Cap. 3

Estuve toda la noche soñando con aquel beso. ¡No me lo podía creer! ¿Había ocurrido de verdad o, por el contrario, fue un maravilloso sueño? Cuando me desperté seguí pensando en aquello... Me daba miedo salir de mi cuarto por si me encontraba con el ojiazul que gobernaba mi mente... ¿cómo reaccionaría? No dejaba de pensar en si le gustó el beso... y miraba mi comida ajeno al mundo exterior. - Eh... ¿Alister? - Valon me intentaba llamar la atención mientras pasaba la mano delante de mis ojos, pero fue en vano. - ¡Oye! - me gritó, pegándome una palmada en la espalda. - ¿Eh? ¿Qué pasa? - ¿En qué estabas pensando? - se rió Rafael. - En nada, en nada... - Somos tus amigos, puedes contarnos lo que sea. - Ustedes... ¿me consideran su amigo? - pregunté, emocionado. Pues nunca antes había tenido amigos. - ¡Pues claro! - me contestó Valon, mientras comía su desayuno. Pero, de repente, vi que Seto se dirigía hacia mí. Se paró delante de mí, pero yo evité mirarlo a los ojos. - Hola, Alister - dijo, muy serio - Ayer... dejaste tu cuaderno en mi cuarto. - A si... gracias... - dije tomando mi cuaderno sin mirar sus ojos. Valon y Rafael se miraron, seguramente se dieron cuenta de algo. Rafael se dirigió a mí diciendo: - Alister... ¿pasó algo ayer?... Pero, de repente, sonó la campana.

Nos tocaba la clase de duelo en la que me había apuntado y, como soy muy bueno, pensaba que podría aprovechar para que los demás vieran que soy un gran duelista. Todos los de mi clase nos fuimos corriendo hacia el patio y nos pusimos a esperar al maestro. Cuando llegó, dijo: - Buenos días, chicos. Pueden ir sacando su baraja y preparándola porque es hora de un duelo. Hicimos lo que ordenó y nos preparamos para el duelo, el profesor señalo a Bakura – Bien señor Bakura usted peleara contra…- en mi mente rogaba porque no me eligiera a mi pero…- Alister!- dijo el profesor señalándome.

Me pare de donde estaba sentado y prepare mi disco de duelo y me fijé que Bakura me miraba con odio.

El duelo acabo, y yo gane.

Vaya, Alister - me dijo el maestro - No sabía que eras un gran duelista. - Gracias - le contesté.

Después de el duelo y como hacia mucho calor, el profesor nos manda a darnos un baño.

Yo me fui a la de chicos y me desvestí. Aunque me sentía incómodo me dirigí a la primera regadera que me encontré por ahí. Por desgracia, mi regadera estaba al lado de la de Bakura. - ¡Ei, tú! Eres muy buen duelista ¿no? - me preguntó, enfadado. - Sí... - le respondí sin ganas de hablar- - Un momento... - dijo mirándome... y tomándome de el cuello me lanzo al suelo. Mientras que se reía a carcajadas para que todos sus colegas se enteraran de lo que estaba pasando y le siguieran la corriente... y eso hicieron todos... todos menos Seto. Él se había enterado perfectamente de que Bakura y los suyos se estaban riendo de mí, pero noté que no quería parecer interesado. En ese momento descubrí que Bakura no le caía nada bien. Entonces, noté que la ira que tenia no podría reprimirla mas, por lo que le di un golpe en la cara a Bakura y este choco contra la pared. En ese momento todos me miraron con miedo y después de un rato Bakura se levanto y me vio con odio y enojo estaba a punto de golpearme cuando Seto lo detuvo, en ese instante salí corriendo de ahí. Cuando llegué a mi habitación, puede tranquilizarme y ponerme a pensar en porque Seto no dejo que Bakura me pegara…

Aquella noche soñé con ese sueño que me atormentaba desde aquel día ese día tan terrible... Pero me desperté en cuanto sonó la alarma de el despertador. Era de día, había dormido horas y horas y ya llegaba tarde a la primera clase: matemáticas . Con todo lo que me pasó ayer, no tenia ganas de presentarme a clases. Además seguramente, Bakura querrá darme mi merecido.

