TITULO: Realidad
Capítulo: 2/2
Fandom: Star Trek (Reboot)
Pairing: Spirk (Spock/Kirk)
Category: Clasificándose como Fluffy, Angs, Drama, Hurt y quizá Confort.
Raiting/Warning: PG-13, Slash. Menciones de M-Preg. Clichés (bastantes y obvios)
Disclaimer: Yo no poseo a los personajes de Star Trek (TOS y Reboot), pertenecen a sus Creadores y respectivos socios comerciales. Ésta solo es una historia escrita de fan para fans sin fines lucrativos. Lo único mío son la historia, las ideas y OCC (Personajes originales). De todas maneras si te gusta la historia y quieres publicarla, te pediría que antes lo consultes conmigo.
CAMPAÑA LE FAY : No permitamos que el PLAGIO se lleve nuestro trabajo, así que si conoces una historia Robada, por favor denúnciala a sus respectivos dueños. No es justo que nuestras horas de dedicación se vayan a la basura y se vean inmiscuidas en una total falta de respeto para el Autor y los lectores. Entre más luchemos, más saldremos adelante. ALZA LA VOZ, NO TE QUEDES CALLADO ANTE EL PLAGIO.
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Nota:Esta historia, por ser lo que es contiene OCC en los personajes (creo que eso está claro desde el momento en que se llama: FanFiction),M-Preg (Masculine Pregnant =Embarazo Masculino) y Slash (Relación Hombre-Hombre) Si no te gusta entonces no leas y así te evitarás un enfado que vaya en contra de tus creencias, gustos o cualquier cosa. Recuerda que yo no me hago responsable de nada ya que es tu decisión leer esto. Así que evítate los insultos hacia una servidora porque no voy a cambiar de forma de pensar y como dicen por ahí: "Sobre aviso no hay engaño". Gracias.
-¡SPOCK!, ¡REGRESA!...¡SPOCK!-
La garganta seca…obscuridad…el oxígeno abandonando lentamente sus pulmones…la desesperación…desesperación de saber que Jim esperaba por él…que Jim estaba buscándolo…reclamando que regresara.
Deseaba moverse pero su cuerpo simplemente no le respondía
Jim
Jim
Jim
-¡SPOCK!, ¡TIENES QUE REGRESAR! ¡TIENES QUE HACERLO!-
¿Debía regresar? ¿A dónde?
-¡SPOCK!...Regresa…Regresa a mi…-
Abrió de golpe los ojos, encontrándose con un par de iris cerúleos que lo miraban con su usual brillo feliz.
-¿Cansado?
Asintió por reflejo, enderezándose en el sofá. Se había quedado dormido.
Jim sonrió, acercándose a su bondmate que lo abrazó con fuerza.
-¿Qué sucede, amor?
Ni él mismo lo sabía. Solo deseaba abrazar a su esposo y tenerlo junto a él, seguro y sin dejarlo ir.
Repentinamente la angustia de perderlo…de no poder llegar a él había removido su interior.
Jim besó su mejilla, su frente y después con la mano le obligó a mirarle.
-Has estado tan estresado…deberíamos tomar unas vacaciones.
El Vulcano negó, juntando sus frentes.
-No puedo permitirme tal derroche de tiempo cuando las conversaciones con…
-¡Al diablo los Klingon!-Rugió el ojiazul, besando la nariz del que sonrió.-Ellos tienen la culpa de tú estrés.
Tal vez.
-No puedo tener vacaciones ahora, por mucho que desee estar contigo y el bebé.-Dijo, acariciando el abultado vientre de su consorte quien suspiró con cansancio.
-Spock, debes descansar o… ¿qué tal un picnic?
El Vulcano nunca había tenido un picnic en su vida. El clima de Vulcano no era propicio para eso y desde que había llegado a la tierra toda su atención radicó siempre en sus trabajos como Embajador y su esposo. Repentinamente la idea y los recuerdos de su madre relatándole lo encantador y divertido que era un picnic, le hizo olvidar sus tensiones.
-Eso sería aceptable.
El humano sonrió, sentándose con una agilidad sorprendente para su avanzado embarazo, sobre el regazo de su esposo.
-¡Espléndido! Entonces mañana llamaré a Uhura para decirle que cancele tus citas.
-¿Pero tan de repente?
-Amor.-Rió Jim, besando sus labios.-Un picnic sin planear es lo mejor del mundo.
Él no lo sabía pero si su alegre consorte lo decía entonces debía ser cierto, por eso lo aferró a él y se dedicó a besarlo lenta y largamente, degustando el sabor del que jamás se cansaría.
-Mientras tanto.-Murmuró el humano, mirando las pupilas que se obscurecieron un poco más.- ¿Qué tal si hacemos el amor?
Una idea espléndida que el Vulcano adoró.
Su idea de un picnic no consistía precisamente en lo que Jim y él estaban haciendo.
Según información obtenida de su madre, los picnic eran una especie de día no hacer nada, sentarse sobre un mantel, comer emparedados llevados en una enorme cesta y simplemente relajarse.
Durante toda su vida ese había sido su concepto sobre día de campo, pero estaba comenzando a descubrir que la nueva versión del picnic que su esposo tenía, era mucho más interesante que la ordinaria.
Atrajo aun más el cuerpo sobre el suyo y degusto el gemidito excitado de su consorte quien ahondó en el beso.
Había escuchado que la libido en el embarazo aumentaba y él, científico ante todo, no sería capaz de negarse a investigar si aquello era verdad o mito.
-Jim…amor…no deberías de esforzarte tanto en…
-Shhh.
