Entre Líneas y Café
Vecinos
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Era increíble el hecho que estuviese dando vueltas alrededor de la mesa como un idiota. Lavi se encontró en su casa, de pie, recostando su cuerpo en la pared blanca para luego dar vueltas sobre sus talones y dirigir su atención a la ventana. Y la verdad, desde la primera vez que había visto el balcón, esta era la única vez de no poder controlar la ansiedad de asomarse. Un pensamiento un poco estúpido, pero él tenía sus motivos: Allen Walker vivía debajo de él. En un departamento que nunca le había importado, que daba igual verlo, o no. Frustrado y cansado, Lavi terminó quitándose el trozo de tela que adornaba su frente, el cabello rojizo cayó de manera desprolija en su frente y parte del rostro; a continuación dejó que sus pensamientos no tomaran control sobre sus acciones—lo cual parecía casi imposible—; ya con resignación apretó sus dedos pasando las ventanas del mismo, para asomar su rostro desde la amplia baranda.
Bien, era evidente que cualquiera que lo viera de abajo creería que estaba loco por colgar la mitad de su cuerpo en la nada, pero tenía sus motivos —sus curiosos motivos, para ser franco—. No hay mucho que pudiese ver, a excepción de la luz que se filtraba por las cortinas del mismo balcón de Allen. No hace mucho que habían llegado (veinte minutos y un poco más para ser preciso), y Lavi no había tenido paz desde ese entonces. No era culpa del que creía albino, sino que su ansiedad no le permitía dormir siquiera. Más allá de eso, estaba completamente tranquilo con él mismo. Aunque siguiera colgado de la baranda de manera estúpida. Cuando sus cabellos terminaron cubriendo su rostro, fue cuando escuchó un sonido. Agudizó su oído, inclinándose más de lo normal —al punto de casi no hacer pie en baldosas firmes—, y notó que el sonido parecía ser de una caja de cartón. Sí, lo que oía era la cinta adhesiva ser desprendida de un trozo de cartón.
Analizando ese ruido y las cosas que había hablado con Lenalee y con Miranda... las palabras: mudanza, dos veces lo vi, tuvieron más sentido. Lavi no sabía los motivos del porqué Allen se vivía mudando, como le habían explicado. Pero tenía confianza que (en el tiempo necesario) él mismo podía despejarle sus dudas. No muchas veces conocía personas nómades, o sin tener un lugar fijo. Le hizo recordar la primera vez que decidió dejar la casa de su abuelo, la cual ya estaba tan lejos de su alcance que dolía un poco el saberlo. Claro que no pensaba de esa forma cuando sus maletas ya estaban en la puerta de salida, mientras la chatarra de auto que amaba se mantenía en el cordón de la vereda. Suspirando, y de manera insistente, Lavi se inclinó más; su suerte parecía querer cambiar cuando vio una sombra ir de un lado a otro. Inclusive parecía verlo con una caja ir de punta a punta. ¿Qué podía decir a su favor? El chico le llamaba la atención.
Y eso ya era un hecho raro considerando que las personas con las cuales hablaba eran fáciles de describir. Eran personas sencillas, con metas sencillas, con una vida sencilla. No era que juzgara si eran más interesantes por eso, o no; sino que no atraían su curiosidad. Por algún motivo bizarro él pensaba que las personas difíciles eran, justamente, las más leales. El viento frío le golpeo el rostro; y él terminó por maldecir la estación una vez más. Se aferró más a la baranda logrando que un gemido de esfuerzo saliera de su garganta de manera ahogada, dado que su estómago estaba siendo presionado contra el duro material. Bien, sólo era un poco más para seguir espi —él no estaba espiando, o eso creía, simplemente quería saber cómo estaba el nuevo vecino en el departamento—. Sin embargo estaba husmeando sin ser invitado lo cual lo hacía… sí, lo estaba espiando. No creía la posibilidad que Allen lo descubriera, o que se enojara si lo descubría, o mismo que lo echara si se daba cuenta, o que se mudara a kilómetros de él por considerarlo un espía.
Lavi no lo soportó más e ingresó a su casa. Necesitaba hablar con alguien que le dijera que hacer en ésta situación. O cómo resolver el problema, en todo caso nunca llegó a pedirle el celular a Miranda, mucho menos a Lenalee. Lavi sonrió cuando apretó la tecla redial de su celular, mientras se acomodaba en el sofá. La primera llamada fue cortada de manera prevista, por eso ni se había molestado e poner el auricular en su oído. Su imaginación voló a un Kanda recién salido de la ducha con ganas de estrolar el teléfono contra la pared. Lo raro de Yuu era que su personalidad y esencia eran tranquilas; de hecho Kanda también era una persona que lo intrigaba, tanto o más, o menos, que Allen. El japonés tenía un temperamento bi-polar por lo que podía describir. Sus costumbres, gestos, y hasta movimientos eran tranquilos —sin embargo, conocer la otra cara de Kanda era algo que no quisiera saber— y eso se debía a pensar en el hecho que seguía vivo. Respirando, con pulso y ahora molestándolo por teléfono.
