Aquí tenéis el segundo cap. ¿Voy muy rápido? Es que quiero ir a la par que la Mara Gaunt.

En fin, Card Captor Sakura pertenece a CLAMP y la trama pertenece a Mara Gaunt, yo sólo hago la adaptación... bla, bla, bla.

…...

Capítulo I

Hien Li

Septiembre 13 de 1988

Shaoran…

Enfermo otra vez…como cosa rara. A sus diez años, era la segunda vez en el año que le daba gastroenteritis.

Claro, si no se la pasara comiendo lo primero que veía por ahí seguramente evitaría estas visitas a la sala de urgencias con Ieran.

Entraron y me localizaron.

Caminé hacia ellos, él estaba verde, mi pobre pequeño.

–Ha vomitado dos veces, pero de resto esta bien- dijo ella dándome un beso en la mejilla.

Shaoran se inclinó hacia mí para que lo alzara.

–¿Qué haremos contigo joven? –le pregunté mirándolo con severidad juguetona.

–Arreglarme… –dijo él inocentemente.

Sonreí y lo llevé hacia la sala de observación, mientras solicitaba a una enfermera que le pusiera líquidos endovenosos para hidratarlo.

Pedí al Dr. Takamura que se hiciera cargo de él mientras atendía al resto de la gente de urgencias.

Shaoran se recostó en la cama, pero sabía yo bien que en menos de dos minutos sus gritos serían los que más se escucharan en la sala de urgencias en el momento en que la enfermera lo pinchara.

Antes de escuchar los gritos de mi hijo otros se escucharon

–¡AUXILIO, AUXILIO!

Me puse el tapabocas rápidamente y salí al ver que sucedía. Era un hombre, un indigente para ser sincero. Tenia en sus manos una mantita y en ella lo que parecía ser un bebé demasiado pequeño, no lloraba, no se movía.

Se la quité de los brazos rápidamente y entré a la sala de reanimación haciéndole preguntas mientras pedía a la jefa de enfermeras que alistara todo lo necesario para intubar al bebé recién nacido.

–¿Qué pasó? –pregunte mientras la terapista respiratoria despejaba la vía respiratoria del bebé.

–No lo sé, señor…yo estaba ahí, recogiendo basura…y me encontré con esa mantita. Estaba llorando, tosiendo…

–Tubo... –pedí.

La terapista me lo dio ya esterilizado. El pulso en el neonato no era normal.

–Siga –le dije al indigente.

–La traje aquí, señor. Me pareció que estaba demasiado morada…- dijo el hombre, frotándose la mano nervioso

–Añádele dos ampollas más de adrenalina –dije mientras el tubo finalmente entraba en la vía respiratoria.

Entró en paro dos veces, pero luego logramos estabilizarla…cuando estuvo lista decidieron llevarla para tomar una serie de exámenes y de ahí trasladarla a la unidad de cuidado intensivo.

Me quité el tapabocas y luego me dispuse a hablar más tranquilamente con el hombre, pero su versión no cambió. Estaba diciendo la verdad.

¿Quién podría abandonar a su bebé en un basurero?

Me di la vuelta y me encaminé hacia el área pediátrica a fin de preguntar a Ieran por Shaoran.

Ahora dormía y ella estaba sentada en una de las sillas al lado de él. Ella se me acercó y me abrazó.

–¿Pasó algo grave? –me preguntó. Seguramente estaba inquieta por los gritos que había escuchado fuera. Suspiré. El pronóstico de vida de esa niña no era muy bueno.

–Encontraron a un neonato en un basurero. Estaba bastante crítica.

–¿Pudiste hacer algo? –me preguntó ella amorosamente.

–Logramos estabilizarla, ahora depende de ella.

–Papá… –escuché la voz de mi hijo en sueños–, te quiero…

Besé a Shaoran en la frente y me volví para buscar al otro pediatra a fin de que me dijera que había encontrado en los exámenes de Shaoran.

Al final del día siguiente, Shaoran fue capaz de tolerar la vía oral

Trabajo social había indagado nuevamente al indigente y se había dedicado a buscar información alrededor del sitio donde la niña había sido encontrada para ver si daba con el paradero de la diabólica madre. Por la información que pude obtener no habían descubierto nada. Si la cosa seguía así la neonato iría a parar a un orfanato.

