Inspirada en mi película favorita de Walt Disney: Mulan. Le traigo a todo aquel amante de la lectura este singular fanfic de mi pareja favorita Lily/James.
-Una chica nada femenina, unas amigas unidas por el dolor, un novio que debe salir a la guerra en vísperas de su boda, una general con un pésimo humor, tres amigos que desean más que nada acostarse con una chica... y una historia que une a todos estos personajes en una mágica fábula de amor, amistad, lealtad y valor.-
Rubias, morenas, pelirrojas, altas, delgadas, chaparras, rellenitas, de piernas largas, con hermosas narices, con cabello largo, cabello corto, dientes hermosos, lindos vestidos... Eso era el cielo.
Al menos eso pensaban los tres amigos: Sirius Black, Remus Lupin y Peter Petegrew.
Iban por la ciudad viendo hermosas mujeres y deseando a esas hermosas mujeres. Ellos eran atractivos, claro que sí, pero no sabían como acercarse a las mujeres. No tenían ese "algo" que tenía el general James Potter.
Ellos tres habían estado entrenándose desde pequeños para ser unos excelentes soldados. Sabían lanzar hechizos complicados, preparar pociones extremadamente difíciles y hacer cualquier arte en la pelea. Pero cuando una mujer se ponía delante de ellos y les sonreía, se volvían unas gelatinas: temblando y sin poder hacer nada para evitarlo.
Una vez, Sirius trató de hablar con la camarera de una posada un día que dejaron a los tres soldados salir a descansar. Había estado entrenando frente a un espejo como le iba a decir "Hola, ¿quieres dar una vuelta conmigo?". Era fácil, solo unas cuantas palabras y cuando salieran le iba a susurrar en su oído "¿Prefieres un lugar más cómodo?". Después se irían a un cuarto del hotel y entonces...
- Entonces harás lo que tengas que hacer.- le había explicado James con una sonrisa.- Esos son los pasos para enamorar a una mujer.
Pero cuando Sirius llegó enfrente de la camarera y ella le sonrió, las piernas le fallaron. Sirius no recordaba que había pasado, hasta cinco minutos después notó que estaba fuera de la posada y sus amigos le hablaban preocupados.
- Oh mierda.- fue lo primero que dijo.- ¿qué pasó?
- Te desmayaste.
Eso había bastado para que Sirius no volviera a la posada al igual que sus amigos. Y para que ellos tres no volvieran a dirigirle la palabra a una chica hasta que estuvieran preparados para hacerlo. Y de eso ya hacía un año. Ahora, ver tantas hermosas damas los hacía querer tentar a la suerte de nuevo.
El general James había mandado a Peter a seguir un carruaje y ellos dos estaban esperando a que regresara el chico para dirigirse al castillo del Rey Dumbledor.
- Yo creo que podía decirle hola a alguna.- dijo Remus mirando de un lado al otro a la mujeres que se paseaban.
- Olvídalo. Tú no sabes lo que es estar frente a una de ellas.- respondió con solemnidad Sirius.- Son peores que un ejército junto cuando ye sonríen. No sabes que es lo que están pensando cuando pestañean constantemente. Sus tiernas voces son mil cuchillas a tu corazón si su respuesta es un "no".
- ¿Y cómo sabes tú tanto si lo más cerca que has estado de una mujer es de tu madre?
Sirius no respondió pero Remus juró que había escuchado algo como "James dijo algo así". Lo único que sabían de las mujeres era lo que James les había dicho, y eso significaba cero.
- ¡Las vi!- chilló emocionado Peter cuando regresó.- Vi mujeres realmente hermosas.
Y mientras regresaban los tres juntos al castillo, Peter les comentaba su hazaña de no caer desmayado al ver a mujeres tan hermosas enfrente de él "Tan solo pensé que ellas no me veían y asunto resuelto". Aunque en realidad, ellas no lo veían.
El rey Dumbledor observaba atentamente al general James Potter. Después de todo, James era el favorito de Dumbledor.
- ¿Cuántas más, James?- preguntó educadamente el rey.
James hizo un gesto de inocencia, pero Dumbledor no le creyó.
- Te he dicho que las mujeres son objetos preciosos. He escuchado que haz dejado a más de una llorando por tu partida. ¿Sigues en tus andadas a pesar de nuestra última plática?
James sonrió picadamente.
