Me siento tan irresponsable por dejarlos tanto T^T mis disculpas. Tuve un mes loco de exámenes en la uni… pero vengo a compensar esa falta de tiempo con ustedes

Decidí continuar este fic. No tengo idea de la línea de la historia, pero son shots que escribiré. Gracias por la paciencia!

Y por supuesto, agradezco a los que han dejado review:

Julie

KatnissPunk

AliciaMalkavian

Yakumo-Kaiba

LadyMischievous07

Cuencas Vacias

itsumiminamino1

AmyDake

MagdalenaCS

DISCLAIMER: Chris y Tom y los demás personajes se pertenecen a ellos mismos (?) este fic es meramente imaginativo


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III. APRENDO A ARRIESGAR

Si todo fuera sencillo, simplemente no habría diversión. ¿Qué hay con el reto, con el desafío, con explorar nuevas cosas, nuevas emociones, nuevos sentimientos? Es el pan de cada día para Tom. Él, quien conoce muy bien el significado de la diversidad, el cambio, la variedad, la novedad.

Pues, ciertamente, Chris fue toda una novedad. Su vida ha dado un giro de 360° desde aquella confesión en su camerino. Aún no está seguro cómo se dieron las cosas, aunque no puede negar que no hubo atracción en un comienzo. Chris es enorme, su personaje lo es, toda su personalidad es inquietante y voluble como el mismo dios del Trueno. Por todos los cielos, ¿a quién no le atraería un tipo así? Es todo un modelo de masculinidad.

O quizá no se fijó en su porte. Quizá le atrajo el tono de su voz, profundo y frio. Pudo notar que tenía un agujero carcomiendo su corazón con despojos de odio, no está seguro hacia qué, pero en serio estaba enojado.

Tom ha llegado a comprender en esos tres meses que Chris eligió arriesgarse a confesarle aquello por una razón más fuerte que la atracción. Le dice: "te amo, Tom"; sin embargo, él nunca se lo ha expresado abiertamente, con las palabras exactas. Porque es complicado decirlo a pesar de lo que siente, a pesar de estar embelesado con Chris, a pesar de dejarse amar todas las noches y mañanas por ese australiano, a pesar de tener su cuerpo tan cerca, a pesar de sentir su aliento en su oído, a pesar de suspirar cada vez que lo mira, a pesar de quedarse débil ante su presencia, a pesar de buscar un abrazo cálido junto a ese pecho, a pesar de ser el más anticuado de los dos, a pesar de su amor callado.

Tom tiene dos razones lo suficientemente fuertes como para impedirle pronunciar esas dos palabras "te amo". Una es entregar su corazón sin la certeza de que no saldrá herido (es decir, arriesgarse sin pensarlo dos veces); y dos: la otra parte de la vida íntima de Chris. Su familia, su matrimonio.

Él sabe que no tiene derecho a inmiscuirse sin permiso en una pareja de casados, pero ¿qué podía hacer? ¿negarse? No tiene, ni tuvo la fuerza de voluntad para apartarse del rubio, ni la voluntad para no enamorarse profundamente de él, de su mejor amigo; ni la valentía para escaparse de un amor así de fuerte, que le duele con toda el alma cada que aterriza en la realidad: llegó tarde a la vida de Chris, y como pago no puede gritar lo que ha retenido por todas esas semanas.

Un trozo de su corazón que se está desgarrando, y la hemorragia no se detiene. Así lo siente Tom solo algunas veces, cuando mira por la ventana en una tarde nostálgica. Para variar, lloviendo.

A pesar de esos momentos de melancolía que suele vivir a diario, Tom sí que es feliz. En raras ocasiones hay una dicha genuina que recorre cada poro de su piel cuando Chris lo besa, o acaricia, o abraza. Esa misma dicha lo saca de su esfera de realidad cruda, concediéndole unos segundos de alegría incontenible en una utopía que él anhela alcanzar, con Chris despertándolo cada mañana juntos, con tardes en las afueras de Londres, y noches donde Chris le hace el amor muy lento y en medio de la sala de la casa. . . Sin el rostro de ella.

