Hiii, aquí vamos con el tercer capítulo :D, espero les guste.
Bien, con todas las faileces que puse en el capítulo anterior me supongo que ya deberán como que medio darse a la idea de la trama original x3… sino, pues, lo iré desglosando poco a poco.
En este capítulo: Noruega ahora es víctima del bullying universitario. Suecia se preocupa y Finlandia se percata de ello. Noruega no lo aguanta. Dinamarca se da cuenta de algo muy importante.
Bien, me gusta usar en el resumen los nombres de nación jojo, espero sepan de quién se trata cada quién.
Este capítulo lo agradezco a Fukaru Rhyan quien me dio la idea de poner a Gilbert como el malo... a ella le dedico el pedacito SuFin *3*
Disclaimer: Hetalia Axis Powers le pertenece a Hidekaz Himaruya, no a mí.
Lunes 4 de Abril de 2009. Un pequeño flashazo.
Ya era inicio de semana, el campus universitario se veía lleno de varios estudiantes que llegaban en sus autos, a pie, en bicicletas o incluso en el transporte colectivo.
Entre esos alumnos se encontraba el noruego, quien llegaba de mala gana, porque había tenido que conducir ese estúpido auto que tanto odiaba manejar.
—Maldición, me levanto temprano para llegar rayando. —se quejaba para sí mismo, mientras veía a su alrededor, a toda la gente que llegaba corriendo al campus.
—Y a esta hora es cuando hay más idiotas presentes… —se detuvo para acomodar los libros que tenía en brazos, y fue cuando vio a alguien familiar acercándose a la entrada del campus.
—Esperen… ¿ese no es…? —entrecerró los ojos para agudizar su vista, pero, notó algo más, más bien, a alguien más.
El sueco estaba caminando junto con el finlandés, mirándose fijamente, al parecer platicaban alegremente, cosa muy extraña en el sueco, que el noruego había notado.
—Entonces… qué… —el sueco se acerca al finlandés risueño y le da un beso en la boca, y lo más extraño para el noruego es que éste le había correspondido.
—Oh, ya veo… —dijo abriendo los ojos dispuesto a retomar su camino, pero esperó a que la parejita de tortolitos entraran primero. Enseguida, el noruego caminó, recorriendo el mismo camino que la parejita había tomado.
En el campus, los estudiantes entraban a sus respectivas aulas dependiendo de su carrera y clase a tomar. El noruego se dirigía a su clase de las 7 de la mañana.
—Definitivamente le tengo que preguntar a Berw sobre lo que ocurre, aunque es demasiado obvio. —se propuso a sí mismo, mientras aceleraba su paso porque ya se le hacía tarde.
Fue en ese momento que sintió una bola de papel caerle en la cabeza. Se detuvo y buscó el origen de ésta, pero en ese instante, otra le cayó en la cara.
—¡Jajajaja! Pensé que mi broma no resultaría, normalmente no te importan estas cosas Bondevik, pero hoy, bajaste la guardia, kesesese… - 'esa risa' pensó, no podía confundirla con otra.
—Y pensar que pisé su asquerosa casa y platiqué de él con mi hermano hace dos días… - pensó con rabia, pero no la demostraba, hoy estaba más controlado que con la situación del sábado.
—¿Eso es todo Gilbert?... Bueno, aunque no lo sea, me retiro. —se dio media vuelta dispuesto a irse, pero los otros dos chicos que acompañaban al albino lo sujetaron de ambos hombros.
—¿A dónde crees que vas? —le dijo el francés, que pudo reconocer sin tan siquiera verlo, su acento era demasiado marcado.
El noruego se resistió y quiso avanzar, pero no se lo permitieron. Al momento de querer dar un paso hacia adelante, los otros chicos lo jalaron bruscamente para atrás, dejándolo frente a frente con el alemán.
—¿Creíste que te podrías ir así como así? —el alemán lo miró a los ojos con esa típica mirada arrogante que se traía, en cambio el noruego ni se inmutó. Su expresión fría demostraba que le importaba poco lo que pensara o dijera el otro.
—Sí, realmente sí, y necesito irme, que mi clase ya va a iniciar. —intentó apartarse, pero la fuerza del alemán, sumada con la de sus lamebotas amigos, era muchísimo mayor que la del propio rubio.
—Me caes muy mal, y durante toda tu estadía en el campus, te haré la vida imposible kesesese… —rió el alemán, empujándolo y haciendo que caiga al suelo, con todo y libros.
