CHICHI NO HI
Día del padre
~ Cuando estés en mis brazos ~
Le encanta chuparse los dedos, lo hace desde que la conozco. Miento, en realidad, en nuestras primeras citas no lo hacía, supongo que quería mostrar unos modales perfectos, y de verdad los tiene. Sabe comer con más cubiertos que yo e incluso usa mejor los clásicos palillos japoneses. Pero a veces, no puede resistirse y cuando algo está delicioso, lo come con los dedos, sobre todo si es comida de su país, y se los chupa hasta el último rincón, mostrando esa sonrisa de placer y satisfacción.
-Yoshie está delicioso, muchas gracias.- le dice, mientras se recuesta un poco hacia atrás, dejando bien visible esa enorme tripa.
-Le llamé a tu madre para pedirle la receta, me alegro de que te haya gustado.
Mi madre le recoge el plato.
-Por un momento pensé que estaba frente al Taj Mahal, de verdad que te ha quedado igual que a mi madre, ¿verdad cariño?
Estoy obnubilado, no pienso nada en concreto, simplemente disfruto de esta situación, por eso me cuesta entender que Mina me está hablando a mí. Trago despacio, en un vano intento de que se conforme con esa respuesta, porque realmente las estaba oyendo pero no escuchando.
Noto la desaprobatoria mirada de mi madre y la sonrisa divertida de mi esposa, esa misma que me pone siempre que me cuenta algo de vital importancia y yo no la escucho porque estoy frente al ordenador. Pocas veces se suele enfadar, normalmente me sonríe de esa forma, me cosquillea por la nuca como si fuese un cachorrito y me deja trabajar. No soy un marido demasiado atento, trato de mejorarlo, pero me sumerjo con ciertas cosas en mi mundo y no puedo evitarlo.
Agradezco la paciencia que tiene mi mujer.
-Koushiro, deberías ser más atento.- recrimina mi madre y yo me siento como si tuviese diez años y ella fuese Tentomon.
Como una galleta para pasar desapercibido y no tener que responder nada.
-Mina, ¿ya te trae tus antojos o se pasa el día en la computadora?
Noto calor en mis mejillas, me estoy sonrojando y es que no estoy acostumbrado a que mi madre hable de antojos con mi mujer, porque eso significa que habla de mi hija, esa que he concebido. No me gusta a donde puede llegar esta conversación.
-Es muy considerado, te lo aseguro.
Me da felicidad ver que Mina me defiende, aunque para ello tenga que ocultar más de una verdad.
Soy un desastre como marido y padre.
-¿Qué te pasa ahora hijo?.- noto el tono preocupado de mi madre y me doy cuenta de mi pose dramática, con las manos en la nuca y la cara rozando el plato.
Trato de quitarle importancia, considerando que esta visita ya se ha alargado demasiado y lo único que voy a conseguir es algún dolor de cabeza y un enfado de mi mujer dándose cuenta de lo poco detallista que soy.
-Tenemos que irnos, ¿verdad Mina?.- le digo. Ella me entiende a la perfección. Siempre ha sido así, sabe con una mirada que me estoy agobiando y necesito cambiar de aires urgentemente.
-Así es.
Nos despedimos de mi madre, como de costumbre me da una cesta de comida, eso me hace sonreír sintiéndome muy querido. Tendré cincuenta años y ella seguirá haciéndome comida, es una de esas cosas características de mi madre.
Para cuando me quiero dar cuenta Mina me la ha arrebatado.
-¿Te importa si como uno de los pastelitos?, son mis favoritos.- dice, rebuscando por la cesta.
No soy consciente, pero seguramente mis labios hayan dibujado una sonrisa.
Y luego decían que los tragones son los Yagami, pues esa niña que lleva mis genes no se quedaba atrás.
Genes. Me entristezco al darme cuenta de mis pensamientos. ¿Qué importancia tienen los genes exactamente? Yo no tengo los mismos de mis padres y creo que por lo menos como persona me parezco a ellos. Al menos es lo que he intentado toda mi vida, ya que mis padres han sido el mayor ejemplo que podría tener.
Miro a mi madre, la ternura y devoción que desprende su mirada cuando me mira o cuando mira a mi esposa y su gran barriga. ¿Miraré yo así a mi hija?
Debo de haber puesto una expresión de preocupación porque ella me lo ha notado. Lo veo en su cara, la conozco demasiado bien.
Entonces me toma del brazo.
-Hijo, ¿puedes venir un segundo?
Y siento un agobio en mi interior, porque ese tono y esa mirada la he visto antes, justo el día en que mis padres me confirmaron lo que por mi curiosidad había descubierto mucho antes, que era adoptado.
