DISCLAIMER: Atsushi Ookubo es el maravilloso creador de este que es mi manga y anime favorito. Los aplausos son para él, y de ningún modo me lucro por utilizar sus personajes para escribir estas pistoladas. Sólo es entretenido y con eso me basta.


01. Ruptura y regalos

Empieza con una cosa.

No sé por qué, ni siquiera importa lo mucho que te esfuerces.

Tenlo en mente...

. . .

Su abrigo ondeaba rozándole las pantorrillas, sus piernas cubiertas por jeans azul oscuro. Sus zapatos caían descuidados en los charcos que a duras penas esquivaba. Ella corría por la acera consciente de que disponía de poco tiempo para comprar su café con leche en la panadería de costumbre, antes de que se le hiciera tarde para entrar a clases. La mayoría de los autos pasaban cuidadosos, a sabiendas de que más velocidad significaría un baño nada agradable para los transeúntes. A otros les daba igual.

Maka trataba de no chocar a nadie, pero sintió rozar un par de hombros, al tiempo que giraba el rostro y gritaba un "lo siento" a ninguna cara en particular. Trató de cubrirse de la lluvia con su paraguas, pero entre correr y tropezar, terminaba más mojada que si no lo llevara a la mano. Finalmente llegó y se sintió descansada cuando el aire del establecimiento, algo más caliente que el de la calle, la recibió acompañado del acostumbrado tintineo de la campanilla de la puerta. Tsubaki la miró sonriente, saludó con la mano, e inmediatamente comenzó a preparar su café; no había ni que explicarle cómo lo quería. Maka colocó su sombrilla abierta a un lado de la entrada, junto a un par más, a espera de que secaran, y se acercó a la barra donde sin mucho esfuerzo se subió. No era demasiado alta, sabía, pero tenía el suficiente tamaño como para verse como la chica de 19 años que era.

―No es común que llegues tarde, Maka-chan― Era ya normal para ella escuchar el sufijo "chan" luego de su nombre, siendo que su amiga y quien la atendía siempre en Honey and Coffee, era japonesa. Alta, (lo que se veía del todo contrario a su descendencia asiática) de cabello negro, grandes pechos y ojos azules, Tsubaki siempre estaba dispuesta a charlar con Maka, incluso cuando ella parecía no querer decir nada en absoluto.

―Bueno, no es común que tenga clases un día en el que el resto de las universidades normales están libres, Tsubaki―Maka resongó con cansancio, pero no con antipatía. Tsubaki sonrió una vez más, añadiendo lo que faltaba de leche espumosa en el vaso de su amiga―Más bien fue el despertador. No lo escuché para nada, creo que se descompuso.

―O tú estabas demasiado dormida. ¿Te quedaste hasta tarde despierta hablando con alguien?―Su pregunta sonaba inocente, pero Maka sabía que su tono era burlesco. Aun así no se sonrojó, aunque soltó una risita nerviosa.

―No realmente, estaba estudiando. Pero sí que conversé con Soul, él me estaba contando de la nueva canción que compuso. Estaba muy feliz. Y eso me alegró, hacía mucho que no conversábamos así…―Su mirada se perdió un poco, pero enseguida recobró la compostura, acercando su vaso de café a la boca.―No es que no nos queramos, Baki, lo sabes, nos conoces. Es que es difícil entendernos últimamente… Él es… Demasiado despreocupado. Es feliz por sí mismo, sólo porque puede, pero yo…

―No eres feliz―Concluyó Tsubaki.―Eso es casi evidente.

― ¿Lo es?―Cuestionó Maka. Sus ojos jades cayendo sobre la barra, de repente interesada por las migas de azúcar que alguien más debió haber derramado. ―Eso no es… No es lo que iba a decir, de todas formas―Se recompuso y miró a su amiga pelinegra acomodándose un mechón de su largo cabello tras la oreja.―Iba a decir que yo soy centrada. Yo sé lo que quiero y lo que necesito. Y eso es todo. No puedo ir por ahí sólo con mi música, yo tengo responsabilidades.―La muchacha prefirió ignorar la sugerencia de Maka de que su novio era un inútil, aparentemente.

―Y supongo que lo que quieres es ser una excelente abogada, llena de títulos, y que tu madre esté orgullosa de ti, ¿no? Esa es tu responsabilidad―Tsubaki era demasiado amable y cordial como para siquiera hablar en tono de molestia; ni siquiera como regaño. Lo decía como si de verdad lo pensara, pero ambas sabían que no era así, que el mensaje para Maka era otro. Tsubaki en realidad no estaba de acuerdo, ella pensaba que su amiga no hacía lo correcto, y su forma de hacérselo saber era decirle lo que era obvio para todos, menos para ella misma.

―Pues…―Maka titubeó. Pero la miró a los ojos nuevamente, como si hubiese reunido sus fuerzas sólo con ese propósito―Sí, eso es lo que quiero, Tsubaki. Yo no estoy para perder mi vida; nadie debería hacerlo―La miró, como diciéndole algo más―Me tengo que ir. Pasaré por aquí mañana más temprano, y en la noche hablamos, ¿vale?―Tsubaki asintió y Maka le sonrió; con eso, la tensión desapareció. Se levantó rápidamente, y tomó su paraguas. Se giró para despedirse con la mano, y su amiga hizo lo mismo, mientras la ojiverde salía a enfrentarse a la lluvia una vez más.

