Hola, gente! ¿Cómo están? ¡Disculpen la espera, pero es que los maestros andaban de "trabajadores"! Pues aquí les dejo el siguiente chap de mi historia, ¡ojalá les guste!
Capítulo 3:
Arien abrió los ojos perezosamente. Parpadeó un par de veces y se sorprendió momentáneamente del cambio de decoración. Después su mente comenzó a recordarle, poco a poco, lo acontecido esa misma mañana, aunque ella sentía como si hubiera dormido durante días y días y el viaje en barco y la audiencia ante los monarcas de Narnia no hubieran sido más que un sueño muy largo. Se incorporó con lentitud y miró a su alrededor. Se dio cuenta de que alguien había corrido las cortinas y les habían quitado los zapatos para arroparlos, tanto a ella como a su hermano, que aún andaba por la Séptima Baba. Ella sonrió al ver como su gemelo aún dormía como si no hubiera un mañana. Al ponerse de pie, se dio cuenta de que les habían dejado ropas en una cómoda cerca de las camas, para sustituir los andrajos que traían puestos. Sonrió, agradeciendo en silencio a los reyes narnianos, y fue a lavarse, pues entre más despierta estaba, más notaba el olor penetrante a sal que salía de su cabello y de todo su cuerpo, y que la hacía sentirse como un pescado a punto de caer en la sartén.
-¿Aun no regresa Peter, Su?
-No, Lucy. Dijo que iba a discutir con los capitanes de los barcos y los embajadores y toda esa jerga- le dijo Susan encogiéndose de hombros. Después le dijo a una dríade que pasaba por ahí que si era tan amable de poner más flores en los jarrones, por favor. Como era el espíritu de un cerezo, los grandes jarrones pronto estuvieron llenos de diminutas y delicadas florecitas rosas. La reina Susan se había propuesto darles una bienvenida como se merecían a los príncipes de Brenn, así que estaba disponiendo todo para la cena. Lucy, que acababa de regresar de los jardines con Aravis, los gemelos y el señor Tumnus, se había unido a su hermana.
-¿Edmund fue con él?
-Claro. Él entiende mucho de esas cosas también…. ¿Les dijiste a los gemelos que se cambiaran?
-Si. Y sé como eres de quisquillosa con la mugre y el sudor- Lucy le guiñó un ojo y Susan no pudo evitar sonreír- iré por nuestros invitados del otro lado del mar.
-¡Los Reyes regresan! ¡Bajen el puente!- el puente blanco de Cair Paravel se extendió para recibir a los dos monarcas. Ambos bajaron de sus caballos y fueron recibidos por su hermana Susan. Se dirigieron juntos hacia el Gran Comedor, comentando las nuevas a su hermana. Susan solo escuchaba calladamente. Solamente esperaba que los niños de Brenn tuvieran el buen juicio de escuchar a sus hermanos y no se precipitaran, como sabría que haría Corin en cuanto lo escuchara.
Asath se tallaba con una parsimonia que daba risa. Estaba más dormido que despierto, y tenía una cara de zombie desvelado que el agua fresca aún no lograba quitar. Su hermana, pasaba junto al biombo continuamente, urgiéndolo a que se apurara. Después de despertar más o menos y haber logrado remover también el olor a sal que despedía, tomó la túnica que habían dejado para él. Era azul también, aunque estaba nueva y era muy cómoda. Arien ya se encontraba vestida, con una especie de pantalón ligero abajo del vestido, a la usanza de su tierra, y estaba cepillando su corto cabello negro, que apenas y rebasaba sus hombros. Había abierto las cortinas, y el sol tiñendo de colores las nubes les indicaba que ya estaba por anochecer.
-¡Asath! ¿Ya te…?
-Ya voy, caray, ya estoy listo. Como exageras a veces, niña…
Ambos se miraron un momento con el ceño fruncido. Pero, como siempre, el ver al otro con esa cara les daba risa. Alguien tocó a la puerta.
-¡Adelante!