Sin darme cuenta busco a Mina, seguramente para ver si me pide algo o me suplica cansada que nos vayamos ya y me salve de esta situación. Sin embargo, a estas alturas debí saber que eso no pasaría, que Mina nunca me reclamaría si está mi madre de por medio.
-Os espero en el coche, con los pasteles.- dice. Se despide de mi madre y yo lo veo todo como desde la lejanía.
No quiero que se vaya, no quiero quedarme solo en estos momentos. Necesito su apoyo, no quiero volver a enfrentar esta clase de situaciones en soledad.
-Ven, por favor, quiero darte una cosa.
Mamá me estira del brazo y aunque mi mente sigue puesta en Mina yo la sigo.
Me lleva hasta la habitación de mis padres, de un cajón saca un libro y me lo tiende.
La curiosidad es mi gran característica y siempre tengo ganas de ver, leer, estudiar y contemplar todos los sucesos que trascurren a mi alrededor, pero por algún extraño motivo no quiero saber nada de ese libro. Algo en mi interior me dice que abrirá viejas heridas, cosas que, en teoría, ya tengo superadas.
Tengo curiosidad por todo, pero a veces es mejor ignorar algunas cosas para no sentir dolor.
Pero mi madre insiste.
-Llevo toda mi vida pensando si debería dártelo o no… pero ahora que vas a ser padre, creo que debes tenerlo, y de hecho me gustaría que lo tuvieses.- suspiro, me noto nervioso, siento esa opresión en el pecho de cuando era pequeño, de cuando no sabía quien era y no entendía porque mis padres no me decían la verdad. No obstante, mi maldita curiosidad hace que fije mi vista en el título. Es escrito a mano, se llama "Cuando estés en mis brazos".
-Mamá…- ni sé que decir, solo sé que no quiero una nueva lucha interna, un nuevo quebradero de cabeza por este tema. Soy feliz así, ¿para que remover las cosas?
Pero mamá ha tomado una decisión.
-Es un diario.
Lo suponía.
-Es de tu madre.
Lo sabía.
-De cuando estaba embarazada de ti.
Lo imaginaba.
¿Por qué mi mente casi nunca se equivoca?
Miles de contradicciones inundan mi mente, esa que casi siempre suelo tener clara, cuando oigo hablar a mi madre de mi madre. Suena raro, suena absurdo, suena doloroso. ¿No se da cuenta esa mujer que tengo en frente que mi madre es y será Yoshie Izumi siempre?
-Tú eres mi madre.- tengo un nudo en el estómago, pero mi voz logra salir con determinación.
Ella me sonríe, la misma sonrisa que llevo viendo desde que tengo memoria, ¿cómo no va a ser esa mujer mi madre?
-Cariño, entiendo tu respeto hacia nosotros, y a papá y a mí nos hace muy felices, pero no debes olvidar que tienes otros papás que desgraciadamente no pudieron disfrutar de ti, pero que te amaron mucho y tenían mucha ilusión por tenerte.
Cierro los ojos y vuelvo el rostro, porque soy incapaz de ver las lágrimas de mi madre, porque sé que pronto las derramaré yo.
Resulta tan duro afrontar esto.
No es que no quiera a mis padres biológicos, por supuesto que sí, de hecho, aunque hace tiempo que no lo hago, suelo ir al cementerio a visitarlos. Pero siempre es así, simplemente una fría lápida son mis padres. Algo que no pueda echar de menos, pero si les conozco más, entonces puede que haya cosas que eche de menos y me impida ser feliz.
No sé si es lo correcto, pero hace tiempo que decidí que en este tema no sería curioso, que no quería sufrir pensando en como habría sido la vida de esas dos personas e incluso la mía si no hubiese sucedido esa tragedia.
No puedo explicar eso con la lógica, ni con los números, ni con mi mente, esa que dicen que es brillante, por eso, prefiero no meditarlo.
Sacudo la cabeza.
-Te lo agradezco mamá, pero prefiero no saber más de lo necesario de ellos, ya lo sabes.
Me había negado a aceptar hasta una foto, porque no quería tener una imagen de ellos por miedo a que de repente un día, desbancasen en mi mente a mis padres en la definición de esta palabra.
Para mamá tampoco es fácil este tipo de situaciones, pero es muy comprensiva y lidia con estos temas mucho mejor que yo.
Deja el libro sobre la cama y abre otro cajón de la mesilla de donde saca una foto.
Luego se coloca a mi lado y me la muestra.
