Sentía el movimiento del colchón y sabía que quien estaba a su lado se había despertado, pero él todavía estaba cansado. Apenas había podido dormir esa noche. Su hijo era como un terremoto, un tsunami en pleno apogeo, no paraba ni un segundo. Los profesores decían que tenía hiperactividad, pero su padre, un gran cirujano y cardiólogo, se reía diciéndole que era mentira, sólo era un niño movido pero no hacía falta diagnosticarle tan rápido como hiperactivo como solían hacer últimamente. Naruto no sabía muy bien qué pensar, pero teniendo en cuenta que su padre era experto en todo eso… en parte le creía.
- Para ya, Asahi – susurró Naruto dándose la vuelta.
- Vamos al parque – le insistía su hijo.
- Es sábado, déjame dormir un rato.
- Quiero ir al parque – gritó un poco más el niño.
- Y yo dormir – le dijo Naruto.
- ¡Quiero ir al parque! – gritó más fuerte aún el niño de apenas seis años, consiguiendo que Naruto se tapase los oídos.
- Deja de gritar, vas a despertar a todos los vecinos.
- ¡PARQUE! – gritaba cada vez más, sin parar hasta que Naruto se levantó medio enfadado y abriendo el cajón, cogió un calcetín limpio de allí metiéndoselo en la boca para callarle.
El niño lo sacó antes de empezar a escupir como si le hubiera metido la cosa más asquerosa del mundo, sin embargo, pese a que Naruto creyó que eso detendría a su hijo, éste se puso de pie en la cama y empezó a saltar, haciéndole algo de daño en alguna ocasión cuando su pie o su rodilla… o incluso algún codo, se escapaba y le daba sin querer.
- Basta ya – gritó Naruto cabreado, levantándose de golpe de la cama – déjame tomarme un café y te llevaré al maldito parque.
Caminó con rapidez hacia el aseo percatándose de la sonrisa traviesa de su hijo pero sin entender todavía el motivo tras ella. No fue hasta que llegó al espejo y se vio la cara, que entendió lo que ese monstruito había estado haciendo.
- Asahi, estás castigado sin salir – le gritó su padre desde el baño intentando quitarse el permanente del rostro.
El niño se deprimió un poco al principio por quedarse sin parque, aunque no le duró mucho, sabía de sobra que seguramente a su padre le saldría algo, una reunión, alguna entrevista de última hora o un contratiempo, así que tampoco habría ido al parque igualmente.
Sasuke acariciaba con sus dedos el rostro de su pequeño. Todavía tumbado en la cama y con la ropa puesta de la noche anterior, movía el flequillo de su hijo y le observaba dormir como todo un ángel, sonriendo como un tonto. Quizá en su vida había cometido muchos errores, pero ese niño no lo era, jamás sería un error o un fallo. Observó cómo Menma se desperezaba lentamente, uniendo sus manitas a sus ojos y restregándolas tratando de abrirlos, lo que hizo que la sonrisa de Sasuke se incrementase todavía más.
- Ey… buenos días, dormilón – sonrió Sasuke dejando que su hijo cogiera con su mano el dedo índice y lo agarrase con fuerza.
- Buenos días, papá. ¿Volviste tarde? – preguntó el niño al verle sin el pijama.
- Sí – comentó Sasuke – he vuelto hace unos minutos.
- ¿Puedo dormir contigo?
- ¡Si te acabas de despertar! – sonrió Sasuke dándole un beso en la frente al pequeño.
- Da igual, yo puedo dormir un poco más contigo.
- Dame sólo unas horas, ¿vale? Y luego haremos algo juntos. ¿Qué querrás hacer?
- ¿Podemos jugar con la plastilina? – preguntó el niño con una sonrisa.
- Claro que sí. Lo que tú quieras. Hoy tengo el día para ti hasta las seis de la tarde.
- ¿Hasta las seis?
- Sí, tengo una entrevista de canguro.
Menma sonrió al ver cómo su padre cerraba los ojos y trataba de dormir. Esta vez fue el pequeño quien colocó su manita sobre la mejilla de su padre y sonrió viendo cómo empezaba a dormirse. Su respiración era intensa al principio, pero iba relajándose a medida que se quedaba dormido.
Cuando su padre se quedó profundamente dormido, Menma aprovechó para levantarse. Sasuke le había dejado ya el desayuno hecho en la mesita del salón, lo que hizo sonreír al pequeño. Buscó los cereales en uno de los armarios y se sentó frente a la televisión, encendiéndola para ver los dibujos hasta que su padre se despertase.