―Sí ―murmuró Tsubaki cuando se halló sola tras la barra.―Nadie debería desperdiciar su vida…―Y dicho esto, su mirada azulada se perdió entre los vasos que secaba insistentemente, sin prestar atención en realidad.


La habitación estaba llena de fotos instantáneas suyas y de Maka. Su favorita era una en la que él aparecía tocando guitarra, viéndola a la cara sin que ella se diera cuenta. A la vez, Maka estaba sentada frente a él, sus rodillas tocándose, mientras se recostaba del sillón con el rostro apacible, los ojos cerrados escuchando, disfrutando. Era el mejor momento de todos capturado en una sencilla imagen.

Soul la tomó entre sus manos y sonrió. Esa foto tenía ya al menos un par de años, quizá más. Le hizo a un lado, y tomó su guitarra entre sus manos de nuevo. Suavemente sus dedos pasaban sobre las cuerdas, casi sin fijarse, pero logrando sonidos que calaban en todo su ser.

Él sabía que la amaba. Amaba lo que ella era, lo que había sido desde que la conoció. Ahora, había momentos donde no sabía quién era su novia. No se parecía a la Maka Albarn de hacía unos años. Pero Soul la amaba. Siguió tocando mientras recordaba la conversación de anoche. ¿Cuánto hacía que no hablaban así? ¿Estaban bien de verdad? ¿Seguían bien?

―Soul, ¿sabes que te amo, no?―La ventana de chat de Maka se abrió instantáneamente en su pantalla. Ella sabía que se había conectado a la web, aunque pareciera desactivado para el resto.

―Por supuesto. Te amo también, Maka. ¿Sucede algo?―Soul se había acostumbrado a que cuando ella aparecía así, solía haber algo que le preocupaba, o se sentía triste por alguna cosa.

―No. Sólo quise decirlo.―Lo envió y nuevamente tecleó unas pocas letras más.―¿Tocas?― No habían conversado desde el día anterior, cuando ella había pasado la noche estudiando para una materia que detestaba. Algo sobre leyes en la antigüedad, o por el estilo.

―Sí. Tengo una idea para una canción. Aún no he pensado en la letra, pero la melodía me ha gustado mucho. Te mando una nota de voz―Era costumbre para ellos que Maka fuese la primera en escuchar algo de lo que él componía, incluso antes de ser pareja. Él envió el archivo, y esperó su respuesta.

―Es… Inspirador. Como si te motivara. Pero es nostálgico, también. Melancólico. Como si estuviese conteniendo mucho dolor, como si estuviese esperando que alguien escuchara. Pero también, como si supiera que nadie lo hará, y sencillamente quisiera seguir adelante por cualquier medio. Así la describiría. ¿Muy raro?―Maka tardó un poco en responder, buscando las palabras exactas para descubrir cómo se sintió escuchando aquella canción.

―No es raro. Me encanta cómo describes las cosas, lo sabes. Es como si te entregaras a la música misma, a lo que te rodea en general. Y entonces pones en palabras lo que nadie más puede explicar. Pensaré en una letra para ello. Tú deberías pensar en la música, también. ¿No te gustaría vivir de ello?―Soul intentaba que ella recordara su talento con la música, su amor por ella. Que se diera cuenta que lo suyo era el arte, el romance. No las leyes, no los libros interminables.

―No, Soul, debería pensar en mi examen de mañana… Gracias por mostrarme esto, es… Me has revitalizado. Me siento llena de nuevo. No he estado muy alegre últimamente, sobre todo con Kami.―Maka había vuelto a su burbuja de seriedad. Soul sabía que su espíritu estaba inquieto.

―¿Peleaste con tu madre de nuevo?―Él preguntó interesándose en el tema. Su guitarra yacía ya a un lado desde hacía un rato, él se había concentrado en responder, y mientras esperaba a Maka escribir, pensaba en sus palabras sobre la canción que había compuesto.

―No, no realmente… Es sólo que no deja de repetirme lo orgullosa que está de mí y lo feliz que está de que haya comenzado el segundo año de derecho. Es mucha presión. ¿Debería estar contenta también, no? No sé de qué me quejo―Maka envió varios emoticones de risa, pero Soul sabía que no se reía en absoluto.

―No tienes que estar contenta haciendo algo que no te gusta, Maka―Él era directo. Ella lo sabía, pero aun así sus palabras fueron un golpe. Él no entendía; ella tenía que hacerlo, tenía que graduarse, tenía que llevarle un título a su madre que se había esforzado en criarla sola cuando su padre las abandonó.

Kami se había vuelto recta, firme y severa. Maka aun recordaba lo cariñosa que era cuando ella estaba niña, la consentía y la mimaba por ser hija única. Era feliz y no lo sabía. Pero desde que Spirit desapareció con una mujerzuela de cabello violeta, nada había vuelto a ser igual. "¡Mira, Maka! ¿No es asombroso su cabello? ¡Creo que la amo!", le había dicho entre risas, medio borracho, apoyado en la mujer. Su cuerpo voluptuoso le causaba náuseas, y su boca fruncida en una especie de sonrisa, como si ella no estuviese destruyendo una familia, como si no fuese su culpa que su madre se hubiese roto, hacía que Maka quisiera arrancársela de la cara. Tenía 7 años, y no lloró. No lloró cuando su madre comenzó a lanzar todo lo que se encontrara por el camino hacia Spirit y aquella chica. No se movió cuando su padre le gritó de vuelta que estaba loca, que no entendía por qué no aceptaba que él no la amaba. No gritó cuando Kami, con un arranque de adrenalina, los sacó a la calle entre empujones y arañazos. No hizo nada, cuando su madre cerró la puerta, corrió las cortinas y subió a su cuarto a trompicones, las piernas temblándole. Ella solo estuvo allí, viendo cómo todo ocurría a su alrededor.

