Este capítulo es un poco más largo, pues meto un flashback de algo que ocurrió unos días atrás. También decir que Emma y Regina se escriben mensajes de comunicación instantánea, los de Emma irán en letra cursiva y los de Regina en negrita, por si cabe alguna duda.

Disfrutadlo y dejadme opiniones, sugerencias o mejoras. ¡GRACIAS!

PD: Agradezco los reviews respecto al primer capítulo. Son muy importantes, sobre todo el apoyo y la inspiración que me dais a seguir escribiendo. Gracias, de veras.


Tarde de miércoles, Emma aprovechaba para irrumpir en el piso compartido por Regina y Robin, cuando el muchacho accedía cargando una bolsa de papel en sus brazos. Por como iba parecía que tenía prisa

-¡Regina, Regina!

-¡Ey! Casi me tiras…-Se quejaba Robin, con el ceño molestamente fruncido, cerrando la puerta.

Emma caminaba hacia el sofá, donde se encontraba su amiga, revisando los papeles del nuevo contrato que había firmado esa mañana.

-Hola…-Sonreía Regina, tranquila y animada porque la búsqueda de empleo hubiera dado sus frutos.

-Enhorabuena –La rubia se sentaba a su lado, esbozando una sonrisa, mirando el contrato. Lo que no sabía Regina era que ella misma había tenido que ver en todo eso de contratarla.


La semana pasada, Emma tuvo que acudir a una reunión de trabajo, organizada por una empresa de periodismo, los cuales solicitaban servicios de la empresa donde trabajaba Emma, y como ella era la propia jefa de sección, se vio en la obligación de ir a finalizar el papeleo.

Esperaba en el despacho del jefe, sentada en la silla, observando el revuelo que se formaba fuera, al tener la puerta abierta.

-Esto es indignante. –Se oían la voz de una muchacha, una trabajadora.- Pido un aumento de sueldo y ¡ni siquiera se lleva a tramitar!

-No estamos de acuerdo con él, ni siquiera trae los artículos a tiempo, ni…-Hablaba el jefe, con quien Emma ya debería estar reunida.

La muchacha se levantaba, dando un golpe a la mesa. Continuaba replicando, Emma no podía escuchar con claridad las voces hasta que, de nuevo, la muchacha emite un grito, aclarando su dimisión. El silencio se hace por unos minutos, haciendo que Emma tamborilease con el pie en el suelo, nerviosa, hasta que la puerta se cierra con algo de fuerza.

-Disculpe. –El jefe accedía al despacho, tomando asiento en la silla.

-Oh, no se preocupe. –Emma se ajustaba un poco la fina corbata que sujetaba el cuello de su camisa, mirándole.- Trabajadores…

-Incompetentes. –Aclaraba el jefe.- Se piensan que son una eminencia por haber salido en televisión, y luego su trabajo es más que insuficiente –Le tenía los papeles que debía firmar a Emma.

La rubia, dado que ya su propio superior los había revisado -o eso creía- no tarda en firmar sin leer.

-Si me permite la objeción…

-¿Sí? –Se adelantaba el hombre.

-Conozco a una periodista más que competente, que se encuentra, en este momento, sin ningún proyecto a sus brillantes manos. –Brillantes y hermosas, pensaba la rubia, expresando una sonrisa tranquila.- Por descontado tiene mis referencias.

El jefe de aquella empresa la miraba, uniendo sus propias manos en la mesa.

-Que rápido vamos a cubrir esa vacante. –Hacía una corta pausa.- Verá, Swan… no suelo acoger a empleados por amiguismos, a mi entender no es una buena costumbre.

Emma se echaba hacia delante en la silla.

-Pondría las manos en el fuego por ella. –Le confesaba. Le confesaba algo de lo que, ni Regina, ni nadie tenía conocimiento.- La conozco y es una verdadera adicta al trabajo. Es responsable, educada, puntual, organizada, creativa… Y por qué no decirlo, su belleza iluminará toda la oficina. –Sonreía con amplitud, convicción y la vista clavada en aquel señor. Sabía lo mucho que necesitaba Regina ese aliciente, ese empleo para poder seguir con ellos en Nueva York. Y ella más que nadie, no quería que se marchase.

El hombre se sonreía, tomando una plantilla de su cajón.

-Entréguele esto, y que lo traiga relleno cuando la citemos para hacer la entrevista…

Emma enseguida negó, entreabriendo la boca, parándole.

-Verá… No quiero que ella sepa que yo estoy metida en esto. No me gustaría estar de intermediaria...

A pesar de lo que le gustaba que la gente le debiese favores, que le estuviese agradecida y luego poder aprovecharse en situaciones, con Regina no era así… Prefería verla feliz, pero desde un punto externo al ''me tiene que estar agradecida por haberle renovado el pasaje al conseguirle un empleo'' porque realmente, no había sido algo intencionado.

-Bueno… como desee. Rellene la ficha y nosotros la llamaremos para concertar la entrevista.

-Gracias –Musitó de forma clara, agradecida, tomando la ficha y plasmando en esta los datos de su amiga, incluyendo su teléfono móvil. Evidentemente, dejaba huecos en blanco en las cosas que no conocía.- Le prometo que no les defraudará. En ese caso…-Le tiene una tarjeta de visita, obtenida el bolsillo interior de su chaqueta.- Llámeme y me pone la cara colorada –Sonreía, dándole la confianza, sabía que no recibiría una mala crítica de Regina.


