CAPÍTULO 2: PERSIGUIENDO UN SUEÑO:
Recordaba hasta el ultimo detalle de todo lo vivido en su sueño y no podía dejar de pensar en ello, cada vez que pensaba en la extraña sensación de familiaridad que había sentido al recorrer esos pasillos le hacia sentir añoranza, en el fondo sabia que realmente no había estado nunca en ese lugar pero el pensar que no estaba allí le hacia sentir que le faltaba algo, sabia que debía ir, que debía volver a recorrer cada centímetro de ese castillo que ella sabía que debía ser su hogar y el que deseaba que se convirtiera en su hogar y una gran determinación se apoderó de ella y la certeza de que terminaría averiguando todo lo que debía saber. Algo en su cerebro no la dejaba volver a dormir, un vago recuerdo que sabía que debía de ser importante aunque no podía determinar qué era. Sabía que desde que había pisado ese lugar en su sueño todo le había sido muy familiar, pero no sabia el porqué.
De repente una chispa se encendió en algún rincón de su cerebro y se levantó de un salto de la cama y cogió su varita que estaba bajo su almohada, al incorporarse pudo ver los primeros rayos del sol de un nuevo amanecer pero no le importó, era sábado y, como todos los sábados, todos solían levantarse tarde, sobre todo ahora que la temporada de Quidditch acababa de terminar. Se giró y se dirigió a su taquilla, apuntó a la cerradura con su varita, lanzó el hechizo para abrirla, miró a su alrededor para asegurarse de que sus compañeras seguían durmiendo y entró cerrando tras de sí la puerta.
Al entrar se dirigió veloz hacia su izquierda, donde se encontraba su rincón de lectura, depositó rápidamente su varita sobre la pequeña mesita de té que había entre la chimenea apagada y el sillón en el que leía y se dirigió a las estanterías donde tenía los libros que mas solía leer y los que más le gustaban, posó la vista en la primera de las lejas, la dedicada a los libros de lectura sobre temas generales de la magia, y buscó entre los volúmenes el que trataba sobre los principales colegios de Europa, no tardó mucho en encontrarlo.
Cuando ya tuvo el libro que buscaba entre sus manos se dirigió velozmente hacia la cómoda butaca y se sentó. Antes de abrir el libro lo depositó sobre su regazo con la mano izquierda acariciando el lomo y la derecha tocando suavemente la portada. Cerró ligeramente los ojos y suspiró antes de abrirlo por la primera página como tomando la decisión de si debía o no seguir con lo que estaba haciendo. Tras dar el paso más difícil para ella, que era el de seguir con la búsqueda de aquel lugar que se le hacía tan familiar y que parecía reclamarla, fue pasando una por una las páginas.
Todos los capítulos contenían los mismos puntos para describir a los distintos colegios que por unos u otros motivos se habían convertido en los más populares y famosos a la hora de instruir a prometedores alumnos. Todos esos capítulos comenzaban con el nombre en mayúsculas, negrita, cursiva y subrayado de los distintos colegios con su escudo de armas a ambos lados. A eso le seguía la información del país en el que se ubicaba, los requisitos que cada escuela pedía para sus alumnos, una descripción más o menos detallada de la distribución interna de sus dependencias y de su mecánica diaria de trabajo y un extenso apartado sobre su historia desde su constitución, entre otros detalles.
Después de unos minutos pasando las hojas del libro una por una y fijándose con detenimiento y ahínco en todos y cada uno de los escudos de armas por fin halló lo que estaba buscando y con el hallazgo de la información que tanto deseaba encontrar no pudo evitar sentir una mezcla de alegría y alivio.
Sintió alegría al encontrar toda la información relacionada con el colegio que estaba buscando y esa misma alegría la llevó a leer, de cabo a rabo y prestando minuciosa atención a todo, lo que en ese capitulo se decía.
Cuando llevó al apartado dedicado a su extensa historia, cuya fundación se remontaba hacia casi un milenio, puso el máximo interés ya que deseaba saber si realmente coincidía la descripción de tres de sus cuatro fundadores con los tres personajes con los que había estado hablando brevemente en su sueño.
Y ahí estaban, descritos a la perfección en ese apartado dedicado a toda su historia. Ahora que había vuelto a leer todo lo que se decía en ese libro sobre el colegio con el que había soñado, se dio cuenta de que todas las piezas encajaban. Ya recordaba por qué uno de sus fundadores, Salazar Slytherin, se había marchado a los pocos años de haber fundado la escuela. Él, al contrario que sus compañeros, opinaba que no debían dejar que en su colegio estudiasen los magos hijos de muggles y al ver que no podría convencerles se había marchado con la promesa de que algún día alguno de sus descendientes lograría vengarse en su nombre. Por fin entendió por qué en su sueño solo habían aparecido los otros tres fundadores, Godric Gryffindor, Rowena Ravenclaw y Helga Hufflepuff: hacia muchos años que Slytherin había abandonado Hogwarts.
El colegio Hogwarts de Magia y Hechicería, ese era el colegio con el que había soñado, el que reclamaba su presencia sin saber aun por qué y al que estaba deseando poder ir.
Cerró el libro y lo devolvió al hueco de la estantería en el que estaba, volvió a sentarse en la butaca con la cabeza hecha un lío y la esperanza de poder aclarar pronto sus ideas y así poder tomar una decisión sobre lo que haría a continuación ahora que ya sabia en dónde la reclamaban.
Después de un par de horas de reflexión tomó la decisión de seguir a su instinto y a su corazón. Decidió que intentaría por todos los medios poder asistir el próximo curso a Hogwarts, pero para ello antes debía superar varios obstáculos, todos ellos inminentes: primero conseguir el consentimiento de sus padres (había decidido escribirles inmediatamente), segundo solicitar una plaza en el que por lo que ella sabía era el mejor colegio de magia y hechicería de Europa y tercero y último aprobar todos y cada uno de sus TIMOs con las mejores notas posibles para facilitar su admisión en Hogwarts.
Después de plantearse mentalmente los pasos a seguir para conseguir terminar de darle sentido al sueño que había tenido se levantó de la butaca, cogió su varita de encima de la mesita de té y se acercó a la puerta dispuesta a salir de su taquilla no sin antes cerciorarse de que no habían moros en la costa.
