¡Segunda prueba, con Aldebarán y Milo! Les toca adentrarse en el laberinto del Minotauro…


El Laberinto del Minotauro

-¿Y si llevamos una escopeta con dardos sedantes? De esos que usan los veterinarios para dormir animales grandes y peligrosos…- preguntó Milo como último recurso, mientras Shion le tendía los billetes del barco y el dinero.
El Patriarca se llevó la mano a la frente.
-¡Que no!¡Tenéis que hacerlo con vuestras propias manos!¡Y deja de darme la murga ya, marchaos antes de que me encolerice! ¡Y traed el pergamino!- dijo advirtiendo a tauro y escorpio.
Los dos caballeros salieron por patas del templo, rumbo al puerto.

-Oye Milo…-preguntó Aldebarán -¿Y dices que ese bicho come carne humana?-
-Sí…cada año se le sacrifican siete varones y siete mujeres para alimentar a esa bestia- dijo mientras se recolocaba la mochila.
-¿Y de dónde sacan esa gente? Porque no creo que libremente digan "oh, qué ilusión, voy a ofrecerme voluntario para a ser devorado por una bestia mitad humano mitad toro"- prosiguió el brasileño.
Milo se rió ante la frase de su compañero.
-No hombre no…antiguamente supongo que lo harían así, pero desde hace más de dos siglos el gobierno lo que hace es enviar a reos muy peligrosos. Es decir, que lo que come el Minotauro son delincuentes. Al menos esto se hace de manera extraoficial, imagínate cómo se pondrían los de derechos humanos si supieran que sigue vivo ese monstruo y le damos de comer gente…-
Aldebarán pareció satisfecho ante esa respuesta.
-Al menos no son inocentes- sentenció mientras enseñaba los billetes al revisor.- Por cierto…te advierto que me mareo muchísimo en barco- dijo el de tauro mientras subía por la rampa.

-Αθηνά-

Durante el trayecto, Aldebarán vomitó varias veces.
-¡Podrías ir al baño a hacerlo, en lugar de echar las tripas por la cubierta! ¡Poseidón se va a encabronar!- dijo Milo mientras sujetaba el cabello de su compañero.

Cuando llegaron al puerto de Chania, los dos caballeros bajaron dando tumbos. Aldebarán tenía el estómago vacío de tanto vomitar y Milo lo tenía revuelto de ver tanto vómito.
-¿Qué, ahora eres tú el que está mareado? Si ya estamos en tierra firme- dijo el brasileño palmeando fuertemente la espalda de su compañero y riéndose. Milo abrió los ojos al máximo y sin poder evitarlo, vomitó también. Encima de una señora que iba delante.
-¿Pero qué demonios…?- dijo la señora dándose la vuelta al notar cómo iba empapándose - ¡Qué asco! ¡Sinvergüenza! ¡Cerdo!¡Borracho! ¡Me vas a pagar el vestido, guarro!- dijo arreando a Milo con el bolso.
Aldebarán cogió a su compañero con un brazo y con el otro rebuscó unos euros y se los lanzó a la señora -¡Señora, que no está borracho, deje de golpearlo que le necesito en buenas condiciones!- dijo mientras salía corriendo del escenario. La señora seguía berreando maldiciones.

Lejos de la señora, Aldebarán depositó a Milo sobre una roca. El escorpión estaba atontado entre el mareo y los bolsazos que recibió.
-Venga Milo…vamos….bebe un poco de agua…- dijo abriendo una botella y dándosela a su compañero.
El escorpión no podía ni tomar apenas la botella, pero finalmente se enjuagó la boca, y después bebió un trago largo. Se quedaron un ratito descansando, y cuando ambos se repusieron del todo, decidieron partir.
-Tenemos que ir a la ciudad de Cnosos o Knossos. Allí es donde está el Minotauro de las narices- dijo Milo señalando un punto en el mapa.- Estamos aquí... tenemos que ir al este…hasta llegar a Iraklio… luego bajamos hacia Nea Alatsata…seguimos bajando y voilà, Cnosos.-
A base de autobuses y de mucho preguntar, llegaron al fin a la mítica ciudad.

