How The Mighty Fall (In Love)
Summary:
Yuuri y Victor tienen una muy importante conversación.
Capítulo 3: Imperfectamente Inmaculado
Fic escrito por: braveten
Traducido por: lilaluux
–Ni siquiera estoy sorprendido de que tengas un fan-blog de KY –dice Yurio mientras rebusca dentro del refrigerador de Victor, sacando algunas cosas que considera decentes–. Vives babeando por él a fin de cuentas.
Victor oculta la cara entre sus manos. Cuando se percató de que había posteado su reseña sobre la última novela de KY en el blog equivocado, se dispuso a borrarlo con rápido frenesí, pero de nada sirvió, ya había copias de aquello por todo el internet. Yakov había sugerido hacerlo pasar por un hackeo, un mero escándalo de un pirata. Pero el hecho era que: A Victor no le importaba. No le importaba que el mundo supiera sobre su admiración por las novelas de KY. Ni siquiera le importaba el hecho de que involuntariamente se había criticado a sí mismo en la reseña. No, lo que le importaba era el hecho de que ahora KY lo sabía.
(Excepto, que en realidad, tampoco le importa eso. Sólo le importa que Pichit lo sabe y eso significa, por extensión, que Yuuri lo sabe.)
¿Lo juzgara Yuuri ahora que sabe que Victor ha estado adulando a su mejor amigo por años? ¿Lo vera con otros ojos a partir de ahora?
Cuando expresó estas preocupaciones a Yakov, su jefe sólo pudo parpadear, anonadado ante el hecho de que a él le preocupaba más eso que su anterior excelente reputación. Victor se lo comentó sólo porque de verdad disfruta del trabajo del otro autor –sin importar cuan vehemente este disfrute puede llegar a ser– él no mancharía su propia reputación en lo absoluto. Todo el mundo sabe que KY es fantástico, y ahora simplemente todos saben que Victor también piensa lo mismo. Eso es todo.
Entonces está bien.
Está bien.
Está bien, más su teléfono ha estado en su mano en la última hora, con el número de Yuuri, y quiere llamarlo. Quiere llamarlo con desesperación. Su pulgar deambula por encima de la pantalla, ha tipeado y luego borrado muchos mensajes, ha considerado muchas posibles formas de comunicación desde señales de humo hasta palomas mensajeras. En vez de eso, sin embargo, se deja caer sobre el sofá y observa como Yurio agarra una barra de pan y le arranca pedazos. Comiéndoselo.
– ¿Guardas el pan en el refrigerador? –pregunta Yurio con la boca llena, dejándose caer sobre un taburete de la cocina.
Victor lo ignora, mira su teléfono.
–Es Yuuri, ¿cierto? ¿Eso es lo que te tiene atormentado?
Con eso, él levanta la vista, confundido.
Yurio rueda los ojos. –Todos creyendo que estás preocupado por el escándalo del post en el blog equivocado, pero no, bien sé que eso te importa una mierda. Tú no tienes vergüenza, Nikiforov. Lo que te preocupa es lo que piense tu novio, ¿verdad? Mira -¿Y eso que importa? si de por sí ya no le dabas asco. El saber que tienes una cuenta dedicada a tu archienemigo no cambiara nada.
–Creo que esa es la cosa más amable que alguna vez me has dicho –suspira Victor.
–Llámalo –le ordena–. No me gusta verte todo sensible. Eso te hace doblemente insoportable. Llámalo ya, aquí y ahora.
– ¿Y digo qué?
Yurio gruñe y toma otro pedazo de pan. –No lo sé. Como ya dije, no creo que él piense menos de ti, así que ve por ello.
Por un largo rato, Victor se queda mirando el teléfono.
Estira los brazos y agarra su laptop. Necesita una distracción así que la abre. Sin embargo, todo lo que ven son comentarios sobre el escándalo en cada una de las redes sociales. El escándalo que realmente no debería ser considerado como tal. Porque ¿Desde cuándo el tener un fan-blog tan devoto, es un crimen?
–A Yuuri no le importa –enfatiza Yurio–. Victor, sinceramente ¿Por qué le importaría?
Victor cierra su laptop y se pellizca el puente de la nariz. –Si te digo algo, debes jurar que no se lo dirás a nadie.
El rubio se muestra vacilante, asiente y se inclina hacia adelante. –De acuerdo, no lo haré.
–El mejor amigo de Yuuri, con quien él vive, se llama Pichit Chulanont. Y él es KY.
– ¿Tú sabes quién es KY?
–Sí.
– ¿Y es el mejor amigo de tu novio?
No está seguro de que Yuuri sea su novio. No oficialmente, pero cuando el zapato le calza a uno*… –Sí.
Yurio no luce precisamente impresionado, sólo pensativo. Camina para sentarse en uno de los brazos del sofá, al lado opuesto de Victor, reposando la espalda sobre el mueble. No parece una posición cómoda, más aun así, permanece en ese lugar, terminándose el pan que robo del refrigerador. – ¿Y qué? ¿Temes que este tipo –Pichit- se enfade o algo así?
–No –suspira, porque aquello no puede importarle menos–. Pero él es el mejor amigo de Yuuri.
–Entonces, ¿supones que Yuuri pueda pensar que lo usaste para llegar hasta Pichit, como todo un fanático obsesivo?
Victor palidece.
Yurio parpadea. –Oh. Tú no… tú no habías considerado eso, ¿no?
–No. No había considerado eso –confirma–. Pero gracias por decirlo –Victor hace un sonido exasperado, restriega su rostro con una de sus manos–. Necesito hablar con él en persona. Necesito hablar con él en persona, Yurio. Voy a volar a Detroit.
–Victor, no puedes simplemente volar a Detroit –le informa Yurio. La detestable voz de la razón– ¿De veras piensas que es algo que deba ser hecho en persona?
–No. Sí. No lo sé.