El trío se alejaba, junto con la bola de espectadores de la escena, quienes murmuraban cosas acerca de lo recién ocurrido.
—De verdad que ese Bondevik es un idiota. No sé como no lo había molestado tiempo atrás… —y los comentarios desaparecían por lo lejos y que el noruego ya se levantaba para recoger sus libros y dirigirse a su salón de clases.
—Maldición. —pudo soltar cuando vio su salón cerrado. Había llegado tarde.
El noruego hizo un gruñido y se alejó de ahí, lo peor del caso es que aún eran las 7 y 5 de la mañana y faltaban 55 minutos para que esa clase terminara.
En vez de lamentarse decidió dirigirse a la cafetería y sentarse ahí, había un extraño calor esa mañana y en la cafetería estaban prendidos los aires acondicionados. Aprovecharía a estudiar un poco de sus materias siguientes y compensar la que había perdido por estar con un buscapleitos como el idiota de Gilbert.
—Y lo que me da más coraje es que perdí esa clase por culpa de un idiota. —dijo, pero entonces puso un rostro malicioso. —Aunque, lo único que me consuela y quiero pensar que es bueno, es que al idiota también le cerraron las puertas, y a la bola de estúpidos que le seguían. —tras decir esto, puso una de sus manos a sobar su hombro, los jalones lo habían lastimado.
Berwald pasaba por ahí y varios compañeros de clase. Su profesor se había ausentado y tenían la clase libre, así que pasaron a la cafetería para aprovechar a desayunar.
—No tenía ganas de ver esa materia, uff, de cierta forma es un alivio que el profesor no haya venido… —decía uno de los compañeros de Berwald. Caminaban entre murmullos y fue entonces que vio al noruego sentado solo.
El sueco gruñó y les dijo algo a sus compañeros, éstos asintieron y se fueron por otro lado, mientras que el sueco caminaba hacia el otro rubio.
El noruego no se percató de la cercanía del otro, hasta que éste le dirigió la palabra. Lukas volteó y vio al más alto mirándolo.
—¿Berw? ¿Qué haces aquí? —el noruego miró al sueco, quien sólo asintió.
—Lo mismo pregunto, por mi parte… —antes de continuar preguntó si podía tomar asiento, a lo que el noruego respondió un sí. – Mi maestro se ausentó y tenemos la hora libre… - el noruego aún miraba incrédulo. - ¿Y qué hay de ti, Lukas?
El rubio dejó de mirar al sueco y torció la boca.
—Llegué tarde y no me dejaron pasar. —No quiso decir el verdadero motivo, aunque realmente eso sucedió, pero, no como lo había dicho.
El sueco miró hacia otro lado, no tenía realmente algo que decir. Por su parte, el noruego tenía algo que preguntarle y de cierta forma, aprovecharía ese momento.
—Veo que ya se lo dijiste a Tino… —soltó sin quitar su vista de su lectura. El sueco le dio una mirada fugaz, si había preguntado, es porque ya alguien se lo había dicho o…
—Nos viste en la mañana. —afirmó, no preguntó, era demasiado obvio. —Sí, se lo dije ayer. —el noruego volteó a ver al sueco, y pudo notar un ligero sonrojo en sus mejillas.
—Y te fue muy bien, por lo que ví, —respondió aún sin mirarle. Escuchó que el sueco subió sus brazos a la mesa para apoyarse en ellos y suspirar.
—Sí, realmente estuve muy nervioso, pero… —voltea su rostro para evitar mostrarle al noruego su pena.
—Si no te conociera diría que las palabras salían fluídamente sin dejar confundido a Tino. —dijo ahora mirando al mismo lugar que el sueco supuestamente veía.
—Pero veo que sí, y, me alegro mucho por ti. —soltó el noruego, pero ahora el sueco volteó su rostro para encontrarse con el semblante frío del noruego.
—¿Y tú cómo vas? —dijo Berwald. El noruego lo miró. —¿De qué hablas? —el sueco abrió su botella de agua y le dio un trago al contenido.
—Ya sabes de qué hablamos. —cerró la botella cuando terminó de beber y la asentó en la mesa.
—Ya no eres tan directo como antes. —el sueco interrumpió enseguida.
—Olvida el pasado. Sigue adelante y no te ates más a mí. —contestó un poco más serio, cosa que molestó al noruego.
—¿Y quién dice que estoy atado a ti? —se quejó el noruego, cambiando su semblante a uno de molestia.
—El que hayas formado un puño cuando te dije lo del pasado me lo dice. —el noruego torció su boca. —Ya deberías saber eso, después de todo tú eres el que será psicólogo.
