DISCLAIMER: Ni Bleach ni sus personajes me pertenece, son propiedad de Tite-baka-sama, menos el fic que fue creado por esta cabeza que pronto necesitara terapia XD.

Peleando Por La Vida.

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Capitulo 2: Los problemas comienzan.

En la sala de la casa Kurosaki, Rukia se encontraba en el sofá, hecha un ovillo en la esquina del mismo, aferrándose a la frazada que Yuzu le había alcanzado. Se sentía enferma, con hambre, y a la vez sin ella, quería vomitar hasta el aire, era la peor sensación del mundo según sus cálculos. Y sinceramente, era también la primera vez que pasaba por eso en el mundo humano.

La menor de las hermanas entró entonces a la sala, con una taza de té humeante en sus manos – ¿Cómo te sientes, Rukia-chan? – Pregunto con su dulce sonrisa intacta de quince años, llegando hasta ella y entregando su té.

La pelinegra bufó, decaída, aun que admitía que se sentía mejor que en la mañana – No tan bien como quisiera… - se irguió un poco de su posición, abriéndose paso entre la frazada – ¿Dónde fue Ichigo? – Pregunto con molestia.

Su cuñada le miró ciertamente sorprendida – Fue a comprar el cereal Chappy que le pediste – dijo, con una gota de sudor en la nuca.

Entonces la Kuchiki recapituló los hechos, en los que le había gritado al pelinaranja y había obligado a ir por el cereal que se le antojaba – Claro… - se dijo así misma, recibiendo la taza de té.

El muchacho mencionado, justo entro a la casa, sacudiéndose los zapatos por la lluvia fina y húmeda que afuera descendía del cielo, rezongando y quejándose de que su novia lo haya mandado a comprar ese feo cereal cuando afuera parecía querer nevar.

- Onii-chan, Rukia-chan ya se siente mejor – comentó Yuzu, sonriente a su hermano recién llegado.

Desde la entrada de la sala, se quito la campera, colgándola en uno de sus brazos mientras se acercaba un par de pasos a ambas chicas – De acuerdo… - estirando hacía arriba su otro brazo, mostrando el cereal miro a la shinigami. - Ya te traje esto Rukia, aun que no se para que lo quieres si estas así de enferma – apenas acabó de decir eso, recibió un almohadazo en la cara.

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Al fin había podido reparar la maldita maquina, el hombre se puso de pie y casi huyó de la clínica luego de recibir el pago ¡Nunca había tenido un dueño tan jodido! Y al fin Isshin pudo correr hacía ella y abrazarla cual hija para poder hacer los análisis. Los primeros en estar listos, luego de media hora, fueron los de Tatsuki, siguientes los de Rukia.

El Kurosaki mayor, sin verlos siquiera se acercó a la amiga de su hijo, quien esperaba aun desde su llegada en la sala de la clínica – Arisawa – le llamó, a lo que la muchacha se quitó los auriculares con la música y se puso de pie – Aquí tienes – entregó el moreno a la joven, que miró el sobre con cierta mala espina.

- Gracias – Tatsuki tomo los papeles, con sus manos algo temblorosas, olvidando en cierta parte su sentir cuando vio al mayor alejarse de ella y abrir a parte un sobre igual. La pelinegra no pudo más que ver como el padre de su mejor amigo se retiraba de la clínica a paso apurado, y no pudo evitar tampoco sentir preocupación por la pequeña shinigami, ya que según había escuchado 'Su nuera estaba en cama', y por nuera se refería a Rukia claramente.

La Arisawa salió también del lugar, lentamente dio un par de pasos lejos de la entrada, presionando entre sus dedos el papel, nerviosa. Finalmente se decidió a romper el extremo para poder sacar los resultados, fuese lo que fuese, era la razón por la que se la pasaba durmiendo, comiendo y de vaga por ahí sin querer hacer nada. Si, era la razón por la que su cuerpo estaba mal…

Comenzó a leer, pasando por todos los resultados que una pequeña muestra de sangre puede otorgar. Todo estaba bien, el hierro, la presión, los glóbulos blancos… Pero llegó a un resultado que antes no había prestado atención, siendo uno de los últimos. Sus ojos se abrieron enormes, y su bolso se resbaló del hombro, terminando en su mano que lo sostuvo para que no terminada de caer.