De nuevo aquella tarde. Blanca y David se había incorporado.

Regina les contaba a todos como había ido la entrevista, manteniendo una amplia sonrisa que apenas cabía en su rostro.

-No dudaron en darme el puesto nada más verme –Trataba de abrir el botellín de cerveza irlandesa, que había traído David, con el abridor de mano.- Hablé un poco de mis referencias, de mi currículum y… apenas acabé las explicaciones cuando ya me vi siendo guiada por las instalaciones y viendo la que será mi mesa de trabajo.

-No sabes cuánto me alegro, Regina…-Blanca la abrazaba con uno de sus brazos, sentada a su lado, sonriendo con ilusión.

-Lo más extraño de todo es que no recuerdo haber ido a esa empresa…

Emma, que se sonreía, acudía al frigorífico a por una nueva cerveza, sin abrir la boca sobre su pequeño secreto.

-¿A qué se debe que estés tan contenta? –Preguntaba Robin, que también andaba por la cocina.

-¿Yo? Nada. Tengo un buen día, hace una estupenda temperatura veraniega y Regina no se marcha. –Dejaba caer, de últimas.

Robin arqueaba una ceja, cruzándose de brazos.

-¿Has tenido algo que ver?

Emma dejaba entreabrierta la puerta del frigorífico.

-Parece que no te alegre que haya encontrado trabajo…

-Por supuesto que me alegra, ¿acaso crees que tampoco he estado angustiado estas semanas? Se marchaba el domingo, Emma…

-Pues ya está.

-Sólo contéstame. –Inquiría.

-No. –Sentenciaba la rubia.- No he tenido nada que ver. Ella es capaz de esto y más.

Robin se mojaba los labios, celoso, conocía a Emma. La rubia cerraba el frigorífico, apoyada en la encimera americana que daba a la sala de estar mientras la abría, observando la continua ilusión de Regina, dedicándole un guiño con la nariz cuando da con su mirada.

-Entonces…-Sale de la cocina, acercándose a la reunión.- Hemos de brindar por ello –Primero aceraba su botella a la de David, pasando por Robin y Blanca respectivamente, dando por último con los ojos castaños de Regina, sentándose en el brazo de sofá, junto a ella.- Me has evitado ir a Puerto Rico para visitarte. –Hacía una mueca de desagrado.

Regina sonreía, ese día sí, se lo perdonaba todo.

-Allí a los que vais en traje, os roban en el aeropuerto –La advertía, arqueando las cejas.

-¿Lo ves? Lo próximo que te tienes que sacar es la nacionalidad estadounidense.

-Ni lo sueñes, Emma. Ni lo sueñes…-Repetía, tras chocar el botellín, una nueva vez con ella, antes de beber.

-Sueño tantas cosas que luego se hacen realidad…-Murmuraba con el morro de la botella en sus labios, apartándose con diversión ante el golpe de su amiga.

Desde luego que hoy, había sido un buen día.


Horas más tarde, tras la cena, Regina se encontraba en su dormitorio, atendiendo distraídamente al libro que leía, hasta que siente su teléfono móvil vibrar varias veces. Siendo Emma la que le escribía.

Enhorabuena de nuevo, pequeña. Mañana será un gran día, ya lo verás.

Regina fruncía el ceño, sonriéndose. Con la rabia que le daba que la llamase así, si corrían casi la misma edad. Además… ¿Emma dando gratuitamente apoyo? Qué raro le parecía. Contestaba.

Y dale con pequeña…

Lo eres. Pequeña ;)

Regina no borraba la sonrisa, pero Emma tampoco a través de su teléfono, removiéndose y cambiando de postura constantemente.

Gracias, Em.

Escríbeme a la hora que vayas a desayunar y te invito a un café.

Y tú… ¿Cómo sabes dónde se encuentra la empresa?

Ehm… ¿Google?

Regina se mordía suavemente el labio, sabía los contactos que tenía su amiga, sabía que haría cualquier cosa por ayudarla, pues ya había pasado en otra ocasión.

No, lo leí antes en tu contrato.

La rubia se excusaba, era tan cabezona que no le diría por mucho que preguntase.

Sobre todo…

Calla, deja el teléfono y descansa. Es tarde.

Pero… ¡Si has sido tú la que has irrumpido mi descanso! Vas a provocar que amanezca con ojeras.

Ni que te hicieran mal…

Quiero decir…

A dormir.

La morena se sonreía, guardándose un suspiro para sus adentros. Emma, sería como fuese, pero a la hora de piropear, pero sobre todo de retraer piropos, era encantadora.

Sí, a dormir.

Contestaba, tras un minuto que se le hizo eterno… Y lo curioso, es que ella era siempre la que hacía esperar en los mensajes. La que se hacía de rogar y cortaba las conversaciones, aunque no de la manera tan elegante que lo hacía su amiga. Sentía que con ella ningún juego valía, que Regina le era imbatible, a su vista… Pero no, el juego ya había empezado.

''El Regina'' así se titularía en su manual.

Punto 1. Conseguirle empleo y evitar que se marchase.

El punto dos, aún no estaba muy claro, pero estaba por venir, no muy tarde. ¿Se estaba enamorando? No. O quizá sí. O quizá ya lo estaba… pero Emma no lo veía así, era uno de sus dilemas internos que no quería tocar, guardado en una parte de su alma. Se conformaba con haberla animado.