Notas previas: insisto, no me disculparé por el retraso. Dénse de santos que no he dejado esto tirado. Por lo que sí me disculpo de antemano es por la posible fuera-de-personaje-sidad que muestren los chicos, esto no salió como debió haber salido.
Con mucho cariño para las adorables Tempest in Teacup y Malasletras, y para todos ustedes si me han tenido paciencia y me dejaron un review. Pero más para ellas. Sí, más para ellas.
Disclaimer: Soul Eater no es mío, con un demonio. De ahí que esto sea un fanfiction. "Con toda libertad" es parte del Soundtrack de Valiente de Disney Pixar, evidentemente no es mía; por otro lado, es muy buena película, feels everywhere, mírenla. Ivanhoe y sir Walter Scott tampoco son míos: el primero es del segundo y el segundo es de su mamá, si es que eso tiene sentido. Sin más, a lo que vienen:
Found You
Capítulo II: Getting to you
por: Wandering Lilly.
"Estos muros podrían caer, quiero sentir suelo bajo mis pies. Y que esta cárcel dejemos atrás, ir con toda libertad."
Ha estado vigilando a Kid por una semana. En su defensa, la manera en que se comportó en las canchas de básquetbol no fue la más normal, y sólo está cuidando el porvenir de su amiga. Sí, eso.
Nada tiene que ver el que se sienta amenazado por el repentino interés del pelinegro en su relación con Maka.
Para su desconcierto, Kid continúa su rutina con normalidad. Llega a la escuela, se asegura que su asiento en el aula esté en el centro exacto de la habitación, toma las clases (torturándose al escribir su nombre en la parte superior del papel, igual que siempre), se va a su casa con las Thompson (que viven con él desde mucho antes de que él llegara a Death City por razones desconocidas para Soul), y repite lo mismo. Su interacción con Maka es cordial y algo distante, como siempre lo ha sido y quizás esto es lo que le causa más confusión. ¿No le gusta Maka? ¿Entonces por qué quería saber qué clase de relación mantiene ella con el albino?
Le da vueltas y más vueltas en su cabeza y la paranoia le produce pensar que tal vez el hijo del director quiere despistarlo para luego ir a por Maka. Se niega a aceptar el hambre de violencia que la idea le produce.
Menos ahora, que todo va tan bien. Sus... familiares no lo han molestado en semanas y su vida en Death City es tan buena como cabría esperar. Se pasa las tardes estudiando con Maka en su apartamento -o simplemente él escucha música o mira tv o juega Modern Warfare en su consola mientras Maka lee un libro ("Mi padre es muy ruidoso" le explicó ella el primer día que, con una sonrisa de disculpa y un ligero rubor en sus mejillas, le preguntó que si podía leer un rato en su apartamento).
Ella lo ha cambiado -demonios, ha cambiado hasta la imagen de su casa. Después de unos días de visitas continuas, la rubia decidió que no podía seguir leyendo en ese desastre y, armada con una aspiradora, escobas, trapeadores y un par de pañuelos para sacudir el polvo, cambió el usual aire abandono por uno de limpieza (que ahora se ve obligado a mantener si no quiere ponerse íntimo con el lomo de la enciclopedia de Maka).
Él refunfuña y refunfuña, murmurando cosas sobre comelibros entrometidas, pero en la seguridad de su habitación no puede sino sonreír con cariño ante la idea de ella haciéndose parte de su vida.
Solía tener miedo de todos los cambios que estaban llegando con su nueva vida, pero ahora les da la bienvenida con los brazos abiertos y una sonrisa burlona, como diciendo "vengan, aquí estoy".
Esto se debe en parte a que la mayoría de los cambios vienen envueltos en un par de coletas rubias y el cuerpo de una tabla de planchar.
Entre mañanas de vigilancia, tardes de ocio y noches plagadas de pequeños argumentos entre Soul y el padre de Maka, llegan las vacaciones de invierno.
Con ellas viene la cena de Nochebuena, para la cual el grupo de amigos de Soul decide reunirse (buena parte de ellos viven solos). Maka ofrece la casa de Soul para hacer allí la fiesta, y él hace un pequeño berrinche para sacarle a ella una reacción pero al final dice "sí, por mí está cool" y queda decidido.
El día veinticuatro por la tarde llegan Black*Star, Tsubaki, Kid, Liz y Patty (Maka ya estaba allí, adueñada de la cocina y empezando a preparar las cosas para la comida). El peliazul y la Thompson menor se horrorizan al ver la falta de espíritu navideño que reina en el departamento del muchacho y, sacando de la nada un gorro de Santa, se lo ponen a Soul en la cabeza (él desiste de quitárselo cuando Patty le envía una de esas miradas que mantienen a sus acosadores a raya) y salen del apartamento con la promesa de traer, entre otras cosas, un pino navideño y muchos adornos para decorarlo.
