A/N: Para referencias a mi estilo y a ciertos aspectos del fic, lean 'Littera Minima' y sus secuelas. Por favor, quienes dejan reviews anónimas, DEJEN UN MAIL DE CONTACTO para que pueda responder sus comentarios con más agilidad… o de lo contrario no podré responderles. Las referencias al manga de Inuyasha serán debidamente explicadas en la Brújula Cultural cuando corresponda, y más extensamente en mi blog, al cual se puede acceder desde mi profile. Es importante que en este capítulo, LEAN el blog.
¡MUCHAS GRACIAS A MI LECTORA DE PRUEBAS! Sonomi, eres un sol conmigo. Gracias por leer y corregir mis desvaríos.
"Saint Seiya", la trama y sus personajes pertenecen a Masami Kurumada y a quienes han pagado por el derecho respectivo. Lo mismo ocurre con los personajes del manga "Inuyasha: O–Togi Sengoku Zoushi", que pertenece a Rumiko Takahashi y que han sufrido leves modificaciones para beneficio de la trama. El personaje de Selene Ishikawa pertenece a Fanny Shadow y cuento con su autorización para usarlo. No estoy sacando beneficio económico de este escrito: nada más hago esto para relajarme y entretener a mi imaginación, eso es todo.
ADVERTENCIA.
Del Manual del Villano Para la Malvada Conquista de la Galaxia, Artículo Decimocuarto: El héroe no tendrá derecho a un último beso, último cigarrillo, o cualquier otra ridícula forma de última voluntad.
Cualquier coincidencia con la realidad, con situaciones reales y semejanzas con personas vivas o muertas, es una mera coincidencia. Se pide criterio y discreción por parte de los lectores. No me hago responsable de castigos, lesiones, o penas capitales derivados de la lectura de este capítulo.
"Nihil Novum Sub Sole."
("Nada Nuevo Bajo El Sol")
Capítulo 1:
Reencuentro a la Distancia.
Atenas, Plaka.
3 días después.
10:09 am.
El sol estaba literalmente de adorno, pues para ser un día tan lindo, la temperatura estaba bastante baja. Era definitivo: la temporada fría por fin había ganado. El otoño comenzaba a morir para dar paso al invierno, que ese año se auguraba muy crudo.
El único contento al respecto era Camus.
Shiori se ajustó su grueso abrigo de lana, se acomodó las gafas de sol y continuó caminando. Le gustaba pasar el invierno en Grecia, ya que no era tan crudo como en Japón, que estaba más al norte en latitud. Por consiguiente, podía disfrutarlo más sin que le dieran ganas de hibernar. Ocurría que el frío generaba algunos procesos metabólicos algo molestos, que aunque templados por su naturaleza humana, no dejaban de incomodarla: le daba más hambre, se movía más lento y lo peor de todo, es que a medida que avanzaba el invierno, la necesidad por dormir días enteros se tornaba feroz.
Bufó descontenta y siguió caminando. Estaba enojada y cansada. Se había pasado toda la bendita noche tratando de encontrar a Koumori, sin éxito. Lo único que sabía era que el sujeto estaba en algún lugar de Atenas, o al menos del Ática, con el cuál no lograba dar, por más que lo buscara. Las 3 últimas noches las había pasado en la misma guisa.
¿Dónde se había metido? En una situación normal, a estas alturas Koumori ya habría salido de su escondite, más aún teniendo en cuenta su carácter. Shiori no estaba haciendo nada por ocultar su identidad. La vez pasada, en la que tenía que mantener un perfil bajo, tuvo que teñir su cabello y usar lentes de contacto, entre otras artimañas, para no destacar tanto. Ambas cosas eran molestas, sobre todo la primera: teñirse el cabello había sido una pelea diaria, dado que las tinturas se negaban a quedarse en sus cabellos por más de 15 horas seguidas y desteñían con facilidad. Conste que estoy hablando de buenas tinturas y no de las malas.
Ahora no había necesidad para esto. Si Shiori quería encontrar a su tío, debía estar identificable en todo momento. Por eso se mostraba más al natural, aunque no dejaba de cubrir su piel todo lo posible que pudiera. Sus violáceos ojos estaban expuestos al mundo y su blanca cabellera, que bajo la luz solar despedía destellos purpúreos, no estaba oculta. Shiori suspiró: al menos no tenía que buscar a su tío de día. Si bien resistía la luz solar, la chica nunca había mentido sobre su alergia. No podía exponerse demasiado sin sufrir las consecuencias.