Lavi podía rendir cuenta que más allá de lo que era Kanda… el japonés era su mejor amigo, y eso que había conocido personas. Ahora, lo que no podía identificar eran sus emociones luego de haber conocido a Allen. Quizá eran dudas de cómo debía hablar con él, o cómo reír, o mismo cómo mover sus manos. Allen había aparecido y lo había dejado en blanco (simple como eso); probablemente ahora debería tener en cuenta cómo es que piensa en eso cuando debería ser él mismo. Pero, recordándose a sí mismo, él no sabe quién es.
'¿Qué quieres ahora?'
Las mañanas de Yuu eran tan dulces (y eso que no había dormido, teniendo en cuenta que hace unos minutos habían llegado ambos) Lenalee seguro que sabe manejar un automóvil. Sea como fuese, Lavi suspiró, sonriendo de manera pequeña y la tela que descansaba en su cuello fue a parar a sus ojos, terminando por cubrirlos de manera rápida. Ahora mismo él estaba teniendo en cuenta lo cansado que estaba, no lo había sentido aún llegando a casa. Pero parecía que todo lo que había estado pensando se había juntado en algún punto específico de su cerebro agotando el resto de las partes que debían estar trabajando. Por ese motivo sus pies estaban en la mesa ratona de la sala, relajándose un poco al hundirse en el mullido oscuro del sillón. Llamar a Kanda había sido la mejor opción sin duda, ya que el japonés siempre le decía la verdad y, sin darse cuenta, terminaba de aconsejarlo.
"Hey, Yuu…" Saludó, pasando su brazo izquierdo por su estómago y sintiendo la piel fría del mismo en la cálida de la zona. "¿Sabes que Allen vive abajo, verdad? Pues… ¿sabes que hacer en estás situaciones?" No sentía la necesidad de ser completamente franco, Kanda lo conocía lo suficiente y además podía alegar que no le importaba el hecho, lo cual era factible de creer ya que él no era precisamente de esos que dijeran de manera cómoda sus sentimientos. Se enterró en el almohadón del sofá, mientras la mano que antes estaba jugando en su estómago tocaba de manera impasible la tela que estaba en sus ojos.
Y, tras un resoplido, Lavi escuchó la cándida respuesta del otro lado.
'Si tanto te preocupa, ve como el conejo impertinente que eres'
Cuando el sonido largo —el cual era más que predecible— se dejo oír, Lavi suspiró frustrado. ¡Estaba seguro que Kanda hablaba de él mismo! Y siempre decía lo mismo, dicho sea de paso. Revolvió sus cabellos dejándolos hechos un desastre y quitó la tela de sus ojos, dejando que la misma se deslizara hasta su cuello. Insensible, encima que él llamaba para pedirle un consejo, sonrió… bueno al menos lo había fastidiado, y por ende, él sonreía en vez de volverse loco buscando una forma para acercarse a Allen sin que fuese poco obvia su curiosidad. Fue rápido, efímero, cuando las palabras conejo-impertinente golpearon su rostro. Claro, lo había hecho con Miranda también. Bueno, Lavi lo empleaba con todo el mundo. Esperaba que Allen no tuviese ni una gota del carácter de Kanda por lo que iba a hacer a continuación.
Se asomó al balcón viendo la luz de la sala prendida y el ruido del cartón abrirse. Tragó saliva al pensar en cuantas cajas desde que había llegado había oído abrirse de esa forma. Para ser alguien que viaja bastante… Allen tenía bastantes cosas. No demoró un minuto más antes de tomar las llaves, zapatillas cómodas y salir por la puerta. Por algún motivo extraño las pulsaciones de su corazón parecían haberse salido de control.
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Allen suspiró por enésima vez en la noche; estaba cansado pero no quería despertar y encontrar el revuelo de cajas, y demás valijas por el suelo. Agradecía que Lenalee le hubiera dado el día libre para establecerse en el departamento, y a la ciudad en sí antes de empezar a trabajar. Apretando su cintura con sus manos, terminó por caer abruptamente en la silla del comedor mirando a su alrededor las condiciones del departamento. Sonrió un poco, éste lugar era dónde Cross y él habían estado la primera vez cuando él apenas sí tenía conocimiento de la realidad. Haciendo una cuenta por encima, creí que no tenía más de ocho años cuando vino a éste lugar; así cómo también había conocido a Lenalee y a Komui el mismo día o semana que estuvo ahí. No eran memorias exactas, dado su edad, pero su cuerpo recuerda con claridad el confort que había sentido.
