La despedida con mamá fue un poco dura o en otras palabras pesada. Ella me preguntó como cien veces si no olvidaba nada y que si necesitaba más tiempo para pensarlo mejor lo de una universidad tan lejos de casa, y yo cien veces le respondí que sí, pero siguió insistiendo hasta que me subí al avión.
Si yo tan solo hubiera dicho que necesitaba tiempo para pensarlo mejor, ella seguramente me daría un discurso de que tengo que ser fuerte y que seguro podría resumen solo me preguntaba eso porque quería hacer el papel de madre comprensiva, cosa que jamás fue. Ella desea aún más que yo esa universidad.
Dormí casi todo el vuelo, las pastillas que me compré para dormir eran increíbles. Yo no soy de usar ese tipo de cosas, pero yo tengo cierto temor a los aviones y más hoy que viajé sola, al menos las otras veces siempre estaba la muñeca de mi madre o la mano de mi hermano a mi lado. Cuando salí del avión estaba un poco perdida, pasó demasiado tiempo desde que estuve aquí. Además que cuando era niña, no me parecía suficientemente excitante un aeropuerto, por lo que nunca le presté demasiada atención.
—¡Hinata! —gritó alguien entre la multitud del aeropuerto, me di vuelta y vi a mi tía agitando la mano y dirigiéndose a mi. Cuando llegó me dio un abrazo—. ¡Oh por dios! ¡Mira que grande estas! ¡Y qué hermosa!
No me consideraba hermosa, quiero decir no soy fea pero no me considero una chica guapa. Tengo el pelo largo y negro azulado, ojos perlas como los de mi padre, No soy flaca, soy más normal y mido 1,62.
—Gracias —dije con una sonrisa forzada.
No estoy especialmente feliz por ver a Kushina. Ella nunca tuvo interés en vernos. Mi madre llamó muchas veces por cuatro años, pero rara vez devolvía las llamadas. Después de un tiempo dejó de llamar. Fue como que de un momento a otro no nos quería ver mas y ninguno supo porqué.
Mi madre la llamó otra vez hace dos semanas solo para preguntarle si podía quedarme con ella un tiempo mientras estaba en la universidad. Un apartamento salia demasiado y mi madre no me tenía la suficiente confianza como para dejarme vivir sola. Así que en resumen era vivir con Kushina e ir a la universidad Lindel o ir a la estatal en Seattle. No lo tuve que pensar mucho la verdad.
Aunque en realidad fue un juego mental, como todo lo que hacia ella. Ella no permitirá, bajo ningún punto de vista, que yo dejara ir la oportunidad de ir a Lindel. Es la universidad que ambas siempre soñamos. Solo me amenazó porque es su mejor manera de hacerme obedecer y lo sabe. Sabe que ella me aterra más que el mismísimo diablo.
Esta universidad tiene una característica que no tienen otras instituciones. Es bastante estricta. No dejan que te pases de listo. Ya se, se supone que en la universidad puedes hacer tu vida, hacer las cosas que quieres, pero en esta no es así. Si aceptaste y aplicaste para esta universidad, son sus órdenes y sus reglas. Tienes que ir a clase, no debes llegar tarde, debes cumplir cada uno de los deberes que te mandan... En resumen no salí de la secundaria, pero la diferencia es que cuando salga de aquí voy a tener un titulo.
—¿Cómo estuvo el vuelo? —preguntó ella mientras miraba mi ropa. Llevaba puesto unos jeans gastados, unas zapatillas vans y una camiseta. Miré la ropa de ella y estaba muy formal, tenía unos tacones que si yo me los pusiera me rompería el cuello, una falda tipo lápiz y una camisa blanca. Su aspecto físico no estaba para nada mal. Pasaron 10 años y estaba tal cual la recordaba. Su pelo rojo intenso estaba perfectamente peinado y se maquilló bastante bien para la ocasión, sus ojos son cafés y su piel es blanca.
Levanté la vista y ella estaba mirando para todos lados. Seguramente esperando no encontrar a nadie conocido para no ser vista conmigo.
«No estas haciendo ningun punto a tu favor, Kushina» me dije a mí misma.
—Bastante bien —Me limité a decir. Ella volvió su mirada a mi y me sonrió. La sonrisa más falsa que vi en mi vida.
—Bueno, vamos a casa y en el camino me cuentas todos los detalles de cómo fue tu vida en estos 8 años que no te he visto.