- Ellas me lo piden, no puedo negarme.
- Eso era mentira, James las seducía a todas pero que le iba a hacer, le encantaban las mujeres. Y de hecho, había una que estaba rondando en su mente.
- Por cierto, señor, eh escuchado maravillas del general Franck Longbottom, quisiera que se uniera a mi batallón para que nos enseñara algunas cosas.
Ser el favorito del rey le hacía tener casi el mismo poder. Normalmente Dumbledor le cumplía todos sus caprichos.
- No.- le respondió el ojiazul sonriendo.
Y James abrió los ojos impresionado por aquello. Dumbledor jamás le había dicho que no a algo.
- Franck está por casarse. No puede ir a la guerra.
James sintió un pequeño piquete en el estómago de solo pensar que la hermosa mujer no iba a ser suya. Pero… bien podía solucionarlo.
Solamente quiero que me ayude a entrenar mejor a los soldados.- repuso el general con una sonrisa descarada.- Un mes, cuando mucho. ¿Acaso no puede esperar un mes para su boda?
Y la sonrisa de James continuó todo el día pues había ganado. Franck Longbottom tenía que ir a entrenar a sus soldados durante un mes entero. Así que en ese tiempo, James estaría en la ciudad acortejando a esa dulce señorita y haciéndola suya. Sonrió más ante aquella perspectiva.
- Peter.- exclamó James. El soldado gordo fue a su lado.- llévale esta notificación al general Longbottom.
- Claro que sí señor.- dijo haciendo un saludo militar con la mano en la cabeza.
Cuando Peter desapareció por la puerta de aquel bar, Sirius y Remus miraron inquisitivamente a James y el les sonrió.
- ¿Qué tramas?
James soltó una risotada y le dio un trago a su cerveza.
- Oh, nada bueno, de eso estén tranquilos.
Los dos amigos se voltearon a ver.
- ¿Porqué Franck Longbottom? No lo conoces y tú mismo has dicho que no lo deseas conocer.- inquirió Remus de nuevo.- Dices que no te cae bien sus métodos. Qué es demasiado débil para ser llamado un general, palabras textuales tuyas.
James tomó otro trago y con su sonrisa le respondió.
- Pero no creo lo mismo de su hermosa prometida. Quiero alejar al tonto de Longbottom para enamorar por algunas noches a su prometida. Después se la daré.
Ambos hombres abrieron los ojos. Sabían que James se llevaba a la cama a varias mujeres pero nunca pasó que hiciera eso con una mujer casa o prometida. Estaba yendo muy lejos y ambos lo sabían.
- Y no me miren con esa cara. De seguro Longbottom agradecerá todo lo que le voy a enseñar a su querida prometida.
"General Franck Longbottom,
Se solicita su presencia durante un mes para disciplinar al ejército de su majestad el gran Rey Albus Percival Wulfric Brian Dumbledore que se prepara para la guerra.
Se le espera el día de mañana a medio día en el campo del decimoquinto batallón.
Sin más por el momento.
General James Henry Potter"
Lily leía una y otra vez el papel mientras que Franck caminaba de un lado al otro de la sala. Alice estaba sentada al lado de Lily con la vista perdida. Mcgonagall estaba al pie de la puerta viendo las reacciones de todos.
- Pero es imposible.- decía un y otra vez Franck.- A los militares nos dan seis meses de descanso cuando nos casamos. Eso está establecido en las normas.
- ¡Pues no vayas!- chilló Alice, después de varios minutos de estar más que callada.- No quiero que vayas.
Franck se detuvo y la volteó a ver de forma muy tierna.
- Es una orden del rey, debo de cumplirla.
- No.- interrumpió Lily al ver como salían lágrimas de los ojos de su amiga.- No. Son ordenes de este tonto James Potter. No vas a ir si no es orden directa del rey.
Franck les explicó que James era el favorito del rey y por lo tanto una orden de él era como una orden real.
- ¡Pero sabes bien que si vas a entrenar a los soldados no va a ser por un mes!- dijo enojada Lily.- Van a querer que vayas al campo de batalla para dirigirlos.
Y Alice no pudo más, salió corriendo y llorando de la habitación. Franck no fue detrás de ella porque no sabía que decirle. Pero Madame Mcgonagall se fue detrás de ella.
