Aclaraciones: Lo que hay escrito en cursiva es dragonés, la lengua de los dragones. Si queréis haceros una idea de cómo es Hiccup físicamente podéis mirar el avatar de este fic, el niño rubio que sale es Hiccup II
Disclaimer: How to train your dragon no me pertenece, los libros son de Cressida Cowell y las películas de Dreamworks. Si fueran míos Camicazi sería una de las protagonistas y Astrid no existiría.
¡Espero que disfrutéis con la lectura!
Capítulo 2.-Como un dragón.
La dragona Nadder sobrevolaba la costa para llegar hasta su nido. En sus garras portaba a la cría de humano que se acababa de encontrar. El pequeño parecía ir dormido, pues el vuelo era tranquilo y la dragona procuraba no hacer movimientos bruscos para que el vaivén pareciera tan solo un suave balanceo.
De repente un dragón pasó volando a su lado a gran velocidad. No le dio importancia, era un pesadilla monstruosa y los de esa especie no tenían cuidado de mirar por donde iban. Otro dragón aleteó delante de ella, impidiéndole el paso. Y de repente un tercero se le abalanzó y trató de robarle la preciada carga. Consiguió esquivarlo a duras penas. Pronto se vio acosada por toda una manada de dragones. Tuvo que hacer varias piruetas y contrapicados para librarse de ellos, provocando que el bebé se despertara y comenzara a llorar.
No entendía que estaba pasando, hasta que escuchó como uno de sus compañeros le rugía.
-¡Suelta eso que llevas entre las garras!
La dragona miró hacia el niño.
-¿Estás loco? ¡Se caerá al mar!
-¡Esa es la idea! ¡Dánoslo!
La dragona planeó hasta llegar a una de las pequeñas islas había desperdigadas por toda la zona. Nada más tocar tierra se agazapó sobre el bebé para protegerlo de un posible ataque, gruñendo a todos los dragones que empezaban a rodearla.
-¡No os acerquéis más!
-¡No lo haremos si te deshaces de él!
La nadder gruñó más, el llanto del bebé estaba casi al mismo volumen que los rugidos de los dragones.
Todo apuntaba que iba a iniciarse un combate, cuando de repente se escuchó un rugido más alto que los demás. Todos los dragones se quedaron callados. Del mar surgió un dragón mucho más grande que el resto, manchado de arena de y con algas marinas colgando de su cabeza coralina. Tenía la piel oscura, aunque no llegaba a ser negra. Las alas quedaban plegadas en su lomo y su poderosa cola estaba rematada en espinas. Claramente se trataba de un Seadragonus Giganticus Maximus, uno de los ejemplares de dragón más espléndidos que existían.
La imponente criatura caminó hasta salir del agua y se acercó al círculo que estaban formando el resto de reptiles, que permanecían muy quietos. Tan solo la nadder se movía nerviosamente sin apartarse ni un centímetro del niño. Seadragonus miró alrededor con sus ojos dorados. Los tres pares de ojos se pasearon entre los presentes de forma calmada pero severa. Había algo en ellos que imponía autoridad.
-¿Qué es lo que está pasando?-Preguntó.- ¿A qué viene tanto alboroto?
-Esta nadder ha traído un humano a nuestra isla.-Dijo un pesadilla monstruosa.
-¿Ah, sí?-El enorme dragón miró hacia la mencionada.-Déjame verlo.
La Nadder no tuvo más remedio que obedecer. Se apartó unos centímetros, sin perder la postura defensiva, para dejar ver la maraña de mantas que envolvían al bebé. En cuanto los ojos del Seadragonus hicieron contacto con el pequeño este dejó de llorar y lo miró con curiosidad. La cabeza del dragón se acercó un poco más para olfatearlo y el niño rió.
-¿De dónde lo has sacado? Doy por hecho que no lo has robado, si no ya no estaría con vida.
-Estaba abandonado en una de las bahías de Berk. Por el llanto que emitía pensé que era un animal salvaje, pero al acercarme me di cuenta de que era humano.
-¿Y aun así lo has traído?-Preguntó de forma crítica.
-No hay nada de malo en ello.-La nadder se encogió un poco.-Es pequeño, pensé que no representaba ninguna amenaza. Si lo hubiera dejado solo habría muerto.
-¡Los humanos siempre son una amenaza!-Gritó uno de los dragones, un gronkle, que pronto fue apoyado por los demás.-¡Nosotros somos supervivientes y gracias a que logramos esquivar a los humanos podemos mantener nuestra especie!
-¡Es cierto! ¡Si dejamos que crezca nos matará!
-¡Matémoslé antes de que acabe con nosotros!
