Disclaimer: Frozen no me pertenece, pertenece a Diney y si algún nombre de aquí que sea mío os suena, es pura coincidencia. No hago esto como ánimo de lucro, solo espero hacer pasar un rato divertido a mis lectores.
Absténganse de leer si parejas entre el mismo sexo os disgustan, adevertidos estáis. Habrá OOC por parte de Elsa pero vamos, que la razón por la que se comprta así la explico más adelante.
¡Yeeeeeeeees, update! Siento haber tardado tanto en publicar, pero tenía que terminar lso tres capítulos siguientes antes de poner este, así ir évarios capítulos adelantada y si me da la vena de poner dos, podré estar tranquila xD Ademñas, me aseguro de que la historia no quedará parada.
And enjoy :)
Elsa y su montura se dirigieron al palacio de hielo y ésta soltó un suspiro, casi los atrapaban esta vez, pero sonrió al ver lo feliz que estaba su acompañante. Le acarició el lomo mientras éste comía y se relajó, hoy no tenía deberes como Reina así que podía permitirse el día libre, a pesar de que estaban en Noviembre, a ella el frío nunca le molestó, y a Nieve parecía que tampoco. Era tan cómodo el silencio, que se quedó dormida.
Anna mientras tanto, estaba preocupada por su hermana, no la había visto en todo el día y ahora había visto a un dragón, ¡montado por alguien! Y juró que había visto a su hermana encima de él, así que con decisión ordenó que le trajeran su caballo y fue en busca de Elsa, sabiendo dónde se encontraba.
Después de un par de horas cabalgando, al fin llegó a su destino. El palacio seguía siendo tan majestuoso como cuando la primera vez que vino, y además estaba reparado. Sin hacer mucho ruido se adentró en el castillo y subió las escaleras, cuando llegó arriba del todo no pudo creer lo que estaban viendo sus ojos; Elsa estaba apoyada contra esa bestia que había visto en el puerto hace rato. Se acercó a ella y esta despertó al sentir que era observada. Delante de Elsa se encontraba Anna, con el rostro muy, pero que muy enfadado.
-Uh Anna, ¿Cuándo has llegado? - Preguntó inocentemente la mayor de las hermanas.
-¡No se trata de eso! ¿Qué es esta bestia y por qué está contigo?
Nieve al sentir la palabra bestia, se levantó de una provocando que Elsa cayera al suelo y se alejó de ellas lo suficiente para que no le molestaran.
-Anna, cuida tu vocabulario, Nieve es muy sensible.
-Nieve... ¿le has puesto nombre a esa cosa?- Preguntó alterada la pelirroja señalando al dragón y éste se encaró, enseñando sus dientes y rugiendo.
Elsa se acercó a su dragón y con un gesto de mano le tranquilizó, éste se acercó a ella y le lamió la cara varias veces.
-Otra vez no, sabes que este olor tarda días en irse... Dragón malo.- Éste levantó la cabeza y vio a su ama con mala cara, y luego la bajó, pidiendo su perdón. Y la Reina se lo concedió.
Anna no podía creer lo que estaba viendo. Su hermana era amiga de un dragón. ¡Un dragón! Muchas preguntas comenzaban a formularse en su cabeza. ¿Era por eso que últimamente su hermana desaparecía horas y horas?
-Anna, todo el rato que desaparezco estoy con él, con Nieve me siento libre y me olvido de que tengo un reino a mis espaldas. Disfruto volando a su lomo y sentir el viento chocar contra mi cara, me pasaría todo el día encima de él y nunca me cansaría.- Suspiró.
-Aun así, Elsa. ¡Podrías habérmelo dicho! Pensé que confiabas en mi.
-Y lo hago Anna, pero no en otras personas. Podrían hacerle daño.
Su hermana menor pareció pensarlo bien, además aún había mucha gente que temía a los poderes de la monarca, y si ahora descubrieran que podía adiestrar dragones, muchos reinos vecinos la temerían o querrían usarla en sus guerras.