La boca siguió comiendo la suya y aunque una parte de él trataba de decirle que la posición que su bondmate había tomado sobre él, no era la más adecuada para su delicado estado, el resto de sí mismo mandó a la pequeña vocecita de paseo. Por eso introdujo las manos bajo la camiseta de su consorte que nuevamente gimió. Una sinfonía que gustosamente escucharía una y otra y otra vez sin llegar a cansarse jamás.
Deseó seguir avanzando y besar más allá del cuello que se extendió gustoso para él, pero el movimiento que sus sensibles dedos detectaron, lo hizo detenerse.
-¿Qué ocurre?-Indagó Jim cuyo rostro sonrojado y labios hinchados lo estaban volviendo loco.
-Sentí…algo.
Los ojos azules parpadearon por respuesta.
-¿Sentiste algo? Amor, creo que aun sigues estresado, ¿por qué no reanudamos nuestra distracción?
Y lo hizo porque nada era más relajante que estrechar a su bondmate y hacerle el amor.
-Te amo T´hy´la, te amo, te amo.-Susurró, besándole la quijada y escuchando a Jim gemir nuevamente.
-Y yo te amo a ti, Spock. No sabes cuánto…no te imaginas cuanto.
Quizá sí, quizá no, debido a su enlace telepático, pero le gustaba fingir para escucharlo tantas veces de la boca que mordió una de sus orejas y lo hizo estremecer.
-Amo tus orejas. Te hacen lucir tan sexy. Es la primera cosa que pensé sobre ti cuando jugamos ajedrez aquella primera vez.
-Pensé que no estabas concentrado en nada más que el juego.-Indagó el Vulcano, estremeciéndose una vez más cuando Jim le lamió la otra oreja.
-¿Y perderme de ver a un Sexy Vulcano frente a mi? Buena broma, amor.
Quiso recordarle que los Vulcanos no bromeaban pero nuevamente un movimiento le impidió tocar más allá de los muslos de su bondmate.
-¡Ahí está!-Señaló el Vulcano, mirando la expresión divertida en el rostro de su consorte.
-Está celoso.-Murmuró Jim, elevando las manos. Movimiento que el Vulcano imitó de inmediato.
-¿Celoso?
Jim entrelazó sus manos y permitió que se besaran un momento antes de colocarlas en su vientre.
-Porque sus padres están concentrados en sí mismos y no en él.
Spock comprendió las palabras en el segundo siguiente en que volvió a sentir el movimiento. Sus ojos se abrieron con impresión.
-Es…
-Ama tú voz. Vamos, háblale.-Animó Jim, divertido por el parpadeo del Vulcano quien miró con algo de extrañeza sus manos sobre el abultado vientre.
-¿Hablarle? ¿De qué?
-Lo que sea.-Rió el humano, cubriendo las manos de su bondmate con las suyas.
Spock nunca había hecho eso y ni siquiera se imagino haciéndolo alguna vez, pero los chispeantes ojos azules y la sonrisa irrefutable de su consorte lo animaron. Por eso aclarándose la garganta y mirando un punto imaginario, simplemente habló.
-¿Ho-la?
Jim rió pero el vientre se movió.
-¡¿Lo has visto?-Indagó el sorprendido Vulcano, acercándose un poco más al cuerpo sobre el suyo.
-Y sentido también. Normalmente no está tan inquieto pero seguramente nuestro lazo llega a él y es capaz de sentirte. Bones dice que es normal que reconozcan las voces. Es una buena señal.
-Y… ¿con él se mueve?-Preguntó sin mirar los ojos azules.
-No.
-Ese es mi bebé.-Sonrió el vulcano y por respuesta obtuvo un más fuerte movimiento y la risa divertida de su consorte.
-Spock, Spock, ¿qué voy a hacer con tus celos?
El aludido evadió la pregunta y se deleitó acariciando el vientre que continuó moviéndose.
-¿Te duele?-Indagó, mirando la negativa de Jim.
-Es…raro pero no duele, todo lo contrario. Siempre procuro hablar con él pero hoy debe estar muy entusiasmado porque estás con nosotros.-Sonrió, besando al maravillado Vulcano.
Era la primera vez desde que se enteró que sería padre, que pensaba atentamente en todo eso. La sensación que experimentó era única, algo que jamás había llegado a él.
Dentro de pocos meses sería padre de un pequeño ser indefenso que requeriría cuidados, atenciones y amor. Ese que su madre siempre le dio desde antes de nacer y que su padre, aun en contra de la filosofía Vulcana, también le otorgó.
Era la primera vez que todo eso se sentía tan real. El movimiento en el vientre aumentó y no pudo evitar acercarse a él para besarlo.
-Te amo tanto, hijo mío.-Susurró en Vulcano y sonrió cuando ese ser que aun no conocía pero ya amaba, respondió a su manera.
-Lo sabe. Te ama.-Sonrió Jim, besando su frente.-Y yo también.
Spock asintió, capturando con prisa los labios de su esposo.
-Será hermoso.-Indicó, sintiendo lo que quizá los seres humanos catalogaban como dicha.
-Y tendrá tus orejas.-Sonrió Jim.
-Y tus ojos.
-Mmm, ¿un Vulcano con ojos azules? Eso será la conmoción total para tú pueblo.-Rió Jim y se sorprendió ante la sincera respuesta de su consorte.
-No me interesa.
James parpadeó pero asintió casi de inmediato.
-¿Spock?... ¿Te quedarás conmigo para siempre?
Aunque la pregunta era repentina y un tanto ilógica, el Vulcano respondió en el acto, sin pensarlo siquiera.
-Por siempre. Nuestras Katras están unidas para toda la eternidad.