—Si es que logro graduarme —interrumpió el noruego relajando su mano, que efectivamente estaba tensionada.
Hubo un momento de silencio. El sueco por su parte tomaba agua y el noruego continuaba con su lectura. Entonces fue que puso un gesto de molestia y se llevó una mano a su hombro. El sueco lo notó.
—¿Te duele? —el noruego giró su mirada hacia el de ojos azules, y al darse cuenta de lo que miraba, apartó su mano rápidamente de ahí.
—Te lastimaste —el sueco acercó su mano y lentamente bajaba la camisa del noruego, para sorpresa de éste.
—Oye hay gente, déjame ¿quieres? —intentando apartar la mano del sueco, pero éste fue más rápido y en un segundo pudo ver los moretones que tenía en su hombro.
Alejó su mano y dejó que el otro chico reacomodara su ropa.
—Ten más cuidado, no sabemos cuánto te afecte un golpe, por más leve que sea. —el noruego lanzó un quejido, y volvió a sobarse el hombro.
—Te dije que dejes de hacer eso, no me gusta para nada.
—Dejaría de hacerlo si de verdad dejaras de preocuparme. —respondió rápidamente dejando al noruego callado. Lo conocía tan bien que sabía el momento perfecto para interferir.
A partir de eso no hubo mucha conversación, el sueco al igual que el noruego, prefirió adelantarse a estudiar algo para su siguiente asignatura.
Y así, hasta que la primera hora terminó.
—Berw, ya me voy, nos vemos después. —recogió sus cosas y se levantó de la mesa, al igual que Berwald quien hizo lo mismo después, y sólo respondió con un gruñido.
Cada quién tomó su camino.
Los estudiantes de ciencias clínicas estaban en su aula, haciendo la bulla porque su clase había terminado, ya empezaría la siguiente, pero sabían que ese maestro se hizo fama porque siempre llegaba con elegantes retrasos.
—Total que tenemos clase doble —decía uno de los más ruidosos de la clase, para molestia de Berwald, a quien normalmente le disgustaba que haya tanto ruido proveniente de una sola persona.
Fue entonces que el finlandés entró a su salón de clases, para sorpresa de todos quienes normalmente no recibían visitas de estudiantes de otras carreras.
Mucho menos de años menores.
—¡Hola Su! —el finlandés llegó al pupitre del sueco, a quien tomó por sorpresa. —Hola Tino —el sueco intentó sonreírle, pero las sonrisas no se le daban, y mucho menos cuando estaba con la persona que quería.
El finlandés sabía de eso y es por eso que le daba ternura el que intentara sonreírle.
—¿No tienes clase? —le preguntó el sueco. El finlandés alzó las cejas y luego relajó el rostro.
—A los maestros se les dio por irse de fiesta y no dar clase, aunque, no es que quisiera tener el taller de maquetas —rio ante ese comentario y fue a lo que el sueco sí soltó esa leve sonrisa que hace rato quería mostrar.
—¿Y qué hay de ti Su? —preguntó para luego echarle un vistazo al resto del salón. —No parece que estén teniendo clases. —rio ante lo obvio de su pregunta, se rascó la nuca esperando respuesta.
—Pues, este maestro literalmente, llega tarde a todas sus clases, así que, tenemos como más de media hora libre. —el finlandés sonrió.
—¿Entonces puedo quedarme? —pidió, y se alegró mucho cuando el sueco asintió.
El finlandés jaló una silla vacía y se acercó al pupitre del rubio mayor, apoyándose en sus manos y mirando lo que hacía.
—Ya vuelvo. —el sueco se levantó dejando al finlandés en su lugar, no le importó mucho y se quedó ahí.
Veía el lugar del que recién se había ido. —Es muy ordenado. —pensó mientras veía sus apuntes en su lugar, sin rayones, los bolígrafos a otro lado y demás notas.
—¿Qué es eso? —le llamó la atención una hoja arrancada llena de escritos que sobresalía de la libreta. La tomó y empezó a leerla.
Grande fue su rostro de duda, cuando comenzó a leer, palabra por palabra, buscando entender el significado y la relación entre cada frase.
Un roce, es igual a un moretón.
Cambios en la dieta diaria, repentinos o prolongados.
—No comprendo bien, parecen haber sido escritos y escritos y reescritos más de una vez, y habían muchas notas junto a esas frases.
Humores temperamentales.
Cosas que normalmente no haría.
Desmayos.
Mareos.
Después de leer varios puntos, encontró una nota escrita desde el punto de vista de Berwald.
