Perdón por la tardanza, es que había una parte del final que no me terminaba de convencer y luego el fic de enemigos eternos fue muy absorbente y ocupaba mi mente todo el tiempo, y luego también estuve ocupada con cosas de la escuela en fin, no había podido ponerme bien a pensar en el final de este segundo shot.
Bien, el otro shot estuvo ambientado después del ataque de los hermanos Valentine (no estoy segura si lo especifiqué) y este esta situado poco después de la incorporación de Seras en la organización. Y bueno siempre habíamos visto a Alucard celoso pero ya era justo que Integra estuviera celosa ¿no? aunque es algo muy sutíl así que por esta ocasión sentirá celos de Seras, aunque eso es algo que planteó el anime pues en el manga Integra es relativamente amable con ella.
Una Mala Apuesta
La Organización Hellsing contaba ahora con una inesperada e involuntaria nueva recluta, sin embargo dicha recluta, a pesar de ser una oficial de policía, tenía una pésima puntería; por más que Alucard se la pasaba todas las noches con ella tratando de enseñarle, la chica no atinaba a ninguna. En opinión de Integra era una pérdida de tiempo; definitivamente Seras Victoria sería la última persona que ella hubiera pensado en contratar, sin embargo ya que era la nueva discípula de su vampiro tenía que incluirla dentro de sus filas, pues ahora era su responsabilidad; ni modo de dejar a un vampiro transformado por su sirviente vagar libremente por las calles. Bajó a hacer una visita al campo de tiro para supervisar como iban las clases, aunque ya se lo imaginaba: fatal.
Cuando llegó vio a la chica policía disparando con nerviosismo y apenas rozando la esquina de la hoja con la silueta negra. —Esto es inútil—. Pensaba. Menos mal que se había llevado el periódico consigo para matar el tiempo, porque lo que veía era desesperante. Después Alucard tomó su pistola y antes de que saliera una nueva hoja él ya había disparado, de manera que para cuando el objetivo se hacía presente ya tenía una perforación en la cabeza.
—Los puntos a los que debes disparar son la cabeza y el corazón—. Explicaba Alucard. —Ahora tus sentidos vampíricos son más desarrollados que cuando eras humana y tienes que aprender a utilizarlos—. Ya se había percatado de la presencia de su ama desde antes de que entrara en la sala, sin embargo siguió con su cátedra tratando de parecer lo más competente posible, aunque con la discípula que tenía era difícil aparentarlo dado los terribles resultados. —No, no, no, ya te expliqué como…—. Regañaba Alucard cuando nuevamente Seras falló.
La sir no se había tomado muy bien que su sirviente no la saludara al entrar como normalmente solía hacerlo, lo que consideró una falta de respeto. Walter que también estaba presente la saludó respetuosamente y le ofreció una taza de té pero ella desistió. Se sentó en la mesa y leyó el periódico. A pesar de que cubría su rostro con el periódico extendido, podía darse cuenta de que todos los tiros de Seras eran errados y que Alucard trataba de mantener la calma, pero finalmente llegó un momento en que hasta ella misma perdió la paciencia, no soportaba el griterío agudo de la chica cuando protestaba porque su amo la regañaba demasiado. —¡Esto es ridículo!, no sé si ella es pésima alumna o tú pésimo maestro—. Se levantó molesta Integra de su asiento. —Quizás sea ambas.
—Pero yo…—. Intervino Seras, pero de inmediato fue silenciada por Walter que le hizo una seña de que guardara sus comentarios.
—Bueno es la primera semana de entrenamiento es lógico que la chica policía no de una—. Intentó explicar Alucard.
—Precisamente, ya han pasado siete días y la oficial Victoria no ha tenido ningún progreso con relación al primer día, pronto habrá una misión y no quiero que haya un agente estorbando en las filas o que por accidente hiera a otro compañero.
—Yo nunca haría tal cosa…—. Protestó otra vez la aludida, Walter se acercó a ella y le tocó el hombro para contenerla.
—Ya me encargaré de eso…—. Aseguró Alucard pero fue interrumpido.
—¿Así como lo has estado haciendo hasta ahora? De ninguna manera, la oficial cambiará de maestro, Walter ahora le ensañarás a la oficial Victoria.