Se besaron intensamente, como solo dos almas que se aman pueden hacer.
-¡REGRESA! ¡REGRESA A MI!-
Fue el grito que esa vez el Vulcano no quiso escuchar ni explicar.
OoOoOo
-¿Y ya saben que nombre le pondrán a mi nieto?
Jim elevó la cabeza y negó, mirando a su esposo que puso una de sus manos en su vientre que se movió un poco.
-Aun lo estamos pensando, Padre.
Sarek efectuó un gesto que solo Amanda entendió.
-Tú padre está impaciente, quiere que el nombre de nuestro nieto aparezca ya en el registro del árbol familiar.-Explicó la mujer, que depositó en la mesita de centro varias tazas de té que los presentes agradecieron.
Spock miró a su padre quien evitó el contacto con sus ojos.
Desde que se había enterado que sería abuelo, había notado un cambio en su comportamiento. Siempre había sido diferente a los demás Vulcanos, comenzando con su matrimonio con una humana, pero también había seguido las normativas Vulcanas. Jim solía decirle que el cambio, como él solía llamarle, era relativamente normal cuando los padres se convertían en abuelos. Algo de lo que no tenía referencia al ser su primera vez como padre y la primera vez de sus padres como abuelos.
-¿Qué es eso del registro del árbol familiar?
-Oh.-Sonrió Amanda a Jim, quien acababa de cuestionar.-Es una de las tradiciones Vulcanas más antiguas que…
-¡SPOCK!-
-¿Si?-Indagó a las tres personas que lo miraban.
-Nunca me habías hablado de tú abuela… ¿T'Pau?
-No es mi abuela.-Negó el Vulcano, un poco desconcertado por el abrupto cambio de tema.-Ella es la cabeza, la Vulcana más antigua de nuestra familia. Ella es quien preside los ritos más antiguos y sagra…
-¡¿POR QUÉ NO QUIERES REGRESAR? ¡¿POR QUÉ NO TE DAS CUENTA DE QUE MORIRÁS SINO REGRESAS?-
-¿Morir?-Murmuró, mirando a los presentes hablar entre sí.
Giró la cabeza…nada aparentemente fuera de lugar. La casa de sus padres era la misma. Las fotografías sobre la chimenea, costumbre que ni en Vulcano su madre había podido resistir, continuaban intactas, mostrando el paso del tiempo en esa familia…aunque…algo no concordaba con la aparente línea de tiempo que distinguió en las fotografías. ¿En dónde estaba la fotografía de su boda con Jim?... ¿El embarazo? Su madre jamás habría omitido tan importantes eventos.
-Entonces, ¿han pensado en nombres?-Siguió insistiendo Sarek, ignorando el golpecito cariñoso que Amanda le dio en la pierna.
-No seas insistente, cariño. Ya verás que su nombre llegará cuando tenga que hacerlo.-Sonrió la humana al Vulcano que solo bufó.
-¡SPOCK!-
Miró hacia la ventana, el viento meciendo las rosas en el jardín de su madre…su madre que a pesar del clima de Vulcano jamás se dio por vencida para tratar de cultivar variadas especies de plantas Terranas que siempre morían…
Morir…
-Pero tienen razón.-La mano de Jim atrajo su atención.-No podemos llamarlo siempre Bebé. ¿Verdad, amor?
Por un momento no supo que responder pero terminó negando, apretando la mano de su consorte.
-Quizá deberíamos simplemente mirarlo para que el nombre llegue. Como lo hizo tú madre con tú hermano.
Jim parpadeó.
-¿Mi madre con…? Spock, ¿te sientes bien?-Indagó el ojiazul con preocupación.
El aludido frunció el entrecejo.
-¿Por qué preguntas…?
-Spock, cariño.-Llamó su madre mientras Jim posaba su mano libre en su frente.- ¿A qué hermano te refieres?
El Vulcano bufó.
-George Samuel Kirk, por supuesto. Tú hermano.-Aclaró mirando a su esposo.
-Amor…George Samuel Kirk fue mi padre. No hay un George Jr, soy…fui hijo único.
Spock frunció aun más el entrecejo. ¿Qué clase de juego era ese? Claro que había un George Samuel Kirk Jr. Su esposo le había contado el cómo su madre lo había nombrado así no solo por su padre, sino porque al mirar su rostro, ese fue el nombre que a ella se le ocurrió. Lo mismo había sucedido con él cuando su padre…
-Cariño, ¿te sientes…?
-¿Cómo murió tú padre?-Indagó el Vulcano, ignorando a su madre que miró a Sarek con preocupación.
Jim tragó con fuerza y un momento después respondió.
-Spock, tú sabes que no me gusta…en un accidente de auto. Él y mamá regresaban a casa, los frenos fallaron y cayeron en un precipicio…el auto era viejo y…
-No.-Negó Spock mirando fijamente los ojos azules que repentinamente entristecieron.-Tú manejabas…tenías once…tú tiraste ese auto en el precipicio…tú lo hiciste. Me lo contaste…me lo dijiste cuando jugábamos…
Un repentino dolor de cabeza lo hizo quejarse. Imágenes, voces, rostros distorsionados y confusos.
-¡REGRESA AHORA, SPOCK!-
-Regresar ahora…
-Spock…
-¡AHORA!... ¡A mí!-
-¿Spock?
Se levantó del sofá y se alejó unos pasos. El dolor era casi insoportable y la voz de Jim…ese grito…ese desesperante grito estaba volviéndolo loco.
-Sigamos hablando de los nombres para mi nieto.-Sugirió Sarek, o al menos eso escuchó entre el nebuloso dolor.
