DUDAS:

Mi corazón latía muy deprisa, tanto que estaba segura de que si hubiera un vampiro cerca, me habían escuchado desde varios kilómetros a la redonda.

La sonrisa que había florecido en mis labios, pronto pasó al olvido. Mis ojos se llenaron de tantas lágrimas que la visibilidad era escasa, por lo que decidí que la mejor opción era parar en el arcén, sorteando algunos baches.

Me odié a mi misma por haber recordado todo una vez más –estaba segura de que si seguía así, caería en el mismo abismo del año pasado-, mis sollozos eran constantes, y las costillas me dolían por ellos, mi garganta constreñida me quemaba y mis ojos picaban. Aun así, me obligué a recordar algo que no me recordara a él.

Busqué y busqué… más no podía encontrar nada.

El pánico me surcó las venas, ¿habría olvidado cómo alejar malos recuerdos?, ¿me había condenado a mí misma, todavía más?.

Inconscientemente sabía que era muy probable que así fuera. Él había sido lo más importante en mi vida, y yo lo había desechado por miedo.

"¿Miedo a qué?". Me preguntaba una y otra vez constantemente, aun no lo sabía. Iba enloqueciendo por segundos que se me hacían eternos como la inmortalidad.

Un gruñido salió de mi pecho, un gruñido enervado. Los pulmones se me inflaron como dos globos, y pude percibir como mi cuerpo adquiría unos centímetros más a causa de eso por el retrovisor.

Tuve la inmortalidad entre mis dedos, casi podía acariciarla, la belleza a mi alcance, ¡un amor para siempre!, pero… lo mandé todo al carajo precisamente por mis dudas. Dudas que surgieron el día de antes de la boda. Recordaba con consternación como una y otra vez esas dudas se hacían con el control de mi conciencia, y de las miradas que se clavaron en mi espalda a la vez que yo corría como alma que lleva el diablo fuera de la iglesia.

Podían haberme detenido, incluso haberme mordido justamente en ese momento. Pero, no lo hicieron.

Pero, ¿Por qué?.

Una parte dentro de mí agradecía que no lo hubiesen hecho, sin embargo, otra mucho más dolorosa. Se repetía siempre esa pregunta –la memoria es un cuchillo que te atraviesa sin piedad-, y así era. Al menos la mía.

Me había roto yo misma de nuevo.

Edward me había "reparado" con su regreso; los meses que pasamos juntos fueron totalmente maravillosos y estaba segura de que no los cambiaría por nada. Pero, mis dudas pudieron más que nuestro amor al final.

De todas formas, obviaba algo que me podía dar algo de luz.

Porque, pude rememorar como, a la par que esas malditas dudas me recorrieron con la misma piedad que Victoria hubiese tenido conmigo de poder matarme, un nombre se repetía constantemente.

Su nombre.

Los sollozos gracias a ese recuerdo remitieron, di gracias al cielo –aun no siendo católica-, y me limpié las lágrimas con la manga de mi blusa.

"Debo verlo".

Volví a arrancar el motor de mi camioneta, y agarré con todas mis fuerzas el volante. Ignorando el dolor de mi mano.

Ansiaba verlo. Y esas ansias me hicieron apretar los nudillos con más fuerza.

El dolor de mi alma era mucho más fuerte que el físico, por lo que pude controlar mis emociones en torno a esa mano, y centrarme en recorrer en el mínimo tiempo que le fuese posible a mi camioneta, el camino hasta La Push.

Me mordí la lengua desesperada, el camino parecía más largo que en el pasado.

Una sonrisa sardónica se formó en mis labios –que seguro estarían agrietados de tanto llorar-, era verdad. Estaba enloqueciendo por instantes.

Esa sonrisa tan –seguramente-, siniestra que se formó en mis labios, abriéndome viejas heridas en ellos. Se amplió al poder aparcar frente la casa de los Black.

Pero, nada más quitar las llaves del contacto, otras dudas me asaltaron parando las ganas locas que tenía de ver a Jake.

"¿Y si había encontrado a la chica adecuada?, ¿me habría olvidado de ser así?. ¿Me odiaría?".

Refunfuñe cientos de incoherencias –todas las que se me ocurrieron-, pero en el momento en que estaba dispuesta a mandarme a mi misma al diablo y salir corriendo hacia la casa de Jacob. Alguien aporreó la ventanilla de mi puerta, sobresaltándome.