Después de un mes y medio habían comenzado a mudarse constantemente, no era algo que le molestara realmente. Cross tenía miles de defectos, inclusive un mal trato cuando no estaba de humor, pero Allen no podía evitar sentir apreciación por él. Después de todo, Cross fue quién lo saco de las calles. No era algo que quisiera recordar en estos momentos, al menos no ahora cuando estaba tranquilo y exhausto. Lamió sus labios y notó el tirón del nudo del pañuelo en los cabellos de su nuca, probablemente al atarlo había enredado algunos de ellos en el proceso. Sea como fuese, y aprovechando la privacidad del lugar, Allen deshizo el nudo dejando caer los platinados cabellos por su rostro. Nuevamente no era que tuviese un complejo con el color del mismo, de hecho se había acostumbrado a verlo en el espejo, o a vivir con él. Sólo para evitar cosas innecesarias.
Mismo pasaba con su brazo. El brazo izquierdo de Allen tenía cicatrices de una potente quemadura. Igual que el cabello, Allen ocultó todo. Sólo que el brazo lo hacía con camisas de manga larga y guantes. Ni siquiera Lenalee sabía de esa cicatriz; oh no, no había nadie que la conociera realmente, a excepción de Cross. Busco una goma para atarse el desorden de cabellos que tenía en la nuca antes de proceder a ir a la cocina. Si bien su cuerpo estaba cansado no significaba que le gustara mañana levantarse a las cuatro de la tarde, y pasar la noche desvelado por falta de sueño. Lo mejor era aprovechar el día libre que le habían dado. Suspiró con cansancio mientras sus pasos lo llevaron a la cocina… o a la cafetera directamente. Por suerte no requería mucho esfuerzo poner una cucharada de café y agua para que ésta comenzara a trabajar. Suspiró cansado mientras la mesada se veía genial para dormir un rato; pero Allen si había algo que tenía, además de talento para las cartas, era fuerza de voluntad.
La suficiente para no dormirse y normalizar el horario. Se descalzó, comenzando a caminar en medias por la casa. No era un hábito pero los pies le temblaban en sobremanera al estar apretados entre el grueso cuero de los zapatos. Apretó su labio mientras su mascota metálica parecía hacerse espacio entre los almohadones y se tiraba ahí a descansar. Al principio le había parecido extraño (para que negarlo) que algo que no tenía vida tuviera sueño, pero cuando Cross le dijo: ¿Eres tonto, chico? Esta programado. Probablemente no sea el mejor recuerdo que tuviese de su maestro, pero bien… le hacía sonreír ahora. Tras ese último recuerdo y que sus manos tomaran otra caja la puerta sonó con cuidado, pero con la suficiente fuerte para expandirse por todo el departamento. Allen alzó una ceja de manera incomprensible mientras caminaba hasta la puerta, mirando por la lente de la misma y reconociendo inmediatamente a Lavi. Se había olvidado completamente que estaban en el mismo edificio, de cualquier forma eso no explicaba el porque estaba golpeando en su por-dos-meses-casa a las cinco y media de la mañana.
"Um, un momento" Allen salió corriendo a buscar sus guantes, los cuales estaban esparcidos por alguna parte de toda la habitación —o habitaciones mejor dicho—, encontrándolos en la mesa del comedor. En el apuro, y completamente ensimismado en los guantes, Allen dejó en segundo plano su cabello —olvidándolo por completo a la hora de hacer girar la llave que colgaba en la cerradura de la puerta. Miró a Lavi de manera tranquila, pero sin poder evadir la mueca de sorpresa al tenerlo ahora frente suyo. Estaba completamente desprolijo, a lo que recordaba Allen de él, bueno… no era un desastre pero se notaba la diferencia. No era que Allen se preocupara por eso, sólo extraño. Por un momento había confundido a Lavi con una persona superficial que le gustaban la noche, las mujeres y demás motivos que actualmente estaba desechando.
