Wow este sí que me quedó largo. Antes de comenzar: ¡Muchas, muchas gracias! Realmente me sorprendió la aceptación y gusto expresado por este fic, se los agradezco mucho y espero ustedes lo hayan disfrutado igual. La nueva entrega llegó :D
-3-
Remembranza.
La puerta del departamento se abrió dándole paso al dueño. Sarada, quien estaba sentada en el sofá, viendo televisión viró rápidamente hacia Sasuke cuando éste hizo acto de presencia.
—Sasuke-san. – lo saludó educadamente para levantarse del sillón, mas él la detuvo.
—No es necesario que te levantes, ¿Qué estás viendo? – se acercó a ella y se sentó a su lado al otro extremo del mueble.
—Es un video de caballos. – comentó con simpleza. Pero no era cualquier video, era un documental que explicaba la evolución de los mamíferos hasta su composición actual. Sasuke miró con una ceja alzada a Sarada, para ser una niña que viera videos de contenido científico le parecía interesante.
—Un documental. – profundizó él.
—Sí, creo que sí. – ella se acurrucó en el rincón del sofá. Sasuke asintió y enfocó su vista en las imágenes. Pero más bien no parecía especialmente entretenido con lo que informaban sobre los animales, sino en el interés particular de Sarada, lo cual parecía entretenerla realmente. Permanecieron en silencio un rato y los créditos del programa anunciaron el final del reportaje.
Después hubo un silencio incómodo en el cual Sasuke se levantó y fue a la cocina. Sarada permaneció sentada pero sin hacer ruidos, miró a Sasuke quien parecía preparar café. Era tarde y seguramente quería un poco de cafeína para pasarla, como solía hacerlo su madre. La pequeña detuvo el tren de sus pensamientos, si comenzaba a pensar en Sakura se pondría triste y le daba pena frente a Sasuke, porque le decidió tragárselo todo y continuar viendo el nuevo reportaje sobre un hombre que podía entender a los animales, en realidad extraño.
Sasuke se acercó de nuevo esta vez cargando su taza de café, tomó el control remoto y comenzó a cambiar los canales, casi como si Sarada no estuviera ahí. Finalmente llegó a un noticiero, pero le pareció vano y volvió a cambiar, llegando a un canal de dibujos animados. Los ojos de Sarada resplandecieron, pero desaparecieron tal y como habían llegado, pues Sasuke cambió tan rápido como logró ver los personajes. Chaqueó la lengua, en realidad no le apetecía ver televisión, tenía demasiada tensión como para entretenerse con algo.
—¿Quieres ver algo en particular? – se dignó a preguntar a la pequeña, la cual encogió los hombros. —¿No quieres caricaturas o algo así?
—No lo sé. – en realidad no sabía si podía verlas, generalmente su madre le dejaba ver televisión, pero cuando lo hacía las dos disfrutaban de alguna película o serie en compañía de la otra, era una costumbre arraigada y hermosa a su parecer.
—Bueno. – Sasuke volvió al viejo canal en donde estaba al principio. —Sólo baja el volumen, ¿Quieres? – tomó su café y caminó a su habitación, tenía muchos deseos de tomar un baño y relajarse un poco. Al llegar ahí tomó algunas cosas del armario y aprovechó para terminar de beber su amargo trago de realidad. Respiró más tranquilo una vez que se aventuró al baño, encendió la ducha con un calentador eléctrico y se reconfortó en el suave masaje hídrico.
Pensó en Sakura durante su baño, pensó en el pasado y en cómo no podía creer que las cosas hubiesen llegado a este punto, pero, además, fuera de la realidad, en cómo pudieron terminar y que aparentemente las cosas serían, bajo su visión, diferentes.
Sasuke sacudió su cabeza salpicándose un poco y después alisó su cabelló con la toalla. Se vistió rápidamente y dejó que el vapor escapara. Observó a Sarada, que seguía viendo televisión en el mismo canal que al principio. Se acercó a ella y miró el reloj de la pantalla, eran las siete de la tarde, ¿Tanto había tardado en el hospital?
—Sarada, ¿No quieres tomar un baño? – invitó con delicadeza, ella le miró y asintió. —Muy bien, el agua todavía está caliente.
—Sasuke-san.
—¿Umm?
—Terminé mi tarea… mamá siempre la revisa al final, ¿Us-Usted también la quiere ver?
—Hmp, está bien. Ve a bañarte y mientras yo lo hago.
—Bueno. – ella bajó el sofá y caminó al baño, pero una vez que llegó pareció visualizar todo de forma desconocida. —Sasuke-san.
—¿Qué? – Sasuke se había sentado en la mesa para leer de su libreta.
—¿Esto es un baño? – no era de extrañarse que se sintiera tan intimidada. El baño era enorme, tenía una tina y una ducha electrónica de diferentes velocidades, la ducha de su casa contaba con una sola tina y una regadera con dos manivelas, algo como esto estaba fuera de su comprensión.