Las chicas se encargan de la comida y, al final del día, Soul puede decir que es la navidad más memorable de toda su vida. No había tenido jamás nervios por no saber si a sus amigos les gustarían los regalos que les compró (sus padres no esperaban mucho y su hermano siempre tiene recitales en esa época del año), tampoco sabía que se podían recibir más de dos regalos en navidad, pero por esto no se queja, menos al ver el pequeño montoncito con las cosas que recibió: un paquete de bandas para la cabeza de parte de Liz y Patty, con una tarjeta que reza "Suponemos que te serán útiles cuando conduzcas la moto."; Black*Star le regaló un paquete de revistas pornográficas que Maka le quitó rápidamente de las manos y sin miramientos las tiró a la basura (no es que le importe, realmente); Tsubaki le regaló una camisa y Kid un peine para su "asimétrico cabello". El muy idiota.
Lo que le desconcierta es el hecho de que en su pila de regalos no encontró el de Maka, pero entonces, él tampoco le dio su regalo. No es que no le haya comprado nada (aunque, técnicamente, no lo hizo), sino más bien que... no considera buena idea darle un regalo como el suyo frente a idiotas como Black*Star y posibles rivales como Kid.
Posibles rivales, como Kid. ¿Qué demonios te pasa, Soul? ¿A caso te gusta Maka?
Envía estos pensamientos al fondo de su mente con un gesto de la mano, que los chicos toman como una despedida, pues en ese momento salen ya de su apartamento, está entrada la noche y en su casa sólo ha quedado Maka, que insiste en ayudarle a limpiar. Liz y Tsubaki la vieron con sonrisas socarronas antes de irse, pero no dijeron nada.
Cuando ya no logra verlos, cierra la puerta y se da la vuelta, y frente a él está una Maka con las mejillas a encendidas y la mirada clavada en sus zapatos. Esconde los brazos detrás de la espalda y se muerde el labio inferior de una manera tan adorable que Soul siente unas ganas terribles de alborotar su cabello (que, por una vez, está suelto) con la mano y envolverla en sus brazos.
Gracias a los dioses de las cosas cool (o a la imagen de la sonrisa burlona de Black*Star en su cabeza) no lo hace.
— Umm... —empieza— Hey, no tienes que ayudarme, si quieres irte a dormir, ya recogeré este tiradero yo mañana...
Ella alza la mirada y el sonrojo en sus mejillas se hace más visible.
— ¡No! Es decir... n-no me molesta, Soul—responde, él piensa que está muy tímida de repente—. Pero antes, m-me gustaría darte tu regalo...
— ¡Vaya! ¿O sea que la señorita pecho-plano sí le compró un regalo al chico más cool del Shibusen? —sonríe, tratando de infundirle confianza. Sabe que se siente mejor cuando él la molesta porque al menos así sabe cómo reaccionar. Esto, por otro lado, no logra que él deje de preguntarse de dónde demonio saca el maldito libro, si antes no estaba ahí.
— ¡Si vas a portarte así, entonces no te doy nada! —rezonga la rubia, haciendo un mohín con la boca que, Soul insiste, la hace ver a-do-ra-ble. Sonríe y, sin poder contenerse, le alborota el cabello y le promete comportarse. Ella resopla, pero camina hasta su bolso y de él saca una caja diminuta.
— Si es otro peine, te advierto que lo voy a tirar, Maka...
— ¡Eres un idiota! Dame acá, mejor no te doy nada...
Él aleja la caja de su alcance, diciendo "Nada de eso, este regalo es mío", y procede a abrirlo. Dentro de la cajita está un dije en forma de piano de cola, muy parecido al que está en el aula del Shibusen. Es brillante y plateado, y al sacarlo del estuche nota que también trae una cadena. Al voltearlo, ve que trae grabado su nombre, y sorprendido, alza la mirada.
— Maka...
— No tenía dinero para uno real... —murmura ella, mirando al piso. El rostro encendido prevalece y sus dedos se entrelazan unos con otros en señal de nerviosismo— No sabía que eran tan caros...
¿Ella quería comprarle un piano? ¿Maka quería regalarle un piano? Qué insignificante le parece su regalo, comparado con el de ella. Al alzar la mirada, la rubia encuentra un par de cálidos rubíes viéndola fijamente y una expresión desolada en el rostro del muchacho. ¿No le gustó el dije?
— Si no lo quieres, siempre puedo cambiarlo por algo que te guste... —ofrece ella, bajando la vista de nuevo, por lo que no ve cuando los brazos del chico se alzan y la atraen hacia él como poseído. Se encuentra entonces con la cara escondida en uno de sus hombros, y los brazos apretujados entre su propio pecho y el del albino. Siente que toda la sangre de su cuerpo se le ha ido a la cabeza y el olor a cuero y no-se-qué que expide su amigo le está impidiendo pensar con claridad.