Noviembre

Pasaron dos meses, Shaoran no había vuelto a enfermarse y la ahora bebé, de dos meses, quien aún persistía con los problemas respiratorios toleraba respirar sin ayuda del aparato. Decidieron llamarla Sakura Kinomoto. NN era demasiado burdo.

Sentía lástima de esa bebé como no la sentí por los otros. Al menos todos los que estaban en la unidad pediátrica tenían madre.

Subí a verla. Cuando me asomé a la gran ventana del cristal que daba a la unidad la identifiqué al lado del niño de los Ogawa.

Estaba llorando desmedidamente. Seguramente tenía hambre.

Esperé a ver alguna enfermera que anduviera cerca pero la sala estaba sola, la jefa debía estar haciendo ronda. Abrí la puerta y entré. En dos pasos llegue a la cunita, la levanté en mis brazos, apenas pesaba y por su peso precisamente dedujimos que la edad gestacional al nacer debía ser de al menos 7 u 8 meses.

En cuanto la levanté dejó de llorar. Destapé un poco la manta y vi que tenía los ojos abiertos, estaba chupándose el puño y tomando la mantita, pero no lloraba, parecía que solo quería compañía. Sonreí cuando sus grades ojos se posaron sobre los míos y soltó un estridente gorjeo que interprete como su risa. La ternura me abrumó, y también la compasión por el destino de esta niña. Qué odioso era saber que la pobre iría a pasar su infancia a un orfanato donde no tendría más amigos que los que diariamente se llevaría alguien. Sin nadie que la ayudara, sin poder estudiar. Era un bebé muy bonito para un destino tan funesto. Miré sus ojos más atentamente asombrándome su almendrada forma y el color esmeralda de ellos, la miré tan fijamente que percibí la línea azul que se fundía con sus ojos verdes y el iris de ellos. Eran unos ojos que expresaban temor.

Cuando se quedó dormida la dejé con cuidado sobre la cuna y me di la vuelta para salir. Iría a visitar a mi notario, después de todo tenia demasiadas cosas para no poder compartirlas con alguien desamparado.

En el almuerzo me encontré con Ieran, y le pedí que me acompañara a donde el abogado. Le conté mis planes y no me contradijo, por eso la amaba.

Consigné en una cláusula anexa a mi testamento, aunque no sabía porqué dado que supuse que viviría mucho tiempo.

Cuando Sakura cumpliera 18 años la cuarta parte de las acciones del hospital, de las que era accionista mayoritario, serían para ella, más una parte del dinero. Era lo único medianamente útil que podía hacer. Por un momento pensé que sería mejor adoptarla, pero me lo replanteé, ya era suficiente que Ieran me autorizara a darle parte de nuestro dinero.

Cuando la labor estuvo concluida salimos del notariado y nos subimos al auto.

En el camino le conté a Ieran los progresos de Sakura y ella me contó acerca de Shaoran y sus estudios.

Pero esa fue la última vez que la escuché hablar y escuché cualquier otro sonido. En medio del pánico por Ieran y por mi derrape cuando el auto fue envestido con una fuerza severa por un camión de carga. Sus ojos…llenos de lágrimas fueron la última cosa que vi antes de que la oscuridad se apoderara de mí.

Shaoran Li

14 de mayo de 2007

–Tienes que estar bromeando –le dije al abogado que tenía frente a mi, aquel saco de pelos blancos a punto de jubilarse.

–Lo siento, Shaoran, pero es así. No eres el propietario total de las acciones de Hien, así que no puedes vender –dijo él, casi creí que sonreía con placer amarillista.

–Mi padre me dejó todo en su testamento, yo lo leí –insistí aún sin creérmelo.

–Sí, pero hay una cláusula eventual. No eres el propietario total.

Maldije en entredicho cuando me dijo eso otra vez. Estaba tan acostumbrado a que todo fuera mío que esa noticia me cayó como un cubo de agua fría.

Mi padre me había dejado junto con mi madre cuando tenía 10 años. Habían muerto ambos en el accidente de coche, sus posesiones y todo lo demás había sido dejado a cargo de mi tío hasta que cumplí la edad de 18 años y pude administrarlo todo.

No despilfarré, obviamente, la carrera que había escogido estudiar me dio la gran satisfacción de aprender cómo administrar mis bienes heredados y hacer los míos propios.

Ahora era propietario de una empresa. Y tenía un gran proyecto en mente, pero necesitaba un poco más de dinero y vendiendo las acciones del hospital lo tendría, y mi proyecto podría llevarse a cabo.