"Las 10:10 am…" Susurró al mirar la hora en un negocio cercano.
Shiori miró hacia arriba. Mejor regresaba a casa: necesitaba estar descansada para esa noche. Suspiró y miró al suelo. No… no quería volver allí, no todavía… es que había regresado al mismo departamento que la vez anterior… y por ende, el último hogar que había compartido con su mamá. Su pena aún estaba demasiado cerca de su corazón y estar allí se le hacía cuesta arriba. Su frustración pronto mutó en pena y su ánimo decayó.
Se miró los pies y se llevó las manos a los bolsillos. No… hacía horas que caminaba por Plaka y Monastiraki en círculos, aún vestía sus ropas de trabajo.
Bajo el abrigo de lana, que disimulaba sus propósitos al ciudadano común, las ropas que la cubrían eran negras. No hacían falta dos dedos de frente para saber que vestía el atuendo tradicional de una kunoichi. Suspiró y reanudó la marcha. Bajó por una escalera larga y siguió el camino señalado. Rodearía las ruinas del Ágora Romana antes de regresar a casa a dormir… o quizás comería algo pues…
¡Ese Aroma! Shiori levantó la nariz con disimulo y siguió la dirección del viento. Giró sobre sus talones, para que así la brisa le diera en la cara, e inhaló una buena cantidad de aire. ¡Reconocía ese aroma! Esos olores le resultaban familiares. Fijó la mirada hacia el fondo de la callecita, plagada de turistas y comerciantes. Entrecerró los ojos.
Saori, María y otra chica más venían charlando alegremente y atrás de ellas, a una buena distancia, pero mostrándose abiertamente, Máscara caminaba a desgano.
El corazón le dio un vuelco. Miró en ambas direcciones y antes que pudiera pensar en algo, rápidamente regresó por donde venía y se ocultó tras la primera esquina que vio. ¡Ojalá que el grupo no tomara ese camino! Allí se aplastó contra la pared.
"¿Pero qué estoy haciendo?" Se reprochó en voz alta, disgustada consigo misma. Jugueteó con sus dedos.
¡No podía creerlo! Máscara se le aparecía hasta en la sopa. Desde que había llegado a Grecia, para donde miraba veía cosas que le recordaban a Shiori que ella y el dorado tenían asuntos pendientes. ¡Ratas! Debió haberlo contactado. No debió ser tan fría con él cuando la había llamado para preguntar como estaba, pero ¿Qué esperaban que hiciera? Una no piensa claro cuando se te ha muerto un familiar tan cercano, sobre todo en la circunstancias en las que había fallecido.
Aquél día había sido uno muy MALO. De esos en los que uno desea no haber salido ni de la cama. Tuvo que enfrentarse a un adolescente pendenciero que casi la había matado y al que le dio un susto de muerte, su madre fue atacada con brutalidad y Máscara… Shiori se mordió el labio inferior… y Máscara… ¡Ese Italiano Desgraciado, Insolente Y Atrevido Osó Robarle Un Beso De Sus Labios, el cuál, si sacaba cuentas, resultaba ser el primero que recibía en toda su vida.
Con timidez, Shiori asomó su cabeza por la esquina. Por fortuna, desde su posición podía ver las ruinas del ágora. El corazón volvió a darle un vuelco: Saori y sus amigas entraban en el sitio arqueológico y se dirigían a la orgullosa Torre de los Vientos. Máscara las seguía…
"¡Italiano Tenías Que Ser!" Exclamó Shiori entre dientes, antes de parapetarse de nuevo tras la pared. Tomó aire y de nuevo se asomó.
Allí estaba. Con todo y armadura.
Mientras Saori y sus amigas sacaban fotos de las distintas ruinas y tomaban apuntes en sus cuadernos sobre ciertos aspectos, Máscara las esperaba, apoyado contra las rejas, cruzado de brazos, con su usual pose de pocos amigos. Algunos turistas le observaban impresionados, y no pocos le sacaron fotografías. Máscara les ignoraba. El santo se veía aburrido.