Nunca habían hablado de ese episodio, como si no hubiese sucedido, como si ellas siempre hubiesen estado solas, como si Maka no tuviese padre. Desde entonces, Kami hablaba con ella lo justo y necesario. La mimaba de vez en cuando, como para no sentir que no era buena madre. Pero desde que comenzó la secundaria, ni siquiera eso hacía. Ella era para Maka como una institutriz. Severa, firme, exigente. Maka sólo debía ser excelente, las mejores notas, la mejor de la clase, y ahora, la mejor en una carrera que significara éxito. Eso era ella, el proyecto de Kami para demostrar que en realidad no era un fracaso de mujer, si bien lo había sido de esposa, aparentemente.

Estoy haciendo algo que me gusta, Soul. Hacer sentir orgullosa a mi mamá―Era casi una verdad. Soul sabía que estaba más lejos de lo cierto de lo que ella admitiría.

―Bien. Estudia, entonces.―Él dejó de insistir, prefiriendo no indagar más con la terquedad de su novia―Te amo, te amo siempre, desde siempre, para siempre. Haré esta canción pensando en ti―El corazón de Maka se aceleró, incluso después de tanto tiempo juntos.

―Me dejas sin palabras… También te amo, Soul. Te escribiré cuando esté por dormirme―Maka envió un emoticon de corazón, y se desconectó.

Ahora Soul recordaba esa conversación, quizá algo común, sencilla. Pero había sido la única conversación de los últimos días que había pasado de un intercambio de "¿cómo estás?" y "¿qué haces?". La única conversación de hacía ya un tiempo, que tenía algún significado. Dejó a un lado la guitarra, tomó su lapicero y su cuaderno, y empezó a escribir.

Ojalá entiendas esto, Maka.


Tsubaki había pasado una mañana ajetreada. Pareciera que los clientes hubiesen esperado a que su amiga se hubiese ido, para aparecer en una marea de pedidos a los que ella y su compañera, Kim, apenas se daban abasto. Panecillos, café, chocolate caliente, agua saborizada y brownies era todo lo que ella había visto, olido y pensado durante 4 horas. Eran las 11 y al fin parecía haber amainado. Se acercaba el cambio de turno, así que se dispuso a limpiar la barra una vez más.

―Eh, Baki. Alguien ha venido por ti―La aludida levantó la vista, viendo entrar a un peliazul que reconocería en cualquier lugar. Bueno, era un peliazul, cómo no hacerlo―Iré a ordenar las cajas en la bodega, no tardo.―Kim la dejó a solas con él. Ella no era ingenua.

―Black Star, cuánto tiempo―Sonrió sólo con los labios, sin que la sonrisa llegara a sus ojos. Siguió pasando el trapo con insistencia, como si no acabara de estar limpio.― ¿Cómo has estado?

―Baki, no pretendas que somos sólo amigos.―Black Star la cortó, sin rodeos. Se hallaba a medio paso de la barra. Se acercó más, sin atreverse a sentarse. Ella detuvo la trayectoria del paño en su mano.

―Pues no somos más que eso, tampoco. Y no me digas Baki, no tienes ya derecho a eso―La pelinegra habló con firmeza, pero su voz parecía a punto de quebrarse. Ella no era así de fuerte, ella no tenía el carácter para no romperse ante él. Lo quería, y él lo sabía. Pero ella no quería quererlo. Y si no tenía el carácter para enfrentarse a él, actuaría como si lo tuviera.

―Nunca vas a perdonarme, ¿no?―Tsubaki no respondió. El olor a café era todo lo que había en el aire, y la vibración del refrigerador era todo lo que llenaba el silencio de la habitación. Los segundos pasaban como si se tratara de una eternidad tras otra y ella sólo continuó limpiando en donde lo había dejado. Black Star guardó sus manos en los bolsillos―No, ya veo. Bien, sólo quería saludarte por tu cumpleaños.

―Ya pasó.―Respondió sencillamente. No se había atrevido a mirarlo a los ojos en todo el rato. No podría con sus ojos azules, su tez bronceada, sus brazos musculosos. No podría soportar su cara llena de vida, su cabello alborotado, su pecho firme. Ella definitivamente rompería a llorar si lo miraba sabiendo que no podía tocarlo. Que no debía hacerlo.

―Lo sé. Pero como no estaba invitado a tu fiesta, al menos quise traerte mi regalo.―Del bolso que traía colgado a un costado, sacó una caja mediana y la colocó sobre la barra. Tsubaki no se permitiría ser grosera para rechazarlo, él lo sabía. Ella la miró de reojo y continuó paseando el paño de un lado a otro, sólo para mantenerse distraída, aunque hacía mucho que no había nada que limpiar―Bien, eso es todo. Supongo que debería irme―Volvió sobre sus pasos con lentitud, como arrastrándose al mundo. Cuando llegó a la puerta, susurró apenas suficientemente alto para que ella escuchara―Siempre pienso en ti, Baki. Todo el tiempo.

Entonces ella se permitió mirarlo, y apenas captó el color de sus ojos antes de que él terminara de girar su rostro hacia el frente. Lo vio salir, y ni siquiera fue consciente del resonar de las campanas.

