Resumen: Una gran tragedia golpeó a la familia real años atrás y nuevamente esa tragedia se repetiría quebrando el corazón de la única persona que lograba mantenerse fiel a sus sentimientos. Cuando Ariel siente que la vida se escapa de las manos y que no hay nada más allá del agujero negro, su familia y aquel chico nuevo que conoció, intentará devolverle la sonrisa a toda costa.

~ Disclaimer: The Little Mermaid es una obra escrita por Hans Christian Andersen y una adaptación al cine y a la televisión basada en el libro.


~ Melodía del corazón ~

3
Bajo la luz de la luna

Ariel observó el reloj que se encontraba en la pared con una mueca, faltaban solo diez minutos para las diez de la noche y realmente comenzaba a preocuparse cuando Alana no había vuelto al camerino como había prometido para que pudieran volver a casa. Una parte de ella quería ir en busca de ella y arrastrarla de regreso a casa, pero cuando había llegado al comedor, se había detenido ahí con una mueca incomoda. Podía ver a su hermana mayor sonreír y reír con el muchacho, un ambiente cómodo y romántico en cierto sentido los rodeaba, lo que hacía que ella no quisiera romper ese ambiente recordándole a la chica que tenían diez minutos para volver a casa.

– Tal vez deberíamos irnos nosotros dos.

– Pero no puedo volver sin Alana.

– ¿Quieres interrumpir su cita?

– No…

– ¿Entonces?

– No lo sé – Ella dejó escapar aire pesadamente.

Apoyó su mano en la pared echándole un vistazo rápido a las personas que se encontraban cenando y entre la multitud, algunos bebían y otros comían, otros simplemente conversaban. Ella se estremeció nerviosa mientras desviaba la mirada.

Odiaba el Club Marítimo.

Ese ambiente de juez que había era molesto. Aquel era un espacio en el cual ella nunca tendría un lugar, eso lo sabía perfectamente cuando fue ahí por primera vez con Sebastián.

Esa sensación, sus manos temblando ante su petición, la mirada indignada del dueño y del público. Ariel nunca le había contado a nadie la experiencia ahí porque para empezar en su familia no había nadie interesado en la música así que tampoco sabía si contarlo o no y de sus amigos solo Flounder lo sabía. Sebastián le había asegurado que la razón por la que la había llevado ahí no era sino la misma por la cual se sintió de esa forma. Él quería que ella viera algo aterrador, algo que si no fuera porque su protector se lo explico ella pudo haber quedado traumatizada. No es que hubiera sido algo grave, solo fue una experiencia desagradable, pero la comprendía bastante si lo pensaba bien.

Y nuevamente, la hora en la pared le hacía temblar. Por una vez en su vida, romper las reglas no era su culpa. No sabía si reír o llorar, francamente.

Ella vio a Perla dirigirse hacia la barra de bebidas y tras dudar unos momentos se acercó a ella rápidamente con el muchacho siguiéndola. Toco su hombro antes de dirigirle una sonrisa al muchacho que la estaba acompañando, Perla sonrió alzando las manos y rodeándola por los hombros.

– ¡Oh! Esa es mi chica – Ella dijo con una sonrisa – Esa actuación fue… esplendida, la mejor que haya escuchado

Ella hizo una mueca antes de mirar por su hombro hacia donde su hermana se encontraba.

– Perla, le he enviado unos mensajes a Alana, pero no me responde. Se supone que debemos estar en casa a las diez.

– Sí, ella mencionó algo por ese estilo, pero no puedo hacer nada – Se encogió de hombros – Hey, te presento a Bill. A él le gusto tu actuación

– ¿En serio? – Alzó la ceja.

– Sonaba bien, pero algo extraña, como si intentaras cambiar algunas notas.

– ¿Estudias música?

– No, pero frecuento lugares como este.

– Oh – Ella hizo una mueca. Todo el mundo era crítico, ¿verdad? – De todos modos, Perla…

– Escucha, dame una media hora más y luego iré a por Alana, ¿sí?

– Pero papá dijo…

– Ariel, eres mejor que esto, ¿verdad? Te gusta divertirte y puedes hacerlo – Ella sonrió con calma – Relájate, bebe algo y aprovecha esta oportunidad única en tu vida

Ella resopló. Oportunidad única, eh. Lástima que esa en realidad no era la primera vez que estaba ahí.

– Bien, media hora – Ella dijo apretando los dientes – Iré fuera un rato, quiero aire.