Tras salir se dirigió a su baúl, cogió la primera túnica del colegio que encontró y se dirigió al baño para darse una ducha rápida, cuando terminó dejó su camisón sobre la cama deshecha cogió de su mochila una pluma, un tintero y un pergamino y se dirigió a una apartada mesa de su sala común. Tras unos minutos pensando en cómo podría plantearles a sus padres la petición de que la dejaran asistir al curso siguiente a Hogwarts terminó de redactar su carta, la selló y se la guardó en el bolsillo. Acto seguido se levantó del sillón en el que estaba, salió de su sala común y se dirigió hacia la lechucería donde la estaría esperando Lyra, su lechuza hembra de plumaje pardo con unas plumas blancas en el pecho que formaban una estrella y unos ojos verdes con reflejos ambarinos, tras una buena noche de caza por si la necesitaba.
En cuanto entró a la lechucería se puso a buscar a su lechuza, pero no necesitó estar mucho tiempo buscándola ya que a los pocos segundos de haber entrado vio cómo un borrón pardo bajaba de una alta percha directamente hacia ella hasta que se posó en su hombro derecho. Al verla bajar, Sonia le sonrió, cuando se posó en su hombro la acarició con la mano izquierda y la lechuza le picoteó el dedo índice con dulzura en señal de reconocimiento.
— Hola Lyra -dijo mientras le seguía sonriendo-, tengo un trabajito para ti, debes entregarles esta carta a mis padres -continuó mientras sacaba la carta de su bolsillo izquierdo-, cuando se la entregues debes esperar a que te den una respuesta, recuerda que ellos no tienen ninguna otra forma de contactar conmigo -le acercó la carta al pico y la lechuza la cogió y ululó dulcemente en señal de entendimiento antes de emprender el vuelo y salir por la ventana-, buen viaje Lyra. Espero que puedas traer buenas noticias.
Permaneció apoyada en el alfeizar de la ventana hasta que dejó de ver la mancha parda en la que se había estado convirtiendo su lechuza. Cuando dejó de verla abandonó la lechucería y tras pasar rápidamente por el comedor para almorzar algo rápido se dirigió a su sala común.
Sabia que su lechuza no volvería en todo el fin de semana y que tal vez tardaría unos días más en volver ya que la casa de sus padres estaba casi al otro lado del país, así que una vez que llegó a la sala común de la casa del Fénix cogió su mochila, se retiró a la privacidad de su rincón de lectura dentro de su taquilla y retomó con mucho mas ahínco la preparación de los próximos exámenes, poniendo así en marcha la segunda etapa de su plan para conseguir ingresar en Hogwarts: sacar las mejores notas posibles en sus TIMOs.
******************************* Casa de Sonia ********************************
Domingo de finales de mayo, son las nueve de la mañana. En la cocina de una casa normal de un barrio muggle de clase media se encuentra un hombre de edad media, rondando los cuarenta años, moreno, alto y de complexión atlética, tomando una taza de café sentado a la pequeña y cuadrada mesa, con capacidad para cuatro personas, mientras lee el periódico matutino del domingo. Estaba tan concentrado leyendo el periódico que no se fijó en que una lechuza parda con una curiosa estrella de plumaje blanco en el pecho y ojos verdes de reflejos ambarinos, muy conocida para él, acababa de entrar por la ventana con una carta en el pico hasta que ésta le picoteó cariñosamente una de las manos tras posarse limpia y silenciosamente sobre la mesa.
Cuando sintió el picoteo de la lechuza que reclamaba su atención y tras recuperarse de la sorpresa de verla ahí posada, plegó el periódico que ya había perdido su interés, lo depositó sobre la mesa cerca de donde se encontraba la lechuza y la liberó de su carga. Sabía que esa era una carta de su hija Sonia, al igual que imaginó que esa carta no estaría dirigida solo a él, así que después de coger la carta se dirigió al salón donde se encontraba su mujer, una mujer de mas o menos su misma edad, rubia, con el pelo largo y mirada azulada, y tras mostrarle el pergamino plegado ambos se dispusieron a sentarse en el sofá. Al desplegar el pergamino vieron, que como siempre, se trataba de una carta corta, escrita limpia, ordenada y pulcramente y comenzaron a leer juntos la carta de su hija.
Queridos papá y mamá:
Ante todo quiero deciros que siento mucho no haberos escrito en todo el curso con regularidad, cosa que os prometí hacer y que como siempre no he conseguido poder hacer.
Yo estoy bien, apenas queda un mes de clase y eso se nota en el aumento del nivel de exigencia en todas las asignaturas, sobre todo este año que deberemos someternos a unos exámenes mucho mas importantes y cuyas notas nos ayudaran a decidir el camino a seguir y a lo que desearemos dedicarnos cuando terminemos el colegio.
Llevo preparándome para esos exámenes desde el inicio de curso, bueno, desde que entré al colegio, pero ahora que ha terminado la Copa de Quidditch (por cierto, hemos vuelto a ganar) le dedico aun mas tiempo al estudio.
Sabéis que desde siempre he querido ser Auror, al igual que también sabéis que soy una chica a la que le gustan los retos y superarse a sí misma y eso es lo que quiero. Por eso he pensado que podría buscar suerte asistiendo el próximo curso al colegio Hogwarts de Magia y Hechicería de Inglaterra.
Sé que esta petición os puede pillar un poco desprevenidos, pero solo seria un curso, de intercambio, para probar, funciona como internado igual que Pyxis y podía ir a visitaros en vacaciones como hago ahora. Para mi es muy importante, es la mejor escuela de magia de Europa, su nivel de enseñanza es muy alto pero creo que estoy preparada para afrontarlo sin problemas. Sobre todo después de que mamá, al ser inglesa, me enseñara a hablar y escribir en inglés a la perfección.
Esperando vuestra respuesta se despide cariñosamente vuestra hija
Sonia
P.D.: Esta podría ser la oportunidad que siempre he estado esperando para poder convertirme algún día en la mejor Auror. Aun no he solicitado ninguna plaza para el próximo curso porque estoy esperando vuestro consentimiento.
Antes de comentar nada, ambos levantaron la mirada y estuvieron mirándose durante bastante tiempo. Asta que Francisco, el padre de Sonia, habló:
— Alice, ¿qué crees que debemos hacer?
— No lo se, Fran. No creo que sea buena idea.