-Αθηνά-

Cansados de tanto ajetreo, lo único que querían los dos caballeros era dormir. Llegaron hasta un palacio.
-Dijo Shion que preguntáramos al rey que vive aquí, que nos daría alojamiento gratuito- dijo Aldebarán llamando al timbre de la puerta.
Una muchacha les dio la bienvenida
-¡Hola caballeros, mi padre os espera dentro!- dijo la joven – Me llamo Ariadna-
En cuanto la joven pronunció esas palabras, Milo espabiló y adoptó la postura de galán. Aldebarán lo agarró del brazo y lo llevó a rastras hasta el salón principal donde esperaba el rey.

-Os estaba esperando, Aldebarán, caballero de Tauro y Milo, caballero de Escorpio- dijo una voz conocida.
Los dos caballeros se asustaron.
-¡No, TÚ no!- dijeron al unísono.
El rey se giró en su sillón sonriendo, acariciando un gato.
-¿Qué tal estáis, doraditos?- dijo el rey Minos sin dejar de sonreír.
Aldebarán se dirigió a él.
-¿No deberías estar en el Inframundo, enviando las almas a sus destinos finales?-
Minos soltó una carcajada.
-Lune de Balrog me está suplantando estos días, de ninguna manera me quería perder la tarea que os ha asignado Shion. Será divertido- dijo mientras miraba al gato, que ronroneaba de placer.- ¿Y bien? Me ha comentado Shion que tenéis que recuperar un pergamino de oro…¿es éste?. – dijo blandiendo un rollo dorado.
Sin quitar los ojos de Ariadna, Milo preguntó
-¿Así que el pergamino lo tienes tú? ¡Pues dánoslo!-
Minos negó con la cabeza.
-Ni hablar. Matad al Minotauro. A cambio, os entregaré el pergamino. No me interesa. Pero sí que os carguéis a esa bestia inmunda.-
-¿Y por qué quieres que matemos al Minotauro?- preguntó Aldebarán.
Minos tragó saliva y mandó salir a su hija. Cuando se quedaron a solas, el rey indicó a los caballeros a acercarse.
-Esa bestia fue engendrada por mi esposa Pasífae, cuando yo era mortal. La muy….se encaprichó de un toro blanco. Unos dicen que fue venganza de Poseidón, otros le echan las culpas a Zeus e incluso a Afrodita…no, a vuestro Afrodita no, me refiero a la diosa.- dijo rodando los ojos al ver las caras de susto de los caballeros –El caso es que Dédalo, el que fue mi arquitecto y escultor predilecto, accedió a sus deseos zoofílicos y le construyó una vaca de madera con un agujero. Total, que ella se metió dentro de esa vaca y se dejó montar por el toro…y de esa unión nació esa aberración. Me da asco sólo de pensarlo…- terminó Minos asqueado por el recuerdo.

Aldebarán y Milo se miraron incrédulos.
-Ahora entiendo por qué está tan amargado…-susurró el brasileño entre risas.
-Cornudo y nunca mejor dicho- continuó el griego.

Minos miró a los dos caballeros con odio contenido.
-Menos cachondeítos, porque si no conseguís el pergamino, Shion me ha prometido que os castigará. Y creo que no lo pasaste nada bien la otra vez que te castigó, ¿verdad, Milín? Qué buenos recuerdos tengo cuando te tuve bajo mi mando…- dijo con sorna.
Milo se calló inmediatamente.
-Está bien, nos cargaremos al monstruo. Pero tendrás que darnos algo de información, sobre como matarlo y demás-
El rey accedió.
-Según tengo entendido, el Minotauro es muy rápido y sus embestidas son imparables, así que tened mucho cuidado. La única forma de matarlo es clavándole algo en su cerebro. Suele estar por el centro del laberinto, le oiréis mugir y dar golpetazos. Sed silenciosos, lo más que podáis.- sugirió.
Aldebarán pareció insatisfecho.
-¿Y cómo llegamos al centro? Porque es un laberinto, nos perderemos con facilidad. Y en el caso de que le ganemos, ¿cómo saldremos?-
Minos se reclinó hacia atrás.
-Mi hija Ariadna os echará una mano con eso. Por cierto…- dijo mirando a Milo – espero no tener que recordarte que ella pertenece al mundo de los espíritus…si me la he traído es porque es mi hija y secretaria. Así que ni se te ocurra ponerle una de tus uñas encima ¿de acuerdo alacrán?- Milo agachó la cabeza y aceptó. –Bien, hoy ya es tarde, subid a las habitaciones que os hemos preparado y descansad, que mañana será un día duro- dijo levantándose. – Hasta mañana, caballeros- y salió de la estancia.

