HOLA ;) Aquí va un nuevo capítulo espero que lo disfruten… un agradecimiento a todos los que leen y comentan esta historia y espero que les guste :)
-Adelante.
Al entrar en el despacho el almirante Pike encontró a Estela Bruckner sentada sobre el escritorio y con un PADD apoyado en sus rodillas. El resto de las escasas pertenecías que la mujer había traído consigo estaban a su lado empaquetadas sin duda para el viaje de regreso.
-Voy a aventurar una conclusión – dijo la mujer en un tono informativo.
-¿Ah sí? – lo único que Pike era capaz de decir. Jamás había tratado a la temida almirante antes de que ella le "solicitara" presentarse en el Enterprise y no estaba muy seguro de cómo abordar a la mujer.
-Pienso que usted vino a preguntarme sobre las razones que tuve para pedir su asignación a esta misión ¿estoy en lo correcto?
-Sí – Pike titubeó antes de continuar – almirante Bruckner, la gran admiración que es para mí la figura de George Kirk jamás ha sido un secreto así como tampoco lo es el lazo estrecho que me une a James Kirk.
-Y usted tiene dudas respecto a por qué lo busqué para esta misión dado que es más que probable que tarde o temprano tenga que relevarlo si descubro que presenta un "compromiso emocional" derivado de su cercanía con Kirk ¿cierto?
-Y no sólo yo; es bien sabido que el equipo de Jim es muy cercano a él.
Bruckner miró al hombre de pie frente a ella con una sonrisa muy enigmática.
-Almirante Pike, sé que usted no me conoce pero estoy segura de que sabe que fui una de las personas que votó a favor de dar a James Tiberius Kirk el mando del Enterprise.
-Soy consciente de ello.
-Y si escuchó con atención esta tarde sabe también que fui la capitán al mando de la primera embarcación que prestó socorro en Tarsus IV.
-Comprendí eso.
-Bien. Reuniendo de manera breve los hechos soy responsable de no informar al almirantazgo de los antecedentes relevantes del capitán de la nave insignia, de colocar a un almirante y a todo un equipo de mando en posiciones en las que sé que podrían enfrentar un potencial conflicto emocional y de enviar a un capitán a una misión de alto grado pasando de largo el hecho de que dicho capitán comparte lazos muy íntimos con todos los involucrados en su misión ¿todo lo que acabo de decir no le transmite un mensaje, almirante Christopher Pike?
-Sus acciones me transmiten muchas cosas, la cuestión aquí es que no sé cómo interpretarlas.
-Interprételo como que yo también estoy "emocionalmente comprometida" y mi juicio por tanto no logra ser del todo objetivo.
-¿Señora? – Pike no lograba dar crédito a lo que oía.
-Almirante, usted puede pasar el resto de su vida leyendo los informes sobre Tarsus IV, pero fui yo quien puso los pies sobre una tierra devastada. Tal vez las acciones de ese infeliz de Kodos han sido detalladas en los informes pero yo olí los cadáveres en descomposición, caminé entre paredes llenas de sangre y forcé la cerradura de una puerta tras la cual estaban nueve niños esqueléticos, semidesnudos y cubiertos en varias partes del cuerpo por heridas de tortura… - se atragantó brevemente pero en sus ojos brillaban lágrimas – fue a mí, almirante Pike, a quien uno de esos niños miró a los ojos y dijo con aire ausente "llegan tarde"… fue por los servicios a Tarsus que obtuve mi promoción a almirante y créame que en el momento odie el cargo con toda mi alma, no porque no lo hubiese deseado toda mi vida, sino porque sentía que por más que ahora tratara de vendar las heridas el daño ya estaba hecho…
En ese momento la mujer se veía tan vulnerable que era difícil identificarla como una de las personas más temidas entre los almirantes de la Flota Estelar.
-Almirante Bruckner…
-Hay veces almirante Pike en que las palabras no sirven de nada… Yo, yo miré a esos nueve niños a los ojos y vi… ¿cómo describirlo? Ellos eran nueve niños rotos en el medio de un infierno y aun así lograban sólo preocuparse los unos por los otros y aguantar su propio dolor sólo para consolar a sus amigos… no pude decirles nada… es decir: yo había estado en ese infierno dos horas y me sentía el alma dejar el cuerpo ¿qué consuelo podría darles a ellos que habían vivido esa pesadilla por tantos meses?
-Ver a esos niños la marcó para siempre – entendió Pike.
-Para mí Tarsus IV es un recordatorio de lo peor que puede suceder cuando el poder es mal empleado pero, al mismo tiempo es un recordatorio de que el amor, la amistad y la esperanza pueden sobrevivir aun a las más arduas pruebas… pero es cierto que me comprometí. Para mí también fue un antes y después de Tarsus, así que aun cuando todos los nueve corrieron lejos en cuanto tuvieron la oportunidad yo me prometí a mí misma que si alguna vez había algo que pudiera hacer por su bien lo haría sin pestañear.
-Y usted votó a favor de darle a Kirk el mando del Enterprise tratando de compensarlo por lo de Tarsus.