Ambos se sorprendieron y se pusieron muy firmes cuando entro la reina Lucy. Pero su sonrisa era muy tranquilizadora y les quitó lo tieso.
-¿Durmieron bien?- les preguntó- ¿Descansaron lo suficiente?
-Uno de los sueños más reparadores en bastante tiempo, majestad- le contestó Asath, mientras ambos hacían una reverencia. Lucy se rió un poco ante los rígidos modales de los mellizos. En fin, quizá era las fatigas del viaje y el país nuevo…
-Vengo por ustedes para ir a cenar. Todos los estamos esperando con ansia abajo.
-Muchas gracias- Arien le dedicó una sonrisa- no se hubiera molestado, majes…- la frase de cortesía básica fue interrumpida por dos poderosos sonidos emitidos al unísono: el de dos juegos de tripas clamando por alimento. Los gemelos se pusieron rojos, pero Lucy lo encontró muy divertido.
-Vamos, no se preocupen tanto… mejor acompáñenme para calmar sus ímpetus- señaló vagamente los estómagos de los príncipes. Éstos, muy avergonzados pero ya más relajados y sonrientes, asintieron y acompañaron a la reina Lucy. Al llegar ante las puertas del Gran Salón, Arien se colgó del brazo de su hermano y sintió como él también moría de nervios, aunque no se le notara tanto. Después de darse aliento mutuamente con una mirada, se dispusieron a entrar tras la reina Lucy. Lo que vieron al abrirse las puertas los dejó deslumbrados.
La platería centelleaba bajo los candelabros, con llamitas tan suaves que podían confundirse con rescoldos de la luz del sol. Sobre el mantel ya estaban los platillos, bastante ornamentados y que despedían un olor delicioso, sobre todo para personas que comieron pescado semi-crudo durante tres días. Las garras de león de las patas de la mesa sobresalían entre la blancura del mantel, y en las sillas de madera, talladas muy cuidadosa y monumentalmente, estaban sentados todos los cortesanos; dríades, faunos, varios humanos y hasta un par de grifos por ahí. Las sillas en el extremo opuesto de la mesa de donde habían entrado las ocupaban ya los reyes de Narnia. Al lado de Edmund había una silla vacía, la de Lucy, y al lado de ésta estaban sentados una pareja de castores. Enfrente del señor y la señora Castor había dos muchachos rubios idénticos, que los miraban con mal disimulada curiosidad, quizá al notar que ellos- Arien y Asath- también eran extraordinariamente parecidos. A la derecha del segundo muchacho estaba una jovencita morena, vestida con ropas anaranjadas que parecían híbridos de lo usado en Archenland y en Calormen. Al lado de los señores Castor había dos sillas vacías. Supusieron (y supusieron bien) que esas eran la suyas, y, apretando más su brazo, se acercaron hacia allí con la reina Lucy. Tomaron asiento ante una señal del Rey Peter, totalmente cohibidos. Después de responder ante los repetidos "¿Durmieron bien? ¿Se sienten mejor?" y sonreír lo menos nerviosamente que pudieron, Peter les puso al tanto de la situación. Los capitanes sabían que con ese tiempo tan favorable llegarían en dos días a las Islas. Pero también cabía la posibilidad- les explicó Edmund- de que los corsarios esperaran exactamente eso, que llegaran los barcos de guerra para argumentar que ellos jamás habían planeado nada así, y usar eso como parapeto para atacar a sus anchas. Y claro los de Brenn, los narnianos y los habitantes de Archenland quedarían como los malos. Esta perspectiva pareció desanimar mucho a los mellizos, que intercambiaron miradas avergonzadas y después miraron a los cuatro reyes, como pidiéndoles disculpas de haberlos involucrado en eso. Susan les miró un momento antes de decirles:
-Sin embargo, no importa lo que digan ellos, o lo que diga la historia, nosotros no vamos a permitir que esos traficantes hagan lo que quieran. Los ayudaremos- los mellizos la miraron con sorpresa.
