1. Despedidas

Caminaba sin rumbo, pero no estaba perdida. Conocía bien ese lugar, el lugar donde murieron mis sueños, mis esperanzas, mi felicidad. El lugar donde murió mi amor por él, o quizás no, quizás solo lo enterré. Miraba a mi alredor y solo había silencio, el más absoluto y oscuro de los silencios. No escuchaba ni el relajante sonido de los hojas de los árboles mecidas por el viento. Ni siquiera el murmullo de los animales que habitaban el lugar. Solo estaba yo, al lado de la laguna que se encontraba en mitad de un espeso bosque donde solía ir a cazar con él, mi amigo, mi protector, mi amor. La luz de la luna bañaba mi cuerpo, y lo tiznaba de un color parecido a la piel de ellos, mi familia, a pesar que ni mi piel, ni mi belleza, ni mis instintos eran tan perfectos como los suyos.

De pronto un ensordecedor aullido me hizo estremecer. Era él, estaba aquí. Mi mente luchaba por ganarle el pulso a mi corazón, que pedía a gritos reencontrarse con él, mientra ésta, me exigía correr y esconderme para que no me viera. Quise hacerlo, pero mi cuerpo estaba paralizado, entonces lo sentí, se acercaba a mí, ya podía verlo, casi podía tocarlo. Estiré mi brazo hacia él y abrí mi mano, necesitaba sentir su pelaje entre mis dedos. Pero cuando estaba a punto de conseguirlo, el enorme lobo color rojizo retrocedió emitiendo un aterrador aullido, un aullido cargado de dolor, y comenzó a correr como alma que lleva el diablo. Yo quería gritarle que no se alejara de mi, pero no salía sonido alguno de mi garganta. Luché por moverme y conseguí correr tras de él, corrí largo rato hasta que pude escuchar esa voz. Una dulce y familiar voz que lo llamaba, una voz que lo había separado de mí. Entonces frené en seco, ella estaba allí, sentada sobre un tronco caído. El lobo estaba entre ambas. Me dedicó una profunda mirada, y luego caminó hacia ella, postrándose a sus pies. No pude decir nada, me limité a sentir como mis lágrimas rodaban por mis mejillas.

- Ness, despierta. Vamos Nessie, despiértate princesa.

La voz de mi cariñosa tía Rose, me trajo de vuelta a la realidad. Era otra vez ese sueño, ese maldito sueño que me había perseguido los últimos 2 años.

- Qué pasa tía Rose?

- Siento despertarte cariño, pero vine un rato a verte dormir como siempre y estabas llorando dormida, te vi sufrir tanto que decidí despertarte.

- Oh vaya…

- Soñabas con lo que te hizo el monstruo ese?

- No tía… no era eso…

En ese momento recordé a mis padres, ellos tenían la costumbre de tomarme la mano mientras dormía para ver mis sueños, pero al parecer, mi tía Rose no los imitaba.

- Entonces me imagino que era, llevas 2 años igual nena, tienes que superarlo, si nos dejaras…

No dejé terminar de hablar a mi tía. Mi familia sabía bien que ese tema estaba prohibido hablarlo conmigo, no quería escucharlos

- No sigas Rose, no quiero enfadarme contigo.

- Está bien muchachita, no insistiré… mejor levántate y arréglate, Edward y Carlisle te están esperando abajo. No los haga esperar mucho, quieren salir hacia Forks temprano.

- Oh tía, no quiero ir por favor, ayúdame a convencerlos.

Rosalie movió enérgicamente la cabeza negándolo.

- Nenita, ojala pudieras quedarte, no sabes cuanto voy a extrañarte, pero sabes que tienes que ir a vivir con tu abuelo Charlie una temporada. Tus padres han tomado esa decisión y tienes que acatarla.

Me apresuré en bañarme y arreglarme de mala gana. Cuando salí del baño ya tenía mis maletas listas en la habitación, supongo que Rose y Alice se habían dedicado a hacérmelas mientras yo me bañaba. Papá entró en la habitación, me dedicó una dulce y confortadora sonrisa y tomó mis maletas. Luego me hizo un gesto para que lo siguiera. En el salón toda la familia esperaba para despedirme. Abracé a todos con nostalgia, aún no me había ido y ya los echaba de menos. A todos menos a mamá, con ella la relación era más fría, por lo que me limité a dedicarle una leve sonrisa y decirle adiós con la mano. Cuando estaba a punto de entrar en el coche ella me llamó:

-Renesmee! -vino corriendo hacia a mi y me dio un cálido abrazo a pesar de que su piel era tan fría- ten mucho cuidado mi amor, ya sabes que no nos gusta esto, pero es por tu bien, pórtate bien, y cuida mucho a Charlie por favor. Te quiero mucho mi niña preciosa, dijo dándome un beso en la frente.

Me límite a asentirle, y luego entré en el coche. Me acomodé en el sillón de atrás, y oculté mis ojos tras unas oscuras gafas de sol, aunque claro está, estaba nublado, como casi siempre lo estaba en la ciudad donde vivíamos.

- Cuídate cariño, sabes que estaré controlando desde aquí que nada malo te pase, y si llego a ver algo estaremos allí antes de que cante un gallo te lo prometo.

Pobre tía Alice, pensé. Se sentía tan culpable por no ver lo que pasó… pero yo no la culpo, se que no puede estar en todo, y que no es fácil que vea cosas relacionadas conmigo, no las ve claras, son más siluetas, escenas turbias y confusas, y debe concentrarse demasiado, por lo que si lo hace largo rato acaba con un horrible dolor de cabeza, y aún así solo podría a llegar a ver pequeñas cosas.

- Mi niña, llámame en cuanto llegues por favor, y no olvides hacerlo cada día!!! -escuché que dijo la tía Rose-

- Sobrinita, si algún chico se atreve a acercarse a ti, infórmale que tienes un tío que en 0,2 segundos estaría allí haciéndolo puré -dijo como no el tío Emmet-

Y un padre, y otro tío, y un abuelo, y dos tías… pensé, eso lo tenía muy claro, por eso todo este jaleo del viaje, por más que les había rogado no pude convencerles de dejar de lado sus planes, ni si quiera a mi abuelo Carlisle que era tan pacífico. No estaban dispuestos a perdonarle a Sean lo que me hizo, ni aunque estuviera detrás de eso gente muy peligrosa.

No escuché a mi tío Jasper decir nada, seguramente estaría demasiado ocupado controlando las emociones de todos para hacer más "aceptable" este mal trago.

Papá arrancó el coche, y yo quise olvidarme de todo, me puse mi mp4 y me tumbé en el asiento trasero, concentrándome en mi propio mundo.