-No. Jamás habría dado un puesto de comando ni a Kirk ni a ninguno de los otros sólo por tratar de compensar algo de lo que además no soy responsable. Voté a favor del nombramiento de Kirk porque él fue el líder de los nueve en Tarsus, y yo sabía que dentro de toda su rebeldía y la actitud de "playboy" tras la que suele refugiarse James Tiberius Kirk es un hombre brillante que simple y sencillamente ha nacido para ser un líder y para lograr grandes cosas.
-Entiendo ahora por qué nos está permitiendo apoyar a Jim pero ¿si tanto se preocupa por James y por Kevin Riley por qué les obliga a permanecer dentro de la misión? Discúlpeme si no me parece que sea algo saludable para ellos. Y los otros Tarsus…
-Ellos necesitan un cierre, y por más que las regulaciones de la Flota digan lo contrario lo cierto es que esta es su pelea. Además no estaba exagerando cuando hable en la sala de conferencias: los nueve Tarsus son necesarios para arrestar a Kodos y testificar contra él en el juicio.
-Así como lo veo usted cuenta con que todo en esta misión salga bien.
-Exactamente.
-¿Y si no es así?
-Entonces toda la cloaca va a reventar… si eso sucede usted no debe preocuparse, de la forma en que se ha manejado todo esto la única cabeza que está en el filo de la guillotina es la mía.
-¿Usted está dispuesta a correr ese riesgo?
-Almirante Pike yo vi el dolor que había en los ojos de esos niños, si para que se haga justicia tengo que perder toda mi carrera el precio será más que justo.
Tanto en sus años en la academia como en su tiempo de capitán Christopher Pike había escuchado muchas cosas poco agradables que se decían de Ester Bruckner; ahora que por fin la conocía frente a frente se daba cuenta que todas esas cosas eran ciertas, pero entre tanta habladuría se dejaba de lado un detalle importante: que era una mujer con un corazón enorme.
…
-Arribaremos a Terra III dentro de 6,2 horas si no se presenta ningún inconveniente.
-Muchas gracias señor Spock ¿quisiera… tomas una copa conmigo?
Kirk señaló en oferta la silla frente a él y por una vez Spock no se hizo de rogar. McCoy sentado al lado de su mejor amigo intercambió con este una mirada comprensiva y se levantó a regañadientes para dar a los dos hombres un poco de espacio.
-Así que ya lo sabes – exclamó Jim en cuanto Huesos salió de la habitación – estuve en Tarsus y sobreviví, por eso es que yo… por eso no me permito creer en escenarios son salida Spock.
-Lo entiendo ahora – y lo cierto es que el vulcano comprendía lo arrogante que había sido al suponer que Kirk no había entendido el propósito de la Kobayashi Maru.
Un rato más pasó sin que ninguno de los dos dijera algo, sin embargo Spock no dejaba de contemplar a Jim en silencio. Es verdad que el concepto de "amigo" jamás había sido muy apreciado en su cultura natal, pero después de que habían convivido tanto tiempo juntos Spock sabía a ciencia cierta que ese humano ilógico y de carácter generalmente indescifrable era su amigo, y el saber todo el dolor por el que había tenido que atravesar a una edad tan temprana se sentía aún más desagradable que una quemadura de phaser.
-No me gusta hablar de lo que pasó en… en ese lugar – habló Jim de improviso sintiéndose cómodo en la mirada que Spock le estaba dirigiendo.
-No está obligado a hablar si hacerlo es contraproducente para su bienestar.
La sonrisa de Jim se veía ahora en una mezcla de sarcasmo y tristeza.
-Jamás hablé de Tarsus con nadie Spock… si no lo mencionaba en voz alta era más fácil fingir que nunca pasó, y sí, sé que eso es ilógico – respondió cuando el vulcano levantó una ceja – pero no se trataba de ser racionales, sólo se trataba se vivir soportando el recuerdo… en el primer año de la academia "festejé" el aniversario de lo que pasó con mucho, pero mucho alcohol… llegó el momento en que no tenía control sobre mi lengua y al día siguiente me encontré dormido sobre el regazo de Huesos. Él no dijo nada, sólo me miró con ojos enrojecidos, me dio una hipo para la resaca, comenzó a levantar el desastre y me dejó dormir… desperté otra vez varias horas más tarde aterrado de lo que pude haber dicho en estado de ebriedad pero Huesos no mencionó nada en particular y su actitud hacía mí fue un poco diferente los días siguientes hasta que después recobramos nuestro ritmo. Al año siguiente le conté todo y yo sabía que él ya conocía la historia pero aun así no me interrumpió… cuando le pregunté al respecto él dijo que era porque éramos amigos, yo le dije que no me gustaba que me tuvieran lástima y el me gritó que no debía tener una imagen tan vaga de mí mismo.
-Yo soy… estoy en acuerdo con el doctor McCoy. Usted parece tener una mirada muy limitada de sí mismo si es que no es capaz de darse cuenta de que ser superviviente de un escenario como el de Tarsus IV es algo digno de admiración y no de lástima.
