Nota: Como ya saben que los personajes y lugares son obra del buen profesor Tolkien. Yo sigo con la necedad de destruir su amada historia y ustedes con la amabilidad de seguir leyendo.
Capítulo 3
Celegorm y Lúthien llegaron a las fronteras septentrionales de Doriath donde el camino parecía bifurcarse en dos direcciones. Doriath al sur o Himring al este. Celegorm no quería ir a Himring, tendría que dar muchas explicaciones sobre Lúthien, además seguramente ella le contaría todo a Maedhros quien no lo pensaría dos veces para regresarla con Thingol, sin contar con los sermones que recibiría. No, Himring no parecía una buena opción. En Doriath se ahorraría toda la reprimenda de su hermano, pero igual se quedaría en nada, seguramente más que un frío agradecimiento del elfo gris, no obtendría nada y de seguro Lúthien volvería a escapar. Si lo hizo una vez seguramente lo volvería a hacer porque esos elfos oscuros no eran capaces ni de proteger sus propias fronteras, de no haber sido por él y sus hermanos hacía tiempo que Morgoth se habría apoderado todos los territorios. Incluso Aegnor y Angrod hicieron más que simplemente esperar que el enemigo no les encuentre.
Vamos, estaba divagando de nuevo, el tiempo se acababa y había que tomar una decisión pronto. Vio a Lúthien que caminaba a lado de Huan en silencio. ¿Por qué insistía en llegar hasta las mismas puertas de Angband ella sola, o acompañada del humano Beren, que para el caso le resultaba una ayuda tan inútil como la de llevar un espantapájaros? De pronto una idea vino a su mente, probablemente ella tenía un plan para encontrar a Beren y recuperar un Silmaril. Por Beren no se preocupaba, a estas horas ya debería estar muerto, pero los Silmarili. Si Lúthien sabía o tenía algún modo de obtenerlos debería averiguarlo. Con los Silmarili en su poder alcanzaría más poder que cualquiera de los actuales reyes, más que cualquier elfo sinda o noldo.
Tomó la decisión, no iría ni a Himring ni a Doriath, iría a Thangorodrim no porque le ataba el juramento sino porque y su amor propio no le permitía perder ante un mugroso humano el afecto de la hermosa Lúthien y de paso podría lograr más poder que cualquiera de sus hermanos.
Ideó un plan para que Lúthien cooperara con él y le dijera sus planes para ir a Angband, se daba cuenta perfectamente, de que siendo la hija de una maia, Lúthien tenía magia poderosa, que simplemente no usaba y que era mal aprovechada.
—Por allá están los guardias de la frontera de tu padre —le dijo —vamos, de seguro le alegrará tenerte de nuevo a su lado.
—No pienso volver a Doriath si no es con Beren.
—Otra vez con lo mismo —Dijo con su acostumbrado tono de burla cuando Lúthien hablaba de Beren — ¿Y cómo piensas encontrarle, vas a ir a Thangorodrim tú sola?
—Lo haré si es necesario.
—Ni siquiera traes zapatos adecuados para el viaje, no esperes que el suave césped crezca debajo tus pies en Anfauglith.
Lúthien se dio cuenta de que estaba descalza y que el otoño estaba por terminar. Como le molestaba que Celegorm tuviera razón.
—Sé que no eres tan tonta como aparentas —dijo Celegorm disfrutando cada momento en que Lúthien parecían enfurecerse más y más —Tienes un plan, pero no podrás llevarlo a cabo sola, y como Beren no está aquí para ayudarte, solo te queda una opción.
Lúthien supo inmediatamente a qué se refería Celegorm, pero como detestaba a este elfo.
—¿Por qué habrías de ayudarme?
—Exacto, Porque habría, pero si sabes como ingresar en Angband y obtener siquiera un Silmaril de la corona de Morgoth, quisiera verlo —Lúthien apartó la mirada —, pero ¿de que te serviría un Silmaril si Beren estuviera muerto ya?
—Eso no puedes asegurarlo.
—Claro que no, tendríamos que ir a Thangorodrim a averiguarlo. No te va a ser fácil traspasar las murallas de hierro y caminar por el terreno yermo, mientras los humos llenan tu olfato y apagan la luz de tus ojos. Es muy duro para un elfo, ¿sabes lo difícil que debe ser para un simple mortal? No creo que puedas llegar rápidamente, porque para cuando llegues una vez que termine el invierno puede que no encuentres ni los huesos de ese humano.
—¿Qué propones entonces?
—Un trato simple, tú obtienes lo tuyo y yo lo mío. Vamos a Thangorodrim, tú buscas a Beren y yo recupero los silmarili que tenías planeado robar, y cada uno regresa a su casa o donde sea que ese humano quiera llevarte.