No podía negar que, en parte, le preocupaba un poco ese ritmo de vida que llevaba su padre, trabajando por las tardes y por las noches, durmiendo por las mañanas, a veces… durmiendo las tardes y trabajando las mañanas, dependiendo cuando le llamasen para cuidar de esos niños.
Sasuke abrió los ojos con lentitud algo sorprendido todavía de que su móvil no hubiera sonado con la música del despertador. Estaba convencido de que lo había puesto antes de acostarse junto a su hijo. Decidió levantarse y buscarle, dándose cuenta de que su teléfono no estaba en la mesilla donde lo había dejado, sin embargo, sí estaba el reloj. ¡Habían pasado cinco horas!
- Maldita sea – se maldijo Sasuke al darse cuenta de aquello.
Todavía se sentía cansado pero le había prometido a su hijo que pasaría el día con él y eso pensaba hacer. Decidido, salió aún tambaleándose ligeramente hacia el salón, escuchando entonces una voz conocida… ¡La suya! Era su propia voz cantando a capela y eso hizo que saliera con mayor rapidez observando cómo su hijo tenía entre sus manitas su teléfono y veía un vídeo en youtube.
Al escuchar Menma los pasos de su padre tras él, alejó la espalda del respaldo del sofá y le observó con una sonrisa sin poner la pausa en aquel vídeo, dejando así que Sasuke viera ligeramente por encima del respaldo lo que estaba viendo. Identificó a sus antiguos compañeros, a Naruto sentado a su lado tocando la guitarra eléctrica, entonando unas ligeras notas mientras él mismo cantaba la primera y única canción que había compuesto.
- No sabía que cantabas – dijo Menma con una sonrisa.
- ¿Cómo te has enterado de eso? – preguntó Sasuke algo confuso.
- Ino me contó que hacía tiempo estabas en un grupo.
- No estaba en un grupo, tan sólo… cantaba a veces con ellos.
- Me gusta – dijo Menma – tienes buena voz.
- Tenía – sonrió Sasuke pasando la pierna por encima del respaldo y pasando al otro lado para sentarse junto a su hijo.
- ¿Eran tus amigos? – preguntó Menma al sentir cómo su padre pasaba el brazo tras su cabeza y le acercaba a él para ver juntos el vídeo.
- Algo así – susurró Sasuke con la mirada fija en Naruto – algo así, cariño – le besó en la cabeza con suavidad, apartando ligeramente su flequillo hacia atrás.
Menma seguía absorto en el vídeo, escuchando la voz de su padre. Nunca le había escuchado cantar, pero le gustaba. Su tono de voz, la entonación, era realmente bueno y, sin embargo, había dejado de hacerlo.
- ¿Por qué lo dejaste? – preguntó Menma.
- No estoy muy seguro. Quizá fue por problemas entre nosotros o porque dejó de gustarme, ya no me sentía cómodo, creo que era más la segunda opción – sonrió Sasuke.
- ¿Dejó de gustarte la música?
- Puede que sólo… no sé… no me sentí cómodo con lo que hacía y preferí dejarlo. Además también me cambió el tono de voz en la adolescencia así que…
- Podrías volver a cantar, eras muy bueno.
- Ni siquiera me acuerdo ya de entonar – sonrió Sasuke aunque, en parte… sabía que era mentira, era algo que posiblemente no se olvidaba tan fácilmente y si practicaba un poco… volvería a cogerle el punto.
Con suavidad, separó su espalda del respaldo para coger algo de plastilina de encima de la mesa, empezando a darle forma entre sus manos. Menma le observaba con una sonrisa, sabía de sobra que su padre era muy bueno en casi todo lo que hacía, aunque todavía no era capaz de entender cómo se le podía dar tan bien tantas cosas.
- ¿Qué querías hacer?
- Una granja – dijo Menma con una gran sonrisa – quiero una granja con muchos animales y con cultivos – sonrió de nuevo, consiguiendo que Sasuke sonriera y empezase a moldear la plastilina de diferentes colores, creando los objetos de la granja.
- Pues una granja – susurró Sasuke – aunque nos va a llevar mucho trabajo. Si quieres… podemos ponernos en esa mesa de la esquina que no utilizamos y la dejamos montada para que los visitantes puedan verla.
- Sí – exclamó el niño con total alegría, ayudando a su padre a hacer la reproducción de la granja.
