[!] Disclaimer: Los personajes del anime/manga de InuYasha pertenecen a Rumiko-sensei; yo solo los tomé prestados para esta pequeña historia,

[!] Advertencias: El contenido de esta historia contiene AU y muy posible OOC. Soy nueva en esto y ando experimentado con los personajes, pero aun así, me esforzaré por hacerlos OC.


Capítulo 2: Problemas de familia.

– ¡Papá! ¡Papá! ¡Papá! ¡Papá! – Taichi, el pequeño hanyou de solo cinco años, tiraba de la manga roja del haori de piel de rata de su padre, clamando por su atención.

Sin embargo, sus esfuerzos eran inútiles, y el pequeño estaba consciente de ello, pues por más que lo llamaba, Inuyasha roncaba sonoramente sin el menor atisbo de escuchar los llamados de su hijo mayor. ¡Razón tenía su madre al decir que su padre dormía como una roca!

– ¡Papá! ¡Papá! ¡Papá! ¡Despierta! – Sin darse por vencido, Taichi, se sentó en el pecho de su padre, y se dio a la tarea de tirarle de las orejas perrunas, lo que trajo como consecuencia que Inuyasha ahogara sus ronquidos y abriera sus ojos de par en par con una entremezcla de dolor, desconcierto y coraje por dos razones: La primera por ser despertado de una manera tan abrupta, y en segunda, por el hecho de que Taichi, al igual que Kagome tuviera esa manía de tirarle de las orejas.

– ¡Enano! ¿Cuántas veces te he dicho que no tires de mis orejas? ¡Argh! ¡Duele! – se quejó Inuyasha, lanzándole una mirada reprobatoria a su hijo, a la vez que se sobaba sus orejas. – ¿Y bien? ¿Qué es lo que pasa? ¿A qué se debe tanto alboroto, enano? – inquirió Inuyasha frotándose los ojos con somnolencia, esperando una respuesta por parte de su hijo. – ¡No vengas con que a tu madre le ha vuelto a explotar la chimenea! – agregó exaltando su preocupación.

Difícilmente olvidaría la primera vez que Kagome intentó avivar el fuego de la chimenea de la cabaña en la que vivían, mientras él se dedicaba a cortar los leños, y en la odisea terminó con la cara cubierta de hollín y con las cejas chamuscadas.

– Gomen ne*, papá, pero no despertabas. – respondió Taichi avergonzado. – Es que mamá nos ha dicho a las gemelas, a Komori**, y a mí que te tiremos de las orejas para que puedas despertar. – el pequeño hanyou agacho su mirada a modo de disculpa, gesto que se vio reflejado al doblegar sus pequeñas orejitas, ante la atenta mirada de su padre, quien finalmente cedió con un resoplido a la mirada de su cachorro, de manera que para alivianar la situación soltó un simple: «¡Bah! Ya olvídalo, enano» – ¡No, no, no! ¡Nada de eso! – negó de inmediato, para gran alivio de su progenitor. – Mamá está bien, al igual que Nozomi, pero me pidió que fuéramos buscar a mi tía Rin-chan, ¡la comida ya está lista! – terminó por decir su cachorro con una sonrisa de oreja a oreja. – ¡Hace hambre, papá! ¡Vayamos por mi tía Rin-chan antes de que se enfríe! –.

Inuyasha, adivinando las intenciones de Taichi, lo interceptó en el aire, evitándole una dura caída al intrépido de su cachorro. – ¡Enano! ¿Qué te he dicho sobre subirte a las copas de los arboles sin supervisión? Si tu madre te ve haciendo estos saltos de altura, te regañará, y lo sabes, y de paso a mí me matará por no cuidarte. ¡Ten más cuidado! – Un nuevo llamado de atención se hizo presente en el momento que padre e hijo aterrizaron.

– ¡Yo sabía que me atraparías, papá! Confío en ti. – respondió el pequeño hanyou muy seguro de sus palabras, ocasionando que su padre le diera un cariñoso coscorrón en la cabeza por ser tan impulsivo como su madre. Y sin más, entre risas, resoplidos, sonrisas y pullas, se adentraron al bosque siguiendo el olor de Rin, pero lo que no ninguno de los dos esperaba era que toparse frente a frente con el estoico daiyōkai.

Inuyasha – a diferencia de su cachorro, quien aún no tenía completamente desarrollado su sentido del olfato – ya había percibido el aroma de Sesshōmaru por los alrededores. Independientemente de lo que Kagome le dijera, él seguía desconfiando de las intenciones del bastardo de su medio hermano mayor hacia Rin. Después de todo, no era ningún secreto que todos en la aldea, incluyéndolo a él, le guardaban un sincero afecto a la ya no tan pequeña Rin. Durante los tres años que Kagome estuvo ausente, Inuyasha 'adoptó', por decirlo de algún modo, el papel de hermano mayor con ella, y como cualquier 'hermano postizo' muy a su singular manera manifestaba su preocupación por Rin y la vida a la que el miserable de su medio hermano la condenaría.

Taichi no supo, hasta ese momento, el por qué su padre detuvo su andar de golpe. Sus pequeñas orejitas se agudizaron captando unos pasos aproximándose, y entonces pudo percibir un aroma claramente familiar. Entre la espesura del bosque, pudo visualizar la aristocrática figura de su tío a pocos metros de distancia.