Ya se encargó del escándalo dando una rápida entrevista, y ahora es su misión, de acuerdo con Yakov, mantener un perfil bajo y dejar que las ventas de las novelas continúen. Stammi Vicino está vendiendo bien –extraordinariamente bien– pero de la misma forma lo está haciendo History Maker. Nadie está seguro de quien ganara el mes, pero aparentemente Stammi Vicino tiene más ganancias en ventas por una pequeña diferencia de cantidades.
Ahora, sólo resta… sentarse.
Y pensar.
(Y eso lo está volviendo loco.)
Su teléfono suena.
Salta, casi cayéndose del asiento, se levanta y toma el teléfono, lee el ID de la llamada entrante, internamente rogando porque sea la persona que el tanto desea escuchar. Pero no, es Yakov Feltsman. Victor gruñe, fuertemente, y contesta, está seguro que su gruñido se escucha a través de su voz y que Yakov puede oírlo.
–Victor –dice Yakov.
–No es Yuuri –le dice Victor a Yurio y luego regresa su atención al teléfono– ¿Sí? ¿Otra entrevista? ¿Más información que dar? ¿Es que el mundo se enteró también de mi mercancía de colección de KY?
– ¿Tienes una mercancía de colección de KY? –Yurio y Yakov preguntan al mismo tiempo.
–Estoy bromeando –señala, porque está seguro que sus objetos no cuentan como una colección.
Yakov se aclara la garganta. –Hay una oportunidad para una firma de libros en Grand Rapids.
– ¿Grand Rapids? –repite Victor. Es raro que Yakov le pida dar una firma de libros, ya que contradice el concepto de mantener un perfil bajo. Al mismo tiempo, sin embargo, son eventos muy importantes para la publicidad. Él ya tiene planeada varias firmas para el curso de los próximos meses, la primera tiene lugar dentro de una semana. Pero una en Grand Rapids no le suena familiar.
–Michigan –le informa Yakov–. Grand Rapids, Michigan.
Su corazón salta en un latido. – ¿Michigan?
–A dos horas de Detroit.
Hay una segunda intención escondida en el tono de Yakov –una cómplice. Victor coge una almohada y la aprieta contra su pecho, sonriéndole radiante a Yurio. –Gracias, Yakov.
–Son cuatro días. Habrá otra firma de libros en Chicago, un día después de la de Grand Rapids. Eso significa que tienes dos días libres para ti.
–Gracias, Yakov –repite Victor, y Yurio lo mira como si estuviese loco.
Yakov exhala. –De nada, Vitya. Será en una semana.
– ¿En una semana?
Antes de que pueda proseguir con sus quejas, Yakov ha colgado.
Victor se dice que donde hay hambre, no hay pan duro.
~•~~•~
Yuuri no está seguro de que decir cuando lee las noticias.
Cuando escucho por primera vez que Victor tenía un blog sobre él, se encontraba ebrio, pero ahora está sobrio y con los pies en la tierra. La cosa es grave. KY–fan1990 es básicamente tendencia mundial, con gente buscando y refrescando el blog regularmente a cada hora. Se pregunta porque Victor no ha dado al blog de baja –borró aquel post fuera de lugar después de todo. Yuuri mentiría si dijera que no ha chequeado el blog por sí mismo a estas alturas, teniendo una visión momentánea de los estrafalarios elogios que Victor ha proclamado en su honor.
(Sin saber que era él, Yuuri.)
–Arruine todo –dice Yuuri, posando su cabeza sobre el hombro de su amigo.
Pichit lo rodea con un brazo, ofreciéndole una sonrisa. –No creo que hayas arruinado nada. No es como si esto fuera a cambiar algo entre ustedes dos. ¿No?
–Él no sabe. Él no lo sabe, y yo creyendo que sólo le gustaban mis libros, Pichit, yo no sabía que él… que él… yo no sabía de todo esto.
(Una de las reseñas de Victor afirma que KY no sólo es el autor más grande que existe, sino también la persona más increíble que ha pisado la faz de la tierra.)
(Otra afirma que sus prosas pueden mover montañas, pueden hacer que el sol salga por el oeste y se esconda en el este. Pueden hacer a los océanos dividirse.)
Sin necesidad de decir, Victor es su admirador, y Yuuri no sabe qué hacer.
–Es evidente que, ahora más que nunca, debes decírselo –Pichit le aconseja, frotando el hombro de Yuuri–. No te estreses por esto. Estoy seguro que estará sorprendido, pero esto no hará que te amé menos.
Yuuri lo mira.
–A ti –Pichit se corrige–. No hará que ame menos a Yuuri Katsuki.
–Puedo simplemente no decírselo –dice Yuuri, tranquilo, porque sabe lo que sus palabras conllevan–. No volverlo a ver. Piensa en esto –él vive al otro lado del mundo. Si él descubre que yo soy KY, y si nunca ha sido serio en nuestra relación en primer lugar, entonces decirle sólo complicara innecesariamente las cosas. Puedo romper con él. Y volver a cómo eran las cosas antes de conocernos, antes de que todo esto ocurriera.
Pichit abre la boca para hablar pero Yuuri continúa.
–Él escribe. Yo escribo. Somos competidores, pero leemos las novelas del otro. Las cosas a cómo eran. –mientras más habla, más su voz decae, y más su mirada se llena de tristeza–. Las cosas a cómo eran.
–Para –le dice Pichit con brusquedad–. Tú no… Yuuri, tú no quieres eso. Escucha, piensa en esto – ¿Qué es lo que quieres? ¿Cuál es tu resultado ideal? exponlo. –Yuuri lo mira fijamente, con una mirada en blanco–. No importa que tan loco te parezca. Exponlo para mí.
–Yo quiero… –comienza, luego traga–. Quiero continuar escribiendo. Y quiero que Victor continúe escribiendo. Pero quiero… –la voz de Yuuri se apaga.
–Continúa –le anima.
–Me gusta. Me gusta Victor. Él es… –Yuuri piensa en sus conversaciones en la cafetería, sobre el tiempo que pasaron juntos en San Petersburgo. El baile, las risas, la sensación de los labios de Victor sobre los suyos, el aire frio mientras permanecían juntos en el balcón, la luz en sus ojos. La forma en que las palabras se vierten de sus labios, o como se vierten de sus dedos cuando escribe, la manera en que su mente trabaja. Todo sobre él es hermoso, imperfectamente inmaculado–. Quiero pasar más tiempo con él. Yo quiero… –Lo quiero a él.