-¡SILENCIO!
Las palabras del Seadragonus bastaron para que todo volviera a quedar en silencio.
-Si matamos a este niño nos estaremos poniendo al mismo nivel que ellos. Y ese no es nuestro estilo. Nosotros no buscamos la confrontación a menos que sea inevitable, ni matamos por puro placer.
Los dragones se miraron entre ellos. Los Seadragonus no se caracterizaban precisamente por ser muy pacíficos, pero nadie se atrevía a llevarle la contraria. Este miró de nuevo al bebé. En sus ojos no había maldad alguna, sino vida e inocencia. Era una criatura demasiada pequeña como para comprender que había sido abandonado a su suerte con la esperanza de que uno de ellos lo matara.
Una idea se le pasó entonces por la cabeza. Ese niño era aún un lienzo en blanco. Quizás sería posible educarlo para que fuera como ellos.
-No lo mataremos. Yo mismo me haré cargo de él y lo criaremos como si fuera uno de nosotros.
-Pero yo lo encontré…-Dijo tímidamente la nadder.
-Conmigo estará más seguro.-El gran dragón dio el asunto por zanjado con esas palabras, aunque aún hizo una advertencia más.- Y que nadie vuelva a hablar de esto. Os aseguro que este humano jamás nos molestará.
Los dragones no creían en la providencia ni en el destino, pero que aquel niño hubiera llegado hasta ellos no podía ser una casualidad. El Seadragonus tenía la corazonada de que el niño sería alguien muy valioso para ellos en el futuro.
Así que se lo llevó a su propio nido, construido en una cueva cercana al mar. Su compañera no protestó y aceptó al humano de buen grado. Que fuera tan pequeño avivaba su instinto protector.
Por su parte, el niño parecía no tener miedo a los dragones. Desde el primer momento en el que se vio rodeado de ellos se dedicó a mirarlos con ojitos curiosos.
La pareja de Seadragonus tenía una sola cría. Las demás no habían sobrevivido a las trampas de los cazadores. Era un pequeño dragón con la piel de color algo oscuro y los ojos de color dorado, profundos como pozos de oro. Él era quien se encargaba de proteger el nido cuando los dragones adultos estaban fuera, pues ya desde muy pequeño se le había notado el espíritu combativo y protector.
Su nombre, traducido del dragonés, era Furious.
Cuando su padre trajo al bebé y lo depositó en unas hojas que había en medio de la cueva, Furious se acercó a inspeccionarlo con mucha curiosidad. Aunque ya antes había visto a algún humano no los conocía mucho. El resto de dragones contaban historias aterradoras sobre ellos, que siempre implicaban la captura de alguno de los de su especie y resaltaban la crueldad de esos seres tan temibles. A Furious no le pareció para nada temible. Es más, lo encontraba totalmente vulnerable. Era suave y la parte superior de su cabeza estaba recubierta con algo que parecía pelo dorado. Se acercó un poco para hacer contacto con su piel mientras lo olfateaba. No olía como ellos, pero aun así no le desagradaba. El humano trató de tocarlo, pero él se hizo hacia atrás. Al ver que empezaba a llorar volvió a acercarse, un poco preocupado esta vez, y le dio un suave toque en la cabeza con el hocico. Esto hizo que el niño dejara de llorar y le mirara, aún con los ojos húmedos mientras hacía pucheritos. Qué ojos tan bonitos tenía.
Cuidar de un bebé humano no fue tan fácil como la pareja de dragones creía. En primer lugar porque era bastante pequeño comparado con ellos. Cierto es que ellos no eran tan enormes como otros de su especie, pero aun así su tamaño era considerable. Los primeros días tuvieron que tener mucho cuidado al moverse por la cueva para no pisarlo por error, y cuando el niño aprendió a gatear tuvieron que extremar la precaución. En segundo lugar, darle de comer también fue todo un reto. El niño era incapaz de tragar los trozos de pescado crudo que le ofrecían. No tenía garras en las manos para cortar los trozos ni dientes afilados para masticarla. De modo que durante los primeros años de su vida tuvieron que ser ellos quienes le dieran la comida. Buscaron pequeñas flores comestibles que creían a los bordes del acantilado, y más tarde descubrieron que si le ayudaban a partir la carne en pequeños trozos entonces sí que se la podía comer. En cuanto al agua, eso nunca fue un problema. Era una ventaja vivir cerca del mar. En un extremo de la cueva había un pequeño manantial donde se acumulaba el agua de lluvia. Cuando el pequeño tenía sed solo tenía que gatear hasta ese lugar y beber. Una vez se cayó dentro del charco y los dragones se asustaron al ver que estuvo a punto de ahogarse, pues no sabía nadar. Al parecer en eso también eran distintos. Los dragones, al igual que los animales, aprendían a nadar por instinto, pero los humanos no. Debían tener mucho cuidado con él.