Los ojos de Jim se centraron en Spock con una intensidad extrañamente contenida por las lágrimas no derramadas que hizo al vulcano luchar contra la reacción de su cuerpo para no sonrojarse.
-Gracias Spock.
-Es ilógico que me agradezca por puntualizar un hecho verídico, capitán.
La sonrisa que recibió en respuesta no era tan resplandeciente como las habituales, pero de alguna manera que era lo suficientemente cálida para que Spock dejara de sentir por un momento el frío de la nave.
Dos horas más tarde, en la quietud de su propio camarote Spock meditaba sobre las emociones extrañas que querían apoderarse de él a cada momento.
Desde que había terminado su relación con Nyota el mes anterior se había sentido extrañamente confundido e inseguro, a pesar de que ellos habían acordado quedar como amigos. Además, contra todo pronóstico lógico el doctor McCoy (que jamás dejaba de presentar un comportamiento excesivamente emocional) y el capitán Kirk (que era siempre impredecible) se habían convertido en una compañía agradable y en colaboradores muy cercanos… había considerado que sus presencias eran "adecuadas" entre sí hasta una noche después de su rompimiento con Nyota, cuando el capitán Kirk le había desafiado a una partida de ajedrez en la sala de recreo. Spock había calculado cada movimiento lógico para derrotar al humano pero este había logrado llevar el juego a un punto muerto; las partidas de ajedrez, los almuerzos juntos, la convivencia fuera de servicio y las conversaciones casuales se habían incrementado desde entonces y Spock reconocía ante sí mismo con vergüenza que Jim Kirk era una de las personas más importantes de su vida. Era precisamente por eso que ahora el vulcano se sentía ahogado de impotencia al saber que el humano ilógico al que tanto apreciaba tenía que atravesar por tanto dolor.
Los vulcanos tal vez habían aprendido a respetar a todo ser viviente, peor en sus raíces de guerreros la violencia estaba fuertemente arraigada, y en ese preciso momento Spock sentía un fuerte deseo de permitir a su fuerza superior a la fuerza humana para descargarse contra el infeliz de Kodos.
….
Una vez que el transbordador en el que viajaba el capitán Kirk se acopló nuevamente al Enterprise tanto el almirante Christopher Pike como la tripulación alfa ya estaban formados con impecable perfección en espera de la vuelta al mando de su tan querido amigo. Se sentían nerviosos sin embargo porque no tenían buenas noticias con las cuales recibirlo.
Cuando el joven capitán descendió del transporte flanqueado por Spock y McCoy saludó con una formalidad mucho mayor a la acostumbrada, sin embargo fue para gran alivio de los oficiales que gran parte de la tensión a la que lo habían visto sujeto con anterioridad ya lo había abandonado.
-Bienvenido nuevamente capitán Kirk – saludó Christopher Pike con sinceridad, Scotty a su lado no dijo nada pero se notaba en su mirada que no podía estar más de acuerdo y detrás de ellos Uhura, Sulu y Chekov asentían en silencio. Kevin Riley era el último en la formación, y el pobre alférez tenía que recitarse una y otra vez los reglamentos de la Flota para no correr directamente a los brazos de JT en busca de consuelo.
-Muchas gracias almirante – había un poco de tensión en el fondo de su voz, pero Jim se sentía más seguro que durante el informe ahora que todas las personas más cercanas y queridas para él estaban a pocos metros de distancia – me gustaría… ¿sería posible que usted y el resto de la tripulación alfa me concedan una entrevista mientras el comandante Spock, el doctor McCoy y el cadete Riley escoltan a nuestros testigos a sus habitaciones?
La petición de Kirk era extraña, pero Pike comprendía perfectamente sus motivos para comportarse de esa manera por lo que aprobó la solicitud. Notó que cuando Kirk pasaba a un flanco de Kevin su mano se posó por un breve momento en el hombro del alférez en una ademan consolador.
Después llegaron a la sala de conferencias y en cuanto las puertas se cerraron todas las caretas cayeron al piso.
No era algo tan sencillo sorprender a Jim Kirk, pero la forma en que Pike lo abrazaba definitivamente era tan sorprendente que su boca se abrió sin que pudiera recordar cómo cerrarla. A nadie más en la sala le importaba eso: todos estaban alrededor esperando para tomar su propio turno.
-Oigan yo… - las palabras murieron en su garganta tan pronto se dio cuenta que por una vez no tenía la más mínima idea de cómo emplearlas.
-No digas nada – le regañó Pike aun negándose a soltarlo a pesar que Sulu hacía palanca para quedarse con Jim.
Kirk podía sentir las lágrimas rodando en sus ojos pero años de pesadillas le habían enseñado a no mostrar su dolor cuando había demasiada gente presente, de manera que simplemente se permitió recibir la calidez de los mimos de sus amigos – su familia – y espero a que la situación retomara la normalidad por sí sola.