La utopía perfecta.

Tom guarda mucho silencio por esa razón. Está la interminable desconfianza a un romance así, tan perfecto y sin precedentes, que muchas veces lo deja congelado, como una estatua, paralizado con el miedo a perderlo. Perder a Chris es un terror que se presentó incluso antes de hacerse más que amigos.

Es tonto pensar que el miedo hiciera acto de presencia así. Chris y él eran buenos amigos, y cada día que pasaba, Tom plasmaba su seguridad en el otro. Simplemente le gustaba estar con Chris, su compañía, el modo de verlo al conversar, la sonrisa y sus irises celestes. Era normal, pero quizá esa atracción acrecentada que sentía por Chris fue un detonante al terror de resbalar por la vida del australiano, entre sus dedos como agua, sin posibilidad de atraparlo.

Y por ese terror, terminó aferrado a una emoción que rebasaba sus estándares. A una emoción que le daba derecho de preocuparse demasiado, sin considerarlo una obsesión.

"¿Cuánto durará?" se pregunta al cerrar la cremallera de su campera y salir del estudio.

Y es la gran pregunta. La duración exacta que aquello tendrá. Tom camina pensando, repasando en su mente una y otra vez la dirección del destino, cuál fue el suceso de acontecimientos que lo obligaron a enamorarse tanto de Chris.

Abre su paraguas para protegerse del diluvio que matiza perfecto con su ánimo. Camina varias calles hasta el hotel donde se hospeda. Antes de cruzar el semáforo, observa un balcón, deteniéndose en la esquina, con el sombrío color del cielo que solo resalta su propia palidez.

"Quisiera no huir tan rápido"

Huir de la felicidad a unos metros suyos. Tom es de los que puede apartarse del camino solo para mantenerse a salvo con el presente que tiene ahora, y seguiría pensando así de no ser por el rubio. Cuestionando, evadiendo, renunciando a su consciencia solo para probar ese trozo de felicidad. Se sentiría tan dichoso de ser valiente y aceptar un romance ráfaga que termine por mancillar su propia moral, que lo haga delirar con el tope de riesgos, el tren de vida que Chris maneja; y aunque termine lastimado, desea equivocarse y esperar que no acabe.

Por lo menos, no pronto.


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La vida a veces llega a ser cruel. Sobretodo si cada día es un calvario a lado de la persona amada.

Tom jamás se queja del modo que Chris se comporta con él. Su calvario no es eso, es intentar lidiar con la idea que Chris no es suyo. No lo fue desde el inicio.

Sin embargo, al final del día, eso importa un demonio para Tom. Quizá no es suyo, pero Chris lo ama, a él. Se lo ha dicho tantas veces que Tom finalmente ha terminado por creerlo, y cualquier duda que pudiera tener se va en el momento que el australiano lo acorrala contra la puerta del cuarto y lo besa.

—Te has tardado, ¿te detuvo algo en el estudio?

—Llegué a la misma hora, Chris. Quizá me extrañaste, es todo

Entre manos que le desatan la corbata y labios que se apoderan de los suyos, Tom escucha en un susurro la respuesta de Chris: "Si. . . Te extrañé". ¿Necesita ser más específico? No cuando siente los dientes del rubio en su cuello y sus manos en los pantalones, desabrochando su cremallera, bajándole los pantalones y desvistiéndolo en medio del pasillo.

Tom no puede más que aferrarse con sus manos, rasguñar en la pared y ahogar un gemido cuando Chris empieza a besarle la espalda. Hace poco descubrió que es un lugar muy sensible de su cuerpo, y saca ventaja de eso cada vez que quiere. Tom aprieta los párpados, Chris junta su cuerpo, ambos están desnudos.

—Separa más las piernas, Tom —ordena al morder el lóbulo del inglés —más. . .