Conforme pasaron los años Hiccup creció fuerte y sano. Y en todo momento Furious estuvo a su lado. Fue él quien lo animó para que gateara, quien le sujetó todas las veces que se cayó y quien le levantó cuando intentaba correr y caía en el suelo porque los pies se le enredaban. Además el pequeño aprendió dragonés. Aunque era una lengua prohibida para los humanos papá Seadragonus consideró que el humano tenía que conocerla, pues solo de ese modo lograría comunicarse con ellos.
Todo parecía ir bien para ellos, pero no tardaron en presentarse algunos problemas que harían reflexionar mucho a Hiccup.
Cuando Hiccup cumplió seis años le fue dado permiso para abandonar el nido, aunque siempre acompañado de su hermano. Por primera vez pudo ver el mundo más allá de la cueva. Los árboles, el viento susurrando entre las hojas, el mar…Y el resto de dragones. Todo era nuevo para él.
Y por primera vez fue consciente de que él era distinto de los que lo rodeaban.
Una tarde los dos hermanos salieron de la cueva y discutieron sobre qué parte de la isla iban a visitar ese día.
-¡Yo quiero ir a la laguna con cascada!-El humano rubio saltaba de la emoción, haciendo que su largo pelo rubio se moviera de forma frenética.- ¡Seguro que allí encontramos más de las piedras de colores que tanto le gustan a madre!
-La cascada queda muy lejos, hermano.-Dijo el dragón, recostándose en el suelo de forma perezosa. Si por él fuera se quedaría simplemente en el prado, tumbado entre la hierba y dejando que el sol le acariciara las escamas. A pesar de ser un dragón de naturaleza marina por alguna razón le gustaba mucho el sol. Le recordaba a algo agradable…
El niño no se rindió y siguió empujándole para que se moviera.
-¡Fuuuurius, te hecho una carrera!
-Sabes que volveré a ganarte, enano.
-¡No me llames así!-El niño saltó encima de su hermano y le dio pequeños golpecitos en el lomo, que por supuesto no hicieron ni cosquillas al dragón.- ¡Algún día creceré y seré tan grande como tú!
-Estoy seguro de que si-El reptil soltó una pequeña risa y se incorporó, abriendo un poco las alas y haciendo que el humano rodara de su lomo y cayera al suelo entre grititos.-Pero de momento soy más grande y más fuerte.
Hiccup le sacó la lengua y volvió a ponerse de pie.
-¡Espera y verás!-Dicho eso comenzó a correr hacia el lago, dejando al dragón suspirando con resignación y cerrando los ojos.
-Y más rápido también.
En menos de dos zancadas Furious alcanzó a su hermano y lo sobrepasó, por lo que fue el primero en llegar al lago.
-Dije que te ganaría.
El rubio hizo un puchero, pero no dio más importancia a aquello. Se apresuró a meterse en el lago de un salto y se hundió hasta el fondo, reapareciendo después de unos segundos en la superficie mientras hacía su cabellera hacia atrás.
-Ah, qué refrescante.
Se quedó flotando sobre la superficie del lago mientras Furious lo contemplaba desde la orilla, atento a cada uno de sus movimientos. Hiccup había aprendido a nadar a fuerza de caerse varias veces dentro del manantial de la cueva cuando era pequeño, y aunque ahora era capaz de mantenerse a flote prefería vigilarlo.
De repente se escucharon unos murmullos y tres Terrores Terribles aparecieron por entre los árboles. Miraron al humano y al dragón con curiosidad, sobre todo al primero, y tras pensarlo un poco se adentraron en el lago. Hiccup se sintió feliz de tener a alguien más con quien jugar y se acercó a ellos.
Al principio ellos se apartaron con desconfianza, pero al ver que el niño no tenía malas intenciones se acercaron un poco más.
-Tu eres el humano que fue adoptado por los Seadragonus.-Dijo uno de ellos, de color morado.
-¡Ese soy yo!-Dijo el niño con una sonrisa.
-Hemos oído hablar de ti.-Dijo otro de color naranja.
-Pues no deberíais.-Gruñó Furious desde la distancia.-Padre dijo que eso era algo prohibido.
-¿Tu no cazas dragones?-Preguntó el tercero de ellos, que era verde y algo más grande que los otros.
-Claro que no-Les respondió un poco extrañado.- ¿Por qué debería?
-Porque los humanos cazan dragones ¿No lo sabías?