―También yo──Murmuró, otra vez hablando hacia nadie, otra vez hablando después de tiempo, cuando ya nadie podía escucharla.


―Ah, cabronazo. Pareciera que cada día sin mí, ella se volviera más hermosa. ¿Será posible?―Black Star entró en la sala de Soul como si fuese su propia casa. Lanzó el bolso a un lado, se quitó los zapatos, y se deshizo de su chaqueta.

―Quizás. O tal vez es solo que no estar cerca de ella comienza a desesperarte―Soul respondió pasándose una mano por el cabello blanco, para después estirar los brazos sobre su cabeza. Hacía rato que había escrito un par de párrafos para su canción y estaba casi lista. Se levantó a preparar café.

―Hermano, estaba desesperado desde el primer momento en que me di cuenta que no la tendría más. No puedo creer que haya sobrevivido cinco meses sin ella―Black Star juntó sus manos frente a sus rodillas y miró al suelo―No puedo creer que ella lleve cinco meses viviendo como si nada, sin mí―añadió en un susurro.―Sin , viejo. ¿Cómo puedo yo, Black Star, hostias, Black. Star.―dijo su nombre con énfasis, separando las palabras como si su amigo no pudiera entender el peso de ellas―sentirme enfermo sin Tsubaki, y que ella sencillamente esté viviendo como si nada, como si yo no importara. Es casi como si ni Dios le importara, joder.

―¿Y tú eres Dios, acaso?―Black Star subió una ceja. Para él era obvio que sí lo era.―Pues yo no puedo creer que en cinco meses, no hayas tenido el valor de volverte loco, y tratar de recuperarla. ¿Sólo la vas a dejar ir? ¿Sin más?―Soul sacó la leche de la nevera, tomó un tragó de la botella y la sirvió en un vaso. Dudó antes de servir el otro―¿Quieres?

―No, el café me recuerda a ella. Qué demonios, respirar me recuerda a ella―Black Star se alborotó el cabello con frustración―No sé qué hacer, Soul. No sé ni siquiera si merezco recuperarla. Yo le rompí el corazón. Yo, el ¡Oh, Gran Bastardo Black Star! le pisé el corazón.

―Bueno, entonces síguete lamentando. Black, sí, fuiste un imbécil, idiota, y cualquier otro calificativo despreciativo. Pero se siguen amando. Dios mío, no he conocido otra pareja que se necesite más que ustedes―Soul pensó en Maka y en sí mismo. Tal vez estaban al mismo nivel. O más alto.

―Tienes razón, supongo. Pero no quiero hablar más de ello.―Se estiró hacia adelante, sobre la mesa pequeña frente al sillón, mirando la pequeña libreta algo raída donde sabía que Soul escribía toda su música.― ¿Compones?―Black Star se acercó al cuaderno y lo ojeó―Es buena. ¿En qué te inspiraste? Oh bueno, en realidad puedo adivinarlo―bromeó.

―Es mi intento a que Maka recupere la postura. Está desperdiciando su vida, la universidad la está absorbiendo. Más bien, su madre la está absorbiendo. Y ella va hacia el acantilado, sólo así. ¿Recuerdas cómo era ella, Black? Hace años, cuando la conocí―Soul sirvió el café en su taza y mientras esperaba a que se enfriara, colocó sus manos a cada lado de ella, sobre el mesón.―Cuando la conocimos―Corrigió. Miró el remolino de café y leche como si estuviera concentrado en él. Pero su mente estaba en otro lado―Ella era impresionante. Ella me inspiró a ser feliz, a que no me importara nada más que hacer lo que me hiciera feliz. Y pareciera que yo no pudiera hacer lo mismo por ella.

―Lo recuerdo. Tú eres otro desde que la conoces. Eres como…―El muchacho dudó, buscando las palabras adecuadas―No lo sé, eres como tú, como tú mismo. Ahora ella no es ella misma. Pareciera que viviera su vida a través de los deseos de Kamierda.

―Es que vive a través de los deseos de su madre. ―Soul ignoró el insulto de Black Star a su suegra. No es como si él no hubiese pensado similares ya muchas veces―Nosotros ya casi no salimos, no compartimos, no nos contamos nada. No puede ser que nuestra mejor conversación en semanas haya durado media hora y sólo hablamos sobre mi canción―Soul parecía frustrado, realmente frustrado. Tomó un sorbo de su café aún humeante―La extraño, Black Star, extraño a mi Maka. A la real, a la que me hizo enamorarme de verdad por primera vez. Yo no sé cuánto más pueda soportar verla así, convivir con esta Maka extraña e irreal. No lo sé.

Soul miró una vez más a su taza, nuevamente perdido en ella. No habló más y Black Star no dijo nada tampoco, como si no estuviera del todo seguro del significado de sus palabras. Sospechaba que eran mucho más negativas de lo que quería creer. Él siguió mirando a su amigo, y lo entendió. Entendió la desolación que sentía, lo alejado que estaba de quien amaba en verdad. Y sintió pena, por su amigo, por la novia de su amigo, por su propia exnovia y por él mismo.


Volvió a casa después de su larga jornada. Había llegado a tiempo a clase, algo agitada pero contenta, después de todo no había roto su récord de asistencias ni de hora de llegada perfecta. Ella era así, puntual, ordenada, perfeccionista. Había aprendido a ser así.

