Hola a todos, regrese el día que habíamos acordado y eso se debe a los reviews pero los dejaré leer por el momento...

Disclaimer: La historia no me pertenece, es de Yare quien me dio su permiso para adaptarla y los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer.


3. El talismán del amor.

Los rayos de sol que penetraban a través de las rendijas de la persiana consiguieron despertarla ese domingo. Soñolienta y aún cansada debido al ajetreo del día anterior, se estiró sobre la cama y miró la hora en el despertador que tenía sobre la mesita.

-Las diez y diez-Murmuró, reprimiendo un bostezo-. Y pensar que me podría quedar durmiendo más tiempo si no fuera por culpa del idiota de Cullen…

Más dormida que despierta, Bella se fue reincorporando perezosamente antes de dirigirse al armario y sacar una falda vaquera y su camiseta favorita. No tenía por qué esmerarse mucho. Después de todo, era con Edward con quien había quedado.

"U obligado a quedar" Se corrigió chasqueando la lengua, molesta.

Resignada y arrastrando los pies, caminó hacia la puerta y salió de la habitación dando un bostezo. El día anterior había sido el esperado primer partido del Arcadia High School contra el instituto North High School y tal como Edward le había prometido, jugó en sustitución de Jasper. Habían quedado cinco a tres a favor del equipo de Arcadia y dos de esos goles fueron marcados por el francés.

Había sido uno de los partidos más emocionante que Bella había visto jamás y el joven Cullen tuvo mucho que ver. Era francamente bueno y junto a Jacob ambos formaban un buen equipo. Fue por eso que no le extrañó a Bella que nada más terminar el partido Jacob le propusiese al chico formar parte del equipo permanentemente.

-Por favor Bella, tienes que convencerle- Le pidió Jake cuando el francés se negó con rotundidad-. Haré lo que quieras si lo consigues.

Pero aunque el joven Black le gustase mucho y la condición fuese muy tentadora, en esa ocasión Bella se negaba a intervenir. Ya había tenido que sacrificar un domingo para que jugase un único partido. Si le sugiriese unirse al equipo… ¿Qué le pediría él a cambio?

Pero Edward había cumplido su promesa y ahora le tocaba a ella cumplir su parte del trato. Así que intentando prepararse psicológicamente para aguantar al chico otro día más, abrió la puerta del cuarto de baño sin saber que ninguna preparación psicológica la concienciaba para lo que iba a encontrar tras la puerta.

-¡Aaahhh!

Edward se giró sorprendido y frunció el entrecejo cuando Bella cerró la puerta del baño dando un portazo.

Sonrojada y con la boca seca, la chica se apartó de la puerta torpemente, intentando no mirar a Edward cuando éste apareció tras ella.

-¿Pasa algo?

-¡¿Cómo que si pasa algo?!-Exclamó Bella sumamente sonrojada-. ¡¿Es qué no sabes cerrar la puerta con pestillo?!

-¿Y para qué?

-¡¿Cómo qué y para qué, pedazo de pervertido?!-Bramó acalorada, haciendo aspavientos con las manos-. Pues… pues… ¡Pues para no encontrarte así!

La joven Swan le señaló y apartó rápidamente la mirada, mucho más sonrojada si eso era posible. Edward se estudió con fingido desconcierto antes de focalizar, de nuevo, su atención en la chica.

-¿Así, cómo?

-¡Así!-Insistió ella, señalando su torso desnudo y la toalla que rodeaba su cintura-. ¡Desnudo!

Edward enarcó una ceja y tras mirarse y mirarla a ella alternativamente durante varios segundos, el chino se echó a reír.

-¡¿Se puede saber de qué te ríes, idiota?!

-¿Desnudo dices?-Repitió divertido, quitándose la toalla que tapaba sus partes nobles-. Esto es estar desnudo.

-¡No! ¡Tápate! ¡Tápate! ¡TÁPATE!-Gritó la chica alarmada, cubriéndose la cara con las manos-. ¿Te has puesto ya la toalla?-Preguntó, poco después.

Edward, que no se molestaba en disimular lo mucho que estaba disfrutando con la situación, se acercó a ella y, con una sonrisa en los labios, la obligó a quitarse las manos de la cara.

-¿Seguro que te la has puesto?-Insistió, con los ojos fuertemente cerrados.

-Pero mira que eres tonta-Rio, dándole pequeñas palmaditas en la cabeza- ¿Por quién me has tomado? Lo siento guapa, pero hoy no es tu día de suerte. Si quieres ver un cuerpo escultural, tendrás que conformarte con ir al museo- Sonrió, entrando al baño-. Tonta, debajo de la toalla llevaba bóxer.

-¡¿Qué?!

Isabella abrió los ojos sorprendida a la par que la puerta del baño se cerraba. Muy avergonzada, recogió la ropa que había dejado caer al suelo y pateó el aire, enfadada.