-Ven, te mostraré de lo que hablo. -La pelirroja miró extrañada a su hermana, y ésta le dijo que se acercara.- Nieve, compórtate.
El susodicho realizó un gruñido de aprobación.
-¿Y ahora qué?-
-Te acercas lentamente con las manos extendidas hacia delante, con seguridad y decisión. Quédate unos centímetros alejado de él y veremos lo que hace, si se te acerca, le has caído bien, si se aleja...
Anna hizo lo que su hermana le dijo, cerró los ojos al sentir el frío aliento de Nieve, y éste acercó su cabeza y la apoyó en las manos de la chica, la cual abrió los ojos al sentir esa piel escamosa en sus manos, y sonrió. Nieve le lamió la cara efusivamente hasta que Elsa lo detuvo.
-Oh Anna, deberás darte una ducha con mucho jabón para quitarte ese olor desagradable.
-Ugh, como sea. Ahora qué.
-Ahora, te subes a él, y luego lo haré yo, como si fuera un caballo.
La princesa asintió, luego de que ella se hubiera subido, Elsa la siguió colocándose delante.
-Vamos chico, ¡a volar!
El dragón abrió las alas y saltó mientras las batía efusivamente, elevándose rápidamente hacia el cielo. Anna tenía los ojos cerrados y gritaba de miedo, Elsa rió.
-Anna, abre los ojos. Mira lo que te estás perdiendo.
La pelirroja los abrió y soltó un gemido ahogado de sorpresa, se veía el castillo de Arendelle y su pueblo en miniatura, desde ahí podías ver el palacio de hielo que construyó Elsa hace unos meses, pero sobretodo le sorprendió la leve brisa de viento que le golpeaba la cara.
-Nieve, ¡vuela más alto!- El dragón ascendió rápidamente al escuchar la orden, y su jinete soltó las manos para tocar las nubes, su acompañante hizo lo mismo y sonrió maravillada.
Continuaron atravesando la capa de nubes y terminaron por encima de ellas, poniéndolas ante un hermoso paisaje donde las estrellas, el Sol y la Luna convivían pacíficamente.
-Esto es increíble... ¿Has hecho esto todos los días?
-Así es, todos los días desde hace tres años, cuando aprendimos a volar juntos.
-Eh, siento haberte gritado antes, es sólo que... a veces siento que no me quieres a tu lado.- A Elsa le sorprendió esta confesión.
-Anna, eso no es verdad. Estuve sin ti durante trece años, y prometimos que jamás nos volveríamos a separar, así que quítate esa idea de la cabeza.
Asintió. No sabían cuánto tiempo habían estado ahí, pero el sol ya no se veía. Disfrutaron un rato más hasta que decidieron que era mejor volver. Elsa estaba cansada de volar a escondidas y quería hacerlo a todas horas, sabiendo que en Arendelle aún seguía dando el sol, salió del bosque de nubes y se dirigió al palacio. Anna sonrió al saber lo que iba a hacer su hermana.
Cuando pasaron rasos por las casas del pueblo, mucha gente soltaba gemidos de sorpresa y miedo. Nieve se mantuvo volando a ras del suelo para que todos pudieran verle, y a sus jinetes también.
-Pueblo de Arendelle, no debéis temer a este dragón puesto que es mío y está bien domado. Lo he tenido conmigo durante cinco años, me acompañó cuando mis padres murieron, le debo la vida y espero que nadie le tenga miedo, porque lo veréis muy a menudo.
Con un gesto de mano, le indicó que aterrizara, y lo hizo levemente. Esperó a moverse para que los habitantes del pueblo le perdieran el miedo, no iba a ser fácil pero debía intentarlo. Dejó que Anna se bajara, y luego lo hizo ella. Elsa y Nieve se acercaron a un puesto de pescado y le pidió al pescadero un pez bien grande. El dragón quería comérselo pero la reina no le dejó.