"¡Hey! Vi la luz prendida del departamento y el ruido de cajas, pensé que podrías necesitar ayuda" Más allá que se quedó mirándolo completamente espaciado ante los motivos; es decir no es normal que personas que no te conocen se presenten a tu departamento diciendo querer ayudar. Sin embargo no dudaba que fuese mentira. Allen, de hecho, rara vez desconfiaba de alguien —y por ello había sido varias veces reprendido por Cross—, quién le había dicho que esa confianza en las personas iba a ser su perdición algún día. Pero Allen nunca había encontrado alguna excusa. "Y mi olfato huele a café" Ante ese comentario, le sonrió de manera cansada (no tenía otra sonrisa al menos)
"No pensé que alguien vendría a esta hora, Lavi" le dijo con franqueza, moviéndose para dejarlo pasar a su casa, preguntándole antes: "¿Vas a pasar?" Vio que el muchacho colocaba sus brazos alrededor de la nuca mirando el desastre que era el suelo; Allen terminó pasando una mano por sus cabellos, notando el descuido al no cubrirlos y tensándose significativamente ante ello. Pensó que lo mejor era tratar pasar inadvertido, después de todo ya estaba hecho. Probablemente Lavi lo miraría como si fuese una cosa extraña, sin embargo éste estaba más que nada mirando el piso. "Siento el desorden, recién ayer llegué."
"No te preocupes por eso, además… si no habría nada para hacer sería aburrido" Para él fue de lo más extraño. Ya que, ni bien hubo pasado la puerta y cerrarla tras suyo su reciente invitado estaba agarrando una de las cajas y el trinchete para abrir la cinta adhesiva. Allen se quedo mirando unos instante, sintiendo que cuando Lavi dijo ayudar, en verdad lo había querido decir. "Entonces, Allen, ¿Cuánto tiempo te quedarás aquí?" Preguntó cuando se sentó en el suelo, con la enorme caja entre sus piernas, y sacando todo lo que tenía dentro.
"¿Cómo sabías que me mudo?" Interrogó inquisitivamente, casi sorprendido de hecho. Probablemente Lenalee —o mismo Miranda— se lo habían comentado. Sin embargo, podía adivinar que él no se esperaba ese tipo de pregunta, dado que después de un gemido de dolor Allen se asomó a ver la punta del trinchete haber dañado de manera superficial su dedo índice. Suspiró, acercándose hasta él y mirando mejor la herida. "Será mejor buscar una bandita que te sirva al menos por ahora…" le sonrió para luego caer en la cuenta que no recordaba haber visto las mismas, eso sólo podía significar que estaba en alguna de las cerradas-cajas.
"¡No te hagas problema, es algo menor! Aunque sí se puede infectar" Escuchó el suspiró, mientras este mantenía su sonrisa a línea y se mordía el labio "ni modo…"
Tras ello, y oír una risa, Allen escuchó y miró que la remera que Lavi traía puesta era cortada por sus mismas manos, para luego ser envuelta en su dedo lastimado. Parpadeó notando que él era quién se tensaba mientras su vecino le mostraba el dedo ya cubierto de cualquier herida que se pudiera hacer. Normalmente no sería algo para espantarse, pero estando con cajas sucias y llenas de polvo por el viaje, sí lo era. Se excusó emprendiendo camino hacia la cocina; eso le hacía recordar que debía vender algunas joyas que había ganado esa misma noche en la clandestinidad y así poder mandarle el dinero de deudas a Cross, para fortuna de Allen —al cumplir la mayoría de edad— ya no tenía que lidiar con los prestamistas de su tía. Cuando era más joven era quién exponía su rostro a ser conocido por su alcohólico, mujeriego, bastardo Cross. A pesar que apenas tenía dieciocho, el haber estado con su maestro le había enseñado a manejarse sólo, sin depender de nadie.
Allen sacó dos tazas de café, poniéndolas en la bandeja y vertiendo la bebida en ellas. No estaba muy seguro en cuan dulce lo prefería Lavi, pero bien con cinco cucharadas era más que suficiente. Mirando por la ventana podía ver las copas de los árboles moverse de manera inconstante; seguramente hacía más frío del que parecía, y eso podía ser causa de que aún no había amanecido. Cuando llegó a la sala, Lavi ya había sacado toda las cosas de la caja y estaba apilándolas en un rincón, de manera prolija. Allen miró lo que había embalado: ropa y pertenencias de Cross. Además que éstas eran armas filosas, no veía otro motivo por el cual aclarar que no eran sus cosas. Seriamente ¿cómo se habían mezclado? Tendría que mandarlas por algún medio de vuelta. Cuando colocó la bandeja en la mesa, miró a Lavi —quién no dejaba de sostener el amplio mazo entre sus manos de manera petrificada—.
Hincándose a su lado, Allen lanzó una carcajada tocándose el estómago.
"No son mías, son de mi maestro. Por cierto, siento lo de tu camisa" Lavi pareció respirar aliviado un momento; mientras que Allen seguía obviando la primer pregunta que el había hecho. No era que no quisiera contestarla, sólo que el tema de sus mudanzas veía arraigando tantas otras cosas. Y tendría que empezar contándole su vida en un orfanato de Gran Bretaña. Sin embargo, no veía porque no comentarle el tiempo que estaba ahí. "Dos meses supongo que estaré aquí; luego tendré que reunirme con mi maestro."