—No me parece justo. Sin un silmaril mi padre no consentirá que me despose con Beren.
—Es que ese tema no es algo que me concierna —dijo Celegorm con su habitual cinismo, pero luego cambió a un tono casi amable para añadir—a mí solo. Tendría que hablar con mis hermanos, ya que hemos hecho juramento los siete —luego vio como Lúthien se mostraba interesada —, pero puede que sean flexibles si les damos dos, que es mejor que nada. Pero recuerda, es algo que todavía no está definido, no te puedo asegurar que accedan, pero intercederé a tu favor con mis hermanos. Usualmente siempre obtengo lo que quiero
Las intenciones de Celegorm por supuesto eran otras, no le daría ningún Silmaril a Lúthien, si acaso cedería uno a cambio de la mano de Tinúviel, como un canje temporal, porque pensaba hacerse del control de Doriath una vez dentro. Si no pudo hacerse con Nargothrond, por lo menos le quedaba el reino escondido de Melian y la mano de la hermosa Lúthien.
—Acepto el trato —dijo Lúthien extendiéndole la mano al modo de los humanos. Celegorm sonrió y le dio la mano y la jaló hacía sí tomándola en un fuerte abrazo.
Lúthien estaba sorprendida por el descaro de Celegorm, como se atrevía a abrazarla sin su permiso, él le miraba fijamente a los ojos y sintió como el rostro del elfo noldo se acercaba más y más al de ella como si fuera a besarla. Tinúviel abrió la boca para protestar y darle una darle una merecida cachetada, cuando sintió la tibia mano de Tyelkormo sobre su boca.
—¡Shh! No hagas ruido, los guardias de tu padre pueden oírnos —De un salto llevó a Lúthien entre unos matorrales, mientras Huan les seguía igual de sigiloso a un sitio más alejado donde estuvieran fuera del alcance de los vigilantes de la frontera que se aproximaban.
—¿No habrás pensado que iba a besarte? —Dijo Celegorm como buscando molestar más a la hija de Thingol —No eres tan irresistible como piensas. Además esperaré a que me pidas que te dé un beso.
—Te detesto —Lúthien le dirigió una mirada de enojo —. Lo único que te pediría es que te alejes de mí.
—Si hicieras eso ninguno de los dos obtendría lo que quiere —dijo Turkafinwë con cinismo mientras el sabueso le dirigía una mirada de reproche —. Bueno, no hay que distraerse, es mejor ir por provisiones. Ven Huan.
Huan se acercó y Tyelko susurró unas palabras al oído del sabueso que salió del escondite y se fue corriendo hacia los guardias.
—Qué bonito perro —dijo uno de ellos cuando el buen sabueso se aproximó mansamente —¿Quieres algo de comer?
Por toda respuesta Huan tomó el carcaj del elfo y se fue corriendo.
—¡Regresa, eso es mío y lo necesito! —el elfo acompañado de los otros guardias se fueron detrás de Huan.
Fue el momento que aprovechó Celegorm para hacerse con algunas provisiones y de paso halló un par de botas para Lúthien. Cuando volvió vio que la doncella temblaba porque el invierno se adelantó y unos pequeños copos comenzaban a caer.
—Ten esto y abrígate, que hija de maia o no igual sientes frío —le alcanzó un manto y las botas.
—Las botas no me quedan —protestó ella
—Es que los elfos de las fronteras no suelen andar con calzados para damas —Celegorm usó otra vez su tono sarcástico —, es eso o caminar descalza.
—No pienso ponerme unas botas robadas.
—¡Qué terquedad de las princesas! Se nota que te mimaron mucho.
—Mira quien habla, un príncipe que consigue todo lo que quiere.
—¡Auch! Ese es un golpe bajo.
Tinúviel se sintió satisfecha por haber ganado la discusión.
Hubieran seguido discutiendo, pero Haun volvió con ellos. Se notaba que el sabueso estaba contento. Todo le había parecido un juego, aunque a los doriathrim no les hubiese causado gracia.
—¿Te divertiste? —dijo Celegorm acariciando la cabeza del can y sonriendo como si volviera a estar en Valinor de nuevo, una muestra de verdadero afecto y como cambiaba el hijo de Fëanor, como si de pronto ninguna maldición pesara sobre él. Lúthien notó este cambio por un breve momento, porque de pronto se volvió hacia ella y todo fue como antes.
—Vamos, o no tienes prisa por encontrar a ese mugriento humano.
—Nunca debí haber accedido a que me acompañaras.