— ¿Por qué piensas eso?
— Recuerda las instrucciones que John y Jane nos dejaron en su testamento cuando murieron -dijo Alice, después de una breve pausa continuó-: En su testamento nos pedían que con su muerte cuidáramos y protegiéramos a su hija dándole una nueva identidad y alejarla de Inglaterra. Ahora no podemos darle permiso para que vuelva a Londres, si le llegase a pasar algo por volver ellos habrían muerto en vano.
— Cariño, lo sé, créeme que lo se -dijo Fran-, cumplimos con su voluntad, vinimos a vivir a mi país y le di el nombre de mi madre y mi apellido para protegerla. También sé que ellos debieron de morir en algo muy peligroso y seguro que algo relacionado con la magia, pero también recuerdo otra parte de lo que nos decían en su testamento, que si algún día su hija nos decía o nos pedía que la dejáramos ir a Hogwarts no se lo impidiéramos.
— Lo sé, también recuerdo esa parte, pero ¿quién nos asegura a nosotros que allí estará protegida?
— No tienes de qué preocuparte, en su carta Sonia decía que funcionaba como un internado, así que no saldrá del colegio y allí habrá muchos profesores pendientes de que no le pase nada malo a ningún alumno -Fran seguía sin ver a su mujer muy convencida con la idea de dejar que Sonia fuera a ese colegio, así que añadió-: ¿Recuerdas el libro sobre los mejores colegios de Europa que Sonia compró hace unos años? -Alice se limitó a asentir-, lo leí, recuerdo que decía que ese colegio era el mejor y también recuerdo que tiene una cantidad enorme de hechizos y conjuros de protección para garantizar la seguridad de sus alumnos. Lo mejor que podemos hacer para que Sonia algún día cumpla su sueño de ser Auror es permitiéndole que vaya a ese colegio -hizo una pausa-. ¿Qué me dices? ¿Dejaras que asista?
Alice se lo pensó durante unos instantes y después, tras un largo suspiró, dijo:
— Vale, esta bien, que vaya. Además aun me queda la esperanza de que no consiga una plaza para ir. Si ese colegio de verdad es tan bueno y tan famoso, tienen que ser muchos los hijos de magos que quieran asistir allí.
Fran sabia desde el principio que ella no quería dejar que Sonia volviera a Inglaterra, al igual que sabía que se preocupaba mucho por la seguridad de la chica. Sonia no era la hija biológica de la pareja y ella desde hacia años sabía toda la historia, pero ambos la habían querido y tratado como la hija que nunca habían tenido. Por eso él también estaba preocupado con la posibilidad de que una vez en Inglaterra le pasase algo, pero en ese momento tenía que mostrarse fuerte para no provocarle más preocupación a su esposa. La abrazó con fuerza, le depositó un dulce beso en el pelo y dijo:
— Es normal que te preocupes por ella, desde siempre la has querido como una hija, yo también, pero ya no es una niña y tampoco es la inocente chica que entró en un colegio de magia con once años sin ningún conocimiento de ese mundo, te aseguro que es totalmente capaz de cuidar de sí misma sin problemas, al igual que estoy seguro de que sería capaz de hacer salir corriendo a cualquier mago adulto que se lo mereciera.
Fran siguió abrazando a su mujer mientras le acariciaba con dulzura el pelo para transmitirle una tranquilidad que ni él mismo sentía. En todo momento se había mostrado seguro y tranquilo pero al igual que ella, él también tenía cierto miedo por la seguridad de su hija.
Sabían que Lyra había recorrido un largo camino para llevarle la carta de Sonia al igual que lo notaron por el cansancio que la lechuza desprendía cuando ambos, después de unos minutos reflexionando sobre si darle o no permiso a su hija para asistir a Hogwarts y del tiempo que habían pasado después en el sofá haciéndose a la idea, volvieron a la cocina. Así que se apresuraron a darle agua y comida para que recuperara fuerzas y después dejaron que descansara tranquilamente en la percha que ocupaba durante las vacaciones en la habitación de Sonia durante todo el día.
El lunes por la tarde, después de haber comido y de haberse cerciorado ambos de que hacían bien al dejarla ir, se dirigieron a la habitación de Sonia con un cuenco con algo de comida para Lyra y otro con un poco de agua para que tomara lo necesario para su viaje de vuelta, después le tendieron la carta con la respuesta que Alice, por decisión de los dos, había escrito para su hija y la vieron desaparecer rumbo a Pyxis.
Martes por la mañana, es la hora en la que todos los alumnos se congregan en el comedor de Pyxis para desayunar antes de comenzar las clases. Han pasado tres días desde que Sonia tomó la decisión de escribir a sus padres pidiéndoles permiso para asistir el curso siguiente a Hogwarts y aun no había recibido respuesta.
Lyra nunca había tardado mas de tres días en llevar y traer las carta cada vez que se escribía con sus padres y algo dentro de ella le decía que aquel día, cuando llegara la hora del correo, que faltaba menos de cinco minutos, vería llegar a su parda lechuza con la carta de sus padres y que con un poco de suerte contendría la respuesta que ella tanto ansiaba.
Sonia se encontraba muy seria y callada en la mesa de la casa del Fénix dándole vueltas sin parar a la cucharilla con la mirada perdida a la ya fría taza de té, de la que no había sido capaz de darle mas que un par de sorbos debido a los nervios por lo que a ella le parecía una larga espera. Solo fue capaz de levantar la mirada cuando fue sacada de su letargo con el fuerte ulular y gorjeo de cientos de lechuzas que entraban por las diversas ventanas del comedor buscando a sus dueños para depositar la carga que llevaban con ellas. Sonia miraba sin parar de un lado a otro buscando un borrón pardo que tuviese la intención de acercarse a ella, pero eso nunca sucedió, Lyra no se encontraba ahí.
Después de sentir cómo la pequeña burbuja de esperanza que se había formado en su pecho se rompía, Sonia cogió su mochila y cabizbaja se dirigió al aula donde se impartía la clase de Transformaciones. Esas clases no le agradaban mucho, no la asignatura en sí que encontraba muy interesante, la profesora que impartía esa asignatura no la hacía nada atractiva, hacía que el espectacular arte de transformar una cosa u animal en algo totalmente distinto careciera de fundamento. Tras una clase algo aburrida en el que habían estado practicando una transformación que ella ya había conseguido dominar dentro de su taquilla, se dirigió hacia el comedor para comer.
