El compromiso
Han pasado dos días, después del aparatoso accidente en la cocina y no teniendo dónde ir, David les ofreció su casa, pero ellos se sentían incómodos y decidieron pedir alojamiento en la casa de su progenitora.
Después de hablar con su madre, los gemelos habían quedado de ir a vivir con ella unos días, ya que su apartamento estaba desecho, esperarían a que el seguro lo arreglara lo más antes posible.
- Vamos Bill, aquí no hay nada, todo está carbonizado. -le decía jalándolo de la mano, dirigiéndose al auto, para llegar a la casa de su madre.
Bill ve por última vez su apartamento, ese que fue testigo del amor que se profesaba uno al otro.
- Volveremos. -termina, siguiendo a su hermano.
- Te amo Bill. -Abrió la puerta de su auto, para que este subiera.
- Yo también. -Contestó.
Tom llevaba las manos en el volante y de vez en cuando miraba el anillo de su compromiso con Bill, era algo hermoso, todo lo que había pasado ese día, apartando el incendio, todo había sido perfecto.
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Su madre los recibió muy alegre, a pesar de estar resentida con ellos, por la decisión que habían tomado de vivir juntos como pareja, seguían siendo sus hijos y los amaba por sobre todas las cosas.
Sobre todas.
Tom decidió que deberían contarle lo de la boda a su madre, pero tendrían que preparar el terreno, así, Simone no moriría de un ataque al corazón.
- Solo dos cosas quiero pedirles. -Simone les miró seriamente, cuando llegaron. -Van a dormir en cuartos separados y -dijo alargando la última palabra. -no quiero que se anden tocando o dándose besos enfrente de mí, ni atrás de mí, respetarán mi casa, y mis reglas. -
Los gemelos se quedaron viendo unos momentos.
- Si, mamá, haremos lo que tú dices. -terminaron de escuchar y cada uno subió y entró a su propia habitación.
Bill detestaba todo eso, pero tenía que soportarlo, ya que no tenían dónde ir, trataba de comprender a su madre, es cierto que no era fácil asimilar que sus dos hijos se querían más que como hermanos, así que se tenía que resignar a estar sin Tom algunos días.
Le sería difícil porque ya había pasado más de dos años viviendo con él, sintiendo su piel y aspirando ese olor tan embriagante de su gemelo.
Tom pensaba en lo mismo, y el solo hecho de imaginarse a Bill, hacía que su entrepierna doliera. Estaba tan acostumbrado a él, que esos pocos segundos de alejamiento, le eran una eternidad.
El tocar en la puerta lo sacó de sus pensamientos.
- Pasa. -contestó. -Está abierto.-
- ¿Qué tienes hijo? -preguntó Simone al ver cabizbajo a su hijo mayor.
- No es nada mamá.
- Ya sé que es, solo entiéndeme un poco, no puedo acostumbrarme a esto. -se sentó a la par de él y lo abrazó. -Los amo mucho, a los dos, sólo denme tiempo. -pidió Simone, parándose. -Saldré a comprar las cosas de la cena, no pensé que vendrían así que no preparé nada y no quiero que coman pizza, hoy quiero que coman saludable.
- Está bien mamá. -
- Sólo una cosa más. -Tom pensó que era otra advertencia.
- Si, no te preocupes no haremos nada. -
- No estoy diciendo nada, Tom, solo es que la regadera de ese baño está mala, no la he mandado arreglar y como nadie duerme aquí, decidí que quedara así.
- Está bien, le diré a Bill que me deje usar el de él. -
- No. -dijo Simone, rápidamente. -Bueno, ya sabes, pórtate bien. -
Dejó un beso en la frente de su hijo y lo dejó solo en la habitación.
- Adiós Bill. -su madre fue y se despidió de él. -Ya regresaré para prepararles la comida.
Bill asintió y la vio alejarse escaleras abajo. Tendría al menos media hora de intimidad con Tom. Después de casi tres días de apenas tocarse o besarse.
Pero primero se daría un buen baño, así que tomó una toalla y se desvistió camino al baño.
Le había prometido a su madre respetar la casa, pero en esos momentos deseaba tanto besar a Bill que decidió ir a su habitación, con una toalla en mano para tener el pretexto de que se quiere bañar, conociendo a su hermano, haría lo que su madre les ordenó, pero intentaría aunque no saliera como él quería.
- ¿Qué haces Bill? -pregunta Tom, mientras abre la puerta de la habitación. Escuchando la regadera, e imaginándose a su gemelo desnudo y mojado.
- Bill. -replica, llegando a la puerta del baño.