Por un momento pienso que es de mis padres biológicos y por eso tengo cierto rechazo a mirarla, pero de nuevo mi curiosidad guía mis ojos y me topo con mi madre, Yoshie Izumi, manteniendo a un bebé entre sus brazos.
-¿Soy yo?.- pregunto titubeando.
Trago con dificultad al ver como mi madre niega.
Cierro los ojos sintiéndome idiota y despreciable.
A veces olvido que ellos también perdieron un bebé, que ellos tuvieron un hijo y que ese hijo no era yo.
-Es Tenma, mi bebé.
Voy para atrás buscando una salida, pero acabo encontrando una silla en donde me siento.
Tengo ganas de llorar, de gritar o de abrazar a mi madre, y sobretodo tengo ganas de seguir mirando la foto de ese niño.
Mis padres nunca hablan de este tema, nunca hablan de él y por supuesto nunca me habían dicho ni su nombre, ni me habían enseñado una foto.
Y no es porque ya me tengan a mí, es porque les produce dolor, igual que lo que me sucede a mí con mis padres biológicos.
-Koushiro…- su voz está quebrada y yo ya notó la humedad en mis mejillas. Finalmente me ha contagiado sus lágrimas. Me toma la mano, es suave, es cálida, es de una madre.- tú eres mi hijo y eres lo que más amo en el mundo, pero eso no evita para que no haya ni un solo día de mi vida que no piense en este bebé, porque también es mi hijo y lo perdí.
No puedo ni empezar a imaginar que se siente al perder un hijo, porque está claro que de esta tragedia el que mejor parado salí fui yo. Perdí a mis padres, pero nunca les he echado de menos, porque he tenido unos padres maravillosos, pero ellos perdieron a un hijo, y por mucho que me hayan tenido a mí, jamás podrán olvidar a ese bebé que enterraron.
Soy tan egoísta.
-Tengo dos hijos, cariño…- me acaricia la mejilla con mimo. No suelo ser una persona cariñosa e intento no parecer demasiado emocional, pero con ella me deshago, por eso ya no hago nada más por retener mis lágrimas, por tomar su mano y besarla.- al igual que tú tienes dos mamás y dos papás. No lo olvides nunca, no te olvides de ellos.
No sé si me ha convencido, lo dudo porque yo suelo ser muy cabezota y solo cambio de opinión cuando yo mismo me demuestro que estaba equivocado, pero eso no evita para que asienta sus palabras y acepte ese libro.
El libro de mi madre.
...
Oigo media milésima de cada canal del televisor, acompañado de un suspiro de aburrimiento de Mina.
-¿Qué quieres que ponga?.- dice desganada.
No le presto atención, todos mis sentidos están en ese libro que mantengo entre mis brazos y que no me he atrevido a abrir. Un libro que tocó mi madre, que lo escribió y me lo dedicó hace ya treinta años, cuando todavía no sabía como era mi cara, cuando creía que iba a poder criarme y cuidarme. Antes de que le arrebatasen la vida.
¿Quién tiene valor para leer algo así?
Tiro la cabeza para atrás y resoplo agobiado, intentando que en ese suspiro se vayan todas mi dudas, mis miedos y mis inseguridades.
En teoría, es un regalo poder leer algo como esto, pero para mí era algo que no tenía planeado, y por lo tanto tenía que pasar por mi intenso método analítico.
Siempre tengo que pasar todo por la mente, ¿por qué no podré ser alguna vez pasional y atrevido y hacer las cosas con el corazón? Si así fuese ya lo habría abierto y seguramente estaría llorando de emoción al leer, por primera vez, unas palabras de mi madre biológica dirigidas a mí.
Pero yo no soy como Taichi o incluso Yamato.
Yo no me guío por sentimientos, a mí no me dominan. Yo dejo que sea el cerebro el que tome todas las decisiones.
Inmerso en mi dilema, vuelvo la cabeza a la izquierda y a la derecha, encontrándome ahí los ojos de Mina. ¿Cuánto rato lleva mirándome así?
-¿Me vas a decir ya lo que te pasa?.- me suplica.
Y ahora querría hacer algún puchero, dejarme caer sobre sus piernas y esperar a que me hiciese mimos, pero no lo hago, porque no es lógico, ni racional. Eso no aliviará mis problemas, ni hará que estos dilemas desaparezcan de mi cabeza.
Por eso, me limito a hacer una mueca de despreocupación.
-No me engañas, llevas pegado a esa cosa desde que saliste de casa de tu madre y aunque no me lo digas sé que has estado llorando.
Esta preocupada y triste, y yo no sé como actuar. Normalmente no suelo ser una persona que de motivos para que mi alrededor se preocupe o se ponga triste.