- No vayas. Quedate con ella.- le exigió Lily poniendose de pie.- Ya sé que no he sido buena persona contigo,- Franck la miró sorprendido, pues pensaba que Lily no lo quería.- pero tú haces feliz a Alice. Ella jamás había sonreído tanto y es todo por ti. Si llora por tu culpa no te lo perdonaré nunca.
Franck sabía que aquellas palabras en boca de Lily eran lo más dulce que pudiera ella decir, pues le decía que le quería al lado de su hermana Alice.
- No puedo, Lily. Perdoname.- cerró los ojos y apretó los puños.- Tengo que servir al rey cuando el me llame. Es por mi honor.
- Al carajo el honor.- dijo enojada la pelirroja.- Yo ya perdí el mío al no ser buena esposa y sabes, sigo viva. No me importa que los demás no me tomen en serio si las personas que quiero si lo hacen. No creó que Alice vaya a decir nada por que pierdas tu honor de ser un gran general. A mi tampoco me importa. El honor no lo es todo.
- Pues para mi sí.- respondió enojado.- Yo no quiero ser un perdedor como t...- y se detuvo al ver lo que casi iba a decir.
Pero Lily sí que entendió.
- Como yo, verdad. Si soy una perdedora. No tengo clase, no tengo dinero, ni si quiera soy femenina. Solo me falta usar pantalones para ser hombre, pues ni cuerpo tengo.- era verdad.- Y sabes que, soy feliz así. Tal vez necesitas pensar si te interesa lo que piensen los demás de ti o lo que pienses las personas que se preocupan de ti de ti mismo. Porque Alice, Madam Mcgonagall y yo pensamos que ya eres perfecto y eso lo pensaríamos fueras o no general.
Se dio media vuelta y se fue del lugar.
¿Qué ibas a hacer ahora él?
Lily comenzó a llorar mientras salía al patio trasero de la casa. Ahí nadie la iba a molestar. Y las lágrimas no dejaron que llegará muy lejos de la casa, pero si lo suficiente para que nadie la escuchara llorar... o casi nadie. Se sentó al lado de un árbol y abrazó fuertemente sus piernas recogidas.
- ¿Por qué lloras?
Lily se sobresaltó cuando vio a Madame Mcgonagall a su lado. Ella se sentó a su lado con un hermosos movimiento de manos, algo que ella jamás pudiera hacer pues era demasiado torpe para esas cosas.
- Te he dicho que las mujeres no deben de llorar.- abrazó a Lily.- Pero eso es porque nosotras somos mucho más fuertes que los hombres y nada nos abate.
A Lily jamás la había abrazado ella, así que sin quererlo lloró más fuerte.
- Te digo que no llores, niña tonta.- le acarició la cabeza.
- Es que...- hipó Lily.- Es muy injusto... Alice y Franck merecen la felicidad...- volvió a hipar y lloriqueó un poco.- Ellos son las mejores personas que yo conozco. ¡No es justo Madame Mcgonagall!- y comenzó a llorar de nuevo.
Mcgonagall sonrió; por primera vez desde que conocía a Lily ella le decía Madame.
- Puedes decirme Minerva.- le susurró con dulzura.- Y te entiendo, Lily. Ojala que alguien tomara el lugar de Franck y les enseñara algo de respeto a ese James.- Lily dejó de llorar y observó sorprendida que Madame Mcgonagall, siempre tan seguidora de las reglas, llamaba así a un general.- Oh, pero no me mires así.- se defendió ella cuando Lily se zafó del abrazo maternal de ella y la miró perspicaz.- yo conozco a ese joven. No me agrada en lo absoluto. Un vividor, y pervertidor de mujercitas. Fue un alivio saber que Franck y él jampas se han conocido, así supe que Franck era una buena persona.
- ¿No se conocen? Entonces ¿por qué él quiere que vaya Franck?
Madame Mcgonagall se hundió en hombros.
- No estoy segura. Hay muchos generales que bien podían hacer el trabajo de Franck. Aparte, James y Franck jamás se han visto, aunque son de los mejores. Y no creo que se vean después de esto porque James no vive en esta ciudad. No entiendo porque hace esto, pero de que tiene un motivo, eso si que lo sé.
Lily miró el piso. Así que por algo James solicitaba a Franck. ¿Hacerle la vida imposible, tal vez?
- Ojala alguien le enseñara algo a ese tonto de James Potter.