—Ah, déjame ver. – Sasuke se levantó. —Ese sitio es el cuarto para dejar la ropa sucia, este para secarse, sólo ten cuidados con los escalones, ya te lo había dicho. – ella asintió. —Si quieres agua caliente presiona este botón, los jabones están aquí y… - la miró y la niña no parecía perder ningún detalle de su explicación. Por un instante Sasuke se perdió en aquellos ojos negros y se sintió abrumado por la familiaridad. —…Y allá están las toallas. – tragó saliva.
—Está bien. – la niña parecía haber entendido todo a la primera. —¿Puedo estrenar mi pijama?
—Claro. – Sasuke salió del baño. —Si necesitas algo, grita.
—Sí. – ella se apresuró a tomar su ropa y entró a la habitación.
—No corras, recuerda los escalones. – volvió a mencionar Uchiha.
—Sí, Sasuke-san. – la niña cerró la puerta. Él suspiró y comenzó a leer. En realidad no era complicado, le habían puesto a escribir un resumen de un cuento y el identificar las tres partes esenciales de una trama. Comenzó a leer convencido de que ese sería un trabajo sencillo, sin mucho que resaltar dado que era una niña pequeña pero la verdad es que se sorprendió al darse cuenta que en realidad Sarada sí había captado la trama e incluso, pese a algunas faltas de ortografía, lo cual había perdonado al no ser tan grave, todo estaba en orden.
Una pequeña sonrisa emergió de su frio rostro y cerró el cuaderno para reflexionar en lo que vendría después. No fue hasta que escucho un grito provenir del baño que se alertó se levantó rápidamente y se acercó a la puerta, tocó un poco.
—¿Sarada? – la llamó con voz tranquila, pero ella no respondía. —¡Sarada! – insistió más fuerte.
—¿Sí, Sasuke-san? – al fin respondió.
—¿Todo está en orden?
—Mmm, sí. – dudó en que su voz saliese con mucha confianza pero lo dejó pasar.
—Bien, cuando salgas ven a que te revise la tarea.
—Sí. – casi percibió un gimoteo, pero de nuevo, lo dejó pasar.
Pasaron unos minutos y la puerta del baño se abrió destilando vapor. El pelinegro alzó la vista desde el sofá a lo que se percató de que la pequeña Sarada emergía temblorosa y sonrosada.
—¿Todo bien?
—Creo… que mojé un poco las cosas. – soltó a lo que Sasuke alzó una ceja.
—¿Crees? – se levantó y caminó hasta ella, Sarada tragó saliva cuando él se posó a su lado. Sasuke miró su baño lleno de vapor y efectivamente mojado, la alfombra frente al retrete estaba mojada, el espejo, incluso el techo, sin mencionar el piso alrededor de la ducha y la bañera. Él la miró con una ceja alzada, así que por eso había gritado, en algún punto había perdido el control de la ducha eléctrica.
—Lo siento. – ella bajó la cabeza.
—Hmp. – dio media vuelta y se aproximó a un cuarto de conserjería, en donde tenía escosas, trapeadores y cubetas tomó una franela y un trapeador. Se acercó a Sarada y le entregó la franela. —Me ayudarás a secar todo, si no se enmohecerá.
—De acuerdo. – no le quedó más remedio que asentir. La limpieza fue rápida y silenciosa, cuando ambos terminaron de exprimir Sasuke dejó las cosas en su lugar, cerró la puerta de baño y señaló a Sarada que fuese a la mesa, para explicar sus errores. No fue nada fuera del otro mundo, simplemente le señaló sus equivocaciones ortográficas y algunas gramaticales, la niña asintió aceptando sus correcciones y lo hizo rápidamente.
—¿Quieres cenar, Sarada? – ella le miró en silencio y asintió. Sasuke se dirigió a la alacena y buscó algo que fuera adecuado para un niño, evidentemente nada. Sabía que a los niños les gustaban las cosas dulces, pero solo tenía productos amargos y sin mucha imaginación. Buscó algo en el refrigerador y tomó unas cuantas frutas que ahí había, se las mostró a la niña y ella dijo que le gustaban, entonces cortó la fruta en pedazos y ambos comieron en silencio.
Sasuke volvía a mirar el reloj, ya casi eran las nueve de la noche, el solía desvelarse, pero supuso que ahora tendría que levantarse un poco más temprano para llevar a Sarada al colegio.
—¿Cuál es tu horario, Sarada? – le preguntó mientras llevaba los trastos al fregadero.
—Entro por las mañanas a las ocho y mi salida es a medio día.
—Muy bien. – hizo una nota mental de preguntar a sus maestros sus horarios y necesidades escolares, le gustaba que todo fuese ordenado después de todo.
—¿Sasuke-san?
—¿Umm?
—¿En dónde voy a dormir? – Sasuke se quedó quieto un segundo. Ciertamente no había pensado en eso, miró alrededor y pensó en su habitación, pero después concluyó que era demasiado ya en sí que compartiera su cama con ella. Miró el sofá.
—En el sofá, por ahora. – sí por ahora, por que sospechaba que Sakura no estaría poco tiempo y la opción de ir por Sarada a su departamento y después llevarla por comida y esas cosas era muy ambigua y cruel. No es como si la niña tuviera la peste o algo, el hecho de que guardara un inmenso rencor al hecho que propicio su existencia no significaba que debiera descargarla con ella, por lo que tendría que acogerla con el mínimo cariño que pudiera brindarle, además que legalmente era responsable de ella. Tendría que conseguirle más fuera de la poca ropa que le había comprado.