-Muy bien – casi jadeó Christopher Pike cuando de mutuo acuerdo todos retrocedieron dando a Jim espacio para respirar – después de todo esto yo pienso que es conveniente que nos diga por qué quería hablar con todos nosotros, capitán Kirk.
Jim enderezó su postura pero el aire de profesionalidad no regresó del todo.
-Bien, yo… la verdad es que quería pedirles disculpas.
Más de uno se sorprendió al escuchar eso.
-¿Quiere disculparse con nosotros, capitán?
-Sí – ligero rubor se extiende por sus mejillas mientras baja los ojos sin atreverse a hacer contacto con Pike – yo sé… jamás me gustó hablar de Tarsus con nadie, pero la forma en que les hablé en la reunión con Este… con la almirante Bruckner… lo siento por eso.
-¡Al diablo con eso! – Por una vez a Uhura no le importó comportarse dignamente – Kirk… no creo que alguno de nosotros pueda siquiera imaginar lo que pasaste en Tarsus IV – Jim se estremeció ante la mención del nombre del planeta – y no vamos a juzgarte por cómo reaccionaste cuando fue necesario que revivieras tantos recuerdos dolorosos... pero tienes que saber que somos tus amigos. Puedes confiar en nosotros porque así como tú siempre te niegas a dejar atrás a cualquier hombre nosotros jamás te vamos a abandonar ¿está claro eso?
El mayor temor de Jim había sido que después de haberse enterado de lo que había pasado sus amigos fueran incapaces de verlo con algo más que lástima; al cumplir ahora con los ojos de Uhura cargados de sinceridad fue para él un auténtico consuelo.
-Gracias – la palabra salida de sus labios con toda la fuerza de la verdad, y siendo pagada por sonrisas sinceras.
-Y ahora capitán – Pike llamó la atención de todos sólo porque había aprendido de sus experiencias con Spock cuando a alguien no le gustaba lidiar abiertamente con sus emociones – tal vez sería bueno que habláramos de las personas a las que se le asignó para escoltar a bordo de esta nave.
Kirk recuperó el profesionalismo total.
-Sobre eso tengo que advertirles algo: aunque todos mis hi… los otros nueve Tarsus aceptaron venir y colaborar con nosotros para detener al exgobernador Kodos, pero las noticias sobre él los impactaron fuertemente. Están bien a nivel general, pero en lo personal quisiera que se les tratara más como invitados que como testigos, es decir, sé que no deben romperse los protocolos pero lo último que cualquiera de ellos necesita en este momento es que se les mantenga a distancia.
-No hay protocolos contra la amabilidad – respondió Pike comprendiendo el significado tras las palabras de Kirk…
-Bien. Y también hay algo más – Jim bajó otra vez la mirada.
-Hijo, sólo habla.
Es que yo – un suspiro de resignación – lo que pasa es que no va a ser fácil para ustedes trabajar con ninguno de ellos… no es su culpa, la verdad es que todos pasaron (pasamos) por una verdadera pesadilla. Nos cuesta mucho trabajo confiar en los demás y por eso… esta es sólo una recomendación almirante Pike, pero si quiere que en verdad todos cooperemos totalmente con la misión lo mejor que puede hacer es mostrar sus buenas intenciones y jugar las cartas abiertas.
-¿Jugar las cartas abiertas?
-Deje claro desde un principio lo que quiere; así, sin rodeos y sin enmascarar lo que busca.
Todos consideraron las palabras de Jim cuidadosamente hasta que el almirante volvió a hablar.
-Jim, he considerado invitar a todos tus amigos (Kevin Riley y tú incluidos) a una cena esta misma noche, ya sabes, sólo los oficiales superiores y yo, para conocernos formalmente.
Los labios de Jim se ampliaron en una sonrisa antes de que un destello de algo cruzara por sus ojos.
-Esa es una buena idea almirante, pero tengo que darle algunas notas sobre ciertos alimentos a los que casi todos nosotros desarrollamos alergias… en tanto, también quisiera hacerle un par de preguntas sobre los avances de la investigación.
…
El número de personas que cabían en la mesa de la sala privada de juntas era 16. A la cena fueron invitados Spock, McCoy, Scotty, Uhura, Sulu, Chekov, Kirk, el alférez Riley y por supuesto el almirante Pike; con esto quedaban libres justo los siete lugares de los siete supervivientes de Tarsus a los que la tripulación del Enterprise no conocían. Jim había informado a Pike que tanto él como Kevin escoltarían a sus amigos desde las habitaciones que se les habían dado, por lo que en ese momento había nueve lugares vacíos en la mesa que los oficiales superiores del Enterprise no dejaban de mirar con nerviosismo.
Un golpe sonó en la puerta de la sala de juntas haciendo a todos ponerse en pie.
-Pase – aprobó Christopher Pike y enseguida Kirk abrió la puerta dejando entrar a siete personas nerviosas.