Spock trató de concentrarse en los tres cuerpos frente a él, en la gama de nombres que comenzaron a decir al azar.
Sabía que estaban tratando de distraerlo pero el dolor…la voz de Jim…
-Por favor Spock…Por favor regresa… ¡Hazlo!-
-¿Regresar? ¿A dónde?
-Aaron
-Sayay
-Tristán
Spock negó…nombres demasiado comunes…
-Regresa…Regresa…-
-Kellet
-Attis
-Crisal…
-Por favor…-
-Crisal…Crisal…
-Regresa ahora… ¡YA!-
-¿Spock?... ¿Amor?
Se alejó de la mano que quiso tocarlo y aunque el dolor lo estaba haciendo flaquear, ese nombre…el último que Jim había dicho, estaba resonando fuertemente en su cabeza.
-Crisal, Crisal…Crisálida.
Y de repente todo a su alrededor se rompió.
No más casa, no más de sus padres, no más de Jim. De repente todo a su alrededor fue negrura, soledad y miedo.
Había recordado.
Exilon-Stelar 20 era un planeta de aparentemente bajo grado de peligrosidad. Su última misión antes de un permiso de tres semanas en la tierra. Tenían que atender una llamada de auxilio en el sector 20 y el planeta quedaba justo en medio de la misma.
El capitán había estado incapacitado por alta fiebre durante dos días y él, como Primer Oficial y Capitán interino había decidido investigar el planeta por su cuenta.
Al materializarse en la superficie y explorar un poco, rápidamente comenzó a percatarse de que su fisiología Vulcana no era apta para el planeta. Intentó comunicarse con Scott, Sulu o Checov, pero fue infructífero. La comunicación era mala y sus sentidos habían comenzado a nublarse. Fue así que se dio cuenta de presencias humanoides…langostas, asechándole. Después fue caer poco a poco en la inconsciencia, verse cubierto por extrañas hebras blancas que las criaturas soplaron sobre él y que se cristalizaron.
Su lógica Vulcana se perdió al ver que se encontraba atrapado en una especie de crisálida irrompible.
Lo último en que pensó fue en Jim…su voz…su rostro…sus ojos azules…aquello que jamás diría por creerlo una vergüenza, como todo a lo que Sentimientos se refería.
Abrió los ojos, la oscuridad continuaba a su alrededor. Eso significaba que de alguna manera continuaba vivo y existía una oportunidad de salir.
-Prometiste que te quedarías conmigo para siempre.
Giró a su izquierda en dónde se materializó el cuerpo de su capitán…No, del que era su esposo.
-Jim.-Murmuró, escuchando el eco de su voz.
-Lo prometiste.-Volvió a decir el Jim que caminaba lentamente hacia él y lo observaba con el dolor que solo aquel que ha perdido algo sabe expresar con la mirada.
Su garganta se cerró, alzó la mano para tocar la de su esposo pero los recuerdos…su vida real volvió a él.
Retiró la mano, mirando el gesto angustioso en el bello rostro frente a él.
-Debo…regresar.
Los ojos azules se abrieron con temor.
-Jim.
-No me dejes.-Rogó, quien se llevó una mano al vientre redondeado.-No nos abandones.
Cerró de nuevo los ojos, no podía continuar mirando al amor de su vida en esa dolorosa forma.
-Spock…
-Debo irme.
-¿Para qué?
Su propia voz preguntó, causándole sorpresa. Abrió los ojos y se encontró de frente con su imagen, un espejo de sí mismo.
-Dime, Spock, ¿para qué debes irte?-Insistió su imagen.
-¿Para qué? Esto es una mentira-Respondió de inmediato y con más frialdad de la que sentía.-Esta no es mi realidad.
-¿Y cuál es tú realidad entonces?-Continuó su otro Yo hablando, mofándose del dolor que se filtraba por su rostro.- ¿Regresar a una nave espacial para seguir navegando por el oscuro universo?, ¿Regresar a una vida donde no tienes nada?, ¿Dónde tú madre murió justo a centímetros de ti?-Preguntó el otro Spock mientras su sonrisa se extendía y su mano derecha sujetaba la de su madre…Amanda sonriente, Amanda amorosa quien le pedía silenciosamente que se quedara.
Contuvo el impulso de avanzar.
-Dime, Spock, ¿a caso no deseas tener a tú madre como hasta ahora? ¿Feliz?, ¿viva?, ¿orgullosa de ti?
¿Qué si no lo deseaba? Era una de las dos cosas que más había anhelado desde la destrucción de Vulcano: regresar el tiempo para salvarla o en su defecto, tenerla a su lado nuevamente. La extrañaba más de lo que estaba dispuesto a aceptarse así mismo.
-O.-Continuó su reflejo hablando, desvaneciendo a la mujer sonriente que era…fue, su madre.- ¿No deseas estar al lado del hombre que es tú T'hy'la?, ¿del hombre que amas y no puedes tener en esa, qué tú aseguras, es la vida a la que debes regresar?
Fue ahora Jim quien apareció frente a él. Sonriente, exquisito, hermoso, extendiendo las manos que rogaban ser estrechadas con todo aquello que ocultaba celosamente en su interior.
-Dime Spock, ¿a caso no quieres tener una familia con este hombre?, ¿estar a su lado hasta el final de los tiempos?-Indagó su reflejo, acariciándole el vientre y besando después, de manera apasionada, los labios que aun siendo una mentira había probado y deseaba volver a hacerlo.-Si te quedas lo tendrás todo…todo lo que deseas y más.-Guiñó su otro Yo, abrazando al Jim que continuaba llamándolo con las manos, pidiéndole que ocupara el lugar del otro Spock que lo miraba con burla.-Afuera no tienes nada.