-Αθηνά-

A la mañana siguiente, Minos estaba en el salón esperando por Aldebarán y Milo. Cuando estuvieron listos con sus armaduras, los tres salieron fuera y se dirigieron a la entrada del laberinto.
Éste tenía paredes altísimas.
-Ésta es la entrada al laberinto. Como podéis comprobar es enorme, de hecho en tantos siglos que lleva construido, nadie ha podido salir con vida de él. Si llegaban al centro eran devorados por el Minotauro. Y si lo evitaban, acababan muriendo de inanición. ¡Ariadna, ven!-
La joven apareció al momento junto a los tres hombres. Se plantó frente al caballero de Tauro.
-Se me ha ocurrido que para salir os llevéis este ovillo de hilo de seda. Así cuando salgáis, sólo tenéis que ir recogiéndolo para regresar al principio. – la muchacha se agachó y ató un extremo a un saliente de roca. Entregó el ovillo a Aldebarán.- Mucha suerte caballeros- y al inclinarse el brasileño, ella le cogió la cara con las manos y le dio un beso en la mejilla. Aldebarán se ruborizó. Cuando se dirigió a Milo, éste cerró los ojos para recibir el beso de la joven, pero ella sólo le colocó una espada entre las manos.
Con Aldebarán rojo como un tomate y Milo enfurruñado, se adentraron en el laberinto.

Mientras se adentraban, iban dejando caer el hilo. Aldebarán se tocaba la zona de su mejilla donde aún notaba el cosquilleo de los labios de Ariadna y se ruborizaba. Milo miró con desdén a su compañero.
-No sé qué te habrá visto…- pero el brasileño hizo caso omiso a sus palabras.

De repente, el griego paró en seco.
-Oye, deberíamos ver por dónde vamos, porque llevamos caminando más de media hora y aún no hemos oído nada. ¿No estaremos yendo por el camino equivocado?-
Aldebarán despertó de su ensoñación.
-Tienes razón…pero estas paredes son muy altas, incluso para mi- dijo pensativo.
-Mides 2'10 metros…y estas paredes medirán tres…si me aúpas en tus hombros, seguro que yo puedo ver por encima- dijo Milo.
Dicho y hecho, el griego trepó hasta los hombros del toro. Ante sus ojos había un mar de paredes retorciéndose. Pero por fin vio una forma de líneas más rectas, el corazón del laberinto.
-Está bien Aldebarán, vamos a avanzar de esta manera. Yo te iré guiando, porque puedo distinguir un poco los recovecos…pero antes bájame que voy a recoger el ovillo-
Una vez listos, el tótem humano de tauro y escorpio fue acercándose al centro.
-Oigo mugidos…- advirtió Aldebarán.- Vienen de la derecha.-
Milo se bajó y se preparó.
-Tenemos que seguir recto, tirar por la segunda a la derecha, continuar un poco al norte, girar a la izquierda y ya daremos con la pared del centro.- susurró.

Siguieron andando de puntillas. Los mugidos y los coceos de la bestia les ponían los pelos de punta. Al final, llegaron al centro. Se asomaron por una de las cuatro entradas de la estancia. Dentro no había nada, sólo silencio.
-Me da mala espina este silencio…- susurró Aldebarán –no se oyen los mugidos ni el coceo…-
-No seas miedica Alde, no debe de andar lejos, sólo tenemos que pillarle por sorpre…- Milo se giró hacia su compañero-…sa…-

De pie, detrás de Aldebarán, estaba el Minotauro.
Medía dos metros y medio, tenía cuerpo de humano, pero mucho más musculoso y voluminoso. Los brazos terminaban en dos poderosas manos, pero las piernas acababan en pezuñas. Su cola apenas se apreciaba. Y sobre sus hombros, una cabeza de toro voluminosa, con una testuz grande y abultada, con la que embestía con fuerza para partir cuerpos en dos. Los dos cuernos eran grandes y afilados y llevaba un aro colgando de la nariz. Tenía pelo por todo el cuerpo, de color jijón. Sus ojos, de color rojizo, miraban a los dos intrusos.
Aldebarán vio la cara de terror de su compañero y se giró lentamente. El Minotauro se preparó para atacar, empezó a cocear y sin que le diera tiempo, embistió al caballero de tauro que salió por los aires. Milo corrió como un rayo a esconderse.