– ¡Tío Sesshōmaru! ¡Qué sorpresa! – saludó alegremente el pequeño hanyou, desde los hombros de su padre, ignorando por completo las miradas que ambos le dedicaban al menor, así también como las muecas de desagrado que se formaban en las labios de Inuyasha y Sesshōmaru ante tal mención. – ¿Viniste a ver a Rin-chan, tío Sesshōmaru? – exclamó emocionado el pequeño hanyou. Un despectivo «¡Hmph!» fue la única respuesta que obtuvo el pequeño hanyou por parte de su único tío, aunque aquello ya era algo a lo que estaba acostumbrado, no perdía la esperanza de recibir algunas palabras por parte de él. – ¡Justamente íbamos a buscarla! ¿verdad, papá? – Taichi agacho la cabeza para hacer contacto visual con su padre, juntando sus frentes. – ¿Por qué no nos acompañas a buscarla y nos acompañas a comer, tío Sesshōmaru? – propuso el alegre cachorro, haciendo caso omiso al quedo, pero audible gruñido de su padre. – ¡Estoy seguro de que a Rin-chan y a mamá les gustaría mucho! ¿Verdad que el tío Sesshōmaru puede quedarse a comer, papá? ¿Puede, puede, puedeeeeeeeeee? –

– No. –

– ¡Pero… papá! –

– ¡Ni hablar! Mi respuesta es NO y fin de la discusión. ¡No compartiré nuestra comida con él! –

– ¡Le diré a mamá! Ella siempre dice que debemos compartir y además… –

Hastiado de aquella patética discusión entre el imbécil de Inuyasha y su inmaduro 'sobrino' – quien para su desgracia guardaba un gran parecido no solo físico, si no también psicológico con su honorable padre – continuó con su camino como si nada, rememorando silentemente la vez en que encontró a Rin esperándolo en lo alto de la colina, con un pequeño bulto entre sus brazos, durante su última visita. La nítida visión de su protegida sosteniendo al cachorro del incompetente de Inuyasha y haciéndole carantoñas, despertó en el daiyōkai una extraña, pero cálida sensación en su interior, pues ante esa inusual visión, no pudo evitar imaginarse a Rin sosteniendo a un cachorro suyo.

Antes de conocerla, Sesshōmaru nunca había tenido dudas sobre su manera de proceder, sus objetivos, su implacable búsqueda por incrementar sus poderes, hasta superar con creces a su honorable padre, quien hasta ese entonces, era el demonio más poderoso de todos. Sesshōmaru estaba determinado a seguir el sendero de la conquista suprema para conseguir el poder y regir sobre su propio imperio. Cualquiera que tuviera la osadía de enfrentarlo perecería en el intento, fuera demonio o humano. Pero toda esa cegadora obsesión con el tiempo quedó relegada con la llegada de Rin. Él, un demonio de sangre pura, un Inu yōkai de la realeza, orgulloso de su linaje, de su poderosa estirpe y conocido por aborrecer a los humanos por tratarse de una raza débil e inútil… ahora no podía lidiar con su longeva existencia sin la presencia de una humana.

– ¡Eh, Sesshōmaru! ¿A dónde crees que vas? – Un silencio fue lo que obtuvo Inuyasha para su frustración. – ¡Argh, bastardo! ¡Ni creas que compartiré nuestra comida contigo! ¿Has entendido? – de un salto, Inuyasha se interpuso en su camino, ganándose una gélida mirada del daiyōkai, pues la paciencia es una virtud inexistente, y el imbécil de Inuyasha, con tanta estupidez saliendo de su boca, estaba empezando a colmarle la paciencia. – ¡Argh, Sesshōmaru! ¿Por lo menos escuchas lo que te estoy diciendo, idiota engreído? No te atrevas si quiera a pensar que yo… –

– ¡Papá, por favor! – Sesshōmaru dirigió brevemente la mirada hacia su 'sobrino', y sin suavizar su expresión, pudo observar como el cachorro miraba a su padre asustado por la sarta de improperios.

Taichi no soportaba ver que su padre y su tío Sesshōmaru discutieran sin razón aparente. Su madre siempre le ha dicho que la familia debe mantenerse unida ante las adversidades.

– ¡Cállate, Inuyasha! – gruñó Sesshōmaru, tras llegar al 'límite' de su paciencia. Y vaya que estaba haciendo 'gala' de su auto-control para no perder los estribos y dejarse dominar por la ira de su error garrafal al haber dejado a Rin en la aldea hasta que llegara el momento.

– Rin desapareció sin dejar ningún rastro… y hablaré con Kagome con o sin tu consentimiento, Inuyasha. – En ese momento, la prioridad de Sesshōmaru era averiguar que había sucedido con su protegida. Cualquiera que se atrevería arrebatarle o hacerle daño a lo más preciado para él… pagaría con su vida.


* Significa «perdón» en japonés, pero de una forma más informal.

** Oficialmente, Rumiko así ha nombrado al hijo menor de Miroku y Sango ;D. Para más información, les sugiero que lean el especial solidario de 32 páginas que Rumiko público en el 2013 a beneficio de las zonas devastadas por el Gran Terremoto de Tohoku y el posterior tsunami, ocurridos en Japón en marzo de 2011. El capítulo solidario de Inuyasha también se incluye en un tomo que recoge historias de otros siete mangakas: Hiromu Arakawa (FullMetal Alchemist), Kazuhiro Fujita (Bakegyamon), Takashi Shiina (Zettai Karen Children), Kazuhiko Shimamoto (The Skull Man), Masami Yuuki (Birdy the Mighty) y Fujihiko Hosono (Sasuga no Sarutobi).

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Antes que nada, ¡muchísimas a todas por sus comentarios, alertas y favoritos! :) Sinceramente, no estaba muy segura de la historia y el rumbo que tomaría; pues soy una novata en cuanto a las publicaciones de historias en Fanfiction, y poco a poco estoy tratando de acostumbrarme mientras curioseo y experimento con las opciones.

Trataré de actualizar una vez por semana, esperando que mi trabajo me lo permita :)

¡Gracias a todas por tomarse la molestia de leer!