–Yo pienso que él también te quiere –le dice Pichit–. Todo lo que tienes que hacer es hablar con él.
Yuuri se muerde el labio, asiente. –Gracias, Pichit. Eres un buen amigo.
–Lo sé –responde, tomándole el pelo y golpeándolo suavemente en el hombro–. Ahora, vamos por unos sándwiches. Me muero por uno de pollo con queso cheddar.
~•~~•~
Siete días no pueden pasar lo suficientemente rápido.
No le ha texteado a Yuuri, así como él tampoco lo ha hecho. Sin embargo, asume que en algún momento Yuuri habrá visto el anuncio de su página en Facebook –que estará en Grand Rapids, Michigan a último minuto para una firma de libros.
Yurio a este punto está enfermo de escuchar a Victor hablar de Yuuri, pero no se queja en voz alta –se limita a mirarlo con lastima y le sugiere que hagan algo más, ir por algo de comida o hablar sobre las ventas de su propia novela.
Días después, finalmente, está en el avión, rebotando su rodilla el tiempo entero para el fastidio del hombre al lado suyo. A causa de su recién adquirido ejemplar de History Maker el cual toma con una fuerte emoción. Aterriza en Grand Rapids, pero su vuelo de retorno a Rusia lo tomara en Detroit.
(Porque tiene planeado ir a Detroit.)
(Y ver a Yuuri.)
(Y es posible, en realidad, que su corazón estalle antes de ser capaz de hacerlo, porque no puede esperar.)
El lunes, cuando llega a la librería en Grand Rapids, se percata por primera vez de cuan incomoda será esa firma de libros. Los primeros fans en acercarse no sacan el tema a colación pero los demás sí, y él simplemente ríe, diciendo que, sí, él admira profundamente a KY, que cree que es un autor increíble con un talento innegable. Sus fans lucen conmocionados ante su facilidad para admitirlo, porque no se muestra ruborizado ni avergonzado ni hace el menor intento de negar todo pero ¿Por qué lo haría?
Por la tarde, viaja a Chicago. La misma cosa será al día siguiente, con sus manos adoloridas y con sus pensamientos a la deriva, lejos de la librería. Responderá preguntas, sonreirá para las fotos, firmara libros, les giñara el ojo a sus fans si lo considera conveniente. Sus fans siempre se marchan satisfechos, hablando con emoción los unos a los otros sobre este personaje o aquella escena.
–También leí History Maker –le dice una mujer en Chicago, golpeteando con sus uñas la mesa en la que Victor está sentado–. Y entre usted y yo, sin embargo, prefiero este.
Victor frunce el ceño mientras le devuelve el libro. – ¿Por qué?
Ante eso, ella se muestra sorprendida. – ¿Por qué… por qué prefiero su libro?
Asiente, chasqueando los nudillos en un intento de quitar el dolor de sus adoloridos dedos. –Sí.
–No… no lo sé.
–Hmm.
El siguiente fan se acerca.
Muy pronto, el evento se acaba, y al día siguiente se encuentra en el asiento trasero de un coche rumbo a Detroit. Mira fuera de la ventana, con su maleta a un lado y con el teléfono en una de sus manos. Debería textearle a Yuuri –lo sabe. Si no estuvieran en una situación tan precaria, Victor lo sorprendería, como un gesto romántico. Pero no, no esta vez. Esta vez le mensajea.
Estoy en Michigan.
Durante un momento, no hay respuesta.
¿Detroit? Yuuri pregunta, es tan sólo una simple palabra, más Victor no ha hablado con él en una semana y se encuentra a sí mismo queriendo contarle a Yuuri acerca de todo –de lo hermosos que lucen los arboles al otro lado del camino y del sabor del café que tomo en la mañana y de como aquel sabor hizo que Victor se acordara de Yuuri y de lo mucho que odia no haber hablado con él y de todo, de todo. Podría hablar con él por horas.
En vez de eso, tipea tres palabras. ¿No estás ocupado?
¿Mismo lugar?
Victor sonríe. A duras penas puede contenerse. El mismo lugar, el lugar de siempre. Se encontrara con Yuuri en su lugar de siempre. Porque ellos tienen un lugar usual en el cual encontrarse. Suena perfecto, estaré ahí en una hora.
~•~~•~
Victor está camino al café cuando se detiene.
Él no sabe lo que Yuuri está pensando, no sabe lo que ha estado haciendo en la última semana. Y él lo quiere –lo quiere con desesperación, lo quiere más de lo que su corazón puede soportar. Se le ocurre algo en este momento. Que quizás esto sea todo, que Yuuri podría querer terminar esto, podría pensar que él es un raro por estar obsesionado con su mejor amigo, podría pensar –que Dios no lo permita– que Victor ha estado tomando provecho de él tal como Yurio sugirió.
Respira profundamente primero, luego camina.
Abre la puerta. Yuuri está sentado en una esquina, dando la espalda a la entrada, con su teléfono en mano. Victor se detiene tras dar unos pasos porque él está allí, y es real, Victor lo ha visto hace poco más de una semana, pero ese sentimiento no ha cambiado desde aquel día, ese sentimiento de incredulidad. Se aproxima, deslizándose en el asiento al lado suyo.
– ¿Viene aquí muy a menudo?
Yuuri parpadea, luego la realización cruza por sus gestos. Extiende los brazos, pero sólo un poco –como si estuviera vacilante, inseguro.
Aquel movimiento es la única señal que Victor necesita.
Se produce un abrazo muy embrollado. Al estar ambos sentados sobre taburetes, el de Victor se tambalea debajo de él y casi termina en el suelo, lo que no hubiera sido una buena forma de iniciar la conversación. Yuuri lo sostiene por los codos y lo ayuda recuperar el equilibrio, y luego ambos ríen, tanto que quedan sin aliento, cautivados por la vista del otro.