Esas acciones me reportaban beneficios, pero era algo de lo que podía prescindir si tenía en cuenta la cantidad de dinero que ganaría invirtiéndolas en otro proyecto.

–¿Y quién es el otro propietario? Mi padre nunca lo menciona en el testamento.

–Una chica… que está desaparecida, y está mencionada en la copia de la cláusula eventual que tienes ahí –le señaló la carpeta.

–Encuéntrela –le dije rápidamente–. Le compraré las acciones.

–Desapareció cuando tenía trece años –explicó lleno de paciencia, como si se estuviera dirigiendo a un retrasado y no a un hombre de casi 30 años–. Se escapó del orfanato donde vivía entonces.

Maldije por lo bajini otra vez, eso implicaba un problema mayor. Tendría que hacerme con un detective.

–Hasta que ella no firme y haga acto de presencia no puedes vender las acciones- dijo el abogado antes de ponerse de pie.

Otro improperio salió de mi boca pero el abogado ya se estaba yendo.

–Te sugiero que si quieres seguir con el proyecto la encuentres y la hagas firmar, de lo contrario, no podrás hacer nada.

Sabía que los bancos podían proveerme de un préstamo y podía prescindir de buscar a la tal señorita, cuya información tenía frente a mí.

Pero mi vena de avaricia, que no sabía de quién había heredado hizo mella en ese momento. ¿Por qué una desconocida tenía acciones del hospital? ¿Era acaso una Li?

No, por lo que decía el informe que tenía frente a mí, se trataba de una huerfanita que pasó trece años encerrada en un orfanato.

¡Maldita sea! Si se trataba de una niña pobre seguramente querría hacerse con el dinero que le correspondía que con el paso de los años se había incrementado.

Llame por el conmutador a Hiromi, mi secretaria y le dije que me hiciera cita con alguna empresa de detectives privados. Quería ver quién era la tal Sakura Kinomoto a la que mi padre había dejado parte de su dinero. Tenía que saber dónde estaba ahora, y tenía que quitar de sus garras el dinero de mi familia.

Sakura Kinomoto

08 de Junio de 2007

Alargué la cuchara esperando pacientemente que Rika bebiera el contenido.

–¿Está bien? –pregunté refiriéndome a la sopa cuando ella la saboreó y la pasó con repugnancia–. ¿Prefieres otra cosa?

– Preferiría morirme… –dijo Rika, contrariada, respirando pesadamente.

Negué con la cabeza y seguí dándole del caldo.

Ésa era yo…la cuidadora de Rika Sasaki.

Mi vida no era de lejos la de ella, pero tampoco la agradecía. Después de vivir trece de los mas horribles años que una persona puede vivir, cualquier cosa buena, como mi amistad con ella, era bienvenida.

Cuando escapé, vagué durante mucho tiempo, casi pensé que mi vida terminaría en las calles, pero no me rendí, aún tenía razones para vivir, aún tenía una vida delante. Aún creía que tenía una vida.

A pesar de todo mi sufrimiento, había aprendido a amar lo que tenía, tal vez porque me esperaba un destino mejor, había logrado escapar de ese sitio infernal.

Lamenté haber dejado a mis niños, pero no aguantaba un día más de violaciones, de golpes, de tantas cosas que había tenido que vivir en ese sitio.

Y luego encontré a los Sasaki. Un par de esposos arrogantes y desmedidos que milagrosamente vieron en mi manera de rogar a una enfermera para su hija Rika. Su única hija que tenía leucemia y estaba pronta a morir.

Ella y yo nos hicimos amigas desde el principio. Crecimos juntas, yo jugaba con sus muñecas y ella con mis harapos, decía que le parecían chistosos.

Ahora, ella había crecido y con ella la leucemia. El pronóstico era reservado pero yo sabía que cuando los médicos decían eso querían decir que era mejor irse despidiendo.

Aún me costaba trabajo creer que ella se fuera a morir. Y aún más me costaba creer la indiferencia con la que sus padres acogían la noticia.

Una lágrima rebelde se deslizó por mi mejilla.

–¿Llorando…otra vez…Sakura? –me dijo ella con dificultad, hablaba asÍ desde hacia más o menos una semana, cuando inexplicablemente contrajo la neumonía que ahora corroía sus pulmones al no tener las suficientes defensas para combatirla.

