RECUERDAME
Tamborilero: ¡gracias por los reviews! I love you! X3
Capítulo 3 miedos
Casi de forma automática palpo mi arma para comprobar que sigue a mi lado, extrañamente y a pesar de la capa, mi cuerpo parece sentir frío, el metal dorado de mi brazo izquierdo me da un dolor sordo, está levemente entumecido, hace tanto tiempo que no tenía esta impresión que hasta me parece intrusa, la de alguien más, basta Valentine, debes controlarte me reprocho mientras trato de reprimir el escalofrío que me recorre la espalda ¿qué me está sucediendo? aunque conozco la respuesta o la intuyo muy bien, intento convencerme de que sólo se trata de agotamiento físico, lo estoy resintiendo.
Me arropo con la capa y deambulo sin rumbo por las oscuras y desiertas calles de Nibelheim. No hace ni una hora que ha anochecido, pero ya no queda nadie fuera de su casa. Sonrío con tristeza al pensar en la suerte que tiene esa gente. A veces yo también desearía tener un lugar al que volver, un hogar en el que alguien me estuviese esperando…una vida, o tan sólo una esperanza de ella.
Camino durante unos minutos más, sintiendo el tranquilizador peso de Cerberus en mi cadera. Me temo que ésa será mi única compañía…
Ya casi he llegado a las afueras de la ciudad y aunque desearía huir, perderme en las montañas congeladas y aislarme lo más posible de la gente, de toda forma de vida, por si llegase a suceder lo peor… aún mantengo la esperanza de encontrar una solución, acabar con esto pronto…a pesar de no querer regresar allí, los laboratorios de la Mansión ShinRa son idóneos para conseguir lo que pretendo.
La luna llena ilumina mi camino y las estrellas brillan con fuerza en el frío cielo invernal. Pero no siento ningún deseo de acostarme, y no es porque no esté cansado, sino porque temo volver a revivir el horror que desde aquellos días en los laboratorios plagan mis noches de pesadillas…eso o algo peor…
Me siento mental y físicamente agotado, Chaos me está consumiendo y se ha tornado un problema serio el controlarlo. No puedo dormir ahora. No debo.
Sin darme cuenta, he vuelto a la vieja ermita en ruinas que descubrí mientras paseaba hace un par de noches. Me gusta este lugar. Es tranquilo y silencioso aunque también un poco triste pero, a la vez, resulta hermoso. Pese a que la mayoría de los muros se han derrumbado, el campanario aún se conserva en buen estado. Subo al tejado sin problemas y observo la silenciosa ciudad desde aquí. La brisa nocturna agita mi cabello con furia. A lo lejos, la negra Mansión se alza imponente, cubriendo la luz de la luna y sumiendo el mundo en la oscuridad.
Sé que debo regresar allí, pero prefiero no pasar la noche en ella, los recuerdos que me provoca son muy fuertes y podrían hacerme perder el control, no puedo dejar que eso pase.
Desde que sé de ellos, he temido a los monstruos que comparten mi cuerpo, esa presencia intrusa que se adueña de mi existencia, mi cuerpo, mente… en el momento en que mi vida peligra, me aflige, el hecho de sólo poder observar desde un lugar aislado en mi conciencia, mientras mi cuerpo se transforma y ataca, me hace sentir más que impotente, abrumado, inútil.
Cuantas veces desee librarme de los entes que me habitan para vivir una vida normal, tener el control de mis emociones, mis actos, sentirme seguro conmigo mismo, pero sólo me siento incómodo y con ansias, casi desesperadas de control, de frenar el instinto bestial que me domina en las transformaciones, sentir que soy un poco humano.
Conforme han pasado los años, ya que no he podido librarme, he aprendido a aceptarlos con resignación casi forzada, hace un tiempo hasta deseé vivir, continuar hasta encontrar la forma, aprender poco a poco a dominarlos, cuanto lo deseaba, sin embargo ahora no tengo deseos, tan sólo temores, dudas…ahora pierdo la conciencia, cuando me transformo todo recuerdo se elimina y vuelvo del trance en blanco, despierto en una poza de sangre rodeado de vísceras de algún animal, sin saber que sucedió.
La primera vez creí que enloquecería, perder así los fragmentos más horribles de mi vida… no tengo ni siquiera conciencia de cuando empiezan, y cuando terminan, es como reencontrarme conmigo mismo en medio del vacío, ¿qué día es hoy?, ¿qué sucedió? ¿De quién es la sangre?, mis días son más terribles que la peor de mis pesadillas...ahora las vivo al despertar…
Tengo miedo, temo volver y haber matado a la gente que debía proteger, haber destruido los últimos fragmentos de humanidad que aún conservo, temo continuar un día mas sólo para presenciar ese aterrador instante, temo vivir….y aunque desde pequeño me temí a mí mismo, ahora también le temo al tiempo, al futuro, a regresar y a seguir vivo.
Sacudo la cabeza tratando de librarme de los lúgubres pensamientos que llenan mi mente tras esa visión. Será mejor que vuelva al hotel en el que me alojo provisionalmente. Ya sólo me falta conseguir un par de químicos más y todo estará listo. Mañana temprano debo encontrar a la persona que me traerá el pedido aquí y pasar la noche en la Mansión sólo intensificaría mis recuerdos y alteraría aún más mis ideas.
Con pasos cansados, entro en la habitación y me tumbo en la cama, resignado a pasar otra larga noche de vigilia, soledad y recuerdos. Diariamente, lucho por no dormir para evitar las pesadillas que me despiertan más de una vez y ahora también para no perder la conciencia… aún no ha sucedido mientras duermo pero me inquieta la idea, al final, el cansancio me supera y me quedo dormido.