La cafetería está casi vacía a esta hora del día, y las pocas personas que hay se encuentran esparcidas por todas partes. Victor nota sin embargo que Yuuri no tiene ninguna bebida consigo, tan sólo hay un muffin de arándano a medio comer sobre la mesa. Yuuri viste un suéter gris y unos jeans negros, y Victor no está seguro de si alguna vez antes se vio mejor que en este momento.
–Hola –dice Yuuri.
–Hola.
Excepto, entonces, el dolor cruza las facciones de Yuuri.
–Lo lamento, Victor, yo… yo necesito decirte algo. Es realmente muy importante, y no puede esperar. Lo siento, sé que te tomaste la molestia de venir hasta aquí, pero, de veras que necesito sacarme esto de encima.
Es como una picadura, un escozor irreparable. Victor intenta no demostrar dolor, trata de contenerlo y falla. Viajó toda esa distancia hasta aquí, y oró y anheló y deseó… pero él debería haberlo sabido, debió haber imaginado que Yuuri no sería capaz de mirarlo con los mismos ojos después de saber de los versos y halagos que Victor había escrito una y otra vez sobre lo increíble que era el mejor amigo de Yuuri.
Victor había pensado que no importaría, pero a juzgar por la mirada en los ojos de Yuuri. Sí que importaba.
–No tienes que decir nada –Victor dice, tranquilo–. Sé lo que estás a punto de decir.
Yuuri palidece. – ¿Lo… lo sabes?
Asiente, volteando su cabeza hacia atrás. –Lo sé, y lo entiendo.
(Por supuesto, claro que Victor entendía. Crear y escribir personajes es lo mejor que se le daba, quizás pueda escribir un nuevo personaje que no se tenga que enamorar de Yuuri Katsuki, que es un rompe corazones, quien puede terminar con todo esto con tanta facilidad y con esos aires de confianza. Quizás, piensa, quizás pueda reescribirse a sí mismo.)
– ¿Lo entiendes? –Pregunta Yuuri– ¿A qué te refieres…? ¿Victor, qué crees que voy a decir?
–Quieres terminar con esto –declara Victor, haciendo un gesto que abarca todo el lugar.
– ¿Qué? –Exclama Yuuri– ¿Tú crees…? –La verdad lo golpea en un instante, enarca las cejas, boquiabierto– ¿Tú… tú quieres terminar con esto?
– ¿Tú no quieres terminar con esto?
–Lo pensé porque lo dijiste, porque sugeriste que era lo que quería, yo no iba… no era lo que… yo no iba a decir eso, pero… –cuando Yuuri parpadea, hay lagrimas acumuladas en sus ojos, permaneciendo allí, inmóviles, amenazando con desbordarse–. No era eso lo que iba a decir pero si es lo que tú quieres entonces… está… está…
–Yo no quiero eso –Victor admite, dándose cuenta lentamente de lo que sucede–. Espera, Yuuri. No es eso lo que quiero. Escúchame ¿sí? Nunca he querido eso. Creí, por lo que pasó, que probablemente era eso lo que querías. Había algo que también necesitaba decirte, y no estaba seguro de cómo hacerlo porque al principio creí que no importaría pero luego…
–Soy KY.
–…toda esa información fue revelada y comprendí que tenía que decírtelo. Yakov organizó todo para que pudiera venir aquí y así poder decirte que sé… ¿Qué?
Una lágrima brillante se desliza por la pálida mejilla de Yuuri. Se retracta, se encoge de hombros por dentro, preparándose a sí mismo para el impacto. –Victor, Yo soy KY.
–Tú eres…
Victor comienza a reír.
–No, no lo eres –dice, porque no. Yuuri no es KY, Pichit lo es. ¿Está intentando encubrir a su amigo? ¿Cuál es el punto? ¿Y por qué él…?
Yuuri luce incomodo, se remueve en su sitio. –Lo soy.
Victor baja la voz, de repente consciente de las otras personas en el café. –Está bien, Yuuri. Lo sé. Sé que Pichit es KY. Lamento si no te lo dije antes, pero lo descubrí hace mucho tiempo. Cuando estuvimos en el restaurante, dejaste tu teléfono sobre la mesa, y accidentalmente leí algunos de los mensajes que él te había enviado.
– ¿Piensas que Pichit es KY?
Una sensación semejante a un vértigo se arremolina en su estómago. Empieza a sentirse mareado.
Yuuri respira hondo, luego continua. –Victor. En Japón, normalmente nos dirigimos a las personas primero por el apellido. Luego por el nombre.
–Yuuri Katsuki, entonces…
–Katsuki Yuuri –finaliza, mirándolo a los ojos. En un gesto nervioso, restriega sus manos en su regazo, y se acomoda los anteojos, dando un respiro.
Victor no reacciona.
Sólo observa.
–Katsuki Yuuri –repite, despacio.
–Katsuki Yuuri –Yuuri confirma.
–KY. ¿Eso significa Katsuki Yuuri?
–Esto… sí.
(¿Cuándo se supone que debe despertar?)
(¿Y así es como se siente el tener un corto circuito mental? ¿Así se siente una ruptura mental? Porque su cerebro no está funcionando apropiadamente, sus pensamientos no están fluyendo con normalidad –no puede unir las piezas del rompecabezas porque si alguien le pide que pronuncie su nombre ahora mismo, tiene la certeza que lo dirá mal.)
– ¿Estás molesto? –susurra el hombre frente a él. Entonces, de pronto, toma una de las manos de Victor, enredando sus dedos fuertemente. – ¿Victor?
–Yo… ¿Tú eres KY?
Yuuri piensa por un segundo. –Espera, puedo probarlo. Um… de acuerdo, mira –coge su bolsa y saca su laptop, los documentos en pantalla empiezan aparecer– ¿Ves? Aquí está el borrador original de History Maker. Y aquí el de Dime a Dozen.
Los documentos estás llenos de notas y con frases resaltadas.