Quitó los análisis de su vista y permaneció con la mirada al frente… ¿Cómo era eso posible? Recordaba claramente lo que le dijo sobre tener hijos, que era prácticamente imposible mientras…

- Ay no… - Se imaginó la cara de sus padres, realmente no esperaba ese positivo que antes nunca había dado. Por primera vez quiso gritar, pero se contuvo, si tenía que matar a alguien sería a él por maldito descuidado.

Guardo las cosas en su cartera, suspiro hondo para no parecer una loca histérica, y se dedicó a encaminarse directo al parque, donde debía esperarlo para su llegada en diez minutos. Balanceando su bolso, sostenido por su mano aun, a la par de la caminata, hacía atrás y adelante. Con su mirada seria que buscaba las palabras con las que le diría.

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Hitsugaya salió de la habitación, ayudando a su mujer, que adormilada todavía mostraba su cara de susto. Tomando su mano, el peliblanco se dispuso a apurar el paso y salir casi corriendo del cuarto escuadrón. Eso era malo… Era muy malo.

- Teniente Hinamori ya tenemos los resultados – la vos de Unohona les llamó a ambos, que al mirarla contemplaron la mirada seria que la capitana llevaba.

- ¿Y bien? – Pregunto Toshiro con impaciencia. Momo solo sonrió ante esa reacción, pero su sonrisa fue borrada, y su semblante cambió a uno de preocupación al ver como la capitana del cuarto decía a sus subordinados que salieran para dejarlos solos ¿Tan importante era? Por alguna razón, le miró extrañada, con un tinte de temor en su mirada.

Unohona los miro de forma extraña, sonreía levemente a la vez que su seño se notaba algo molesto – Los resultados son los que yo esperaba. Tristemente la noticia es buena y mala a la vez – contestó Retsu, le entrego los resultados a Hitsugaya quien los abrió en segundos, demasiado impaciente y ahora preocupado como para esperar más. Al terminar de leer no hizo más que mirar a su colega con extrañeza ¿Era posible?

Cuando menos quiso acordar, Momo tomaba los documentos de sus manos, llevándolos a su vista para leer atentamente cada palabra, sus ojos castaños no pararon de sorprenderse un minuto al leer los síntomas y el veredicto final. Miro al peliblanco, y seguido a su superior con más temor que el del comienzo.

- Capitán, teniente… - intentó hablar la capitana, siendo interrumpida.

- ¿Cómo es posible? – Inquirió confundido Hitsugaya.

La pelinegra simplemente suspiro – Las almas con poder espiritual elevado al normal… Shinigamis, algunas pocas almas comunes, e incluso algunos hollows, son capaces de concebir como cualquier humano, puesto que sus almas provienen de los seres humanos que fueron.

Ambos se quedaron en silencio, intentando procesar las palabras dichas. Entonces realmente había sido una gran e ignorante metida de pata. Antes de poder comenzar siquiera a regañarse mentalmente, Retsu les habló – Vallan a su casa y quédense allí, no le comenten a nadie… Como tenemos entendido los que estamos al tanto de estos problemas, esta prohibido tener hijos entre nosotros debido a los peligros, que desconocemos y podrían llegar a dar el alto reiatsu de los recién nacidos.

Suspiro hondamente, haciendo una pausa – A demás no sabríamos como sería su forma de crecimiento, como el de un humano normal, con promedio de vida de más o menos ochenta años, o de un alma que tiene el crecimiento casi en receso, salvando algún tiempo en que se da por…crecer.

Ambas mujeres miraron a Toshiro en ejemplo, el pobre muchacho había pasado de parecer de catorce a tres años más en menos de dos años, la verdad había caído bien a todos, principalmente a 'todas', pero había sido algo complicado el acostumbrarse.

Retsu continuó. - Les ofrezco hacer lo que las reglas dicen, sería hacer abortar a la teniente Hinamori, o… - ambos miraron atentos – Acompañarme en unos minutos a un lugar seguro… - Su mirada se tornó entonces como esa que siempre hace temblar a todo el mundo – Recuerden que si alguien del sereitei llega a saber sobre esto, además de nosotros tres, Hinamori será obligada a deshacerse de su hijo.