"¿El hombre del mazo? Ah, gracias" murmuró tomando la taza entre sus dos manos y oliéndola. "Debe ser difícil mudarse a cada momento, ¿huh?"
"Aa. Sobre todo si cargas con cosas" reconoció, sentándose con las piernas cruzadas y él mismo bebió su propia bebida; conocer todo el mundo es lindo, pero no tanto como conocer un lugar estable que se pueda considerar hogar. Probablemente cuando alguna meta, o algo, le hicieran sentir la necesidad de quedarse fijo, sería otra cosa. Seguramente aún no había llegado su hora. "¿Y tú, Lavi? ¿Alguna vez haz viajado… o algo?"
El joven en cuestión se levantó para cargar una caja, ubicándola en la mesa y abrirla de manera tranquila; lo miró por encima de su hombro antes de rascarse la nuca y cruzar un tobillo con otro.
"Sólo una vez; a decir verdad" Pausó unos instantes en los cuales Allen volvió a tensarse, estaba esta sensación de que el chico quería romper la cortina de humo en él cada vez que lo mirara. Cómo si supiera que no decía todo, sonrió, personas así de observadoras no existían hoy en día. "El viejo Panda vive en una isla un poco alejada de todo, no podía quedarme ahí. Eso sin tener en cuenta que lo que hago no se comercializa por ahí"
"Oh…" murmuró, acomodando las cosas en cada mueble. No estaba seguro de cuanto debía preguntar de él; es decir apenas lo conocía y él no era precisamente de husmear en la vida de alguien. Para eso parecía que estaban las personas como Lavi. Sin embargo, él le daba un poco de coraje para preguntar —o lugar—. "¿Y qué haces?"
"Escribo, aunque últimamente no he tenido una idea fija sé que me saldrá algo que valga la pena"
"¡Estoy seguro de eso!" Exclamó de manera animada, para él que alguien tuviera sueños, o metas, era importante. Él inclusive tenía las suyas, sino no tendría un porque exacto de seguir caminando. Allen había visto y vivido cosas que le habían hecho abrir los ojos en unos cuantos aspectos, lástima que las secuelas aún estuvieran ahí. Luego de unos instantes notó que Lavi parpadeaba ante la reacción inesperada de su parte; no obstante alzó su dedo pulgar y su sonrisa fue más amplia que la que cuando entró a la casa.
"¡Por supuesto! Después de todo soy bueno en esto"
Tras unos segundos de silencio, tanto Lavi como él, habían estallado en carcajadas.
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Ningún sofá parecía ser lo suficientemente cómodo para descansar, para ninguno —Allen notó—, el sol ya había hecho trasluz en sus ventanas desde la pasada hora, y a él apenas mantenía los párpados abiertos. Miró el reloj grande que adornaba la pared de la sala, pareciéndole imposible que (después de cuatro horas) ambos hubieran terminado de desembalar todo. Por supuesto, el cansancio se debía a sacar las cosas y ubicarlas en cada lado. De la sala al comedor, del comedor a la habitación —las cosas de la cocina las había terminado él— y a excepción que estaba muriendo de hambre nada más faltaba. Oh, claro, llenar la heladera para empezar. Allen se pateó mentalmente de haber olvidado ese detalle; encima no recordaba bien dónde estaban las tiendas desde el lugar dónde estaba… probablemente terminaría pidiéndole a Lavi la ubicación exacta de dónde estaban.
Se habían cometido algunas torpezas que se convertirían en memorias más adelante en estas cuatro horas —o tres y media—, como por ejemplo que Lavi se había tropezado en el pasillo, o que él había roto algunos recuerdos terminando de subir al sillón por los vidrios sueltos (algunos que Lavi pisó por accidente) y otras cosas que, aunque se vieran como pequeñas, le habían hecho sonreír de manera constante. Se removió y abrió la boca para decir algo, pero al girar el rostro lo vio durmiendo despatarrado en el sillón pequeño. No sería un problema sino fuese porque tenía cosas que hacer en estos momentos y no era común dejar a un extraño en tu departamento solo. Pero… él no tenía muchos deseos de despertarlo. Es decir sino hubiese sido por él, probablemente le habría tomado más tiempo dejar el departamento en condiciones. Su maestro le había comentado del hurto en casas ajenas—cosa que Allen había terminado por pensar en que Cross mismo había 'extraído' algo de alguna casa.
