Capítulo II

44… no, 45


POV de: El sociable, estudioso y flamante novio de una pelirroja, Harry Potter

—Suerte en tu primer y último día de clases, amor —dijo mi novia revoloteando mi cabello, dejándolo más desordenado de lo normal.

—Gracias amor, nos vemos en el recreo —besé la frente de Ginny y subí al tercer piso, donde quedaba mi salón de clases.

Mientras subía peldaño a peldaño, no dejaba de pensar en las cosas que habían sucedido en este tiempo. Mis amigos aún me molestan porque me sonrojo cuando Ginny me besa delante de ellos, incluso cuando estamos solos; pero qué quieren que haga, esta chica me trae loco y eso me tiene feliz, inmensamente feliz. Y como sé que la única felicidad que le falta a Ron es enamorarse, con Neville nos tomamos la apuesta con mucha seriedad, y no descansaremos hasta verlo completamente alegre.

—Harry, creo que tendremos que conversar con respecto a algo —mi amigo me abría la puerta del salón, estaba a medio llenar, varias caras conocidas por todos estos años me saludaban alegremente.

—¿Con respecto a qué? —le pregunté a Ron.

—Quiero que dejes de tener esa cara de bobo que pones cuando piensas en mi hermana.

—¿Cómo sabes que pienso en ella?

—Por algo amigo —dijo tomando uno de mis hombros— soy el mejor de la clase.

Y diciendo eso, estalló en risas junto a mí.

Por costumbres de Ron, nos sentábamos al frente del pizarrón, siempre decía que ese sitio era el mejor, captabas toda la atención de los profesores, estabas atento a quien pasaba por fuera del salón… al principio no me llamaba mucho la atención la idea, sentarse adelante es algo 'ñoño' pero me di cuenta que no, sería ñoño si me sentaba con alguien pesimista, encerrado entre su mente y los libros, pero con Ron a mi lado, Neville y Draco en el banco de atrás, es imposible no pasarla bien y más encima, obteniendo buenas calificaciones, es lo mejor de lo mejor, somos el cuarteto ideal, este año será nuestro, porque nos postularemos al CEAL con Draco, y lograremos muchas cosas para el bien de Hogwarts.

Uno de los muchos hermanos de Ron fue presidente del CEAL, Percy. Si bien es cierto, no me simpatiza mucho ese hermano, quiero seguir sus pasos, si tengo la capacidad de luchar por lo que mis compañeros creen que hay que luchar, yo los representaré.

Ron tiene muchos hermanos, pero los únicos que viven ahora con sus padres son él y mi novia. Cada uno tiene distintos trabajos y en distintos lugares del mundo. Bill es gerente de un banco en Alemania, Charlie es arqueólogo y está prácticamente los diez meses de colegio en Egipto. A veces retorna al país. Percy es diputado hace unos cuatro años atrás; a pesar de que todos tienen trabajos serios y bastante bien remunerados, los hermanos favoritos de Ron (a parte de mi novia, claro) son los gemelos Fred y George. Tienen un circo con los animales más exóticos, las bailarinas más lindas y los colores más extravagantes. Recorren el mundo las veces que quieren, son bromistas y muy buenos amigos. Me habría encantado que mis padres me dieran más hermanos, pero lamentablemente mi madre padece de una extraña enfermedad la cual le impedía tener hijos, eso pensaron, y nací yo. ¿Milagro de la ciencia? Cuando pequeño pensé que era adoptado, pero luego me lo recriminaba, tengo los hermosos ojos de mi madre, y el alborotado cabello de mi padre. Producto de eso mismo, no hubo más milagro, y fui solo yo. Amo a mis padres, pero escasamente los veo, ambos trabajan en el extranjero, por lo que vivo prácticamente solo en nuestra casa, una que queda cerca de la calle Madriguera, conde viven mi novia junto a su familia.

No me había dado cuenta que el salón ya estaba repleto de rostros que expresaban sueño (de seguro que carretearon (1) hasta el último fin de semana), alegría, expectación… si mi inteligencia no me falla, lo más probable es que nuestra profesora ya se encontraba por llegar a nuestro salón.

No me equivocaba.

La profesora Minerva McGonagall se hacía presente en la sala de clases, con su cabello tomado correctamente, su falda escocesa y su chaqueta del mismo tono del uniforme de nuestro colegio, dejaba una pila de libros en la mesa, se ponía al centro de la sala, esperando que entraran los últimos compañeros para saludarnos.

Cada uno de nosotros nos pusimos al lado de nuestro banco, esperando su saludo.

La profesora Minerva tiene la fama de ser muy estricta, severa y todas las cualidades en cuanto a rectitud se refieren. Es además la orientadora del colegio y profesora jefe desde que comenzamos la enseñanza media, o sea, hace cuatro años atrás. Todas esas facetas se derriten cuando está con nosotros, es nuestra segunda madre (tercera en mi caso porque mi segunda madre es Molly) cariñosa, y muy paciente a la hora de resolver problemas. Gracias a ella, la comunicación en nuestro curso es excelente, nunca ha habido grandes problemas y todos nos llevamos bien, a pesar de nuestras personalidades distintas.

