Capitulo 2
- ¿qué se siente ser la mujer del Lord?
- ¿qué se siente ser su perro faldero? – le contesto ácidamente a Malfoy quien me "escolta" a mi habitación, según Tom debe dar las ordenes pertinentes para mi total comodidad, lo que se traduce en mi completa vigilancia.
- No soy su perro faldero, soy su mano derecha, aunque es claro que desde tu posición y sin haber conocido nunca un rango como este es imposible que comprendas la diferencia.
- ¿Para qué haces preguntas de las que tú mismo tienes respuesta?, solo me haces perder el tiempo – apresuro el paso y una sonrisa de triunfo se dibuja en mis labios, consciente de que Malfoy no entendió lo que le quise decir.
El silencio nos acompaña hasta que llegamos a nuestro destino, en la puerta de la habitación hay paradas cuatro personas, dos encapuchados y lo que parecen ser dos sirvientes, son mujeres y sus ropas están raídas, sus rostros sucios y sus miradas perdidas.
- Urquine, Liretay su deber de ahora en adelante es cuidar que no le falte nada, para el señor tenebroso es vital que esté protegida y cómoda - una nota de fastidio se desprende de la voz de Malfoy que aun conserva la costumbre de arrastrar las palabras tal y como lo hacía en el colegio.
Sigue repartiendo ordenes, esta vez a las dos mujeres a quienes no llama por su nombre, podría jurar que no se lo sabe.
Las mujeres asienten al final sin decir palabra, lo que confirma sumado a su mirada perdida que están bajo la maldición imperius desde hace un buen tiempo.
Finalmente los hombres toman posición a lado y lado de la puerta, las mujeres se marchan con paso autómata y Malfoy se dirige a mí.
- Todo listo Weasley, te integraras a los entrenamientos el jueves así que mas te vale estar preparada, la serpiente enjaulada te informo con precisión en que consisten por lo que no perderé mi tiempo explicándote.
Lo miro con suficiencia y doy media vuelta para encaminarme al interior, antes de haber dado siquiera un paso me toma del brazo donde recientemente fui marcada, lo que me arranca una pequeña mueca de dolor que procuro no vea.
- ¿qué quieres? – suelto bruscamente mi brazo de su agarre y lo encaro.
- la habitación del Lord queda en la torre norte, toda la torre es suya pero la cama queda en el ultimo piso.
Sin decir más camina por el pasillo alejándose de mí.
Entro en la habitación con un sabor amargo en la boca, el tuvo la última palabra y eso me desespera.
Me tumbo en la cama vencida por el cansancio y el dolor recién despertado en la marca.
Toco suavemente mi brazo repasando la forma de la calavera, recordando lo que pasó hace solo unos minutos.
Después de matar a Bellatrix Lestrange, el señor tenebroso aplaudió pausadamente, seguido por los mortífagos, en su interior asustados por lo acabado de presenciar.
- Acércate Ginebra – caminé lentamente hacia él sabiendo lo que seguiría, al llegar a su lado me pidió con un gesto que le extendiera mi mano, así lo hice.
Los encapuchados esperaban conteniendo la respiración, sabiendo que sería marcada pero sin ocultar su asombro, debido a ser el mismo Lord quien me marcara, cosa que según lo que vi rápidamente en sus mentes nunca se había dado ante sus seguidores a pesar de ser varios los que alardeaban de semejante honor.
Puso su varita en mi antebrazo y de ella se empezó a desprender una delgada línea formando la conocida calavera, la línea, como una cuchilla pareció cortar cada pedazo de piel por donde pasaba y sin embargo no se derramó ni una gota de sangre.
Cuando la línea hubo terminado su recorrido, una especie de tinta se desprendió de esta hacia el centro de la calavera, que en ese momento quemaba como si mi brazo hubiera estado puesto sobre un fogón ardiendo.
El dolor se tornó más y más intenso, a tal punto que mis ojos se cristalizaron, justo cuando creí que no podía resistir más, el dolor empezó a disminuir.
La razón de este alivio fue tan sorprendente para mí como para los demás espectadores, el señor tenebroso había pasado su lengua por encima de mi marca.
Una picazón en la marca me despierta de lo que pareció una eternidad de sueño, me siento más descansada que nunca, pues desde la muerte de Dumbledore hace más de tres años no había podido dormir bien.
Me levanto lentamente para darme cuenta que tengo la misma ropa de la noche anterior, el sueño se apoderó de mi tan rápidamente que no me dio tiempo ni de cambiarme.
Entro en el baño y preparo la tina, cuando está lista me sumerjo en el agua sintiendo el alivio en la marca que por fin deja picar, me permito cerrar los ojos y disfrutar del agua por lo menos durante una hora.
Por fin salgo del agua, cuando esta ya está demasiado fría como para disfrutarlo, me visto otra vez de negro y salgo de la habitación, no sin antes desayunar lo que seguramente dejaron en mi habitación mientras me bañaba.
Camino por el castillo familiarizándome con el, después de todo aquí voy a vivir quien sabe por cuanto tiempo.
Algunos me miran con odio, otros con respeto y muchos otros con miedo, me siguen con la mirada hasta que me pierdo de su vista, opto por ignorarlos.
Una hora recorriendo el castillo, todo es demasiado monótono así que decido ir al exterior, el frio me golpea apenas salgo pero poco me importa.
Camino tranquilamente hacia el bosque cuando siento que alguien me sigue, "otro imbécil" pienso mientras me adentro en el bosque, doy unos cuantos pasos y en un movimiento rápido me oculto tras un árbol.
Mi "espía" se detiene de repente mirando alrededor, indudablemente buscándome.
Un suave petrificus totalus sale de mis labios, el hombre cae de espaldas, me le acerco y me agacho para poder susurrarle al oído.