La tristeza que sentía por la ausencia de noticias de casa hizo que apenas probara bocado, se sirvió en su plato algo de puré de patatas y pollo asado, alimentos que casi la mitad quedó enseguida frío. Mientras transcurría la comida en silencio el tiempo comenzó a imitar su estado de ánimo y en pocos instantes el cielo comenzó a cubrirse de nubes, no pasó mucho tiempo cuando una suave llovizna empezó a caer.
Sonia, al ver ese cambio en el tiempo, miró hacia la ventana mas próxima pensando en que en ese momento el cielo reflejaba bien lo que sentía. Después de unos instantes mirando el cielo cogió su mochila y se dirigió al aula donde se impartía la clase de Encantamientos.
No había para ella nada peor en ese momento, después de no haber visto a Lyra llegar junto al resto de lechuzas y el mal tiempo, que una clase de Encantamientos con el aburrido profesor Sánchez para rematar el día.
Desde su llegada a Pyxis el profesor Sánchez no había hecho el menor esfuerzo por enseñarles nada útil, dedicaba toda la clase a leer el periódico mágico o a corregir las escasas redacciones sobre la materia que les mandaba para tenerles entretenidos mientras los alumnos "aprendían" leyendo el libro de texto que hubiese mandado comprar para el curso que les correspondía.
A esa asignatura era a la que Sonia mas tiempo le dedicaba, junto a Pociones porque le fascinaba, en sus interminables horas de aprendizaje dentro de su taquilla, todo lo que ella había aprendido se debía no solo al estudio del libro que el profesor les había mandado cada año sino también al estudio y práctica de todos los libros que leía de la biblioteca mientras el profesor Sánchez se enorgullecía diciendo que todo lo que ella y el resto del alumnado sabía se debía a su eficaz sistema de enseñanza.
Sonia consideraba que eso de dedicar las clases única y exclusivamente a la lectura sin poner los hechizos en práctica era una perdida de tiempo, uno aprendía de los errores que se cometían al hacer algo y de la repetición y no solo leyendo, por lo que esa era en la única asignatura en la que buscaba el último asiento del aula junto a una ventana, que era lo que estaba más alejado de la mesa del profesor, y ahí practicaba algunos hechizos disimuladamente bajo la mesa y la atenta mirada de algún que otro compañero que no podía mantener durante mucho tiempo la atención puesta en el libro.
Cuando Sonia entró al aula se dirigió casi de forma automática a su asiento, se sentó, sacó el libro, depositó la mochila en el suelo y abrió el libro por la pagina del capitulo que ese día tocaba leer. A los pocos segundos entró el profesor y, mientras se dirigía a su mesa, les dijo que empezaran con su lectura.
Sonia estaba, con su varita bajo la mesa, haciendo desaparecer y aparecer su mochila (ese día tocaba estudiar el tema de los hechizos desvanecedores y comparecedores) tan ensimismada en sus pensamientos que al principio no se percató del sutil sonido de algo golpeando el cristal hasta que su compañero de pupitre le señaló la ventana y, al girarse, vio a su empapada lechuza intentando llamar su atención bajo la lluvia.
Tal fue la alegría que sintió al ver aparecer a su lechuza que casi no fue capaz de contener un grito de alegría y jubilo, hasta dejó de llover y comenzó a distinguirse los débiles rayos del sol entre las nubes.
Sonia dirigió la mirada hacía la cabecera del aula donde se encontraba el profesor Sánchez leyendo el periódico como de costumbre. Al ver que el periódico le impedía ver lo que los alumnos hacían, Sonia alzó su varita y la dirigió hacia la ventana para poder abrirla y dejar así paso a su empapada y cansada lechuza.
Cuando la lechuza consiguió por fin entrar al aula, abrió las empapadas alas hasta llegar a posarse en el pupitre que ocupaba Sonia y dirigió la mirada a su dueña. Sonia dirigió su mano izquierda al pico de su lechuza para librarla del peso de la carta que llevaba consigo, tras depositar la carta sobre su libro abierto de Encantamientos, cogió suavemente a Lyra hasta depositarla con delicadeza sobre su regazo, dirigió la varita hacia ella y de la punta de ésta salió un cálido chorro de vapor que fue poco a poco secándola. Cuando Lyra estuvo totalmente seca se incorporó con suavidad hasta rozar su cabecita con la mano izquierda de su dueña, la que permanecía libre, como gesto de agradecimiento.
Tras ese suave gesto, Lyra alzó la mirada hasta encontrar la de su dueña, buscando así la señal de que ya podía retirarse a descansar como premio por su trabajo y largo viaje. Sonia entendió lo que Lyra quería decirle al buscar su mirada y no solo se contentó con sonreírle y acariciarla como agradecimiento por su buen trabajo a pesar de las inclemencias del tiempo, sino que también le dijo:
— Gracias Lyra, has hecho un trabajo estupendo -volvió a sonreírle a su lechuza-, puedes retirarte a descansar, te lo has ganado -terminó de acariciar a la lechuza dándole así permiso para retirarse a descansar, pero antes de que se fuera por la ventana, que había permanecido abierta, agregó-: Después de cenar iré a verte, te has ganado un buen premio -y volvió a sonreírle.
Cuando Lyra atravesó la ventana para dirigirse rumbo a la lechucería a descansar, Sonia volvió a dirigir su varita a la ventana abierta, esta vez con la intención de cerrarla. Mientras veía ensimismada como el borrón pardo en el que se había convertido Lyra iba desapareciendo hacia la lechucería, Víctor, su compañero de pupitre, el que le había avisado de la presencia de su lechuza, la sacó de sus pensamientos diciendo:
— Es una lechuza preciosa, además, nunca había visto antes a una lechuza tan inteligente, os entendéis a la perfección -Sonia fue girándose poco a poco mientras él hablaba para poder mirarle, al escuchar estas palabras de Víctor le sonrió y él siguió hablando tras una breve pausa mientras le sonreía-, parece que tu lechuza seria capaz de cualquier cosa para poder cumplir con sus entregas y tenerte contenta.