Una vez llegaron a su casa, la castaña tomo varias cosas, entre ellas un cuaderno morado que metió dentro de un bolso blanco, mientras Toshiro hacía lo mismo con algunos papeles que realmente no deseaba perder. Estaba claro que no dejarían que su hijo muriera, acababan de enterarse, pero ya lo querían con ellos por más niños que fueran en apariencia y a veces en personalidad.

La reacción rápida de la capitana fue lo que más los sorprendió ¿Por qué ella querría ayudar? En ese momento sentían que no les quedaba otra más que confiar, por más que las decisiones, hayan sido tomadas más rápidas de lo usual.

Él pudo suponer rápido las cosas, quizá su teniente y los demás desaparecidos habían pasado por algo parecido…pero la duda era el porqué había ocurrido justo ahora y no antes. Esta bien que la guerra los había dejado dolidos, y entre la renovada paz se habían formado más parejas de lo normal, pero no se había sabido de hijos antes, con nadie...

- En quince minutos les enviaré un anuncio, los guiará a donde yo estaré… Confíen e mi, hacer perder a una vida, es lo que menos quiero…

Dicho así, exactamente veinte minutos después, tanto capitán como teniente llegaron a un lugar bastante desértico en el Rukongai, allí estaba Unohona de pie, con su haori de capitana, de espaldas a ellos. Había dos postes blancos con al menos metro y medio entre si, que al sentir su llegada, hizo que una puerta sekai se abriese.

Ante su sorpresa, Retsu se dio la vuelta, nuevamente con su mirada calmada – El capitán Kurotsuchi la abrió para ustedes. Tienen que irse, aparecerán en la tienda de Urahara… - Miro a la teniente que se notaba algo confundida, entre la demás cantidad de emociones que seguro le estaban ganando – Descuida Hinamori, Hitsugaya esta enterado de lo que hablo – la aludida asintió – El les dirá que hacer… Ahora váyanse – ordenó.

Solo segundos después la puerta se cerró, dejando a la vista dos postes que parecían no parecían para nada importantes. La capitana del cuarto escuadrón, se dio la vuelta, regresando con calma a su lugar de trabajo. Esa era la cuarta vez que ayudaba a alguien con ese mismo problema. El recuerdo de ver pasar a su teniente por esas puertas se le hizo presente, se preguntaba como estaría ella en ese momento.

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Isshin entró a su casa con paso pesado, esa noticia en otro momento lo abría hecho saltar de emoción y correr hacía el poster de su mujer. Pero estaba al tanto de las normas del sereitei, a algunos se les había dicho los problemas que podría causar. Su hijo era un shinigami, pero humano, el estado de su tercera hija lo preocupaba cada vez más. Una cosa eran dos almas, otra muy diferente era esto que nadie se esperó nunca.

Llegó a la sala donde su hijo junto a su novia estaba mirando la televisión, y de brazos cruzados, con los papeles ocultos le llamó – Ichigo – el pelinaranja le miro al escuchar su nombre, sin mucho interés – Necesito hablar contigo a solas – declaró el hombre a su hijo mayor.

El chico asintió, y en minutos estaban en la oficina del Kurosaki mayor.

- ¿Qué es lo que pasa? – El pelinaranja dedujo, al ver la cara de preocupación de su padre, que tenía que ver con lo de la mañana – ¿Qué es lo que tiene Rukia?

Isshin suspiro más hondo que nunca, como en reproche de si mismo y hacia su hijo – Ichigo, Rukia esta embarazada – dijo sin mucho rodeo, dejando al menor sorprendido completamente, sin muchas cosas para poder reclamar.

Ahora que lo pensaba bien, sus síntomas daban justo con eso – ¿Embarazada? – ¿Cómo no pensó antes? Pero, ¿Cómo podía ser?

