Capítulo 2: Una fiesta y un carnero celoso
A las seis, todos los guerreros se reunieron en el Templo del Carnero, allí se encontraban los cincos legendarios guerreros de bronce, sosteniendo animosas charlas con los caballeros de oro, mientras que las amazonas Marin, Shaina y June charlaban juntas esperando a la amazona que faltaba, Shaina ya estaba poniéndose nerviosa…
-Sabe que no me gusta que se retrase… ¡es como si lo hiciera apropósito! – Shaina estaba ofuscada. Marin intento controlar el temperamento de la cobra, mientras que June se alejó de la escena para encontrarse con Shun.
Tranquila, Shaina –Marin dijo reconfortante- Saori ni siquiera ha llegado aun, Amaya está a tiempo…¡AMAYA!
La amazona de la Paloma llegó al templo de Aries con grandes heridas en sus manos, y un corte profundo en su antebrazo, sus ropas de entrenamiento estaban un poco sucias y algo rasgadas, sin duda la amazona se había sometido a un duro entrenamiento ella sola, y eso solo sucedía cuando quería liberar tensiones. Marin y Shaina tomaron a Amaya de los hombros y la llevaron casi a rastras a la parte trasera del templo de Aries, donde sabían que Mu tenía medicinas.
-Con tu permiso, Mu –dijo Marin casi sin mirarlo. El caballero de Aries las siguió con la mirada, observando el estado de la amazona de la Paloma, quien momentos antes se viera radiante con aquella túnica blanca, ahora apenas podía tenerse en pie, Mu bajó la vista…
-Espero que estés contento, Mu –para sorpresa del carnero, Afrodita de Piscis salió a toda velocidad detrás de las amazonas, seguido de Milo, dejando a Aries muy confundido. Los caballeros de Oro se dirigieron a la pequeña habitación y se mantuvieron detrás de la puerta, escuchando…
-¿Cuántas veces te he dicho que lo dejes estar? –Gritó Shaina, furiosa- Nunca vas a aprender a controlar tus emociones, algún día te matarán, tienes que dejar de intentar llamar su atención…
-Shaina…-Marin intento tranquilizar a la cobra, pero Amaya se levantó y le plantó cara.
-Debe ser genial tener al hombre que quieres, que te cuide y te proteja, pero no vengas a decirme que controle mis emociones cuando fuiste tú la que se pasó los últimos años babeando por el idiota de Seiya, no me vengas con sermones, no eres la indicada…
La mano de la cobra se alzó en dirección a Amaya lista para darle un golpe, cuando una poderosa mano masculina la detuvo, Milo tomó a Shaina del brazo y la sacó fuera de la habitación, mientras intentaba calmarla, conocía de sobra a la chica con la que compartía su vida, y sabía que era peligrosa cuando se enojaba. Afrodita se quedo de pie mirando a una Amaya, que mareada, volvía a sentarse cerrando sus ojos…
Está deshidratada…Marin, por favor, ve a buscar agua, yo la cuidaré…-Afrodita se arrodilló frente a Amaya y comenzó a curar sus heridas con delicadeza. Conocía perfectamente a aquella pequeña amazona, desde que había llegado al Santuario se había creado un gran vínculo entre ellos dos, la había tomado bajo su protección y siempre estaba ahí para consolarla. Marin llegó con el agua y se retiró. Amaya era su mejor amiga, pero sabía que Afrodita podría ayudarla más en ese momento, así que solo se dirigió hacia donde estaba Shaina a esperar a Saori, la Diosa se retrasaba y no era normal en ella, aunque ahora no podría ser más propicio.
¿Otra vez, pequeña? –Dijo el santo de Piscis mientras vendaba el corte que ella tenía en el brazo – nunca aprenderás… ¿Qué ha pasado?
La amazona le contó toda la historia, desde como se había arreglado para ir al Templo de Aries, la indiferencia de Mu y su decisión de ir a entrenar al Coliseo.
-No lo entiendo, Afrodita, no consigo saber que le pasa… ¿Por qué es tan frio? Él no era así cuando éramos pequeños, solíamos entrenar juntos, comer juntos… ¡el me dio esta odiosa máscara, maldita sea! – Amaya se quitó la máscara y escondió su rostro entre sus manos mientras lloraba amargamente, el caballero la abrazó sin mirarla, aunque ella fuera como su hermana, reglas eran reglas. Pasando los minutos la amazona se calmó y se volvió a colocar la máscara. Ya reconfortada, salió de la habitación del brazo del caballero de Piscis, quien sonreía levemente, mientras se dirigían a tomar asiento cuando…
-Amaya…-la voz del guerrero de Aries penetró su mente como una suave melodía tocada por la más sutil de las liras, le encantaba cuando Mu pronunciaba su nombre, pero estaba dolida, y solo se limitó a mirarlo por un segundo antes de seguir caminando junto a Afrodita, sin siquiera preguntarle que quería. Atenea llegó instantes después seguida de Tatsumi, quien cargaba grandes cajas y las dejaba en el interior del templo. Todos tomaron asiento y prestaron atención. Mu se sentó detrás de Amaya, alzó una mano para tocar el hombro de la amazona, pero fue en ese preciso momento cuando Afrodita la abrazó y ella se acurrucó contra él, el caballero de Aries bajó la mano mientras miraba confundido a la inusual pareja.