—Será un placer—. Walter hizo una reverencia.
—Un momento, es mi discípula y seré yo quien le enseñe.
—Pe…—. Seras apenas si abrió la boca y volvió a ser silenciada.
—Por supuesto que no, has demostrado ser un maestro incompetente, porque te diré que hasta los peores alumnos aprenden bien si tienen un maestro eficiente, por eso he escogido a Walter y fin de la discusión—. Integra tomó su periódico y se retiró del lugar.
—¿Es que a nadie le importa mi opinión?—. Protestó Seras después de que los tres se quedaron en silencio viendo a la jefa partir.
—Eres la sirvienta del sirviente ¿qué esperabas?—. Le respondió Alucard, luego una sonrisa le vino al rostro y desapareció de repente.
—¿A dónde fue?
Walter se encogió de hombros con aire despreocupado. —Fue a seguir peleando con sir Integra.
…
—Ama es importante para mí, como su amo que soy, ser yo quien instruya en todo a la chica policía—. Le decía a Integra tan pronto como se apareció en su habitación justo en el momento en que ella se estaba descambiando.
—¡¿Pero qué demonios haces aquí?!¡Lárgate!
— Pero tenemos que arreglar este asunto.
—Eso puede esperar hasta mañana, además ya di una orden.
—Sí pero ella está a gusto conmigo, no sería bueno para ella cambiarla de maestro ahora.
—Eso es porque no te conoce bien, y la respuesta sigue siendo no.
—Hagamos un trato, si yo no consigo que Seras de un solo disparo bien para mañana entonces yo desisto de entrenarla. Pero si yo gano…
—¿Qué te hace pensar que vas a ganar? Mejor dicho ¿qué te hace pensar que yo voy a aceptar?
—Porque si no lo haces entonces yo le pediré a Walter, del modo que sé, que me deje entrenar a mi discípula.
Genial, lo que le faltaba: tener a sus dos sirvientes peleándose por enseñarle a la oficial. —Y bien, ¿qué pasará en el remoto caso de que ganes?
—Entonces tú serás mi sirvienta por al menos una semana.
—¡¿Qué?! ¿Estás demente? ¿Cómo crees que voy a aceptar ser tu sirvienta?, vete al diablo.
—No tienes nada que perder, según tú la chica policía nunca mejorará, ¿por qué habría de hacerlo de un día para otro?
En eso tenía razón, si no había podido dar un tiro bueno, aunque sea por accidente, en toda una semana ¿Por qué habría de hacerlo al día siguiente? —Pero tienes que perder algo más que sólo tu derecho de instruir a la oficial… te quedarás dos semanas sin alimento. Y yo no seré tu sirvienta, piensa otra cosa.
—No, quiero tenerte a ti de sirvienta… que sean tres días entonces.
—No.
—Un día entero.
—No.
—Toda la noche, desde que Seras gane hasta que salga el sol, y es mi última oferta, si la rechazas entonces no hay trato y molestaré a Walter.
Suspiró exasperada, el vampiro no quería quitar el dedo del renglón, estaba empeñado en hacerla su sirvienta. —Está bien, de todos modos es imposible que pierda.
—Perfecto, entonces nos vemos mañana en la sala de tiro… y por cierto Integra, deberías cubrirte te puedes resfriar—. Desapareció después de decirlo y entonces Integra se percató de que estaba en ropa interior.
—¡Maldito vampiro miserable!
…
Al anochecer estaban todos reunidos en la sala de tiro, Seras y Alucard pasaron toda la noche practicando; a pesar de las protestas de ella por terminar, el no la dejó ir sino hasta que salió el sol. En toda la noche el resultado seguía siendo nulo. Integra muy segura de su triunfo tenía una sonrisa ufana en el rostro con un puro entre los labios, fumaba tranquilamente con los brazos cruzados, contemplando con desinterés la escena. —Que sean sólo cinco tiros, no quiero estar aquí perdiendo mi tiempo—. Ordenó la sir.
—Como usted diga mi ama—. Alucard hizo una reverencia como solía hacerlo Walter y se mostraba confiado a pesar de los resultados fallidos de ayer.