Ahora mismo Allen se estaba debatiendo entre despertarlo, o salir él y buscar bien dónde estaba para luego ir a comprar. Lo cual le llevaría más de una hora. Allen suspiró dejando que sus cabellos platinados se deslizaran por entremedio de sus dedos y se levantó del sillón con dificultad. Ahora mismo y después de analizar bien sus posibilidad creyó que hacer caso a su instinto no sería grave una vez —de todas formas las cosas de valor (cómo las que había ganado en apuestas)— las llevaba consigo para venderlas. Apretó su labio mientras salía por la puerta, evitando cualquier ruido innecesario en el proceso, antes de arrepentirse. No estaba seguro si era la decisión correcta, pero bien Lavi vivía un piso arriba según había comentado y no era necesario desconfiar tanto, o bien sí… pero no lo sentía ahora mismo. Sin más ganas de darle vuelta al asunto cerró la puerta y apretó el botón del ascensor. Que pase lo que tenga que pasar.
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Aún no podía creer que se había quedado dormido. ¡Él nunca se quedaba dormido en casa de un extraño! Sea como fuese ahora estaba ahí y después de varias vueltas a la casa, Lavi podía decir que Allen no estaba en ella. O el muchacho era muy ingenuo, o bien se había ganado parte de su confianza. Apostó más por la primera conclusión, después de todo había notado mientras hablaban que él sólo mencionaba cosas superficiales, sin profundizar mucho cuando él le hacía alguna pregunta seria. Suspiró, abstrayendo sus cabellos entre sus manos y notando que él mismo ya estaba en crisis y apenas habían hablado unas horas. Su parte racional (o sea todo él) le estaba diciendo que era imposible sentirse cómodo con un extraño, o bien sonreír de una manera que él mismo no conocía hace años. Ahora, por otro lado tenía hambre, probablemente Allen no se enojaría si tomaría alguna fruta, o algo que tuviese a mano.
Sorpresa fue encontrar tanto la frutera, como la heladera vacía. Se golpeó la frente con la mano mientras creía que era estúpido sorprenderse por ello. Es decir: ¡el chico se había mudado ayer! ¿Qué esperaba? Cómo ese su límite de familiaridad fue hasta la puerta encontrándola abierta y creyendo que ordenar aunque sea una pizza no estaría mal. Además que Allen ya no debía tardar en llegar, porque eran las nueve y media y él se había dormido hace menos de dos horas. Mordió su labio en indecisión mientras tomaba su teléfono. Sería más fácil ir a buscar algo a su casa —claro, sino fuese porque él no sabía cocinar y vivía a comidas ya hechas—, pero nada que sirviera podría encontrar. Es más podía jurar que había visto telas de arañas en los rincones de la alacena.
Primero que nada, Lavi decidió darle los buenos días a Yuu. Además que necesitaba a un psicólogo, porque creía que nada de las últimas sensaciones podían ser producto de su imaginación, o bien de ansiedad al pensar que Allen podía cambiar algo en su vida. Y lo estaba haciendo no todos los días recurría a Kanda como psicólogo. Mordió su labio, lo mejor era no llamarlo ahora; es decir Allen podía aparecer en cualquier momento y escucharlo hablando justamente de él. Eso no ayudaría a la relación (cómo si hubiese alguna todavía). Pensando en tantas cosas a la vez, Lavi se encontró en el balcón mirando hacia el exterior de manera ausente mientras que su mente seguía trabajando de manera inconstante; casi sin rumbo. Es decir: ¿para qué rayos daba vuelta en círculos? Mejor aún, ¿por qué parecía que Allen se estaba comiendo sus neuronas de manera voraz?
Sea como fuese se encontró, luego de tomar aire e ir de un lado para otro, con una foto en dónde el recién mencionado estaba siendo abrazado… por el moreno de la noche. Tomó el retrato en sus manos, parpadeando un poco, viendo la expresión de Allen en él. Fue tomada afuera, dado que el pañuelo cubría el llamativo grisáceo de sus cabellos y el sujeto —Tyki, se acordó de pronto— estaba demasiado cerca. No sabía que ellos fuesen así de cercanos. Es más… viéndola desde esta perspectiva… Lavi sintió que necesita la pizza. Se sentó en el sillón con naturalidad sin dejar de sostener la foto de manera traumática y es que podía ser el novio. Novio. Un chico y otro juntos. Bien, tras digerir esa posibilidad, y sin ser racista, Lavi sintió cualquier cosa menos repulsión hacia la idea. El rostro de él, del otro inclusive se veía pleno. Sin embargo no parecía una relación que representara dicha, o algún otro sinónimo —no, era raro lo que expresaba— ¿desesperación, quizá? No, tampoco eso. Allen se veía igual de desolado que cuando lo conoció, entonces no encontraba el porque de estar con alguien que podía despertar eso.