-Perdonen la tardanza, guerreros –se excusó la Diosa del Santuario cuando todos estaban prestando atención- La razón de mi retraso fue porque tengo una cosa importante que anunciarles.- Todos los guerreros presentes se mantuvieron expectantes antes las palabras de Saori, quien sonreía ampliamente enfrente de ellos.- He estado meditando una idea y quería compartirla con ustedes. Después de nuestra pelea contra el Dios Poseidón, la paz ha vuelto a reinar en el mundo y no se percibe una amenaza inminente de otro enemigo, por eso, creo que es tiempo de que celebremos… ¿no creen?
Amaya no cabía en sí de felicidad, por fin, uno de sus mas anhelados momentos estaba llegando, apenas lo podía creer, Saori iba a organizar una fiesta, y lo decía enserio.
-El evento se llevará a cabo en el salón de fiestas de la fundación Kido este fin de semana, cada uno de ustedes encontrara en su templo el atuendo que ponerse y se facilitaran jets para el transporte, no deben preocuparse por nada mas…
-Pero… ¿Y el santuario? – Preguntó Shaka nervioso- No podemos dejarlo vacio y sin protección…
-No te preocupes, Shaka –sonrió Saori- no percibo ninguna amenaza, estaremos a salvo…Por cierto, sería genial si cada uno llevara una pareja…puede ser gente de Villa Rodorio o de donde sean, no se preocupen por eso, y solo disfruten…
La reunión concluyó poco después, cada persona se fue a su respectivo hogar. Amaya y Afrodita fueron los últimos en irse, cuando se disponían a salir Mu llamó a la amazona, quien con un gesto indicó a Afrodita que esperara fuera.
-¿Qué quieres, Mu? –preguntó la paloma de forma fría, justo como él había hecho con ella tiempo atrás.
-Me preguntaba si querrías entrenar conmigo mañana –dijo el carnero dorado con su típica voz tranquila.
-Lo siento…se lo he prometido a Afrodita-dijo ella encogiéndose de hombros.
-¿Afrodita? –Mu parecía algo decepcionado- No sabía que había algo entre ustedes, siempre entrenabas conmigo…
Mi vida personal no es de tu incumbencia, Aries –Amaya se acercó unos cuantos pasos a Mu- y si, tu lo has dicho, entrenaba, pasado…Hasta que decidiste empezar a tratarme como si solo fuera un estorbo en tu vida, y ya estoy harta…-Mu abrió los ojos de pura sorpresa, nunca Amaya le había hablado así- Cuando te aclares y sepas como me quieres tratar, me lo dices…estoy cansada de tu bipolaridad…
Y sin más se fue del primer templo rumbo a su cabaña, seguida de cerca por Afrodita, el carnero los observo desde la entrada de su templo y luego se perdió en su interior. Llegaron a la cabaña, y se sentaron a compartir una taza de té, mientras Amaya miraba lo que Saori había dejado para ella, sin mucho interés lo volvió a meter en su caja y lo guardó bajo la cama.
-No te veo entusiasmada –dijo Piscis
-No lo estoy…no tiene sentido…
-¿No crees que has sido un poco dura con Mu? –espetó Afrodita bebiendo su té.
-Ya era hora de que le dijera las cosas como son, lo amo, pero no puedo seguir soportando sus cambios de humor… ¿A que ha venido eso? ¿Entrenar? ¡Hace como 2 años que no entrenamos juntos! Mu ha perdido la cabeza…-dijo la paloma tumbándose en la cama.
-Está celoso, se le ve a leguas –el caballero dorado se puso de pie.
-¿Celoso?... ¿Mu celoso? –Se burló Amaya- creo que el veneno de tus rosas por fin ha hecho que enloquezcas…
-Irás a esa fiesta, conmigo –ordenó Afrodita- y ahí veras que tengo razón…
Afrodita se retiró de la cabaña de Amaya, dejando a una muy confusa amazona de plata tumbada en la cama…a veces Afrodita deliraba.