-Señor, permítame presentarle a Tomas Leighton – señaló a un hombre ligeramente más alto que Jim y aproximadamente de su edad que vestía un traje sastre pero tenía la mitad de la cabeza cubierta por una placa de metal – Mónica Blanchett – la mujer también aproximadamente de la edad de Jim o a lo mucho uno o dos años menos, vestía completamente de negro y también negro azulado era la tintura de su cabello – Renata Green – de cabello castaño, enormes ojos cafés y baja estatura a pesar de que llevaba zapatos de plataforma de por lo menos 25 cm de altura – Alexander Carpenter – un hombre rubio con una sudadera gastada – Laura Facinelli – de alguna manera el aire de su vestimenta era formal a pesar de los jeans deslavados – Max Alan Colby – de unos veintitrés años de edad y piel bronceada – y Charlie Johansen – pelirrojo, desgarbado, lleno de pecas y aun así muy apuesto. Chicos, les presento al almirante Christopher Pike capitán provisional de esta bella nave, a nuestra oficial de comunicaciones la teniente Uhura, el timonel Sulu, navegador Pavel Chekov, el jefe de ingeniería el señor Scott y ustedes ya conocen al doctor McCoy y al comandante Spock – ligera sonrisa asomando en sus labios al pronuncias los últimos dos nombres.
Pike había acomodado el comedor con todos los oficiales de un lado, los tarsos del otro y Jim y él en las cabeceras opuestas. A un lado de Jim se sentaron Tomas y Leonard y a los flancos de Pike se encontraban Spock y Renata. El silencio que enmarcaba la reunión no era del todo incómodo y todo había transcurrido sin incidentes cuando Renata preguntó sobre los progresos que había habido en las investigaciones sobre el paradero de Kodos.
Todos los oficiales del Enterprise – Kevin y Jim incluidos – detuvieron sus movimientos en seco.
-Lo siento – la respuesta de Kevin casi en un susurro – hemos estado buscando en todos y cada uno de los teatros del planeta pero – sus manos se apretaron en puños – pareciera que perseguimos un fantasma.
-Permanece tranquilo Kev – intervino de inmediato Mónica tomando entre sus manos una de las del muchacho – esto no es tu culpa.
Pero mientras hablaba miraba fijamente al almirante Pike, dejando claro a quién consideraba responsable de la falta de resultados.
…..
Durante el breve tiempo que había servido bajo el mando de Christopher Pike, Spock se había sentido seguro y confiado; cómodo en una zona de confort en la que la serenidad de la lógica y la comodidad de la rutina eran algo natural y bienvenido.
Cuando Pike fue aliviado después de los acontecimientos del Narada el vulcano se había sentido ligeramente ansioso – por más que los vulcanos no puedan sentir ansiedad – pensando en que el alocado estilo de capitanía del capitán Kirk no tardaría en alterar sus bien programados horarios y rutinas. Trabajar para Kirk sin embargo había sido sin duda alguna una experiencia fuera de lo común, pero de ninguna manera había resultado desagradable; el loco y joven capitán se las ingeniaba de alguna manera para hacer de cada día una combinación de sorpresas, risas y enojos caídos más bien en desacuerdos y diálogos…
Ahora que Pike había regresado Spock se sentía entraño: ambos se habían deslizado con toda comodidad en sus antiguos papeles y la labor que realizaban juntos era más que satisfactoria, sin embargo era como si faltara algo. No es que trabajar con Pike fuera de algún modo incómodo, sin embargo todos en el puente parecían extrañar las risas que normalmente adornaban cada conversación.
-Señor Spock – Pike llamó su atención – lleve por favor estos reportes al capitán Kirk.
Obedientemente Spock dejó el puente y se dirigió a la habitación de Jim, al llegar llamó a la puerta y 10,3 segundos más tarde la puerta se abrió.
-Adelante – escuchó a la voz vibrante de Kirk y al entrar se encontró con el capitán sentado en el suelo con un libro de auténtico papel entre las manos; estaba solo (algo muy raro a últimas fechas ya que desde la audiencia con la almirante Bruckner el doctor McCoy y los otros ocho tarsos parecían acaparar todo su tiempo). Al ver entrar al vulcano se incorporó y caminó hacia su escritorio haciendo una seña al vulcano para ocupar el asiento frente a él.
-¿Tiene algo para mí Spock?
-El almirante Pike quiere que se revisen los últimos avances del caso del exgobernador Kodos.
Kirk tomó el PADD de datos que el vulcano le ofrecía y mientras leía la información Spock aprovechó para dividir su atención entre observar las reacciones del capitán y analizar el libro que ahora yacía sobre el escritorio. Spock recordaba claramente que su madre tenía también una gran colección de libros, pero no recordaba este título particular.
-¿Lo has leído? – pidió Kirk con cierta diversión al darse cuenta de cómo las cejas del vulcano se arqueaban ligeramente.
-No – respuesta rápida del vulcano dejando en su lugar el viejo encuadernado.
-Lo sospechaba – susurró el humano con una sonrisa – pero es un libro que recomiendo ampliamente.
-¿Por su temática? – tanteo al azar de Spock ya que el título del libro como tal no era nada revelador.