— Sí, es una lechuza increíble. Jamás ha dejado de entregar una carta. Sin importarle lo lejos que tuviera que volar, el clima o la posible dificultad a la hora de encontrar a su destinatario -volvió a sonreír, recordando en cierta forma los buenos momentos vividos con su lechuza desde que la compró antes de empezar su primer año en Pyxis.
— Además de que siempre he visto desde lejos la sorprendente relación que tienes con tu lechuza, también me ha parecido siempre increíble tu habilidad al hacer magia. Nunca te lo había dicho antes pero te admiro mucho -este último comentario lo dijo mientras bajaba la mirada, tras una breve pausa añadió-: No es nada fácil realizar hechizos sin pronunciarlos, es de nivel de ÉXTASIS (EXámenes Terribles de Alta Sabiduría e Invocaciones Secretas), hasta muchos magos cualificados tienen problemas con ellos, pero para ti es algo tan natural…
Sonia entendía por qué Víctor se ponía algo triste al hablarle de la admiración que decía tenerle, el chico provenía de una antigua familia de magos pero, aunque al final lograse realizar perfectamente todos los hechizos que les enseñaban, le costaba estar al nivel del resto.
— Víctor, tu problema no es que seas un mal mago, te he visto y eres un chico que nunca se rinde, que siempre consigue aprender lo que le enseñan. Aunque a veces te cueste creer que seas merecedor de estar en un sitio como Pyxis te equivocas. Tu único problema es que no tienes suficiente confianza en ti mismo. -Víctor, al oír estas palabras de Sonia alzó la vista y le sonrió levemente.
— ¿En serio crees que soy buen mago? -como única respuesta ella asintió, y él siguió con otra pregunta-. ¿Crees que seré capaz de poder superar los TIMOs?
— Claro que si -dijo ella muy convencida y sonriéndole abiertamente-, te ayudare en todo lo que necesites para que pases tus TIMOs sin problemas.
Tras un arrebato de agradecimiento por parte de Víctor tras oír el ofrecimiento de ayuda de Sonia en el que no pudo reprimir el impulso de darle un abrazo, Sonia se dispuso a coger la carta de sus padres entre sus manos y tras un largo suspiro la abrió.
Al abrirla pudo ver, con alivio, que no se trataba de una simple y contundente negativa de sus padre a su petición, que era lo que ella al principio esperaba, sino que tenia mas o menos la misma longitud que de costumbre, tras un ligero vistazo, en el que pudo comprobar que la carta había sido escrita por su madre, y otro prolongado suspiro comenzó con su lectura:
Querida hija:
Ante todo decirte que no tienes de qué preocuparte, tu padre y yo sabíamos que el motivo por el cual no nos escribías a menudo era por haber estado ocupada con tus estudios, y nos alegra saber que te esfuerzas tanto y que intentas siempre dar lo mejor de ti a cada paso de tu educación mágica para así algún día conseguir todo lo que te propongas, por lo que entendemos lo de la falta de noticias por tu parte.
Nos alegramos enormemente que estés bien y que hayáis conseguido volver a ganar la Copa de Quidditch.
Nosotros también estamos bien, esta empezando el bueno tiempo y eso se nota, no solo en la llegada de leves tardes primaverales sino también en el buen humor general que el buen clima le da a todos aquí.
Sabemos que para ti, como la buena chica responsable que eres, los estudios son muy importantes y son lo primero, eso es algo que siempre hemos admirado de ti y nos alegra saber que tienes tan claras tus prioridades y que pones tanto esfuerzo en poder conseguir lo que quieres.
A tu padre y a mi nos sorprendió mucho que en tu carta nos hicieras la petición de dejarte asistir en próximo curso a otro colegio. Lo hemos estado hablando a fondo y tras mucho pensar en los pros y los contras de que te vayas a otro país a estudiar hemos decidido darte nuestro permiso, sabemos que para ti es muy importantes y esa seria la oportunidad que durante tanto tiempo has estado esperando para poder cumplir tu deseo de llegar a ser la mejor Auror.
Esperando que recibas con alegría esta carta y que consigas la plaza que deseas para el próximo curso en Hogwarts.
Se despide cariñosamente tu madre
Alice
P.D.: Tu padre te manda muchos saludos y espera que todo siga tan bien como ahora. Esperamos pronto noticias tuyas contándonos tus avances para solicitar la plaza y el aumento de nivel en clase por los cercanos exámenes.
— ¡Si! -tras leer la carta de sus padres no pudo reprimir un grito de jubilo, grito que consiguió las miradas y atención de todos, incluido el profesor Sánchez.
— Señorita Martínez, ¿encuentra interesante la lectura de los hechizos desvanecedores y comparecedores? -dijo el profesor mientras bajaba un poco el periódico para poder mirarla.
— La verdad es que si -respondió rápidamente Sonia-, nunca antes había sentido tanta emoción leyendo un texto en esta clase. La lectura ha sido muy relevante para mí, ha abierto un camino nuevo en mi vida -añadió con una sonrisa.
El profesor sonrió ampliamente creyendo que Sonia se refería únicamente a la lectura del libro de esa clase y continuó con su lectura diaria de las noticias del mundo mágico.
— Parece que has recibido buenas noticias -dijo Víctor en un susurro.
— Las mejores que podía tener hoy -confirmó Sonia con una amplia sonrisa.
Tras leer las buenas noticias que traía la carta de sus padres, Sonia afrontó de mejor humor el resto de la clase de Encantamientos.
Después de la clase de Encantamientos se dirigió a su habitación para dejar la mochila a los pies de su baúl para ir al comedor a cenar, pero antes de volver a bajar dejó sobre su cama un pergamino, su pluma favorita y un tintero preparados para comenzar, después de la cena, con la segunda parte de su plan para asistir al curso siguiente a Hogwarts: solicitar una plaza en ese colegio.
Cenó en muy poco tiempo la cantidad de alimentos necesarios como para saciar lo suficiente el apetito que tenia después de estar sin probar apenas bocado desde el medio día. Después de cenar se dirigió con rapidez a su habitación, cogió los materiales de escritura que había dejado antes preparados sobre la cama y tras sacarse la varita de su manga derecha se dirigió a su rincón de lectura dentro de su taquilla.
Una vez dentro de su taquilla y sentada precariamente en el borde de su sillón de orejeras que había en su rincón de lectura, se inclinó hacia delante hasta poder apoyarse en la mesita de té lo suficiente como para poder librarse de la carga que llevaba con ella.