– Lo prometo, llevaré a Alanita sana y salva – La rubia sonrió acercándose a ella para susurrarle al oído – En serio gracias por hacer esto por nosotras. Te lo pagaré. Eres la mejor

Era sincera, eso podía decirlo.

Ella asintió antes de marcharse del lugar y luego resopló.

– Bueno, eso no fue tan bien – Comentó Flounder mientras salían del lugar – El centro de videojuegos sigue abierto ya que es viernes, ¿qué tal si vamos ahí?

– No lo sé – Ella hizo una mueca – Debería esperar a Alana, ¿no crees?

– Sí, tal vez, pero… – Él muchacho se encogió de hombros – Es la primera vez que estamos fuera sin que hayan unos hombres siguiéndonos

– Es verdad – Ella rió – Probablemente sea buena idea

Ariel observó la plaza de la ciudad con una sonrisa amplia. El centro de la ciudad, su corazón y su alma. Era la unión entre cada rincón y por supuesto el lugar más grande todo el reino.

Atlantica era una ciudad en el océano, literalmente, a la cual no era sencillo llegar ya que al estar aislada del resto del mundo, la única manera de llegar ahí era en grandes barcos de turismo o de viaje. En realidad no era una isla, pero de cierto modo en algunas zonas de la ciudad habían montículos de arena que se elevaban por sobre el nivel del mar creando una playa alrededor de la ciudad. Era casi como un cráter. Los suelos de la Atlantica eran bastante llamativos y preciosos ya que el patrón de estos eran tres columnas en las cuales dos de ellas, las dos laterales eran cristales reforzados que permitían tener una vista del agua que se mecía bajo sus pies y en el medio había una baldosa de color azul, al menos las calles que no eran transitorias para los autos y si para los peatones ya que la de los autos eran cemento sólido.

La plaza de la ciudad si bien era inmensa también era bastante importante ya que en ella se encontraba una estatua especial. La ciudad del mar debía su estilo de vida a una vieja leyenda que circulaba por las calles de esta ciudad. Años atrás, muchas décadas y siglos, la leyenda comenzó como una realidad pero en la actualidad nadie estaba seguro de sí seguía siendo una realidad o no y aunque eso era así nadie le impedía a esa leyenda ser parte de la cultura de la Atlantica.

La leyenda decía que durante una migración submarina, las sirenas –seres mitológicos hoy en día– nadaron por los mares buscando un nuevo hogar luego de que el suyo hubiera sido destruido por un tifón. Durante varias lunas y varios soles ellas finalmente encontraron una pequeña isla en medio de la nada, un paraíso precioso en los cuales habitaron durante años hasta que los hombres terrestres llegaron. Si hubo un enfrentamiento entre ellos, Ariel lo desconocía, ya que la leyenda contaba que los hombres, seducidos por las sirenas, envueltos en una melodía de amor puro, formaron un hogar en aquella isla, la cual fue desapareciendo con el tiempo hasta haberse formado la Atlantica. La ciudad había se había formado entre el amor de una sirena y de un hombre que había traspasado las épocas y las leyes de los humanos, convirtiéndose en una historia de amor verdadero.

Desde tiempos remotos, la ciudad del mar celebraba el Festival de la Sirena, una celebración especial que se hacía en el aniversario de la ciudad cada año, en el cual el espectáculo principal era siempre una obra dedicada a la leyenda de las sirenas.

Existían algunas versiones en las cuales decían que la Atlantica ya existía cuando las sirenas llegaron y fueron ellas, quienes curiosas por el mundo que no conocían fuera de la superficie, se enamoraron de este y de los hombres que vivían en el.

Para Ariel, esta versión resultaba ser mucho más realista que la anterior. Ambas eran románticas a su manera.

En el centro de la plaza había una estatua de una sirena que extendía su mano hacia el sol, su cabello ondulando y su cola batiéndose entre las olas. Esta era una representación de las sirenas extendiéndose por el mundo.

Pronto iba a ser el Festival de la Sirena y todos estaban como locos por ello. Por supuesto, ella también estaba emocionada por el festival, no lo iba ni podía negar.

– ¿Tienes dinero? – Alzó una ceja mirando hacia su mejor amigo.

– Sí, tengo algunos billetes para que podamos jugar – Él sonrió mientras entraban en el centro de juegos.

Ella asintió agradecida mientras echaba una mirada a su teléfono. Solo media hora y luego volvería al Club Marítimo.

¿Por qué las cosas nunca iban como ella lo quería?