— Idiota —lo escucha decir, pero en su voz hay un tono que jamás lo había escuchado usar y que le da la sensación de que al insultarla no lo está haciendo realmente—, es el regalo más cool de todos. Gracias, Maka.—y entonces entierra su cara en la coronilla de su pelo, y ella lo siente aspirarlo y su corazón está a punto de estallarle en el pecho y hay una voz en su cabeza que se pregunta cómo es que no se ha desmayado.
Con cuidado, saca sus brazos de entre ellos dos, y rodea con ellos el torso del muchacho. Así se quedan largo rato, hasta que Soul recuerda que él también tiene un regalo para ella y, aunque no se compara al de Maka, conoce una manera de hacerlo al menos un poco más cool.
— Hey, espera aquí, ya voy yo por tu regalo.— dice, y la guía a un asiento en el sillón de cuero, y ella se queda allí, azorada y confundida y sobre todo, muy satisfecha consigo misma.
Soul vuelve un par de minutos después, cargando una caja que parece muy fina, con un enorme lazo rojo como único adorno. Se la entrega a Maka, y ella la mira por un par de minutos, incrédula (él es Soul, ¿recuerdas? Es muy cool para estos detalles), hasta que él la urge a abrirlo, y ella tira de uno de los extremos del listón con suavidad hasta que éste queda deshecho. Después sólo se interpone entre ella y el regalo la tapa de la caja, y la quita con las puntas de los dedos, pues teme dañarla. El contenido es un precioso libro de pasta gruesa color verde, con un diseño de espirales que se entrelazan en los bordes y una muy detallada imagen de una batalla medieval en el centro de la portada. El título reza así:
"IVANHOE
Sir Walter Scott"
Y Maka siente que va a desmayarse allí mismo. Es lo más hermoso que le han dado en la vida. No es que no le hayan dado libros porque, demonios, es lo único con lo que su estúpido padre logra -temporalmente- ganarse su favor, pero este libro es tan... tan hermoso y simplemente grita ANTIGUO por donde sea que lo mires y ella siente que si Soul pudiera ver su yo espiritual, vería un globo inflado a más no poder, a punto de reventar de la felicidad.
— No sé si te guste... no sé que libros leas, aunque eres una nerd, supongo que te gustan todos...—balbucea él, rascándose la cabeza en un gesto de nerviosismo.
— ¡Es precioso! ¡Perfecto! Y es una reliquia, muy bien conservado... ¿cómo lo conseguiste?
Los ojos verdes de Maka brillan como el sol en primavera, y Soul está hablando antes de que pueda ponerle un filtro a lo que responde.
— Mi abuela me lo regaló cuando era un niño... solía leerlo para mí cuando me visitaba, pero ya no la veo y no tengo uso para él, supuse que a tí te gustaría. La anciana era escocesa y una romántica empedernida, así que ya te imaginarás...
Ella intenta rechazar el regalo al saber su procedencia (¿cómo va a aceptar algo de tal valor para él?), pero él insiste y la mira con esos ojos rojos tan intensos y ¿quién es ella para negarse? Hace ademán de abrazarlo como hizo él hace apenas unos momentos -se siente como una eternidad- pero él la para con un gesto de la mano, diciéndole que el regalo sigue a la mitad. Ella no entiende qué más podría tener reservado para ella, pero agradece a Tsubaki la idea de darle su regalo hasta más tarde, pues Liz y Black*Star jamás la dejarían olvidar eso.
Cuando él vuelve, trae consigo su teclado, y ella no cree lo que ven sus ojos: va a tocar para ella. Le parece increíble porque le ha estado rogando que lo haga desde hace casi tres meses, desde que lo escuchó tocar en el solitario salón de prácticas del Shibusen, pero él siempre le da una rotunda negativa.
— No tengo talento, Maka —le dice siempre—. Que quieras escucharme sólo prueba tu mal gusto para la música.
Pero eso no importa porque cuando él posa los dedos sobre las teclas y empieza a presionarlas, ella queda de nuevo embelesada con la belleza de su técnica. Esta melodía no es como la primera que lo escuchó tocar: es más lenta, más acompasada, tiene momentos donde acelera el tiempo y otros tantos donde más bien lo disminuye hasta casi parar, pero al final siempre vuelve al mismo tono. Maka sólo atina a mirarlo, como hechizada. Admira la fluidez de sus dedos sobre las teclas, y cuando no lo hace, sus ojos se maravillan con la expresión de absoluta concentración en su cara, casi escondida por el tupido cabello blanco.
Al terminar, está sudando a pesar del frío y un atisbo de incertidumbre le nubla la mirada.
Ella le toma de la mano, sonriéndole como antes no lo había hecho, y le dice:
— Esa, sin importar los peros que pongas, es la pieza de música más hermosa que he escuchado en mi vida, Soul. —para después darle un apretón a su mano, como queriendo asegurarlo.