Depositó su varita en la esquina superior derecha de la mesita de té, no muy lejos de ella, pero lo suficiente como para poder distribuir, todo lo ordenadamente posible, sus útiles de escritura para así poder escribir cómodamente. En el centro de la mesa desplegó el pergamino, justo delante de ella, su pluma favorita, la depositó a la derecha del pergamino de forma casi paralela y el tintero, tras desprenderle el tapón que lo cubría, lo dejó en un rinconcito sobre el pergamino, muy cerca de él, en la parte derecha.
Tras una breve pausa, en la que puso en orden sus pensamientos, y un profundo suspiro, cogió la pluma, mojó la punta en el tintero y redactó sobre el pergamino la carta que quería enviarle a Albus Dumbledore, director, por lo que ella y la mayoría sabía, de Hogwarts y de la que deseaba una respuesta afirmativa que le abriese aun mas camino hacía el nuevo futuro que ella soñaba.
Tras terminar de redactar la carta, que pensaba enviar a primera hora del día siguiente, volvió a leerla para ver si expresaba las ideas más importantes que quería transmitirle al director de Hogwarts. Al terminar la lectura estaba satisfecha así que depositó la pluma en su lugar original al comenzar la escritura, tapó el tintero y, tras esperar a que la tinta se secase, enrolló el pergamino y depositó con cuidado sobre la mesa. Después de un momento en el que le estuvo dando vueltas a la cabeza para decidir si lo que estaba haciendo era lo correcto, cogió su varita y salió de su taquilla para dirigirse a prepararse para irse a dormir.
A la mañana siguiente se despertó muy temprano, como era habitual en ella, cogió de su baúl una túnica limpia, se dirigió al baño y se vistió y peinó después de una rápida ducha, al salir del baño y tras comprobar que sus compañeras de habitación seguían dormidas cogió su varita y se dirigió a su taquilla con la intención de recoger de encima de la mesita de té el pergamino que había dirigido al director de Hogwarts.
Cuando ya lo tuvo en su poder volvió a salir de su taquilla evitando hacer ruido para no despertar a sus compañeras y salió de la habitación, atravesó su sala común y salió de la torre del Fénix rumbo a la lechucería para buscar a su lechuza y encomendarle la misión de entregar esa carta.
Cuando entró a la lechucería alzó la vista buscando a su parda lechuza y, como en otras ocasiones, antes de que Sonia pudiese encontrarla suspendida en una de las perchas, Lyra alzó el vuelo al ver entrar a su dueña y voló en su dirección hasta posarse en su hombro derecho, después de recibir unas caricias de su dueña, de coger el rollo de pergamino en su pico y de recibir las instrucciones oportunas, Lyra alzó de nuevo el vuelo atravesando la ventana mas próxima rumbo al despacho del director de Hogwarts. Sonia se apoyó en el alfeizar de la ventana mientras veía como su lechuza se marchaba deseando que la respuesta a su carta no tardase mucho en venir y que la espera valiera la pena con la respuesta que ella deseaba.
***************************Despacho de Dumbledore***************************
Albus Dumbledore, director de Hogwarts, se encontraba en su despacho, sentado cómodamente en su butaca tras la enorme mesa que era su escritorio, sobre él se encontraba posado Fawkes, su fénix, que lo miraba de vez en cuando mientras recibía alguna esporádica caricia de su dueño. El director se encontraba con la mente perdida en sus pensamientos, pensamientos que fueron interrumpidos cuando una lechuza parda con una extraña mancha blanca en forma de estrella irrumpió en la habitación y se posó frente a él con un rollo de pergamino en el pico.
Al ver a la lechuza se extrañó, no solo no esperaba correspondencia aquel día, sino que desconocía por completo a la lechuza. El hecho de no conocerla le hizo sentir una gran intriga con el contenido que pudiese tener así que no tardó mucho en retirarle del pico la nota. Al retirársela, pensó que la lechuza se retiraría al haberla entregado, pero la lechuza no se movió, estaba seguro de que la lechuza no solo había tenido la misión de entregar su carga sino que también debía esperar una respuesta, así que desenroscó el pergamino y comenzó a leer su contenido.
Estimado señor Dumbledore:
Soy una alumna que, a fecha de hoy, se encuentra terminando el quinto año en la escuela española de magia Pyxis y, por lo tanto, me estoy preparando para los TIMOs. Soy una alumna persistente y a la que le gusta aprender cosas nuevas, tal vez por esos motivos he estado obteniendo buenas notas desde que empecé mi educación mágica.
El motivo de mi carta es la de dirigirme a usted como director del que es considerado el mejor colegio de magia y hechicería del mundo para solicitarle una plaza como alumna de intercambio para el próximo curso.
Puede que esta solicitud le parezca extraña o poco usual, pero en estos momentos asistir a ese colegio es mi mayor deseo. Tal vez no crea que yo pueda estar al nivel requerido para entrar a estudiar ahí, pero le puedo asegurar con todo mi respeto que si tuviese ese pensamiento se equivocaría.
Creo que mi nivel de conocimientos es el idóneo para esa institución y soy tenaz, persistente y de fácil aprendizaje por lo que me veo capacitada para poder seguir el nivel requerido en un colegio tan importante.
Esperando su respuesta a esta, tal vez, extraña solicitud, se despide de usted cordialmente
Sonia Martínez
Solo con el contenido de la misiva y con la escritura de la autora le era imposible saber realmente como era la joven chica que, a pesar del contenido formal de la carta, había dejado claro, y de forma muy palpable, su enorme deseo de poder asistir como alumna de intercambio a Hogwarts. Aunque le hizo sonreír el recordar la parte en la que la chica mencionaba que estaba segura de que su solicitud podía ser algo extraña, en ese sentido ambos compartían la misma idea, ya que el anciano profesor no estaba muy seguro de que una alumna de Pyxis fuera capaz de reunir los conocimientos necesarios como para aceptar su admisión en su colegio. Aun así él no era de la idea de cerrarle las puertas a nadie, y menos a alguien que mostraba tanto interés por la institución que él dirigía.