Era una buena persona, no tenía malas intenciones, entonces… ¿por qué diablos estaba huyendo de unos adolescentes enfurecidos cuando ella no tenía la culpa de lo que había sucedido?

Flounder había sido su mejor amigo desde que eran pequeños y se conocieron en su primer día del jardín de niños. Ella siempre se había sentido cómoda junto a su amigo, debido a que sin importar a que familia perteneciera ella, Flounder jamás la había tratado como una princesa, al contrario, la trataba como lo que era: una chica traviesa que le gustaba divertirse con sus amigos y causar problemas.

En cierto modo ella lo amaba por eso.

Desde que eran pequeños él jamás pensó en ella como parte de la realeza, siempre la vio cómo su mejor amiga y como tal no tenía miedo –pese a que por naturaleza era algo miedoso– de decirle cuando estaba loca o cuando solía regañarla, muy a diferencia de otros chicos que apenas podían contradecirla sin temblar.

Eso es lo que ella adoraba, ser una chica común y corriente y la única persona en ese mundo que podía entregarle eso era su mejor amigo.

Oh, él era tan lindo y cariñoso que casi se sentía mal por lo que le hizo a su cabello hace dos meses.

Casi.

A ver, desde su punto de vista fue un accidente. Incluso el profesor dijo que fue un accidente. Ella realmente no tenía la intención de entregarle el frasco equivocado a Flounder cuando se encontraban en clase de química preparando un experimento. Ella simplemente se había confundido por un tecnicismo debido al aroma de cada frasco. Como fuera, la mezcla equivocada de los frascos había causado una pequeña explosión que en una nube de polvo azul, completamente surrealista, le había teñido el pelo de color azul por completo. El chico casi sufrió un infarto ese día y como no hubo ningún herido ella no recibió un castigo en el colegio, pero su padre no estaba tan contento por eso y definitivamente la madre de Flounder no lo estaba.

Ella consideraba que Ariel era mala influencia, lo cual… podía ser cierto, ella no lo iba a negar. Pero al mismo tiempo que la madre del chico lo pensaba, sentía que esa mala influencia de cierto modo era buena para el muchacho introvertido y tímido que era, porque por alguna razón, cada vez que estaban juntos Flounder dejaba de ser un muchacho tímido y se volvía uno más alegre y extrovertido.

Hacia dos meses que le había teñido el cabello con esa mezcla rara del laboratorio de química y en dos semanas se había desteñido gran parte del color azul, ahora simplemente quedaban solo mechones azules que ya con más de un mes, seriamente Ariel consideraba que iban a ser permanentes. Al muchacho desde luego no le molestaba tener el cabello así, pero definitivamente había hecho que ella repasara al menos cuatro veces los nombres de las mezclas y los frascos antes de cada clase de química.

Lo odiaba.

Jugaban en una máquina de carreras en la cual debían ganar la carrera contra reloj.

Divertirse con Flounder siempre hacía las cosas mejores, por alguna razón que ella desconocía siempre se olvidaba de sus preocupaciones, probablemente porque él se encargaba de recordarlas por ella. Ese día era lo contrario, mientras Flounder parecía querer olvidarse de sus preocupaciones, ella no podía evitarlo. Era uno de esos raros momentos en los que ambos intercambiaban papeles. Se complementaban mejor así.

– Media hora está bien – Ella murmuró mientras intentaba contactar con Alana luego del tiempo transcurrido – pero algo me dice que vamos a extendernos por más tiempo

– Deberías advertir a Sebastián.

– Pero – Hizo una mueca – se supone que Alana estaba a cargo. Normalmente no me importaría decirle a Sebastián para que ejecute el plan de rescate

– Oh, si lo haces Alana conocerá el pasadizo secreto – Él hizo una mueca – ya no será nuestro secreto entonces

– Bueno, más que eso, es por el hecho de que no sé qué hacer realmente. Si fuera por mí, entrar escondidas a casa no sería un problema, pero ella es más responsable.

– Así es como tú deberías ser – Murmuró el muchacho mientras recogía unos tickets de la máquina de juego – ¿quieres jugar jockey de aire?

– Sí, espera – Ella asintió mientras tecleaba rápidamente en su teléfono – Le he dicho a Sebastián la situación y que no haga nada de momento. Cuando Alana termine su cita ella dirá que hacer y hasta entonces… el perdedor pagará las bebidas

– Vas a dejarme en bancarrota, ¿lo sabías? – El muchacho se rió.