-Algo así – admitió Jim – pero en realidad me encanta porque me obliga a leer entre líneas, y a cada lectura dice algo distinto.
-Eso es ilógico, capitán.
-Sí Spock, sé que lo es… - la frase de Kirk apagándose mientras devolvía el PADD a Spock – pero sigue siendo un buen libro.
Jim no despidió al vulcano de su despacho inmediatamente y Spock se sintió secretamente agradecido por ello, ya que a últimas fechas no había tenido tiempo para interactuar a solas con Kirk. El humano le dirigió una mirada expectante y en comprensión, el mitad humano abrió "El Principito" de Antonie de Saint-Exupéry y leyó en silencio las primeras palabras:
"Cuando yo tenía seis años vi en un libro sobre la selva virgen que se titulaba "Historias vividas", una magnífica estampa…"
Leyó en silencio todo el primer capítulo y cuando llegó a la última frase "Y mi interlocutor quedaba satisfechísimo de conocer a un hombre tan razonable" sintió que cada una de las palabras dichas habían contenido un mensaje importante, aun cuando en este punto Spock no estaba seguro de cuál era este.
-Un libro un tanto discutible pero interesante en verdad – reconoció Spock provocando en los labios de Jim una sonrisa extrañamente nostálgica.
-Cuando estuvimos en Tarsus la noche era silenciosa y temible… a veces lo peor de todo era el silencio y los quejidos de hambre. De este modo… leí ese libro algunas veces cuando era niño, y entonces en esas noches silenciosas les conté esta misma historia Spock. Otras veces conté otras… pero esta era la favorita de Sharon.
-Es lógico suponer que utilizó los relatos como distracción con el fin de elevar la moral de sus amigos – Spock entendió por el lenguaje corporal de Jim que este no tenía deseos de aclarar quién era "Sharon", aunque Spock supuso se trataba de alguna amiga de los tarsos que no sobrevivió.
-Yo no era el único que contaba historias, pero sí… de alguna manera el evadir nuestra realidad por al menos unos minutos ayudaba a recargar fuerzas.
-Capitán… - usualmente Spock no se encontraba en una perdida para las palabras, pero desde que se había enterado del pasado de Jim en Tarsus IV no tenía la más mínima idea de cómo expresar correctamente al capitán el enorme pesar que sentía de no saber qué hacer para apoyarlo en momentos tan difíciles.
-Tranquilo Spock, estoy bien… tal vez sería conveniente que usted regresara al puente.
-Afirmativo, señor.
Apartado en sus propios pensamientos Jim no se dio cuenta del brillo herido que había en los ojos de su amigo cuando este se levantó y salió de la habitación con paso elegante y el viejo encuadernado bajo el brazo.
Una vez que el vulcano había desaparecido de la habitación la fachada de Jim se derrumbó por completo.
Un pozo de agua en medio del desierto – pensó con las lágrimas derramándose por sus mejillas – una esperanza vana, casi inexistente y sin embargo suficiente para dar las fuerzas que se necesitan para caminar un día más debajo del sol ardiente y entre fieras y obstáculos.
El escozor de los recuerdos era tan doloroso que por un momento amenazó con hacer caer al joven capitán, sin embargo Jim logró recomponerse y regresar a la misma posición erguida y orgullosa con que se había obligado a vivir una vez rehabilitado de la desnutrición.
Su desplome involuntario sin embargo no había pasado tan desapercibido como él hubiera querido, ya que los finos oídos del vulcano que había permanecido de pie fuera de su habitación habían recogido sus lastimeros sollozos.
….
-Comandante – le llegó la voz de Nyota a través del comunicador – tiene una llamada privada desde Nueva Vulcano.
-Comprendido teniente. Enlace a mi habitación por favor.
La comunicación con Uhura se cerró y la pantalla del ordenador se iluminó con un rostro de sobra conocido.
-Spock – saludó el vulcano.
-Padre – el saludo en vuelta enderezando los hombros.
-Esperaba tener noticias tuyas antes de que pasara un periodo de tiempo tan prolongado.
-La misión para la que el Enterprise fue convocado mantiene una prioridad máxima y aún no se ha concluido.
-Eso es comprensible, sería sin embargo algo lógico suponer que su desempeño comandante es dependiente de su óptimo bienestar físico y mental.
-Mi salud en este momento es adecuada.
Un breve silencio.
-Spock, el hecho de que en este momento estés sin unir es preocupante desde que el enlace fue cortado tan abruptamente. Sería lógico dadas las circunstancias que se diera prioridad a la búsqueda de una nueva pareja y dado el desorden reinante en el proceso de reorganización lo conveniente sería contar con tu presencia aquí en Nueva Vulcano.
-¿Usted ya ha encontrado una nueva pareja, padre? – la pregunta salida de sus labios antes de poder contenerse.
Sarek no respondió de inmediato, se limitó a contemplar a su hijo en silencio y pese a que su expresión era todo lo calmado y neutral que se esperaba de cualquier vulcano Spock estaba seguro de poder ver el dolor escrito en cada uno de sus rasgos.