No pude evitar abrir la boca como una idiota a la vez que abría mi puerta con movimientos bruscos y torpes.

La mirada seria que Sam me dedicaba me erizaba el vello, y me hacía volver a tener las dudas tan estúpidas que me asaltaron nada más llegar. Pero, debía comprender que, si así había sucedido, me lo merecía.

-Escuché lo que ocurrió en tu boda.

Toda la frustración pasó a un segundo plano, me sentí confusa y totalmente irritada a la vez. Y quise ponerle las cosas bien claritas a ese licántropo sin importarme el estar enfrentándome al jefe de la manada, al lobo más grande –cosa que, seguramente no habría hecho si estuviera del todo lúcida-, forcé una mueca de enfado, y me crucé de brazos.

Intentaba mostrarme todo lo intimidante que podía con ese gesto, pero no parecía surgir efecto en Sam que me miraba curioso.

-No estoy de humor para escuchar lo que tengas que decirme de lo de mi boda. –me sorprendió el hecho de pronunciar "mi boda", sin tener represalias contra mi misma después. Pero lo más probable es que fuese el enfado que corría por mis venas lo que adormecía ese hecho –Así que, agradecería que cerraras el pico y me dejases en paz.

Pude ver como la curiosidad de Sam, pasaba a transformarse en una mueca. Y de cómo tardaba más de lo habitual en contestarme lo que fuera –seguramente algún insulto como yo esperaba-, pero, me sorprendió el tono de voz relajado y a la vez armonioso de su voz:

-Lo siento, no pretendía ofenderte de ninguna manera. Pero –ese pero no hizo más que recordarme al mismo de Billy hacía unos quince minutos en mi casa-, si has venido a ver a Jake –su tono de voz que comenzaba a gustarme, cambió bruscamente sobresaltándome-, te recomiendo que des media vuelta y desaparezcas. Le has hecho ya bastante daño como para seguir haciéndolo. No es justo.

El inmenso vacío se abrió.

Comenzó a arrastrarme dentro de él, como lo hizo la marea un año atrás en el acantilado.

Aun así, quise seguir consciente, y me enfrenté de nuevo a Sam:

-No pretendo hacerle más daño. Sólo quería verle.

La expresión de Sam me contestó, no hicieron falta las palabras.

Muy a mi pesar, sabía que tenía razón, había hecho sufrir a Jacob demasiado –más de lo que nunca hubiera querido-, pero tenía esperanzas de volver a poder reírme junto a él, de olvidar todas las penas con tan sólo mirarle a esos ojos tan expresivos que poseía. Y sobretodo, de aclarar mis sentimientos de una vez.

Era egoísta, lo sabía.

Solté un hondo suspiro lleno de amargura que liberó a mi cuerpo de alguna manera, permitiéndome un movimiento más acentuado en mis articulaciones.

No quise luchar, no pretendía ganar la verdad… no a Sam, pues sabía que llevaba la razón. Mi amigo, mi hermano, mi amor… había sufrido tanto por mí, que sabía que no era justificable la acción de entrar aunque fuera a la fuerza en su casa y al menos poder verle.

"Mi segundo amor".

Noté la mirada de Sam en mi espalda, siguiendo mis movimientos atento. Como si temiese que me fuera a desvanecer en cualquier momento –cosa que, sabía que sucedería tarde o temprano-, metí de nuevo las llaves en el contacto. Y sin querer mirar atrás, emprendí de nuevo el camino hacia mi casa, pero esa vez, con toda la lentitud que me permitió el viejo motor de mi camioneta.

oooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo

Faltaban pocos metros para llegar a casa de Charlie, cuando noté un dolor tan intenso en el pecho que tuve que dejar de conducir.

Me toqué el pecho con ambas manos, no podía respirar, me estaba poniendo morada por momentos y mis ojos comenzaron a oscurecerse. De pronto, lo comprendí todo, mi cuerpo me estaba haciendo pagar el alto precio que era evidente que tendría que pagar pronto, muy pronto al parecer. Y mi vida se apagaba por momentos, los latidos de mi corazón cada vez eran más débiles.

"¡Lucha Bella, lucha!"recobré el sentido totalmente, la voz aterciopelada de Edward me volvía a hablar como si estuviera justamente a mi lado.