Ella sonrió mientras metía las manos en sus bolsillos para sacar algunas fichas – Tengo una mejor idea. El perdedor cargará los premios del otro en el Festival de la Sirena

– Oh, eso se ha puesto interesante – Él sonrió amablemente – No voy a dejártelo fácil. Sueles cargar muchas cosas durante el festival cada año, un montón de premios

– Pero tú siempre tienes un montón de dulces.

– Supongo que así es como estamos a mano.

Contactarse con Alana hubiera sido más fácil si ella tan solo hubiera ignorado el reto, si tan solo hubiera vuelto al club no habría tenido que salir corriendo del centro de videojuegos cuando accidentalmente Flounder mando el pock a la cabeza de un chico universitario que se encontraba con un grupo de amigos.

Ella hizo una mueca e intentó intervenir cuando Flounder, asustado, se disculpaba con el muchacho pero parecía que este no estaba aceptando lo que el chico tenía para ofrecerle en son de paz y cuando lo agarró del hombro, listo para golpearlo, la pelirroja entró en pánico y sin pensarlo dos veces, agarro uno de los mazos de esponja de uno de los juegos de golpear a un topo y lo utilizo para golpear al chico y que soltará a su amigo.

– ¡Esa no fue una buena idea! – Flounder le grito mientras escapaban de tres jóvenes enojados.

– ¿Te parece? – Ella frunció el ceño – Debí haber llamado a uno de seguridad

– ¡No me digas! – Él la miró molesta – ¡Vamos a morir, Ariel!

– Solo sigue corriendo y no te detengas…

– ¿Por qué habría de detenerme? – Él preguntó alterado. Agarró la mano de la chica y dobló en una esquina para poder perder a los chicos. Podía escuchar sus voces enojados, uno de ellos incluso hablaba de matarlos, lo que revivía su temor de estar cerca de morir cada vez que estaba cerca de Ariel.

En algún momento mientras huían se separaron y para su desgracia, Ariel comenzaba a aterrarse de lo que había sucedido. Apenas tenía tiempo de preguntarse si Flounder estaba bien ya que ella misma seguía huyendo, pero a pesar de eso, en su mente seguía repitiéndolo: si tan solo hubiera ido en busca de Alana…

¡Esto no estaría pasando!

Chocó contra alguien al doblar la esquina y cayó al suelo tras tambalearse. Gimió adolorida. Escuchó unas voces detrás de ella que fueron opacadas en cuanto alzó la mirada para ver a la persona con la cual había chocado.

Ella no era un artista, pero si sus manos hubieran sido tan buenas para dibujar como lo eran para tocar el piano, ella sin duda le habría encantado retratar la imagen del muchacho de cabello negro y ojos azules junto a la hermosa luna llena que se encontraba detrás de él. Parecía una escena sacada de un cuento de hadas. El chico inclinándose haca abajo extendiéndole la mano, vistiendo con una camiseta blanca y unos pantalones azules que le sonreía y al mismo tiempo la observaba preocupado por haber permitido que cayera al suelo al chocar.

El corazón le latió con fuerza y ella casi podía experimentar una melodía que hacía bailar a sus dedos. Casi quería llorar por no tener un piano cerca para quitarse esa sensación de su cuerpo. Era como si estuviera desesperada por hacerlos bailar, por llenar el aire con una tonada acelerada, una tonada que fuera confusa y al mismo tiempo clara.

Lo que sentía no lo había experimentado antes y no estaba segura de saber qué estaba sintiendo.

Aceptando la ayuda del muchacho, pudo sentir un hormigueo en sus manos que era completamente diferente a la excitación que sentía cuando estaba tocando. El hormigueo que sintió ahora hizo que su estómago se revolviera y a su vez su corazón daba muchos más saltos que antes. Los hormigueos que sentía cuando hacia música por lo general, si bien llenaban su corazón de satisfacción también hacían que su sangre hirviera de emoción para seguir tocando. Esto era diferente. Una sensación nueva que jamás hubiera esperado experimentar y por lo mismo no tenía un nombre para ella.

El muchacho de ojos azules le sonrió ampliamente. Era ligeramente más alto que ella, apenas unos centímetros más. Era de hombros anchos y no aparentaba ser mucho mayor que ella. Aún era joven, pero tenía un aire bastante maduro rodeándolo.

– ¡Ahí está! – La voz del chico del centro de videojuegos resonó con rabia rompiendo el ensueño Ariel y causando que volteara la mirada hacia atrás – Es ella oficial

Tragó saliva nerviosa e instintivamente dio unos pasos hacia atrás hasta quedar oculta detrás del muchacho, sujetándolo del hombro y apenas sacando su cabeza para observar al oficial a dos de los chicos que había atacado para proteger a su amigo.