No. No solo aburrido… Shiori volvió a esconderse tras la pared y cerró los ojos. Se mordió el labio inferior. Cansado. Máscara se veía cansado. La chica tragó saliva y sintió como se le helaron las manos, como siempre le pasaba cada vez que lo veía. El sujeto la sacaba de quicio, su mera presencia la ponía nerviosa. ¡Es Que Tenía Magnetismo! Al principio se decía que eso se debía a que era un santo de Athena, un guerrero de cuidado al que no podría ganarle, pero pronto tuvo que convencerse que no era así.
Un corazón no se salta tantos latidos de un hilo solo porque reconoce un oponente más fuerte.
Shiori sabía que eso se debía a que el tipo la cautivaba… tal cosa la aterró. ¿Él le gustaba? No podía darse ese lujo, menos darse falsas ilusiones. Le daba tanto miedo el mero hecho que alguien le gustase que no sabía ni qué hacer. Tuvo que construir una muralla entre ambos y proveerse de las mejores defensas mentales para no caer redonda a sus pies. Hasta puso en práctica una expresión de póker inigualable que había aprendido de su Padrino, con la que esperaba mantener a raya al italiano este (que para colmo mostraba interés en ella) y a sus propias tripas, que parecían pensar por sí solas… T
Todo este esfuerzo al final probó ser inútil.
¡Es Que Máscara Era Tan Magnético! Era extraño, brusco, sádico, malhumorado, sarcástico, gritón, necio, altanero, bruto desalmado y Shiori sabía muy bien que en su tiempo el tipo había sido un cruel y despiadado asesino. Bueno… dicen por ahí que el corazón se manda solo. Verlo le cortaba la respiración y disfrutaba estar con él… claro que había hecho lo imposible por mantener todo esto bajo control y disimularlo todo lo posible. Creía que le había resultado y nunca le dio motivos para…
Abrió los ojos y volvió a asomarse por aquella esquina.
Sí, se veía cansado y un poco triste. ¿Qué lo tendría así? Shiori suspiró de nuevo. ¿Qué le habría ocurrido? Quizás había estado en alguna misión cansada, no lo sabía. Se sintió un poco mal… Máscara la había llamado en un par de ocasiones mientras su madre estuvo en el hospital, pero sólo le contestó una sola vez y fue muy fría al momento de hablarle… debió medir más sus respuestas, pero en ese momento no quería ni que la molestaran. Después de todo, Máscara había intentado apoyarla…
… Justo cuando más lo necesitaba.
Feh. El sujeto tenía una muy extraña forma de demostrar afecto. Se sintió molesta de pronto: Máscara tampoco había sido muy educado que digamos. ¿Por qué tenía que hacer tantas preguntas? Condenada sea la aguda curiosidad de los occidentales. ¿Acaso no se dio cuenta que lo único que quería era un abrazo?
¿Qué se creía ese sujeto que era? Bah. ¿Por qué le revolvía los sentimientos y porqué la confundía de ese modo? Si hubiera estado más atento cuando la llamó, se habría dado cuenta que no quería hablar por teléfono con él, sino tenerlo frente a frente y que sólo la abrazara por el resto de sus días, para siempre o lo que sucediera primero. Sacudió la cabeza con fuerza. ¿Por qué el muy desgraciado la hacía pensar de ese modo?
"¡Maldita sea! ¿Por qué tuve que conocerlo?" Gruñó molesta y de evidente mal humor.
Desde que había regresado a Grecia, no había dejado de pensar en él. ¿Por qué ese pensamiento no la dejaba tranquila? Shiori golpeó la pared, molesta. Apretó los dientes y sin esconderse, salió de su escondite y fijó la mirada hacia el lugar en donde estaba Máscara.
"¡Imbécil!" Susurró sólo para sí. Las tripas le dieron un extraño vuelco al verlo y su corazón se saltó un latido. Suavizó su rostro… que mejor Máscara ni se enterase que Shiori no podía enojarse mucho rato con él. "¿Por qué tengo tan mala suerte?"
Casi sin darse cuenta, la chica se llevó los dedos a sus labios…
Flashback.
"¿Después que tuve que arrastrarlo fuera del edificio? Se lo llevó la policía… aunque no sé si arrestado, al hospital o ambos. Bah. No me interesa lo que pase con Saco de Pulgas." Máscara giró la cabeza en dirección de la japonesa. "¿Cómo estás, Nikaido?"