—Oh. – ella asintió, no muy convencida.
—Después conseguiré algo para ti. – le dijo él, para consolarla.
—Está bien.
Sasuke pensó detenidamente en el curso que tomaría ahora, si bien era cierto que su departamento no era lo suficientemente cálido para una niña, podía adecuarlo, de alguna manera. Podía arreglar una parte vacía, quizá mover el estudio, no, ese se quedaría ahí, pensó. Tal vez podría adecuarle una habitación provisional en una habitación libre, su departamento era lo suficientemente grande como para albergar a unos cuantos, por lo que algo se le ocurriría, no por nada era un hábil hombre de negocios.
La hora de dormir llegó, le provisionó de una almohada y una manta caliente, forró el sillón de cuero con una cobija sedosa, la más que encontró y le colocó una mesita en donde pudiera colocar sus anteojos. La pequeña Sarada estuvo seria en todo el proceso.
—Me levantaré al alba, ¿Desayunas en casa o te dan de comer en la escuela?
—Mamá siempre me prepara el desayuno.
—Bueno, veré que puedo hacer. Espero que estés lista, yo entro a trabajar un poco más tarde, pero puedo hacer eso por ti, espero no tengamos contratiempos.
—¿Qué es contratiempo?
—Mmm, problemas.
—Ah, está bien.
—Buenas noches Sarada. – Sasuke le entregó la manta y ella se arropó, después Sasuke se despidió de ella en silencio y fue a su propia habitación.
—Buenas noches, Sasuke-san.
Las luces se apagaron y el tic tac comenzó. Sarada escuchó cuando Sasuke cerró la puerta de su habitación y dejó escapar un pequeño suspiró. Después se acurrucó contra el respaldo del sillón e intentó conciliar el sueño. Sin quererlo demasiado pensó en su madre y en las noches frías de invierno cuando ambas dormían juntas en Konoha, mientras ella le acariciaba la espalda y la cabeza y la apegaba a su pecho al son de tarareos amenos.
—Mamá. – susurró al vacío cerrando los ojos y orando por que todo estuviera bien, sólo había pasado un día y ya la extrañaba demasiado.
…
—Te lo dije Sasuke, te dije que era una mentirosa.
—¡Desearía no haberme enamorado de ti!
—¡Y yo de ti, de una mujer descarada y ruin!
—¡Eres un idiota, si eso es lo que piensas no veo porque estar juntos!
—¡Postergamos lo obvio entonces!
—Itachi ha muerto, Sasuke. Lo lamento mucho…
—Todo es su culpa. Todo es culpa de ella… desearía que ella hubiera muerto y no él.
Desearía que ella hubiera muerto y no él… que ella hubiera muerto… muerto…
Sasuke abrió los ojos en un solo movimiento mientras se crispaba ante la oscuridad de la noche. Estaba sudando entero, no recordaba lo que soñaba, pero sí algunas palabras y entre ella una conversación que habría de campanear en su cabeza hasta el desosiego.
Se llevó las manos al rostro mientras intentaba limpiarse el sudor, tenía las mantas revueltas y los pies descansos, la boca tan seca como si estuviera hecha de cartón y los latidos de su corazón que no dejaban de tintinear en su pecho. Se levantó agitado y sosteniendo un pequeño mareo por hacer tan rápido. Miró el reloj y se percató que eran las tres de la mañana, enfocó su vista al frente y caminó en silencio hasta la cocina. Encendió la luz y tomó un vaso con agua.
Dejó salir un aire pesado y errático mientras se tranquilizaba. Después enfocó su vista hacia la sala y en ese instante recordó a Sarada. Dejó el trasto en el fregadero y caminó lentamente donde ella, gracias a la luz de la cocina podía verla bien. Su rostro pueril bañado con aquella esencia tan natural que le recordaba demasiado a Sakura pero al mismo tiempo… a él.
Sintió algo de vergüenza consigo mismo por portarse tan prepotente con la niña que apenas tenía conciencia de lo que sucedía a su alrededor, mucho menos de su pecado. Suspiró, sería muy inmaduro vengarse con ella, más cuando ahora sufría la pérdida de su madre, por lo que pensó en que no podía presionarla más de lo que ya estaba.
Decidió que lo mejor era volver a dormir, apagó la luz y caminó hacia su dormitorio, volvió a recostarse y suspiró amargamente. Todavía era joven, pero no por ello tonto e ignorante, a estas alturas de la vida, en donde las responsabilidades formaban algo más cotidiano darse el lujo de flaquear lo dejaba en mucha desventaja, tanto para su mundo laboral, como personal.
Durmió, pero no sin antes dedicarle un último pensamiento a la persona que ahora causaba un remolino en su perfecto océano de triunfos.
—¿Te casarías conmigo, Sakura?
—Claro que sí, Sasuke-kun, nada me haría más feliz.