Lo he estado observando durante más de dos años, he llegado a la conclusión de cuál sea que sea su problema, éstos son los signos que le he logrado detectar. He estado investigando sobre lo que sea que fuere esa enfermedad, lo que sí, es que, cambiaré el desenlace de lo que años atrás le había sido detectado.
El finlandés ya había comenzado a asustarse, más porque aún había notas escritas, y no sabía de qué o quién se trataba. Siguió leyendo.
… Lo que sí puedo asegurar, es que lo salvaré, lograré erradicar esa enfermedad y no permitiré que siga desgastándose y viviendo todos los días con la idea de que morirá. Pasará a la historia, de haber erradicado la enfermedad y haber permitido que Lu….
—¿Qué haces Tino? —El sueco había aparecido atrás de él, haciendo que reaccionara de una manera no muy convencional, poniendo la nota en la libreta y cerrándola rápidamente.
—No terminé de leer —pensó. Sabía que la duda lo perseguiría por el resto del día, pero, no podía simplemente preguntarle, no sabía exactamente si el sueco se enojaría porque había husmeado sus cosas.
—Nada Su, nada más veía que tu pupitre estaba muy bien ordenado —le sonrió tiernamente. El sueco se conmovió demasiado por el gesto de su ahora pareja y realmente el verlo sonreír le hacía el día completamente.
Se había dado cuenta que la felicidad que sentía era porque el finlandés estaba presente, y se había puesto a pensar que no podría imaginarse una vida sin él.
Caminó hasta el pupitre, rodeándolo para poder sentarse y mirar a su compañero finlandés.
—Te quiero Tino. —dijo muy apenado el sueco, pero con mucho valor que solía requerir en esas situaciones.
El finlandés abrió los ojos ante esa declaración, pero después le sonrió dulcemente.
Se acercó al otro y pasó sus brazos por el cuello del rubio, para acurrucarse.
—Y yo a ti Su… —dicho esto aprovecharon que la atención del salón estaba en otra cosa para darse un beso.
Las clases habían finalizado. Todos los estudiantes se dirigían a la salida del campus, a sus clubes escolares, a la cafetería o a la biblioteca para adelantar sus tareas.
El noruego optó por lo primero, largarse de ahí lo más pronto posible, como si quisiera evitar algo.
O a alguien.
—¡Hey, Bondevik! ¿Te vas tan pronto? —el noruego prefirió hacerse el tonto y caminar, pretendiendo no haberle escuchado, después de todo no faltaba mucho para llegar a la salida.
El alemán se dio cuenta de ello, frunció el ceño y le indicó a sus amigos que lo siguieran.
Ya fuera del campus, el noruego se acercaba más a su auto, cuando entonces fue que lo jalaron por los brazos, azotándolo violentamente hacia atrás.
—Como dije antes, Bondevik… —el alemán agachó la mirada para encontrarse con ese rostro frío del noruego. Puso cara de asco. —Uh… bueno, no importa... hoy se me antojó molestarte un poco. —qué decir un poco, el noruego pensaba que con tan sólo oír su voz ya era suficiente tortura.
—¿Ya terminaste? Tengo mucho que hacer… —se movió un poco para irse, pero el amigo español y el amigo francés del alemán se interpusieron en su camino.
—¿A dónde crees que vaa-as? —canturreó el español, seguido del francés, que solo lo miraba con malicia.
—No he terminado contigo Bondevik, realmente lo había pensado anteriormente, pero me di cuenta de que tu presencia es molesta.
—Si es así ¿por qué no mejor me dejas ir? —retó el noruego para molestia del alemán.
—La verdad no te creo eso de que no te importa nada, ¿qué eres, una piedra fría y sin sentimientos? Todo lo que haces es por apariencia y por apartarte del mundo, me enfermas. —El noruego torció una ceja, mostrando un tic.
—Ah, ah… a veces me pregunto cómo es que llevas viviendo tanto tiempo en soledad, todo lo que construyes no es más que una barrera contra todo y todos, o será… ¿acaso no quieres que la gente te conozca?
—No me interesa la gente, tú lo has dicho. —contestó el noruego molestó, no soportaría tantas tonterías.
—Si es así, ¿por qué veo que tiemblas? No creo que el clima sea frío. ¡Oh vaya! Muestras señales de vida, bueno, me demostraste que no eres tan sólo un cascarón seco lleno de aire jajaja. —rio el alemán junto con los que observaban lo que ocurría.