Seras disparó el primer tiro: nada, el segundo: nada, tercero: nada, cuarto: nada, quinto… con el quinto tiro todos abrieron los ojos sorprendidos, hasta la propia Seras: ¡le había atinado a la cabeza!
—Eso… eso fue un golpe de suerte—. Integra fue la primera que salió del estupor. —Que lo repita.
Seras volvió a ponerse en posición, separó los pies, tomó la pistola firmemente en ambas manos y después de respirar profundamente, tiro del gatillo. Nuevamente, había sido un hermoso tiro certero en la cabeza, mejor que el anterior.
—Otro—. Ordenó Integra escéptica.
Perfecto.
—¡Otro!—. Ahora estaba molesta.
Perfecto.
—¡OTRO!
Más que perfecto. Y así fueron los siguientes diez tiros que Integra siguió pidiendo. Esos eran demasiados golpes de suerte, no podía ser posible; furiosa como estaba, caminó hasta Seras y le pidió el arma, la examinó detenidamente, la pesó, la revisó por dentro e incluso disparó ella misma para cerciorarse de que no tuviera algún truco, sus tiros fueron excelentes pero luego erró el tiro a propósito y efectivamente no dio al objetivo. No podía entender cómo la chica había atinado todos, así que se retiró sin decir ni una sola palabra. El vampiro fue tras ella.
Seras seguían en shock, no podía creer que haya atinado todos los tiros si ni siquiera lo hizo de una manera diferente de cómo lo había estado haciendo los días anteriores.
—Señorita Victoria, sé que es mucho pedir pero ¿podría disparar nuevamente? sólo un tiro nada más—. Pidió amablemente Walter.
—Es… está bien—. Disparó y falló. Volvió a quedarse extrañada.
Tal como lo había pensado, el truco no estaba en el arma sino en el vampiro.
…
Efectivamente cuando la bala salía disparada, el vampiro la movía mentalmente para que diera al blanco, pero desde luego que lo hacía a una velocidad tal que era imperceptible al ojo humano. Alucard estaba feliz por su victoria y por la molestia de su ama… o mejor dicho su sirvienta, fue a verla a su oficina.
—Y bien, es hora de pagar la apuesta—. Decía con una amplia sonrisa.
—Alucard tengo mucho trabajo—. Fue su pretexto.
—Es una pena, pero no te dejaré en paz hasta que bajes a las mazmorras conmigo y te diga lo que tienes que hacer, es una orden de tu amo.
Dicha frase final había sido una patada en los bajos del orgullo, golpeó el escritorio furiosa. —¡No me vuelvas a hablar de esa manera!
—Ah-ah—. Movió el dedo índice de manera negativa cerca de la cara de Integra pero ella lo apartó de un manotazo. —Nada de eso, ahora yo soy tu amo y lo seré hasta que salga el sol, y si no pagas la apuesta hoy lo harás mañana todo el día y no te dejaré trabajar. Hicimos un trato querida sirvienta.
—¡No lo digas!—. Suspiró con resignación. —Sí alguien se entera de esto soy capaz de castrarte, te lo juro.
—Está bien, será como tú digas, ¿nos vamos?
Era la una de la madrugada, y a las seis salía el sol así que en realidad no sería mucho el tiempo que ella sería su sirvienta. Bajaron al cuarto de Alucard, y una vez allí él fue hasta el ropero y sacó un coqueto y ajustado traje de mucama. —Ten, ponte tu uniforme—. Le extendió el traje.
—¿De dónde sacaste esto?—. El vampiro no le respondió y de mala gana tomó el vestido y se metió al baño para vestirse, aunque se tardó cambiándose para que pasara el tiempo; el vestido y el mandil blanco ajustado hacían que le resaltaran los pechos y estuviera ceñido a su cintura, la falda le llegaba un poco arriba de las rodillas y usaba medias blancas. Miró su reloj, ya era la 1:30.
—Oh la lá, te ves muy bonita vestida así, deberías perder apuestas más seguido—. Le sonrió. Él también se había cambiado de atuendo, estaba vestido con un traje sastre negro, camisa roja y una corbata negra, si iba a ser el amo tenía que tener pinta de serlo.