Aunque ya deben haber pasado unas horas, me parece no haber dormido más que unos minutos, cuando una extraña sensación me alerta. Tenso todos los músculos del cuerpo y busco a Cerberus con la mano derecha. Agarro la culata con fuerza y amartillo la pistola un segundo antes de abrir los ojos y apuntar al pecho de una figura desconocida que se oculta entre las sombras.
—¿Quién eres?
o – o – o
Sephiroth que esperaba una reacción similar, instantáneamente y casi por reflejo desvió el arma con la izquierda.
—Perdóname.
Dijo en voz baja mientras aproximaba una materia al rostro del pistolero y activándola sometió a Vincent a un profundo sueño.
Por lo menos mientras la materia haga efecto, cesaran las pesadillas. pensó el albino. Le miró un instante mientras encendía el intercomunicador que llevaba en el oído.
—Lo tengo, ve al helicóptero, diez minutos.
Cortó la comunicación y continuó contemplando su pálido rostro, lucía agotado, qué ganas de besarle… no… por el momento, sería mejor concentrarse en la tarea.
El ex general acarició su cabello y con delicadeza levantó su torso y le colocó sobre el hombro, no pesaba casi nada, siempre fue delgado y aunque desde que le conoció le pareció frágil y la potencia física nunca fue el punto fuerte de Vincent, Sephiroth frunció el ceño al darse cuenta de que parecía haber adelgazado aún más.
Salió por la ventana con movimientos felinos, se descolgó por el árbol y en silencio, con total sigilo, se encaminó hacia la mansión llevando sobre los hombros a su preciado rehén.
Durante el viaje de regreso Reno parecía haber recuperado la confianza junto con el habla, parloteando y haciendo preguntas sin cesar, las cuales Sephiroth ignoraba completamente centrando toda su atención en Vincent que dormía apacible en su regazo.
El ex general le miraba absorto, siguiendo el ritmo de su respiración con los ojos y apartando los cabellos que la brisa desordenaba en el vuelo, a pesar de la inexpresividad en su rostro, se esforzaba por conservar una postura rígida, casi tensa, conteniéndose ante las miradas inoportunas que el turko dirigía en su dirección mientras platicaba.
Ansiedad, eso era lo menos que Vincent incitaba, el pensar que sería él quien le conduciría nuevamente a los laboratorios para las pruebas que esperaban por ambos le provocaba culpa, un sentimiento tan foráneo para él, tan antiguo que era extraño recordarlo ahora, sin embargo no podía evitarlo. Era más que irónico, tantas veces en el pasado se había esforzado por sacarle de allí y ahora, era allí mismo a donde debía llevarle, vaya que la vida se burlaba de él.
Una vez dentro, colocó suavemente el cuerpo de Vincent en una de las tan familiares mesas metálicas que repetidas veces había utilizado en su niñez, seguidamente con la mirada más amenazante que podía proyectar, sugería a ShinRa una dolorosa muerte si algo fuera de lo planeado llegaba a suceder.
Como medida de prevención, el cuerpo debía ser inmovilizado con bandas de acero, Sephiroth lo sabía aunque no le agradaba la idea.
Las pruebas comenzarían de inmediato y Sephiroth debía ingresar a un tanque de mako para facilitar el trabajo y minimizar las fallas, siguiendo órdenes del presidente la camilla de Vincent se ubicaría justo al frente, así él no perdería detalle de lo que fuese realizado. Esta vez no permitiría que nadie los separase, antes daría su vida y tal como lo hizo una vez, eso sería sólo después de acabar con todo, inclusive el planeta de ser necesario.
Transcurridas dos semanas de incesantes pruebas, todas sin resultado, Sephiroth exigió despertar a Vincent, dados los indicios encontrados en los estudios y según lo informado por Shelke al parecer sólo había una opción para frenar a Chaos y requería de Vincent despierto.
Durante cada momento fuera del tanque Sephiroth no se había apartado de su lado, excepto para hablar con Rufus o dar instrucciones y no sin antes dejar a Shelke de vigía, después de todo si Aerith y en especial Lucrecia le habían convencido de volver era porque además de la culpa que ella sentía en relación a Vincent, su bienestar le importaba lo suficiente.
Por orden de Sephiroth las bandas metálicas, cables y tubos habían sido retirados del cuerpo de Vincent y se le había puesto nuevamente, una vez limpia, la vestimenta que traía al llegar. Las botas, la capa, la garra y las armas que portaba estaban almacenadas en un lugar seguro, cosa que si despertaba asustado, algo de esperarse por el bizarro escenario, no resultase herido al tratar de escapar.
Sephiroth a su vez, vestía ropa de Soldier aunque de color negro ya que no se había dado la oportunidad de confeccionarle su distintivo vestuario, por comodidad no llevaba hombreras, sin embargo se había soltado el pelo por no estar acostumbrado a llevarlo de otra forma.
Al notar que Vincent abría los ojos se aproximó a la mesa, aún debía estar algo dopado por los químicos y el efecto prolongado de la materia. Por seguridad, ambos estaban encerrados en un cuarto especial y aunque la situación podía ser peligrosa debido a Chaos, Sephiroth permaneció allí solo junto a él esperando que enfocase la mirada. Con estas luces era más que seguro que esta vez le reconocería al instante.
—¿Cómo te sientes?... debemos hablar