-Sí – el monosílabo dicho con vergüenza haciendo a Spock sentir una ilógica rabia ciega que luchó por contener aun cuando sentía clavarse en su pecho algo muy similar al filo helado de la traición.
-Discúlpeme padre pero tengo que continuar con mis obligaciones…
-Entiendo. Piensa en lo que te he dicho, hijo. Larga vida y prosperidad.
La pantalla se desconectó y el primer oficial del Enterprise apeló a todas las fuerzas que tenía para no caer de rodillas sobre el piso.
Madre era el único pensamiento que rondaba por su mente.
….
-Ahora es tu turno Tom.
-Excelente – hablando así giró la botella y fue bien recibido por todos que esta apuntó entre Mónica y JT… todos menos JT, evidentemente.
-¿Verdad o reto, papá?
Jim suspiró. Con Mónica nunca se sabía lo que era peor.
-Verdad.
-¿Por qué confías tanto en estas personas como para confiarles nuestro secreto?
Jim suspiró audiblemente. Por supuesto que sus amigos habían acudido sin hacer preguntas al llamado que él y Bruckner habían hecho, pero era algo evidente que había llegado el momento de dar algunas explicaciones.
-Ellos son un equipo capaz, eficiente y más que sólo excelente; como capitán de este barco estoy obligado a confiar en sus habilidades… pero más allá de eso todos son mis amigos, me han salvado la vida más veces de las que puedo contar y después de todo el tiempo que hemos trabajado juntos también yo daría la vida para mantenerlos a salvo.
-Pero Ester te relevó de la misión – le recordó Renata no del todo feliz – y puso a cargo al almirante Pike.
-Y el almirante Pike es un gran hombre y un excelente oficial… además de un gran amigo. Ester pudo designar a cualquiera para a cubrirme, pero Christopher Pike fue el anterior capitán de esta nave y siendo justos que su valor y su entrega han sido siempre dignos de respeto.
Todos los tarsos rieron.
-¿Qué?
-Y sólo por curiosidad – intervino Max – ¿alguna vez le has dicho a él algo de esto?
-No – reconoció Jim – pero eso no cambia que eso es lo que siento.
Antes de que cualquiera de los otros preguntara otra cosa se escuchó que llamaban a la puerta.
-Adelante – ordenó Kirk al instante y más de uno se sorprendió de que el comandante Spock se quedara inmóvil como una estatua a dos pasos de la puerta.
-Me disculpo por la hora, capitán.
-No hay ningún problema ¿pasa algo?
-Negativo… me movió la curiosidad y pensé que si usted estaba solo tal vez podríamos jugar una partida de ajedrez, pero veo ya que mi llegada es inoportuna.
El vulcano ya hacía ademán de retirarse pero fue detenido por la voz de Kirk.
-Spock venga aquí ¿quieren ver un espectáculo chicos? – añadió dirigiéndose a todos los tarsos.
El vulcano obedeció cuando Jim le indicó que se sentara junto a él en el piso y Charlie les acercó un tablero de ajedrez que estaba en el escritorio de Jim. El juego se alargó por un buen rato.
Uno a uno los tarsos se excusaron para volver a sus propias habitaciones, sin embargo Spock se quedó más tiempo con Jim y cuando el último de los chicos salió Jim miró directamente a los ojos de su primer oficial.
-Ya sin más mentiras Spock ¿por qué estás aquí? – pidió Jim con tono casual.
-Ya he expresado mis motivos, capitán.
-No todos ellos… y es Jim fuera de servicio – una sonrisa para disipar la tensión.
Había momentos en los que la perspicacia de Jim tomaba por sorpresa a Spock, y que en esta ocasión el humano parecía comprender que su amigo lo buscaba por sentirse desesperado era algo que no había esperado que comprendiera con facilidad.
-Mi padre está en condiciones de servidumbre con una nueva pareja – habló finalmente.
-Spock… - Jim se quedó sin palabras. Sin duda que contar al vulcano sobre sus experiencias amargas con el marido golpeador de Winona no iba a ser una buena idea.
-Era algo esperado. Los vulcanos nos vinculamos a la edad de siete años con el propósito de encausar de manera adecuada nuestros instintos y habilidades telepáticas… el enlace entre mis padres se forjó por propia voluntad y ya que fue cortado de manera tan abrupta la fuerza de su vínculo resultó en un grave daño a mi padre… es de suponer que el nuevo enlace se forjó con el objeto de contribuir a la restauración de su salud.
-Cuando mi madre se casó con Frank – Spock de inmediato tomó nota del nuevo nombre debido a la nota extraña de Jim al pronunciarlo – lo hizo porque no le gustaba que mi hermano y yo nos quedáramos solos en casa… Sam no se lo tomó bien – hizo un esfuerzo para ocultar la amargura de su propia voz –. Por muy válidas que sean las razones eso no cambia que a veces duele.
Otro silencio (que no era incómodo) se instaló.
-¿Spock? – pidió Jim después de un rato.
-¿Sí capitán?
-Tú… dijiste que los niños vulcanos se vinculan a la edad de siete años ¿cierto?