—Ahórrate tus comentarios.
—Soy tu amo ahora, así que deberías hacer una reverencia y decir: gracias amo, usted también luce excepcional.
—Sabes que no lo haré.
Bufó exasperado, sabía que sería difícil que la orgullosa Integra actuara como una sirvienta a no ser que le diera algo a cambio. —De acuerdo, te propongo algo, si te portas muy servicial y haces lo que digo te dejaré ir a las 5:00
—A las 4:00
—De acuerdo a las 4:00, bien ahora di lo que te pedí por favor.
Inclino sólo la cabeza. —Gracias, usted también luce… excepcional—. Rodó los ojos.
—Te falto el "mi amo".
—Amo—. Arrastró la palabra.
—Dime MI amo por favor, se escucha mejor.
—Sí mi amo—. Forzó las palabras apretando los dientes.
—¿Ves que bonito se oye?
—Vete al diablo.
—En fin, tu primera tarea será barrer mi habitación.
—Estás loco si crees que voy a salir vestida así por una escoba.
—Por eso no te preocupes, traje todos los instrumentos de aseo que necesitas—. Fue hasta el armario. —Aquí tienes la escoba y el recogedor—. Se los entregó.
Integra tomó la escoba como había visto hacerlo a Walter, pero sus barridos eran torpes y levantaba mucho el polvo. —Tienes un chiquero aquí, hay un montón de bolsas de sangre por todos lados—. Decía mientras batallaba arrastrando las bolsas con la escoba.
—Para eso tengo una sirvienta—. Integra lo fulminó con la mirada. Alucard enarcó una ceja al verla barrer. —Una sirvienta que no sabe barrer.
—¿Y qué esperabas? Yo soy la dueña de la casa así que nunca he tenido que hacerlo, ni siquiera mi padre me ordenó limpiar mi cuarto.
—No, claro que no, eras la niña consentida de papi—. Suspiró. —Mira es así—. Le quito la escoba de las manos y empezó a barrer, luego se la dio a ella y tomando sus manos movió la escoba para que supiera cómo se hace.
—¿Desde cuándo sabes barrer?
Él se encogió de hombros. —Es algo que he hecho algunas veces anteriormente—. Integra siguió barriendo y aunque lo hacía mejor que antes, seguía haciéndolo mal. Alucard sólo la miraba con una sonrisa divertida viéndola batallar con las bolsas que no querían moverse, sin embargo lo mejor era cuando se agachaba para barrer debajo de los muebles: la vista de su trasero alzarse era gloriosa. Finalmente la vio lidiar con el polvito que quedaba en la orilla del recogedor, ese polvito necio que no quería quedarse en el recogedor.
Mientras tanto Alucard estaba sentado en su silla, su trono de rey de la no vida, y a un lado estaba la mesita redonda de tres patas con una botella de vino y una copa de cristal. —Está bien, déjalo así—. No podía dejar de reírse al verla cada vez más furiosa con ese polvito. El cuarto de Alucard era un poco más pequeño que su oficina pero ella se había tardado mucho al ser la primera vez que hacía labores domesticas. —Ahora, mi querida sirvienta, sírveme una copa de vino por favor.
—Lo tienes a un lado de ti, sírvete tú.
—No, no quiero, y sólo di "si mi amo".
Soltó un soplido cansado. —Si mi amo—. Volvió a decirlo de mala gana. Se acercó hasta él y le sirvió la copa de vino.
—Gracias mi querida sirvienta, ahora por favor trapea el cuarto.
—¿Dónde está el trapeador?
—¿No crees que te faltó decir algo?
Rodó los ojos. —¿Dónde está el trapeador? mi amo
—Así esta mejor. Ahora respecto a eso… no pude encontrar el trapeador así que traje este trapo que te servirá para limpiar el suelo—. Le entregó una jerga y un balde de plástico.
—¿Con esto?—. Tomó la jerga de la esquina con la punta del índice y del pulgar, poniendo cara de asco.
—Sí, ¿has visto la película de la Cenicienta? ¿Recuerdas cuando la chica estaba en el suelo tallando el piso con un trapo?, Bueno así lo debes de hacer.