Después de estar pensando en cosas como aquel sueño que me atormenta, caí en la cuenta de que, con tantos problemas, no me había bañado. No podía quedarme en mi cuarto todo el día, así que decidí salir aprovechando que los demás estaban en clase. Sé que está mal faltar a las clases sin permiso, pero esto era sólo por una vez y, además, tenía un buen motivo.

Cuando entré en las duchas, tuve suerte de no encontrarme con nadie por el camino. Abrí la regadera y noté el agua resbalando por mi espalda. Entonces cerré los ojos e intenté relajar la mente... pero lo único que escuchaba eran los insultos y las risas que todavía provocaban dentro de mi un gran enojo... - ¿Alister? - ¡Seto! - ¿Qué haces aquí? Me han mandado a buscarte. ¿Por qué no estuviste hoy en clase? Seto se daba perfecta cuenta de que no estaba en disposición de hablar. - ¿Es por lo de ayer? ¿Por lo que te hizo Bakura? - me preguntó mientras se me acercaba hasta estar los dos frente a frente. Yo bajé la cabeza para no mirarlo, ya que estaba un poco rojo. - Escucha... No debes hacer caso a Bakura. Es un idiota. Sólo quiere llamar la atención. Entonces trate de ya no estar sonrojado e hice un esfuerzo y lo miré a los ojos. - ¿Por... por qué eres tan amable conmigo? - le dije. Él se quedó pensativo. - Pues... quizá porque eres la primera persona con la que siento que he conectado de verdad. Sentí un gran alivio al saber que Seto no estaba enfadado con aquel beso que le regalé el día anterior. Entonces me miró a los ojos tiernamente, me sonrió y, acercándose a mí... me besó en los labios. Fue un beso dulce y largo, y me gustó. Podía notar nuestras lenguas enredándose. Yo no sabía si lo estaba haciendo bien, por que eso de besar, era algo que no había experimentado nunca. Mi corazón esta latiendo muy fuerte... Pero Seto quería más. Lo supe en cuanto me agarró de las caderas y me empezó a tocar todas las partes de mi cuerpo. Todas. Cuando se cansó de probar el sabor de mis labios, comenzó a lamer y besar mi cuello desenfrenadamente al tiempo que abría la regadera para que saliera más agua y para que, de esta manera, nadie pudiera oír los gritos tan sensuales que yo no dejaba de emitir. Seto llevaba puesta su ropa, al contrario que yo, que no llevaba nada encima. Lo que sentía era algo inmejorable, difícil de explicar... pero entonces, noté uno de los dedos de Seto deslizándose entre mi trasero... y cometió el error de hacerlo demasiado rápido, lo que provocó que soltara un gemido de dolor. - Perdona... - se disculpó, dándose cuenta de su fallo. - No te preocupes... no pasa nada... - le dije, intentando que no se sintiera tan cortado. Pero no sirvió de nada porque acabamos dejándolo. Supongo que fue por mi culpa, ya que le desconcentré. ¡Qué estúpido de mí! Nos quedamos un rato sin hablar. No teníamos intención de comentar nada de lo ocurrido. Hasta que Seto rompió el silencio: - Oye... será mejor que vuelva a clase. No quiero que empiecen a buscarme y me vean aquí. - Sí, mejor - le contesté, con la voz entrecortada. Y eso hizo: se fue y me dejó solo, bajo la lluvia de gotas de agua que todavía emanaban de la regadera. No debí dejarlo irse... no sin antes resolver mis dudas que habían surgido y que ahora revoloteaban en mi mente: ¿Significa esto que ahora somos novios? ¿O que lo único que Seto deseaba era darse conmigo? ¿Y yo? ¿Le gustaba? Y lo más importante: ¿Qué quiso decir con "no quiero que me vean aquí"? ¿Lo dijo porque se avergonzaba de mí? O peor... ¿Se avergonzaba de él mismo? Lo único que tenía claro era que estaba perdidamente enamorado de él... que había descubierto tendencias homosexuales que creía inexistentes en mí. Algo nuevo estaba naciendo en mí... y me gustaba esa sensación.