- en un ratito vuelvo – una sonrisa divertida y me alejo de allí para poder seguir inspeccionando los alrededores.
Voy de vuelta al castillo, el cuerpo de quien me perseguía levita frente a mi dirigido por mi varita, me muero por verle la cara a Tom cuando lo ponga ante él.
Llego a donde están Crabbe y Goyle, me miran con miedo y me abren las puertas rápidamente.
Camino hacia el salón donde me encontré con Tom cuando llegué, lo he bautizado el salón de muerte, podría llamarlo el gran comedor por su parecido con Hogwarts pero no creo que sea lo indicado contando con lo que hacen allí.
La serpiente ya no me escanea, supongo que le basta con la marca lo cual me alegra pues la sensación alcanza a ser desagradable, entro al salón de muerte todavía levitando el cuerpo, me acerco a Tom quien me mira con algo que parece una sonrisa.
- La próxima vez, envía a alguien más apto – dicho esto arrojo al hombre en el suelo y doy media vuelta para salir del lugar.
- Weasley – escucho una voz suave que no logro identificar de donde viene, todo está oscuro, ni siquiera puedo verme a mí misma – Weasley.
De repente siento que alguien me empuja fuertemente, me despierto sobresaltada para encontrarme con unos ojos grises que parecen molestos.
- Mierda Malfoy, nunca te enseñaron a tratar a una dama o mejor aun a despertar a una dama.
- Claro que me enseñaron, pero tú no eres precisamente alguien con quien practicar – se da la vuelta caminando hacia la puerta – no soy tu niñero así que esta es la primera y la última vez que te despierto para ir a un entrenamiento, tienes 15 minutos para estar en el vestíbulo.
¡Demonios! Se me olvidó que hoy empezaba en los entrenamientos, aunque eso no es excusa, últimamente he dormido demasiado lo cual no es mi costumbre, es como si este castillo fuera un somnífero.
Bajo al vestíbulo en menos de quince minutos, el rubio, sentado en los escalones juega con su varita, desde este punto parece el Draco Malfoy del colegio, con la única preocupación de buscar a quien molestar.
- ¿a dónde Malfoy? – me dirige una mirada y simplemente se levanta para empezar a caminar, intento seguirlo pero parece que amaneció con el propósito de fastidiarme pues da pasos cada vez más largos.
Finalmente llegamos a lo que parece ser una arena, similar a las que se usaban en la antigüedad para entrenar a los guerreros, allí veo a varios mortifagos, me atrevería a decir que es el círculo más cercano al Lord pues ninguno lleva mascara, como si no temieran revelar su identidad.
- ahora si podemos comenzar el entrenamiento – Malfoy es quien habla, no me sorprende que sea él quien se encargue – tomen cada uno una espada y fórmense con las parejas habituales, Weasley tu vas conmigo.
Las personas se dirigen a lo que parece un armario, seguramente a buscar su espada, me sorprendo cuando veo al primero que empuña la suya, tenía la vaga idea de que serian de madera ya que es un simple entrenamiento, un escalofrío recorre mi espalda, debo admitir que tengo miedo.
- no te asustes – una voz me susurra a mi espalda – trataré de no matarte.
Trago saliva duramente como si en vez de líquido pasaran piedras por mi garganta, me dirijo a tomar una espada, solo para darme cuenta que queda una, la tomo y con alivio descubro que por lo menos soy capaz de levantarla aun cuando pesa más de lo que se recomendaría para mi contextura.
En realidad de esgrima se poco, tuve muy poco tiempo para prepararme, eso sin tener en cuenta que mi maestro me enseño la teoría mas no la práctica, he de valerme de mis reflejos de cazadora si quiero por lo menos poner en riesgo la sonrisa de Malfoy.
- a mi orden – cada uno se pone en frente de su pareja en posición de ataque, yo hago lo mismo, no puedo evitar que un nuevo escalofrío me recorra al ver la sonrisa de superioridad en la cara de mi oponente, seguro de que va a ganar - empiecen.
El choque de las espadas se escucha casi al instante, Malfoy lanza su primer golpe que yo torpemente soy capaz de parar, una idea cruza por mi mente, mi única oportunidad es distraerlo.
- y dime Malfoy, para que un grupo de mortifagos experimentados en las artes oscuras necesitarían de un entrenamiento de esgrima en vísperas de una guerra – sonríe de medio lado, una sonrisa que solo quiere decir "es bueno saber algo que tu no"
- a veces la magia podría ser neutralizada, eso ya deberías saberlo – los golpes no han parado, lamentablemente solo soy capaz de defenderme, cada uno es más rápido que el anterior – o ¿porque crees que Gryffindor tenía una espada?.
- ¿tal vez porque fue hace cientos de años cuando los magos no abundaban y el mundo vivía en constante guerra?
- para haber sido entrenada por la famosa orden del fénix eres bastante ingenua
Nuestras espadas se cruzan una vez mas y quedamos solo separadas por ellas, nos miramos fijamente retándonos y casi sincronizados saltamos un poco hacia atrás para alejarnos el uno del otro y reanudar el baile donde el ataca y yo me defiendo.
- impresionante lo que hiciste con Bella, pero bastante patético lo que haces conmigo – una pequeña vena me empieza a palpitar en la sien, señas de que estoy perdiendo la paciencia debido a la impotencia, obviamente el está ganando.
Me deja por fin un segundo libre en el que intento atacarlo, al parecer ya lo tenía planeado porque aprovechando el momento en el que ataqué desvió mi espada y posicionó la suya a centímetros de mi cuerpo, parando justo en el momento donde parecía que podía asestarme un golpe.
- te dije que iba a tratar de no matarte – sonríe de nuevo con superioridad, ha ganado a mi pesar con una clara ventaja.