…
Sasuke se levantó muy temprano, fue a la cocina y comenzó a hacer ruido mientras cocinaba algo rápido para Sarada, generalmente él desayunaba más tarde, dado que solía hacerlo más tarde, pero ahora parecía haber adquirido la responsabilidad de tener a un infante a su cuidado, por lo que ello lo motivaba.
Sarada se despertó con el jaleo de la cocina y asomó su cabeza para encontrarse con Uchiha quien calentaba algunos panes y al mismo tiempo freía un huevo.
—Sarada, sé que estás despierta. – ella dio un respingo al escucharlo, puesto que le daba la espalda. —Vístete para la escuela, deje la ropa de ayer en mi habitación.
—¿Mi uniforme?
—Sí, ayer lo metí a la lavadora y secadora. – él se volteó. —Anda, ve. – ella asintió y caminó hasta el lugar. Ciertamente Sasuke era igualmente organizado y pulcro como parecía lucir su departamento así que la niña se topó con la imagen de su uniforme perfectamente acomodado en la cama y sus zapatos lustrados. Se vistió rápidamente y buscó un lugar en donde peinarse, así que se acercó a un espejo pequeño de su cuarto, al hacerlo contempló una mesita con dos fotografías, en una se contemplaba a la familia de Sasuke, cuando era un niño y en la otra a él en un porte bastante formal, como si fuese una fotografía expedida para algún tipo de certificación. Escuchó la voz de Sasuke y tras apremiarla se alisó el cabello con un peine rápidamente, le hubiese gustado dedicarse más tiempo, pero no quería molestar a su nuevo tutor.
La mesa estaba servida y Sasuke estaba sentado al otro lado con una taza humeante de café. Se acercó lentamente y tomó asiento, contempló el huevo frito y lo inspeccionó, le había puesto salsa de soya, no demasiado encima. No era que le disgustara, pero le parecía un detalle interesante.
—¿Qué pasa, no te gusta el huevo frito?
—Sí, me gusta. Muchas gracias, Sasuke-san. – tomó los palillos y comenzó a comer en silencio.
—Sarada.
—¿Sí? – terminó de tragar para responder.
—Ayer yo me encargue de preparar tus cosas, pero es necesario que tú también te hagas responsable. – ella asintió seria y temerosa por su mandato estricto. —Mañana antes de dormir alistaremos todo para el día siguiente.
—Mañana es sábado.
—¿Y?
—No tengo clases. – Sasuke parpadeó.
—Bueno, entonces el domingo.
—Sí, Sasuke-san.
—Compre un cepillo de dientes para ti. – le extendió aun en el envoltorio.
—Gracias, Sasuke-san.
—De nada, termina tu desayuno.
—Sí. – volvió a comer en silencio, pero entonces hubo algo más que llamó su atención. —Sasuke-san, ¿Usted no comerá?
—Desayunaré más tarde.
—Oh. – su boca formó un letra o perfecta. —Mamá siempre desayuna conmigo. – Sasuke frunció el ceño ante su comparación, pero después relajó su rictus.
—Siempre desayuno en la oficina. – respondió como justificación.
—¿Sasuke-san a qué se dedica?
—Trabajo en una empresa familiar.
—¿Una empresa?
—Sí.
—¿Tiene un escritorio y una silla para usted solo?
—Así es.
—¿Y que hace ahí?
—Leo formatos, facturas, planeaciones…
—¿Qué son planeaciones?
—Son… cosas que harás en un futuro. – no quería meter mucho idioma técnico, si no se ganaría más preguntas.
—¿Cómo viajes y eso?
—En parte.
—Ah… - alargó la vocal y sonrió un poco. —Mamá y yo íbamos… - pero entonces guardó silencio, como si acabara de decir una grosería.
—¿Umm? – Sasuke alzó una ceja.
—Nada… - continuó comiendo y él decidió no meterse en lo que no le importaba.
—Termina tu desayuno, debo llevarte al colegio, ¿Recuerdas?
—Sí, Sasuke-san. – masticó más rápido.
En unos cuantos minutos ya se encontraban a la entrada del colegio, en donde casualmente la directora esperaba a Sarada en la entrada con una cara angustiada.
—Buenos días. – Sasuke se había bajado con ella y no es que a Sarada le molestara, es sólo que su madre no solía hacerlo por las prisas.
—Buenos días, Uchiha-san. – la mujer se inclinó un poco. —Sarada, ¿Cómo estás?
—Bien señorita. – ella se veía normal, sin rastros de tristeza o represión. —¿Cómo está usted?
—Bien, hija. – sonrió y después miró a Sasuke, quien lucía tan serio como el otro día. —Ha llegado temprano.
—Tengo que presentarme a trabajar. – comentó él como si fuera lo más obvio del mundo.
—La siguiente semana iniciarán las vacaciones, por lo que la escuela estará cerrada. – un comentario agrio era en realidad una forma de decirle a Sasuke que la escuela no era una guardería, por si pensaba deshacerse de Sarada lo más posible.
—¿Vacaciones? – miró a Sarada con una ceja alzada, ella no se lo había comentado.
—Sí, Sasuke-san, se me había olvidado.