El monstruo mugió con fuerza y empezó a buscar a los dos caballeros. Aldebarán se levantó del suelo, entumecido por el golpe.
-Menos mal que llevo mi armadura que si no…-se sacudió el polvo y se puso en pie. Milo apareció por detrás.
-¿Estás bien?- preguntó a su compañero.
-Sí…eso creo…me dio un buen golpe- dijo el brasileño tocándose la tripa y agachándose para recoger el casco. El cuerno de oro izquierdo se partió. Aldebarán cogió el cuerno roto con una mano –Esto ya es personal…-murmuró con rabia el brasileño.- Está bien, esto es lo que haremos: tú, que eres mucho más rápido que yo, distraerás al minotauro. Yo os seguiré a los dos y cuando esté a tiro, me lanzaré sobre él y le sujetaré. Tú clávale la espada en el cerebro.-
Milo asintió.

Siguieron los mugidos del monstruo, Aldebarán fue caminando de manera paralela a Milo, escondiéndose detrás de los muros. El griego llamaba al minotauro.
-¡Vamos toro!¡Hey!¿Dónde estás torito guapo?...ahí estás cabrón…ven a por mi, si te atreves…- La bestia se hallaba al final del largo pasillo, mirando al griego. Mugió y empezó a cocear. Aldebarán estaba escondido junto a un pasillo al lado de Milo.
-Venga torito…- el griego indicó a su compañero que el monstruo ya había salido corriendo dirigiéndose a él, para que estuviera preparado. El minotauro corría directo a Milo, que permaneció en tensión. Justo cuando iba a embestir al de escorpio, éste le hizo un recorte al minotauro, saltando por encima del monstruo. Por la inercia de la velocidad, la bestia no pudo parar la carrera y se estampó contra el muro que había detrás de Milo antes de que saltara.
Aldebarán se tiró encima del monstruo aprovechando el aturdimiento que tenía por el testarazo contra el muro. Le agarró por los cuernos, sujetándole la cabeza, mientras el minotauro se retorcía intentando zafarse del brasileño.
-¡Ahora Milo, clávale la espada!- gritó Aldebarán mientras peleaba por mantener la cabeza del minotauro quieta. El griego desenvainó la espada y fue a clavársela.
Pero no se clavó. Por más que Milo intentaba clavar la espada, no pinchaba siquiera la carne.
-¡Me cago en todo!¡No puedo clavarle la espada, es imposible!- gritó Milo jadeando desesperado.
Aldebarán bajó la guardia y al notar que el monstruo iba a levantarse de nuevo, tiró del cuerno izquierdo, con tanta fuerza que lo rompió.
El minotauro mugió de dolor y se revolvió. Aldebarán entonces tiró el cuerno a los pies de Milo y rodeó con un brazo el cuello del animal.
-¡Prueba con el cuerno!- rugió el brasileño.
Sin pensarlo dos veces, el griego recogió el cuerno y se abalanzó sobre la bestia, clavándole el cuerno en la testuz. La carne se abrió y el cuerno se hundió como un cuchillo en mantequilla hasta el cerebro del monstruo. Aldebarán apretaba con fuerza, mientras el minotauro coceaba al aire y trataba de escapar. Por fin, tras un gran reguero de sangre, la bestia quedó inmóvil con los ojos vidriosos.
Aldebarán apartó el cadáver del monstruo de su lado y se recostó en la pared jadeando. Milo se arrodilló ante Aldebarán, jadeando también. Los dos caballeros se miraron y sonrieron.
-Lo has conseguido…- dijo Milo tomando aire y mirando maravillado a su compañero.
Aldebarán negó con la cabeza.
-Lo hemos conseguido…sin tu ayuda no hubiera podido con la bestia…- dijo jadeando. Giró la cabeza donde estaba tirado el cuerpo sin vida del Minotauro.-Te hemos matado con tus propias armas…y de paso me cobro el cuerno de la armadura que me rompiste-
Los dos jóvenes se echaron a reír y chocaron sus manos.