— Eso es porque tienes un problema en el cerebro, pecho-plano. Los libros ya te lo comieron.
El maka-chop pertinente no se hace esperar.
Olvidada ya la limpieza del apartamento, notan que es bastante tarde. El albino le ofrece la habitación de huéspedes, si no tiene deseos de lidiar con su padre, pero ella argumenta que Spirit va a estar hecho una magdalena por la mañana si no llega a dormir y que además tiene que enseñarle su nuevo libro, y decirle que así se da un regalo, no panties de seda ni bras con relleno.
Soul resuelve que, por el bien de su cráneo, es mejor no hacer ningún comentario ingenioso sobre eso.
Maka lo aprueba.
Así que se va, y él la observa en el umbral de la puerta hasta que ella cierra la puerta de su propio apartamento. Después se cambia de ropa rápidamente y se mete a la cama, todo el tiempo pensando que esa sin duda ha sido la navidad más cool de toda su existencia, y rozando con los dedos su nuevo colgante antes de dormir.
Así terminan las vacaciones de invierno, y sucede que el primer día de escuela después de éstas, es también la primera vez que Maka monta la motocicleta de su vecino.
¿Por qué? Pues porque a la chica "se le hizo tarde" (más bien va a tiempo, pero tiene la costumbre de llegar media hora temprano a la escuela y la costumbre de las vacaciones le impidió levantarse en su horario usual), y Soul, que va de salida con rumbo también al Shibusen, ofrece llevarla.
— ¿Yo? ¿Subirme en esa trampa mortal? No, gracias. —responde, mirando con desconfianza el vehículo. El albino suelta una risa ante el apodo que le ha dado a su bebé, y la urge a subir, pues si no se apura sí que irá tarde.— Olvídalo, Soul. Yo en esa cosa no me subo.
— Bien. ¡EH, SPIRIT, DICE MAKA QUE SI PUEDES LLEVAR-
— ¡ESTÁ BIEN, ESTÁ BIEN! Me subiré —concede—. Eres un chantajista, Soul Eater.
Él le muestra su mejor sonrisa de tiburón y arranca el motor, haciendo que la llanta delantera de la motocicleta se alce unos cuantos centímetros. Ante esto, Maka pega un chillido digno de Liz cuando le cuentan una historia de terror, y se abraza de la cintura del albino como si la vida dependiera de ello.
Habiendo cumplido su cometido (lograr que ella se le abrazara), Soul emprende el camino hacia el Shibusen, y se asegura de ir a una velocidad relativamente alta, de manera que Maka no suelta su cintura hasta que no están seguramente estacionados en la entrada de la preparatoria.
Una vez ahí, se dirigen a sus casilleros, que no quedan muy lejos el uno del otro. Al abrir el suyo, Soul observa caer un montón de cartas, la mayoría en sobres rosas y con corazones como sellos, o en el remitente. ¡Demonios, tienen corazones por todos lados!
Desde su casillero, Maka lo observa con curiosidad, y él toma un sobre con las puntas de los dedos (demonios, está perfumado) y lo abre de la misma manera. Al leer las primeras líneas, descubre el significado de todo eso y hace una bola con el papel, tomando en los brazos el resto de las cartas y dirigiéndose al bote de basura, donde las tira sin interés alguno.
Vuelve a su casillero y toma un par de libros. Después, Maka y los chicos se reúnen con él.
— ¿Qué fue todo eso, viejo? —inquiere Black*Star, que junto con Tsubaki, lo vio deshacerse de la marea de sobres cuando se acercaban por el pasillo.
— Uh... cartas de amor, creo. Leí una a medias y decía algo sobre citas y relaciones, pero soy demasiado cool para eso, tú sabes.
Black*Star sonríe, diciendo algo como "ese es mi discípulo, nadie es suficientemente bueno para nosotros" que le vale un maka-chop por parte de Maka y una mirada desanimada de Tsubaki. Se apresura en enmendarse con la pelinegra asegurándola de que ella no es como las demás, que tiene cualidades para ser su diosa, y Maka sabe que ya lo perdonó cuando alza la mirada con esperanza pintada en los ojos azules.
Kid, Liz y Patty, que apenas llegan, no se enteran del incidente, pero Maka sí que lo vio, y observa a Soul con una mirada que al albino le incomoda porque no sabe como interpretarla. No obstante, no se da tiempo a analizarla, pues él mismo se asegura de vigilar todo tipo de interacción que se da entre Kid y su vecina.
Porque, Soul será un idiota y todo, pero es un idiota cool, y cuando eres cool, sabes que no es cool negar tus sentimientos.
Aún si el objeto de estos es una chica de cabello cenizo, rostro de niña pequeña y un busto casi inexistente (aunque no puede decir lo mismo de su trasero, porque Maka sí que tiene un agradable trasero).