—¡¿Qué?! ¿Quieres que me ponga de rodillas para limpiar? Pero si el trapeador está… está... donde se ponen todos estos utensilios para el aseo.
—Pues no lo encontré, quizás el trapeador sufrió un percance, no sé, si no me crees puedes salir a buscarlo.
Ambos sabían que Integra no podía salir vestida así, entornó los ojos. —Te haré arrepentirte por esto—. Amenazó la ahora sirvienta.
—No amenaces a tu amo querida, ah y que quede bien limpio.
—¡Púdrete!
—No, no, no, "púdrete mi amo", que no se te olvide llamarme así.
Bufó furiosa. —Maldito vampiro—. De mala gana llenó la cubeta con agua y vertió también el desinfectante para pisos. Esto era irritante, mira que poner a la ama y señora de la casa a limpiar ¡y de rodillas! Como una sirvienta era indignante, maldecía entre dientes; mientras se ponía de rodillas tallando el piso con el sucio trapo pensaba en los posibles castigos que recibiría su sirviente una vez haya terminado con esta estúpida apuesta.
Alucard no podía estar más feliz, Integra estaba sobre sus rodillas tallando vigorosamente el piso, y ese movimiento hacía que su trasero se sacudiera y por si fuera poco la falda del vestido se había levantado un poco y ahora podía ver parte de su blanca ropa interior, ¡era estupendo!, un hilito de sangre escurrió por su nariz de tan feliz que estaba.
—Estúpida mancha—. Protestaba la bella sirvienta. —Estas manchas de sangre no se quitan.
—Talla con más fuerza—. No podía quitar los ojos de su pequeño y redondo trasero, bebió más vino; para su suerte ella le hizo caso y talló más enérgicamente y su trasero se movía más rápido. —¡Sí!—. Ahora eran dos hilitos de sangre que escurrían por sus fosas nasales.
—¡Deja de mirarme el trasero maldito depravado!—. Gritaba mientras le lanzaba el balde con agua y la jerga sucia. De tan entretenido que estaba degustando el panorama no lo vio venir sino hasta que sintió el golpe.
Por la fuerza del golpe el vampiro fue derribado con todo y su trono cayendo con los pies hacia arriba y su cabeza chocó contra el suelo. Ahora de su nariz ya no salían dos hilitos de sangre sino que era todo un torrente el que manaba por sus fosas, y a eso se había sumado la sangre que salía de su cabeza. —Está bien… ya puedes dejar de trapear…—. Dijo después de un momento, todavía aturdido por el golpe. Después de unos minutos se recuperó y se levantó del suelo. —Muy bien, ahora por último tendrás que…
—Espera, de seguro ya son las cuatro, y yo ya me voy—. Revisó su reloj. —Ay no—. Le dio unos golpecitos a su reloj. —Le entró agua sucia a mi reloj, maldición—. Su reloj se había detenido a las 2:30. —¿Qué hora es?
—Todavía son las 3:30, tienes tiempo de hacer una última cosa, quiero que sacudas los muebles. La sirvienta soltó un bufido. —Aquí tienes el sacudidor.
De muy mala gana lo tomó, estaba cansada y tenía sueño, bastó con una vez que hiciera quehacer para odiarlo infinitamente. Por fortuna él sólo tenía cuatro muebles: el ropero, la mesita con el vino, una cómoda y su ataúd. Empezó por la mesita, Alucard la observaba detenidamente mientras sacudía cerca de él, lo que era sumamente incomodo, y entonces le sacudió la cara para que la dejara de mirar, él sólo se rió.
Luego siguió el ropero, sacudió las puertas, y después se pasó a la cómoda. —Te faltó ahí—. Susurró Alucard al oído de su bella sirvienta. Se había acercado sigilosamente y ahora estaba detrás de ella con las manos rodeando su cintura y pegándola contra su cuerpo.
—Quítate de encima maldito pervertido—. Lo empujaba con su codo.
—Supongo que has de saber, mi querida sirvienta, que es común que los amos tengan un trato íntimo con sus sirvientas bonitas—. La acercó aun más hacia él y olió su cabello.
