Capítulos: 3/3.
hada doméstica por Angelito Bloodsherry.
[luna & ginny]
final
—Voy a rechazar el puesto de cazadora de los Abejorros.
Harry, que se estaba terminando el culo de la cerveza que había pedido antes, alzó una ceja como instando a que se explicara porque no tenía mucho sentido cuando llevaba queriendo entrar en algún equipo desde hacía meses. Ginny se hizo la desentendida mientras observaba el líquido verde de su copa.
No sabía qué decirle. ¿Cómo explicar que no quería marcharse de Toulouse sin su hada doméstica cuando ni ella misma lo entendía? Era surrealista cuanto menos, pero así había sido desde el principio. No quería alejarse de Luna, no todavía.
—¿Y bien? ¿Vas a explicarte o tengo que adivinarlo?
Ginny frunció los labios disgustada más consigo misma que con su amigo. Harry no estaba haciendo nada malo, solo intentando comprender a la cabeza hueca de Ginny, pero la pelirroja necesitaba ayuda no más dudas para tomar la decisión correcta. ¿Había una decisión correcta en todo este asunto?
Pensó en Harry, que pudiendo tener una vida de oro en Inglaterra, se había trasladado a Francia a terminar sus estudios y empezar su carrera en medimagia. No hacía nada que había conseguido una residencia en Barcelona, eran sus últimos días en Toulouse. Y ahí estaba ella, Ginny, sin ser capaz de tomar una decisión tan simple como aceptar o rechazar la oportunidad de volver a ser ella.
Agarró con fuerza la copa.
Quería a Luna.
—Toca adivinar, entonces. Bien —le hizo una seña al camarero para que le trajera otra cerveza y después clavó sus ojos esmeralda en su amiga. Había un brillo desconocido en ellos, un brillo que gritaba peligro—. ¿Sabes con quién me crucé el otro día en el campus? Con Malfoy, ¿y sabes de qué hablamos?
¿Qué coño tenía que ver el hurón con todo esto? Se asustó, ¿y si estaba pensando en volver a Toulouse y necesitaba su antigua habitación? Tragó duro, ni de coña. O sí, si eso significaba que Luna y ella tenían que dormir en la misma cama, todos los días. El hurón le estaba empezando a caer mejor.
Ese no es el punto, Weasley.
—¿De qué? —intentó mantener la compostura, pero pensar en Luna y en una cama, la estaba alterando. Harry parecía no darse cuenta, intentó imaginarse algo desagradable para contrarrestar.
No funcionaba. Seguro que ahora tenía esa sonrisa boba en la cara.
—De ti y de Luna, según él, lleváis juntas unas cuantas semanas.
Si hubiera estado bebiendo, se habría ahogado o escupido todo. Gracias a Godric, no había sido el caso. Pero no sabía si eso era bueno o malo, porque, en cambio, estaba boqueando como un pez fuera del agua.
—Hostia, Gin, ¿es verdad? Me reí en su cara, ¿sabes? Supongo que le debo una copa…
—¿Qué?
—Cuéntamelo todo.
—No —se incorporó volcando la cerveza vacía y haciendo reír a su amigo. Quería golpearlo, era una pena que no pudiera sacar su varita—. Quiero decir, no hay nada que contar… ¡mierda! No vayas a decírselo a nadie, Luna…
—¿Quién crees que se lo ha contado a Malfoy? Pues Luna, ¿vas a traerla a la Madriguera esta navidad?
—¿Quieres que te meta la cerveza por el culo?
—Tentador, pero no.
—Vete a la…
—Esa boca, ¿besas con esa boca a Luna? Vaya, ¿y te deja?
—Tú y Malfoy podéis iros a la mierda. ¿Qué estaba haciendo en el campus?
—No cambies de tema, guapa —soltó un billete de veinte euros y se bebió el resto de su segunda cerveza antes de seguir a su amiga por la calle. No tardó en ponerse a su altura—. ¿Es por eso que no quieres unirte a los Abejorros peleones?
—No, es por el nombre tan estúpido que tienen.
Harry soltó una risita.
—Sí, es por Luna. Hoy presentaba su tesis, si le dan la beca, podrá elegir destino, seguramente algún recóndito y maravilloso lugar lleno de hadas y seres extraordinarios y…
—La acompañarás —terminó por ella con una sonrisa—. Lo entiendo, pero tu vida es el Quidditch, Gin.
—¿Y si no lo es?
Harry se encogió de hombros.
Él no podía responder a esa pregunta, él no era ella.
Se despidió de Harry en la entrada al callejón mágico, pero no volvió al apartamento inmediatamente, prefirió dar una vuelta por la zona muggle para despejarse y pensar con calma. Estaba enamorada de Luna y sabía que su amiga era un pájaro libre que iba y venía sin pensar en las consecuencias, que no dejaría sus extrañas investigaciones por ella tanto como Ginny no podía dejar el Quidditch.
