visto.
- Vamos hombre – respondió con soltura, una actitud típica de Miroku, con la que me costaba convivir – nadie lo notó.
Me di la vuelta indignado.
- Yo lo noté – alcé ligeramente la voz – es mi trabajo y quiero hacerlo bien – le reclamé, sintiendo que la furia que estaba conteniendo en mi interior, encontraba un ligero espacio por el que escapar.
- No es para tanto – continuó excusándose pobremente, mientras se apoyaba en la pared.
Me hasta la mesa que había en medio de la habitación y tomé de ahí una caja de cigarrillos, saqué uno y lo encendí. Le di la espalda.
- Me molesta mucho tu falta de profesionalidad – continué sin que mi exaltación se calmara.
- Antes que sigas diciendo cosas de las que debas arrepentirte - me dijo – cálmate.
Me giré nuevamente hacia él.
- ¡¿Cómo quieres que me calme?! – lo increpé.
- ¡Vamos InuYasha!- alzó también la voz con decisión – llevas unas semanas con un humor de perros – continuó, caminando hasta la caja de cigarros y sacando uno, luego extendió la mano para pedirme el encendedor, que sin darme cuenta retenía en un puño.
Se lo entregué.
- No sé a lo que te refieres – le dije, evitando el tema. Yo mismo sabía que mi humor no había sido el mejor últimamente.
- ¿Tan malo fue el revolcón con esa chica? – me espetó.
Apreté los labios sintiendo la ira crecer nuevamente, no estaba seguro de si era por el modo en que Miroku se expresaba o por la razón que podía tener, el motivo claramente estaba en Kagome.
- Dejémoslo mejor – le advertí, él no era precisamente el mejor consejero para estas situaciones.
Miroku se acostaba con chicas, como quien usa un pañuelo de papel y lo tira olvidándose que ha existido.
- Si no hablas de ello, seguiremos sufriendo tu mal humos – me señaló
-¿Alguien más se ha quejado? – pregunté, succionando el humo del cigarrillo, dejando que el sabor agrio del tabaco jugueteara con mi lengua.
- Ya sabes que Kouga y Bankotsu, jamás se quejan… - dijo, mirando sus zapatos – pero eso no significa que no lo noten.
- Y te han enviado a ti como portavoz – alegué.
Miroku me miró y se quedó en silencio un instante, luego habló.
- A eso justamente me refiero – me dijo – es extraño verte tan alterado.
Volví a absorber el humo, tomándome ese omento para meditar.
- Le pediste algún teléfono a la amiga – le pregunté finalmente, rascándome la nariz con la mano con la que sostenía el cigarrillo.
Sabía que él no había terminado acostándose con la amiga, pero que sí había estado bastante tiempo con ella.
- No, la amiga no me resultó interesante la verdad – me confesó.
Apreté la mandíbula.
Recordaba haber puesto mi número en su espalda, sabía que había abusado del vodka aquella noche, pero estaba completamente lúcido. Las copas sólo habían servido para desinhibirme, nada más. Pero ella, Kagome, no había llamado ni una sola vez, además ese móvil no lo tenía mucha gente.
También era consciente que ella no se lo había dado a nadie, porque no había recibido ni una llamada extraña.
- De lo malo – volvió a hablar Miroku – mañana estaremos nuevamente en Tokio y quizás la vuelvas a ver – me dijo.
Algo me apretó en el pecho, sabía que la ansiedad me estaba machacando.
- Da igual…
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
En cuanto estuvimos dentro del aeropuerto de Narita, mi teléfono comenzó a sonar. El sonido era bastante tenue, por lo que no fue notado por los demás que iban conmigo. Cuando miré la pantalla el número figuraba como "desconocido" y aunque habitualmente no habría respondido, esta vez no fue así. Me separé ligeramente, acercándome a una de las paredes laterales para poder escuchar mejor.
- ¿Si? – respondí, intentando no pensar en el nudo que se me estaba haciendo en el estómago.
Vaya tontería.
- ¿InuYasha? – escuché una voz femenina, parecía nerviosa.
Me sentí ligeramente defraudado, por no estar seguro de que fuera Kagome, no había retenido el timbre de su voz, eso, además de no haberla escuchado antes con la distorsión que producía un teléfono.
- Sí, soy yo – respondí esperando.
Escuché una especie de resoplido de alivio al otro lado, lo que de alguna manera se ajustaba a la imagen que guardaba de ella en mi cabeza.
- Soy Kagome – me confirmó. Y el que tuvo que contener un suspiro de alivio fui yo. No me había dado cuenta de lo tenso que tenía los hombros, hasta que los relajé.
- Ah, ya… - hablé intentando no parecer demasiado interesado. La chica me había gustado, pero no podía darme el lujo de bajar la guardia. Eso estaba fuera de discusión.
Hubo un pequeño silencio, durante el cual me pareció que ella estaba evaluando mi respuesta. Pero finalmente se decidió a volver a hablar.
- Crees que podamos… - su voz parecía inquieta, su respiración sonaba algo agitada. Aquello me trajo de inmediato recuerdos demasiado violentos, que me ocasionaron un golpe de calor, muy intensa para el sitio en el que me encontraba - … bueno… quisiera hablar contigo.
Ella quería estar conmigo, y yo estaba seguro de querer verla, pero debía encontrar un momento más neutral, a pesar de que su sólo recuerdo encendía mi pasión, no estaba seguro de querer sólo eso con ella.
- ¿Sabes el hotel en el que estoy? – le pregunté.
- Sí – me aclaró escuetamente.
En ese momento sentí que alguien me tiraba de una manga, luego alguien me tocaba la espalda y de pronto sin saber cómo, me encontraba acorralado contra la pared, por un grupo de chicas, que se me abalanzaban, unas empujadas por las otras.
- Ahí, antes del concierto – alcancé a decir, antes que el teléfono saltara de mi mano, cuando una de las chicas tiró de mí con más fuerza.
Continuará…
Hola chicas… aquí estoy con el segundo capítulo, para que nos vayamos ambientando y sepamos un poco por dónde van los personajes. He puesto un poco la versión de InuYasha, sus apreciaciones de Kagome y cómo enfocó él ese momento con ella. Ahora nos falta Kagome… a ver…
Una advertencia, el tabaco es dañino para la salud, y no me gusta, pero aquí puse a un InuYasha fumador, porque me parece acordé con el papel que le toca en este fic, además de tener mis futuros diálogos sobre el tema. A la pobre Ayumi le tocó hacer el papel de tonta, pero ni modo, alguna tenía que hacerlo y como en el animé no tenía tanta relevancia, pues se lo adjudiqué… jeje je…
Todavía no nos aparece la colcha de leopardo… ainsss… pero en alguna parte la meteré, palabra… jeje jeje
Besitos mis niñas y me voy corriendo, porque tengo puesta la olla a presión.. jaja jaja…
Su review es mi sueldo!!!!
Siempre en amor.
Anyara