—Pero dudo mucho que los amos quieran tener tratos íntimos con las sirvientas que les apuntan con una pistola—. Mientras hablaba sacaba su pistola de la funda amarrada a su pierna y le apunto en la sien.
—Si me disparas mancharás el piso que con tanto esmero limpiaste
—Para tu información después de dispararte voy a largarme de aquí y me importa un bledo como quede el suelo. Además...—. Le dio un fuerte codazo en el estómago haciendo que él emitiera un quejido. —Ya terminé—. Caminó hacia el baño para ponerse nuevamente su ropa de ama.
—Te faltó mi ataúd—. Le hablaba mientras ella se alejaba.
—Olvídalo—. Cerró la puerta del baño.
—Te faltó decirme "mi amo"—. Le gritó al otro lado de la puerta.
Integra abrió sólo para dispararle en la cabeza.
Alucard se regeneró llamando toda la sangre esparcida en el piso de regreso a él y luego se ocultó en las sombras para verla cambiarse.
...
Cuando salió del oscuro sótano pudo darse cuenta de que ya había amanecido, el maldito vampiro le había mentido con la hora, debió haberlo imaginado. Estaba cansadísima y arrastrando los pies subió hasta su cuarto. Sin duda hacer quehacer era más agotador que cumplir una misión matando 100 ghouls.
Retiró las sábanas para poder acostarse, se arropó con ellas y cerró los ojos tranquilamente; pero en ese momento llegó Walter. —Buenos días sir Integra.
—Ay Walter sólo por esta ocasión déjame dormir 10 minutos más.
—Lo siento mucho sir pero hoy tiene que ir a una reunión, debe levantarse en este momento.
Suspiró cansada. —Está bien—. Se incorporó con los ojos cerrados y sin abrirlos aun dijo. —Prepárame un té bien cargado, me bañaré con agua fría para despejarme.
—Como ordene sir—. Hizo una reverencia y se retiró a prepararle el té.
El baño y el té la habían despertado, pero aun así se sentía cansada. Arregló sus papeles y después se subió al auto, donde Walter la esperaba para llevarla a esa junta. Mientras conducía dijo: —Le informo sir Integra que mientras está en la reunión iré a comprar un trapeador, pues el que teníamos lo encontré despedazado en el basurero, quien sabe que le habrá pasado—. Integra abrió los ojos sorprendida, ahora lo entendía todo, ese maldito vampiro lo había hecho a propósito para verla tallar el suelo de rodillas. —¿Le sucede algo sir?
—No, nada Walter, sólo me quedé pensando en el trapeador. Está bien, ve a comprar uno.
...
De regreso de la reunión, cuando Integra estaba en su oficina Walter subió a verla y le habló sobre el desempeño de ayer de la oficial Victoria; le contó que descubrió que Alucard había manejado las balas mentalmente para que dieran en el blanco, porque después cuando ambos se habían ido le hizo disparar a Seras y falló.
La cara de Integra se tornó de un intenso color rojo por el coraje que sentía. —¿Y por qué no me lo dijiste anoche?
—Porque noté que se había ido a acostar temprano y no quise importunarla.
Sintió que se iba de espaldas. —Que… que considerado eres Walter por eso te quiero tanto—. Sus palabras eran de afecto, pero su expresión corporal indicaba que quería ahorcar al que sea que tuviera en frente a sí que se retiró a sus labores.
...
Al anochecer Alucard fue a la oficina de su ama. —Buenas noches Integra.
—Así que creíste que podías engañarme ¿no?
—Oh oh
—Hiciste trampa con la apuesta, destrozaste el trapeador y mentiste respecto a la hora, ¿qué tienes que decir en tu favor?
—¿Servirá de algo?
—No.
—Bueno de todos modos quiero darte algo—. Del bolsillo interno de su gabardina sacó una cajita y la puso sobre el escritorio.
—¿Qué es eso?
—Es un presente por tu excelente desempeño como mi sirvienta—. Integra entornó los ojos. —Ábrelo.
Lo abrió, y vio su reloj que estaba funcionando correctamente, miró el reloj de la pared para comparar la hora y estaban iguales. —Arreglaste mi reloj, gracias—. Se colocó su reloj en la muñeca y luego adoptó una actitud seria, como la de hace un momento. —De cualquier forma es lo menos que podías hacer después de que me mentiste, así que ni creas que eso minimizará tu castigo.