"Maldito Cullen…"

Pero la puerta del baño volvió a abrirse poco después mostrando el sonriente rostro del chico, quien ahora la miraba con picardía.

-Por cierto, ¿Quieres entrar?-le preguntó, lanzándole el bóxer-. A mí no me importa compartir la ducha, y ahora sí que no llevo nada…

Bella, que había cogido el bóxer al vuelo más por inercia que por otra cosa, se los lanzó de nuevo a su propietario antes de alejarse por el pasillo con paso altivo, aunque no por ello menos avergonzada.

-¡Cullen, te odio!-Bramó, cerrando la puerta de su habitación con un portazo.

Edward sonrió para sí y tarareando una alegre canción, cerró de nuevo la puerta del baño y siguió afeitándose. Por fin había llegado el esperado domingo, y él estaba dispuesto a sacarle provecho.

oOoOoOo

-Vamos… ¿No me digas que todavía estás enfadada?-Insistió el chico, bajando las escalera tras ella-. Si sólo ha sido una pequeña broma sin importancia.

Pero la mirada fulminante que la chica le dirigió, le bastó para saber que lo mejor era no volver a tocar el tema si quería seguir presumiendo de un cuerpo escultural.

-Que conste que si salgo contigo no es por voluntad propia-Con la mano en la manivela de la puerta, Bella se giró a mirarle-. Desearía hacer miles de cosas antes de pasar el domingo contigo.

-Seguro que no dirás lo mismo al final del día-Replicó Edward, haciéndole un gesto con la mano para que pasase primero-. Pero si te consuela, sólo te pedí que quedásemos hoy para hacerte rabiar, no porque me hiciera especial ilusión. Aunque claro…-Añadió, fijándose en su largo cabello siempre trenzado, ahora suelto-. Hoy estás mucho más guapa que de costumbre, que ya es decir.

La joven Swan rodó los ojos con exasperación y le pegó un pequeño empujón antes de cruzar la puerta principal de su casa que daba al jardín. Después de seis días de agotadora convivencia, incluso los inesperados piropos de Edward habían perdido su efecto.

-Además, esa falda resalta tus bonitas piernas.

"Aunque no todos" Pensó, intentando ocultar su sonrojo gracias a su largo cabello.

-¡Bella!

Una voz femenina que no tardó en reconocer, la sacó de sus pensamientos. Desde la casa contigua a la suya y con una enorme pamela sobre la cabeza, Leah Clearwater la saludaba con efusividad.

-¡Leah!-Exclamó la chica sorprendida, acercándose a ella para abrazarla por encima de la pequeña valla que separaba ambas viviendas- ¿Qué haces aquí? ¿No tendrías que estar en la universidad con Sam?

-Así es, pero hemos discutido y me he venido unos días –Contestó Leah con simpleza-Era eso o matarle para acabar con el problema. Por cierto, te manda recuerdos.

El joven Cullen, que se había mantenido al margen de la situación, arqueó una ceja mientras Isabella soltaba una risita.

-Conociendo a mí hermano… -Suspiró, mirándola comprensiva-A ver, ¿Qué te ha hecho esta vez?

-¿Qué que me ha hecho?-Repitió Leah sarcástica, alzando un poco la voz-. Si el asunto no es lo que me ha hecho a mí, sino al pobre chico que se acercó a pedirme la hora. Claro que Sam aseguraba que no dejaba de mirarme el escote-Murmuró más para ella misma que para su acompañante.

-¿Y tenía razón?

Clearwater se encogió de hombros, distraída, percatándose por primera vez de la presencia de Edward.

-Oye, ¿Y el chico?-Preguntó, mirando a Bella con picardía- Por favor, dime que es tu novio.

-¡¿Él y yo?!-Exclamó escandalizada. Edward frunció el ceño-. ¡Claro que no! No me ofendas-Pidió, señalando al mencionado con el pulgar-. Es el hijo de una vieja amiga de mi padre. Se quedará unos meses para perfeccionar nuestro idioma.

-¿Me estás diciendo que está viviendo con vosotros?-Inquirió con un sospechoso brillo en la mira. Bella asintió-. ¿Quieres decir que ese bombón vive bajo tú mismo techo?

La joven Swan, que calificaría a Edward de cualquier cosa menos de bombón, hizo un gesto evasivo con la mano antes de volver a asentir.

-Swan, yo te espero fuera- Intervino Cullen, a quien las miradas de la vecina comenzaban a intimidarle.

Edward le hizo un gesto de despedida a Leah y se giró sin saber que su redondeado trasero estaba siendo examinado por las dos chicas.

-Dime que ya te has colado en su habitación mientras se cambiaba.

-¡Por supuesto que no!-Bella negó con rotundidad, sumamente sonrojada- ¿Pero qué tonterías estás diciendo? Te aseguro que si le conocieses no dirías lo mismo.

-¿Con ese culo?-Replicó, sarcástica-. Yo no estaría tan segura.