Su madre la esperaba en casa, limpiando cada rincón de la cocina. El almuerzo lo suficientemente caliente para comerlo, pero no tanto como para humear, estaba sobre el mesón, listo para que ella se abalanzara. Eso hizo después de saludar a su madre con un amable "buenas, llegué", y que ésta le respondiera con media sonrisa y volviendo a la faena, le preguntara qué tal le había ido.

―Bien. Estaba algo nerviosa por el examen, pero se me hizo sencillo. Pareciera que lo mío es memorizarlo todo―Si había sarcasmo en su última frase, Kami no lo notó. Hubo un tiempo donde sus conversaciones eran distintas, donde sus saludos eran más reales, más afectivos. Kami no perdía momento para abrazar a su hija y Maka no desperdiciaba un instante para hablar con ella y contarle todo sobre todo. Eso ya no era así y ella había aprendido a decir exacto lo que su madre quería oír, a limitarse, a fingir sus sentimientos, a callarlo todo , a tan solo sonreír, asentir y aceptar.

―Te felicito hija. Estoy segura de que serás una gran abogada―Con un movimiento de cabeza agitó su melena color miel hacia atrás, y siguió restregando las esquinas de la cerámica.―Sabes que debes ir tras el éxito. Y para ello debes estudiar, esforzarte y estudiar. Nada más. No distracciones ni tonterías. Estudiar. Y la mejor carrera para ti, es Derecho. Lo sé.―No se volteó en ningún momento para ver a su hija, pero para Maka fue como si la atravesara con sus palabras. Sabía que la había clavado, una vez más, allí donde estaba. Justo en las metas de su madre para ella.

―El éxito está en lo que te hace feliz, mamá―Murmuró Maka, luego de tragar su cuarto o quizá quinto bocado de arroz con pollo, lo suficientemente alto para que su madre lo oyera. Cuando la vio detenerse de limpiar, se arrepintió. Maldijo su pequeño momento de debilidad. Ella había aprendido a guardar todo eso, a guardarse a sí misma. Lo había hecho bien todo el rato, engañando a su madre con su aparente obediencia.

―Esto te hace feliz, Maka.―Esta vez sí volteó, sus ojos azul profundo atornillándose en los suyos, color jade. Si antes la había clavado, ahora sabía que estaba atada, además―¿O no?―Maka se sintió tentada a gritarle que no, que nada de eso era cierto, que ella no podía decidir lo que la hacía feliz así como así, que el no sentirse suficiente sólo porque Spirit, su padre, era un cabrón que la dejó, no significaba que Maka tenía que sentir toda su frustración y su necesidad de perfección. Que no era feliz, ni con la carrera, ni con su madre, ni con la mierda manejable en que se había convertido.

No lo hizo.

En su lugar le sostuvo la mirada. Porque si algo no era, aún si estaba siendo falsa e hipócrita, era ser débil.

―...Sí.―Se miraron un instante más. Cuando su madre sonrió, ella bajó su vista a la comida, una vez más. Su cabello rubio ceniza, recogido en dos coletas, se movió hacia adelante para después ser colocado tras sus orejas nuevamente por las manos humedecidas de su madre. Kami se secó un poco más las palmas en el delantal de cocina viejo que usaba, y le acarició el rostro, distrayéndola del plato frente a ella. Subió su barbilla con su índice, no muy delicadamente pero tampoco con brusquedad. Sus ojos se encontraron.

―Sabes que te quiero, ¿verdad Maka?-Azul brillante, jade opaco―Sólo quiero lo mejor para ti.

Lo mejor para ti, querrás decir.

―Por supuesto que lo sé, mamá―Sonrió. Sus ojos no se enteraron―También te quiero―Entonces Kami, satisfecha, le dio un beso en la frente y volvió a centrarse en la encimera enjabonada. Maka volvió a probar bocado y podría jurar que sabía a tierra húmeda, en lugar de guiso y arroz.


―Está lista.―Soul no se veía del todo entusiasmado cuando le contó que había terminado su canción. Se quitó la liga negra de la cabeza para alborotarse un poco el cabello. Maka pensó que era sexy; él ya sabía que eso le gustaba a ella. Se la colocó de nuevo, apretando el flequillo blanco hacia atrás―Te la mostraré más tarde. Antes tengo algo más para ti.

―Eh, andamos detallistas hoy, ¿no?―Maka sonrió, algo suspicaz al darse cuenta de que Soul no parecía demasiado emocionado por su composición, pero alegre de todas formas de estar visitándolo tras dos semanas de no verse. La semana de finales nunca era demasiado considerada con ella (o con alguien) pero eso no era algo que le afectara a Soul directamente. Después de todo, sus "finales" consistían en tocar una canción que terminara su presentación en los clubes que frecuentemente lo contrataban como entretenimiento. Él no entendía lo que era la presión de desvelarse estudiando, leyendo, investigando. A Maka a veces -casi siempre- le exasperaba que sólo estuviera por ahí, viviendo de la música sin más, sólo haciendo lo que aparecía al frente de él. Él las llamaba "oportunidades" ella, pérdida de tiempo. Aunque no siempre había sido así para ella.

Se quitó el saco y la bufanda y los tiró en el mueble. Luego siguió a Soul que había desaparecido en la cocina, y se fijó en lo que hacía. Él sabía que ella lo miraba y eso le encantaba, porque ella ni siquiera se daba cuenta de que parecía comérselo con los ojos. O se hacía la desentendida, tal vez. Continuó sirviendo el chocolate caliente que sabía que ella amaba y fue a la alacena a buscar un paquete, un sirope y el spray de crema.