"Bien. No fue nada serio, Máscara–san." Explicó Shiori, bajando la mirada, para ocultar un ruborcillo en las mejillas. "Te dije que fue solo un rasguño. Cosas que…" Sin previo aviso, y con la misma delicadeza de antes, el dorado le sujetó por la cintura y la sentó en su regazo, de manera de poder examinar su herida. "¡INSENSIBLE PEDAZO DE ID…!"
Shiori habría continuado con una larga y molesta perorata sobre los debidos cuidados que una herida como la suya ameritaban, pero ni bien se puso a gritar, un rápido y sorpresivo beso en los labios la enmudeció.
"¡Cómo Gritas, Mujer! Silencio." Gruñó Máscara como si nada. Shiori, con los ojos abiertos como platos, ni siquiera protestó… o se movió. El dorado entonces procedió a ver más de cerca la herida de la chica.
Fin de Flashback.
"… sí me dio un beso."
Todos los colores se le fueron a la cara, y por segundos se sintió como una colegiala inocente. Siempre le pasaba esto cada vez que recordaba ese beso. ¡Condenado Italiano! Seguro no tenía ni idea de los efectos que causaba en ella. La chica se permitió unos segundos de ensoñación y se distrajo recordando el beso. ¡En serio le habían dado un beso! Eso era tan raro. ¿Quién hubiera dicho que ella recibiría un beso como ese? Un hombre le había besado… Eso era… increíble.
Su burbuja fue reventada en ese segundo. La realidad se le volteó en la espalda como un balde de agua fría. Se miró las manos: su manicura casi perfecta… ocultaba sus garras. Garras. Casi de inmediato sintió deseos de llorar y no pudo reprimir un sollozo…
"Soñar es gratis, pero hace daño…" Se reprochó a sí misma. "¿Quién querría estar con un monstruo como yo?"
Bajó las manos y la cabeza. Se obligó a respirar y con pesadez se dio la media vuelta. Ni cuenta se dio que Máscara, allá abajo y que podía verla sin problemas, estaba con los ojos fijos en ella desde hacía un buen rato. Shiori comenzó a caminar apesadumbrada y desapareció de la vista al cabo de unos momentos.
No, no podía ser ella, ¿verdad?
Máscara pestañeó un par de veces en lo que la miraba alejarse. No. No era ella. Qué decepción… era otra mujer, aunque muy parecida. Volvió a recargarse contra la reja y observó hacia el interior del sitio arqueológico: Saori y sus amigas seguían recabando información para su tarea de historia. Suspiró profundo.
Es que la había visto de pronto, tal como si fuera una aparición. Estaba allí, arriba del cerro y miraba fijo en su dirección. ¿Quién sería? Su primera impresión le llevó a pensar que se trataba de ella, pero no… quizás los deseos de volver a verla le estaban jugando bromas. Molesto, hizo un gesto de exasperación con los brazos y los cruzó bien apretados. Cerró los ojos y se puso a pensar pestes.
Necesitaba otra paliza. A estas alturas del partido, era normal que se olvidase de una chica, pero su ragazza se le había clavado con ferocidad en el corazón. ¡Y la tipa ni siquiera sentía algo por él! Máscara hasta se había dado más de una paliza por su culpa. Quería sacársela de adentro, del pecho: no podía seguir pensando en ella, eso lo haría un débil. Además ni siquiera sabía donde estaba.
"¡Condenada seas, ragazza! ¿Cómo te atreviste a hacerme esto?" Pensó molesto… y suspiró.
Lo peor de todo, era que no podía odiarla, por más que lo intentase. Hacía dos días que se obligaba a odiarla, pero no le resultaba. Su chica, que ni siquiera era su chica (valga la redundancia), tan misteriosa y exótica, no se le salía de adentro, por más que se diera de cabezazos contra las columnas.
Hasta Idril se había dado cuenta: incluso le había dicho que no peleara contra ese pensamiento o se volvería loco. Era un buen consejo, sobre todo viniendo de ella, pero no le resultaba.
La había buscado, de veras que sí. Todavía tenía que reclamarle por no haberle contestado el teléfono y por haber sido fría con él; todavía tenía que darle el pésame por lo de su mamá y aún tenía algo que confesarle. Sus tripas todavía se le retorcían cada vez que pensaba en ella y como si fuera poco, manifestaba su preocupación en fuertes dolores de estómago e inapetencia.
Al menos no había dejado de entrenar, aunque la cuestión se estuviera tornando algo obsesiva.