No me gusta que Mina sufra por mi culpa, tampoco me gusta ocultarle cosa. Quizá, no sea tan innecesario desahogarse con otras personas, tal vez, ella me dé ese valor que me falta.
-Es un diario.- se lo muestro, ella lo toma con interés.- lo escribió mi madre cuando estaba embarazada de mí.
-¡Que bonito!.- exclama, abriéndolo con emoción.
-Mi madre biológica.- acoto, y ella levanta la cabeza con sorpresa. Sin saber como reaccionar, seguramente piense que cualquier cosa que diga en ese momento pueda ser una metedura de pata y me pueda sentar mal.
Nada más lejos de la realidad.
Curiosamente, sin contar mi familia, solo Tento y ella saben que los Izumi no son mis verdaderos padres. Nunca se lo he dicho a nadie más porque sentía que era como renegar de mis padres y no quería que eso fuese así, pero evidentemente, con la mujer que amo y decidí pasar el resto de mi vida y formar una familia debía ser completamente sincero.
Quería que supiese de mí tanto como sé yo mismo.
Mina ya lo manosea con nerviosismo y lo mira con lejanía. Creo que no se siente con el derecho de leerlo, sin embargo, en ese momento me doy cuenta de que no existe otra persona en el mundo que quisiera que leyese ese diario.
La mujer que lleva a mi bebé en su vientre, a mi Chikako, ¿quién mejor que ella para comprender a la mujer que me llevó a mí?
-¿Puedes leerme algo?.- pido con seguridad.
Alza la cabeza, me mira con ese amor que hace despertar mis sentimientos y querer mostrarlos, y me sonríe, bajando la mirada al libro.
Ahora mismo no sé lo que va a pesar, lo que me voy a encontrar y cual va a ser mi reacción, por eso tengo miedo, pero no me importa, porque sé que Mina cuidará de mí.
Tomo su mano, hago un gesto con la cabeza para que empiece y cierro los ojos.
Quiero recrearme en este momento, dejar que ella penetre en mí, conocer por fin a la mujer que me dio la vida.
...
"Hola mi Koushiro, hoy estás muy revoltoso, es raro porque tú de normal eres muy tranquilito, pero no te preocupes, estoy tan feliz llevándote dentro de mí que no me importa que me des unas patadas de más.
Hoy ha sido un día muy agotador, tu padre, como de costumbre, se ha pasado el día haciendo números y cosas de genio, pero como hace tan buena tarde al final le he convencido para que dejase todas esas matemáticas del diablo a un lado y saliésemos a dar una vuelta.
Estamos en el parque, y soy feliz porque no puedo para de imaginar cuando tú estés fuera de mi barriga y papá y yo te paseemos por este parque. De hecho creo que ya nos vemos a los tres agarrados de la mano caminando en el horizonte.
Luego imagino a papá sacando su calculadora y empezando a hacer números como está haciendo ahora, a pesar de que me había prometido que estaría desconectado de esas cosas… pero bueno, se lo perdono. Imagino que tú y yo nos tiraremos en la hierba, te cantaré alguna canción y luego miraremos la forma de la nubes. Podríamos decirle a papá que juegue con nosotros pero la última vez que jugué con él a esto solo veía raíces cuadradas, cosenos, y el número pi…
Ya conoces a tu padre, parece que vive siempre en otro mundo, pero es muy bueno, sensible y nos quiere muchísimo.
Seguro que te preguntas como dos personas tan diferentes congeniamos tan bien y de hecho es una pregunta que yo me hago muy a menudo, pero luego lo miro y me doy cuenta de que jamás podría estar con otra persona que no fuese él, a pesar de que él quiera a las matemáticas más que a mí… es broma peque, ya nos conoces.
Me pregunto como serás, ¿serás un genio adicto a las fórmulas como tu padre o un amante de la naturaleza y el aire libre como esta loca que te escribe?, o igual eres una mezcla de los dos. Seguro que sí, seguro que eres una mezcla perfecta.
Creo que te voy dejar ya mi niñito, tu padre se está poniendo de los nervios porque una abeja está volando muy cerca de él y necesita volver al refugio, lejos de insectos voladores. No le digas que te lo he dicho, pero papá tienes pánico a los insectos, sin embargo a mí me encantan, de hecho hasta alguna vez he soñado en ir montada en un insecto gigante. Sé que es una tontería, pero me apetecía compartirlo contigo, de alguna forma, sé que me entiendes, ¿verdad mi Kou?
Lo dicho, que encima ahora se le están volando los apuntes, ya me lo imagino en casa "tres días de trabajo volando por el parque, la última vez que salgo a tomar el aire". No debería reírme, pero es que hace unos gestos muy graciosos cuando se enfada y se desespera, ¿los harás tú igual?