Tom inminentemente obedece. Dioses, haría lo que fuera si Chris se lo pide, con esa voz en su oído, esos brazos rodeándole y esa boca besando su nuca; porque tiene comprada su voluntad, cae rendido cada vez que el rubio está a punto de penetrarlo, rosando su punta contra su entrada, como si quisiera oírlo rogar, suplicar, gritar que lo haga de una maldita vez.

—Ahh. . . agnh. . . Ve lento. . . por favor —pide cada vez que Chris se inserta. Sabe que el dolor desaparecerá eventualmente, pero no borra el hecho que su pareja suele ser falto de tacto; termina pasándosele la mano de vez en cuando, y Tom ha queda paralizado.

Encaja sus uñas en el tapiz, su entrada se contrae y el movimiento del miembro del australiano se sincroniza con otro gemidos de Tom, uno más fuerte que el anterior; para que en un segundo su cuerpo sea recorrido por la esencia de Chris, y sus brazos lo enrollen por la cintura, mientras Tom recarga su pecho en la pared buscando no perder los estribos.

Y quisiera jugar sin lastimarse, ser fuerte incluso con los besos que Chris sigue dándole en la nuca, o al sentir su cuerpo, o sus manos masturbándolo, tratando de no alzar demasiado su voz para no delatarse con los inquilinos de las habitaciones vecinas a la suya; o seguir cuerdo aunque las embestidas aumenten de velocidad, cada vez más profundas y recias; o no darle importancia a que Chris le haga el amor cada jodida noche.

Quisiera que su corazón fuera como interruptor de encendido/ apagado. Así sería menos confuso escuchar un "te amo", sería sencillo ser de piedra y alejarse de los problemas, de lo injusto que suele ser que Chris deba irse en dos días con su familia, a mostrar el rostro que todos conocen y tragarse el orgullo por cada segundo que Chris y él deben separarse. Y, por tanto, no derramaría lágrimas en medio de un orgasmo maravilloso.

Chris le besa el cuello por última vez antes de cargarlo a la cama (que se ha hecho costumbre) porque Tom apenas puede sostenerse en pie. Y en ella, lo besa en los labios.

Tom no está seguro si Chris ha notado cuánto llora en la noche, cuando lo abraza con fuerza deseando ser suyo completamente. Tal vez lo sabe, y como conoce el motivo, prefiere no quemar más la llaga. Aunque el tema de "ella" permanezca sin ser tocado, llegará un momento. . . No, eso significaría obligar a Chris a decidir; y Tom no quiere saber su elección. Lo mataría en vida.

—Demos un recorrido por la ciudad mañana, ¿qué te parece? —pregunta Chris cuando ambos están bajo las sábanas

—Tenemos trabajo Chris, ¿recuerdas?

—¿Y? Yo quiero salir contigo. Nada me lo impedirá

—A veces tu despreocupación con todo me alarma —y a veces no soporta lo encantador que llega a ser

Chris se encima en Tom. —¿Es un sí o un no?

—Quedará en tu consciencia si me vuelvo igual de desobligado que tú

—Cambiar tu sentido estricto de responsabilidad es algo que ningún ser sobre el planeta puede lograr, así que, no tienes acusaciones contra mi

Tom sonríe. Lo curioso es que, con todo y el dilema emocional que vive a diario, Chris siempre consigue sacarle una sonrisa, y alentarlo a tomar riesgos, y hacerlo parecer tan fácil. . .

"En realidad tú ya lograste cambiar todo"

Es lo que Tom diría de no ser por los labios de Chris sobre los suyos; porque su mundo no puede estar más de cabeza.


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Tercer shot. Espero que les haya agradado, y no me maten por tardar eternidades en subirlo! D:

Como digo, el fanfic no es lineal, así que estos shots han sido escenarios espontaneos que imagino pasan entre Chris y Tom.

Gracias por leerlo! Y espero actualizar pronto