Isabella rodó los ojos y Leah sonrió dejando en el suelo la regadera y quitándose la enorme pamela de la cabeza.

-Pero si te has colado en el baño mientras se duchaba, ¿eh?-Insistió mirándola con complicidad-. Eso no me lo negarás.

Bella, que había apartado la mirada con la intención de localizar a Edward, se giró con brusquedad y la miró sin poder disimular su expresión de espanto. ¡¿Cómo demonios se había enterado?!

-¡Te aseguro que no es lo que piensas!-Se apresuró a contestar, sin poder camuflar el sonrojo más que evidente de sus mejillas-. No saques conclusiones precipitadas. ¡Déjame que te lo explique!

La habían descubierto. No sabía cuándo ni cómo pero Leah lo había hecho. Ahora tendría que aguantarla haciéndole insinuaciones indiscretas cada vez que se vieran. Estaba acabada. Con lo cotilla que era la chica, en menos de veinticuatro horas lo sabría toda Phoenix. Definitivamente, no saldría de casa como mínimo en los próximos cincuenta años.

"Y todo por culpa de Cullen…" Pensó, presionando la mandíbula "¡Odioso exhibicionista!"

-Créeme que ha sido algo traumático-Dramatizó, cogiéndola de las manos- Cuando yo le he visto ahí, medio desnudo… -Sollozó, señalando a un punto en el aire- ¡¿Pero qué quieres que haga si es un pervertido en potencia?!

-¿Estás hablando en serio?-Dudó, arqueando un ceja-. ¿Te has colado en el baño mientras se duchaba?

-¿Eh? ¿No te referías a eso?

Los labios de Leah, que durante unos segundos había permanecido seria, se curvaron en una sonrisa maliciosa.

-¡Te has colado en el baño mientras se duchaba!-Exclamó a pleno pulmón. Bella la obligó a bajar la voz llevándose un dedo a los labios- Sé que mi deber sería regañarte y asegurarme que no se volverá a repetir, pero con ese cuerpazo…-Sonrió, mirando a Edward desde la distancia-. La carne es débil y entendería que volvieras a hacerlo. Por cierto, ¿cómo está al natural?

Leah levantó las cejas un par de veces y amplió la sonrisa de su rostro. No era por meterse en asuntos ajenos, tan sólo quería asegurarse que Bella conseguía al hombre que se merecía.

-Ni lo sé ni me importa-Aseguró, cruzándose de brazos-. Y te prometo que este desagradable incidente no volverá a repetirse.

-¿Seguro?-Leah rio-. Míralo bien antes de prometer nada.

-Seguro-Sentenció, tajante-. Y confío que esto quede entre nosotras. Si alguien se entera, serás la primera a la que mate.

"O la segunda…" Se corrigió mentalmente.

-Ahora me giraré, me alejaré de aquí y no quiero que se vuelva a tocar el tema. ¿Está claro?

La joven Clearwater asintió y Bella se despidió de ella y se acercó a Edward bajo la divertida mirada de la chica.

-¿Qué no se va a repetir?-Sonrió con malicia-. Ingenua juventud.

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-¡Me encanta el PhxZoo! Es uno de mis lugares favoritos-Comentó Bella saliendo del zoológico seguida por el chico- ¡Eh, mira, los puestos están abiertos!

Cuando Edward se giró para mirarla, la joven Swan ya corría en dirección a los llamativos puestecitos. El chico suspiró resignado y, con las manos en los bolsillos, la siguió. Se suponía que era a él a quien le estaba enseñando el lugar, pero Bella parecía estar mucho más emocionada que el chico.

'Lo está' Confirmó Edward cuando la vio recorrer con la mirada todos los artículos del puesto más cercano.

-¡Mira Edward!-Llamó, haciéndole un gesto con la mano para que se acercase- Son talismanes de la fortuna. Afortunado en el trabajo, afortunado en la salud, afortunado en el amor…

Con un bonito talismán de color rojo entre las manos, Bella sonrió y bajó la mirada sonrojada. Edward, que se había percatado del gesto, enarcó una ceja haciendo que la anciana dependienta del puesto sonriera para sí.

-¿Te ha gustado algo muchacha?-Preguntó esta con amabilidad.

-¿Eh?-Isabella alzó la mirada y amplió su sonrisa-. La verdad es que todo. Tiene unas cosas muy bonitas.

-Gracias-Asintió, acercándose a ella-. Aunque parece que sientas cierta predilección por los talismanes. Ese en concreto-Añadió, señalando el talismán del amor y mirando a Edward con complicidad-. Claro con un novio tan apuesto no creo que lo necesites.

Los dos chicos se miraron sorprendidos antes de apresurarse a negarlo todo entre balbuceos y palabras improvisadas. Era la tercera vez esa mañana que los confundían con una pareja de enamorados y el temita ya comenzaba a irritarles. ¿Es que acaso no se veía a leguas que se odiaban? Para Isabella al menos era algo más que evidente.

