Por petición de mis amables lectores, he aquí la continuación de esta historia :3
Advertencias: Ver el primer capitulo -o-
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Rapahel sabía que algo había sucedido el día que habían recibido aquel sobre de parte del bot ninja, desgraciadamente, no podía señalar con exactitud que era, sólo podía decir que aquello era referente a su hermano, Leonardo.
No por ello, lograba tranquilizarse, sino, todo lo contrario. Su estado de animo parecía tornarse cada vez más y más lúgubre, conforme pasaban los días, y seguía sin haber rastro del paradero del joven líder.
Sus ansías de golpear, hacer sangrar, obligar a suplicar al maldito de Shredder crecían a cada minuto, y desgraciadamente, no había poder en aquel momento, que lo alejara de aquellas tendencias destructivas.
Si Leonardo era sobreprotector, Raphael era el sopreposesivo de los cuatro. Su familia, era intocable, su tesoro más valioso. Que uno de sus hermanos resultara dañado, aun con la herida más leve, despertaba en él un instinto asesino, que no parecía saciar, hasta que desahogara su ira en el profanador que se había atrevido a dañarlos.
Que su hermano mayor estuviera lejos de él, en contra de su voluntad, se le figuraba la falta más terrible, y el hecho de no poder cobrarle a Shredder cada uno de los momentos angustiantes vividos, desde aquella terrible separación, lo hacían sentir a un borde de la locura.
Y fue con aquella misma locura que se dirigió a su hermano más joven, deseoso de respuestas, deseoso de saber algo sobre su líder, su hermano mayor, lo que fuera.
"'El también es mi hermano", dijo, con su tono más dolido, dirigiendo una mirada desesperada al más listo de los cuatro.
"No puedo decirte…no puedo", respondió Donatello, su mirada, haciéndole competencia a la del contrario, pero manchada con el conocimiento de algo mucho más siniestro.
Y sin importar lo mucho que había gritado, sin importar lo mucho que había golpeado, tirando cosas en su camino destructivo, sabiendo que eran importantes para la otra tortuga, solo obtuvo como recompensa una mirada dolida y llena de lágrimas de parte del genio de la familia. Sus labios fuertemente apretados, negándose a revelar la verdad que había manchado su alma.
Ver a su hermano mayor, su líder, en semejante condición, siendo abusado de semejante manera… no sólo era angustiante, sino que iba más allá de cualquiera de sus pensamientos racionales.
Nadie merecía un trato así, nadie merecía ser humillado de semejante manera.
Y definitivamente, Leonardo, aquel que se negaba a creer que siempre había algo de bien, incluso en la persona más malévola, que siempre estaba dispuesto a ofrecer, no sólo una oportunidad más, sino, las que fueran necesarias para demostrar que habías cambiado, aquel que siempre tenía una sonrisa gentil para las locuras de Michelangelo, aquel que siempre tenía un oído presto para cada una de las ideas que bombardeaba a Donatello a cada segundo, y aquella voz de la razón, que siempre parecía saber que hacer o decir cuando Raphael parecía haber perdido la visión, no merecía aquello.
La mirada gentil de su hermano, manchada por aquel dolor, sus lágrimas…
No lo podía soportar, deseaba poder arrancarse los ojos, antes de haber visto aquel dolor en su hermano.
Pero lo había hecho, y no permitiría que sus otros hermanos mancharan la imagen de Leonardo con aquel conocimiento. Prefería llevar el solo aquella carga, que empañar la esperanza que Michelangelo se esforzaba por inspirar, o, en el caso de Raphael, desatar aquella furia que parecía cada vez estar más en su límite máximo.
Por su parte, él se esforzaría, para evitar que su hermano continuara sufriendo de aquella forma.
Sin más, le dio la espalda a Raphael, ignorando el dolor en su mirada, y aquel dejo de traición que parecían reflejar sus ojos. Le dolía, pero era preferible.
Aquel dolor le permitía enfocarse en lo verdaderamente importante, trabajando sin descanso en el pequeño dispositivo que podría ayudarlos a localizar a su hermano.
No se daría por vencido.
"Pronto, Leo, muy pronto te encontraremos", susurró, mientras con el dorso de su mano limpiaba las molestas lágrimas que no dejaban de brotar de sus ojos. "Te lo prometo"
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¿Cuantas semanas habían pasado ya?
¿Cuatro? ¿Cinco? ¿Seis?
No sabía, había perdido la cuenta por completo.
Sin embargo, se le figuraba que ya habían pasado muchos años.
Ciertamente, se sentía más viejo, acabado, aunque su apariencia siguiera siendo la misma.
Cada día vivido en aquel lugar, parecía ser un año más perdido de su vida.
El brillo de sus ojos se había apagado, de eso estaba seguro, al igual que sus deseos de pelear y escapar de allí.
Si huía, ¿a dónde iría?
¿Con su familia? No podría verlos a los ojos, no como antes, sabiéndose el ser más sucio del planeta, totalmente corrompido, mancillado.