-No hay Amanda.-Murmuró la figura de su madre, apareciendo al lado de la pareja.
-No hay padre comprensivo.-Prosiguió Sarek, tomando la mano de su esposa.
-No existe un matrimonio con James Tiberius Kirk.-Añadió Jim, separándose de su reflejo y caminando hacia él.-No habrá hijos, no habrá más besos ni hacer el amor o despertar en sus brazos. Serás solo su amigo, su Primer Oficial callando y avergonzando de lo que siente, soportando el hecho de que él se entregue a otros cuerpos que no son el tuyo. Quédate Spock y todo eso que deseas y has creado aquí, continuará. Mereces ser feliz.
Negó, apartando la vista y tratando de pensar con lógica, con frialdad, tal como siempre lo hacía. Pero la presencia de Jim…SU Jim continuaba fuerte y viva frente a él.
Terminó sucumbiendo a la tentación de mirarlo nuevamente.
Ahí, en ese mundo creado por él tenía todo lo que deseaba, o al menos lo que su inconsciente deseaba: una vida perfecta, plena y feliz.
Afuera, no tenía nada.
Su mano se movió lentamente, centímetros para tocar la de Jim.
-¿Cuánto tiempo?-Indagó el Vulcano, perdiéndose por un momento en los ojos azules que brillaban solo para él.
-Hasta que tú cuerpo así lo desee. Pero aquí, en este mundo, pueden ser años…décadas, viviendo feliz conmigo.
Había prometido no dejarlo y quizá así lo haría.
Su último pensamiento coherente antes de tomar la otra mano fue Jim y ese grito angustioso que había estado llamándolo a la realidad desde siempre.
-¡SPOCK!-
OoOoOo
Cuando Jim se enteró de que Spock había bajado solo a Exilon-Stelar 20, quiso descuartizar al Vulcano.
Si hubiera sido cualquier otro lo habría entendido, pero Spock prácticamente podía recitar el manual de la Flota mientras bebía té de hiervas silvestres y jugaba impecablemente ajedrez sin inmutarse siquiera.
¿Por qué el Vulcano había cometido esa estupidez?
Ni siquiera Bones había podido mantenerlo en la enfermería, a pesar de la fiebre que lo había golpeado durante dos días. Lo único que le interesaba era regresar a la nave el estúpido trasero del Vulcano para patearlo y después exigir las explicaciones de rigor, pero cuando intentó comunicarse con Spock y no hubo respuestas, Jim comenzó su calvario.
Habían sido horas antes de convencer a Bones, quien a base de hipospray había logrado normalizar su temperatura, para que le permitiera bajar al planeta junto con otros miembros de la tripulación. Su primer oficial estaba perdido en un planeta que se encontraba en medio de una llamada de auxilio y que aparentemente no era peligroso.
Ni siquiera se opuso a que el doctor lo acompañara, todo lo contrario, requería de su Oficial Médico por si algo había ocurrido con Spock quien continuaba sin responder el comunicador y el hecho de que Checov no pudiera localizarlo para materializarlo, era alarmante.
Tuvieron cuidado en cuanto pisaron la superficie del planeta y no pasó mucho tiempo para encontrar vestigios de que alguien más había estado ahí. Según Sulu, una pequeña nave mercante flotaba sola no muy lejos de la Enterprise y fue todo lo que Jim necesitó escuchar para apresurarse a buscar a su Primer Oficial.
Toparse con las formas de vida de aquel planeta y enfrentarse a ellas fue algo complicado, ya que la atmósfera planetaria limitaba sus movimientos, pero al final y con ayuda de un tranquilizante que el buen doctor McCoy inyectó en uno de los Exilianos, la afrenta fue ganada por ellos.
El líder les explicó, después de que McCoy impidió que Jim lo golpeara y tomara la información a la fuerza, que eran un pueblo que no deseaba ser detectado pues no compartía pensamientos similares a la Federación o a cualquier otra coacción en el universo. Lo único que deseaban era seguir viviendo en el anonimato, pero las desapariciones de aquellos desventurados que se topaban con el planeta y posteriormente emitían llamadas de auxilio, habían orillado a los Exilianos a actuar para protegerse, cosa que habían hecho cuando Spock bajó al planeta para inspeccionar.
Jim, a su modo, exigió que lo llevaran a él y se encontró con su Primer Oficial siendo prisionero de una especie de campo cristalino.
-¡SPOCK!...¡SPOCK!...¡SPOCK REGRESA!...¡CON UN CARAJO…! ¡SPOCK, RESPONDE!-
Había gritado y golpeado y disparado al campo cristalino pero Spock jamás se movió. Parecía…
-No está muerto.-Fue la respuesta inmediata del líder Exiliano.- Ha sido encerrado en una crisálida y ahora él está soñando.
-¿Soñado?-Indagó Jim sin comprender.
-Los Exilianos utilizamos este método de protección, nos permite seguir con nuestra existencia anónima.
-¿Cómo lo saco de ahí?-La poca paciencia que el Capitán Kirk aun poseía se estaba agotando rápidamente y la criatura pareció comprenderlo por lo que se apresuró a responderle.
-Solo él puede salir. La crisálida se alimenta del inconsciente, creando un mundo perfecto del que solo aquel que verdaderamente esté dispuesto a enfrentar el mundo real nuevamente…saldrá.
Y entonces Jim no tuvo que preguntar cuantas víctimas de esa cosa habían salido. Por eso gritó y gritó y gritó con todas sus fuerzas para que Spock lo escuchara, pero como el Exiliano le había dicho indirectamente: quizá Spock, como muchos otros, prefería ese mundo perfecto a la realidad.