- Ichigo esto es grave… - reclamo notando la mirada perdida de su hijo – ¿Por qué no usaron protección? – Regañó ciertamente enfadado – Si la Sociedad de Almas se entera de esto no los dejaran en paz… - advirtió – Si entre shinigamis esta prohibido tener hijos, no me quiero imaginar lo que ocurrirá si se enteran del estado de Rukia

- ¡Ya lo se! – Intentó defenderse – Y no me reproches nada… - el sabía de las reglas del sereitei, solo no estaba tan enterado de esa regla justamente, nadie le había dicho nunca si eso era posible. A demás, si habían usado protección, él podía asegurarlo, siempre era mejor prevenirse ante la mala información.

El pelinegro bufó – ¿Qué harán ahora? Por lo que tengo entendido la energía espiritual del bebé comenzará a sentirse en cuando cumpla los seis meses de embarazo – dijo serio, sorprendiendo cada vez más al joven ¿Cómo sabía tanto de eso su padre?

- ¿Cuánto tiempo tiene Rukia? – indagó curioso.

- Apenas tres semanas – Ichigo suspiro sintiéndose algo aliviado – Pero los meses pasan rápido – retrucó.

Entonces con su siempre seño fruncido, el Kurosaki menor miro a su padre – Se que sabes donde puedo ir – afirmo.

Su padre se puso de pie – Estás en lo cierto… - dio con rapidez la razón, no era tiempo para andar con rodeos – Y lo mejor sería que fueran de inmediato… Pero primero ve a decirle a Rukia, ella es quien debe enterarse primero – ordenó. Ichigo se levanto y se dirigió a la puerta, siendo detenido antes de salir - ¿No me darás las gracias? – El chico se giró, mirando a su padre intrigado – Por primera vez no hice un escandalo, y tampoco grite al poster de tu madre.

Entonces negó resignado, la verdad es que tenía razón – Si… Eso se me hizo raro… Gracias papá – cerró la puerta una vez salió, dejando a su padre solo, que tomo asiento otra vez y un celular de uno de los cajones del escritorio.

Ichigo se acercó a las escaleras, dando una mirada hacía la sala – Rukia necesito que hablemos – llamó, escuchando como comenzaba a reprochar. Todavía envuelta en la frazada, se puso de pie y caminó hasta la habitación de su novio, donde el la sentó en su cama y la miro con seriedad.

- ¿Qué ocurre? – inquirió curiosa y algo molesta.

- Rukia… - suspiro para llenar sus pulmones, los cuales parecían no querer dejar entrar el aire de los nervios –… Estas embarazada.

La Kuchiki abrió sus ojos sorprendida… ¿Qué estaba qué? Buscó en la mirada avellana algún indicio de broma o algo, pero no encontró absolutamente nada. Tragó saliva secamente, su hermano la mataría si se enterara. Seriamente pensó que ese problema no llegaría, más bien no se lo espero, aun su subconsciente le decía que no podía ser verdad. No podía pensar, no sabía que hacer.

Ichigo le tomó del rostro, quizá lo había dicho demasiado de golpe – No te preocupes… - Dijo con suavidad, mirándola directo a los ojos – Mi padre sabe que hacer – Rukia asintió, confiando en el pelinaranja como tantas veces había hecho.

Mientras, recostaba su cabeza en el pecho del mismo. Sentía ganas de llorar ¿Des cuando ella tenía ganas de llorar? Desde hace unos días se sentía más sensible que nunca, pero no creyó que fuese por eso. Ahora quizá si tenía algo de sentido todo.

Continuará…

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Yes, yes… ¡Asesínenme! *extiende sus brazos a cada lado dejando su pecho libre* Dije al día siguiente y terminé faltando una semana *ve los cuchillos venir y saca con rapidez su escudo, donde revotan todos* E.E ;n; *la quieren matar* XD

Miko: No me sorprende… Bakka…

Q_Q ¿Qué haces tu aquí? ¡Hasta que apareces!

Miko: Me tomé vacaciones, tu cabeza esta loca, necesito descanso… *se tira a un sofá abanicarse*

D: Ya lo se u.uº No había necesidad de decirlo tan público…

Miko: ¿Gomen…?

-.-U Olvídalo… Disculpen la demora, no he estado bien, otra vez n.nº

Espero que a las pocas personas que leen les haya gustado :3 Son grandes ;D Me levantan el animo *-*

¡Nos leemos!

¡Bye-bye!