La decisión que se le presentaba le era algo difícil, por un lado estaba la idea de darle la oportunidad ni poner impedimentos, por el otro estaba el miedo de aceptar la admisión de alguien al que desconocía y del que no sabía si podría estar a la altura del resto del alumnado. Si resultaba que era apta no habría ningún problema, el problema surgiría si la chica no estaba del todo al mismo nivel que el resto de los alumnos ya que eso podría entorpecer el aprendizaje del resto de los chicos de su clase. Con esas dudas solo pudo llegar a la conclusión de que no podía tomar solo esa decisión, que debía consultarlo con los jefes de las casas del colegio.
Una vez tomada la decisión de pedir consejo a los jefes de las distintas casas de Hogwarts se acercó a la chimenea y, tras lanzar a las llamas un puñado de polvos Flu cada vez que deseaba hablar con uno de los profesores a los que deseaba llamar a su despacho, convocó a la profesora Minerva McGonagall, jefa de la casa de Gryffindor, a la profesora Pomona Sprout, jefa de la casa de Hufflepuff, el profesor Filius Flitwick, jefe de la casa de Ravenclaw y el profesor Severus Snape, jefe de la casa de Slytherin.
A los pocos minutos ya estaban los cuatro jefes de las casas ante el director para hablar del tema de la carta que había recibido poco antes de mandarlos llamar. Cuando los cinco estuvieron cómodamente sentados, el director en su butaca y los profesores en sillones al otro lado de la mesa, el director les mostró la carta que había recibido. Cuando los cuatro la terminaron de leer, el director comenzó a pedir su opinión.
— Bueno, ahora que todos habéis leído la carta, ¿qué creéis que debo hacer? -dijo Dumbledore posando su mirada en todos sus oyentes.
— No debería ni plantearse la posibilidad de aceptarla -dijo inmediatamente Snape-, procede de una escuela mágica con un bajo nivel, es imposible que este a la altura.
Dumbledore, al oír esta replica, se quedó muy sorprendido, aunque en cierta forma esperaba una reacción así por parte del arisco profesor de Pociones, pero antes de poder darle alguna replica, el profesor Flitwick dijo sabiamente:
— Nunca se debe subestimar a nadie, siempre te puedes llevar alguna sorpresa.
— Tiene mucha razón -dijo Dumbledore dirigiéndose al profesor de Encantamientos, luego dirigió su mirada hacia las dos profesoras y preguntó-: ¿Vosotras qué opináis?
— Nunca se le debe cerrar la puerta a ningún alumno que desee recibir nuestro conocimiento, sobre todo cuando es tan evidente que desea ser bienvenida aquí -dijo la profesora Sprout-, estaré dispuesta a enseñarle todo lo que sé al igual que al resto de mis alumnos.
— Muy bien, estoy de acuerdo contigo Pomona -aprobó el profesor Dumbledore-. ¿Qué opinas tú, Minerva?
— Estoy de acuerdo en que no se le puede cerrar la puerta a los alumnos que deseen aprender, se supone que para eso estamos aquí, pero también es verdad que puede que no este a la altura del nivel que se exige aquí.
— Por fin alguien que opina como yo -saltó Snape.
Dumbledore le dirigió una mirada reprobatoria pero no le dijo nada, luego volvió su mirada a la profesora de Transformaciones y continuó con la conversación como si esa interrupción no se hubiese producido:
— Muy bien, Minerva, ¿qué propones para comprobar si esta a la altura del nivel requerido aquí?
— Fácil, comprobar cuál es realmente su nivel -hizo una pausa, al ver que nadie parecía entender a lo que refería y viendo que nadie decía nada añadió-: antes de que empiece oficialmente el curso deberíamos hacerle algún tipo de examen para comprobar si seria capaz de seguir a sus compañeros, de todas las asignaturas, sobre todo de las que son mas complejas: Pociones, Encantamientos, Transformaciones y Defensa Contra las Artes Oscuras.
— Si, tienes razón -confirmó Dumbledore-, eso es lo mejor que podemos hacer -hizo una pausa y después dirigió la mirada a los otros profesores-. ¿Estáis de acuerdo?
Por toda respuesta recibió el asentimiento de los profesores McGonagall, Sprout y Flitwick y un desdeñoso gesto de inconformidad del profesor Snape.
— Lo siento Severus -dijo Dumbledore-, la mayoría ha hablado -hizo una pausa y tras un momento de reflexión añadió-: hablaré con el resto del profesorado para que cada uno prepare un cuestionario de su respectiva asignatura para poder comprobar el nivel de la chica, vosotros haced lo mismo, en cuanto tenga ante mi mesa las pruebas tanto teóricas como practicas de cada una de las asignaturas le enviaré de vuelta a la muchacha su lechuza con la confirmación de su admisión. Por favor, no seáis demasiados blandos con ella, no se lo pongáis demasiado fácil, haced que las pruebas se ciñan al conocimiento que cualquier alumno que ha aprobado quinto debería saber -después de una breve pausa giró su mirada al exigente profesor de Pociones y le dijo-: Severus, sé que tu no tendrás ningún problema en intentar ponérselo difícil, solo espero que seas justo.
Al finalizar esa conversación todos los jefes de las casas abandonaron el despacho del director en distintas direcciones dejando solo al director con sus pensamientos.
Como Dumbledore le había dicho a los profesores, les comunicó al resto del profesorado todo lo que habían estado hablando y les pidió que cada uno planificase una prueba apropiada para la chica, misión que todos aceptaron y prometieron hacer de buen grado.
Dumbledore tardó casi dos semanas en tener sobre su mesa todas las pruebas tanto teóricas como practicas de todas las asignaturas, después de echarles un rápido vistazo, y comprobando cómo no se había equivocado en que Snape seria muy exigente, envió a la parda lechuza con la respuesta a su petición.
Cada día que pasaba Sonia estaba más nerviosa, habían pasado casi dos semanas desde que escribió al director de Hogwarts y aun no había recibido ninguna respuesta. Este nerviosismo había hecho que durmiese menos aun que de costumbre y que le costase concentrarse en las clases y en las horas de estudio y biblioteca preparando los exámenes que tendría que afrontar en apenas una semana. En su mente estaba desde hacia mucho el contenido integro de lo que debía saber para los TIMOs por lo que en el fondo no estaba preocupada por no poder rendir todo lo que ella quería en aquellas semanas, sabia que a pesar de todo estaría totalmente preparada a la hora de la verdad aunque esperaba que para entonces ya hubiese llegado la respuesta que la ayudara a relajarse y tranquilizarse todo lo necesario para demostrar sus conocimientos.
