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Antes
De olvidar...
Jamás imaginé que llegaría este día,
Donde apostaría yo toda mi vida.
Por amarte y por hablarte otra vez.
Pero qué diablos ya perdí todo mi tiempo,
Y por mis errores ahora estoy sufriendo.
Quisiera regresar...
En el centro de Boston, dos hombres se dirigían a un enorme centro comercial... Un pelirrojo reñía a su amigo con comentarios que exasperaban al de por sí, ya irritable joven ojiverde.
- Sigo sin entender para qué desviarnos a un centro comercial muggle -refunfuñó el ojiazul.
- Para comprarle un anillo a tu hermana -respondió agriamente, el chico de ojos esmeralda.
- ¿Otro? -saltó confuso.
- Sí -asentó con acidez.
- ¿Para qué?, si ya tiene uno de compromiso - exclamó sin comprender.
- Exacto, este viene a reafirmar que tengo un compromiso con ella. No quiero que crea que se me olvidó -explicó enfadado, el ojiverde.
- No, si al que necesitan que se lo recuerden es a ti -comentó con una burla sarcástica, el pelirrojo. Harry trató de ignorar ese comentario.
- Te lo dije, y luego no digas que no te lo advertí. Amor de lejos, amor de pen... Pensarse mucho -terminó la frase, bajo la mirada de aniquiladora advertencia de su ojiverde amigo.
- Además ni siquiera es amor lo que sientes por mi hermana, es como el dichoso anillo. Un compromiso - Ron expresó lo que pensaba.
- ¡Quieres hacerme el favor de callarte! -bufó fastidiado.
- Admítelo Harry, no has podido ni podrás olvidarte de Hermione -continuaba, sin intimidarse.
Pero antes de andar y salir de tu vida, y andar solo... ay.
Quisiera llorar, y sacarme de adentro tus besos, tu cuerpo.
Antes de olvidar, quisiera llorarte una vez más y soñarte.
Antes del libro cerrar, quisiera contarte que no me gustó su final.
Antes...
- Lo único que me interesa de ella es encontrarla con mi hija -rotundizó impotente y desesperado.
- Sigues pensando que fue niña, ¿cierto?- lo miró compasivo.
- Si tan sólo tuviese esa certeza... -declaró con pesar, sintiéndose frustrado.
- Pero huyó de mí sin permitírmelo, robándome la oportunidad de estar con ella -apretó los dientes con rencor.
- Entiéndela, estaba asustada. Sabes que los mortífagos aún la buscan -comentó con cierta defensa hacia su amiga.
- ¡Yo iba a protegerlas! -exclamó con enojo, mirando a su amigo como si lo traicionase al justificarla.
- Eso ella no lo sabía -negó el ojiazul.
- Porque no me dejó hablar -repuso con resentimiento.
- No, para qué más palabras. Si cuando hablaste sólo le diste a entender que querías quitarle a su bebé, y criarlo con Ginny -señaló con calma el pelirrojo.
- Yo no dije... -iba a contradecir cuando se encontró con la insinuante mirada de su amigo. Quedándose sin argumentos para defenderse permaneció callado.
- Ya que estamos aquí, veré algunas cositas lindas para Rory -dijo Ron, para evitarle ese pesar a su amigo.
- No me recuerdes que tú tienes a tu hija contigo -terció ácidamente.
- Estás de un humor -gruñó el pecoso, alejándose del ojiverde y yendo hacia el departamento de bebés.
Jamás imaginé que llegaría a perderte,
Llegué a sentirme tan seguro de tenerte.
Pero ves mi vida que no fue así.
Pero qué diablos ya perdí todo mi tiempo,
Y por mis errores ahora estoy sufriendo.
Quisiera regresar...
Harry iba a dirigirse hacia la joyería cuando escandalosas y risueñas risas que se escuchaban bastante cerca, no fueron suficiente advertencia para él.
- ¡Te atraparé, London! -dijo una vocecita, con amenaza.
- No, no lo harás París -negó otra risueña risita. Entonces el ojiverde sintió un fuerte golpe a la altura de su estómago, alguien había chocado con él.
- Disculpe, lo siento - una niña de unos 5 años. De piel blanca, cabello al hombro ligeramente ondulado, de un tono castaño-rojizo. Y grandes ojos verdes... Lo miró apenada.
- No... hay cuidado -fue exactamente esa mirada lo que lo hizo olvidarse del dolor por el impacto.
- Pero no debes correr de esa forma, podrías caerte y lastimarte -dijo sin aliento, ella sonrió vacilante y pestañeó de una forma que sus ojos esmeralda flasheaban al chico, dejándolo anonadado.
- Mi gemela me está persiguiendo -dijo como excusa, con cara avergonzada. Harry volvió de golpe a la realidad cuando escuchó la palabra gemela. De inmediato buscó a una niña idéntica a la que hablaba con él.
- ¡Te dije que te alcanzaría! - exclamó triunfal una risueña vocecita. Parándose junto a la peli-castaña.
- ¿Son gemelas? -soltó incrédulo, al percatarse que la otra infante en vez de ser igual a la ojiverde era todo lo perfectamente contrario. Sus almendrados ojos grises, su pequeña y respingada nariz, su pálida piel... Pero sobre todo su lacio y rubio cabello... Dejaban como clara muestra que era imposible que fuesen gemelas.
- Sí, soy London y ella es París -asintió la ojiverde, sonriendo y tendiéndole la mano a Harry. Esta vez él pudo notar que la niña tenía los incisivos más grandes de lo normal.
- Mucho gusto, soy Ha...- iba a estrecharle la mano a la niña, cuando la rubia entornó su gris mirada hacia él y bajó de un manotazo el brazo de su hermana.