-Ah, no. aún no.- La pequeña bestia lloriqueó, como si le hubieran quitado un caramelo de la boca.- ¿Qué se hace cuando quieres pedir comida educadamente?- Éste pareció dudar un poco.
Con un gesto elegante y preciso, bajó la cabeza y se acercó lentamente a ella, y hasta que la chica de cabello blanco no le dijo que terminara, no lo hizo.
-Buen chico. Ahora abre la boca.- Éste hizo lo que su ama le dijo, y le arrojó el pez directamente a la boca, y éste masticó fervientemente.
La gente no podía creer que su reina estuviera alimentando a tan temible bestia, pero ahora no les parecía tan monstruosa. La reina se había vuelto loca, definitivamente. La susodicha se giró y miró a su pueblo con una sonrisa genuina, alargó la mano lentamente, hizo un gesto de mano circular -el cual hizo tres veces- y luego retractó la mano.
-Si lo haces bien esta vez, tendrás dos cestas grandes de pescado.
Nieve lanzó un grito de júbilo e hizo lo que su jinete le había enseñado: primero voló lentamente, luego hizo tres círculos en el aire, y descendió para aterrizar estrepitosamente contra el suelo, dándose un golpe contra la fuente del centro de la plaza.
Anna soltó una carcajada ante la escena y el pueblo se le unió, Elsa hizo una mueca de disgusto, Nieve tan sólo sacudió la cabeza y miró a la chica de cabellos blancos, y el dragón sonrió.
-Habrá que practicar mejor ese aterrizaje... pero como no lo has hecho bien, te toca pescar tu comida.
El pequeño dragón bajó las alas y orejas abatido. Pero la chica sabía que lo había hecho a propósito, Nieve sabía cuánto le importaba su gente y no le gustó ver cómo la trataron la última vez que la vio con ellos. Pronto los ciudadanos olvidaron su miedo, y se acercaron lentamente a observar y saludar al dragón, el cual estaba bastante calmado y contento de tener la atención de tanta gente. Cuando este se cansó, estiró las alas provocando que la gente se apartara de él rápidamente, indicando que tenía intenciones de volar. Y Elsa lo montó.
-No asustes así a la gente, vamos a por tu cena.
Al escuchar la palabra cena, se volvió loco de alegría y comenzó a volar.
-Nieve, ¡otra vez no!- Gritó la reina al ver que su dragón se acercaba al mar.- ¡Oh no, no, no, n-!- Ahogó el grito cuando sintió el agua salada en su cara, abrió los ojos y estaba nadando por el fondo del mar mientras Nieve pescaba un par de sardinas y volvía a la superficie.
Repitió el gesto varias veces hasta quedar satisfecho, y volvió a la plaza del pueblo donde la gente no paraba de reír. Elsa se tumbó en el lomo de su dragón, rendida, mientras que Nieve seguía comiendo su pescado. Los pueblerinos pronto volvieron a sus quehaceres, dejando a la reina y a su montura solos junto a la princesa, la cual le acariciaba la cabeza al reptil.
-Estás mojada, Elsa. ¿No pillarás un resfriado?
-Anna, soy la Reina de Hielo, soy inmune a eso.- Respondió con un tono de superioridad.- A todo esto, ¿dónde está Kristoff?
-Oh está en... bueno...- se rascó la cabeza.- Está admirando tu palacio de hielo, otra vez. No es que le culpe, es precioso, ¡el castillo digo! Aunque él también lo es... espera, ¿Qué?
Elsa soltó una carcajada.
-Volvamos al castillo, nosotros todavía tenemos que cenar.
La Reina bajó de su dragón y los tres caminaron hacia las puertas del castillo, donde la cena estaría a punto de ser servida.
¡Cha chán! Gracias por los reviews y favs que le dais a esta historia, espero seguir a la altura, dentro de unos capítulos más no será un cuento de hadas, habrá dolor, lágrimas y por su puesto, escenas subidas de tono *_*.