Dentro de poco lo sabré. Estoy deseando verte, abrazarte y decirte a la cara lo mucho que te quiero mi pequeño genio.
Te prometo que haré lo posible por ser la mejor madre del mundo y tu padre lo mismo.
Vamos a ser muy felices, te quiero Koushiro.
Esperándote pacientemente, se despide tu mamá."
...
No puedo decirlo con seguridad, pero creo que había empezado a llorar como un niño desde la primera línea y ya no había podido parar.
Siento las manos de Mina limpiar mis mejillas y yo no hago nada por hacerme al autosuficiente, porque quiero que me las limpie, que me consuele, compartir este momento con ella.
Me acurruco en su barriga y dejo que me acaricie, que me sosegue y me diga cosas dulces.
Pronto cierro los ojos y en mi cabeza no dejo de escuchar las palabras de mi madre.
Estoy feliz por descubrir esto, pero por otro lado siento una profunda angustia por ella, por mi padre, por lo adoptivos, por mí, por Tenma, por todo. Todo es muy cruel, ¿por qué demonios el destino fue así?, mi madre tenía derecho a tenerme y mi otra madre tenía derecho a no ver morir a su hijo.
Es imposible encontrar una explicación a este drama y por eso me aturde, me afecta y me bloquea. ¿Qué se supone que tengo que pensar?
Por eso no deseaba saber nada de ellos, porque no quería encontrarme en esta situación. No quería pensar como hubiese sido mi vida si ellos no hubiesen muerto, pero ahora sé que habría sido perfecta, y eso me duele, me hace echarlos de menos.
Lentamente mis pensamientos dejan de fluir, van siendo más abstractos e ilógicos y en cuestión de segundos, ya estoy dormido.
...
Al despertar lo primero que me llama la atención es el sabor salado en mi boca. Enseguida me doy cuenta que son las lágrimas ya secas que he derramado en sueños.
Somnoliento, levanto la cabeza para ver que sigo estando en el mismo sitio que cuando me quedé dormido, en la tripa de mi esposa, junto a mi hijita.
-¿Ya estás más tranquilito mi amor?.- me pregunta mientras me acaricia el cabello y la cara como si fuese un perrito.
Asiento mientras me recompongo.
Interiormente estoy destrozado, pero al menos ya me siento capacitado para volver a controlar mis emociones.
Pasas unos minutos en absoluto silencio y entonces, vuelvo a notar la mano de Mina sobre mi espalda.
-¿Estás contento por haberlo leído?
Fijo la vista en un punto de la nada, reflexionando esa pregunta, averiguando si tiene una respuesta real o dijese lo que dijese sería mentira. Como es la segunda opción opto por no decir nada.
No sé si estoy contento o no sé si me arrepiento, la verdad que ahora no sé que pensar, en realidad ni me apetece pensar, cosa que no me había sucedido nunca.
-No busques respuestas, porque estas cosas no tienen respuesta.
Su voz me da calma, consigue que de verdad quiera mantener la mente en blanco, sin ansiar saber más o menos. Me basta con que ella esté a mi lado.
De repente me entran ganas de sonreír, porque es curioso que los seres que más me conocen sean siempre los que ponen en duda mi capacidad de encontrar respuestas para todo.
Evidentemente que no las tengo, pero me gusta pensar que las puedo encontrar, sin embargo Tento primero y después Mina son los que me recuerdan que es imposible que pueda tener todas las respuestas.
Mucho menos en esta clase de temas, donde no es que no las pueda encontrar, es que directamente no existen respuestas, solo sentimientos.
-Gracias.- le digo, dándome cuenta de que es lo que quiero hacer en este momento.
-¿A dónde vas?.- me pregunta intentando seguirme, yo se lo impido.
-No me llevará mucho, lo prometo. Mejor quédate aquí, no quiero que te canses.
Mina mira su barriga y con ternura la acaricia.
-De acuerdo, pero no tardes por favor.
Le dedico una sonrisa de seguridad y sin perder más tiempo abandono mi hogar.
Necesito ir a un lugar en estos instantes, pero no voy solo, le pido a Tentomon que me acompañe.
No sé exactamente que pasará cuando de nuevo esté frente a sus lápidas, pero lo que sí sé es que si existe alguna repuesta en mi corazón solo la encontraré en ese lugar.
...
-Hacía tiempo que no venías aquí.- me dice mi compañero.
Yo no respondo, mis ojos están presos de los nombres inscritos en la piedra de las personas que me dieron la vida.