¿Las calles?. Sonaba tentador, pero, a parte de su hogar, con su familia, sentía que en ningún otro lado volvería a ser realmente libre.
Shredder se lo había advertido más de una vez.
'No importa a donde vayas…te encontrare…tengo, recursos, tengo gente, lo sabes', le había susurrado una vez al oído, posterior a uno de sus intentos de escape, el más exitoso que había tenido al momento.
También había sido el ultimo. El castigo que había recibido…cerro sus ojos, angustiado, no queriendo recordar…
Había dolido tanto…
Lentamente, se había ido resignando a su suerte, después de todo, preferible él que algún otro de sus hermanos, ¿verdad?
Pero, si era así, ¿por qué dolía tanto, por qué se sentía tan sucio?
Se hizo un ovillo, queriendo dejar todo su dolor de lado, respingando un poco por sus movimientos.
No sólo su mente y corazón dolían.
Su cuerpo resentía cada una de las humillaciones que había sufrido. Sus ojos ardían de tanto llorar, su garganta ardía de tanto gritar, y, últimamente, su mandíbula también dolía, gracias a que varías veces se había visto obligado a abrir su boca en contra de su voluntad, sintiendo el sabor del otro, su olor tan cerca de su nariz…no había tenido oportunidad de verse en un espejo, pero sabía que la piel alrededor de su boca estaba llena de moretones, gracias a las insistentes manos que lo mantenían en su lugar, imposibilitando el alejarse cada vez que sentía que el oxígeno le hacia falta.
Y no sólo sus mejillas, sino, el resto de su cuerpo estaba cubierto de las mismas marcas, rasguños, su cuello lleno de moretones y mordidas, algunas que no dejaban de sangrar hasta después de un largo rato.
Sus muñecas dolían, seguramente debajo de los grilletes que las adornaban había lesiones por la fricción generada cada vez que luchaba en contra de sus ataduras, varías veces había visto sangre escurrir de allí.
No quería ni pensar como se encontraba la otra mitad de su cuerpo. Su miembro le dolía mucho, recordando que, la ultima vez que se había atrevido a verlo, lo había observado un poco irritado, gracias al brusco trato propinado por Oroku Saki.
Su cola también se encontraba sumamente irritada, siendo la parte que más le dolía, no dejándolo descansar ni cuando se encontraba sumido en la inconciencia. Siempre un molesto recordatorio de lo que vivía día a día.
Ya no sabía si era una fortuna o no, el que lo hubieran cambiado de posición.
Si bien, sus extremidades lo agradecían, su mente no le daba tregua, viendo todo ello como una nueva forma de degradación.
Sólo una puta más que Shredder llevaba a la cama. Como él mismo se lo había dicho.
Siempre recordándole a Leonardo su nueva situación…
El ruido de la puerta abriéndose lo volvió a confirmar, y a pesar de que quería ser fuerte, quería seguir luchando…realmente él ya no podía más.
Se acurruco más sobre si mismo, deseando hacerse pequeño para pasar desapercibido, que Shredder creyera que estaba inconsciente y lo dejará solo por unas cuantas horas más.
Todo fue en vano.
Pronto una mano se encontraba acariciando su hombro, la parodia de un gesto de confort, de cariño, el temblor de su cuerpo aumentaba a cada segundo; otra, acariciando su muslo de arriba a bajo, demostrando sus verdaderas intenciones, llenas de lujuria y deseo.
No paso mucho, para que Shredder se posicionara en la cama, obligando a Leonardo a enfrentarlo y separar sus piernas para darle total acceso a su cuerpo. La mano que se encontraba en su hombro, viajo hasta su rostro, limpiando las lagrimas que caían de su rostro sin disimulo.
"Shh, no llores…quizás esta vez hasta llegues a disfrutarlo", susurro burlón Oroku Saki, mientras preparaba la entrada del niño para recibirlo, sintiendo su placer aumentar al notar sus mejillas sonrosadas, el temblor producido por el dolor y el placer, y los pequeños gemidos que abandonaban su boca.
"N-no, por fa-vor", logró pronunciar la joven tortuga, antes de que un grito desgarrador abandonara sus labios.
De un momento a otro, el mundo de Leonardo se vio lleno de puntos oscuros y algunos brillantes, los colores parecían mezclarse, junto con el vaivén de su cuerpo, el sonido de piel contra piel, el aroma del otro, su calor, sus manos acariciando cada rincón de su ser.
Dolor y placer fusionándose hasta volverse irreconocible uno del otro, abrumando la mente del joven obligándolo a aceptar todo lo que pasaba, perdiéndose a si mismo.
Aquello era lo que realmente más dolía.
Por eso, no podría regresar con su familia, ya que, no sabía que tanto del Leonardo original quedaría después de ser remodelado por Shredder a su complacencia.
"Perdónenme, por favor", suplico el niño, antes de dejarse absorber, encerrándose en un rincón de su mente, dándole total libertad al otro de hacer lo que le viniera en gana, "¡Perdónenme!"
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Espero que a alguien le haya gustado!