-Vaya, que lástima- Se lamentó la amable mujer centrando de nuevo su atención en Bella-. En ese caso, creo que te vendrá bien tener uno de estos. Te aseguro por propia experiencia que son muy efectivos.

La joven Swan miró el talismán pensativa. La imagen de Jacob cobró forma en su mente y no necesitó nada más para decidirse. Tan solo esperaba que la amable anciana estuviese en lo cierto y ese talismán la ayudase a conseguir que su mejor amigo se fijase en ella.

-Muchas gracias-Bella sonrió y cogió la pequeña bolsa de papel que la anciana le extendía y dentro de la cual estaba el talismán-. De por hecho que vendré aquí a hacer mis próximas compras.

-Me encantará volver a verte.

La chica amplió más su sonrisa y ondeando su melena se dirigió al siguiente puesto que estaba a unos metros de ese.

-Una muchacha como pocas-Comentó la mujer con voz pausada mirando a Edward con perspicacia-. ¿No crees?

-Sí-Afirmó, pensativo-Bueno, muchas gracias por su tiempo.

El joven Cullen hizo el ademán de alejarse pero la mujer le detuvo agarrándole del brazo. Sorprendido, Edward se giró para mirarla y la anciana le soltó lentamente.

-Quería darte esto-Dijo, extendiéndole otro talismán idéntico al que había comprado Bella-Si mi instinto no me falla, creo que lo necesitas más que nadie.

-Se lo agradezco, pero yo no creo en estas cosas-Rehusó, negando con la cabeza.

-Por favor, acéptalo-Insistió, con un extraño brillo en la mirada-.Tómalo como un regalo.

Edward miró dubitativo el talismán que la mujer le extendía, pero finalmente lo cogió y se lo guardó en el bolsillo del pantalón. Sabía que todo eso de los horóscopos y talismanes no eran más que tonterías para sacar dinero a la gente, pero después de las insistencias de la mujer le sabía mal no aceptarlo.

-Gracias.

La anciana, que había rodeado la pequeña mesa donde exponía los artículos para estar frente al chico, le cogió las manos y sonrió.

-Antes de irte tan sólo quiero darte algo más. Un consejo-Aclaró- Olvida el pasado, perdónate a ti mismo y date una nueva oportunidad.

Edward le miró desconcertado pero la anciana no se inmutó.

-Todo pasa por algo-Murmuró, señalando a Bella con la cabeza- Aunque la mayoría de las veces tardamos en darnos cuenta.

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-¿Crees que funcionará?-Preguntó Isabella, mirando su talismán detenidamente-. La anciana parecía convencida.

-¡Bah! Chorradas-Contestó el chico de forma despectiva-. Pero aunque fuese cierto, con el mal carácter que tienes, necesitarías un milagro para que alguien te quisiera, no esas cosas ridículas.

-¡Tú sí que eres ridículo!-Exclamó, molesta- Y para que lo sepas, no necesito nada de esto para que se fijen en mí.

-¿A sí? ¿Entonces por qué lo has comprado?

Bella le fulminó con la mirada antes de darle una fuerte colleja que hizo a Edward sonreír.

-¿Lo ves? Esto solo reafirma mi teoría-Insistió, divertido-. Sólo un suicida saldría con una fierecilla indomable como tú.

-O alguien muy inteligente-replicó, sonriendo con satisfacción-. Cualidad de la que tú careces. No es mi culpa que no sepas valorar lo bueno aunque lo tengas delante de tus narices-Añadió, acelerando el paso para dejarle atrás.

Edward entreabrió la boca sin saber muy bien qué decir. Esta vez había sido ella quien le había dejado sin palabras.

Ya hacía un buen rato que se habían alejado del zoológico de Phoenix y ahora caminaban por el centro de la ciudad en busca de un lugar para comer. Finalmente, y después de mirar en varios sitios, se decantaron por un bar-restaurante que servían la comida al aire libre.

-¿Una mesa para uno?-Preguntó la camarera con coquetería mirando únicamente al francés.

-Para dos-Corrigió Bella apareciendo detrás de él con el ceño ligeramente fruncido.

La sonrisa de la joven camarera desapareció rápidamente y con un tono cortante les indicó que la siguiesen.

-En seguida vengo a tomarte nota-Dijo modelando su tono de voz y sonriendo a Edward.

Isabella la siguió con la mirada y bufó, molesta. ¿A qué venía eso? Vale, una cosa era que estuviese intentando ligar con el francés delante de sus narices y otra muy distinta que la ignorase. ¿Es que acaso ella no era también una clienta?

-Ya podía ser un poco más sutil-Comentó Bella recostándose sobre la silla.

-Ella también se habrá pensado que eres mi novia-Opinó Edward sin darle mayor importancia. La chica frunció el entrecejo-. ¿No te has dado cuenta? Estamos en el restaurante de las parejitas felices. Y sino mira a tu alrededor.