—Entiendo. – suspiró. —De acuerdo, vacaciones. – miró su reloj de pulso. —Debo irme, se me hará tarde. ¿Puede darme por favor los horarios de Sarada y lo que necesitara a su regreso de vacaciones?
—Claro, pase a mi oficina por favor.
…
Sasuke arribó a su oficina en el centro de la ciudad, en una de las edificaciones más amplias del sitio, dada la versatilidad de las corporaciones. El saludo de su secretaria fue inmediato y dada la extraña confianza que mantenía con su jefe, ella no tardó en preguntar sobre lo de ayer.
—Llega más temprano de lo normal, jefe. ¿Todo bien?
—Sí, nada fuera de lo normal. – Sasuke y Tenten no eran precisamente amigos, pero la comunicación entre ellos era amena.
—De acuerdo. – ella suspiró al saber que no respondería más de unas simples líneas. —Llegaron algunos documentos sobre los materiales que ordenó hace un mes, las facturas ya están en la mesa junto a los contratos de los nuevos trabajadores, además de…
—Tenten. – Sasuke al interrumpió. —¿Puedes pedirme el desayuno?
—Ah, claro. – ella soltó el aire en sus pulmones, había memorizado casi todo lo que tenía que decirle y con esa petición logró sacarla de orden.
—Estaré en mi oficina leyendo los… - el teléfono de Sasuke los interrumpió y se apresuró para contestar en privado. —¿Diga?
—¿Sasuke-san? – era el médico de Sakura. —Soy el Dr. Hizaki, el médico que atención a su amiga Sakura.
—Sí, sí, ¿En qué puedo ayudarle? – se puso tenso, espera que no dijera nada negativo.
—El día de hoy tomaremos una tomografía computarizada y haremos una prueba para suspender el anestésico, si es posible quitar el respirador, pero necesito a alguien al pendiente de Sakura-san… - la petición estaba en el aire.
—¿Ahora? – miró los documentos en su trabajo.
—Si es posible señor, ahora.
—¿A qué hora puedo llegar?
—Bien, por orden jurídica necesito a alguien disponible para entregar información al menos una vez al día y que esté al tanto en caso de ser necesario, además que necesito donadores de sangre disponibles en caso necesario.
—¿Donadores?
—Sí, Sakura-san ha perdido mucha sangre y me temo que continúa en anemia, hemos remplazado y hecho gran cosa con líquidos aparte, pero necesito disponibilidad.
—Entiendo, sí. – suspiró. No podía tomarse vacaciones, no ahora que estaba en medio de algo importante, pero tampoco podía desentender a Sakura, era humanamente grosero.
—Por el momento hay sangre disponible en el banco, pero será necesario remplazar los paquetes globulares utilizados, por cuestiones intrahospitalarias, necesito su autorización también por ser un procedimiento invasivo. Además, para la realización de la tomografía debemos moverla y quitarla de los equipos que la mantienen con vida, eso también necesita su autorización.
—Está bien… - respiró resignado. —Llegaré allá en diez minutos.
—Le agradezco su comprensión, Sasuke-san, cuando esté en el hospital le entregaré más información.
—De acuerdo. – colgó y pegó la frente contra su teléfono, no pensó que algo así podría pasarle a él, ahora su mundo estaba viéndose en una encrucijada y todo por su ex esposa a la cual había odiado.
Emergió de su habitación y Tenten ya estaba con el desayuno listo para entregárselo, él tomó un jugo y lo bebió con avidez.
—Tengo que salir.
—¿Qué? Pero, los documentos…
—Es una emergencia, debo ir al hospital.
—¿Al hospital? ¿Le ha pasado algo a su tío?
—No, no es él. – suspiró. —¿Cuánto es el plazo para la revisión de los documentos?
—Deben entregarse mañana, señor.
—Haré lo posible para entregarlos a primera hora. Tal vez me ocupe más tiempo.
—Sí, como diga.
Sasuke salió de su oficina y para colmo sin desayunar.
…
De nuevo se encontraba en la oficina del Dr. Hizaki, el cual le había entregado los consentimientos e información. Según el médico Sakura estaba estable pero en un estado delicado, esa tarde iban a retirar la sedación para intentar extubarla, pero no había muchas garantías de nada. Sasuke se mantuvo serio durante toda la explicación, también le dijo que habían hecho la tomografía y los resultados habían arrojado edema cerebral sin especificar grado, por lo que dudaban que pudiera responder adecuadamente y la prueba duraría unas horas en pos de aprovechar el tiempo en caso de avances.
Finalmente y cuando pensó que sería todo el hombre le ofreció algo que lo dejó perplejo.
—¿Desea verla, Sasuke-san? – sus ojos se ancharon un poco y después reprimió toda emoción, asintió y más que nada con un morbo insoportable decidió seguir al médico.
Lo llevó entre pasillos y camas de hospital, pasó de largo por zonas que no era capaz de reconocer y llegó a la puerta que ponía arriba la leyenda de "Cuidados Intensivos". Tragó saliva. No había visto a Sakura en cinco años y verla después de tanto en condiciones deplorables le hacía sentirse confundido y ansioso.
