Capítulo III
Legian emprendía su recorrido hacia el castillo, la hierba parecía tomar vigor y su color reverdecía a su paso, una bocanada de vida en una zona olvidada por la luz de la justicia.
Algunos no muertos fueron juntándose alrededor de la carroña humana, indiferentes de un mundo que contemplaba la desolación.
El sonido los alerto, tenue casi inapreciable, era el ruido de la gramilla triturándose bajo las suelas
de unas sandalias que sobre un paso aminorado iban en dirección a la gran puerta.
Instantáneamente todos miraron al usurpador casi sin sorprenderse de que estuviera con vida
Pero tampoco hicieron ademan alguno demostrando hostilidad, solo se ocuparon de visualizar
Tal acto casi esperando sucediera algo que no planificado, ni siquiera por ellos.
A unos 100 metros de distancia se oyó un zumbido sobre el viento, casi como cortándolo
En seco y luego una estampida irrumpió frente al caminante, como un pequeño pedazo de roca caída del cielo y luego una onda expansiva que movió una pequeña capa atada a su cuello.
-No sé qué haces aquí, pero no eres bienvenido a estas tierras. Así que márchate por donde viniste
Y no serás atacado mago. Nuestros enemigos han sido aniquilados y la amenaza se ha ido junto con ellos, no necesitamos más muertes en vano-.
El mago levanto su cabeza mirando al enorme vampiro a los ojos, sonriendo levemente hasta volver a una gesto casi adusto, cuando se escucho las bisagras rechinar aquejando el padeciendo del enorme peso de la madera casi petrificada que abrían sus puertas al viajero inesperado.
No hubo señal que atestiguara lo factico del mismo, ni tampoco pudo atribuirse ante el universo
Que las puertas se abrían por su causa, solo lo sabían sus ojos y los del Conde que degustaba una copa de vino en algún lugar dentro del castillo, no era como la sangre real pero sus virtudes activaban otro tipo de placeres.
Kobal el segundo vampiro al mando sintió una frustración enorme al tener que quitarse del camino del mago, sus ojos no podían evitar, con su mejor cara casi condescendiente obligo a sus músculos que hicieran un gesto que su alma reprobaban.
Era la hora de demostrar su real valía ante el máximo juez y que no solo era el segundo por una cuestión de casta familiar. ¿Había esperado este momento por una eternidad y le seria arrebatado por una simple decisión? Estaba lleno de furia por tener que aplazar lo que por derecho merecía.
Solo se quedo perplejo masticando bilis mientras inflaba su pecho con los ojos fijos en el visitante.
¡Qué amabilidad! Soltó alegremente Legian Taukuri al ver que el castillo lo recibía como un simple mensajero que no podía ser atacado, pero su insolencia por el momento no era más grande que
el deseo de Kobal por arrancarle el corazón y tragarlo sin más. ¡Diablos lo merecía!
Una vez cruzada las enormes puertas destellaron los marcos de la misma con un color cobrizo tanto o más brillante que el oro. Legian sabía que no podía volver atrás, ni escapar, no por esa puerta, ya no.
Nunca manejo la idea de marcharse, no hasta terminar con lo que había venido a hacer.
La enorme puerta se cerro casi de golpe y las paredes temblaron literalmente y sus pies descubiertos se llenaron de polvillo.
De repente se encontró casi con un triangulo perfecto detrás de la fachada de piedra y granito lo que perfectamente desde afuera asumió como los límites del gran precipicio que le daban un tinte casi infranqueable. Casi una mazmorra desde lo visual, había grilletes en las paredes y sangre que demarcaban cientos de manos y manos enormes que también sobresalían por sobre el fatídico túmulo. Legian pensó en sus adentros; "Dios sabe lo que ha sufrido esta gente"
Solo un pequeño detalle se le había escapado, desde los laterales del castillo había tantos calabozos como dedos tenia. Solo pudo explicarse esto; el castillo tenía una capacidad de mostrar otra cara desde hacia exterior y al haber traspasado sus puertas podía ver la lúgubre realidad del mismo como su real fachada. La magia maligna tenía un origen, ya no en si misma sino en un huésped, el mayor de todos, podía ver su brazo ejecutor.
Otra fotografía era la que coexistía en estas dos realidades, las ventanas ahora eran barrotes, los jardines eran enredaderas marchitas con afiladas espinas que sobresalían de la tierra oscura y pedregosa.
El escenario había cambiado y las reglas también, o mejor dicho… ¿Reglas aquí? Nunca las hubo pensó.
Un leve frio le corrió por la espalda, quizás no fuera miedo, pero desde que paso su humanidad por esa puerta sentía que el castillo lo miraba, sentía una entidad a su alrededor casi tras sus pasos, se sentía estudiado de alguna forma hasta que le olían en sus mejillas .
Tenía frente unos tantos metros, casi unos 50 hasta lo que sería la entrada al castillo en sí mismo, donde lo esperaba una puerta de hierro oxidada de unos 20 metros cuadrados, maciza en apariencia.
De pronto pudo notar que sus sandalias ya no emitían el típico sonido al resquebrajar del piso en pequeñas piedrillas, más raro aun teniendo en cuenta que el piso parecía artificial y tenía una dureza muy cercana al concreto, aunque a la vista pareciera tierra seca, piedras y arena.
Al levantar su pie del terreno vio que la suela se adhería al piso y hasta se hundía levemente en este.
También noto que algo emitía olor que se le antojada a quemado, difícil de apreciar desde la experiencia tangible pero algo era muy concreto, la tierra se estaba fundiendo a su alrededor y desde las paredes se podía avizorar un humo blanco casi ceniza.
La tierra se estaba calentando a tal paso que podría fundirse en segundos, parecía tener su origen en la cercanía de los grilletes ensangrentados a su lado izquierdo.
A esta altura el olor ya era metálico y la tierra en ese diámetro presentaba un color rojo fundición y este emitía un fulgor que ya alcanzaba los límites de las paredes. Ya podía oírse como hervían materiales ferrosos con la piedra, y lo que sea que haya formado parte.
Como en un coliseo podía escucharse las masas que se encontraban aparentemente en esas mazmorras coreando al unisonó;"! Libéranos, suéltanos, sácanos de aquí!"
Cada vez con mas efusividad y mas ahínco, golpeaban puertas y sacudían grilletes, para de repente acallarse por completo!
Sobre exaltado por tales eventos el mago perdió de vista la gran mancha roja humeante y parecía
que algo de proporciones enormes intentaba salir, la tierra lo expulsaba lentamente como si estuviera pariendo una gran bola. La tierra amarga estaba escupiendo, una gran bola de fuego Amorfa con lo que parecía una gran cabeza con cavidades por ojos fijos en el mago.