Respiro, cierro los ojos, busco la respuesta en el viento, pero me doy cuenta de que no está ahí.
Entonces lo veo, sé donde está la respuesta que tanto he andado buscando. Está en mi casa, en el vientre de mi mujer, está en esa niña que cualquier día de estos nacerá.
Mi hija tiene todas las respuestas a todas las preguntas que me pueda hacer como hijo, porque dentro de poco ya dejaré de ser únicamente hijo y me convertiré en padre. Chikako me convertirá en padre, me pondrá en el lugar de mis padres, de los cuatro.
Aún no ha nacido y ya sabe más que yo, me da lecciones de vida.
Sonrío entendiendo a mi madre, porque yo también me imagino su cara y tengo ganas de verla, abrazarla, y compartir con ella mi vida. Entonces me entra una angustia terrible, porque imagino que por un momento me arrebatan esa posibilidad, me niegan mi derecho y mi ilusión de criar y ver crecer a mi hija.
Me entran ganas de llorar. Ahora entiendo a mis padres.
Poso la mano en la lápida y abro los ojos.
-Hola mamá, papá….- aún me resulta raro llamar así a alguien que no sean los Izumi, pero tampoco me sale dirigirme a ellos de otra forma, mucho menos después de leer las palabras de su diario.- sé que hace tiempo que no venía y que por mucho que haya estado ocupado no es excusa, lo siento, pero hoy quería compartir con vosotros algo importante: voy a ser padre, es decir, vais a ser abuelos. Seguro que estáis muy contentos por mí aunque resulta doloroso pensar que vosotros estuvisteis privados de ello a pesar de haber tenido un hijo, a mí.
»Ya os he dicho muchas veces que no os preocupaseis porque tuve los mejore padres del mundo y no los cambiaría nunca. Sé que esto no os sentará mal, es más, sé que seréis felices por ver lo bien que me ha ido y lo mucho que los Izumi me han amado y me aman.- hago una pausa, resoplo tratando de contenerme. Miro a Tentomon, me invita a continuar a pesar de sus ojos lagrimosos.-… además, sé que vosotros allá donde estéis, también habéis sido padres, porque también había un niño que cuidar, Tenma Izumi, el hijo de mi mamá, mi… hermano. Él es vuestro hijo también y estoy seguro de que le habéis querido como si se tratase de mí, porque es lo que a mí me ha pasado con mis padres. Les amo como si fueseis vosotros.
»Gracias por todo, os prometo que lo más pronto posible Chikako sabrá de vosotros y vendrá a veros, porque es vuestra nieta y quiero que sepa lo mucho que le quieren todos sus abuelos, los vivos y los que ya no están aquí desgraciadamente. Nunca os olvidaré y mi descendencia tampoco. Os quiero.
Al finalizar siento que un gran peso de mi corazón se desvanece, que por fin he encontrado esa respuesta sin pregunta. Me siento satisfecho, feliz y con la completa seguridad de que ellos, en algún lugar o de alguna forma también estarán felices.
Siento que ellos viven, no dentro de mí exactamente sino en mis padres adoptivos, son todos uno. De alguna forma creo que es así y me gusta pensar que así sea, aunque no sea lógico, ni analítico. A veces es el corazón el que te da las mejores respuestas y al que tienes que hacer caso.
Comparto una sonrisa con Tentomon, notando que mis ojos también están humedecidos.
-Estoy orgulloso de ti Koushiro-han. Tienes una verdadera familia.- dice y me reconforta. Me convence de que es verdad, aunque no es necesario, porque yo ya sabía que era verdad.
Sigo con la mente dispersa y arriesgo de sonar impropio en mí, me gusta tener la mente dispersa. Sin pensar en nada en concreto, solo recreándome en sensaciones, pero entonces, una alarma me hace volver a tierra firme.
Miro mi busca y no puede ser lo que veo, pero es verdad, Mina se ha ido al hospital, se ha puesto de parto.
-¿Qué sucede?.- me pregunta Tento.
Lo miro con una tranquilidad que ni yo entiendo.
-Mi hija va a nacer.
Tentomon da un respingo y empieza a revolotear en estado de nervios, lo que me causa mucha gracia.
-¡Pues vamos al hospital!, ¿quieres que digievolucione?
Es curioso, pero no siento ningún tipo de temor ni nervios, seguramente sea una manera de autoprotegerme, pero por alguna razón me siento capacitado para tomar esto de una forma racional.
-Sabes que está prohibido digievolucionar en el mundo real.- le comunico y veo que Tentomon se queda asombrado.