Abrí la boca decidida a llenar mis pulmones con un poco de oxígeno, pero me era imposible. Mi garganta parecía no coexistir con mi cuerpo.

"Me lo merezco".

"¡Lucha amor mío!" sabía que me quedaba poco tiempo, pero la voz de Edward me hizo aferrarme a la vida.

Con terquedad, abrí la boca todo lo que pude, y me esforcé por tragar aire… y por fin, el oxígeno llegó.

Eché todo mi cuerpo hacia atrás, recargando mi cabeza en el reposacabezas del asiento del conductor. Y respiré varias veces más por la boca.

Irónicamente, esos momentos de lucha entre mi conciencia y mi cuerpo, habían sido claves para proporcionarme paz en el cuerpo.

Estaba relajada, totalmente relajada.

Bajé mis ojos hasta mi mano fracturada, y mis ojos quisieron llorar. Pero, esa vez sí que no había lágrimas que soltar. Ya no tenía nada. Ni siquiera eso.

Mi mano fracturada era el recuerdo más vivido que tenía con Jake, y lo cierto, es que, de ser así, no me importaría fracturarme todos los huesos con tal de estar a su lado.

La socarrona sonrisa de Jake vino a mi mente como una estrella fugaz.

Miré hacia el cielo, en donde una hermosa luna llena adornaba el cielo lleno de luminosas estrellas. Y mi corazón se resquebrajó todavía más.

Con la mano sana, me abracé intentando proporcionarme algo de calor ya que hacía mucho frío, pero me era imposible…

Estaba rota de nuevo. Y esa vez no tenía a nadie a quien agarrarme.

Pánico.

El pánico me recorrió como un latigazo, y cerré los ojos con fuerza. Intentando calmarme. Pero, una y otra vez el mismo recuerdo de Jake sonriendo divertido iba y venía.

Mi cuerpo comenzó a convulsionarse al igual que cuando lloraba, con una diferencia. Esa vez no podía llorar, no tenía lágrimas.

Necesitaba morir, más que nunca.

Era la única forma que tenía de no seguir llorando. No podía más, todo me estaba destrozando con tanta brutalidad como un terremoto de grado seis.

Un gemido escapó de mis labios cuando recordé a Reneé y Charlie. Ellos me necesitaban, no podía ser de nuevo tan egoísta y morir. Debía luchar, como bien me insto la voz de Edward.

Mis ojos me picaron al recordar su nombre, noté cómo las lágrimas inexistentes, surcaron mis ojos derramándose poco a poco por mis mejillas de un color marfil llamativo.

Sería tan fácil, no pude evitar pensarlo. Sólo con chocar contra un simple árbol a los máximos noventa kilómetros que me dejaba la camioneta bastarían. Sobretodo si me quitaba el cinturón y me echaba hacia delante.

Abrí la ventanilla, aspirando todo el aire fresco que me dejó mi garganta.

La brisa tan fresca que removió mis cabellos encrespados, me recordó a las caricias que Edward me propinaba.

Mis ojos se abrieron, y por un simple instante, creí ver una forma muy borrosa correr –casi volar-, por la densa maraña de hierba que ofrecía el bosque para entonces en Forks.

Quise creer que era una imaginación, y arranqué el coche de nuevo.

ooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo

Tendría un aspecto horrible por las miradas que me echaron encima Charlie, Reneé y Phil –aunque éste último no me importase realmente-, de nuevo tuve que forzar una sonrisa como hice con Charlie esa mañana. Y comer sin tener apetito toda la comida que Reneé había cocinado.

No me detuve a pensar en la cara sonriente que formaban mis huevos fritos con la salchicha, lo comí todo casi sin masticar. Deseando fervientemente acostarme en la cama y no despertar jamás.

Tampoco me importó los susurros que se formaron a raíz de que me levantara de la mesa, lavara el plato, los cubiertos y el vaso que utilicé. Y me marchara.

No.

Las escaleras que conducían hasta el piso de arriba nunca me habían parecido tan empinadas. Pero lo más probable fuese que mis piernas estaban agotadas al igual que mi corazón.

Nada más franquear la puerta de mi habitación, el alma pareció llegarme hasta los pies. Y me dejé resbalar apoyada en la puerta hasta quedar sentada en el suelo.