Técnicamente nos la pasamos hablando de su vida, de su ex novio, de su trabajo, del esfuerzo que hizo por Naruto todos estos años y un par de cosas mas que no escuche.
Llegamos a la entrada después de cuarenta y cinco minutos, cuando salí el coche vi una casa gigante de dos pisos. Se ve que Kushina gana muy bien en su trabajo.
—Déjame ayudarte con tu equipaje —Ella quitó el equipaje de mi mano y se dirigió a la casa.
—No hace falta —Negué con la cabeza y la seguí.
Ella no respondió y entró por el umbral. Cuando pase junto a ella en la sala no puede evitar abrir la boca por el asombro.
Era la sala más hermosa que vi en mi vida. Contra el ventanal que está a la derecha hay un sofá Chaise Longue blanco y a sus lados unas lámparas, una mesita de café hecha de vidrio en frente del sofá y alrededor de toda esta parte de la sala está llena de cuadros. Luego a mi izquierda está la escalera y en frente de mi un pasillo lleno de puertas.
—¿Cuántas cosas llevas ahí dentro? —preguntó casi jadeando, yo me encogí de hombros
—Las necesarias para vivir aquí. —dije contemplando esta hermosa casa.
—Bueno este es tu nuevo hogar ahora, espero que sea de tu agrado. —Me reí.
—Si es muy bonito. —Bonito es poco para lo que es todo esto. Si esto es la sala ya me imagino lo que será cada habitación de esta casa.
—Que bueno que te guste, sígueme te llevare a tu habitación. —La seguí, cargando mis maletas esta vez. Subimos las escaleras y había un pasillo con cuatro puertas, paramos en la última de ellas y Kushina abrió la puerta. Se corrió para permitirme pasar y mi boca se abrió aún más que cuando vi la sala.
La habitación era gigante y estaba pintada de un azul francés bastante delicado. La cama estaba contra la pared frente a mí, era de dos plazas y sus sábanas combinaban con el color de la habitación. A su lado hay una mesita con una lámpara de lava apoyada en ella. Contra la pared del lado izquierdo un escritorio con una Laptop y en la pared del lado derecho una estantería muy moderna, a su lado una puerta blanca. Me acerco a esa puerta y es un armario chico pero entra toda mi ropa aquí, cuando cierro la puerta miro a Kushina con mi expresión de asombro todavía en mi rostro.
—Esta es tu habitación, ponte cómoda. Yo me tengo que ir a trabajar, si necesitas algo no dudes en llamarme, mi teléfono está en el refrigerador en la cocina y creo que Naruto, está en su habitación. Él no vive aquí, vive en un apartamento cerca de Bloomsbury, se está quedando aquí un tiempo por unos problemas que tiene en su casa. —No entendía porqué me estaba aclarando eso, pero solo asentí con la cabeza—. Bueno de todas formas, si necesitas algo llámalo —dijo ella señalándome la habitación del frente.
—No hay problema, gracias por dejarme quedarme y bueno por todo esto —Levanté ligeramente mi mano y señalé esta habitación.
«Mi habitación» ¿Debería considerarla mía?
—Cariño, no hace falta que me agradezcas es un gusto tenerte aquí —dijo y se fue apurada.
No pude evitar mirar la puerta de enfrente, ¿Estaría Naruto allí? ¡¿No era que se había mudado hace mucho?! Creí que no iba a verlo nunca más. Puede que esté actuando muy infantilmente al seguir pensando en algo que pasó hace ocho años, pero fue mi primer beso y es imposible olvidar que él me lo dio.
Después de varios segundos pensando que debería hacer, decidí tratar de superar todo lo del pasado. El primer paso para hacerlo es saludarlo creo... así que toqué la puerta una vez y un chico de piel canela alto, delgado, y muy apuesto la abrió. No pude evitar ver sus ojos, eran la cosa más hermosa que vi jamás, eran color azul, creo. Era difícil identificar qué color eran pero son bellísimos.
Tenía el pelo rubio y desaliñado con unas marcas en sus mejillas que le daban aspecto de andar al acecho, las ganas de tocarlas eran demasiadas. Después bajé mi mirada a sus labios. Eran labios carnosos, parecían ser dulces y suaves.