-Pero…-El niño se encogió de hombros y puso una sonrisa llena de calidez e inocencia, seguro de lo que iba a decir.-Pero yo no soy humano.
Hubo una pequeña pausa, y de repente los tres terrores se echaron a reír. El rubio no entendía a qué venían esas reacciones.
-¡Si claro, un dragón!
-¡No eres uno de nosotros!
Desde la orilla Furious lanzó un gruñido de advertencia, poniéndose en pie.
-Cuidado con lo que decís. Él es mi hermano.
-Puede que sea tu hermano, pero no es uno de los nuestros.
Hiccup se había quedado quieto al oír todo aquello. Hasta entonces nunca se había planteado ese hecho. Pensaba que era natural no tener la misma apariencia física que sus padres y su hermano, porque dentro del nido nunca le habían dado importancia a ello, ni había tenido que compararse con los demás. Pero una vez fuera descubrió que el resto de dragones podía hacer cosas que él no podía, porque su cuerpo era limitado.
-¿Acaso tienes alas como nosotros?-El terror terrible de color naranja aleteó a su lado.- ¿O puedes expulsar fuego? Tampoco veo que tengas cuernos.
-No, yo…
-Los humanos cazan dragones, y algún día tú harás lo mismo porque no eres como nosotros.
-¡Eres distinto!-Ronroneó el de color verde.
-¡Distinto, distinto!-Hicieron coro los otros dos.
-¡BASTA!-Furious pateó el suelo y lanzó una llamarada contra los Terrores, provocando que se formara una ola de vapor en el lago que hizo que salieron volando, asustados ante la repentina violencia del dragón.
-¡Es humano!-Gritó uno de ellos antes de perderse por el cielo.- ¡No se puede luchar contra eso!
Furious gruñó molesto. No debería haberlos dejado hablar tanto, tenía que haberlos calcinado en cuanto empezaron a tocar ese tema. Ya iba a volverse hacia su hermano para tranquilizarlo cuando se dio cuenta de algo.
Hiccup también se había ido.
El rubio había echado a correr, demasiado confundido por lo que acababa de descubrir. Siempre, SIEMPRE había sabido que no era como el resto, pero que los demás notaran tanto esa diferencia y se burlaran de él era algo que le dolía y no comprendía. Se apoyó en un árbol y dejó que su cuerpo resbalara hasta el suelo, reprimiendo las lágrimas que amenazaban con inundar sus ojos azules.
Furious lo encontró un rato después. Se acercó algo preocupado, dándole un empujoncito con la trompa.
-Por fin te encuentro. No vuelvas a salir corriendo de esa manera.
Le lamió cariñosamente la cara. El niño trató de taparse con las manos, pero ya era demasiado tarde, Furious había visto las lágrimas que resbalaban por sus mejillas.
-¿Por qué estás llorando?-Preguntó.- ¿Estás herido? ¿Es por lo de antes?
Hiccup no quería hablar con él y se iba dando la vuelta conforme su hermano se le acercaba, todavía con las manos en los ojos. Estaba teniendo una pataleta. Hasta que Furious soltó algo parecido a un suspiro y lo retuvo entre sus patas delanteras.
-¡Suéltame!-El niño se retorció como una anguila intentando liberarse.
-No hasta que no me digas por qué estás llorando. Has actuado muy raro antes y ahora de repente te encuentro así.
-Es solo que…-El rubio se sorbió los mocos.- No soy como vosotros.
-¿Tú también vas a hacer caso a lo que han dicho esos estúpidos Terrores?
-Mírame.-Dijo con fastidio.-No tengo escamas, ni cuernos, ni garras. No tengo los dientes afilados. Y sobre todo: No puedo volar.-Las lágrimas volvieron a caer con fuerza, a pesar de que el niño hacía su mejor esfuerzo por sorberlas.-Yo no tengo culpa de ser así. Nunca he visto a otros "humanos", así que no se si soy como ellos o no.
-Hermano…
-Solo sé que no me parezco a ti-Siguió diciendo.-, ni a madre, ni a padre, ni al resto.
Furious no podía ver a su hermano llorar. Quizás porque había estado a su lado desde que era un bebé y sabía lo frágil que era. En ese momento también lo veía muy frágil.
No era bueno animando a los demás, al fin y al cabo su naturaleza era algo ruda y orgullosa, pero en ese momento intentaba encontrar las palabras adecuadas.
-¿Y qué importa que no seas como todos? Eres como eres y ya está. Ni a nuestros padre ni a mi nos importa.
-Pero los demás dragones…
-Los demás dragones pueden decir lo que quieran. Y si se atreven a tocarte yo mismo les haremos callar.
