Buenas, al parecer hasta ahora nadie se intereso por el fic, pero si hay alguna alma que lo leyo, de todas formas seguiré publicado capítulos. Espero que este capítulo sea de su agrado y si tiene alguna sugerencia háganmela saber.
Y con el tiempo… Legara.
- Bueno la siguiente es… -la rubia y menuda mujer miro con desagrado la sala de estar.- Erzebeth, pasa.
- Buenos días Mistress Alice. -saludo con finjida sonrisa la castaña.
- Nada tienen de buenos si por cuarto año consecutivo debo buscarte un marido -contesto secamente- que quede claro que esta es la ultima vez.
- Lo se, -contesto de igual manera.- mi padre ya me lo advirtió.
- Bien, ya que te conozco a la perfección, saltémonos el protocolo y comencemos por el té. -dijo señalando una mesita junto a los sofás.- Imagina que soy tu suegra, la respetable madre de tu marido.-Mistress Alice era una respetable y fina dama inglesa que también ejercía de institutriz para algunas familias. Durante todos sus años de casamentera jamás había tenido una muchacha que fuera tan buen partido y a la vez tan mal educada si se lo proponía. Hasta las muchachas mas humildes ponían todo de su parte, menos ella.
- ¿Y si la madre de mi marido esta muerta? A quien le serviría el té -pregunto inocentemente.
- Tú preocúpate de servir bien el té. -su tono era cada vez mas déspota.
- Esta bien. -como pocas veces, la castaña tomo con delicadeza la tetera y sirvió elegantemente en las dos pequeñas tazas de porcelana sin derramar ni una gota.
- Vaya, por primera vez haces algo bien. -tomo un sorbo y se dispuso a continuar.- Ahora, mientras tomamos el té, recita tus deberes como esposa.
- Cubrir correctamente cada una de sus necesidades y peticiones, siempre tenerle una buena comida, jamás hacer que pase vergüenzas por mi culpa, cuidar y criar correctamente a nuestros hijos. -recito de memoria y con desprecio.- pero según yo se usted no cumple casi ninguno de sus deberes con su marido; además esos deberes son completamente retrogradas, mi padre fue capaz de criarnos y sobrevivir sin ninguna mujer que cumpliera con todas esas sandeces.
- Y bastante falta que le hizo, para ser hombre lo hizo bastante bien, pero solo basta mirarte para que todo mundo se de cuenta de que falto un mujer en su vida, -le espeto- además mírate, sigues igual o mas delgada que la ultima vez, así nadie creerá que serás buena para tener hijos.
- Yo no quiero tener hijos. -protesto con furia.
- Pero que es lo que quieres de tu vida jovencita -grito casi exasperada y Mistress Alice nunca se exasperaba.
- ¿Enserio quiere la verdad?
- No me conteste. -hojeo su libreta y anoto algunas cosas para luego cerrarla.- Ya puedes irte, veré que puedo hacer por ti.
- Excelente, esta será el ultimo año que la vea. -salto de su asiento como si tuviera un resorte y le lanzo un beso a la dama inglesa.- Viszontlátasra.
- Que Dios sea piadoso con el hombre que se case con ella. -murmuro la rubia.
En ese mismo instante Alice comenzó a escribir una carta para Sadic.
Estimado Señor Sadic:
Durante cuatro años eh intentado infructuosamente encontrar un buen esposo para su hija y pese a todo no puedo negar que cada año sus logros son cada vez mas esplendidos, pero lamentablemente Erzebeth tiene una actitud completamente negativa para con el tema. Como cada año me comprometo a encontrar algún pretendiente digno de ella, pero me temo que los rumores se expanden como una epidemia y cada vez se hace mas y mas difícil, le advierto con todo respeto que no se ilucione.
Se despide cordialmente
Alice Kirkland de Jones.
- Hija por favor, cuéntame como te fue. -fue el saludo del turco a penas Erzebeth entro a su casa acompañada de Heracles.
- Excelente padre, se de memoria todo lo que una buena esposa debe saber, -contaba con sorna.- pero Mistress Alice que cree que mi actitud es completamente contraproducente. -le beso la mejilla y se fue directo a su habitación antes de que su padre le dijera algo.
- Tu hermana va a matarme antes de tiempo. -murmuro mientras abrazaba, abatido, a su hijo.
- No papá, ella te ama, -dijo mientras le devolvía el abrazo.- solo que tu no la comprendes.
- Cuanta falta me hace tu madre. -Heracles podría jurar que escucho un sollozo proveniente de Sadic, pero prefirió no decir nada. Licofrón se paseaba entre las piernas de ambos dándoles su apoyo.
- Joven Roderich, ah llegado carta sobre el asunto del compromiso. -dijo muy cordialmente una mucama.
- Excelente, muchas gracias. -el joven aristócrata tomo la carta y sonrío, todo marchaba a la perfección.
Gracias por leer J
Onny.