«¿Que estoy haciendo? ¿Por qué estoy actuando así? ¡Él está mirándote tonta! ¡Parece que quieres comerlo! ¡Reacciona Hinata!» Me di cuenta en el momento, él estaba mirándome serio, sus ojos estaban brillantes y sus pupilas se dilataron, estábamos muy cerca uno del otro, él estaba respirando muy fuerte y sentía su aliento cálido chocando en mi cara.
—Hola —dije separandome de él y mirando el piso. Mi voz no sonó tan inestable como me sentía por dentro
—Hola —dijo él, apoyado en el marco de la puerta. ¿Qué le pasó al niño que había conocido? Esperaba a ese chico flacucho y bajito, pero en su lugar hay un chico alto y guapísimo.
—Eh, cuanto tiempo. —Lo miré esperando que el calor que sentí en mis mejillas haya desaparecido—. ¿Como has estado?
—No me quejo —dijo de forma fría y cortante.
—Oh, Está bien, yo solo vine a saludar y... —No se me ocurría nada.
—Bueno, ya lo hiciste, creo que es todo —dijo él y me cerró la puerta en la cara.
¡¿QUÉ LE PASA?! ¿Quien se cree? No lo entiendo, ¿Por qué me trato así? ¡Yo no le he hecho nada! Enojada me di la vuelta y entré en mi habitación azotando la puerta.
Esa misma tarde cuando desempaqué casi todas las cosas, empecé a buscar el baño. Entré en la 4 puerta, la que está al lado de la escalera y él estaba allí con una toalla en su cintura dejando todo su pecho al descubierto, mi corazón empezó a latir muy rápido.
Me quedé mirándolo un largo rato su fuerte y definido cuerpo, definitivamente hacía ejercicio. Luego miré su rostro estaba mirándome con esa profundidad en sus ojos, había una expresión desgarradora en su rostro. Entré sin permiso al baño y estoy aquí hace cinco minutos contemplando el cuerpo de mi primo medio desnudo. No pude evitar sonrojarme.
—Lo siento —dije. Me di la vuelta y empecé a cerrar la puerta, pero algo me detenía. Me volví para ver porque no podía cerrarla y dejar de humillarme a mí misma cuando me di cuenta que era él.
Tenía su mano en el extremo de la puerta, estábamos a centímetros uno del otro, otra vez podía sentir su respiración en mi cara. Mi corazón latía tan rápido y fuerte que tenía miedo que él lo oyera. Nos estábamos mirando fijamente a los ojos, sus pupilas dilatándose una vez más y de allí el bajó su mirada a mis labios, empezó a acercarse despacio hasta que nuestros labios apenas se rozaban, se sentía tan cálido, tan dulce...
—¡Estoy en casa! —gritó la madre de Naruto, desde la sala. Él seguía en la misma posición sin moverse, ni mover sus ojos de los míos.
Al cabo de unos segundos más disfrutando cada hermosa facción de su rostro cerca del mío y su caliente respiración en mi cara me separe de él, no podía permitir que Kushina nos encontrara de esta forma.
Me di la vuelta y me dirigí a mi habitación, entré en ella sin mirar atrás y me quedé viendo la oscuridad de mi habitación.
¿Qué acabamos de hacer? Bueno, técnicamente no hicimos nada pero estuvimos por besarnos, ¿o no? No creo que él haya tenido esa intención con la reacción de esta mañana y también está el detalle en el que somos primos y es imposible que podamos hacer nada, esta mal. O al menos para la mayoría de la gente lo está.
Lo que pasó hace ocho años era cosa de niños, ninguno sabía lo que hacía pero ahora ya somos adultos y sabemos que lo que hicimos en aquel entonces esta mal y nunca debería pasar de nuevo.
Me acosté en mi cama y puse mi cara contra la almohada soltando una especie de gemido ¿Como puede ser posible que el corazón me lata tan rápido aún? Sigo sonrojada y estoy segura que si hablo voy a tartamudear como hago siempre que estoy nerviosa.
Estoy inventando cosas. Pasaron 8 años y es imposible que él tenga estas intenciones conmigo, estoy estresada por lo del viaje y cambio de rutina, nada más. Necesito descansar.
Me puse el pijama y me acomodé en mi cama. Al cerrar los ojos las imágenes mías y de Naruto en el baño aparecieron en mi cabeza, los volví a abrir y suspiré. Va a ser una noche muy larga...
Él sigue sintiendo cosas por ella ¿Es lógico, no?