El oficial dio unos pasos hacia ellos mientras fruncía el ceño mirándolos.

– Disculpe, ¿pero sucede algo?

– Me temo que sí. Esta chica debe venir conmigo a la estación de policía por agredir a alguien.

– ¿Agredir? – Él alzó las cejas con sorpresa.

– Ella me ataco con un mazo.

– Ibas a golpear a mi amigo – Ella se defendió.

– Él me golpeó primero.

– Fue un accidente y se disculpó contigo.

El muchacho de cabellos negros dio un paso enfrente hacia el oficial, calmado y al mismo tiempo con una expresión firme en su rostro. Ella lo observó con sorpresa.

– Estoy seguro de que todo esto es un mal entendido y un accidente, pero no volverá a pasar – Dijo con calma – Por lo visto, ambas partes tienen la culpa, ¿no?

– Bueno, sí – El oficial torció el gesto mirando hacia el chico que lo había llevado hasta ahí.

– Además, ¿no le parece peligroso?

El oficial parpadeó.

– Sí, es decir, ¿es normal que un chico mayor intente hacerle daño a una joven? – El pelinegro siguió intentando razonar – ¿No es ese un tema por el cual preocuparse? Independiente de lo que haya pasado antes

– Oh, es verdad.

– ¿Qué? Yo no iba a hacerle daño.

– Oh, entonces ella huía de ti porque jugaban a las escondidas, ¿verdad?

– No, bueno, quizá si pensé pero… ¡Quién rayos eres tú! – El chico lo miro enojado – Mejor ándate a otro lado, este no es un tema que te concierna

– No por ello voy a ignorarlo.

El oficial torció los labios antes de voltear a mirar a Ariel. Parecía estudiarla de pies a cabeza antes de tensar los hombros con sorpresa y a sí mismo retroceder preocupado.

– Oh dios – Exclamó causando que todos, incluida ella, lo miraran confundidos. Claro, para Ariel la confusión le duró muy poco ya que había visto este tipo de reacción antes y sabía que iba a salir impune de lo que fuera que pudieran haberla culpado. A veces ser princesa tenía sus ventajas para momentos como este, pero a veces ella incluso consideraba que era injusto que la trataran diferente – Y-yo realmente lo siento. Dejaremos pasar el tema por hoy y me asegurare de que este incidente no se vuelva a repetir

– No es realmente necesario ser tan formal – Ella murmuró casi con un puchero mientras volvía a agarrar al muchacho pelinegro del hombro y apenas sacando la mirada por encima del hombro de éste – Fue un accidente, es lo que intentaba decir, pero él no quiso escuchar e intento golpear a mi amigo

El oficial asintió antes de voltearse a mirar al muchacho – Dejaremos pasar este incidente.

– ¡No puede hacer eso!

– Por lo que estoy viendo, el joven tiene razón aquí. Intentar atacar a una chica – Él murmuró molesto – a esa chica en particular

– ¿Qué importa quién sea? No por eso debe tener un trato especial.

– Como haya sido la situación, parece ser que tú iniciaste la pelea. Si el chico intentó disculparse contigo y no lo escuchaste…

– Es una mierda – El chico dijo molesto antes de voltear a ver a la joven y luego darse vuelta – No debí haber ido con la policía, nunca hacen nada bueno

– Puedo escucharte, chico – Dijo el oficial molesto – y si no quieres cabrearme, mejor deja esa actitud

Ella vio como el oficial se marchaba junto con los dos chicos y cuando estaban fuera del alcance de ellos, dejó escapar un suspiro aliviado sintiendo su cuerpo drenar todo el miedo que había sentido. Ella realmente no creía que el chico fuera a golpearla, de hecho, ni siquiera lo había pensado, simplemente había huido por inercia, no por otra cosa.

– Me parece que te acaban de dar un trato especial – Murmuró el joven casi con una risa antes de voltear a mirarla.

– Debe haber sido tu imaginación – Ella sonrió levemente – Gracias por ayudarme

– Rescatar chicas en peligro es mi afición – Él sonrió ampliamente – Soy Eric, soy nuevo por aquí

– Ariel. Yo he vivido toda mi vida aquí – Mentalmente quiso golpearse por decir algo como eso. De pronto no comprendía por qué sentía que debía tener extra cuidado para hablar con él, quizá porque se sentía torpe o quizá porque no quería que él pensara que era una tonta. Se aclaró la garganta.