―Creo que te amo―Dijo Maka sonriente, cuando vio lo que él traía entre manos.―Chocolate caliente con sirope de ¿adivino? Más chocolate, malvaviscos y crema. Sí que sabes consentirme―Ella se acercó a él estirándose sobre el mesón y le dio un pequeño beso en la mejilla. Antes de que se retirara, Soul le robó un rápido beso en los labios.

―Tal vez quiero matarte de diabetes, no podrías saberlo―Ella se rió y tomó su taza lista. Él hizo lo mismo, y se sentó frente a ella. La miró mientras bebía, con su cabello suelto como sabía que a él le gustaba, con sus ojos color esmeralda ligeramente entrecerrados y aun así hermosos, brillando como si nada más les pudiera robar el protagonismo. El vapor de la bebida nublaba su rostro, pero de todas formas, él ya lo conocía perfectamente. La miró delicada frente a él, con su piel blanquecina, perfecta como porcelana. La miró con sus manos delicadas sobre la taza, aquellos dedos que tantas veces se habían entrelazado con los suyos, que lo habían acariciado y consolado tantas veces. La miró y supo que la amaba desde siempre y tal vez para siempre. Tuvo miedo de no saber si alguna vez podría detallarla así de nuevo, sabiendo que eran suyos, el uno del otro.

―¿No te gusta el chocolate caliente? Porque si sigues embobado por mí, me temo que lo tomarás como una bebida fría y refrescante, Soul― Ella bromeó, dejando su taza casi vacía sobre la mesa, y apoyando sus brazos sobre la encimera. Él rió también y empezó a beber.

―Creo que moriré contigo de diabetes―Comentó una vez hubo tomado el primer trago. Ella sonrió.

―Bueno, no será tan malo estando juntos, ¿no?―Para ella había sido así siempre, pero esta vez se le oprimió el pecho un poco. No es como que hubiesen estado muy juntos últimamente, y ambos lo sabían―Soul, ¿has hecho algo esta semana?―Cambió el tema, interesándose por él―De trabajo, quiero decir.

―Sí, el lunes estuve en The Close, un especial de indie rock; el miércoles en The Stage, fue bueno ese día, casi no querían que me bajara del escenario. Y anoche estuve en Spot Night y fue increíble. A veces quisiera una banda, pero en esos momentos donde sólo somos mi música y yo, creo que otras personas sobrarían. A menos que fueras tú, cantando a mi lado―A Soul se le iluminaba la cara cada vez que hablaba de presentaciones y música. Eso a Maka le hacía feliz. Antes, le hacía feliz. Antes de empezar a centrarse en su carrera. Antes de enterrar su sueño de acompañarlo en el escenario, como su voz. Antes de obligarse a entender que ser cantante, que ser músico, era una pérdida de tiempo―Me habría gustado que me acompañaras. Es aún mejor cuando estás ahí, lo sabes.

―No puedo, Soul. Tengo que estudiar―Ella le replicó, con repentina frustración―Estoy cursando una carrera Soul, una profesión―Enfatizó sus últimas palabras casi demasiado. Soul se quedó mirándola, sin más, directo al verde. Ella la sostuvo por un momento, pero al final el rojo ganó cuando desvió la mirada hacia su taza.

―¿Insinúas algo, Maka?―Quizá se había pasado un poco con su tono. Quizás.

―Yo…Yo no…―Soul seguía sin mostrar ninguna expresión en su rostro, pero ella sabía que eso podía ser incluso peor.

―Quizás quieres decirme que la música no es una profesión, ¿es eso? Que es una pérdida de tiempo, que debería enfocarme en algo que importe, ¿no?―Casi se arrepintió de sus palabras cuando Soul soltó aquello. Casi, pero la rabia que la recorrió desde las entrañas nubló su mente. Él no entendía, no sabía nada.

―Sí, tal vez eso era lo que iba a decir, Soul. Tal vez, sólo tal vez, iba a sugerir que aunque seas genial con tu música, hay algo más que eso. Tal vez te iba a decir que quizás deberías interesarte en tener una vida. Algo como un trabajo real, con ingresos reales, con metas reales. Oh, ya sabes, algo que pase de ser un sueño, una fantasía, a parecer algo tangible. Algo que puedas llamar éxito.―Su voz subió unos decibeles. De pronto no estaba cómoda sentada allí donde tenía años sentándose frente a Soul. De pronto, la diabetes ya no era una opción cuando el chocolate caliente se sentía pesado y amargo en su interior. De pronto, Maka ya no sonaba a ella misma. Y quería golpearse por todo lo que había dicho. Su yo real gritaba, lloraba y pataleaba dentro de ella, dentro de su jaula de la cual no permitiría que saliera, porque quien hablaba era alguien más, una extraña que no sabía manejarse, que no sabía qué era real y qué no.

Soul lo sabía.

Y aun así no podía perdonarla sin más, no podía seguir entendiéndola, no podía seguir con esa Maka ajena que se había apoderado del cuerpo de la mujer que amaba.

―¿Según tú, eso es éxito? ¿Llevar la vida que todos llevan? ¿Llevar la vida que alguien más quiere que lleve? Eso no me suena a éxito, Maka. Pensé que eras más inteligente que esto, que sabías que el éxito es cumplir tu pasión, hacer tuya a la vida haciendo lo que te gusta; no fingir que lo que es aparentemente bueno, es lo que te hace feliz. Pero quizá no lo sabes, Makita, o se te ha olvidado―Él había dado en el clavo. Más bien, había enterrado el clavo en su llaga. Y lo odió por eso.