—Ay Integra eres una mujer difícil de complacer… espero que no seas así para todo—. Le dio una sonrisa ladina.
—¡Cierra la boca! Entonces para empezar vas a perder tu derecho de instruir a la oficial Victoria como debió haber sido desde un principio—. Esperó su reacción, de seguro volvería a discutir con ella.
Alucard se encogió de hombros. —¿Sólo eso?
—Un momento, antier estabas rezongando que querías ser tú quien la entrenara y ahora finges que no te importa.
Alucard se rió. —Es al revés mi querida ama, fingí que me importaba sólo para hacerte enojar porque de lo contrario no accederías la apuesta y tenía que ser algo en lo que yo pudiera ganar. Después de todo tener a Integra Hellsing como sirvienta es el premio mayor ¿no crees?
—Eres un maldito bastardo, te costará muy caro tu atrevimiento. Así que en segundo lugar vas a usar un uniforme de mucama por toda una semana y vas a trapear toda la mansión con un asqueroso trapo—. Alucard se quedó atónito. —Comenzarás desde hoy; me encantaría verte limpiar el piso pero debo irme a dormir, pero no te preocupes mañana podré verte hacerlo porque vas a volver a limpiar el suelo, el quehacer es de todos los días ¿sabes? Sin embargo Walter se encargará de supervisarte y mira que él es un experto en la materia, así que será mucho más estricto que yo. Espero que tengas una linda noche Alucard, hasta mañana—.
Antes de que te vayas, contéstame una pregunta ¿por qué te molesta que pase tanto tiempo con Seras entrenándola? ¿Acaso estas celosa?—. Le sonrió cínicamente con sus ojos rojos muy abiertos.
—Por lo visto tu quieres estar castigado todo el mes ¿no?
—No he dicho nada.
Integra se retiró a su dormitorio a dormir por fin, nada le gustaría más que ver a Alucard haciendo quehacer pero el sueño la estaba matando pues no había dormido en todo el día; en fin, ya podría verlo mañana y durante las siguientes tres semanas, claro que sí.
...
Integra estaba en la terraza tomando el té vespertino, quiso darse un tiempo de relajación, últimamente había estado muy ajetreada dando órdenes aquí y allá, supervisando el entrenamiento de Seras, cumpliendo con misiones, etc. Pero hoy quiso darse su espacio, incluso se había puesto su sombrerito que tiene una ala hacia arriba y otra hacia abajo, su saco azul y una falda larga a juego. Le dio un sorbo a su taza y luego suspiró relajada, era un hermoso día soleado, demasiado tranquilo para ser la mansión Hellsing. Walter llegó más tarde a llenar la tetera nuevamente y con algunos bocadillos.
—Buenas tardes sir, parece que está disfrutando su tiempo de descanso.
—Así es, no hay como un delicioso té a las cinco de la tarde.
—Y además puedo ver que está muy cómoda en ese asiento muy peculiar.
—Ah sí, la verdad es que no creí que pudiera darle esta funcionalidad pero ahora que lo he probado pienso que debí hacerlo desde hace mucho tiempo.
—Yo no opino lo mismo—. Intervino Alucard que estaba sobre sus rodillas y manos con su ama sentada en la espalda, sí, él era ese asiento peculiar.
—Tú cállate, los asientos no hablan—. Regañó Integra.
—Pero ama ya pasaron tres semanas.
—¿Recuerdas cuando me dijiste que me dejarías libre a las 4:00am y me engañaste con respecto a la hora?
—Pero ama….
—Y si sigues rezongando serán tres semanas más.
—Que vengativa eres ama.
—Cállate y muévete hacia la izquierda, el sol me empieza a molestar en la cara.
—Sí mi ama. Valió la pena—. Pensó con una sonrisa en los labios.
Bueno eso ha sido todo y perdón por la espera, próximamente reviviré el fic de mi querida fraulein :3 que está en reposo pero olvidado jamás. Espero que les haya gustado y que se hayan divertido :3