—Adelante. – invitó el hombre y Sasuke se tragó sus pensamientos para entrar. Lo llevó a una cama y en ella se encontraba Sakura la cual descansaba en una ancha, con barandales llenos de circuitos y botones, tenía una manta sobre ella y varias sondas que emergían de sitios que no sabía identificar o más bien, no quiso. Observó el respirador y el tubo que la mantenía con vida, así como el montón de venoclisis que drenaban medicamentos y líquidos.
Su rostro estaba completamente pálido, seguro por la anemia. Tenía vendajes y véndeteles tanto en el rostro como en los brazos, sus labios, aquellos que los recordaba carnosos y rosados, ahora estaban inflamados y heridos, su nariz con un poco de sangre excedente que nadie se había molestado en limpiar. El sonido constante del monitor llamó su atención y leyó la cifra 98 en éste.
—Su corazón late adecuadamente y se mantiene un poco elevado por los medicamentos. – explicó el médico. —Ahora el doctor Yakushi es el encargado de Sakura-san. – le presentó entonces al clínico, el cual parecía revisar anotaciones de otro paciente. Le miró y asintió para después acercarse.
—Señor Uchiha, soy el doctor Yakushi Kabuto, encargado de Terapia Intensiva. Imagino que el Dr. Hizaki ya le ha dado detalles, ¿Tiene alguna duda?
—No por ahora. – pasó saliva y le supo difícil de tragar.
—Me alegra. – Kabuto miró a Sakura. —Tuvo mucha suerte, un poco más y no salía adelante. – suspiró. —El día antes del accidente Sakura-san lucía muy cansada, había hecho doble turno y supe que estuvo muy ocupada entonces. Es lamentable cuando la fatiga nos juega una mala pasada.
—¿Se durmió al volante? – preguntó Sasuke, el abogado no quiso darle muchos detalles acerca del evento.
—Según los testigos Sakura-san fue embestida por dos autos, al parecer uno de los conductores estaba ebrio y el otro simplemente perdió el control. Desgraciadamente impactaron contra ella y bueno… - el cirujano suspiró. —Su auto quedó irreconocible.
—Ya veo. – Sasuke miró a Sakura nuevamente y sintió un escozor en su pecho, ese espectro que tenía al frente no se parecía en nada en la mujer que una vez fue su esposa.
—¿Es familiar de Sakura-san? – preguntó Kabuto, de improviso.
—Ella… era mi amiga de la infancia. – sí, ambos se conocieron desde niños en la escuela y conforme avanzaron sus caminos se encargaron de cruzarse repetidas veces hasta que el amor surgió en ambos.
—Claro. – Kabuto se acercó y leyó sus parámetros. —Es una lástima que no tengamos a un familiar más cercano, por lo que confiamos en usted. – se retiró después de ello.
—¿Tiene alguna pregunta? – cuestionó Hizaki.
—No, muchas gracias por todo.
—Lo mantendremos informado, me gustaría de ser posible viniera diariamente.
—Lo intentaré.
—Muy bien.
Sasuke miró por última vez a Sakura y cerró los ojos rogando por que la imagen de la mujer no se grabara tan vivida en su mente.
…
Cuando arribó a la oficina cerca de las doce del día Tenten lo esperaba con varios mensajes. Mas él no lucía dispuesto y pasó directamente a su oficina. Se sentía tan cansado y ansioso, definitivamente no eran sus mejores días.
—Jefe, ¿Necesita algo? Se ve cansado y creo que no ha comido nada.
—Tenten. – Sasuke miró a su secretaria desde su silla, quien estaba parada a la entrada. —Necesito tomar vacaciones.
—¿Eh? – la chica parpadeó.
—Dame mi agenda, tomaré vacaciones.
—Pe-Pero… los contratos y los formatos por llenar, no le dije antes pero su tío habló por teléfono y preguntó por usted, le dije que estaba en el baño pero creo que no me creyó. Prometió hablar más tarde… aunque no dijo para qué…
—Yo me encargaré de él.
—¿Esto es por la visita del abogado de ayer? – una luz resplandeció en los ojos de su secretaria. —Jefe, no me diga que van a meterlo a la cárcel.
—¿Qué? – frunció el ceño. —¿Qué cosas dices?
—Bueno, lucía muy enojado cuando se marchó y el abogado tenía una cara de fastidio total.
—No, no es por eso, bueno… en parte sí.
—¿Puedo saber por qué?
—No.
—Mmm… es malo, jefe.
—Sólo has lo que te pedí, ¿Quieres?
—Está bien.
La chica no tardó mucho en traer la agenda que ella guardaba celosamente en su escritorio, Sasuke la oteó lentamente encontrando sus compromisos. Tenía algunas reuniones y días libres espaciados, ciertamente podría cancelar algunas y otras posponerlas, para ellos tenía que avisar con tiempo y no habría muchos problemas, según estimaba. Estaba también un periodo libre en donde se daría inicio posterior una de las obras a la periferia de la ciudad, por lo que nadie esperaba esos proyectos hasta dentro de al menos tres semanas, eso también podría saltearse o esperar, finalmente llegó a una nota en donde se mostraba una cena ejecutiva con funcionarios del gobierno y aliados comerciales, no estaba tan seguro que esa podría posponerla o incluso faltar, pero para entonces faltaba una semana.
