Quiero agradecerles por sus reviews y por sus favoritos
Espero que les siga gustando la historia ¡Cualquier crítica es bienvenida!

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LOVING YOU IS MY SIN

Philip Pirrup estaba con la mirada perdida en algún punto del elegante y lujoso salón de baile en donde se encontraba, era demasiado curioso en el rubio, no se movía de la silla en donde estaba. Mientras otras personas de alcurnia hablaban entre ellos o bailaban con suma elegancia al bellísimo y suave ritmo del vals.

Pero a Pip esto no parecía interesarle en lo absoluto, accedió a ir solo por mera cortesía, no estaba de humor. El pequeño mundillo de la gente de clase alta no era tan divertido como lo parecía, o quizá simplemente no quería estar allí. Se sentía confundido, ya no pensaba más en su adorada Estella, aquella agraciada jovencita que robó su corazón tiempo atrás.

Quien había sido su primera razón para querer ser todo un caballero. Por un momento breve alguien llamó su atención. Una doncella se habría paso entre los presentes, sus ojos altivos, su sonrisa deslumbrante, su cabello perfectamente arreglado para la ocasión y su muy elegante contoneo atrapo las miradas de muchos hombre, despertando así envidia o admiración entre muchas doncellas presentes. Era la bellísima Estella Havisham quien atrapaba las miradas de todo aquel que la viese...a excepción de Pip quien desvió la mirada hacia otro lugar en el salón.

Se supone que debería estar emocionado de volver a ver a la preciosa señorita de quien se había enamorado de manera perdida. Pero cuando vio a Estella atravesar el salón no sintió nada. Lo admitía lucía preciosa; no, preciosa era muy poco para describir su apariencia, pero algo en si mismo cambió. No percibió ninguna euforia al verle, ni aquellas agradables cosquillas en su estómago como la primera vez que la vio. Eso estaba mal, como si estuviese enfermo.

¡Eso es! Philip había enfermado, si no fuese así ¿De qué otra manera no pensaría en su enamorada? Era lógico. Rápidamente puso su mano en la frente para comprobar si acaso tenía algo de fiebre. Nada, estaba completamente fresco, quizá era alérgico a algo, pero todo en el salón le era común. ¿Podría ser algún virus? Seguramente, no tenía ninguna otra explicación para su ridículo comportamiento de hace algunos días en la mansión del señor Thorn, ni tampoco su actitud en este momento donde su pretendida Estella pasaba a un degradante segundo plano en su mente.

Decidió incorporarse para pedir perdón al anfitrión de la pequeña reunión y poderse ir a descansar y sobreponerse de aquella enfermedad que tanto le molestaba, pero mientras caminaba en dirección donde se encontraba el elegante anfitrión, una mano le detuvo jalándole levemente de la muñeca. Philip se volteó para poder encontrase con la dueña de esa delicada mano. Su bellísima Estella, quien le observaba con una bella sonrisa en su rostro.

—Philip, me alegro mucho de volver a verte— expresaba mientras ensanchaba su sonrisa— ¿No estabas pensando en irte ahora, cierto?

—Señorita Estella, a mi igual me complace verle por aquí, solo que en este momento me siento algo… fatigado— se excusó el joven rubio sonriéndole amistoso— Creo que será mejor que me marche a descansar un poco.

— ¿Descansar? ¡Tonterías, Pirrup! Esto es una fiesta, vamos baila conmigo— indicaba mientras dirigía al joven hacia el centro del salón de baile.

Philip aceptó, un vals con la preciosa Estella quizá podría aclarar su mente, así ambos empezaron sus movimientos. El baile captó la mirada de los presentes, los movimientos llenos de distinción y gracia de ambos jóvenes junto con el suave ritmo del piano daban una imagen de hermosura. Estella seguía igual o más hermosa que la primera vez que la contempló, pero dentro de su ser no quería seguir en ese lugar, pero decidió no marcharse por el respeto que sentía por la jovencita. Sin embargo algo le hizo mirar al frente esquivando los hermosos ojos de la doncella. Lo que vio lo dejo casi sin aliento. Era él.

—Señor Thorn… — Suspiró en voz casi inaudible.

Su murmullo fue percibido por la joven, quien le miró algo extrañada y no pudo evitar mirar por encima de su hombro. Pudo visualizar al nombrado, quien bebía algo de vino y les miraba con una sonrisa. Ella ya había conocido a Damien Thorn dos días antes, reconocía que era un perfecto caballero con una gran facilidad de palabra, incluso le había elogiado a ella admirando su porte y hermoso semblante. Estella estaba más que encantada con su manera de decir las cosas. Sin duda alguna el Damien era un deleite de persona.

—Oh, ¿Le conoces? ¡Es alguien maravilloso, sin duda!— opinaba la joven rubia algo entusiasmada.

El joven Pirrup, sin embargo no le prestó mucha atención a su compañera de baile, estaba ensimismado contemplando a Thorn. Este observaba a la pareja de jóvenes mientras bebía su vino. Correcto, si la muchacha le volvió a decir algo el rubio no se dio cuenta, estaba demasiado distraído observando como los apetecibles labios del pelinegro quedaban húmedos por cada trago que daba al vino. Hasta que alzó levemente su copa hacia ellos, sonriéndoles complacido. Ya nadie más observaba a la pareja de jóvenes rubios, todos los demás en el gran salón reanudaron sus pláticas desde que ambos habían dejado de bailar.

—Yo creo que iré a saludarle— soltó de repente Philip, casi sin pensarlo, liberándose así del agarre de una aturdida pero a la vez deleitada Estella.

Se dirigió al señor Thorn con pasos con pasos moderados y con un leve toque de duda en ellos. Tembló levemente cuando la mirada del dueño de industrias Thorn se posó en él. Se sentía muy asustado, volviendo a percatarse de que el estremecimiento regresaba a él como en la primera vez que ambos se presentaron.

—Es un gran gusto el verle de nuevo, joven—saludó con una sonrisa.

Philip enmudeció, era como si de la nada una repentina asfixia de le hiciese presente, no podía reunir valor para responderle el saludo de la manera cortés como lo hubiese querido, un fuerte nudo en la garganta le ahogaba todo lo que tenía planeado. Así que solo correspondió con un asentimiento.

—Perdóneme ¿Le incomodo? No quisiese causarle molestia— interrogó mientras rozaba con su mano libre el brazo del rubio

—¡De ninguna manera! ¡Lo lamento mucho!— se disculpó con rapidez.

El señor Thorn solo le sonrió de manera amable mientras llenaba nuevamente su copa, esta vez con champagne, y le dio otra copa al rubio que estaba extasiado observando su manera perfecta de servir.

Nuevamente el dio un breve sorbo, el muchacho le imitó. Hasta que finalmente el pelinegro volvió a retomar la palabra.

—¡Esplendido! Porque presiento que usted y yo nos llevaremos muy bien ¡A su salud! —Terminó expresando complacencia, el joven le respondió con una gran sonrisa.

El Anticristo sonreía con malicia para sus adentros, todo le estaba saliendo tal y como lo había planeado.

Continuara…

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~Damien Thorn. (Rosy).