Y que lo parta un rayo si va a dejar que Kid, por muy agradable que sea, le robe a su rubia.
El segundo semestre se presenta a sí mismo como un remolino interminable de proyectos y tareas, y también de un nuevo aspecto en la vida del albino: sus fans. Son un grupo de chicas de distintos grados de la preparatoria que se pasan el día acosándolo y tratando de agradarle y ganarse su corazón.
Pobres niñas tontas, con su maquillaje y sus atuendos reveladores. Admite que hubo un tiempo en el que se hubiera embobado al ver los atributos que algunas de ellas poseen pero, después de venir a Death City y conocer que hay más en las personas que sólo la apariencia, Soul las mira falsas y vacías, a todas ellas.
A Maka no le agradan. Cuando se siente optimista, le gusta pensar que la chica las ve como una potencial amenaza, pero la mayoría del tiempo llega a la conclusión de que ella simplemente desaprueba su actitud, la manera en que se degradan a sí mismas y se cambian de imagen para agradar los gustos de alguien más.
—Yo nunca cambiaría mi manera de ser ni de vestir, mucho menos por un chico. —declaró ella cuando Liz le preguntó la causa de su molestia ante las chicas— Me molesta ser de la misma especie que ellas.
Y Soul la admira, por ser original y nueva y refrescante, y tan estúpidamente cool a su manera que a veces tiene que esforzarse demasiado para ser tan cool como ella.
Razón de más para esforzarse en mantener a rayitas (como le ha apodado a Kid) lejos de ella. Su acecho hacia el pelinegro continúa, y su incomodidad se vuelve más insoportable cuando Stein les obliga a hacer un proyecto de ciencias en equipos de cuatro integrantes, y la lista queda así: Black*Star, Tsubaki, Soul y Liz en un equipo; Kid, Crona, Maka y Patty en otro.
Se siente amenazado por todos lados por las horas que su vecina se ve forzada a pasar con el pelinegro, y por las mismas que él debe pasar con sus compañeros en su apartamento, deseando que sea ella con un libro en la mano y no ellos con su estruendo -Black*Star, mayoritariamente- y su acrílico -¿tú quién crees? Exacto, Liz- y las sonrisas avergonzadas de Tsubaki que son innecesarias porque no es como si ella fuera la madre del peliazul o de la mayor de las Thompson, pero dichas sonrisas se presentan de cualquier manera y por las noches todo lo que Soul quiere es morir un rato en su cama y no despertar hasta que esa estupidez del proyecto se haya terminado.
Cuando Maka llega a pasar tiempo en su casa, él trata de interrogarla sobre su trabajo, pero ella objeta que "lo último que quiere es pensar en el condenado proyecto" porque "como vuelva a escuchar que una de las letras es un milímetro más grande que el resto, tendrá que darle un maka-chop a alguien" y créanle, el albino quiere muchas cosas con ella, pero no ser su saco de boxeo.
Mientras tanto, sus respuestas molestas contra la obsesión de Kid logran alimentar al monstruo verde en su estómago, y él sonríe cuando se sienta a su lado a ver TV y le alborota el cabello.
Empieza a alarmarse una tarde que, al salir del Shibusen, Kid aborda a Maka, pidiéndole "hablar con ella en privado un momento". Genial, lo único que le falta. Ya hasta se estaba empezando a relajar. Maldice a diez diferentes deidades en ocho idiomas cuando Maka acepta, con esa sonrisa de oreja a oreja suya y se aleja con él. Soul la espera, pues ya se les ha hecho costumbre ir y volver de la escuela en su motocicleta, y cuando ella vuelve tiene la sonrisa más traviesa que le ha visto en su vida y con un demonio, esto no le gusta nada.
Él le pregunta el motivo de su alegría y ella le resta importancia con un movimiento de su mano.
—Nada interesante, Soul. Vámonos, voy a preparar lasaña.—ella sabe que la comida italiana es su punto débil y él sabe que está tratando de distraerlo con ella, pero Soul es un chico simple con placeres simples y por tanto se deja distraer con una maniobra simple.
— Mi verdadero apellido no es Eater. —suelta un día, tirado en el piso de su apartamento: los sillones han sido movidos para hacer espacio. Maka y él estudian para los exámenes que se avecinan. De manera sorpresiva, su ida de la lengua no logra que la rubia alce siquiera la vista de su libro. Soul no puede sino fruncir el gesto ante su falta de interés.
— Ya lo sé... —ofrece con desgana. Una de sus coletas está medio deshecha, nota. Jala los mechones de cabello rubio, atrayendo su atención.
— ¿Cómo que ya lo sabes? ¿Por qué no me habías dicho que ya lo sabías? —inquiere en un gruñido molesto. ¿Quién se lo dijo? ¿O es que es ella la que lo espía a él? Una parte de su ser está aliviada porque la culpa le comía de ocultarle a ella ese secreto.