–Lo siento... –dije enjugándome la lágrima e intentando inútilmente tentarla con el caldo. Sus pálidos labios se apretaban para no recibirlo.

–Ya te…dije…que no quiero tu…s lágrimas…

"No me quiero ir viéndote llorar" me dijo cuando aún podía hablar de corrido.

–Lo sé…. –''perdóname'' pensé, pero la sola idea de que ella se fuera me causaba demasiada tristeza, era lo único bueno que me había pasado en la vida.

Gracias a ella aprendí a leer, a escribir y a cocinar. Su madre la inscribía a cualquier clase casera que se le presentara para poder mantenerla dentro de la casa sin que se pudiera enfermar. Aprendí repostería y un poco de piano. Su madre estaba loca.

Moví la cuchara sobre sus labios pero ella negó con la cabeza

– No me….obligues… por favor… –dijo débilmente.

Asentí. Lo que menos quería hacer era atormentarla.

– No te va a hacer bien –dije adivinando casi la respuesta que recibiría.

–Nada puede…. –cerró los ojos y arrugó los párpados, su seca piel me volvió a dar ganas de llorar, pero me contuve recordando que no le gustaba que lo hiciera.

–Sakura… –me llamó después de unos minutos.

–¿Qué necesitas? –le dije ansiosa al ver que levantaba su mirada lentamente y su tembloroso brazo también.

–En…el…guardarropa…maleta…una maleta verde…

Fui hasta allí y saqué lo que me pedía. Se lo llevé al lado y ella me miró.

–Es…tuyo…

Cuando la abrí el contenido me asombró, era parte de su ropa y en el fondo unos fajos de billetes cuidadosamente enrollados.

–Pero Rika… –comencé la frase de rechazo.

–Te…lo regalo… –dijo ella sonriendo levemente, yo negué con la cabeza pero ella me interrumpió–. Haz algo…por mi…ahora…mismo…

Aparté el maletín y me arrodillé a su lado incapaz de negarle nada.

–No lo…rechaces… –respiró pausada y dificultosamente tres veces–, quiero…que te vayas…ya –había un poco de su anterior decisión en el ya del final.

Retrocedí sin comprender…

–Rika… ¿qué… –me estaba temblando el labio, estaba a punto de echarme a llorar.

–Quiero que… tomes ese… maletín... y te vayas de esta casa en este momento… –dijo ella con la voz llorosa y los ojos cerrados.

–Pero… –yo quería que me mirara, quería que no me pidiera que la dejara sola.

Sus ojos se abrieron uniformes después de un tiempo y me recordaron a las niñas que una vez fuimos…

–Me… muero… y quiero que te vayas… quiero que me rec.… cuerdes… cuando… éramos niñas… –dijo.

–Debo llamar al médico –dije al ver el estridor y el enorme esfuerzo que ahora hacía para respirar.

–Llá… ma… lo… y despu... és… vete.

Quería que me fuera y la dejara morir sola.

Estrujé su mano y ella apretó débilmente la mía. Comprendí que era su deseo, quería que me fuera para no me quedara a cargo de sus padres cuando muriera, sus odiosos padres. Lloré sin poder evitarlo a pesar de que ella me había pedido que no lo hiciera.

–Vete… Sakura… ya –dijo ella, parecía estar sufriendo una inmensa agonía, sus pulmones parecían un extraño tractor.

Asentí y tomé el maletín, me di la vuelta y le di un abrazo demasiado fuerte, pero ella no me dijo nada.

–Buena… suerte… hermanita –pudo pronunciar esa palabra de corrido.

Cerré mis ojos húmedos ante esa alusión de ella y me volví para salir, yo tenía pocas cosas así que el resto de lo que era mío paró en la maleta también, no dejé nada salvo a mi amiga muriendo, porque así lo había dispuesto el destino…

Tomé el inalámbrico y llamé al médico

-Dr. Mamoto… está muy mal –dije sencillamente ya que la voz me falló en ese momento.

Él entendió y dijo que en seguida se presentaría.

No escuché más sonidos, sino el silencio de la casa mortuoria.

–Perdóname, Rika –dije para mis adentros.

Abrí la puerta y me alejé corriendo de allí y de mí misma.

Con el dinero que me dio pagué un autobús al primer destino donde me llevara. A donde Dios quisiera que fuera, a la vida que ahora se abría paso frente a mí.

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