Inconfundiblemente pertenecen a un escritor.
–Entonces… ¿tú escribes? –Victor cuestiona.
–Um… sí.
–Tú escribes… escribiste… Todo lo que KY escribió ¿Tú lo escribiste?
–Sí, ¿Estás… estás bien?
Victor sacude la cabeza. Se levanta soltando la mano de Yuuri y le pide al barista un vaso de agua. Regresa a sentarse y se bebe todo el líquido en pocos segundos, coloca el vaso sobre la mesa y lo aleja unos centímetros. – ¿Administro un fan-blog sobre ti?
–Um, aparentemente así es –Yuuri responde y se sonroja–. Si… si te sirve de consuelo. Me siento halagado.
– ¿Y lo leíste? ¿Mi fan-blog? ¿Lo que escribí?
–Yo… quizás un poco… todo.
Victor asiente, sus pensamientos lentamente están volviendo a tener sentido. Pero sólo en apariencia nada más. –Tú eres KY. Y yo dedico mi tiempo en administrar un fan-blog que habla de ti, y ahora todo el mundo lo sabe. Y yo… nosotros estamos saliendo.
Yuuri luce sorprendido con eso, pero asiente de todos modos.
–Estoy saliendo con KY.
–Sí.
–Administro un blog dedicado a mi novio, KY.
–Cuando lo pones de esa manera… ¿necesitas un minuto? Um, te traeré más agua –Yuuri toma el vaso con agua, se pone de pie y se aleja.
Los ojos de Victor no lo abandonan ni por un segundo.
KY, caminando enfrente de él.
(Siempre tuvo una imagen difusa de KY en su mente. La de una sonrisa. Yuuri le dedica una sonrisa mientras llena su vaso con más agua, una tímida, nerviosa, pero sonrisa al fin de cuenta. Y, Victor se da cuenta, que encaja. Encaja perfectamente.)
(Mientras su mente viaja entre los recuerdos que tiene con él, todo encaja. Cuando piensa en el amor proyectado en History Maker, encaja, porque, sí, él puede ver a Yuuri creando todas esas palabras, puede visualizarlo sentado en un sofá con sus dedos volando a través de un teclado, puede vislumbrarlo tipeando durante las noches en una forma que Victor nunca fue capaz de ver a Pichit.)
(Encaja.)
Yuuri vuelve a sentarse, le alcanza el vaso de agua.
Victor no lo bebe.
– ¿Estás molesto? –dice Yuuri sin pensar–. Porque lamento mucho no habértelo dicho antes. Al principio, estaba conmocionado de que quisieras pasar tiempo conmigo, ya que tú siempre fuiste mi autor favorito. Estaba tan agradecido por cualquier momento que pudiéramos tener juntos. Pero luego las cosas cambiaron muy rápido y entonces te fuiste y yo… yo iba a decirte, en San Petersburgo. ¿Recuerdas? ¿En el aeropuerto?
Necesito decirte algo, Yuuri había dicho.
Victor lo había abrazado cuando él comenzó a tartamudear.
Oh.
Cierto.
Así fue.
– ¿Si estoy molesto? –Repite Victor, y Yuuri asiente, desesperado por una respuesta–. Yo… no. No estoy molesto, pero… es que tú… no puedo creerlo… necesito un minuto.
–Sí –Yuuri exhala–. Sí, sí, seguro. Un minuto. Entiendo.
Victor no deja de mirarlo.
Yuuri se lame los labios, y enfoca su mirada en la mesa, como si esta tuviera algo de sumo interés.
–Tiene sentido –declara en voz alta, la ansiedad de Yuuri comienza a impregnarse en el aire y comienza a afectarlo también.
–Yo diría que sí –responde Yuuri.
Victor asiente despacio. El silencio es un tanto incomodo ahora, mientras Victor deja que todo sea asimilado. – ¿Por qué no me lo dijiste desde el principio? ¿En la firma de libros? ¿Pichit lo sabe?
–Pichit lo sabe. No te lo dije al principio porque no creí que importaría, pero entonces, a medida que nos conocimos… –en este punto, Yuuri evito los ojos de Victor– no quise que pensaras diferente de mí. Temía tanto que lo hicieras.
– ¿Pensar diferente de ti? –repite Victor.
Es entonces cuando comienza a ver por completo la apariencia de Yuuri –su frente brillaba a causa del sudor y la carne de gallina de sus brazos aun no desaparecía. Su postura rígida de forma antinatural, la manera que está mordiendo sus labios luce insoportablemente doloroso. Al estar tan perdido en sus propios pensamientos, Victor se percata, que sin querer, lo ha estado matando.
Entonces deja que una sonrisa se extienda a través de sus facciones. Asegurándose de que Yuuri pueda decir que es genuina y que es únicamente para él. Toma sus manos nuevamente. – ¿Cómo podría alguna vez pensar diferente de Katsuki Yuuri?
Las antiguas lagrimas regresan, pero esta vez por una razón diferente. Yuuri salta a sus brazos y Victor lo sostiene, enterrando su rostro en el hombro del otro hombre y dándose cuenta que, no, este no es KY en sus brazos –este es Yuuri Katsuki en sus brazos. Yuuri Katsuki quien es un escritor, pero es todavía Yuuri Katsuki, quien todavía ordena bebidas con caramelo en la cubierta y quien todavía manda textos con el auto corrector apagado y quien sabe más sobre autores famosos de lo que conoce su propia palma.
Él todavía es Yuuri Katsuki.
–Gracias por perdonarme –murmura Yuuri.
–No hay nada que perdonar. Yo entiendo, y estoy feliz de que me lo dijeras. Supongo que esto significa que debo decirte que de hecho yo no soy Victor Nikiforov.
Yuuri frunce el ceño y se aleja.
–Bromeo –declara Victor, luego lo besa en los labios.
Pretende que sea un beso casto, pero Yuuri lo recibe con más que eso, una mano suya se enreda en el cabello de Victor. Victor copia el movimiento, su otra mano aprieta fuertemente los dedos de Yuuri, y él se derrite en los labios de Yuuri, en su calor, en él.
