Disclαimer αpplied.
Inspirαdo en Cien αños de soledαd, de Gαbriel Gαrcíα Márquez.
Sinners αre sαints
III
Beelzebub
(Gulα)
Debía reconocer que desde desapareció Naraku de la faz de la Tierra, se aburría un poco. No había demasiados monstruos que cazar, ni presas por atrapar, y sus días se reducían simplemente a esperar por novedades.
Tenía a Kagome, por supuesto. A ella y a sus noches apasionadas, sus días tranquilos en la aldea de la anciana Kaede, pero aun así…
Es que no había otra palabra que lo describiera: aburrimiento.
No se lo decía a nadie, por supuesto. También debía aceptar, muy en el fondo de su ser, que se había pasado toda la vida (una vida de siglos, quizás) corriendo en dirección a ningún lugar, y que la apacibilidad de esos días debería sentarle bien a su alma. Debería.
Mi parte humana, razonó, está inconforme.
Tsk. Chasqueó la lengua solo para oír algo más que sus contradictorios pensamientos.
Por otro lado, el arte de comer se le daba bien en esos tiempos. Kagome había traído con ella recetas del futuro que jamás pensó que sería capaz de probar. Aunque el pozo devorahuesos se había cerrado desde el momento exacto en el que la joven había puesto un pie en esa línea de tiempo, con el paso de los meses, mientras que se acostumbraban a su nueva convivencia, se las fueron arreglando para conseguir armar de forma rudimentaria utensilios de cocina y conseguir ingredientes para los alimentos que preparaba.
La comida de Kagome pronto se hizo famosa en toda la aldea, al igual que el apetito de Inuyasha.
Fue entonces que, por idea de Miroku, que comenzaron los concursos de comida.
Concursos en los que Inuyasha era el comedor máximo. Y eso lo mantenía entretenido en las largas esperas de viajes en busca de demonios por derrotar en compañía del monje.
Hasta él llegaron de varias aldeas personas interesadas en competir con él, y más de uno alzó su voz de protesta porque, tras una derrota aplastante, decían que su parte yōkai lo favorecía en el rendimiento de su estómago.
A veces, solo a veces, Inuyasha sonreía con cierta arrogancia ante los resultados.
Hasta que llegó él.
No era más que un adolescente aprendiz de exterminador, y se parecía tanto a Kohaku que, de no conocerlo muy bien, se habría confundido con el muchacho. La única diferencia era quizás el uniforme y unos rasgos en el rostro que, después de verlo detenidamente, le parecieron bastante delicados.
—Disculpen —dijo el muchacho—, ¿es en esta aldea que viven Inuyasha y la señora Kagome?
—Soy yo —contestó Inuyasha—. ¿A qué has venido, muchacho?
Una sonrisa se dibujó en el rostro del joven.
—Soy el mejor comedor del norte y he venido a retarlo.
El nuevo concurso no solo convocó a los aldeanos lugareños; también llamó la atención de personas foráneas a la aldea. Por los murmullos que se oían entre la gente, Inuyasha sabía que aquel muchacho no era un jovenzuelo común, pero no se desanimó. Todo lo contrario: aquello avivó aún más la llama de su competitividad.
Kagome, por su parte, se encontraba un poco descolocada y bastante preocupada. No podía creer que un simple ramen fuera capaz de despertar tal curiosidad en la gente, y por otro lado, le parecía que aquello del «mejor comedor del país» andaba rozando los estándares de lo ridículo. Por su mente pasó fugaz la idea de que Sesshōmaru estaría de acuerdo con ella.
—¡Comencemos! —exclamó Inuyasha, y dieron por iniciado el concurso con seis cuencos de arroz y huevo crudo cada uno.
La diferencia era notable entre los dos concursantes: Inuyasha devoraba la comida sin pensárselo demasiado, mientras que el chico disfrutaba de cada bocado como si fuera sagrado.
—La ansiedad y la avidez en uno, la tranquilidad casi budista en el otro —comentó Miroku.
El día fue pasando rápidamente y, por primera vez, casi al filo de la noche, Inuyasha empezó a dar muestras de cansancio. El muchacho, por su parte, permanecía impertérrito.
A la medianoche quedaban pocos aldeanos despiertos para ver cómo seguía la competencia, e Inuyasha no solo parecía cansado, sino que al borde de la indigestión.
—Paremos esto —pidió Kagome—. Inuyasha, estás que no das más.
Él posó sus ojos en ella y la miró con el ceño fruncido.
—Eso quisieras.
Y nuevamente fue declarado el ganador luego de que el muchacho anunciara su retirada al segundo día, no sin antes dar una fiera pelea. Inuyasha, arrogante, le sonrió y le dijo que vaya a contárselo a sus amigos en el norte. No obstante, apenas el joven (al que, ahora que lo pensaba, no le había preguntado su nombre) se marchó de la aldea, Inuyasha cayó enfermo.
—Es un mal del estómago —anunció la anciana Kaede—. Inuyasha, esta vez te pasaste.
—Pero gané —contestó con voz enferma pero orgullosa.
—¿Y valió la pena? —preguntó Kagome cruzándose de brazos, sumamente molesta.
El enfermo compuso una sonrisa que pretendió ser de autosuficiencia.
—Toda la pena del mundo.
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¿Se merece un review?
Bitácorα de Jαz: pensé en Aureliano y salió esto. Es muy sencillo; mis dedos casi volaron sobre el teclado.
»niyusi takamiya.
»bruxi.
»Forever MK NH.
¡Gracias totales por sus reviews!
¡Jajohecha pevẽ!
22 de julio de 2018, domingo.