Maka se toma su dulce y largo tiempo para responder. Cuando lo hace, su tono tiene cierta aprehensión, pero su expresión es ilegible, el albino no tiene idea de los pensamientos que recorren su cabeza. Es extraño, porque ella es generalmente un libro abierto para él (para todos), ¿estará molesta?
—¿Quién en verdad tendría por apellido "Eater"? —inquiere, una ceja alzada de manera escéptica, y Soul replica que se han visto cosas más extrañas. Maka pone los ojos en blanco y continúa— Ignorando eso y tu estupidez —él resopla—, no es inusual que Stein o mi padre me obliguen a tomar lista en su lugar. En la lista viene tu verdadero apellido, pero como el primer día que llegaste interrumpiste al profesor para que no nos lo dijera, supongo que debes tener una razón para querer que nadie se entere, no te lo comenté porque supuse que no era mi asunto, y que tal vez algún día tú mismo me lo dirías.
La mira por unos segundos, su fría pero a la vez muy cálida lógica lo asombra hasta dejarlo mudo.
Él no cree que ella sepa cuánto la aprecia en ese momento. No cree que ella entienda que acaba de romper su medidor de cool con la simple acción de seguirle el juego en su mentira, que eso que ha hecho por él no tiene precedentes y que se está preguntando dónde demonios estuvo esta chica toda su vida.
Ella, con sus infantiles coletas rubias, con sus comentarios inteligentes, con la sonrisa luminosa y el temperamento de los mil demonios. La que no le soporta ni una sola grosería y que tiene las agallas para golpearlo cuando se pasa de la raya. Y vaya que es buena golpeando. En un ataque de cariño, le sienta con un tirón a su brazo y luego la atrae hacia sí, apretándola en un abrazo que es incómodo e inesperado, y ella no está segura de a qué viene todo esto pero simplemente sigue la corriente y con delicadeza rodea su torso con sus delgados (pero fuertes, vaya que sí) brazos.
Si se lo preguntaran, Soul probablemente diría que fue en ese punto donde empezó a hacerse dependiente, a enamorarse de Maka.
En resumen, el año se ve prometedor para Soul. Sigue sospechoso de Kid (que insiste en reunirse con Maka después de clases un par de veces a la semana), pero él también tiene sus avances con la chica, y por ello se siente satisfecho. En eso piensa una noche fría de finales de febrero, cuando una serie de golpes frenéticos le llegan desde su puerta. Extrañado, se levanta a abrir.
Decir que lo que ve frente a él lo impacta es quedarse cortos.
Es Maka. Pero no tu usual, risueña y mala-para-los-chistes Maka, sino una chica que él no conoce: el pelo le cae sobre los hombros y está hecho un desastre, las manos se aferran a los antebrazos, y sus ojos están anegados en lágrimas; él abre los brazos en una invitación silenciosa casi tan pronto como la ve. Maka se abalanza sobre él, aferrándose a su cuello, que luego siente humedecerse con las lágrimas de su amiga.
—¿Maka? ¿Qué sucedió? —pregunta, una vez que la ha acomodado en el sillón. Está casi sentada sobre él, arrodillada entre sus piernas, aún abrazada a su cuello. Él tiene las manos en su espalda y la frota suavemente para reconfortarla, pero no ayuda a controlar los sollozos. Una de sus manos sube inconscientemente para acariciar su cabello y cuando se da cuenta, no tiene la suficiente voluntad para alejar dicha mano de allí.
Ella llora sin parar por alrededor de dos horas, hasta que sus sollozos terminan por adormecerla y sin que Soul pueda anticiparlo, se queda dormida sobre él. Se encuentra entonces en una encrucijada: despertarla y decirle que vaya a casa, o acomodarla en la habitación de huéspedes y arriesgarse a ser asesinado por Spirit Albarn cuando se de cuenta.
La primera opción es más segura para su integridad física, pero no tiene corazón para interrumpir el sueño de la muchacha, así que se decide por la segunda. Acomoda mejor su cabeza en su hombro, y pasa su brazo libre por debajo de las rodillas de Maka -que deben estar adormecidas por pasar tanto tiempo dobladas-, alzándola en vilo y llevándola hasta la puerta al lado de la suya.
Toma la perilla con algo de dificultad, encendiendo la luz con uno de sus hombros, y ésta ilumina un cuarto decorado en colores blanco y azul pastel. Apoyando mejor a Maka en un brazo, abre las sábanas y el cobertor, y luego la acomoda suavemente en la cama. Le quita los zapatos, se asegura de que esté bien tapada -las noches de invierno en Death City son muy frías-, y finalmente apaga la luz para dejarla dormir en paz.
Esa noche, ni él ni ella duermen bien. Él a causa de la preocupación que la rubia le provoca, y ella por la misma razón por la que llegó llorando a su apartamento, que la ronda hasta en sus sueños.