–Victor Nikiforov y KY –musita, manteniendo sus frentes juntas, con sus labios a tan sólo unos centímetros–. Un dúo de lo más dinámico, ¿no crees?
–Dinámico en verdad –Yuuri ríe, y lo vuelve a besar, más profundo esta vez. Victor no puede tener suficiente, mueve su taburete aún más cerca, por poco deja que se caiga de nuevo, pero se imagina que morir en una cafetería valdría la pena si con eso puede obtener cinco segundos más besando a Yuuri Katsuki. – ¿Quieres ir a otro lado y hacer algo? –añade.
Terminan yendo a su apartamento.
(Victor sostiene su mano durante todo el trayecto.)
(Eso lo hace más feliz de lo que debería, quizás –llenándolo con una especie de luz que no sabía que existía hasta hace poco. Balancea sus brazos de felicidad, y Yuuri ríe un poco por la ridiculez de todo aquello, Victor también se une a la risa. Él nota que tal vez, su historia creara un buen libro.)
Su apartamento es agradable –cubierto de alfombra y perfectamente amoblado. La cocina se encuentra al lado izquierdo, conectada con el vestíbulo y el salón. Y dos habitaciones al lado derecho con baño compartido. –Pichit se encuentra en la pista de patinaje en este momento –explica Yuuri.
Victor ríe. – ¿Pichit patina? ¿Es así como sabías tanto sobre patinaje?
–Yo también patino, algunas veces –Yuuri admite, sonriendo en respuesta–. Es un mero pasatiempo, pero sí, así fue como supe. Entonces… um, ¿quieres ordenar algo de comida? ¿O conversar más? ¿O tal vez…?
Él todavía está nervioso, se percata Victor. No es el espontaneo y alegre Yuuri que Victor conoce y ama. Pero Victor hará lo que este a su alcance para convencerlo de que, sí, él está más que feliz con esta revelación. –Quiero conversar. ¿Dónde escribes?
–En el sofá, en mi habitación, o en la cafetería.
– ¿Puedo ver tu habitación?
Yuuri vacila.
Victor lleva una de las manos de Yuuri a sus labios y besa sus nudillos. – ¿por favor?
–Es que… no vayas a juzgarme, ¿de acuerdo?
– ¿Juzgarte? ¿Por qué lo haría?
Tan pronto como entran a la habitación. Comprende a lo que Yuuri se refiere.
Hay una pared enteramente cubierta de notas adhesivas. Desde el suelo hasta el techo. Notas de color blanco, de color pastel y amarillas, grandes, pequeñas, incluso unas cuantas en forma de corazón y estrella. Y todas contienen diferentes citas.
–Pichit lo llama el muro de las multi-ideas –Yuuri explica, observando la reacción de Victor–. Sé que es un tanto extraño.
Victor se acerca, arranca una de las notas y la lee. Son todas ideas de historias. Algunas para ampliar otras historias, y en algunos lugares había notas encimas de otras. – ¿Cuál es esa?
Aquella rezaba Victor.
(Con la 'i' decorada.)
–Nada. No es nada –dice Yuuri, arrebatándola lejos de su alcance y titubear antes de volver clavarla en la pared. Cuando se da cuenta que Victor no dejara pasar el tema, resignado, agacha la cabeza, e inspira hondo. –Yo quise… quise escribir sobre ti. No sé, en algún punto. Quizás un personaje inspirado en ti. Tú eres tan… –se detiene, y cuando continua, hay un nuevo tono de confidencia en su tono de voz– tan interesante. La manera en que actúas. Las cosas que haces. Si pudiera escribirte, serías difícil de capturar, porque la forma en que eres, es difícil de expresar con palabras.
Victor no dice nada –no está seguro de que decir.
–Es como si estuvieras cubierto de diamantes –explica Yuuri–. El material del diamante en sí –no es lo que realmente te hace feliz. Lo que te hace feliz es ver la luz tan bonita que desprenden. ¿Captas el sentido?
Victor lo vuelve a abrazar, y esta vez los pies de Yuuri abandonan el suelo. –Tú me haces feliz –le dice–. Y para eso no se requieren metáforas.
–Tú me haces feliz –responde Yuuri, luego lo besa.
– ¿Puedo leerlas todas? –pregunta, señalando la pared de las multi-ideas.
Yuuri luce sorprendido. – ¿quieres leerlas?
–Pagaré bien.
Con eso, él ríe, luego asiente. –Puedes leerlas.
Rato después, Victor se aproxima al pequeño librero de la esquina. Las novelas de Victor están colocadas de tal forma que la cubierta queda a la vista, puede ver el ejemplar firmado de Yuuri de Fragile as Glass en el centro, orgullosamente expuesto. Cuando lo toma, sin embargo, ve que las páginas están resaltadas –no se había dado cuenta de eso cuando lo firmó. Pequeñas partes están marcadas con un círculo, otras partes tienen dibujadas estrellas o signos de exclamación.
Toma otra de sus novelas, y es lo mismo. Lo mismo con la siguiente.
–Me gusta recordar mis partes favoritas –explica.
Luego con Stammi Vicino es lo mismo.
Hay más libros también, una amplia variedad de autores y títulos. Ninguno de esos está señalado como los de Victor.
Al final del librero, casi escondidas, están las propias novelas de Yuuri. Un reluciente nuevo ejemplar de History Maker. Victor lo toma y hojea las páginas. –Aun cuando creí descubrir que Pichit era KY, fue algo que nunca encajó. Vislumbrarlo escribiendo esto, no, no era correcto. Pero si lo visualizo contigo… entonces sí, todo encaja.
– ¿Sí?
–Sí.
–No puedo decir cuan feliz estoy de que lo sepas –murmura Yuuri–. Era como si este, peso, estuviera sobre mí, como una nube que deja caer su lluvia permanentemente sobre mi cabeza, y ahora soy feliz de que no estés enojado. Pero…
– ¿Pero qué? –pregunta Victor, alzando la cabeza.