Mientras Menma se ocupaba de crear un cuadrado para simular la casa, Sasuke creaba los campos con plastilina marrón, poniendo tallos verdes y acabados en amarillo como si fuera el trigo, haciendo los árboles y hasta los animales y las vallas. Ambos sabían que no acabarían ese día, ni al día siguiente, sería un trabajo que les llevaría días, pero a Menma no le importaba, porque los proyectos con su padre conseguían que se centrase en él, era su momento para estar juntos.
A medida que el ascensor subía, más nervioso se ponía Sasuke. Miró una vez más el GPS de su teléfono, marcándole nuevamente que estaba en la dirección correcta. Tenten le había mandado la dirección de su nueva entrevista de trabajo para cuidar a otro niño, pero él seguía nervioso. Estaba cansado del acoso que tenía que soportar por parte de los padres. Algunas madres intentaban seducirle, los padres parecían intentar propasarse y cada poco tiempo… tenía que volver a cambiar de familia.
- Allá vamos otra vez – susurró para sí mismo – A ver cuánto duraré esta vez.
Estaba desanimado. Sólo quería un trabajo medianamente estable. Un trabajo donde los padres no se propasasen con él, que sólo se fijasen en la eficiencia de su trabajo y nada más. Por otro lado, quizá también estaba un poco nervioso por el lugar donde se suponía que era su entrevista. El apartamento de ese hombre estaba en pleno centro de Tokio, debía costar mucho dinero poder permitirse vivir allí, más siendo una casa de su propiedad y no un simple alquiler.
La puerta del ascensor se abrió frente a él y tras respirar hondo, salió al pasillo caminando hacia el número de la puerta que le habían apuntado en el papel. Tocó al timbre y esperó tras la puerta nervioso como estaba.
Al abrirse del todo, ambos se observaron unos segundos atónitos y sorprendidos. Ninguno esperaba encontrarse de nuevo, ninguno habría pensado que llegarían a volver a verse tras casi seis años sin haber vuelto a coincidir y, sin embargo, allí estaban. Naruto seguía absorto, mirando a ese chico de veintidós años, más adulto que cuando le conoció, más atractivo aún, con un cuerpo más tonificado que hacía años y, sin embargo… seguía luciendo cómo lo que era, un adolescente, con sus cascos colgados del cuello, con su camiseta oscura y una chaqueta negra abierta, con esos pantalones vaqueros azulados que realzaban aún más su figura.
- ¿Sasuke? – preguntó pese a que sabía la respuesta.
- ¡Joder! – susurró Sasuke al verle – creo que me he confundido – dijo sin más dando la vuelta, pero Naruto le retuvo la muñeca impidiendo que se marchase.
- No, espera por favor.
Sus miradas se encontraron una vez más, provocando un tenso y agonizante silencio que querían romper pero ninguno se atrevía a hacerlo. No habían terminado precisamente bien la última vez y es que ambos tenían demasiado carácter, ambos querían llevar siempre la razón y pese a haber sido buenos amigos… también habían competido por muchas cosas, aunque no precisamente en notas, en eso Sasuke siempre era el ganador absoluto.
- ¿Vienes por la entrevista? – preguntó Naruto - ¿La de niñero?
- Sí – le aclaró Sasuke – pero creo que ha sido un error, es mejor que me marche.
- Espera, por favor… sé que no terminamos bien, ¿vale? Pero… necesito ayuda.
- No creí que fueras a ser tú, Naruto. En serio… creo que es mejor que tu mujer y tú os ocupéis de este asunto o busquéis a otra persona. No le gustará verme aquí.
- Ella no está, Sasuke – le aclaró Naruto – yo… estoy criando solo al niño y te necesito, por favor… ¿Quieres que te lo suplique? Tenten me dijo que eras el mejor y mi hijo está… descontrolado. Ni siquiera tendrás que verme, trabajo muchas horas, haz la entrevista, por favor.
- De acuerdo – acabó aceptando Sasuke aunque no le convencía la idea, sin embargo, no negaba que necesitaba el dinero. Iba a tener que tragarse un poco de su orgullo esa vez – la haré.
- Gracias – sonrió Naruto soltando su mano, terminando con aquella extraña corriente que había fluido entre ellos, ese extraño sentimiento que siempre había hecho que cometieran un error tras otro.
- Preséntame a tu hijo entonces – dijo Sasuke pese a que esas palabras le dolieron y le destrozaron el alma, sabiendo que el chico al que una vez amó, se había casado y tenido un hijo con otra persona que no fue él. Ahora ya no podía hacer nada para arreglar eso y quizá… tampoco quería hacerlo, Naruto le había destrozado su vida y, sin embargo, allí estaba tan sólo porque necesitaba dinero.