La joven Swan se reincorporó ligeramente y comprobó con pesar que el chico estaba en lo cierto. No sabía si se debía a que era domingo o a que casualmente habían entrado al restaurante al que acudían los enamorados, pero todas las mesas estaban ocupadas por parejas que entrelazaban sus dedos sin disimulo por encima de la mesa.

Fue entonces cuando Bella sintió un irremediable deseo de estar en el lugar de esas parejas. Como les envidiaba.

"Ojalá algún día pueda estar así con Jake" Deseó para sí, soltando un pequeño suspiro.

Edward la observó con discreción por encima de la carta. El rostro antes molesto de Bella había pasado a uno mucho más serio y en cierta forma melancólico. No era que fuese muy perspicaz con esas cosas, pero en una persona tan alegre como la joven Swan era algo más que evidente.

-Yo de ti no me emocionaría demasiado-Le advirtió, recostándose ligeramente en la silla-. Por mucho que la gente piense que estamos juntos, no entras si quiera en mi lista de posibles. Así que procura controlar tus deseos-Sonrió, colocando los brazos detrás de la cabeza-. Entiendo que te resulte irresistible pero dudo que esté bien visto que te lances sobre mí en medio de la comida.

-¿Lanzarme sobre ti?-Repitió la chica sarcástica, recuperando su vitalidad habitual- Por favor… ¿Pero quién te crees que eres? ¿El único chico del planeta?

-¿Ya sabéis que vais a pedir?-Preguntó la camarera pestañeando varias veces al chico e inclinándose ligeramente para mostrar parte de su escote.

Edward sonrió y miró a la joven Swan con complicidad. La respuesta era más que evidente: No necesitaba ser el único hombre del planeta para que las chicas se lanzasen a sus pies.

-Idiota-Murmuró Bella cruzándose de brazos.

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La joven Dwyer dejó a un lado el libro que estaba leyendo cuando Kachiri, la mujer que trabajaba para la familia y que durante años había sido algo así como su niñera, entró a la habitación.

-Señorita, hay alguien que la está esperando en el recibidor-Informó con eso tono cálido y agradable que tanto le gustaba a la chica.

Kachiri era una mujer de unos cincuenta años, bastante corpulenta y de aspecto bonachón. A Renesmee siempre le había inspirado confianza. No solo por sus dulces ojos azules o su voz pausada y tranquila, sino porque siempre había estado ahí cada vez que la había necesitado. No sabía si era por los años que se conocían o porque Kachiri tenía algo especial, pero nunca había podido ocultarle nada. Estaba claro que la única hija de Charlotte Dwyer era un libro abierto para ella.

-¿A mí?-Dudó, reincorporándose en la cama- Esta bien, gracias. Dile que en seguida bajo.

Kachiri asintió y abandonó la habitación dejando a Renesmee sola. Extrañada de que un domino alguien fuese a buscarla, se acercó al tocador y se miró en el espejo antes de salir también de la habitación.

Lentamente e intentando no romper el silencio que normalmente reinaba en esa casa, bajó las bonitas escaleras alfombradas que la llevaban al recibidor.

-¿Jake?-Dijo como saludo, sin poder disimular su sorpresa- ¿Qué haces aquí?

El chico, que hasta el momento le había dado la espalda, se giró hacia ella y sonrió. Con las manos en los bolsillos del pantalón vaquero y con esa elegancia que le caracterizaba, se acercó a ella y besó su mejilla como saludo.

-He venido a invitarte al cine-Contestó, sacando las dos entradas que había guardado en la cartera- ¿Qué dices? ¿Te apuntas?

-¿Ahora? No sé, es que…

-Vamos, no me digas que no-Pidió, mirándola suplicante-. Te prometo que estarás aquí antes de las diez.

Renesmee se mordió el labio inferior dudosa y Jacob sonrió divertido ante el gesto. Por una parte le atraía mucho la idea. Llevaba todo el día aburrida y como Bella había salido con el joven Cullen, no tenía nada que hacer. Pero por otra parte… Llevaba demasiado tiempo intentando evitar encontrarse con él a solas como para hacerlo ahora por propia voluntad.

"No estaréis solos" Se animó "Vais al cine y es un sitio público"

-Está bien, pero déjame que me cambie.

-¿Para qué?-Preguntó el chico frunciendo el ceño-. Así ya estás muy guapa.

La joven Dwyer apartó la mirada sonrojada intentando disimular la sonrisa que habían formado sus labios. Ese era Jacob Black. Tan caballeroso, tan adulador… Definitivamente no había sido una buena idea aceptar la propuesta, pero ya era demasiado tarde para arrepentirse.

-Bueno, pues al menos déjame que coja el bolso y el dinero.

-No es necesario. Yo invito-Sentenció, cogiéndola de la mano y arrastrándola fuera de la casa-. ¡Venga, vámonos! No voy a arriesgarme a que cambies de idea.