De todas maneras no eran más que sospechas, o quizá se estaba equivocando. No, demonios, no se equivocaba. Y hasta se sentía un poco celoso del sujeto. Esto ya se estaba poniendo demasiado raro para él. Lavi estaba tan iconfundido/i ahora mismo que desearía volver al agujero de su casa. Sí, justo lo que iba a hacer, de no ser porque la puerta se abrió de golpe encontrándose encima de Allen. No precisamente encima-encima, sino que su rostro golpeó de lleno con el de él. Lavi experimentó por primera vez en su vida el rojo de sus mejillas, porque aunque hubiese sido rápido, el aliento le había chocado inmediatamente. Cuatro pasos para atrás fue lo que hizo a continuación, cayendo encima del sillón. Le sonrió de manera torpe, sin tener en cuenta que el retrato seguía en sus manos, y encima que Allen lo miraba de manera perpleja.
"¿Algo está mal, Lavi?" Suponiendo que debía ser lo más normal de preguntar, Allen se acercó con una bolsa hasta la mesa dejándola ahí y clavando sus ojos grises en él.
"¡A-aah! No, nada, sólo que me-me quedé dormido y como no llega—"
"¿De dónde sacaste la foto?" Le preguntó, sonriéndole, Lavi casi tuvo un ataque cardíaco. O un desplegué de celos —lo cual le hacían recordar que tenía que estar en su departamento— y rápido. Debía arreglar unas cuantas cosas con su cerebro antes de poder hablar palabras coherentes.
¿Podría ser posible, por encima de todo, que sienta una ligera atracción hacia el albino? Cómo bien no, podría ser que sólo fuesen amigos—lo cual era la misma cosa porque no resolvía su problema, esa conclusión no lo dejó tranquilo; él nunca había pensado en esto. Atracción hacia un chico… chico… chico. Allen era una buena persona porqué fijarse en alguien como él. Esto no estaba yendo a ningún lado… sano, concluyó su problema. Y es que era imposible sentir atracción en tan poco tiempo, aunque sus relaciones pasadas decían lo contrario a ello. La atracción era una cosa, sentir algo era otro asunto. Dos cosas distintas y él estaba sufriendo los síntomas de la primera.
"¿Lavi?" Tras un respingo vio que Allen aún seguía frente a él. Con el pañuelo en la cabeza y mirándolo con los ojos bien abiertos, de pronto la mirada parecía comprensible "Él es Tyki, mi ex novio, supongo que estás incómodo con eso…" Se distanció un poco, mientras le dejaba espacio suficiente. "No tienes que obligarte a… um, si estás incómodo; la puerta está abierta" Así como se hincó, le sonrió, el muchacho tomó las bolsas y se fue a la cocina. Él por su parte se había quedado como un tonto mirándolo ir en cámara lenta.
¿Qué acaba de pasar? Mientras procesaba el momento, mientras sentía un gozo increíble de la palabra ex; Lavi estaba realmente confundido y a causa de ello podía haberlo dañado. Se golpeó la cabeza sintiéndose tonto de pronto por haber espantado a alguien que podría ser su amigo en un futuro no muy lejano —ya que no aceptaba la idea de estar atraído hacia el albino— podría ser algún tipo de cariño hacia el menor. Oh, debía ser eso, o sino estaba claramente en negación. ¿Y cómo rayos iba a ser eso? No era psicólogo. Apretó la mandíbula mientras se levantaba del sillón, no podía irse y no arreglar el asunto. El desubicado había resultado él y no Allen precisamente. Además, si se iba ahora sólo podía significar nunca más acercarse y el hecho lo aterraba sin fin. Algún iba a ser las paces con su parte racional, sólo que hoy no era el día ni momento.
Presentando la mejor cara que tenía al momento se asomó para prevenir el terreno de manera lenta, primero había sido su rostro, apenas espiar, para luego escuchar un sollozo. Uno agudo, como si la respiración saliera de manera pausada por la angustia. Era algo evidente que su corazón se apretó en su pecho, y él mismo no sabía como disculparse ahora. Se acercó un poco, Allen estaba de espaldas a él, con las manos en la mesada y sin el pañuelo. Lavi contuvo la respiración mientras pensaba en cual de sus personalidades era la más eficaz para producirle al otro la lástima suficiente como para que no le mostrara mejor la puerta de salida. Sin embargo, como había pasado en un principio, con Allen no sabía cual usar, era mejor la que le saliera primero. Más otro sollozo le hizo saber que debía darse prisa si no quería que Allen pasase del llanto al enfado.
Bien, aquí va:
"Allen… yo lo siento, sólo no llores ¡Es un malentendido!"