—Muy buenos días mis queridos niños.

—Buenos días profesora McGonagall —dijimos a coro, felices, a pesar de volver a levantarnos temprano para acudir al colegio.

—Tomen asiento por favor —esperó paciente, arreglándose sus gafas, mientras tomábamos lugar correspondiente. Sabíamos que nos daría un discurso, puesto que era nuestro último año juntos, como compañeros. Algunos de nosotros veníamos desde el nivel de transición compartiendo las aulas, por lo que era emocionante este momento—. Me alegra ver sus rostros tan felices, no saben las ganas que tenía de retar a Neville por no tener su camisa dentro de su pantalón —risas varias— o decirle a las señoritas Lavender y Pansy que se dejen de sacar fotografías cuando yo hablo —las dos chicas se ruborizaban ante el nombramiento de sus nombres— y por qué no decir que extrañé infinitamente las bromas sin gusto de Thomas.

Inconscientemente, todos nos comenzamos a poner algo melancólicos, a mí me comenzaron a venir muchísimos recuerdos, los aniversarios del colegio, sobre todo aquella vez, en que disfrazamos a la profesora Minerva de bruja, se veía tan bien con túnica y sombrero de hechicera, ya imaginábamos que nos transformaría en algún bicho, o ella se transformaría en gato, quizás…

—Es por eso que hoy, quiero decirles algo, y no quiero que lo olviden —dejó de sonreír melancólicamente, y comenzó a aclararse la garganta— Este es el último año que compartimos esta sala, aquí tendrán los últimos recuerdos de todos ustedes como compañeros y compañeras. Sufrirán por los exámenes en conjunto, se reirán de las bromas en conjunto, se saludaran y despedirán en conjunto, recordaran su trayectoria en estas cuatro paredes, en este colegio que pasó a ser un castillo impregnado de magia para que pudieran aprender de las cosas más banales y sencillas de una manera sin comparación, todo en conjunto. Porque si falta uno de nosotros, no somos nada. Y si estamos todos, somos uno solo.

Hubo un silencio, nadie quería articular palabra alguna, nos mirábamos de soslayo, y descubríamos que algunas compañeras lagrimeaban, y como buenos compañeros que eran mis amigos, les ofrecían su hombro para apoyarse. Me sentía inmensamente feliz de pertenecer a este cuarto año medio.

Así que sin previo aviso, me levanté de mi asiento y abracé a mi profesora. Sentí luego otro abrazo, y era el de Ron, de apoco, Neville, Draco, Lavender, Pansy, Thomas y todos nosotros éramos una gran masa de gente demostrándose cariño en un apretón de cuerpos.

—Basta de sentimentalismos —dijo nuestra profesora tratando de no llorar— aún tengo cosas de qué hablarles.

Todos nosotros nos ubicamos en nuestros asientos con sonrisas radiantes.

—¿De cuántos alumnos es la matrícula de nuestro curso? —la pregunta de la profesora Minerva nos descolocó un poco.

—En el colegio Hogwarts se permite por curso, la cantidad de 45 alumnos, profesora —dijo Ron de memoria, sin dejar de escribir algo en uno de sus cuadernos.

—¿Y cuántos somos, Ron?

—44, profesora.

—Puede que sea la oportunidad de Ron, Harry —Neville me secreteaba al oído. La profesora Minerva miró a la puerta de la sala de clases, movió su cabeza, y ésta se abrió lentamente.

Expectantes a quien fuera el que entrara por esa puerta, giramos nuestras cabezas al lado derecho. Partí mirando de abajo hacia arriba, tenía zapatos de charol, las medias azules marinas hasta la rodilla, debe de tener tres pares para que se le vean tan abultadas, la falda cercana a sus rodillas también, el chaleco manga corta que ocupan las chicas con el color de las líneas de la corbata, ésta perfectamente anudada debajo del cuello. Sin lugar a dudas, era una chica.


Nota de la autora:

¿Y quién será esa chica? ¿Lo descubriremos el próximo capítulo? Cha-chan! Gracias por sus rr :3 la verdad, me emocioné mucho por las alertas que me llegaron durante la semana.

Más de alguna sorpresa se llevarán con las características de cada personaje... Harry sociable, Ron estudioso, ya verán cuando aparezca Snape (yo misma les hago spoiler... me reí mucho escribiendo acerca de él).


Vocabulario:

Carretearon (carretear): para quienes no la conozcan, significa ir de fiesta, pasarla genial, y a veces la gente (yo no xD) bebe demasiado y se le nota en el rostro, se aprecian las orejas, se nos cambia el humor, el aroma a trago nos persigue todo el día, etc.

No duden, cualquier otra palabra que no conozcan, me la dicen. Besitos y gracias por seguir leyedo.