- Tom, ¿Eres tú? -preguntó, se escuchó que el agua fue disminuyendo.
- Si, Bill, es que mi regadera esta mala y quiero bañarme, así que apúrate para poder entrar yo. -gritó, para que escuchara su gemelo.
- No saldré ahorita, pero si quieres entrar. -se escuchó el descorrer de la cerradura de la puerta. -adelante.-
No se lo pensó dos veces y entró al cuarto de baño, donde puede ver a través de la cortina el cuerpo desnudo de su gemelo.
Cerró con llave la puerta no quería ser encontrado por su madre, allí con su hermano. Se quitó rápidamente la ropa, para quedar completamente desnudo.
Se coló en el baño, y abrazó a Bill por la espalda. Dándole vuelta para quedar de frente.
- ¿Qué haces aquí Tom? -
- Tú me invitaste a entrar. -le agarró de las caderas acercándole, para poder rozarse contra él. Estaba duro, tres días sin su Bill eran mucho. -Te deseo. -le susurra al oído.
La tibia agua recorría el cuerpo de los amantes, mientras estos gemían de placer al sentir sus cuerpos, húmedos y calientes, tan cerca uno del otro, se besaron apasionadamente, sin dejar de masajear sus carnes.
Tom agarraba el trasero de Bill, haciéndole gemir. Le dio vuelta para que sus nalgas quedaran cerca de su erección y así apoderarse de ese blanco trasero que lo traía loco.
- Oh Tomiii!! Así... Tomii!!! Te extrañé. -lloriqueaba al sentir el duro pene en su entrada.
Jaló el cabello de su gemelo dejando su cabeza para atrás, lamió mordió y lamió su cuello, con deseo.
Lo pegó contra la pared y empujo su miembro dentro de él, haciéndole pegar un grito.
- Con cuidado Tomi, recuerda que estamos en la ducha. - le decía, mientras lleva sus manos al trasero de éste y acariciándolo.
- Perdón Bill, solo déjame hacer el trabajo. -saco su miembro y lo introdujo en la entrada lentamente.
Solo se podía escuchar el chocar de sus pieles húmedas, los chasquidos de cada embestida..
Gemidos, resoplidos y gimoteos.
- Bill... eres tan hermoso. -gemía, mientras golpeaba su pelvis con las nalgas de su gemelo.
- ¡Mmm... Tomi eres tan grande! -gemía, mientras sentía la dures de su hermano moverse dentro de él.
- ¡ugh! Bill, que suave eres y tan... tan caliente, te amo lo sabes, te amo. -lloriqueaba contra el cuello de su hermano, sintiendo la calidez de estar dentro de él, sintiendo sus caderas moverse al compás de las suyas.
Con una de sus manos, agitaba el pene de su igual tratando de llevar el mismo ritmo, para que los dos sintieran el clímax al mismo tiempo.
- Maldita sea Tom, que rico me lo haces. -sintió un escalofrío recorrerle la espalda, al sentir cómo el pene de su gemelo rozaba su próstata, haciéndole gimotear, llegando al punto de llorar del placer que sentía en esa ducha.
- Te amo Bill. -le decía al oído, con cada embestida. -Eres delicioso Billi, no sé vivir sin ti.-
Podía sentir como su pene se ponía más y más duro, dentro del chico.
- Oh por dios Bill, me vengo... ¡!!aaaahhh!!! Oh Bill te amo.
Juntos llegaron al orgasmo, sintiendo como el placer sacudía su cuerpo violentamente, como se llenaba cada uno.
Un beso selló ese acto de amor, siguieron acariciándose y besándose mientras el agua tibia recorría sus cuerpos desnudos.
- Bill, ¿Estás allí? -era Simone, había llegado antes o se habían tardado mucho. - Voy a entrar hijo. -dijo, mientras se escuchaba la puerta abrir.
Dejaron de Besarse y el miedo les invadió, el gemelo mayor le hizo señales a su hermano para que le contestara.
- Si, mamá, estoy en el baño, ya voy a salir. -su vos se escuchaba rasposa.
- ¿Dónde está tu hermano? -indago, la voz de su madre se escuchaba agitada. -No me mientas Bill Kaulitz. Sé que Tom está contigo, les dije que no quería que pasara esto.
-No mamá, él no está aquí. -respondió, con miedo el pelinegro.
-Bajaré y quiero verlos a los dos en la sala, rápido, no me hagan esperar. Les haré pagar esto. -realmente la voz de su madre les daba miedo, estaba enojada con ellos.
Tom fue el primero en salir, se sentó en la cama de su gemelo, mientras éste se vestia.