-Y estoy segura de que los embajadores de Archenland opinaran lo mismo- dijo una sonriente Lucy, mirando a los gemelos que tenía frente a ella. Aunque Cor asintió con cortesía y una sonrisa para los isleños, Corin miró un poco ofendido a los mellizos. Aunque había estado a punto de ponerse a saltar en la silla de puro entusiasmo (después de todo, su padre ya le había autorizado a ir a las batallas, y en su pasado cumpleaños, el número 16, a él y a su gemelo les habían dado ya espadas largas de caballero) no había dejado de notar la casi imperceptible mirada de "¿Cómo pueden ser tan jóvenes y ser embajadores?" de Asath y Arien, que, aunque se había desvanecido casi de inmediato, no por eso había evitado que Corin se sintiera ofendido. ¡Después de todo, ellos no lucían mucho mayores que ellos! Se veían hasta quizá un año más chicos… no pudo seguir pensando en eso porque Cor le dio un codazo. Después de esta seria plática, al fin habían comenzado a comer, y ahora cada quien estaba enfrascado en su propia plática. Asath, Cor, el rey Edmund y el rey Peter seguían discutiendo el asalto al puerto; Susan, Lucy, Aravis y la señora Castor bombardearon a Arien con preguntas, que ella contestaba con una sonrisa nerviosa y aferrando disimuladamente el brazo de su hermano. Pero lo que la muchacha no dejó de notar fue las miradas recelosas que le lanzaba el otro gemelo, que ahora sí no trataba de disimular. Ella, al principio perpleja, luego ya algo molesta, se las devolvió pero procurando no parecer demasiado grosera (algo por demás difícil). La cena siguió ya más tranquilamente, y al terminar los platillos (los mellizos se sirvieron al menos tres veces más que los demás y aún así acabaron en tiempo récord) el Rey Peter dio las buenas noches a todos y al momento todos se levantaron, para dirigirse a sus respectivos cuartos. Los mellizos agradecieron mucho a los monarcas y a los gemelos (Arien y Corin aun intercambiando las miradas asesinas) y subieron, tomados por el brazo como cuando entraron.
-Pues no nos fue tan mal, ¿verdad, hermana?
-Si, eso si…- bajó la voz- pensarán que somos unos perezosos si después de dormir todo el día vamos a dormir ahora…- su hermano solo se rió.
-Pueden pensar lo que gusten- le dijo- mientras no nos lo prohíban- le hizo un guiño cómplice a Arien, quien se rió también.
-Parecen buenas personas, ¿no crees, Corin?
Éste solo gruñó.
-Vamos, tú hubieras pensado lo mismo si ellos hubieran llegado así a Archenlad.
Nuevo gruñido del gemelo menor.
-No seas ridículo, Corin- lo regañó Aravis- no te vas a ofender toda la vida por eso… ¡quizá hasta te lo imaginaste!
-¡Creeme que no! Y me sorprende que me digas que es una ridiculez ofenderme por eso, cuando tú eres la señorita diplomacia…
-Bueno, bueno- les interrumpió Cor, cortando el comienzo de una ya conocida pelea entre las dos naturalezas imperiosas que convivían con él a diario- yo mandaré el mensaje a Padre mañana en la mañana. Además- miró a Aravis- no creo que quieras estar de mal humor mañana. Vienen Bree y Hwin, ¿recuerdas?- esto tuvo el efecto mágico de calmar a la tarkina- y tú- miró a su hermano- trata de no ofenderte tanto. Puede distraerte de la batalla. Los malos son los corsarios, no ellos, ¿recuerdas?- aunque Corin hizo un ligero mohín, Cor supo que lo había convencido- Vamos a dormir. Mañana tendremos mucho tiempo para discutir esto.
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¡Algo larguito el chap, para compensarles mi ausencia! ;D Espero les haya gustado ¡Mil, mil gracias por leerme Vicky-chan y Kory-chan! Espero sus reviews con ansias :P Matta ne!