—Quedarás sólo hasta los 60 años Bondevik, o incluso más…
—Ni siquiera llegaré a los 25. —susurró.
—¿Qué dices? —contestó el alemán, y no recibió respuesta por parte del otro.
—¿Se te secan las palabras niño? —peleaba ahora el alemán con molestia.
—¿Y a ti te sobran? —el alemán empujó al noruego, haciendo que cayera al piso, no se apresuró en levantarse. De hecho, no se levantó.
—Jaja, ahí es donde debes estar, con los gusanos, quizás ellos sí te hagan una grata compañía que hasta tú disfrutarás… —pegó una risotada y los demás le hacían coro.
—Ya cállate sí… —no soportaría estar escuchando esa risa, ya que lo demás no le importaba.
Entonces… ¿por qué sentía que las lágrimas se agolpaban?
—Ah, ¿ya te ofendí? Perdóname ¿sí? No quiero que te enojes conmigo. —decía en un tono infantil, haciéndole burla.
El noruego puso un rostro de enojo enfermizo, y rápidamente se levantó de ahí, dirigiéndose al lado opuesto de su auto, alejándose de los demás.
Los chicos intentaron agarrarlo otra vez, pero el alemán hizo seña de no.
—Déjenlo, mañana no le daré chance de que se escape. —dicho esto se alejó con el resto.
El danés salía de su clase de Derecho Fiscal, quejándose sobre cuánto odiaba esa clase. Pero al estar saliendo a lo lejos escuchó mucho ruido, y por supuesto que se preguntó el porqué del escándalo.
—¿Qué habrá sido? —dijo para sí.
Cuando salió vio el grupo de Gilbert y la bola de pegostes que le seguían siempre tras él, alejándose del campus y riendo.
El danés puso cara de extrañeza. Se rascó la cabeza y caminó en dirección opuesta a ellos, ya que ahí se encontraba estacionado su auto, pero antes de alejarse, se dio cuenta de algo.
—¿El auto de Lu? ¿Acaso sigue aún en la escuela? —pensó mirando el coche rojo estacionado a pocos metros de la entrada de la universidad. Alzó los hombros como para responderse y continuó su camino.
Llegó a una parte muy lejana del campus, siempre estacionaba su coche ahí porque ahí es donde no le harían barbaridades, como veces antes.
—Y es que me tienen envidia, jajajaja —canturreó mientras sacaba las llaves de su auto.
Y fue cuando escuchó unos sollozos.
El danés dejó de hacer lo que estaba haciendo e intentó localizar el origen de esos sollozos.
Caminó adentro de los jardines del campus buscando y buscando, cuando fue que lo encontró.
—¿Qué? —sus ojos no lo engañaban.
El noruego golpeaba un árbol, mientras lágrimas caían de sus ojos, tenía una mirada impotente, de enojo, de incomprensión.
De tristeza.
Sus puños de tanto golpear el árbol, ya sangraban. El danés se dio cuenta entonces que había estado así por bastante tiempo.
—Lukas… —quiso acercarse para averiguar que le pasaba, pero creyó que así, quizás él se enojara y lo golpearía.
—¿Qué te pasa Lukas? —se llevó una mano a su pecho, agarrando su camisa en donde estaría su corazón, y miraba con tristeza a su amigo demacrado.
—Vaya que sí hay gente estúpida… —le escuchaba decir al noruego, quien ya había dejado de golpear el árbol. —No me tienes que recordar eso, ya lo tengo muy pendiente idiota. —decía Lukas intentando retener esas lágrimas, pero, hoy superó su límite. —Y descuida, dentro de unos años no me mirarás con ese rostro enfermo que te traes, estaré haciéndole compañía a los gusanos. —Se sentía tan ofendido, insultado, reducido a nada, utilizando todos sus puntos débiles y diciéndoselos en la cara.
El sí era humano.
El danés sólo observaba. Nunca lo había visto así, nunca, y no es que hubiera deseado verlo en ese estado. Apretó más su pecho, sentía incluso su corazón acelerarse, las ganas de ir a consolarle, de que el otro buscara consuelo en él, de tan siquiera ofrecerle un abrazo.
Sentía que su corazón se rompía en mil pedazos.
Y... aquí lo tienen! (?)... AWW... me salió muy fail este capi y sentí muy OoC los personajes... pero piensen así: El amor los deja idiotas! (?)... xDD... les prometo que en el siguiente saldrá muchísimo más Dinamarca... y saldrá Islandia también! Muajaja... y empezará el amour~~~
Le dejan review a esta pobre cosa que intenta escribir? :'D...