- Por dios, Bill, juro que te haría el amor otra vez, eres tan sexi. -el de rastas sólo estaba con una toalla cubriendo su entre pierna, tenía que cambiarse pero no se perdería el momento de ver a Bill vestirse.
El pelinegro se agachó para agarrar una de sus camisas que estaba en la última gaveta de su cómoda, dejando que su hermano viera su trasero en todo su esplendor.
- Me voy. -anunció Tom, amarrándose la toalla alrededor de su cintura. -Si me quedo un poco más tendré que follarte.
Le mando un beso y le guiñó el ojo. -Te amo Bill, recuérdalo.
Una vez en la sala, se quedaron esperando unos minutos a su madre.
- Creo que le tenemos que decir Tom. -le pidió a su gemelo, agarrando su mano y entrelazándola con la de él.
- Si, Bill, es lo mejor. -terminó y le dio un beso en la mejilla.
En ese momento su madre entró.
- Les dije que no quería cochinadas en mi casa. -Simone estaba siendo muy severa con los gemelos. -Así que, si quieren quedarse, bueno, solo uno puede estar aquí, le dije a Jörg que le diera posada a uno de ustedes, así que decidan cual de los dos.
Los Gemelos se quedaron viendo un momento, esperando que la bendita conexión les ayudara en algo, así no hablar en vos alta.
- Pues nos vamos los dos. -dijeron al unísono.
- Que tercos son ustedes, realmente, ¿Dónde irán? -
-Cualquier lado es mejor, no podemos estar uno sin el otro, mamá comprende. -Tom estaba siendo sincero con su madre, iba a pelear por el amor de su hermano.
- Mamá nos vamos a casar. -Bill tiró todo de una boconada.
Simone cambió a mil colores, había escuchado bien, primero eran hermanos e incestaban, ahora se querían casa, el mundo realmente se estaba volviendo loco o ella lo estaba ya y no se había dado cuenta.
En ese momento sonó el timbre de la casa, dieron gracias a Dios, por quien fuera que llegó en ese momento tan intenso.
- Buenas tardes. -dijo Jörg.
Lo que les faltaba, su padre, pero era mejor así, ahora sería oficial su compromiso.
- Siéntate. -pidió Simone, a su ex marido.
El hombre tomó asiento, y les dirigió una sonrisa a los gemelos.
-¿Cómo han estado chicos? -indagó.
En ese momento el timbre sonó otra vez. Parecía que no los dejarían hablar de su compromiso.
Georg, Gustav, David y Andreas entraban por la puerta.
- Vaya parece que hay reunión familiar. -bromeó Georg. - Traje una botella de vodka y algunas boquitas.
- Yo traje unos refrescos y más boquitas. -se unió Andreas. Saludando a los presentes.
Todos se sentaron alrededor de los gemelos, Simone llegó con una bandeja llena de vasos con refresco, para cada uno de ellos.
Todos dieron las gracias.
La madre de los gemelos se sentó entre ellos.
- Ahora sí, digan lo que estaban comentándome. -les pidió Simone.
Los gemelos se avergonzaron tanto que sus mejillas sonrojaron. Pero Tom agarró valor.
- Nos vamos a casar. -Anunció.
Georg que estaba bebiendo un sorbo de su refresco lo escupió todo sobre Gustav. Éste no dijo nada por que seguía en shock.
David se rió pero nadie le tomó importancia. Jörg se puso más serio de lo que en realidad era. Andreas solo observaba el ambiente.
- Así es. -agregó Bill. -Queremos que nos apoyen. -pidió.
Las voces de todos los presentes hacían un gran barullo y una plática inentendible. Así que Simone pidió silencio.
- No les prometo nada, solo déjenme descansar un poco.
Se alejó del lugar yendo a su habitación escaleras arriba.
- Está bien. -dijo Jörg, yo los apoyaré, pero, traten hacer algo con su madre, ella está muy mal. Compréndanla, ahora me tengo que ir.
Se despidió de los gemelos, los dejaría en casa de su madre, después de todo se iban a casar, ahora nadie los separaría.
Pensaron que pasarían solos esa noche, pero aquella pequeña plática con su mamá se volvió una fiesta de compromiso, los G´s mandaron a pedir pizza, David compró mas refresco e hicieron su fiesta hasta el amanecer.
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Notas finales:
Ahhhh!!!
Quieren venir a la Boda?... Reserven su Invitación!!
PD: muahahaha Ya me lo creo todo XD, espero les guste!, Se aceptan regalos para los Twins!!, para la fiesta de entrega de regalos!! XD