― ¿Y qué sabes tú de felicidad, Soul? ¡No puedes sólo gritarme que no sé de felicidad cuando lo único que has hecho por la tuya es cantar en clubes y bares de mala muerte!―Ahí está, se había pasado. Había cruzado la línea, y era muy tarde para retroceder. Soul se quedó perplejo, sus rubíes como cristales miraban los ojos de ella, iracundos. Y cuando la razón comenzó a volver a ella, de nada servía ya. Él se puso de pie. Ella también, lentamente.

―¿Dónde estás, Maka?―Él lo preguntó con suavidad, pero de esa manera resultaba más frío y cortante que una navaja. Más cruel, más mordaz―Porque creo que no eres ella. ¿Eres Kami, tal vez? ¿Eres otra mujer, acaso? Porque tú, definitivamente, no eres la Maka audaz, alegre, energética, inteligente, feliz, y sobretodo auténtica de la que yo me enamoré.

Y ya está. Si no lo escucharon, lo que sonó fue algo parecido a un bol de porcelana chino que una abuelita en alguna parte del mundo cuidaba como si fuese un bebé, porque era el recuerdo más preciado que tenía de su esposo fallecido en guerra, y que correteaba a sus nietos con el pecho acelerado a punto de infartarse cada vez que pasaban cerca de él; pues ese bol, cayéndose, quebrándose. Algo parecido, pero más triste y doloroso fue lo que sonó. Y no era un bol, era el corazón de Maka.

Lo peor, es que ella lo sabía. Reconocía que no era ella misma, ni siquiera con la persona que más amaba. No se había permitido ser sincera ni siquiera con él, que le había entregado todo de sí. Cuando ella se dispuso a los deseos de su madre para hacerla feliz, convencida de que lo correcto era sencillamente obedecerla porque tal vez Kami sabía de verdad qué era mejor para ella, se había ocultado a sí misma profundamente. Y nadie tenía acceso. Ni siquiera el albino a quien consideraba su alma misma. Y cuando oyó sus palabras, sabía que ya no tenía derecho a él, porque ella misma se lo había arrebatado con lo que había hecho; con lo que había dicho. Ni siquiera intentaría arreglar las cosas, no merecía pedir su lástima, no merecía nada más de su parte. Ella se lo había ganado.

Así que ¿qué más? Terminaría de joderlo todo, para que al menos así, él no tuviera que extrañar nada de ella. Que no supiera que ella también se había roto. Que no sufriera porque ella ya no era su Maka. Se encerró aún más. Después de todos estos años, había encarcelado su verdadero yo y no tendría por qué dejar de fingir ahora.

―Quizás "ser Kami" sea mejor que la estupidez de persona que era antes, Evans. ¿Qué te hace pensar que no soy feliz, ah? Al menos yo tengo un futuro real. Al menos yo sé qué va a suceder con mi vida. Al menos no soy una vaga que mendiga con su música algo de atención, un poco de aplausos, y quizás con suerte, un dinerillo. ¿Dónde estás, preguntaste? Aquí mismo, frente a ti. Y si no te gusta―Estaba temblando. Con suerte Soul pensaría que era de ira, y no de tristeza, no de estar quebrada, no de querer echarse a llorar y lanzarse frente a él suplicando su perdón y auxilio por lo estúpida que se estaba volviendo.―Entonces puedes irte a joder a ti mismo, porque yo me voy.

Mierda, mierda, mierda.

Se quedó de piedra. Y sabía que guardaría en su memoria los últimos momentos que había disfrutado con la Maka que amaba, allí sentada frente a él con su chocolate caliente, riéndose, preciosa. Ahora estuvo seguro de que no habría oportunidad de verla así nunca más.

―¿Este es el final?―Soul empezó a reírse con histeria. Maka se preocupó, y angustiada supo que ella también lo había fracturado. Y no se lo perdonaría ni el último de sus días―Y pensar que había creído que eras la mujer de mi vida, ¡¿puedes creerlo?!―Chilló, entre carcajadas secas, pesadas, crueles―Que estaríamos siempre juntos, que lo superaríamos todo juntos, que haríamos de nuestra vida una canción, juntos―Entonces se destornilló de la risa. Ella, inerte frente a él, no podía soportarlo más. Pero lo haría. Soul se quitó unas lagrimillas que oportunamente parecerían causadas por la risa, y no por el grito de su alma―Ah, pero que tú odias la música. Antes la amabas. Antes tu vida era ser cantante. Ah pero antes ya no está, ¿no? Eso has dicho.

―Soul…―Ella pronunció su nombre y él jamás había escuchado esas cuatro letras juntas más heladas y cargadas de dolor como en ese momento. Él esperó algo más, la chispa de esperanza encendiéndose y de pronto apagándose, cuando Maka no supo cómo continuar. ¿Había siquiera forma de continuar tras toda esta escena?

Soul caminó hacia el frente, saliendo de la cocina, pasando a un lado de Maka, sin mirarla. La brusquedad de sus pasos ondeó los cabellos color ceniza. Ella apretó sus ojos que comenzaban a arder. Sorbió su nariz, y fue tras él.