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-Increíble-Sentenció Bella con las manos en las caderas y alzando el mentón-. Absolutamente increíble.

-¿Sorprendida?-Sonrió el chico, guardándose el pequeño papel en el bolsillo.

-Yo diría indignada- Corrigió, bufando, molesta-. Te recuerdo que me han echado la salsa de tomate encima.

El joven Cullen rio al recordar el incidente y la chica le fulminó con la mirada. La descarada camarera –más preocupada por contonear las caderas que por otra cosa, según Bella-que desgraciadamente atendía su mesa había tropezado, derramando toda la salsa sobre la camiseta favorita de la joven Swan. Perfectamente podía haberse tratado de un simple accidente, pero el hecho de que hubiese tropezado por no dejar de mirar a Edward y que después del incidente se fuese con una pequeña sonrisa vengativa en los labios, la hizo confirmar que la camarera era una lagarta de cuidado. Una lagarta que al darles la cuenta, le había dado a Cullen tanto su nombre como su número de teléfono.

-¿No pensarás llamarla?-Se escandalizó de inmediato, alarmada por la posibilidad de tener que verla otro día- Hoy ha sido salsa de tomate pero la próxima vez me puede sacar los ojos con el tenedor.

-Es el riesgo que debes correr por hacer creer a la gente que eres mi novia- Contestó Edward con simpleza- Yo pensaba aclararlo, pero te veía tan animada…

-¿Animada dices?-Repitió, frunciendo el entrecejo-. Para que lo sepas, no eres ni de lejos mi tipo. Además…-Sus labios se curvaron en una sonrisa maliciosa-. No creo que sea yo precisamente quien está disfrutando de la situación. Admítelo Cullen, en el fondo te encanta la idea de que crean que estamos juntos.

-Sí, es verdad-Contestó, serio.

Isabella, que estaba convencida de haber ganado la batalla, dejó de sonreír y le miró, anonadada. Edward se echó a reír.

-¿Por qué pones esa cara? ¿No me digas que te lo has creído? Pero mira que eres tonta.

Entre risas y dejando atrás a Bella, Edward siguió caminando ignorante del vuelco que había dado el corazón de la chica y de esa extraña sensación que había tenido durante unos segundos. Una sensación que no supo explicar y que le resulto extrañamente familiar.

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-¡Ha estado genial!-Exclamó Nessie, emocionada-. La historia de amor, los personajes…

-Las tretas entre piratas, la búsqueda del tesoro…- Opinó Jacob, sumergido aún en la película-. Pero la mejor parte ha sido la batalla final.

-Lo mejor ha sido sin duda el encuentro entre April y Steve-Añadió ella, al unísono.

Los dos jóvenes se miraron y tras mantener el contacto visual durante unos segundos estallaron en sonoras carcajadas. Estaba claro que la película era para todos los gustos.

-Bueno, esa escena también ha estado bastante bien-Admitió Jake, haciendo sonreír a la chica.

-No finjas. ¡Odias las películas románticas!-Reprochó, divertida-. Y yo las adoro. Ya lo sabes.

-Lo sé-Asintió, acercándose peligrosamente a ella.

Renesmee apartó la mirada un poco ruborizada e intentó controlarse. Durante todo el trayecto había estado tan sumergida en la película que incluso se había olvidado que estaba con Jake, y que estaban solos.

-Oye-le llamó, captando su interés-. ¿Es cierto que te han regalado las entradas?

-¿De verdad quieres saberlo?-Nessie no contestó-. Las compré ayer por la tarde cuando Bella me dijo que iba a pasar el día entero con Edward. Me pareció una buena idea para estar a solas contigo.

Renesmee miró hacia los escaparates distraídamente y el joven Black sonrió. ¿Cómo podía decirle esas cosas con esa tranquilidad? ¡Si ella simplemente por estar a su lado ya se ponía nerviosa!

-¿Te has dado cuenta?-Preguntó el chico repentinamente, señalando con la cabeza a una pareja que pasó por su lado-. Quien nos vea y no nos conozca pensará que también somos novios.

-Jake…

-¿Una rosa para su bonita novia?-Les interrumpió un hombre mayor, señalando a una cesta llena de rosas que estaba a sus pies.

La joven Dwyer negó con la cabeza e hizo el ademán de aclarar el malentendido, pero antes de que de su boca saliese una palabra, Jacob contesto:

-Por favor.

El hombre sonrió mostrando una fila de amarillentos dientes antes de extenderle una hermosa rosa a la chica, quien la acepto sorprendida.

-Muchas gracias-Se despidió el hombre después de que Jacob le pagase.

Los dos jóvenes le hicieron un gesto con la mano en señal de agradecimiento antes de perderse entre la multitud.

-Jake…

-Lo sé-Aseguró el aludido dando un suspiro de exasperación-. Es una salida de amigos. No estoy confundiendo las cosas.