Yuuri se sienta sobre la cama. – ¿Y ahora qué?
(¿Ahora qué?)
Victor piensa por un momento. – ¿Puedo decírselo a Yurio? ¿Y a Yakov? ¿Tal vez a unos más? Guardaran el secreto. Juro que son de confianza.
–No me importa. Siempre y cuando el resto del mundo no se entere. Me gusta mi privacidad.
Asiente, comprendiendo. –Voto porque nos preocupemos del futuro más adelante. Por ahora, por hoy, quiero hablar contigo sobre History Maker. Porque tengo mucho que decir.
Yuuri ríe. –De hecho, ya leí tu reseña. Al igual que todo el mundo.
–Eso fue apenas un vistazo en la superficie –explica, se sienta en la cama al lado de Yuuri–. Necesito darte mis elogios con más detalle.
– ¿Tus elogios con más detalle?
–Sí. Con muchos, muchos detalles –Victor explica, y se mueve mucho más cerca de Yuuri, sus muslos se tocan mientras él besa su cuello, con una mano sobre uno de sus hombros. Yuuri inclina la cabeza a un lado para darle mejor acceso y Victor se deleita con el sabor de su piel, cierra los ojos mientras continua con su alabanza, recorriendo allí donde se siente el pulso, hacia su clavícula. –Me gustó –le dice–. Mucho.
–Y a mí me gustó Stammi Vicino –responde Yuuri, su voz sonando adormecida, contenta.
–Bien. Una cosa, sin embargo –se aleja del cuello de Yuuri y lo mira a los ojos– ¿De verdad tenías que herir a Marcus en el capítulo catorce? Es decir, sé que tenías, por el bien de la trama y la caracterización, pero eso me lastimó, Yuuri. Tú me lastimas.
Yuuri recorre el cabello de Victor con sus manos. – ¿Así es como será nuestra relación a partir de ahora? Porque en Stammi Vicino, la manera en como describiste la depresión inicial del personaje principal fue desgarradoramente hermosa, y en el capítulo… espera –se levanta, saca el libro del estante, luego regresa a sentarse. Por un segundo, recorre las páginas, luego se detiene y señala un párrafo resaltado–. Esta parte. Capítulo veintiuno. Esta es mi parte favorita.
~•~~•~
Al final, terminaron recostados, con la cabeza de Victor sobre el pecho de Yuuri mientras los dedos de este deambulan por los cabellos del ruso. Yuuri sostiene Stammi Vicino con su otra mano mientras que con calma debaten sobre el libro, pero en este punto Victor está demasiado soñoliento como para seguir el ritmo de la conversación. Después de dos firmas de libros y una mezcla del jet-lag y viajes en coche, tiene sentido que se encuentre exhausto.
–Lo siento, podemos conversar luego – murmura Victor contra su camisa–. En verdad quiero hacerlo.
–No te disculpes. ¿Quieres dormir en nuestro sofá?
Victor mueve su cabeza hacia el hombro de Yuuri, y vuelve a bostezar, Yuuri puede sentir su cálida respiración sobre su cuello. – ¿Está bien si es aquí?
Yuuri envuelve a Victor dentro de un abrazo para que esté más cómodo, pero con su otra mano aun sobre su cabello. –Está bien –le asegura, y esta parece ser la señal que Victor necesita porque un segundo después, se mantiene en silencio, sus pestañas color plata contrastan contra su pálida piel, el calor de su pecho calentando el lado de Yuuri.
En ese momento, Yuuri escucha la puerta principal de la casa abrirse.
Hace una mueca con anticipación.
– ¿Yuuri? –le llama Pichit.
Por algún milagro. Victor no despierta.
Pichit camina hacia su habitación, congelándose en la entrada, su boca se abre. –Ustedes…
Yuuri libera el cabello de Victor y presiona un dedo sobre sus labios, indicándole a Pichit que se mantenga callado. Pichit se mantiene en silencio, pero sus ojos continúan pegados en Victor Nikiforov, quien actualmente está buscando de nuevo el tacto de Yuuri, moviéndose inconscientemente. Ligeramente avergonzado, Yuuri vuelve a colocar su mano sobre el cabello de Victor y muy pronto aquello tranquiliza sus movimientos, esta vez dejando que sus uñas arañen con suavidad a través de las hebras de Victor. El hombre encima de él suspira, evidentemente contento.
Pichit mueve los labios, sin soltar sonido. – ¿Qué sucedió? ¿Cómo llegó aquí?
Con una sola mirada, Yuuri promete explicarle más tarde. Pichit parece entender.
Un segundo después, Pichit le alza ambos pulgares.
Si Yuuri no estaba sonrojado antes, ahora ciertamente lo está.
~•~~•~
Cuando Victor regresa a casa, está demasiado emocionado por compartir las noticias.
Recuerda lo que Yuuri le había dicho sobre querer mantener su identidad en secreto del mundo, y en lo que respecta a eso planea que siga así. Así que sólo llama a Mila, Sara, Yakov, Christophe, Georgi y Yurio en privado. Todos se encuentran con él, luciendo confundidos y mirándose los unos a los otros.
–Yuuri es KY –les revela.
Una pausa.
– ¿Es qué no te habías dado cuenta? –le pregunta Mila.
Victor se congela. – ¿Qué?
–Yuuri Katsuki. Katsuki Yuuri –explica mirando alrededor–. En serio ¿nadie se dio cuenta más que yo? Todas las veces que hablabas de Yuuri tenías esta mirada salvaje en los ojos, algo como, fervor. Es la misma mirada que ponías cuando hablabas de KY. No fue difícil conectar una cosa con la otra.
– ¿Tú has estado saliendo con KY todo este tiempo? –pregunta Yurio– ¿Y jamás te diste cuenta? ¿Cómo es eso posible? ¿Incluso pensaste que era su mejor amigo?
–Eso… eso fue un malentendido.
Yurio se levanta y abandona la habitación. –Se acabó, lo juro. Me tienes arto –titubea al llegar a la puerta–. Pero… felicidades, supongo –luego se va.