Un golpe terrible para el Capitán Kirk, pero sobre todo para el corazón de Jim.
-¡SPOCK!...Regresa a mí, Spock…-
Pidió una y otra vez al que permanecía dentro de la crisálida, antes de que el doctor McCoy lo alejara y tratara de razonar con él sobre la evidente conclusión de todo eso.
OoOoOo
Podía sentir una intensa fuente de calor sobre su cuerpo. Su fisionomía era capaz de resistir temperaturas mucho más altas que las estándares normales para los humanos o algunas criaturas en el universo, pero el calor era tan intenso que tuvo que moverse y abrir los ojos para apartarse.
Lo primero que sintió fue un duro golpe, después desorientación.
Parpadeó, tocándose la cabeza que dolía levemente, después se puso de pie. Sin embargo apenas hacer el movimiento volvió a caer estrepitosamente en el piso.
-Por el amor de… ¡¿Qué se supone que tratas de hacer, duende descerebrado? ¡¿Partirte la cabeza?
Por un momento negó, antes de ser ayudado a regresar a lo que poco a poco reconoció como una cama.
-¿En dónde…?
-En la enfermería.
Frunció el entrecejo.
-¿Enferme…ría?
Miró al hombre que lo observaba con una ceja enarcada y después pudo escuchar el sonido de una pequeña máquina siendo movida por todo su cuerpo.
-Tricorder.-Reconoció después de unos segundos.
-Aun tienes fiebre, genio. También taquicardia y al parecer desorientación. Pero es normal…al menos todo lo normal que puede ser después de haber estado no sé cuánto tiempo dentro de esa maldita cosa del infierno.
El Doctor McCoy y su fluido vocabulario humano. ¿Cómo no reconocerlo?
-Te daré algo para el dolor de cabeza y la fiebre.-Indicó el doctor, mirando el gesto que el Vulcano realizó al tocarse la cabeza.-Tengo que dejarte en observación al menos veinticuatro horas más. No tengo ni puta idea de las reacciones o síntomas que puedas llegar a tener, dado que no se absolutamente nada sobre ese nidito tuyo en el que estuviste, ¿entendido?
Movió la cabeza afirmativamente, sintiendo de inmediato una pequeña molestia en el cuello. El doctor había administrado la medicina en su forma tradicional alejar a Jim Kirk de problemas.
El nombre le hizo abrir los ojos de golpe. Ni siquiera fue consciente de que los había cerrado. Se sentía tan cansado y tan desorientado que lo único que pudo regresar un poco de vitalidad a su cuerpo fue ese nombre.
-Jim.-Murmuró, mirando al humano que se encontraba en su habitual estado anímico: molesto.
-Ese idiota ha estado haciendo doble turno desde ayer.-Señaló el doctor, anotando un par de cosas en su PADD.
-¿Doble turno?
McCoy miró con mucha más irritación al Vulcano al cual y como de costumbre no le importó el malestar del doctor.
-Ya que su Primer Oficial fue atacado por Exilianos, encerrado en esa maldita cosa crisálida y regresando prácticamente muerto al mundo de los vivos, creo que es normal que se haga responsable de toda esta nave que llegará en…cinco horas y media a la Tierra.
Para ese momento el Vulcano era capaz de procesar la información con algo más de fluidez.
-¿Regresar Muerto?
Bueno, quizá no tanto.
McCoy dejó la PADD y gruñó, evidenciando su ansiedad.
-Spock, estuviste clínicamente muerto durante cuarenta y cinco minutos. ¡CUARENTA Y CINCO MALDITOS Y PUTOS MINUTOS!, ¡¿CÓMO CREES QUE SE LE PUEDA LLAMAR A ESO SI NO ES REGRESAR MUERTO?
A su parecer la forma gramatical solo se estaba contradiciendo a la lógica, pero prefirió no decirlo ya que la exaltación del doctor era mucha.
Miró el techo, intentando procesar lo que el doctor acababa de decirle.
Había estado muerto cuarenta y cinco minutos después de salir de la crisálida. No podía recordar muy bien lo que había sucedido, pero si podía recordar la falta de oxígeno, movilidad y su ritmo cardiaco descendiendo. Aquella crisálida, como el doctor la había llamado, debió de tratarse de una especie de campo de fuerza que robaba la vitalidad de sus víctimas, y a pesar de que él fue una, no pudo dejar de sentirse fascinado ante eso.
-Duérmete, ¿quieres? Creo que le harás un favor muy grande si lo haces.
-¿A quién?-Indagó, viendo cómo el doctor se acercaba a la puerta que se abrió.
-A Jim, ¿a quién más?
Después McCoy salió, dejando al Vulcano con más preguntas que todas las que había tenido en su vida.
Se sentía cansado y pesado, quizá la gravedad tenía que ver con eso pero fue algo que no quiso averiguar.
Necesitaba saber cómo había salido de aquella crisálida pero también deseaba dormir. Tal vez recuperándose y haciendo caso por primera vez a las indicaciones del doctor, podría recordar.
-Estuve muerto…
Cuando abrió los ojos se encontró con que la luz del sol se filtraba a través de la ventana entreabierta y el aroma diferente, distinto al del espacio golpeó su sentido olfativo.
Miró en rededor…había cambiado de escenario…evidentemente no estaba más en la enfermería del Enterprise o en sus habitaciones de Primer Oficial. Intentó moverse pero la puerta se abrió y la figura que vio lo congeló.
-Buenos días, no creí encontrarte despierto.
-Jim.-Murmuró, sintiendo la garganta seca y aunque su cuerpo se quejó por el brusco movimiento, se levantó de la cama.
