CAPÍTULO 2: La humana
Una presencia inesperada lo detuvo.
"¡Oye! ¡Tú bruto animal! ¡Eres un cobarde! ¿Acaso me vas a matar a mí también?" -exclamó una chillona voz, femenina por cierto. "¿No te da vergüenza haber matado a ese pobre hombre? ¡Maldito sin vergüenza! -se calló.
"Será mejor que te calles... Tu voz me da dolor de cabeza" -se quejó el saiyajin. "¿O quieres morir?" -adjuntó con una sonrisa perversa. "Eres solo una estúpida hembra terrícola" -Concluyó él.
"Y tu un mono muy imbécil"-respondió ella a la ofensa.
Raditz frunció el ceño, no le gustó nada esa contestación. El saiyajin se sintió muy ofendido.
"No temo a nadie, ni siquiera a la misma muerte" -dijo ella al notar la molestia de su enemigo. "Te voy a eliminar, y tu muerte será mucho más dolorosa" -amenazó ella ya poniéndose en pose de ataque.
"Ojalá te resulte... ¡Qué comience la pelea!" -exclamó el guerrero saiyajin.
Ambos con la tensión al máximo, uno frente al otro pero con cierta distancia, en posición de lucha.
Aquella pradera de hierba verde fina estaba en un silencio sepulcral, lo único que se podía oír era el paso del viento.
La batalla ya había comenzado.
Raditz con el semblante divertido comenzó a correr hacia ella, él era veloz, pero esa chica siendo una ninja alcanzó esquivarlo, de paso, le propinó al sayiajin un pequeño corte a lo largo de su mejilla derecha. Ese corte irritó al guerrero saiyan.
"Mierda" -exclamó Raditz palpándose con el dedo dicha herida, y vio que efectivamente la mejilla estaba sangrándole.
"Hembra estúpida" -dijo él al ver su sangre.- Raditz, enojado, comenzó a cargar un ataque Ki con la mano izquierda. Estaba dispuesto a eliminar aquella chica, hirió su orgullo. La mayoría de los saiyajin odiaban ser heridos de forma humillante, y mucho menos aun por obra de una mujer.
La misteriosa mujer, a lo lejos de su enemigo, estaba sonriendo, no sabía que era ni que hacía esa esfera luminosa azul. Pero de ningún modo se dejaría vencer por ese bruto.
Raditz rápidamente se acerco a la chica y quiso estamparle el ataque enfrente, pero la mujer mediante el uso de una técnica ninja, bloqueo al hombre. La técnica consistía en poner dos dedos clavados en la yugular y otros dos en la muñeca, eso producía un bloqueo temporal de la víctima.
El ataque Ki de Raditz salió disparado erróneamente y explotando a lo lejos.
Humillado al máximo, quedó tieso tendido al suelo. Maldijo internamente a la mujer.
Pese que Raditz fuese un saiyan muy poderoso, esa mujer podía con la fuerza mediante su maña. La ninja, aún no ser muy poderosa, su inteligencia y velocidad eran superiores a la de Raditz... Los ninjas desarollaban al máximo esas dos cualidades con tal de actuar rápido en situaciones de peligro e improvisar planes, escapadas, etc. ¡Ella tenía unos reflejos increíbles!
La ninja sacó, de una funda que llevaba puesta en su espalda, una especie de catana pero de pequeñas dimensiones. Ella ya estaba dispuesta a matarlo, pero, por querer hacerle sufrir un poco más, decidió hacerle un profundo corte en el torso y provocarle una gran hemorragia. Raditz moriría desangrado, al parecer.
En el fondo Raditz sabía que era un débil, al ser derrotado por una mujer, pero no lo quería aceptar debido a su gran ego y orgullo. Sabía que sería toda una deshonra para su padre si en ese momento le estuviese viendo.
La chica se le quedó viendo unos minutos, y se percató de un detalle. Le entró cierta curiosidad por ese objeto que traía en el rostro su enemigo. Aprovechó el bloqueo para arrebatárselo, pero al no entender su funcionamiento lo destruyó partiéndolo en dos.
"¡Maldita mujer! Cometiste un grave error al herirme" -dijo el saiyajin algo débil- "Esto no acaba aquí, tienes mi palabra" -finalizó.
La ninja dándole una mirada incrédula, ya que estaba convencida de que él no podría sobrevivir a la herida, se marchó dando un salto.
El saiyajin inmortalizó el olor de esa hembra, ya que ella le rompió su rastreador, ese sería el único método de rastreo.
Sabía que la encontraría de nuevo...
Pasaron cinco días y Raditz sobrevivió.
El día de la pelea, medio moribundo, alcanzó caminar un poco por la extensa pradera, llegar a un bosque y encontrar una cueva. Donde ahora se encontraba.
La herida durante los siguientes días le fue cicatrizando, llegados al quinto día, estaba casi como nuevo.
Decidió tomarse otros dos días de descanso, de ahí, iría en búsqueda de esa mujer que le humilló.
Pasada una semana de la pelea, Raditz inició con la búsqueda.
Comenzó sobrevolando el bosque, pasados unos 20 minutos de vuelo, vio una pequeña aldea.
Descendió poco a poco para no ser notado, igual el olor de ella no estaba presente en lugar. Llegando a la conclusión de que ahí ella no vivía, despegó de nuevo hacia el cielo azulado.
Pasó una hora, nada.
Dos, nada.
Cinco y nada.
El saiyajin se sintió terriblemente inútil.
El día se estaba acabando y la noche iba apareciendo.
El saiyan resignado se disponía ya en buscar un nuevo hogar para pasar la noche, pero quizás la obscuridad, le dio una pequeña ayuda...
A lo lejos, en medio de la extensa arbolada del bosque, vio una cabaña con luz.
Raditz atraído por la luz de la cabaña en medio de la nada, decidió acudir ahí...
¡Qué gran casualidad de la vida!
Resultaba ser el hogar de la mujer ninja, que una semana atrás derrotó a Raditz. Sin saberlo, el saiyajin la encontró, por pura churra.
Parecía que el propio destino quería ver correr sangre...
Poquísimos instantes antes de la llegada del saiyajin...
En el interior de esa cabaña residían dos mujeres, eran, la mujer ninja y su hermana menor, Jiuy.
Hace muchos años atrás los padres de ambas fallecieron, poco saben realmente de su familia.
Ahora ambas estaban en el salón, sentadas al suelo alrededor de una pequeña mesa cuadrada y estaban por iniciar con su cena.
"Buen provecho Jiuy" -dijo la mujer ninja cogiendo los típicos palillos japoneses.
"Igualmente hermanita" -agradeció ella el pequeño detalle de su hermana mayor.
Ambas hermanas comenzaron con su cena, arroz, pescado y ensalada. La comida estaba acompañada con tortillas de pan y vino tinto para beber.
Raditz silenciosamente y de forma prudente se acercaba poco a poco a la casa... A través del shoji veía, con sus ojos de sayiajin, delineaba dos figuras, femeniles.
Una pequeña brisa de aire le trajo el olor de la hembra a la cual estaba buscando arduamente, al chocar contra sus fosas nasales, su instinto guerrillero brotó, e incontroladamente rompió la puerta de papel, sorprendiendo a las féminas.
La mujer ninja, estaba desprevenida... No se lo había esperado.
-CONTINUARÁ-
PUBLICADO EL 7 DE ENERO DE 2016
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