La mañana toma a Maka desprevenida, si el grito que pegó dice algo. Soul está en la cocina preparando el desayuno, son las diez de la mañana y se ha saltado la escuela para cuidar de su inestable amiga. Unos momentos después de escucharla gritar, le llega el vago eco de sus pisadas, que se acercan presurosas a la cocina. Sabe cuando al final se para en la puerta gracias a su respiración, que se oye entrecortada.
—¿Quieres huevos con tocino? —pregunta casualmente, sin voltear a verla. Le está dando un momento para recuperar el aliento y no verse como un desastre, ella supone, pero ese chico es un misterio andando, aún si ahora son más cercanos de lo que esperaba que alguien como él podría llegar a ser con alguien como ella.
—¿Qué estoy haciendo aquí, Soul? —inquiere ella, con voz aprensiva. Soul trata de mostrarse comprensivo, pues Maka es en general muy fuerte y muy centrada. Las dudas lo comen por dentro, ¿qué le pasó? Guarda silencio por un momento, pensando en cómo abordarla al respecto. Al final, decide que ser directo es lo único que funciona para él (no es famoso por su tacto, después de todo), y le explica cómo llegó anoche a su casa, hecha un mar de lágrimas que al final la ahogó en el sueño.
Para entonces, ya están a mitad del desayuno y a Maka se le suben los colores al rostro. Termina su desayuno en silencio y voltea al reloj del microondas, haciendo el más grande de los berrinches que Soul ha presenciado hasta la fecha cuando se da cuenta de que son las diez treinta y no las seis treinta.
—¿¡No me levantaste para ir a la escuela!? ¡Mi récord de asistencia! —exclama ella, al borde del colapso, ganándose una mirada ofendida de él, que se lamenta de que no se aprecien sus atenciones, y a la vez le explica que no cree que quisiera volver a su casa temprano por su uniforme y sin él no puede ir a la escuela porque, demonios Maka, no puedes ir en pijama.
El silencio que le sigue a su discurso asegura a Soul que la rubia está de acuerdo con su razonamiento.
Se trasladan a la sala, donde pasan unos cuantos minutos incómodos en los que él no quiere preguntar y ella no quiere explicarse. Soul espera a que ella empiece, pero si la conoce, Maka no le dirá lo que le pasa hasta que queme un libro frente a ella para torturarla.
Esperemos que no llegue a eso.
—Bien eh... esto no es cool —murmura antes de continuar—. Como sea... Maka, eh... ¿sería mucho pedir que explicaras el hum... episodio de anoche? Es decir, mi casa es tu casa y toda esa mierda pero me gustaría saber que te pasó y... eso.
Él se esfuerza, pero lo suyo no son las palabras ni los sentimientos (aún si estos le juegan malas pasadas en su mente más seguido de lo que le gusta admitir); la mira a los ojos, esperando que ella pueda ver preocupación que no logra expresar porque, claro, tiene una actitud que mantener.
Parece que logra entenderlo, porque sin necesidad de mayor presión, empieza a hablar: como él bien sabe, hoy es su cumpleaños, y como suele pasar el día con los chicos, la noche anterior al día de su nacimiento "festeja" con su padre (y con festejar se refiere a que el pelirrojo hace un vano esfuerzo de complacerla llevándola a cenar o al cine o a la librería pero una aleatoria figura bien definida le succiona la fuerza de voluntad a mitad del paseo).
Pues bien, esa noche ni siquiera llegó a intentarlo. Maka había decidido que ese año quería festejar en casa, de ese modo su padre no se distraería con nadie más. Le comunicó eso a su padre durante la escuela, y él le respondió animosamente. Así pues, saliendo de la escuela se desvió de su camino para ir al supermercado por las cosas que le faltaban para la cena -eso explica por qué no se fue con él como siempre-, y se encaminó a su casa. Qué sorpresa se llevó al abrir la puerta de su casa y encontrarse a su padre en el sillón, con una voluptuosa mujer encima de él, aparentemente desabrochando los pantalones de su padre mientras lo besaba apasionadamente.
No pudo sino soltar la bolsa de víveres y casi tumbar la puerta de su vecino a golpes.
Él entiende, y a la vez no. Es decir, es obvio que su padre no debió comportarse de tal manera, y aunque Spirit Albarn no es su persona favorita, no ve nada extraño en que un hombre soltero y con una cara no-tan-deforme como él tenga encuentros de vez en cuando. ¿Cuál es el problema entonces? Le comunica su opinión al respecto a Maka y ella guarda silencio. Su mirada está perdida en algún punto detrás de él y le tiembla el labio como si fuera a llorar de nuevo.
Gracias a Jesús o a cualquiera de los otros diez dioses a los que anteriormente maldijo que no lo hace. Maka es fuerte, pero aún así sus sentimientos (o eso cree el albino) la obligan a hablar en susurridos.