¡Esa Mujer! Se parecía tanto a ella…
¿Qué estaría haciendo ahora Shiori? Suponía que estaba en Japón, pero ¿Dónde? Era como si se la hubiera tragado la tierra. ¿Estaría bien después de lo de su mamá…? No había conocido a la señora en cuestión, pero bien sabía que su ragazza era muy apegada a ella.
… Necesitaba darle un abrazo. Estaba harto de abrazar el aire y pretender que era ella…
"¿Máscara?" La vocecilla de Shiori, digo Saori, descarriló su tren de pensamiento. "¿Estás bien? Te noto distraído." Le preguntó la diosa con cautela. Athena estaba algo preocupada por su santo: si seguía así, tendría que tomar cartas en el asunto y pedirle ayuda a Eros o algo.
"¡Claro que estoy bien, niña!" Dijo con su usual mal humor. "Me hacía el distraído por cuestiones de estrategia, eso es todo." Explicó serio. Una gran gota resbaló por la cabeza de Saori.
"No sabía. Oye… ya terminamos aquí." Le dijo Athena, rascándose la nuca. "¿Te parece que si desayunamos algo por ahí?"
"Para nada. Usted manda." Máscara se encogió de hombros. "Pero recuerde que ustedes 3 tienen que estar de regreso en el Santuario a mediodía… son las 10:43 am."
"Sí, lo sé, pero terminamos de comer antes." Aseguró Saori con una sonrisa. Luego la diosa se volvió hacia sus amigas. "¿Dónde les parece que desayunemos?"
"Conozco una cafetería cercana. Hacen muy buenos dulces allí y el café no está mal." Dijo María, quien señaló en cierta dirección. "Es por allá."
"¡Qué bueno! Apenas desayuné esta mañana, me muero del hambre." Reconoció con alegría la tercera chica, de nombre Muriel.
"Vamos entonces." Saori se quedó viendo a Máscara. "Ya queda poco más y te libras de nosotras." Comentó con una pícara sonrisa, provocándole una simpática reacción en el santo.
"No Diga Eso, Niña: Soy El Santo De Cáncer, Juré Cuidarle, ¿No Se Acuerda? No Debería Poner Eso En…"
"En duda, lo sé, pero es divertido hacerte rabiar." Saori se rió e inició la caminata. "Deberías tomarte las cosas con más calma. ¡Vamos Chicas! María, tú guíanos, que conoces el camino."
Exasperado, Máscara dejó que las tres alocadas jóvenes comenzaran a correr en dirección de la cafetería que María parecía conocer tan bien. Tras suspirar impaciente, echó a andar tras ellas…
… Se detuvo unos segundos y observó brevemente en la dirección en la que había visto a aquella extraña mujer que tanto se parecía a su ragazza…
No… era imposible que fuera Shiori.
Suspiró.
En serio la extrañaba.
Oficinas de INTERPOL, Grecia.
Esa tarde.
18:03 pm.
Kanon se ajustó su bufanda y se cruzó de brazos. Estaba recargado contra la pared, cerca de su moto, y oteaba sus alrededores. Miró al cielo un poco inquieto y en seguida volvió a echarle un vistazo a la entrada de aquél edificio, en donde se encontraban las oficinas de INTERPOL. Fingió un bostezo y desperezó los brazos. Se frotó las manos, que aunque enguantadas como era debido, estaban un poco heladas. De pronto la temperatura había bajado mucho.
Se sentía desconfiado y estaba molesto consigo mismo. Por un lado, su cerebro le insistía en que tenía que prestarle más atención a los edificios y a las personas que podrían haber en un rango de 5 kilómetros, las cuales no eran pocas, pero por el otro lado, su corazón de malvavisco, aunque estaba de acuerdo con su cerebro, le impulsaba a prestarle más atención a Isabella… y digamos que le estaba haciendo más caso.
Miró la hora. ¡BAH! Isabella debería haber salido hacía media hora. Seguro se quedó trabajando un poco más extra. Debió haberle avisado que iba a buscarla… Kanon levantó la cabeza de golpe y con escrutinio estudió la entrada del edificio que tanto vigilaba. ¿Y si le había pasado algo? Tomó aire y decidió ir a buscarla dentro, para darle una sorpresa.