Lily sonrió al escuchar la blasfemia de Minerva. Y minerva le regresó la sonrisa. Y fue una sonrisa sincera que animó a Lily a preguntarle.
- ¿Es tan importante el honor?
Minerva inhaló mucho aire y poco a poco lo fue sacando por la boca.
- Es importante caer bien a las personas, pero no es lo más importante. El honor ciertamente te hace más fácil la vida, pero no te la resuelve. No digo que sin honor no se pueda vivir, claro que se puede. Pero es sin duda, una vida más difícil.
Lily miró al cielo.
- Yo no tengo honor y nunca lo brindaré a esta familia... y no creó que sea tan mal,- volteó a ver a Minerva.- o sí.
- No, Lily. Creo que todos te querremos de igual manera. Pero, afuera de estas paredes no piensan igual y tu jamás vas a poder ser feliz fuera de esta casa. ¿Has pensado en como se siente Alice al pensar que tú jamás vas a encontrar a un hombre tan bueno como Franck? Ella se preocupa mucho por ti y yo también. No es que no queramos que estés aquí, pero sabemos que no eres completamente feliz.
Lily no dijo nada más. Prestó toda su atención al pasto. Así estuvieron varios minutos en silencio hasta que Minerva le dijo que se retiraba, Lily solo asintió.
En realidad, ella era feliz... hasta hacia un tiempo. Ella pensaba que todo en su vida estaba bien: tenía a Alice que era su hermana. Madame Mcgonagall la cuidaba como a una hija. Tenía varios sirvientes que la obedecían en lo que fuera. Dinero no les faltaba. Pero entonces entró Franck.
No es que no lo quisiera, al contrarío, ahora lo quería como a un hermano. Pero él le había hecho abrir los ojos. Ella no iba a estar completa sino encontraba a un esposo, eso lo había entendido al ver la inmensa felicidad que se veía en los ojos de ambos cuando estaban juntos. Por eso fue que decidió ir con la casamentera.
Pero todo salió mal.
Se tocó la cara donde las heridas todavía se veían y se sentían. Todo su cuerpo estaba moreteado y algunas heridas iban a quedarse de por vida. Nadie iba a querer a una mujer así.
Una lágrima rodó por su mejilla.
Y aunque Alice, Minerva y Franck la recibieron con los brazos abiertos, eso hizo que se sintiera peor. Nunca les iba a brindar honor a ninguno. Y ella no iba a ser completamente feliz pues sabía lo que era ser feliz, tener a un ser amado a su lado, pero ella siempre iba a mirar la felicidad desde lejos.
Y no sabía si iba a observarla, pues Franck se iba a ir.
Y en ese momento pasó.
Franck no tenía porque irse. No lo había dicho Minerva "Ojala que alguien tomara el lugar de Franck y les enseñara algo de respeto a ese James". ¡Pues claro!
Ella observó sus brazos. No eran delgados como el de todas las mujeres, por el contrario; de tantos ir de un lado al otro estaban un poco torneados, al igual que sus piernas. Observó su carente pecho y, muy a su pesar, sintió su rostro marcado de heridas. Ella no parecía en nada una chica, y aunque le dolió un poco sonrió por esa visión.
Franck le había dicho que era muy buena escalando paredes y subiéndose a lso árboles. También la elogió por su inteligencia en las tácticas para hacerlo correr de Alice. Aparte, ella era muy buena para estar en un lugar y que nadie la viera, sumamente sigilosa.
Claro, ella les podría enseñar algo a todos esos soldados. Aparte, en la carta no se especificaba que, simplemente que les enseñara algo. James y Franck jamás se han visto y puede que jamás lo harán después de eso. Y si los generales no se conocen menos los soldados.
Perfecto, ella tomaría el lugar de Franck y todo estaría arreglado. Y cuando fuera tiempo de ir a la guerra ella fingiría una lesión. Total, no le importaba fingir eso, ella no tenía honor para nada y mentir no le importaba. Así regresaría y Franck podría estar a salvo todo ese tiempo y luego casarse con Alice.
¡Y todo mundo feliz y contento!
Reviews, porfa!!!
Gracias a MiiniiMiirii y a Caraz por los reviews... y atodos los que se pasaron y no dejaron reviwes también! jajajaja
byebye!!!
Si ella no podría ser feliz al menos su hermana lo tendría que ser.