Él rió – Vine de visita con unos amigos – Comenzaron a caminar hacia la plaza – y estábamos en un restaurante. Decidí salir a caminar un poco y me he perdido

– Estoy segura de que tiene solución – Ella señaló la estatua en el centro de la plaza – Este es un punto de encuentro y de referencia. Una vez aquí puedes llegar a cada rincón de la ciudad

– Eh, ¿de verdad? – Eric parpadeó sorprendido.

– Sí, pero se necesita algo de experiencia para no perderse aun así – Ella se rió suavemente.

– Entonces… supongo que necesitaría un guía, ¿algún voluntario?

Parpadeó sorprendida y estaba por responder cuando una voz femenina llamó a su nombre. Ella miró por encima del hombro del muchacho y vio a Alana y a Flounder correr hacia ella, detrás de ellos, Perla caminaba en calma junto con los dos chicos que habían sido las citas de las dos chicas. Ella se mordió el labio y luego miró al chico.

– Tal vez en otro momento pueda enseñarte la ciudad, ya sabes, por haberme ayudado con la policía.

– Eso suena bien – Él sonrió – ¿Te metes en este tipo de problemas a menudo?

– ¿Eso sería un problema? – Alzó una ceja sonriendo.

– Sería interesante, hasta divertido, podría ser.

– Ojala las demás personas lo vieran así – Murmuró para sí misma unos segundos antes de que la pelinegra se le acercara y le diera un abrazo.

– ¿Dónde diablos te habías metido? Me tenías preocupada.

– No causando problemas si es lo que piensas – Ella respondió automáticamente. Echó un vistazo al muchacho que le guiñó el ojo causando que algo se removiera dentro de ella. Parecía una promesa de silencio.

– Estaba buscándote cuando nos separamos – Flounder dijo rápidamente – y me encontré con Alana, ¿estás bien?

– Sí, obviamente – Ella dijo con una sonrisa pequeña.

– Bien, yo ya debo irme – El muchacho pelinegro dijo con una sonrisa mientras buscaba con la mirada la zona de los restaurantes – Espero que nos volvamos a ver, Ariel…

Ella asintió levemente mientras lo veía marcharse con una sonrisa en sus labios. Su propia sonrisa se extendió mientras veía al muchacho marcharse bajo la luz de la luna y la melodía de las olas que rodeaba la ciudad. Nuevamente quiso ser pintora para retratar esa imagen en un lienzo blanco, pero en ese momento, sonata Moonlight jamás había sonado más hermosa y misteriosa que en esa ocasión mientras el chico marchaba de regreso con sus amigos.

– Ese chico era guapo – Perla se acercó con las manos en la cintura y una sonrisa en los labios. Le dio unos codazos – ¿quién era?

– Solo un chico bajo la luz de la luna – Ella respondió inconscientemente mientras la melodía sonaba en su cabeza. Tan suave y delicada, con tonos graves y calmados, serenos como aquella noche en un día viernes, irreal e inesperado.

Alana y Perla intercambiaron una mirada confusa ante la respuesta de la pelirroja.

Tras una breve despedida, el chico llamado Bill se marchó junto con Perla para poder llevarla a casa antes de que sus padres comenzaran a preocuparse. Alana tardó un poco más en despedirse del chico, como fuera que se llamara, mientras Ariel se alejaba un poco para darle espacio.

– Creía que íbamos a morir hoy – Flounder suspiró – pero parece ser que los perdimos, ¿no?

– En realidad diría que nos salvamos a duras penas – Ella asintió mientras torcía los labios – Va a ser media noche. Tal vez debería pedir ayuda a Sebastián

– O dejar que Alana se responsabilice por llegar tarde, ¿no? – El chico dijo mientras sacaba su teléfono – Ya sabes, ella podrías aprender algo de ella si lo hace

– Mírala – Ariel murmuró – ¿Cómo puedo pedirle que se responsabilice y que papá la castigue por faltar a su palabra? No dejará que vea a ese chico nunca más y menos si se entera de que lo que pasó en los videojuegos

– Ariel, sé que esto es difícil entender para ti, pero creo que lo mejor que puede hacer ahora es decir la verdad.

– Eso apesta – Ella murmuró.

– Esta bien, pequeños, ¿nos vamos?

– Solo eres cinco años mayor – Ariel alzó una ceja hacia su hermana luego de que ella se hubiera despedido del muchacho.

– Eso te convierte en una niña aun – Ella sonrió antes de mirar a Flounder – ¿Quieres que te acompañemos a casa?