-¡Es una razón de peso!.- exclama, poniéndose delante de mí.- ¿por qué no estás de los nervios como se puso Jyou, Yamato, Ken o Taichi cuando nacieron sus hijos?
La imagen de mis amigos aparece en mi cabeza, concretamente la del último nombrado, Taichi Yagami. La persona que más admiro y más confío desde hace muchos años. El líder de mis aventuras, el que confió en mí en las situaciones más extremas y me hizo tener seguridad en mí mismo. Mi mejor amigo.
Echo una rápida mirada a la lápida y de repente veo todo como si fuese en código binario, de nuevo mi mente analítica toma las riendas, llegando a una terrible conclusión.
No puedo permitir que mi hija nazca sin asegurarme de que tendrá el mejor padre del mundo.
-Primero tenemos que ir a otro sitio.- le digo a mi compañero.
No lo entiende, pero casi nunca entiende mi comportamiento, pero eso no evita para que me siga, lo que me hace profundamente feliz.
...
Me abre la puerta mi amigo, se sorprende al verme.
-¿Sabes que estás siendo padre?.- me pregunta acelerado.- ahora mismo iba para el hospital. Venga, te llevo.- me da un empujón, pero yo no me muevo.
Antes de todo debo hacer esto, se lo debo a Chikako y también a mis padres.
-Taichi, primero tengo que decirte algo.
Entiendo que él alucine por mi estado de calma. Todavía recuerdo cuando Taiyou nació y la de tilas que ese hombre se tuvo que tomar. Esta claro que somos muy diferentes, pero yo siempre he sabido templar mis emociones, cosa que no significa que no las tenga, por eso tengo que hacer esto rápido, no quiero perderme el nacimiento de mi hija.
-Me lo dices de camino.- insiste en avanzar.
-¡Es importante!.- reclamo.
-¿Mas importante que tu hija?
Bajo la mirada. Por supuesto que no hay nada más importante que ella, pero es cuestión de orden, y esto lo debo hacer antes de que nazca.
Respiro fuertemente, le miro a los ojos, esos que tanta confianza me dan como para por fin comunicarle mi máximo secreto.
-Soy adoptado.
Taichi ya estaba abriendo el coche, pero se detiene para mirarme. Estudia mis gestos, se extraña y finalmente se queda sin palabras.
-¿Estás seguro?, si tienes la nariz de tu madre.
Giro los ojos con agotamiento, recordando porque motivo no me gusta hablar de mis intimidades con mis amigos. Son unos bocazas sin tacto y siempre hablan sin pensar.
-Taichi.- mascullo molesto.
Este agita la cabeza, supongo que para asimilar no solo la noticia sino que se la comunique en un momento tan importante para mí.
Se acerca.
-Perdona pero, ¿estás seguro de que quieres hablar de este tema en este momento?, lo digo porque en el hospital hay una princesa hindú cagándose en ti y en todos tus antepasados sean adoptivos o no.
Debo reconocerlo, también me hacen gracia los comentarios sin sentido de mis amigos.
-No, Mina no es así.
-También pensaba yo que Akane no era así y no veas la cantidad de insultos que salieron por esa boca cuando el cabezón de mi hijo se abría paso por su entrepierna.
Cierro los ojos para sacar esa imagen de mi mente. Taichi siempre tan innecesariamente explícito.
Suspiro regresando la conversación a su cauce. No tengo más tiempo que perder, pero debo dejar todo atado antes de que Chikako llegue al mundo.
-Sé que no es el momento y que no te lo esperabas pero debo hacerlo antes de que nazca mi hija, es importante.
Por fin me presta un poco de atención, quizá ha entendido mi tono apurado. Noto que apoya la mano en mi hombro.
-Koushiro, ¿estás bien?
-Estaré bien cuando te pida esto y tú me lo prometas.
-¿El qué?, ¿de que hablas?
Le debo estar confundiendo y asustando, porque yo siempre suelo ser claro y preciso en mis palabras. No me gusta eso de irme por las ramas.
Por lo que decido afrontar el tema de una buena vez.
-Taichi, quiero que me prometas que si alguna vez a Mina y a mí nos sucede algo, tú y Akane cuidaréis y querréis a mi hija como si fuese vuestra.
Ha quitado la mano de mi hombro y da unos pasos hacia atrás perplejo.
Normal, supongo que no le deben de hacer esta clase de peticiones todos los días.
Yo le mantengo la mirada, porque necesito que me responda y lo haga con el corazón, que me diga que sí y solo entonces podré ser padre tranquilo, sabiendo que en mi ausencia, Chikako tendría los mejores padres del mundo.
-Ah… uh…- pestañea como si viese una alucinación y se lleva las manos a la cabeza.