"N-no es eso…" murmuró, Lavi se acercó, él mismo sintiendo la vista más irritada de costumbre.
"P-ero estás llorando. ¡¿Y por qué yo también?"
Cuando Allen se dio media vuelta la mitad de una cebolla estaba en sus manos.
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"¡No sabía que cocinaras tan bien! Definitivamente tengo que invitarte a mi departamento algún día" Allen lo miró y se rió; ahora que levantaba los platos de la mesa podía decir que Lavi estaba un poco más animado luego de haberse disculpado. Pero suponiendo la reacción fuese normal, Allen prefirió ignorar la escena. "Um, siento lo de antes."
El albino revoleó los ojos, no necesitaba que le recordara lo que había pasado. Pero bien, Allen ya lo tenía incorporado ese sentimiento. Aunque no sabía bien que había pasado con Lavi cuando pasó la puerta. No, realmente ya había sido una sorpresa haberlo visto rojo, para luego pasar al pálido de pronto —casi en cuestión de segundos—; cuando una persona sonríe todo el tiempo y luego los rasgos faciales se tornan como los de él… no es seguro que pasó. Mordió su labio mientras terminaba de lavar el primer plato, encontrándose con Lavi a su lado y un repasador en manos. Allen parpadeó comprendiendo que iba a ayudarlo en secar.
"No te preocupes por lo que pasó" Le mencionó, sonriendo de manera calma mientras terminaba con un vaso. "Supongo que es normal, cómo el color de mi cabello" Con esa pregunta lo miró de reojo esperando a ver cual sería la respuesta de Lavi, sin embargo éste no se notaba tenso, o algo por el estilo… sino tranquilo. Allen sentía que aprender un poco de él era mandarlo a la borda en cuestión de segundos.
"Nah, además iba a preguntarte porque lo ocultas" Con la mano mojada buscó el nudo dejando que el pañuelo cayera al suelo. "No es necesario; no creo que a tus amigos les importe" Fue rápido, así como la mano de Lavi tocó ligeramente sus cabellos siguió secando las cosas. Allen respiró hondo, ya no sintiéndose inhibido como de costumbre.
Ahora que se ponía a pensar Lenalee le había insistido desde hace bastante a que era un mal hábito, sin embargo… eso no significaba que se haya ido. De hecho, así como ella se lo había hecho notar pensó que más personas lo notarían. Suspiró una vez más, sacudió sus manos mojadas, secándolas con el trapo antes de ver la pileta vacía y concentrarse en ir a la sala. Le hizo una seña a Lavi para que lo siguiera, y escuchó los pasos detrás de manera tranquila, casi imperceptible. Normalmente Allen no pasaba tanto tiempo con personas que no conocía, pero ya pasado el mediodía estaba analizando cómo matar el tiempo hasta las nueve de la noche mínimo. Aunque eso no significase que el muchacho no tuviera que dormir. Que él fuese a pasar la tarde para no quedarse dormido mañana era una cosa, Lavi era otra.
También, recordando, Lavi empezaba a trabajar desde mañana con ellos —sólo unos días, al menos los suficientes para terminar de pintar el lugar—; Lenalee le había mostrado la confitería ni bien había llegado a esta parte del mundo, notando el diseño decorativo de enfrente pero con algunas fallas de pintura y fue entonces cuando le comento que su hermano estaba queriendo re-abrir el lugar. Ella había hecho un gesto de cansancio y fue entonces cuando comentó que Miranda estaba buscando empleo. Mañana era lo mejor estar a horario, había mucho trabajo antes de que pudieran re-abrir. Volviendo su consciencia a la realidad Allen miró a Lavi… sin la menor intención de irse —o que se había encariñado con el sofá—; puesto que se lo veía demasiado tranquilo. Allen se sentó a su lado mirando al costado.
"¿No vas a dormir, Lavi?" No era que lo echara, sino tenía curiosidad.
"No, y creo que tu tampoco" Con una sonrisa plena, el muchacho lo enfrentó de costado. "Ah, ya sé. En vista de que tienes DVD sé un buen lugar dónde alquilar, Moyashi"
"¿Mo-Moyashi?" Preguntó tras digerir el nuevo nombre que Lavi le estaba dando. ¡Él no era un brote habas! Sintió la venita de la sien explotarle en cuestión de segundos.
"Aww, es que Yuu te llamó así" Cruzó una pierna sobre el muslo mientras buscaba el teléfono del videoclub. "¿Qué crees que deberíamos ver, Moyashi?"
"¡Es Allen!"
"También creo que Apocalipsis es buena película, ¿alquilamos esa?" Allen tuvo la impresión de tener que acostumbrarse a este nuevo sobrenombre.
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tbc
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