– No, puedo volver solo – Él hizo una mueca – Suerte, Ariel

– Gracias – Ella murmuró mientras observaba al muchacho marcharse en otra dirección.

El silencio cayó durante unos minutos mientras ambas chicas observaban al chico alejarse cada vez más. Luego de un tiempo, Alana comenzó a caminar mientras en dirección del castillo.

En silencio la pelirroja la siguió, observándola de vez en cuando con curiosidad por saber lo que pensaba.

Las olas se podían oír a duras penas desde el centro de la ciudad y el intensó aroma a mar llenaba el aire bajo aquella noche estrellada. Llevando las manos tras su espalda, Ariel alzó la vista al cielo observando aquel manto de puntos brillantes sobre su cabeza que iluminaban aquella vieja ciudad que había existido desde hacía tanto tiempo.

– Lamento lo de hoy.

Bajó la mirada alzando una ceja. Alana apenas había hablado en voz alta y si no fuera por el silencio de la noche, probablemente Ariel no la hubiera escuchado hablar.

– ¿De qué estás hablando?

La muchacha se detuvo un momento permitiendo que la pelirroja pudiera posicionarse a su lado y luego emprendió el paso nuevamente caminando a la par.

– Estuvo mal haber usado a mi hermanita como una excusa para tener una cita con un chico – Sonrió forzadamente la muchacha antes de soltar un suspiró – Se suponía que íbamos a ver el recital, ni siquiera te escuche tocar música y luego te perdí de vista

Ariel sonrió cegando su visión por un instante antes de volver a mirar el cielo estrellado – En realidad, yo fui a tocar el piano, así que no hiciste nada malo, ¿no?

Ella suspiró – ¿Cómo puedes ser tan despreocupada?

– Supongo que – Apoyó su dedo índice en su mentón mientras pensaba con una sonrisa en los labios – cuando te preocupas demasiado pierdes de vista lo que hay enfrente

La muchacha parpadeó confundida mientras la pelirroja le devolvió una sonrisa misteriosa. Una suave melodía la envolvió mientras caminaba junto a la mayor de regreso a casa. La imagen de una niña pequeña sosteniendo en sus manos una concha de mar abierta que emitía una delicada melodía misteriosa que llenaba el aire y sacaba una sonrisa a quienes rodeaban a la niña. Sus ojos brillando de la emoción mientras ella, apoyada sobre sus rodillas, le sonreía a la pequeña murmurando que no debía perderse nunca las cosas pequeñas de la vida.

– Aun así – Siguió hablando Alana – Independiente de la razón por la que fuimos ahí en primer lugar, estuvo mal haberte dejado sola, sobre todo porque se suponía que debía cuidarte. Soy mayor y si no puedo cumplir mi palabra, no con papá sino conmigo misma entonces realmente he fracaso. Attina no lo hubiera permitido

– Attina me habría atado a la silla con tal de evitar que yo desapareciera – Murmuro Ariel con una mueca desviando la mirada levemente.

Alana rió suavemente – A propósito – La pelirroja la miró – Había una razón por la cuál no querías tocar ahí

– Uhm, sí, había una – Ella dijo con un tono serio mirando a la chica mientras se detenía. Metió las manos en los bolsillos de su chaqueta cuando una ráfaga de viento azotó de golpe y su cabello danzó con la corriente. La pelinegra la miro con intriga, sorprendida por la expresión en su rostro – No quería tocar ahí… porque sabía que tú no querías escucharme tocar…

– ¿Ah?

– Es broma – Ariel rió suavemente antes de reanudar su caminata. La muchacha le lanzó una mirada molesta – En realidad no me gusta el Club Marítimo. Sebastián me llevó ahí una vez

– ¿Eh? ¿Papá lo sabe? – La chica respondió con un asentimiento.

– Nunca se lo he contado a nadie – Soltó una suave risa – pero después de que Sebastián me llevó ahí... hubo un tiempo en que no quise volver a tocar el piano nunca más. Si no fuera por él… probablemente lo habría dejado en ese entonces

La pelinegra parpadeó sorprendida mientras intentaba hacer memoria de alguna ocasión en que el piano no se hubiera escuchado por la casa. Si bien era cierto que siempre sonaba la melodía de aquel instrumento por los alrededores del castillo también lo era que había ocasiones en las que no se escuchaba ni una sola nota. Ella solía aprovechar esas ocasiones para poder usar el salón familiar sin necesidad de tener que usar tapones en los oídos para escuchar la molesta melodía, pero eran tan escasas esos momentos que no estaba segura del todo de cuándo sucedió lo que la chica le estaba contando.