-No era eso-la joven Dwyer sonrió y el chico la miró desconcertado.

Y ante la sorpresa de Jacob y de la misma Renesmee, la chica buscó su mano entrelazando sus dedos con los de él.

-Gracias-Murmuró un poco sonrojada pero sin romper el contacto visual que se había formado.

-De nada.

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-¿Y por donde dices que hay que girar?-Preguntó el desconocido mostrando su reluciente sonrisa-. Soy un poco despistado para estas cosas.

-A mí me pasa lo mismo.

-Vaya, ya tenemos algo en común-Puntualizó el chico, soltando una pequeña risita.

Bella rio también y el desconocido pudo confirmar que tenía una sonrisa casi tan bonita como sus ojos.

-Porque no me acompañas y…-Propuso el joven con voz casual.

Pero una voz potente, segura y muy masculina le interrumpió. Ante la sorpresa de la joven Swan y el disgusto del desconocido, Edward apareció tras ellos fulminando al chico con la mirada.

-¿Algún problema?-Preguntó, rodeando la cintura de la chica con un brazo para atraerla hacia él de forma posesiva...

-Eh… no, no. Creo que ya me ha quedado todo claro- Se apresuró a contestar el joven, haciéndole un gesto con la mano a Isabella en señal de despedida-¡Muchas gracias!

La joven Swan hizo el ademán de detenerle, pero el chico había echado a correr y en unos segundos se perdió entre la muchedumbre que paseaba por el lugar.

-¡¿Pero tú eres idiota?!-Exclamó, separándose bruscamente de Edward-. ¡Le has echado!

-No he dicho nada-se excusó comenzando a andar de nuevo-. Además, os he estado observando por el escaparate desde la tienda y estaba intentando ligar contigo claramente.

-¡Me estaba preguntando por una calle!-Contestó exaltada, acelerando el paso para ponerse a su altura-. De todas formas, aunque fuese así, ¿a qué ha venido eso del bracito? Ahora él también pensará que estamos juntos.

-Es que esa era la idea-Señaló con tono evidente-. Mira Swan, la situación es la siguiente: tú no me das dejado ligar con la camarera, yo no te dejo ligar con un desconocido. Ya estamos en paz.

Isabella abrió la boca sorprendida y le pegó un golpe en el brazo para desahogarse. El joven Cullen la miró con el entrecejo fruncido y ella bufó.

-Así que lo has hecho por venganza-Musitó, cruzada de brazos-. Además de arrogante y maleducado también vengativo. ¡¿Pero qué pecado he cometido en otra vida para recibir tal castigo?!

-¿Asesinato, tal vez?-Propuso Edward, divertido.

- Ah no, ese lo cometeré en esta como no me dejes en paz-Le advirtió, entrecerrando los ojos de forma amenazante-. ¿Cómo pretendes que funcione el talismán si tú arruinas las buenas oportunidades?

Bella suspiró resignada y tras coger una bocanada de aire, procuró relajarse. No era conveniente matarle con tantos testigos a su alrededor. Ya lo haría en casa, con calma. Le ahogaría con el cinturón del albornoz y enterraría su cuerpo en el jardín para abonar las plantas.

"Así seguro que estarán preciosas en primavera" Sonrió "Serán la envidia de los vecinos"

-Por cierto, toma.

Sin el menor cuidado y sacando a la chica de sus pensamientos, Edward le lanzó una pequeña bolsa antes de seguir caminando sin dejar de mirar al frente.

Una expresión de sorpresa cruzó el rostro de Isabella cuando miró en el interior de la bolsa. Desconcertada pero a la vez muy contenta, sacó el mismo león de peluche –o especie de león según el chico- en tonos dorados que habían visto esa mañana en el escaparate. Con la presencia del otro chico y todo lo ocurrido, se le había olvidado que se habían detenido justamente en la misma tienda de hacía unas horas.

-¿Para mí?

-¿Para quién sino?-Se mofó, sarcástico- ¿A qué otra persona le puede gustar algo como eso?-Suspiró bajando la mirada- Tómalo como una recompensa por enseñarme la ciudad.

-Pero si lo he hecho ha sido porque tú participaste en el partido-Le recordó Bella-No tenías por qué…

-¡Bueno, ¿es que no puedes aceptarlo y quedarte calladita?!-Exclamó el joven francés intentando disimular el ligero rubor de sus mejillas-. Te lo he regalado y punto. Y si no lo quieres…

-¡Claro que lo quiero!-Se apresuró a contestar la chica, abrazando al peluche con cariño-. Esto… gracias.

El joven Cullen le hizo un gesto evasivo con la mano y ella asintió antes de observar con más detenimiento su nuevo muñeco.

Edward la observó discretamente y sonrió. Isabella era como una niña pequeña y a él le gustaba que fuera así.