—Jefe, ¿Si se va de vacaciones… podré irme yo también? – Sasuke la miró con esmero silencio. —Oh bueno, al menos podría salir más temprano.
—Enviaré a un sustituto de medio tiempo y las cosas importantes puedes preguntármelas a mí. – dijo Sasuke, regresando su vista a la libreta.
—¿Entonces es un no?
—Tenten, tus vacaciones están programadas hasta verano, tú lo decidiste así. – reclamó él, con seriedad.
—Sí, bueno, pero en vista de… - de nuevo la mirada seria de Uchiha la hizo desistir. —Está bien, está bien, no es como si mi esposo y yo tuviéramos muchos planes. – Sasuke la ignoró. —Nee, jefe, ¿Y cuándo serán sus vacaciones y por cuánto tiempo?
—Tal vez una semana o dos.
—Está bien, ¿Cuándo?
—A partir de hoy. – cerró la agenda. —Diez días hábiles, así que entonces no me molesten. – tomó su teléfono y marcó un número rápidamente.
—¡¿A partir de hoy?! ¡Pero los ejecutivos… debo notificarles y…!
—Será mejor que lo hagas de una vez. – expresó él, mirándole de soslayo.
—¡Eso no es justo jefe, me pedirán explicaciones y…!
—Anda, Tenten, estoy tratando de hablar por teléfono. –y sin más la sacó de su habitación.
—¿Diga? – por la otra línea la voz del licenciado sonó por demás perezosa.
—Hola, Kakashi…
—Oh, Sasuke, cuanto tiempo, ¿Qué sucede?
—Hay algo… de lo que quiero hablar contigo y necesito tu ayuda… ahora.
—Mmm, a juzgar por tu desesperante voz imagino debe ser algo realmente importante, ¿Qué pasa? ¿Problemas en el paraíso? – dijo con un extraño humor.
—Tiene que ver con… con lo que pasó hace cinco años y algo más.
—¿Hace cinco años? – el hombre hizo una pausa, posiblemente recordando. —Ah, ya. ¿Qué ocurrió?
—Ella está en el hospital. Tuvo un accidente.
—Espera, por lo que me dices quiero entender que el hecho de que me hables no sea para ayudarte a zafarte de una condena por intento de homicidio.
—Por supuesto que no, tonto. – miró a la puerta y se acercó a cerrarla con seguro, para hablar con libertad. —Tenemos que hablar… más a fondo.
—Te escucho.
—Sakura… podría morir… - y la conversación se extendió por unos minutos más.
…
La campana repiqueteó y Sarada comenzó a colocar sus cosas en su mochila despacio. Las clases se habían pasado volando y ciertamente no tenía prisa por irse como el resto de sus compañeros. Más ahora que todos iban felices a pasar sus vacaciones en sitios llenos de atracciones y compañía con amigos y familia, ella en cambio tenía que soportar estar con un hombre que hasta cierto punto le daba miedo.
Estaba tan distraída metiendo sus cuadernos que un lápiz resbaló hasta el suelo y rodó lentamente. Se apresuró a recogerlo pero unos dedos tomaron el utensilio con delicadeza y se lo extendió. Sarada miró la imagen de Uchiha Sasuke con un aura sepulcral, como siempre.
—Sasuke-san.
—¿Estás lista? – nunca antes habían venido por ella tan temprano, simplemente le parecía sorprendente.
—Sí, ya casi.- tomó el lápiz y cerró los cierres de su maletita escolar. —¿Iremos a su casa?
—No, finalmente conseguí la llave de tu departamento, así que iremos por tus cosas Sarada.
—¿A mi casa?
—Sí. – él comenzó a caminar y ella, a su lado se posó rápidamente. Se despidió de sus compañeros y mientras avanzaba contemplaba la ancha espalda de Uchiha Sasuke, quien por cierto se veía tan grande y fuerte como un coloso.
La llegada a su casa fue rápida y al estar frente a la puerta una tensión extraña apareció en ambos, Sarada por una parte se sentía ansiosa de entrar y reconocer aquello tan familiar, Sasuke por su cuenta sentía una tremenda desesperación al saber que entraría a la casa de Sakura y podría descubrir cosas que no quería ver.
Entonces se apresuró, abrió la puerta y la casa se dejó ver de par en par. Miró distraídamente las paredes y la sobriedad de la sala, guio su vista a la cocina, que aún tenía rastros del último desayuno, las sillas del comedor, que estaban desplazadas, probablemente por las prisas y finalmente algunas cosas sobre los sillones, como toallas y mantas.
—Ve por tu ropa.
—¿Qué debo tomar? – ella le miró con interrogante.
—Lo que necesites.
—¿Cómo si fuera a irme de vacaciones?
—Sí, eso estaría bien.
—¿Me llevo mi cepillo de dientes?
—Si quieres….
—Es que usted me compró uno nuevo.
—Como gustes, Sarada.
—Bueno. – bajó la cabeza y dio dos pasos. —Sasuke-san. – él la miró, no se había movido de la entrada. —Pase, puede sentarse. ¿Quiere agua o té? – él parpadeó.