-¡Hey!, ¡hey!, ¿Qué estás haciendo?-Indagó el humano, dejando lo que portaba sobre la mesita de noche y corriendo, prácticamente, hasta donde el Vulcano se encontraba de pie.-Regresa a la cama.
No podía moverse, sus ojos seguían la figura que le hablaba de forma tranquila a pesar de la evidente orden que le había dado.
Cuando sintió las manos de Jim en sus brazos, su mundo interno chocó.
Permitió que Kirk lo acomodara en la cama y mientras continuaba mirando los ojos azules que evidenciaban preocupación, simplemente recordó.
La vida perfecta, su mundo perfecto. Esa vida que había construido dentro de la crisálida.
Su matrimonio perfecto, su futuro hijo, sus padres juntos y felices, su madre viva. Él siendo un embajador y peleando por la paz, enamorado de un hombre que le correspondía y que le sonreía tiernamente, justo como la sonrisa que estaba mirando en ese momento.
-¿Spock?-Indagó Jim cuando las manos del Vulcano se posicionaron en sus mejillas y lo atrajeron solo un poco más cerca de su rostro.
-Tuve que dejarte caer en el olvido…en un abismo para poder despertar.
-¿Qué?-Preguntó el aturdido humano que no hizo intento alguno por moverse de aquella extraña posición.
-Tuve que dejarte caer.-Volvió a decir Spock, apretando solo un poco el agarre sobre el rostro de Jim. Tratando de implorar un perdón a esos ojos que lo miraban consternados.-Tuve que…matarte.
Jim movió la cabeza de lado a lado con lentitud, mientras sus manos se posaban sobre las que aferraban su rostro.
-No tengo ni idea de lo que te ocurrió en ese mundo dentro de tú cabeza, Spock, pero si tuviste que matarme para salir de ahí, entonces hiciste lo correcto.
-¡NO!-Gritó Spock, sintiendo la tranquilidad que el humano trataba de transmitirle a través de la percepción psíquica. Pero se sentía tan angustiado, tan terriblemente atemorizado que no podía permitir que aquellas sensaciones puras llegaran hasta él.
-Tranquilo.-Pidió Jim sin siquiera alejarse.-Todo está bien. Has salido de esa cosa y ahora estamos en la tierra…en tus habitaciones de la Flota. Bones quería llevarte a la enfermería pero cuando me dijo que habías reaccionado, dormías y que el tricorder señalaba que tu fiebre había descendido, supe que te gustaría despertar en tú habitación, rodeado de cosas familiares.-Comunicó el humano mientras sonreía.-Además es primavera. Sé que te gusta el olor a flores.
Le gustaba, en efecto, porque le recordaba a su madre. Pero en ese momento, extrañamente y a pesar de esa imagen que tenía de Jim…del Jim de su mundo siendo lanzado a la nada después de tomar su mano, comenzó a sentirse mejor. Quizá era la fuerza del James Kirk frente a él que poco a poco se apartó de él pero no soltó sus manos. Tal vez era su fuerza y la paz que le estaba transmitiendo, tratando de aminorar su alteración. O tal vez, solo tal vez, el mundo real y los medicamentos estaba haciendo por fin su trabajo. Un gesto puramente lógico y Vulcano al que no quiso, por vez primera, acudir.
-Lamento que hayas tenido que pasar por todo esto, Spock.-Murmuró Jim, quien se había sentado en la orilla de la cama.-Cómo capitán debería de reñirte por tú absurdo comportamiento al salir solo a ese planea, pero creo que ya has tenido suficiente con todo lo que has pasado.
-Pero…
-Además.-Añadió, interrumpiendo al Vulcano.-Hiciste un excelente trabajo como Capitán interino mientras yo estuve enfermo. Te agradezco por eso.
Apartó la mirada, no podía ver la sonrisa de Jim, no podía. Al menos no sin dejar su corazón sangrando.
Quizá había salido de su mundo, pero el dolor, el terrible dolor de los recuerdos, del pudo ser, siempre permanecería en su interior.
Jim apretó su agarre sobre las manos del Vulcano, podía sentir un gran dolor y solo pudo imaginar que aquella vida feliz que había dejado en la crisálida era una pérdida enorme. No pudo imaginarse siquiera de que había tratado todo, mucho menos lo difícil que estaba siendo para Spock reponerse, dado que era Vulcano y estaba acostumbrado a tenerlo todo bajo estricto control. Pero agradecía a todos los Dioses, a la galaxia, a Bones y a su propia terquedad por tener a Spock vivo y junto a él.
Nunca había sufrido tanto en su vida, ni siquiera cuando su hermano se fue de casa o su madre lo abandonó prácticamente con su padrastro para aventurarse en el espacio, como lo había hecho con Spock dentro de la crisálida.
Tenerlo enfrente y no poder llegar a él y después, cuando la maldita cosa cristalina se había roto, creerlo muerto y jamás recuperarlo.
Gracias a la vida que le había hecho terco y a pesar de los cuarenta y cinco minutos que clínicamente y según Bones había estado muerto después de salir de la cosa esa, un último hipospray había hecho la diferencia.
"Por favor Bones, solo uno más"
"¡Maldita sea Jim, Spock está…!"
"¡UNO MÁS!"
Bones lo había hecho, más por complacerle que por creer que algo en el monitor cambiaría, pero después de la última inyección milagrosamente habían recuperado a Spock y tras estabilizarle todo pareció una terrible pesadilla que deseaba olvidar.
Por eso sonrió y acarició casi sin percatarse las manos del que lo miró extrañado por sus acciones. Pero tenía que sincerarse un poco ya que casi lo había perdido.