–Es la cosa más romántica que he escuchado en mi vida –declara Georgi.
Yakov y Sara advierten de que siempre lo sospecharon.
Christophe le da unas palmadas en la espalda, diciéndole que es una excelente noticia, ya que ahora Victor está saliendo con el hombre que ha admirado por años.
~•~~•~
Yuuri –o KY– es el mejor autor más vendido de ese año.
Sin embargo, siguiendo con el patrón que han tenido hasta ahora, eso significa que Victor lo será en el próximo. Y luego Yuuri, y luego Victor. Y así sucesivamente. Victor le asegura, mientras juega con sus dedos y le besa el cuello, que no porque estén juntos por más de un año, significa que se dejara vencer.
Yuuri promete que él tampoco, y una sana rivalidad se forma entre ellos, sustituyendo la distancia y el nulo contacto que había existido entre ambos autores.
Victor se muda a Detroit, pero visita San Petersburgo a menudo. Se comunica con su editor a través de Skype, asistiendo a reuniones cuando es necesario. No es perfecto, afortunadamente, Yakov ha querido desde hace algún tiempo ampliar su compañía editorial, y tiene sus ojos puestos en un edificio en Ann Arbor, Michigan. Con eso sí podría ser perfecto.
Victor y Yuuri toman café cada mañana.
(En la misma cafetería de siempre, donde cada barista los conocen por sus nombres.)
Durante sus entrevistas, Victor habla libremente sobre su amado esposo, Yuuri, y de su más grande rival, KY. Encuentra los ojos de Yuuri entremedio de la audiencia, y los entrevistadores siempre parecen saber que algo está pasando, pero nunca se dan cuenta de qué.
Por supuesto, están las multi teorías y conspiraciones en internet sobre el irónico hecho de que las iniciales de Yuuri sean 'KY' al revés, pero la mayoría de las veces, esos post son eliminados debido a lo escandaloso del asunto. Victor siempre ríe cuando muchas de esas teorías le son dichas en persona.
~•~~•~
Una mañana, tres años después, ambos están en un parque local, mirando las nubes recostados sobre una manta.
–Estoy listo –dice Yuuri entonces.
Victor jala a Yuuri hacia su pecho, envolviendo sus brazos a su alrededor y besándole en la cabeza. – ¿Listo para qué?
–Para decírselo a todo el mundo. Creo que estoy listo.
Victor respira hondo, cierra los ojos. Puede oler el shampoo de Yuuri, busca su mano a tiendas para poder tocar el dorado anillo que envuelve uno de sus dedos. –Si lo estás. Entonces yo te apoyo, al cien por ciento.
–Lo sé. Pero, ¿crees que sea una buena idea?
–Lo creo –Victor admite, porque siempre lo ha hecho–. El mundo entero debe saber cuan apuesto, inteligente y prolífico es mi esposo –le dice mientras juguetonamente lo estruja entre sus brazos.
Yuuri se retuerce hasta quedar encima de él, riendo. –Entonces lo haré, se los contare a todos.
– ¿Cómo lo harás?
–Escribiré un libro.
– ¿Qué? ¿Un tipo de autobiografía? ¿KY: La Revelación?
Yuuri ríe, rueda hasta quedar al lado de Victor, encontrando su mirada. –No, bueno, más o menos. Escribiré nuestra historia. Como una pieza de ficción, excepto que estará basado en lo que realmente sucedió.
Victor se había estado preguntando, desde el día que conoció a Yuuri, como podría escribirlo.
(Al principio, había pensado en utilizar diversas fuentes de mecanismo literario. Las vertería, les daría forma y crearía palabras para acercarse lo más posible a lo real. Editaría una y otra vez hasta hacerle justicia, hasta describir perfectamente el sentimiento que Victor sentía a su alrededor, la ingravidez, el sentido de aceptación, de amor.)
(Luego, pensó que mejor no, usaría lenguaje simple. Porque los términos generales serian la mejor forma de describirlo –adentrarse a las complejidades era innecesario cuando se trataba de Yuuri Katsuki. Aunque era difícil generalizar, las palabras y frases abstractas eran casi siempre y posiblemente la mejor forma de aproximarse al problema.)
(O tal vez una lista. Hacer una lista de todas las cosas que él es, una lista de todas las cosas que él hace –escribe prosas tan elegantes que puede llevar a cualquier persona con la capacidad de sentir emociones hasta las lágrimas, ríe de una forma tan mágica que puede captar la atención de toda una habitación entera, habla con tanto entusiasmo que Victor podría escucharlo todo el día, a cada hora, por el resto de su vida.)
(Listas, métodos literarios, lenguaje simple, quizás una combinación de los tres. Quizás con viñetas. Quizás toda una pared llena de notas adhesivas. Quizás pronunciar las palabras en voz alta ayuden, quizás pensarlas una y otra vez. Quizás escribirlas en trozos de servilletas, en el cielo, o sobre las líneas de una libreta.)
Hay miles de manera en las que podría escribir a Yuuri Katsuki.
Pero, al mismo tiempo, Victor se da cuenta, que no tiene ninguna.
Porque justo aquí, justo ahora, está contento.
Así que se inclina más cerca de él. Existe un amor tan profundo en su mente y corazón. Un amor que no necesita definición, porque es real, y eso es todo lo que importa.
– ¿Y cómo lo llamaras?
Fin.
Y así termina esta historia. Sí, así termina. Con una pregunta al final, hay historias con finales inusuales y abiertos y esta es una de ellas ¿pueden adivinar el nombre del libro? Es evidente, de hecho.
Me gusto traducir esta pequeña narración, un tanto fuera de lo común como es usual. Pero emotiva y bellamente narrada, la autora se lució al escribir algo con tanta pulcritud.
Ya nos veremos nuevamente en la siguiente historia.
¡Hasta la próxima! :)
Pd: Si tienen otra traducción de YoI y les gustaría que fuesen traducidas porque les ha gustado mi trabajo, son libres de dejarme un PM o un review. Diciendome el nombre y plataforma.