Esa era la cuestión: no quería dejar el Quidditch, no ahora que tenía la oportunidad de volver a jugar profesionalmente. Llegó al apartamento con el corazón en un puño y con el estómago revuelto. Había tomado una decisión, pero dependía de lo que Luna sintiera. O, tal vez, no dependía de ninguna de las dos.
Todo estaba tan tranquilo que dolía, sabía que Luna estaba en casa porque podía escucharla trasteando en el salón. Se acercó con cuidado y la observó detenidamente, bebiéndosela con la mirada.
Había vuelto a pintar el salón, ella misma tenía salpicaduras de pintura en su vestido naranja. E incluso en la camiseta verde que llevaba debajo. Solo Luna podría combinar una camiseta y unos pantalones cortos con un vestido veraniego y que le quedara tan bien; que luciera tan deseable para sus ojos. Su pelo, su maravilloso pelo que amaba cuando caía en cascada sobre las sábanas, estaba recogido en un moño alto. Como siempre, era su varita quien lo sostenía.
Estaba descalza.
Como ese sábado por la mañana.
—¿Me quieres?
Luna metió las manos en un bote de pintura del color del pelo de Ginny y, goteando por todas partes, se dio la vuelta reconociendo la presencia de la pelirroja en la casa. Se miraron y nunca una mirada había dicho tanto.
—No hay buddies molestándote —contestó como si realmente estuviera respondiendo a la pregunta que Ginny le había hecho.
Ginny se acercó con paso vacilante, pero se mantuvo a una distancia considerable. No iba a romperle el corazón. Luna no se lo podía romper.
Luna ladeó el rostro y sonrió.
Y dijo las palabras mágicas.
—Te quiero, Ginny.
Nunca tres palabras habían tenido tanto significado.
—¿De verdad?
Se acercó hasta la pelirroja y acarició su mejilla con ternura. Ginny no le molestó o no se dio cuenta que esa misma mano que acunaba su rostro, era la que había metido dentro del bote de pintura minutos atrás.
—No dejes que los buddies vuelvan, por favor.
—Te lo prometo.
Se besaron. No fue un beso intenso, sino dulce con sabor a promesas de colores, a chocolate con macarones, a sonrisas matutinas, a búsquedas inacabables y a corazones libres. Fue un beso con sabor a amor y nunca el amor había sabido tan bien.
—Te necesito —susurró sin aliento contra los labios hinchados de Ginny— te necesito ahí tumbada, te necesito desnuda.
Ginny tragó duro y asintió nerviosa. Se desprendió con torpeza del jersey y casi se dio de bruces contra el suelo al deshacerse de los vaqueros. Estaba en ropa interior cuando se dio cuenta de que Luna estaba levitando los botes de pintura y no quitándose la ropa también. Frunció el ceño.
—Luna, ¿me echas una mano? —preguntó seductora. La rubia se volvió, la miró de arriba a abajo; la devoró con la mirada y posó sus ojos divertidos en los oscurecidos de Ginny.
—Te puedes dejar puestas las braguitas, pero el sujetador —se colocó la varita en el pelo y rodeó el cuerpo de Ginny hasta alcanzar el broche— te lo quitas.
Luna se mordió el labio inferior y pasó un dedo por el contorno de los pechos desnudos de Ginny. La pintura de sus manos estaba seca y la fricción que provocó el contacto con ellas en el pecho de su novia, mandó descargas de puro placer a ambas. Luna acercó su boca a la de Ginny y la besó. Un beso duro, dientes contra dientes y lengua contra lengua.
Un beso corto.
—Déjame pintarte, mi hada de los bosques.
—Soy toda tuya, hada doméstica.
Ginny se recostó en el suelo y cerró los ojos. Confiaba en Luna, en cada una de sus locuras que no eran tan locuras, si uno prestaba atención. Todo lo que Luna hacía, por más retorcido y surrealista que pudiera parecer, tenía una explicación lógica. Lógica, por supuesto, para quien pudiera apreciarlo. ¿No acababa de domar una leona de la forma más simple y dulce posible?
Nunca subestimes a un águila soñador.
O como Ginny prefería llamarla: a un hada doméstica.
Su cuerpo, esa tarde, se convirtió en un lienzo. En el lienzo favorito de Luna. Ginny nunca olvidaría el contraste entre la pintura fría y pegajosa, y las cálidas manos de Luna sobre su cuerpo. Cómo era sentirse amada y admirada. Cómo una sonrisa tan peculiar podía remover su mundo entero. Tampoco podría olvidar lo sensible que era en algunas partes, el ataque de cosquillas, las fotografías mágicas, ni las horas que tuvo que tirarse en la ducha para desprenderse de la pintura y del olor, porque serían las horas donde tendría a Luna bajo su merced; bajo la merced de sus manos y de sus labios.
Las horas donde alcanzan el éxtasis gritando el nombre de la otra como si sus vidas dependieran de ello.
Esa noche fueron felices, esa noche ninguna de las dos dijo nada sobre el futuro, permanecieron amándose en silencio como si no hubiera un mañana. Tal vez no lo había, ya tendrían tiempo para preocuparse de cosas sin importancia.