-Pensé que realmente no regresarías, estuve gritándote tanto y de tantas maneras que Bones no creyó que saldrías.
-Maldito fatalista sin esperanzas.
Jim abrió los ojos y después rió del rostro sorprendido del Vulcano que había dejado salir aquella frase como la cosa más natural del mundo.
-Oh, Spock, eso fue tan…
El Vulcano sintió repentinamente que su rostro quemaba y ante la risa imparable del humano, creyó saber lo que le ocurría.
-Yo…
-No, no, no, voy a guardar esto por siempre.-Advirtió el entusiasmado humano.-Pero quita esa cara, hombre, que no le diré nada.-Guiñó, tranquilizando por fin al que solamente asintió.
Estaba comenzando a sentirse, como los humanos decían, mejor. Pero las emociones, las malditas emociones que durante toda su vida había reprimido y solo en ese mundo perfecto pudo expresar sin miedo a las consecuencias, continuaban latentes, por lo que decidió no hablar más. No sabía que otra inapropiada expresión podría decir y antes que nada, siquiera de atreverse a nombrar la sensación que Jim le estaba transmitiendo intensamente con su toque, necesitaba recuperarse.
Aunque solo agregó algo más.
-Gracias, Jim.
El aludido, que continuaba sonriendo, lo miró desconcertado.
-¿Por qué? Yo no hice nada.-Informó, sin dejar de mimar las manos que intentaban no corresponder a la caricia.
-Por estar ahí esperando por mí. Por… No abandonarme.
Jim lo miró fijamente.
-Spock, ¿a caso tú me escu…?
-Capitán, quisiera ducharme.
El aludido parpadeó pero terminó asintiendo, retirando poco a poco las manos de las que añoraron su contacto al instante siguiente.
-De acuerdo. Te dejaré solo.-Anunció Jim, ocultando que había estado a su lado desde que hubo regresado a la vida y que únicamente el servicio en el puente de la Enterprise y el papeleo en la Flota, lo habían alejado de su lado. Pero él entendía, Spock debía encontrarse muy perturbado y la manera tan formal de llamarlo lo probaba.
-Pero está vivo.-Se recordó, sonriéndole.
Se levantó y miró al Vulcano sentarse sobre la cama. Por un momento ambos se observaron en silencio y el ambiente se tensó un poco.
Jim sabía que tendría que esperar un poco antes de poder hacer la pregunta que estaba carcomiéndole como el curioso insaciable que era: ¿Qué había vivido dentro de la crisálida? Quizá el Vulcano respondería, quizá no pero eso solo el tiempo, la paciencia y sus sonrisas podrían descubrirlo.
-Estaremos tres semanas en la tierra, así que descansa un poco antes de preguntar cualquier cosa sobre el castigo inexistente que habrá contra tus imprudentes acciones, ¿entendido?
Spock asintió. A pesar de que debía preguntar el motivo de la condescendencia, no lo hizo. No estaba de humor.
Lo único que deseaba era que Jim se marchara para poder meditar o en su defecto lamentarse como lo haría el resto de sus días sobre ese mundo inexistente que le había dado la dicha jamás conocida y también una pena más, sumada, a la muerte de su madre y su planeta.
Demasiadas emociones humanas de las qué deshacerse.
Pero si algo debía recordar era precisamente que vivía rodeado de humanos y que ese, que se detuvo frente a la puerta abierta y le sonrió ampliamente, era el humano destinado para él. Pese a las mentiras, el dolor, sus anhelos y la realidad.
-Oh, lo olvidé. Te traje el desayuno.-Anunció Jim antes de retirarse.-No pensé que estarías despierto pero…aun así lo traje.
Spock reprimió el gesto de enarcar la ceja y levantó la tapa metálica que ocultaba un plato de…
-¿Panqueques?-Indagó, mirando los chisporroteantes ojos azules que repentinamente parecieron apenados.
-Si…bueno… Me pareció que era un día "panqueque".
El corazón de Spock se detuvo nuevamente, incluso su respiración que aguardaba la siguiente frase como el agónico viajero de un desierto, al oasis.
Jim se mordió el labio inferior ante la mirada penetrante del Vulcano. Estuvo tentado a simplemente salir de la habitación y dejarlo todo de esa manera, pero algo dentro de él lo hizo terminar la frase que había intentado reprimir.
-Hum…yo los hice. No suelo hacer panqueques para nadie…en realidad no suelo hacer esto para nadie pero…espero que te gusten.
Después de despedirse con la cabeza, Jim Kirk salió de la habitación.
Y entonces Spock sonrió al reconocer que indirectamente Jim le estaba diciendo: Te quiero.
Quizá el mundo real si tenía algo que ofrecerle después de todo.
FIN
A pesar de los Clichés, esta historia era algo que debía escribir porque cuando se me ocurrió mi cabeza y yo estábamos "nebulosas" pero ahora que estamos un poco más claras pudimos finalizarlo. Espero el final haya sido aceptable.
Como lo dije, a pesar de que pude dejarlo como final Angs…no pude y es que creo que Spock se merece más que Un final en un mundo creado por su inconsciente. Spock también se dio cuenta de ello.
Gracias a todos los que me ha seguido, no tengo como pagarles su aceptación. Gracias por sus comentarios hermosos y por sus ánimos. Gracias por estar ahí todos, en especial Heva, cuya importancia para mi no puede plasmarse en palabras, a pesar de que intento hacerlo.
Un saludo muy grande y nos vemos en mi próxima aventura, su amiga:
Katrinna Le Fay
Abril 2011
¿Comentarios? En verdad los agradecería muchísimo ^^
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