Era sábado por la mañana, era el primer día de "vacaciones" para los alumnos de quinto y séptimo, las clases para esos alumnos habían acabado el día anterior para que la semana siguiente pudieran dedicarla al estudio y preparación de los TIMOs y los ÉXTASIS. Sonia estaba intentando concentrarse en sus apuntes de Transformaciones en un rincón apartado de la biblioteca, lejos de la anciana mirada del bibliotecario. Estaba perdida en sus pensamientos sin saber muy bien lo que estaba intentando leer en ese momento cuando Lyra irrumpió velozmente por una ventana semi-abierta y se dirigió hacia donde estaba su dueña.
Sonia, al verla, no estaba muy segura de si debía alegrarse o no al volver a ver a su lechuza por el miedo que le producía el posible rechazo, así que tardó algo mas de lo esperado en liberarla de la carga que llevaba consigo, cuando lo hizo, y una vez que se sintió preparada y tras respirar hondo, se dispuso a abrir el sobre dirigido a ella con el emblema de Hogwarts mientras veía como Lyra se iba alejando en dirección a la lechucería, una vez que tuvo la carta entre sus manos la comenzó a leer con el corazón en un puño.
COLEGIO HOGWARTS DE MAGIA
Directora adjunta: Minerva McGonagall
(Profesora de Transformaciones, Jefa de la casa de Gryffindor).
Querida señorita Martínez:
Tenemos el placer de informarle de que se le ha concedido la plaza que solicitó como alumna de intercambio en el Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería.
También debemos informarle de que antes del inicio de clases se le hará una visita explicándole todos los pormenores de las pruebas que deberá realizar para comprobar que su nivel de conocimientos es el adecuado y el exigido por nuestra institución.
Como ya sabrá, en sexto hay que escoger entre varias optativas, y como ya sabrá también, en todas las escuelas de magia son las mismas, así que deberá inscribirse en las que desee cursar lo antes posible. Por fa vor, observe la lista del equipo y los libros necesarios.
Las clases comienzan el 1 de Septiembre.
Muy cordialmente, Albus Dumbledore
Director
Leer esto la hizo casi saltar del asiento en el que se encontraba y ponerse a gritar de la alegría y la emoción, pero en lugar de sucumbir a esos sentimientos se dispuso a sacar otra hoja de pergamino, mas o menos del mismo tamaño que el anterior, donde se citaban los libros y enseres necesarios para comenzar su sexto curso de enseñanza mágica en Hogwarts.
COLEGIO HOGWARTS DE MAGIA
UNIFORME
Los alumnos necesitarán:
- Tres túnicas sencillas de trabajo (negras).
- Un sombrero puntiagudo (negro) para uso diario.
- Un par de guantes protectores (piel de dra gón o semejante).
- Una capa de invierno (negra, con broches plateados).
- Una túnica de gala.
(Todas las prendas de los alumnos deben llevar eti quetas con su nombre)
LIBROS
Todos los alumnos deben tener un ejemplar de los si guientes libros:
- El libro reglamentario de hechizos (clase 6), Miranda Goshawk (Encantamientos).
- Últimos avances en encantamientos (Encantamientos).
- La búsqueda de la quinta esencia (Encantamientos).
- Una historia de la magia, Bathilda Bagshot (Historia de la Magia).
- Guía de transformaciones avanzadas, Emeric Switch (Transformaciones).
- Mil hierbas mágicas y hongos, Phyllida Spore (Pociones y Herbología).
- Filtros y pociones mágicas, Arsenius Jigger (Pociones).
- Pociones y más Pociones.
- Elaboración de pociones avanzadas, Libatius Borage (Pociones).
- Astrología nivel avanzado.
- Animales fantásticos y dónde encontrarlos, Newt Scamander (Cuidado de Criaturas Mágicas).
- El monstruoso libro de los monstruos (Cuidado de Criaturas Mágicas).
- Las Fuerzas Oscuras. Una guía para la autoprotección, Quentin Trimble (Defensa Contra las Artes Oscuras).
- Teoría de defensa mágica, Wilbert Slinkhard (Defensa Contra las Artes Oscuras).
- Enfrentarse a lo indefinible (Defensa Contra las Artes Oscuras).
- Disipar las nieblas del futuro, Cassandra Vablatsky (Adivinación).
- Silabario del hechicero (Runas Antiguas).
- Traducción avanzada de runas (Runas Antiguas).
- Árboles carnívoros del mundo (Herbología).
- Magia Telepática, como usar tus verdaderos poderes (Magia sin Varita).
RESTO DEL EQUIPO
- Calderos (peltre; medida 7 y medida 10).
- Juego de redomas de vidrio o cristal.
- Telescopio.
- Balanza de latón.
- Juego de ingredientes de pociones avanzadas.
Cuando finalizó la lectura de todo lo que se necesitaba en Hogwarts pudo apreciar que algunos de los útiles que se pedían los tenia, incluidos algunos libros, no porque lo hubiese estudiado en clase, sino porque se encontraban entre los que ella había hecho copias de la biblioteca en la que se encontraba ya que los había encontrado interesantes cuando los había leído. También observó que en la lista se citaban los libros que necesitaría en el caso de que quisiera estudiar Cuidado de Criaturas Mágicas, pero era una asignatura que no le llamaba mucho la atención, por lo que no les prestó mucha atención, no pensaba inscribirse en esa asignatura.
Volvió a leer la lista de todo lo que se pedía en Hogwarts a los alumnos y anotó en un pedazo de pergamino lo que necesitaría llevarse el próximo curso. La lista la hizo en dos columnas, en la columna de la izquierda anotó el materia que ya poseía y en la columna de la derecha anotó lo que necesitaba comprar.
Una vez finalizada la lista la guardó con cuidado junto a la carta de Dumbledore dentro del sobre que había recibido y se puso a estudiar con mas ahínco, ahora que ya había conseguido la segunda etapa de su plan para entrar en Hogwarts, que era conseguir una plaza, necesitaba poner toda su concentración en la tercera y ultima: sacar las mejores notas posibles en los TIMOs, cosa que ahora no tenia dudas de que conseguiría sin problemas.