- Mamá siempre dice que no debemos hablar con desconocidos -dijo fríamente, viendo a Harry más que peligroso como si fuese un bicho molesto. - ¡Avanza! -jaló a su hermana, London no pudo siquiera despedirse.
- Él iba a decirnos su nombre -regañó la ojiverde, caminando a zancadas. Como si intentase llegar a su padre y acusarla.
- Sí, pero aún no hemos encontrado un lindo disfraz -cambió de tema la ojigris.
- Está bien, quiero uno de campanita -al parecer el enojo se le había pasado a London.
- ¡Oye!, Yo voy a ser hada este año -protestó la rubia. Todos los años pasados nos han vestido de princesas -expresó a continuación, con cierto aburrimiento. London arqueó una ceja, París pestañeó con expresión de niña buena y desvalida.
- Bien, este año... ¡Seré una bruja! -concedió la ojiverde - ¿Y sabes para qué? -esbozaba una sonrisita traviesa. Su hermana negó.
- Para convertirte en rana cuando te portes mal, como ahorita -dijo, y caminó más aprisa por si a la rubia se le ocurría perseguirla.
- ¡Ey! -chilló indignada, París.
- Es groma -dijo la ojiverde, había llegado hasta su papá y lo abrazó por la cintura. Él sonrió.
- Miren esto, princesas -les enseñó unos vestidos vaporosos, uno azul y otro rosa.
- No papá, París es campanita y yo una brujita -declaró London, con una sonrisa.
- Son locas sus ideas -opinó el ojigris, viéndolas extrañado. Las niñas intercambiaron una mirada y una sonrisita de complicidad.
- Sin embargo muy originales -el rubio también sonrió, se sentía tan dichoso de tener a esas niñas. Un sentimiento que alguna vez le pudo parecer inconcebible inundó su ser.
Pero antes de andar y salir de tu vida, y andar solo... ay.
Quisiera llorar, y sacarme de adentro tus besos, tu cuerpo.
Antes de olvidar, quisiera llorarte una vez más y soñarte.
Antes del libro cerrar, quisiera contarte que no me gustó su final.
Del otro lado del departamento de niñas, cerca de la joyería...
- ¿Harry, estás ahí? -llamó Ron, pasando una mano frente a la mirada perdida de su amigo.
- Es que los ojos de esa niña… su sonrisa… -balbuceó realmente sorprendido.
- ¿Cuál niña?, ¿De qué hablas? -Ron lo miraba sacado de onda.
- Sus facciones se me hacen tan familiares, como si la conociera de antes -exhaló aún lejano.
- ¡Estás traumado!, Es en serio. Esa desesperación por encontrar a tu hija te ha trastornado y te hace ver cosas que no son -señaló el pelirrojo.
- ¡Insinúas que me estoy volviendo loco! -regresó a verlo de golpe, con una mirada fulminante.
- Yo no insinúo nada, Harry. Sólo digo que cada día que pasa te obsesionas más con la idea de encontrarlos -decía preocupado.
- Ese es el motivo por el que estamos aquí, el ministerio piensa que ella está en este país. Esa es nuestra misión como aurores, Encontrarlos antes que los mortífagos -recalcó molesto el ojiverde.
- ¿No el motivo de llegar a esta ciudad era porque mi hermana está cerca de aquí? -comentó Ron, contrayendo el entrecejo. Harry lo ignoró.
- Además, Hazte idiota. Tú aceptaste esta misión… Es más, la exigiste y por lo mismo McGonagall no te la quería dar. Porque más allá de lo profesional están involucrados tus sentimientos como padre y enamorado -repuso con ironía.
- Te equivocas -negó el ojiverde, Ron se confundió.
- Sólo como padre, a mí Hermione ya no me interesa como mujer -sin embargo desvió la mirada y comenzó a caminar evitando ver al pelirrojo.
- Sí, como tú digas. Y yo sigo enamorado de Lavender -acentuó sarcástico, el ojiazul.
- Harry, podrás engañar al mundo entero, tratar de mentirme a mí... Pero a tu corazón nunca. La sigues amando, sólo que eres demasiado orgulloso para aceptarlo. Además supongo que ella habrá rehecho su vida con… -agregó antes de que Harry pudiese protestar, pero no finalizó la frase. Luego avanzó unos pasos por delante del ojiverde.
- ¿Con Malfoy? -abordó Harry, minutos después; cuando bajaban las escaleras eléctricas.
- Puede ser -concedió Ron como quien no quiere la cosa y se encogió de hombros, aunque estaba seguro que sí, pues la castaña se marchó con él.
- ¡Deja de pensar estupideces! Y si se quedó con Malfoy al menos quiero que me devuelva a mi hija -exclamó con rencor, el ojiverde.
- Ay Harry… -suspiró derrotado el pecoso.
- Ya te dije, es un presentimiento... Además la he soñado -explicó, con cierto modo irritado.
- De verdad me preocupa tu salud mental, y más la emocional -Ron seguía mirándolo con preocupación. Harry le volteó la cara con acidez.
- London... -susurró para sí, embozando una discreta sonrisa. No podía dejar de pensar en esa niña que lo había dejado tan impactado.
Antes de olvidarte, quisiera llorarte una vez más y soñarte.
(Ay recordarte)
Antes del libro cerrar, quisiera contarte que no me gustó su final.
Antes...
¿Qué les pareció el primer encuentro de Harry con su hija?
Song:Antes / Cantante: Obbie Bermudez
Espero sus comentarios, y mil gracias de nuevo por darse chance de leer.
Anyeli