Porque eso era lo otro. Sí, hacía días que Kanon tenía un mal presentimiento y se sentía atrozmente preocupado por Isabella, PERO no quería que su chica se enterase de sus aprehensiones, que bien podrían deberse a la mala digestión. Sí, mejor entraba en ese momento y…
"Te traje café." Le sorprendió la voz de Isa de pronto. La chica venía como recién salida de la oficina, y llevaba con ella un vaso desechable de café. Le sonreía tranquila.
"¿Por donde sales?" Preguntó Kanon sorprendido, tomando el vaso que le ofrecían en su mano. "Ni te sentí."
"Salí por la otra calle. Ocurre que te vi aquí parado en el frío como el tarado que eres, y me diste pena, por eso fui a buscarte un café." Le dijo Isa, tras darle un beso en la mejilla, mientras se apoyaba en la moto. "Por cierto… ¿has venido a buscarme?"
"Eso parece." Kanon le sonrió y bebió un poco de su café. "Decidí darte una sorpresa, pero veo que no me resultó."
"¿A qué se debe el milagro?"
"¡No seas tan bruja! Ahora me dirás que no soy atento contigo." Gruñó Kanon, tras beberse su café de golpe, pese a lo caliente que estaba, bien a lo macho. "Hace tiempo que no lo hacía y no quería echarte al olvido."
No era culpa suya. Es verdad, hacía tiempo que Kanon no iba a buscar a Isa a la salida de su trabajo, pero tengan en cuenta que el pobre estuvo convaleciendo de un feo accidente y hacía muy poco que se movía como si nada hubiera pasado. Isa miró al suelo y regalona se impulsó hacia su chico, como buscando refugio en sus brazos.
"No seas así conmigo, dióscuro." Le dijo al abrazarlo. "No hoy que necesito mimos."
"Se me ocurre una idea." Le dijo Kanon de pronto, mientras la abrazaba. "¿Te parece si vamos a pasear al Pireo?"
"Hace mucho frío. Lloverá esta noche." Gimió Isa, al desligarse de los brazos de su chico. "Mejor llévame a casa y pedimos comida china."
"Me parece buena idea." Anunció Kanon con una sonrisa. Luego se volvió hacia un basurero que estaba a unos 10 metros de distancia y lanzó su vaso vacío de café, encestándole sin problema (toda una hazaña si me lo preguntan). "Vamos, Bruja." Le dijo mientras se montaba en la moto. Isa se montó detrás y se puso el casco, antes de abrazarse a la espalda de su chico.
"Más te vale que te vayas con cuidado." Gruñó a modo de advertencia antes que Kanon encendiese el motor…
El gemelo menor la miró por encima de su hombro, con una sonrisa traviesa en el rostro, mas no dijo nada, y echó a andar la moto. Isabella se aferró con más fuerza: su instinto le decía que Kanon la haría pasar algunos sustos a propósito… y ni bien terminó de pensar, ambos salieron disparados por las estrechas calles de Atenas, bien a lo salvaje.
Kanon se las pagaría bien caro.
…
Mientras se alejaban, desde un puesto de revistas cercano, un cliente que acababa de comprar un periódico, sacó de entre sus ropas una grabadora. Se alejó unos metros del negocio y echó a caminar por la acera. Se llevó el aparato cerca de la boca.
"Menthe se retira a las 18:00 de la oficina. A la salida se topa con uno de los Dióscuros. Considerar cambio de planes." Dijo escuetamente, antes de guardar la grabadora entre sus ropas…
… Y desaparecer entre la multitud.
Continuará…
Por
Manquehuito (Misao–CG)
Próximo Capítulo: No Sin Pelea.
… ¡Estaban secuestrando a Isabella! Alisa no lo pensó ni dos instantes: tomó una tapa de basura cercana y la lanzó contra uno de los sujetos que intentaban meter a Isa dentro de aquella cajuela, y sin pensar que no era contrincante para tremendo gorilón, ella misma saltó a la espalda del sujeto para pegarle.
"¡DÉJALA!"
PS: UF. Bien. Espero que se den una vuelta por el blog, todos aquellos que quieran ahondar en los antecedentes del fic. Este fic tendrá algo más de acción, o eso espero. Ojalá que no los decepcione con este nuevo desvarío mío. Traté de hacerlo mejor que pude, más aún teniendo en cuenta que a mi Musa sí le gustaba la trama y no quiso en ningún momento dejar de escribir, como me pasó con el anterior. Si les mareo mucho, me avisan, lo mismo si tienen preguntas. Faltas de ortografía, de gramática, tipeo y redacción (excepto en el caso de los diálogos de Niké) no son intencionales y si descubren alguna, por favor, sean buena leche y avísenme para poder corregirla, lo mismo si tienen quejas o críticas respecto de la historia, para poder ver como lo soluciono (en tanto sean educadas y civilizadas) ¡GRACIAS POR HABER LEÍDO EL CAPÍTULO!