-Así es.
Kirk bajó los ojos sin decir nada.
-¿Capitán?
-Spock… - ¿qué rayos? - ¿Usted… usted se vinculó a alguien?
El vulcano lo miró con ojos penetrantes.
-Como todos en mi planeta fui vinculado a los siete años con una hembra de nombre T´Pring, sin embargo ella pereció cuando Vulcano fue destruido – ignoró de manera deliberada el dolor traído por las palabras.
-Oh Spock, lo siento.
-Su disculpa es ilógica, además – dudó imperceptiblemente sin decidir si decía o no lo que estaba pensando – por más que la pérdida de una vida es siempre un suceso lamentable, T´Pring y yo no éramos cercanos… ella planeaba romper el compromiso desde que me uní a la Flota Estelar.
-¿Qué pasa entonces con tu vínculo? Es decir, rompiste con Uhura y…
-A mi padre le preocupa que estoy fuera de condiciones de servidumbre, pero le informo capitán que mis labores a bordo no se han visto afectadas.
-Estoy seguro de eso – y sin pensar en lo que hacía, Jim dio a Spock una palmada amigable en el hombro.
Spock sabía (de acuerdo a su crianza) que la reacción lógica habría sido la incomodidad, sin embargo que aun cuando Jim retiró su mano avergonzado, algo dentro del cuerpo del vulcano exigía que Jim volviera a tocarlo.
…
-Sí – la voz de Jim fue el primer sonido que rompió el silencio tenso – es él.
Todas las miradas estaban fijas en la pantalla de la sala de juntas, o mejor dicho en rostro que aparecía ahí: un hombre de unos cincuenta años de edad, de rasgos gruesos y obscuros ojos fríos que hacían juego con el cabello espeso recortado. Costaba trabajo creer que alguien de apariencia tan común hubiese causado un daño tan grande.
Ignorando la formalidad de la reunión Leonard se levantó de su sitio y llegando hasta Jim le colocó una mano en el hombro con la fuerza suficiente para sostenerlo. Kirk acogió el toque con auténtica desesperación.
-Es él – repitió Kevin y uno a uno el resto de los tarsos se les unieron.
-Spock – llamó Pike – que se anote en la bitácora que los nueve tarsos han identificado a nuestro sospechoso como el exgobernador y criminal de guerra Kodos en las imágenes de registro.
El vulcano asintió mirando discretamente a Jim y al alférez Riley, quien era su subordinado en el departamento de ciencias.
-Capitán Kirk, alférez Riley, damas y caballeros; pueden retirarse. Al resto de los oficiales les solicito que se queden aquí mientras discutimos el plan táctico de arresto. Ahora, debido a la presencia del público y del resto de los actores de la compañía considero prudente que la detención se lleve a cabo en un horario fuera de funciones…
La voz de Pike se cortó cuando la puerta se cerró automáticamente al salir ellos, y mientras que la mayoría de los tarsos tenían la mirada perdida en una especie de ensoñación Jim se sentía horriblemente lúcido.
-¡Mónica! – aun cuando gritaba con todas sus fuerzas no estaba seguro de que la niña alcanzara a escucharlo, ya que su voz prácticamente se había desgarrado después de todo lo que gritó en la plaza y de los lloriqueos que soltó junto a Kevin una vez dentro de su refugio - ¡Mónica estamos aquí!
Y Mónica sonrió con una sonrisa que era más bien una muestra de locura y volteó hacía donde él estaba; al segundo siguiente Jim sólo sabía que la chica estaba junto a él, abrazándolo con locura y con tanta fuerza que parecía que él era su único sostén.
Jim quería romper a llorar también, pero a partir de ese momento comprendió por primera vez que no podía dejarse vencer por el dolor, porque por una vez había otras personas que dependían de él, y él no podía fallarles no porque era el hijo del héroe George Kirk o porque era el mayor. No. Simplemente no podía fallarles porque ellos eran sus amigos y necesitaban de él tanto como él necesitaba de ellos.
-¿JT?
-¿Sí?
Salió del recuerdo con presteza sólo porque era algo que estaba acostumbrado a hacer.
-¿Sí Alex?
-¿Tú piensas… crees que ellos en verdad pueden atraparlo?
Jim no se apresuró a responder ya que también él tenía dudas profundas, dudas que no derivaban de la falta de confianza en su equipo, sino del temor creciente y la creencia de pesadilla que todos los supervivientes de Tarsus habían compartido que Kodos no era un humano sino una especie de espíritu escurridizo, sin embargo…
-Confío en ellos Alex. No sé si puedan o no atrapar a Kodos, pero si atrapar a Kodos es posible, ellos lo lograrán. Ahora, es mejor si todos nos vamos a descansar.
Y ninguno de los tarsos puso en duda las palabras de su JT; Kevin porque sabía de primera mano la gran capacidad que el equipo de trabajo de Jim Kirk tenía, y el resto de los chicos porque en el pasado habían confiado en JT con su vida y él no los había decepcionado.