―Ya no sé si quiera si debería darte esto―Él estaba de espaldas. Habló cuando la sintió llegar al salón. Se volteó sin mirarla―Pero después de todo, sigue siendo para ti―Alargó su brazo, con un cd entre sus dedos. En la carátula, una copia de una foto de ellos, juntos. Su foto favorita. Maka tragó. Lo miró a los ojos mientras él hacía lo posible por mirar a ninguna parte. Estiró su propia mano, sus dedos rozando los de él.

Frío. Electricidad.

Y entonces él la retiró, guardándola en su bolsillo. Empezó a masticar sin nada en la boca, solo apretando los dientes y soltándolos, apretando y soltando, apretando…

―Escúpelo, tíralo, quémalo. Qué sé yo. Sólo… No quiero esa mierda. Eso es mi música, después de todo―Su cinismo terminó con una sonrisa que de alegría no compartía ni las letras. Ella dejó de mirarlo. Con la mano libre tomó su abrigo y su bufanda. Lo miró una vez más, memorizando toda su cara. Sus ojos rojos, no sólo por el iris, sino por reprimir las ganas de llorar. Su cabello blanco, hermoso, echado hacia atrás por la liga negra. Sus labios suaves, carnosos, que tanto había amado besar, por los que tanto daría la vida probar una vez más. Su piel tostada, que ella acariciaba como si fuera terciopelo. Sus brazos que siempre la envolvían fuerte, como si la vida se le fuera si no lo hiciera. Y miró también su dolor, calado en sus huesos, emanando por cada poro.

Pareciera que lo mío es memorizarlo todo…

Ella no olvidaría lo que le había hecho. Ella no se permitiría olvidarlo. No permitiría que dejara de doler. Ella no tenía derecho a lastimarlo. Pero era egoísta, al final, una parte de sí, era egoísta. Sabía que no habría otra oportunidad, nunca más, porque se había encargado de ello. Así que se acercó a él, y alzándose, rozó sus labios. Chocolate y chocolate. Parecía increíble que de labios llenos de dulce, hubiesen surgido todas esas palabras como cuchillas, como una guerra entre ellos. Soul, en su debilidad, acercó sus labios un poco más, porque sabía que no quería dejarla ir, y por un momento, si cerraban sus ojos, era como si todo lo demás no hubiese pasado, como si no existiera un puñal estancado en sus corazones.

Y el momento se fue. Y él se alejó. Y ella lloró.

―Vete.―

Él cerró los ojos. Si la veía, se rompía.

Ella los abrió, y se rompió, como si fuera posible, más.

―Adiós, Soul―Susurró.

―Vete, Maka.―Si alguien se dejara llevar por su voz, parecería rudo y fuerte. Si lo veían, querrían darle un pote de helado, una manta y un peluche, para que llorara todo lo que quisiera. Maka caminó hacia la puerta, sola, como estaría a partir de ahora.


La luz del mediodía brillaba tanto, entre toda la nieve y el blanco que llenaba la calle, que la encegueció. Soltó una carcajada. Ella estaba fría, oscura, vacía, y el sol se burlaba de ella, pretendiendo calentarlo todo, alumbrarlo todo, llenarlo todo. Entonces corrió, corrió de casa de Soul, y corrió de sí misma. Corrió de la Maka que no era ella, pero que sabía la alcanzaría de todas formas. Corrió, porque la otra opción era caer. Y ella ya no podía caer más profundo.

...

Es tan irreal. No tomé precauciones.

Vi al tiempo salir por la ventana, intentando, aferrándome sin saber

Se desperdició todo

Para verte partir, mantuve todo en mi interior

Y aunque me esforcé, se derrumbó

Lo que significó para mí

Eventualmente

Será un recuerdo, de un momento en el que...

Me esforcé tanto.


Canción: In the end. Linkin Park.

Agradezco los reviews del capítulo anterior que fue en realidad un preámbulo (había puesto prólogo, pero esa fue una de las correcciones que me hicieron, gracias :D) aún estaba algo oxidada, así que me puse a releer mis fics anteriores y vi que escribía mejor de lo que había hecho en esa primera parte, así que decidí que esta historia tenía que ser aún mejor, más pulida, más descriptiva, más vivida.

Quiero añadir que quizás pueda parecerles OoC (out of character) pero es porque quiero que sea una historia madura, y en lugar de tomar las características más obvias, trato de resaltar el verdadero ser de los personajes, lo que en realidad son profundamente. Mostrar su lado oscuro, pesado, fuerte. Sacar el carácter que tienen; llevarlos a la máxima expresión. Si esperan una historia de Maka-chops o de Soul sangrando por la nariz, esta no es; y no porque esté mal, sino porque quiero que sea algo distinto, algo que puedan leer y perderse en la trama. Espero lograrlo, me esfuerzo en ello. Sin embargo acoto que en su momento, algo de estas características divertidas de los personajes tendrá, pero no es el centro de todo tampoco.

Aclaratoria: En cada capítulo, algún personaje menciona una canción, ya sea que la compuso, o la escuchó, o alguna cosa. Las letras en cursiva que coloco al principio y (o) al final de todo son de esa canción mencionada.

Finalmente, espero que le den una oportunidad a esta historia, y que la disfruten sinceramente.

PD: Me he cambiado el seudónimo; era Lore Kagamine, luego Ruthoro_97 y ahora Srta. Weirdo. Pueden seguirme en Twitter Srta_Weirdo para más amorsh y la cosa (?


¿Un review por lo trágico?