Hiccup asintió un poco más calmado, pero aún no lograba sonreír. El dragón sentía que algo se removía en su interior. El afecto que tenía a su hermano crecía por momentos y estaba intentando encontrar la forma de decirle lo que pensaba. Quería reconfortarlo, hacerle sentir querido y borrar hasta el último rastro de lágrimas de su cara.
-Escúchame.-Dijo Furious con tono serio pero reconfortante.-No necesitas tener garras. Ya tienes las mías. Cuando quieras destrozar algo sólo dímelo, yo lo haré por ti. Los cuernos te quedarían mal, y lanzar fuego te deja mal sabor de boca. Y en cuanto a volar…
De repente Furious empujó a su hermano y lo aupó hasta su lomo. Había tenido una idea. Echó a correr por el bosque hasta que llegaron a los acantilados. Las alas se desplegaron con cuidado y se prepararon para emprender el vuelo.
-¡Espera!-Gritó Hiccup. El miedo podía verse en sus ojos, su hermano nunca había volado con él encima y temía que aquello acabara mal, con los dos despeñándose por el acantilado.
-¡Confía en mí!
El niño se agarró al dragón con más fuerza. Todavía estaba asustado y miraba al frente con los ojos muy abiertos y llenos de temor. Pero en el fondo de esos ojos también podía verse una chispa de emoción, de ansias, de anhelo en el deseo de poder volar. Así que hizo lo que le pedían, confió en su hermano y cerró los ojos.
Furious llegó al borde del acantilado y saltó.
Durante unos segundos cayó hacia abajo, pero desplegó sus alas y las batió furiosamente contra el viento para mantener el equilibrio.
Funcionó.
El viento agitó los cabellos dorados de Hiccup. Tras el miedo inicial fue abriendo poco a poco los ojos. Y lo que vio le dejó con la boca abierta.
Debajo de él se extendía el mar. A los lados el vapor de las nubes se arremolinaba formando jirones y formas fantásticas. Era muy agradable sentir el viento en la cara y la sensación de estar flotando en el cielo, el sol ahora parecía estar un poco más cerca. Estiró los brazos, contemplando el horizonte que se extendía delante, y lanzó un grito de alegría. Era una sensación realmente maravillosa.
-¿Te gusta?-Preguntó Furious, que no había perdido detalle de la cara de su hermano.
-¡Me encanta!-Respondió el niño con una sonrisa.-Me siento como si fuera una pluma ¿Tú también tienes esa sensación?
-En mi caso me siento más como si tuviera cosquillas en el estómago, pero si, también me siento como una pluma.-Rió el dragón.
Los ojos de Hiccup estaban abiertos de par en par y miraban emocionado el mundo que se extendía a sus pies. Tenía que grabar aquellas maravillosas vistas en su mente, eran realmente hermosas.
-Hermano.-Furious llamó su atención de nuevo.-Cuando quieras volar solo tienes que pedírmelo. Yo seré tus alas y te llevaré a cualquier parte.
Aquello terminó de conmover a Hiccup. Acarició la cabeza del dragón y se recostó en su lomo, con toda la confianza de saber que no iba a caerse.
-Gracias Furious.
No lo dijo en voz alta, pero Hiccup se prometió a si mismo que a partir de ese momento se esforzaría por ser el mejor de los dragones. A su manera aprendería a cazar y a moverse como ellos.
Tal y como decía Furious, no tener garras, cola o alas no iba a ser un impedimento para él.
Continuará...
Notas finales:
En este capítulo he querido mostrar cómo son los inicios de la infancia de Hiccup. En el libro no da información, así que tuve que imaginarme muchas cosas.
Quise que quien lo recogiera en la bahía fuera una nadder y que de ella pasara a manos de los Seadragonus porque estos son una especie de dragones muy grandes, y no me parecía lógico que estos aparecieran de repente en la bahía y no crearan alarma entre los humanos. Además, aunque los Seadragonus sean descritos como dragones violentos, queda claro en el libro que si decidieron adoptar a Hiccup tampoco debían de ser tan malos.
Tenía muy claro cómo quería hacer la personalidad de Furious. Siempre me lo he imaginado como un dragón serio, con un humor algo ácido y sarcástico, pero que es amable y hasta alegre con Hiccup, y sobre todo muy protector con él ¿Qué os parece? ¿Debería de darle otro enfoque o así está bien?
Cómo veis he actualizado antes de tiempo, tenía un poco de tiempo libre. Muchas gracias por haber leído, espero con ansias vuestros reviews.
¡Nos vemos en la próxima actualización!