Esa noche no hubo zapatos de cristal ni a un carruaje que se convertía en calabaza, sino dos almas libres unidas por lazos irrompibles.
—Te quiero, Luna Lovegood.
Una noche que se les escapó de las manos.
Fue a la mañana siguiente, tras desayunar, cuando Luna le dijo que habían aprobado su investigación y la beca para su traslado a los Países Bajos, ya que hubo un avistamiento de hadas salvajes hace un par de años; y fue ahí cuando Ginny, mordiéndose el labio, le dijo que había aceptado el ofrecimiento a ser parte del equipo de quidditch uruguayo.
Ninguna de las dos dijo nada.
Luna, como siempre, tomó el último macaron del plato y lo partió por la mitad.
—Me habías prometido que nada de buddies.
—No son buddies, es la vida real.
Luna sacudió la cabeza y se comió el trozo de macaron azul dejando la otra mitad en el plato. Ginny lo miró como si en lugar de ser el trozo de un dulce, fuese el trozo de su corazón que le faltaba. Iban a separarse.
¿Por qué la noche no era eterna?
Un giratiempo, es lo que necesitaba.
—Mi estancia en los Países Bajos es de cuatro meses, Ginny —se explicó divertida, Ginny no veía el chiste en ninguna parte, pero se obligó a sonreír—. Es temporal, quiero trasladarme para hacer una especialización sobre la magia curativa de las hadas y cómo se aplica en la actualidad en la medimagia hispana.
—¿Qué?
—Que me da igual que parte de América del Sur sea, Ginny, mientras estés tú. Su núcleo mágico es tan ambiguo y tan poco valorado, que no me será difícil pedir una residencia.
Ginny se levantó y Luna, también.
—¿Solo cuatro meses?
—Sí.
Ginny se mordió el labio. Se odiaba por ser tan tonta, por supuesto que era Luna quien daba las soluciones, había sido así desde el principio, solo que no se había dado cuenta hasta ahora. No más buddies en absoluto. Luna le sonrió y, antes de que poder hacer nada, se lanzó a sus brazos provocando que Ginny perdiera el equilibrio. Las dos acabaron en el suelo, pero a Ginny no le importó, no cuando tenía el cuerpo de Luna sobre el suyo, no cuando sabía que durante unos meses quizá no serían capaces de repetirlo. Tener a Luna entre sus brazos, es como estar en casa. La abrazó con fuerza y Luna hundió el rostro en su cuello.
Eran felices.
—¿Sabes? —susurró contra su cuello. Ginny acarició su cabello y tiró de la varita para deshacer el moño—. Hay un brillo especial en ti, Ginny Weasley. Un brillo que solo un tipo de hada dejaría.
—¿Un hada doméstica?
—Las hadas domésticas no existen, Ginny.
—Tú eres un hada doméstica.
Luna soltó una risita y besó el trozo de piel que tenía a mano. Permanecieron así un rato, Luna no llegó a decirle el tipo de hada que dejaría un halo de luz en ella, pero tampoco importaba porque Ginny solo tenía interés en un tipo de hada y era la que estaba entre sus brazos ahora, mañana y, tal vez, siempre.
El hada que había hecho de su mundo, un hogar.
El hada que lo cambió absolutamente todo.
¿Cuándo? Siempre.
Eres la reina
Siempre reinarás
Siempre reinarás
«el fin es solo el principio».
NOTAS:
(1) No sabéis lo difícil que es escribir sobre alguien como Luna Lovegood. Me cuesta muchísimo hacerlo, así que espero, de todo corazón, que haya quedado lo más fiel posible al canon. Vosotros me diréis, queda en vuestro criterio decidir si he aprobado o he suspendido. Especialmente tú, Patty.
(2) ¿Qué son los macarones? No, no lo he escrito mal y no, no estoy hablando de la pasta. Los macarones, macaron o macarons son un dulce francés de colores. DELICIOSO. Tenéis que probarlos.
(3) En Estados Unidos existe el Quodpot, una variante del quidditch, pero en el resto del mundo, si no recuerdo mal, lo que se juega es el quidditch. Algo parecido ocurre con el fútbol y el fútbol americano. ¿Por qué un equipo uruguayo y no otro? Patty sabe la respuesta o tendría que saberla. :)
(4) La amistad Harry/Ginny y Draco/Luna es TAN IMPORTANTE para mí que necesitaba ponerla de alguna forma. Y sí, si alguien quiere puede pensar que el drarry ocurrirá en algún momento no muy lejos en el tiempo. Yo lo haré. Qué desastre soy. Quizá incluso lo escriba.
(5) PATTY, CARIÑO. Espero de todo corazón (que repetitiva soy, leñe) que te haya gustado, esta petición la escribí como primera toma de contacto con el amigo invisible, era sencilla y no había muchas restricciones, y para asegurarme tener tiempo de sobra con la primera petición. ¡Deseando estoy de leer tu opinión!
gracias a todos,
¿reviews? ¿tomatazos? ¿imperdonables?
«travesura realizada»