—No gracias, así está bien.
—¿De verdad?
—Sí, puedo esperarte.
—Pero sería incómodo que estuviera de pie, ¿No quiere sentarse?
—¿Para qué?
—Mamá me ha dicho que sea amable con las visitas. – él alzó una ceja. —Usted ha sido muy amable conmigo, me invitó a comer y estuve de visita en su casa… - él comprendió su cortesía y sonrió un poco.
—No te preocupes, Sarada, ve por tus cosas, yo te esperaré.
—¿Seguro?
—Sí.
—Está bien. – corrió a su habitación. Sasuke se sintió con más confianza y caminó hacia adentro, sentándose en la sala. Miró alrededor y finalmente contempló unas fotos que estaban sobre una mesita junto a la pared. Se acercó a ellas y contempló primeramente una foto de Sarada recién nacida. Estaba envuelta en mantas y vestida con un mameluco, guantes tejidos a mano y un gorrito, seguramente hacía frio. En otra se encontraba ella dando sus primeros pasos y en otra… estaba Sakura.
Sasuke la miró atentamente y la imagen de ella en aquella cama de hospital vino de repente. La Sakura de la foto se trataba de ella al parecer hacía poco tiempo, sonriendo, en compañía de sus padres en lo que parecía ser una fiesta de navidad, tenía a Sarada entre sus brazos y sonreía como nunca. Su cabello lucía largo y sedoso, brillante por no decir y la pequeña Sarada, no muy enterada de lo sucedido también reía y volteaba a la cámara con una sonrisa.
Sasuke suspiró y cerró los ojos, imaginó la vida de Sakura y Sarada, su vida y los eventos del pasado, el rompimiento y el inicio, el día en el que se conocieron y cuando prometieron no verse nunca más.
La vida daba muchas vueltas y entendía que todo tenía que pasar, pero aun así, por más odio que pudo haber acumulado hacia Sakura, por más dolor rancio que insistía en clavarse en su corazón, ver la foto de aquella mujer que en su época fue la única para él, en medio de un goce familiar y que actualmente se rebatiera en una cama de hospital entre la vida y la muerte, tan sólo y paradójicamente, le hacía volver a un momento preciso de su pasado en donde, afortunadamente era un ignorante y feliz jovenzuelo.
—Hola, soy Haruno Sakura, ¿Tú eres el chico que se acaba de mudar al lado de mi casa, no?
—Hmp. Uchiha Sasuke.
—Es un gusto, Sasuke-kun, espero que seamos amigos. – dijo sonriendo y dándole la mano.
—Como sea.
...
—Acabo de darme cuenta de algo, Sakura.
—¿Sí?
—Creo… que te quiero. – ella se sonrojó terriblemente.
—¿Enserio?
—Sí.
—¡Oh, Sasuke-kun!
—¿Querrías… ser mi novia? – él también estaba muy apenado.
—¡Me gustaría, sí! – lo abrazó rápidamente.
—Oye, cuidado… - ambos cayeron al suelo en aquel hermoso parque un día de verano.
…
—¿Qué tienes?
—Es que… mañana será nuestra boda y… estoy muy nerviosa, tengo miedo de que esto no… funcione y…
—¿Tienes miedo? –Sasuke rio un poco. —Haruno Sakura, la chica más terrible que he conocido, con una fuerza sobrehumana y chillona de todos, la Sakura que se la pasa molestándome noche y día, ¿Está asustada?
—Oye, Sasuke-kun, no te burles de mí… - reclamó irritada. —No soy molesta además.
—Claro que sí. – la tomó de la cintura. —No tienes nada de qué preocuparte, nada malo pasará. Si tienes miedo confía en mí, relájate, piensa en otra cosa y respira. – Sasuke unió su frente con la de ella. —Después de todo, yo también acepté casarme contigo y si estamos los dos en este, saldremos airosos.
—¿Tú lo crees? – una lágrima emergió de sus ojos, conmovida.
—Sí. – bufó. —Ahora deja de llorar.
—¡Oh, Sasuke-kun, nunca eres tan tierno! – ella lo besó hasta dejarlo sin aliento. —Está bien, Sasuke-kun, si tú lo dices… entonces no hay nada de qué preocuparse, saldremos adelante.
—…Sí, descuida. – él la miró ligeramente sonrojado y rodando los ojos, quizá sí había sido cursi, pero por un lado confiaba en que sus palabras la habían motivado, porque, pese a que él también tenía miedo y estaba nervioso, confiaba en que nada en el mundo habría de poder contra sus sentimientos.
…
Pero se equivocó.
…
—Ambos confiamos Sakura… - suspiró mientras observaba la imagen y por sobre todo, la sonrisa de Sakura. —Pero quizá, yo confié demasiado.
La puerta de la casa se cerró en un azote, al compás del viento.
Continuará…
Un poco más sobre la relación de estos dos enigmaticos personajes, un poco más de avance, nuevos personajes y una vista al pasado, ¿Que tal? ¿Les agradó?
¿Merece un comentario?
Yume no Kaze.