Brújula Cultural:
Menthe: En el fic, es el nombre clave que cierta mafia le da a Isabella, pero en Mitología griega, es otra cosa muy diferente. Fue una de las dos amantes de Hades, que encontró un final bastante merecido, luego que Perséfone le diera un bofetón IMPRESIONANTE por estar metiéndose con su marido. Si quieren saber su historia, tendrán que acudir a mi blog.
Dióscuros: Mitología Griega. Pues los hermanos mellizos Cástor y Pólux… que no eran ni mellizos, sino solo hermanos de madre. Pólux era hijo de Zeus y Leda, y por lo tanto, un semidiós, inmortal que no podía morir, pero Cástor era hijo de Tíndaro y Leda, por lo tanto, mortal. Sin embargo nacieron el mismo día, se les consideraba gemelos (porque por alguna razón, pese a tener distintos bancos de ADN, cada uno, eran iguales) y eran inseparables. Se cuenta que cuando Cástor falleció, herido en un accidente de caza por un jabalí, Pólux casi enloquece de pena ante la perspectiva de pasarse la vida sin su hermano, por lo que rogó a Zeus para que le permitiera estar con él para siempre. Zeus le concedió su súplica y convirtió a los hermanos en estrellas. Son la constelación de Géminis.
Torre de los Vientos: Es, como dice el nombre, un edificio en forma de torre, de planta octogonal, construido en mármol. Está en el ágora romana de Atenas, en el corazón del barrio de Plaka. Se trata de un reloj y fue construido por Andrónicus de Kyrrhos hacia el siglo I antes de Cristo. Sus dimensiones son 12 metros de altura y casi 8 metros de diámetro. Tenía nueve diales de reloj de sol, un clépsidra o reloj de agua en su interior, una brújula y posiblemente una veleta en el tejado con la que apuntaba a cada uno de sus ocho lados, de acuerdo a la dirección en que soplaba el viento, de acuerdo a la rosa de los vientos (valga la redundancia) orientados a los puntos cardinales, representados en relieve: Bóreas (N), Kaikias (NE), Euro (E), Apeliotas (SE), Noto (S), Lips (SO), Céfiro (O), y Skiron (NO). Utilizada como torre de iglesia durante la era bizantina, a comienzos del XIX se hallaba parcialmente enterrada, pero fue excavada por la Sociedad Arqueológica Griega. Si quieren ver una foto, ya saben donde acudir.
Murciélagos: Como esto es un tema que da para largo, tuve que aplicar mi técnica especial 'Poder De Síntesis Del Estudiante Hambreado,' para ponerles aquí un pequeño apartado. Disculpen por favor mi pobre manejo del tema, y si me equivoco en algo, les pido me corrijan. Los murciélagos son los únicos mamíferos capaces de realizar un vuelo real. No planean, sino que vuelan. Constituyen el orden de los quirópteros y se dividen en mega murciélagos y en micro murciélagos. Tienen hábitos nocturnos, entre sus muchas cualidades (los mejores controladores de insectos que se conoce), cuentan con un sonar natural que les permite volar en total oscuridad, localizar sus presas y esquivar con precisión matemática todos los obstáculos que se les presente (sistema de ecolocación) y tienen uno de los sentidos del oído más finos del reino animal. No son del todo ciegos, pues también se valen de puntos de referencia visibles. Algunas especies tienen la vista más desarrollada que otras. Mayoritariamente son especies gregarias, que bien pueden agruparse en grupos pequeños o en colonias de miles o incluso millones de individuos. Les gusta colgar cabeza abajo (pues les es más fácil iniciar el vuelo de este modo) y se apiñan donde sea, desde cavernas, huecos en paredes, edificios y árboles. Se encuentran en todo el mundo, excepto en el ártico y algunas islas oceánicas. Algunas especies realizan migraciones de hasta 1600 km, y a otras especies les gusta hibernar. Son longevos y sólo tienen una cría por vez, la que necesita de muchos cuidados.