No se lo había dicho, pero la salida de ese domingo no tenía nada que ver con su interés por ver Phoenix o por su participación en el partido. Si él había quedado con ella ese día era con la única intención de disculparse por lo que le había dicho hacia unos días, en el castigo. Era cierto que Bella se volvía a comportar como siempre y que parecía haberlo olvidado. Pero Edward sabía que se había pasado y ese peluche era la única forma que había encontrado para disculparse.

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-Bien, ya hemos llegado- Anunció Eriol deteniéndose frente a la casa de los Dwyer-. ¿Cómo te lo has pasado?

-Sabes que bien-Sonrió, colocándose el cabello tras la oreja-. Es imposible no hacerlo estando contigo.

El joven Black también sonrió con fingida arrogancia, lo cual hizo reír a la morena.

-Me alegro- Admitió con naturalidad, introduciendo las manos en los bolsillos-Porque reconozco que, además de para estar contigo, lo he hecho con la esperanza de que dejes de evitarme.

Renesmee le miró sorprendida y él la correspondió haciendo una mueca de pesar.

-Vamos, ¿no pensarás de verdad que no me había dado cuenta?-Preguntó entre divertido e irónico. Pero su rostro no tardó en ensombrecerse-. No te reprocho nada. Tan solo te pido que no vuelvas a hacerlo.

La chica hizo el ademán de contestar, pero en el último segundo se contuvo. Era inútil pretender negar algo que era tan evidente.

-Me resulta muy difícil fingir que no pasa nada entre nosotros –Admitió Nessie bajando la mirada-. Actuar como si nada fuese diferente. Mirarte y no poder decirte lo que siento o estar a tu lado y no poder…

La joven Dwyer alzó la mirada y Jacob sonrió ante el sonrojo de sus mejillas. No podía creerse lo que había estado a punto de decir. Tal sólo esperaba que el joven no se hiciese una idea de cómo acababa la frase. Claro que Jacob Black no era un chico cualquiera y la conocía demasiado bien para no saberlo.

-¿No poder, qué?-Insistió, acorralándola contra la pared y apoyando uno de sus brazos en el frío muro de piedra-. ¿Besarme?

Una expresión de sorpresa se formó en el rostro de Renesmee, cuya respiración estaba ligeramente agitada. Su pecho subía y bajaba con rapidez a la par que un cosquilleo se apoderaba de su estómago.

Lentamente y dejándose guiar por su inconsciente, fue cerrando los ojos a la espera del tan ansiado beso. Un beso que no llegó. Desconcertada y con una opresión dominando su pecho, abrió los ojos y buscó sus ojos chocolate.

-Sabes que me muero por besarte, pero no quiero que hagas nada de lo que después puedas arrepentirte-Dijo Jacob, contestando a la pregunta que la chica le formulaba con la mirada-. Buenas noches, princesa.

Y tras darle un beso en la mejilla, el joven Black se alejó del lugar tras asegurarse que la chica había entrado en casa.

Nessie lo vio alejarse con tristeza desde el otro lado de la verja. Estaba claro que en ese aspecto él era mucho más fuerte que ella.

"¡Cómo odio esta situación!"

El teléfono móvil vibró en su bolso, sacándola de sus pensamientos. Con cuidado de no tirar nada, rebuscó en el interior y lo sacó cuando la luz aún estaba encendida.

"Un mensaje"

Te quiero.

-Jake…

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-¡Bella, ya es hora de acostarse!-Avisó su padre desde la planta de abajo.

-¡Ya voy!-Contestó, distanciándose durante unos segundos del teléfono inalámbrico- Bueno Nessie, nos vemos mañana. Buenas noches.

-Buenas noches -Se despidió la aludida al otro lado de la línea- Que descanses.

La joven Swan pulsó uno de los botones para dar fin a la llamada antes de dejar el teléfono sobre la mesa de su escritorio.

-Que sueño tengo-Bostezó a la par que se estiraba sobre la silla.

Al hacerlo y sin querer, golpeó a uno de los peluches que tenía sobre la revisa consiguiendo que éste se balancease y cayese sobre el escritorio.

Con el ceño fruncido, miró hacia abajo y sonrió al ver el muñeco que le había regalado Edward esa misma tarde.

-Puedes negarlo si quieres, pero te has puesto rojo-Murmuró divertida, cogiendo el peluche con cariño-. En el fondo no ha sido tan mal día, la verdad-Admitió, dejando el peluche en su lugar y metiéndose en la cama-. Pero que quede entre tú y yo.

Continuará…


Antes que nada quisiera agradecerle a Kriss21, Annet Grey, malejandraguevarav, Norah Cullen98, Aye015, , bells solitaria, Rokris por tomarse el tiempo de comentar la historia y a quienes han agregado la historia a favoritos y a siguen.

¿Qué les pareció el capítulo? ¿A qué creen que se refería la señora? ¿Alguna idea?

Respecto a la siguiente actualización, probablemente sea el lunes pero ya saben, depende si veo que quieren saber que oculta Edward... :D

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