Cuando retomaron el aire suficiente, los dos recogieron el ovillo de vuelta que estaba tirado por el suelo tras la batalla. Salieron del laberinto arrastrando el cadáver, para demostrar su hazaña.

Minos se giró sorprendido al verlos salir. Ariadna se echó a los brazos de Aldebarán y le dio un beso. Milo sonrió al ver a su compañero ruborizarse de nuevo. Sin esperarlo, Ariadna le plantó un beso en la mejilla al escorpión, que se ruborizó también.

Tras una comida copiosa, los dos caballeros recogieron todas sus cosas para regresar al Santuario. Ya en la puerta, Minos les habló.
-Cumpliré con mi promesa, caballeros- dijo el rey Minos entregándoles el pergamino a los dos.-Dadle recuerdos a Shion de mi parte. Ariadna y yo regresaremos al inframundo cuando os marchéis. ¡Buen viaje de vuelta!- dijo a modo de despedida. Ambos se quedaron en la puerta viendo partir a los dos.

-Αθηνά-

-Sinceramente, no tengo ganas de regresar en barco de nuevo- dijo Milo poniéndose pálido al subir al barco en el puerto de Chania.
-Entonces ¿quién me sujetará el cabello mientras vomito por la borda?- preguntó Aldebarán.
Milo puso cara de asco.
-¡Átate el cabello con una coleta!-
Aldebarán empezó a reírse con sonoras carcajadas.
-Oh no…mira quién viene por ahí…- dijo Milo señalando a una mujer a los lejos. Era la señora a la que había vomitado encima el día anterior.
-¿Nos escondemos? Como nos vea, nos pegará con su bolso- sugirió el de tauro.
Milo sonrió maliciosamente.
-Espérate a que pase por delante y dame una palmada en la espalda.-
El brasileño siguió riéndose.

Los dos caballeros vieron como anochecía.
-¿Cómo les irá a nuestros amigos?- preguntó Aldebarán.
El barco se alejó del puerto, rumbo a Atenas.
Milo se encogió de hombros.
-Espero que tan bien como a nosotros…- deseó el griego.


NOTAS
Más mitología. No he querido salirme demasiado del mito, pero lógicamente no puedo meter a los personajes que hicieron frente a estas bestias. En la mitología griega, fue Teseo quien mató al Minotauro. Recibió la ayuda de Ariadna, una de las hijas del rey Minos. Éste, rey de Creta, fue convertido a su muerte en juez del Inframundo, dando el voto decisivo del destino de las almas que su hermano Radamanthys (para gente oriental) y el rey Éaco o Aiacos (para los europeos) juzgaban.

¡Espero que os haya gustado! He intentado reflejar con palabras las imágenes que tenía en la cabeza de la lucha de Aldebarán contra el Minotauro. Espero haberlo conseguido.

Lesty: Dohko es como un resorte: si le activas, te arrea un bastonazo XD ¡Espero que este capítulo te haya gustado!

Scorpio-26: ¡Hola de nuevo! Me alegro de que te guste esta nueva historia, es más densa y requiere más preparación, pero me encanta a medida que la voy escribiendo. Poder juntar mitología griega que más me gusta con Saint Seiya hace que esté muy animada escribiendo. Y de paso así la gente aprende un poquito más, aunque haya cosas raras, como el nacimiento del minotauro XDD ¡Un saludo y gracias por comentar!

Kimiko: No todo son monstruos mitológicos porque Dohko no lo es, aunque a ojos de Mü, sí. Me alegro de que te guste el fic, estoy disfrutando como una enana escribiéndolo. ¡Un saludo y gracias!

Próximo capítulo: Aioros junto a los gemelos Saga y Kanon VS Idas y Linceo.

¡Un saludo a todos los que me leen!