—Mi madre y mi padre se casaron muy jóvenes... me tuvieron a los diecinueve años... mi padre siempre... siempre ha sido un mujeriego —murmura con desprecio—. El trabajo de mi madre la obligaba a estar fuera de la ciudad por largos periodos de tiempo, y durante ese tiempo, yo siempre veía a mi padre coqueteando con otras mujeres, o yéndose al bar del brazo con dos o más tipas, todas ellas muy bonitas y dejarme sola con el profesor Stein por irse a beber...
Cuando menciona a Stein, Soul siente un no-muy-masculino escalofrío recorrer su espalda.
—¿Tu padre te dejaba con el loco Stein? —Maka lo mira ofendida.
—Stein es mi padrino, Soul. —oops. Se disculpa sin sentirlo, pero eso la satisface. Continúa su historia—Bien... mi madre solía tener muchos pleitos con mi padre a causa de eso, y yo la admiro mucho, y entiendo su odio por mi padre, incluso lo comparto... ¡mi madre no se merece lo que mi padre le hizo, demonios! —exclama, sin poder evitar que una lágrima rebelde desfile por su mejilla. Se la enjuga con la manga antes de que manche la alfombra— Cuando cumplí doce años, mis padres se divorciaron. Mi madre ganó mi custodia, pero por su trabajo, sigue viajando, y yo me veo forzada a quedarme con mi padre.
Él la mira fijamente, procesando todo. Para su suerte, el tupido cabello blanco le impide a ella notar su mirada.
—Mi padre lo intenta, Soul. Yo intento apreciarlo pero... ¡siempre, siempre es igual! Siempre está haciendo algo bien y mira una falda, un par de piernas y un escote y ¡adiós fuerza de voluntad! Es un pervertido y un idiota, y siempre me deja sola por irse con sus mujeres y..y...
Ahoga un grito de frustración, escondiendo la cara en uno de los cojines. Él se levanta de su asiento frente a ella y se sitúa a su lado, jalándola suavemente de los hombros para que se recargue contra sí, queriendo apoyarla. Maka se aferra con fuerza a su camisa, y él siente una furia contra el padre de la chica por herirla de esa manera, por ignorarla (aunque no siempre fuera a propósito), y desea fervientemente poder ir a la casa de su vecino, tumbar la puerta y molerlo a golpes.
Así, sentado en el sillón de su apartamento, con la chica que se ha convertido en su mejor amiga aferrada a él, Soul tiene una revelación:
Está enamorado de Maka. Completa y estúpidamente enamorado de esa chica de pecho inexistente, temperamento impredecible, sonrisa como un sol y una puntería envidiable. Se siente el chico menos cool del mundo, se siente perdido, y por una vez, siente que pertenece a algún lado. Ahí se queda por unos minutos, con la boca entreabierta y una sensación de ligereza en las extremidades. Así lo encuentra Maka cuando alza la cabeza.
Ella está más tranquila, y le pasa una mano frente a la cara para traerlo de vuelta a la Tierra.
Hace un intento de recuperar su actitud cool, pero balbucea demasiado. Le arranca a Maka una risita, y eso lo satisface por dentro (aunque por fuera frunce el ceño y reclama a la chica que "reírse de quienes te dan asilo no es cool").
—Puedes quedarte aquí tanto como quieras, Maka. Esta es tu casa —asegura él, sin mirarla a los ojos -no sea que note el nada cool sonrojo que cruza su cara-, por lo que no nota cómo se ilumina la de ella. Sus ánimos decaen cuando piensa en el padre de ella—. El viejo verde de seguro te arrastrará de vuelta a tu departamento, ¿verdad? —murmura.
Maka no se desalienta, sino que sonríe más amplia mente — Mi madre tiene la custodia, ¿recuerdas? Permíteme usar tu teléfono.
Él se voltea hacia el teléfono para que ella no mire la sonrisa que se le pinta en la cara, y ella se aleja un poco para conversar con su madre. Unos minutos después, está todo arreglado. Su madre se encargará de Spirit, le dice ella, y ya luego pasará por su ropa. Se quedan un rato más en la sala, aburriéndose de lo lindo.
—Hey Maka —dice Soul de pronto. Ella alza la cabeza — ¿Es tu cumpleaños, verdad? —la rubia asiente— Ve a cambiarte de ropa a tu casa, vas a pasar el cumpleaños más cool de tu vida.
"Y estos muros ya veo caer, y siento el suelo ya bajo mis pies... este amor lo podremos mostrar, con toda libertad."
Notas finales: ughhhhhhhhhhhhhhhhhh no estoy nada, nada satisfecha con esto. Me gustó el principio, pero de ahí en adelante esto es poop. Espero no decepcionarles. No, no lo espero, sólo lo hago por mantenerme firme a mis compromisos. Anyway, espero sus comentarios.