-Sé que te pido mucho, pero necesito saberlo, necesito que me lo prometas. Necesito estar seguro de que todo estará bien en caso de que falte. No podría morir con esta intranquilidad de saber que le pasaría a mi pequeña.
Sigue asustado, creo que incluso conmovido, pero eso no evita que me mire con determinación y que me agarre de la camisa.
-¡Mierda Kou!, ¿qué demonios estás hablando?, a tu hija la cuidarás tú y tu princesa hindú.- vi terror en su mirada, soltándome cuidadosamente y mirándome con atención.- ¿no te pasará algo, no?, ¿estás enfermo o…
-No.- apresuro a negar, antes de preocuparlo más.
-¿Entonces a que viene tanto drama?
Giro la cabeza intentando no ponerme demasiado sentimental, pero es imposible controlar las lágrimas y en el fondo, tampoco quiero remediarlas ante mi mejor amigo. A fin de cuentas le estoy pidiendo un gran favor, tiene derecho a ver mi corazón.
-Porque mis padres murieron sin saber que sería de su hijo. Yo he tenido la suerte de que mis padres adoptivos han sido los mejores que haya podido tener, solo quiero tener la tranquilidad de que Chikako correría la misma suerte que yo.- acabo y Taichi se queda sin palabras, creo que incluso se emociona conmigo.- por favor, necesito que me lo prometas.
Sé que muy seguramente no es consciente de lo que le estoy pidiendo, tampoco de lo que está pasando a su alrededor, porque han sido noticias inesperadas e impactantes en muy poco tiempo, pero observo con una profunda alegría como asiente, incluso puedo apreciar seguridad en su mirada.
Respiro tranquilo y sonrío.
Ahora sí estoy preparado para ser padre.
...
Los sucesos se trascurren excesivamente deprisa para mí porque me gusta que las cosas sean más tranquilas, que me de tiempo a experimentar y analizar todo lo que me rodea, sin embargo, en ese instante tampoco medito esto en profundidad.
No quiero estudiar nada, solo que todo salga bien, que mi amor esté tranquila y tenga un parto bueno, y por supuesto que tanto mi niña como ella salgan en perfectas condiciones de este maravilloso acontecimiento.
Un momento, para el que tampoco existen respuestas.
Para mi felicidad todo sale bien, puedo ver nacer a mi hija, esa pequeña niña tan pelirroja como yo y tan guapa como su madre.
Es un momento único y mágico, de completa felicidad, en este momento ni mi alma, ni mi corazón, ni tan siquiera mi mente ansían nada más. Ni por todo el conocimiento del universo cambio este momento, porque mi universo y todo lo que deseo conocer descansa en mi regazo.
Sonrío, viendo que, como diría Taichi, mi princesa hindú me mira desde la cama. Su rostro refleja cansancio y esfuerzo, pero aún tiene ánimos para sonreírme e incluso tenderme la mano. Con cuidado para no perturbar a mi niñita le correspondo el agarre, mientras envuelvo con el otro brazo por completo el pequeño cuerpo de mi hijita.
-Gracias, te quiero.- le digo y ella sonríe más, suspira, dice algo que no llego a entender, pero que seguramente sean palabras de amor y cierra los ojitos exhausta.
Dejo que descanse, prometiéndome que cuidaré de su sueño, no solo ahora, sino toda mi vida, y de nuevo dirigido mi mirada al pequeño ser que acaba de llegar al mundo.
Se llama Chikako Izumi y ella por fin me ha hecho entender que es lo que sintieron mi madre biológica y mi madre adoptiva cuando Tenma y yo estuvimos entre sus brazos, porque con ella he descubierto que un segundo sujetándola, mirándola y amándola con todo mi corazón, compensa a todo una vida lejos de ella.
-OWARI-
.
N/A: aquí está el capi de Kou. No sé como me quedó exactamente porque creo que meterse en la mente de Kou es bastante complicado, más si quieres hablar de su trauma con sus padres. Pero bueno, hice lo que pude.
Por cierto que lo que me animó a hacer este capi fue el fic dedicado a nuestro Kou de mi querida Amai do "Lo mejor del mundo", así que gracias por tu inspiración.
Eso es todo, espero que haya gustado o por lo menos entretenido. ¿Algún candidato para el próximo?, aunque es posible que sea candidata, se llame Mimi y aparezca en el fic hermano de este que se titulará, como no "Haha no Hi". XD
Me hace ilusión contar estas historias y espero poder hacerla pronto.
Hasta entonces, gracias por leer. Soratolove/sorato4ever
Publicado: 10/06/2012