Utilicé la poca fuerza que aún me quedaba para darme golpes en la cabeza contra la puerta, sin importarme que pudieran escucharlo abajo mis padres.

Ya nada me importaba realmente.

No tenía a Edward.

Había perdido a Jacob.

Y me había roto a mí misma.

Mis pensamientos se vieron truncados al escuchar un trueno, y seguido de eso, una fuerte llovizna asoló a Forks.

Sin saber exactamente el porqué de mis acciones, me levanté siguiendo un instinto que nunca antes había notado que existía dentro de mí; y me acerqué hasta la ventana, miré sin observar en realidad, pues dejé que mi frente caliente se apoyara en el frío y húmedo cristal de la ventana que me produjo cierta satisfacción y alivio.

Ese instinto, me llevó a abrir los ojos. Y buscar algo –sin saber el qué cosa que me desconcertaba aún más-, entre la llovizna.

Forcé mi vista todo lo que pude, y lo hallé.

Mi corazón latió desbocado contra mis costillas. Con fuerzas de flaqueza, abrí la ventana y saqué la cabeza, sin importar como mi cabeza se mojaba rápidamente.

Ahí estaba él.

Lo habría reconocido aun de espaldas y a distancia.

Jake me observaba fijamente en su aspecto lobuno desde cierta distancia. Aun entre la distancia, noté como sus ojos intentaban desnudar mi alma, me taladraban hasta muy dentro. Cosa que me sorprendió.

Quise llamarlo, deseé saltar a su lomo y abrazarlo. Pero, en el momento en que abrí la boca, Jacob emprendió la marcha tan rápido que no tuve tiempo de darme cuenta hasta después de no verlo que, se había ido.

Caí pesadamente hasta dentro de mi habitación de nuevo.

Me reprendí internamente el no haberlo detenido de alguna manera, incluso poniéndome en peligro. Pero… dudaba de que él hubiese esperado pacientemente a que le hablase, o siquiera me salvara de mi estúpido intento de llamar la atención aunque fuera tirándome por la ventana.

Estaba diferente.

Lo había podido ver en sus ojos, la distancia no había podido con aquello.

Sus ojos me abrasaron y me revolvieron el estómago mareándome.

Tragué saliva costosamente, y sin cerrar la ventana provocando que la lluvia entrara en mi habitación, me tumbé sin desvestirme boca arriba en la cama, mirando atentamente al techo de mi habitación. Por primera vez, absorta, sin pensamientos. En blanco…




"Es el lobo
el que me arranca el alma,
el que me rasga la piel
y me consume...
és vuelve para la cena...úlla
y yo escucho...
que corre
y yo siento...
que muere
y yo devoro".

Es el lobo
el que me rodea,
me acecha
y me ataca.

Es el lobo
el que me muerde,
el que huye
y despu

Es el lobo el que a

Reviews.

"Gracias por todos los rr que he recibido, realmente no esperaba aceptación ninguna por esta pareja. De todas maneras yo no dejaré jamás en un papel -demasiado- secundario a Edward, como tampoco me referiré a él nunca ofensivamente. ¡Gracias por leerme y espero recibir los mismos rr o más jaja! Adiós".

x.kerosene: ¿Sabes? Me ocurre lo mismo que a ti, quiero a Jake pero Edward está siempre presente XD jaja. Y bueno, el "pero" de Billy se ha convertido en un gran y lobuno Sam jaja pobre Bella... bueno un besito espero verte en el prox capi, ¡adiós!.

Adri Cullen: Sí, tienes razón el 1 capi nunca dice nada... pero incita, y espero que la conclusión sobre éste sea buena jaja. Besos, gracias, adiós.

Artilud: Gracias mujer jeje me sonrojas, un besito, adiós.

SiiL: Es dramático lo de Bella, pero ya la iré reconfortando a cada capi que pase jeje. ¡Besotes, adiós!.

Judit: La verdad es que no hay muchos ff de Jacob y Bella, el mío es uno de los pocos... espero que sea de tu agrado entonces jeje, sino vaya faena. ¡Besos, chau!.

LilyRiddle86: ¿Enserio lo has leído sin saber nada de Crepúsculo, Luna Nueva y Eclipse? Dios no puedo expresar con meras palabras lo mucho que significa entonces para mí esto, porque me sigues a todas partes!! Y eso es un regalo para mí . ¡TKM! Besos, adiós.