– La primera vez que entre ahí estaba emocionada. El Club Marítimo era un lugar especial, no solo donde los adultos eran los únicos que podían entrar, al fin y al cabo solo es un restaurante por lo que de especial solo tenía el entretenimiento: la música en vivo. La melodía de los pianistas, los violinistas danzando a la par de sus notas, las notas volando en el aire y llenando cada rincón… – Una sonrisa ensoñadora se dibujó en sus labios – Era impresionante y yo quería tocar ahí. Quería hacer lo mismo que esos músicos hacían: grabarse en el corazón de alguien, pero entonces me di cuenta de la realidad… – Ella resopló de mala gana antes de mirar hacia el cielo nuevamente – La música que ellos tocaban no les pertenecía, no eran creaciones propias sino que eran clásicos que todos habían escuchado. Tanta precisión y firmeza. No había pasión, solo un vacío que dejaba el tocar aquella melodía. Y aun así era capaz de atravesar a los clientes de alguna manera en que nunca supe comprender. Cuándo le pregunte a Sebastián y al gerente el por qué, él simplemente se burló «No hay espacio para ese tipo de música en un lugar tan refinado como este»…

»La mayoría de los clientes que asisten, no van a llenar sus oídos con la música; van a juzgar a los músicos. La precisión que tienen al tocar las melodías de Mozart o las de Beethoven, la expresión en los rostros de los músicos, si lo disfrutan o no. A ellos no les importa la música, solo son ricos que pagan por un espectáculo bien hecho y no por uno que cambie tu manera de ver las cosas.

– ¿Por eso estabas nerviosa?

– Algo así – Se encogió de hombros – Sebastián quería que viera ese lado del público porque sabía que tarde o temprano iba a lidiar con eso. En el momento en que me pidió tocar alguna melodía que yo quisiera, ninguna creada por otro compositor, supe que estaba enviando a una niña pequeña hacia su perdición. Esas expresiones de repugnancia que tenían los clientes no se borraron de mi memoria y estaba lista para dejarlo de lado porque… si esto es lo que significaba ser músico, atenerte a las reglas de otros, no lo quería ser. Pero él se negó a permitirlo. Dijo que la música tenía el poder de cambiar las cosas y que las personas de mentes cerradas nunca verían a otros compositores que no fueran los clásicos conocidos. Entonces, cuando yo pensé que los clientes tenían razón en que solo había una forma de tocar, él dijo «tu madre amaba la música porque entregaba sentimientos, los sentimientos del compositor. Tiene un lado mecánico y un lado idealista. Los grandes compositores también estuvieron en nuestro lugar alguna vez, todos intentando mostrar su interior a través de la música: su pasión, su dolor, su alegría y ahora es nuestro turno de hacerlo».

– Mamá… – La muchacha bajó la mirada apretando la mandíbula con fuerza. El recuerdo lejano de la mujer que le había dado la vida se hizo presente en su memoria.

– Y luego tocó el piano… – Con una expresión maravillada, una sonrisa se extendió en los labios de Ariel mientras caminaban. Una estela de color plateada llevada por la corriente de aire danzó alrededor de ambas chicas creando un ambiente mágico que ninguna podría olvidar – «Donde las palabras fallan, la música habla.» Fue la frase que se me vino a la mente cuando lo escuche tocar su propia melodía. Así que no abandone la música, al contrario, me sentía llena de adrenalina. Romper las reglas, no perder de vista lo que hay enfrente: un campo lleno de mala hierba que oculta las flores esperando a florecer al son de la melodía y los rayos del sol que caían sobre ellos.

– Eso es muy maduro viniendo de ti – Alana se rió suavemente alzando la mirada hacia el cielo.

– Yo sé que a ustedes le molesta mi música – Habló con un tono suave mientras sonreía la pelirroja – Sé que es incómodo y trae malos recuerdos, pero yo era una niña y los malos recuerdos que ustedes tienen no están en mi memoria. No hay forma de que yo vea el daño que puede provocar el piano y por eso mismo sigo tocando, porque sé que la música solo es un método de expresión más, una forma de hablar con otros. Mis recuerdos son vagos, pero sé que mamá no hubiera querido, que aquello amaba más en este mundo, desapareciera a la vista todos y causara daño…

Hubo un silencio momentáneo. Cada una de las dos chicas metidas en sus propios pensamientos, ignorando lo que podía o no cruzarse por la cabeza de la otra. El castillo estaba a solo unos metros más, casi se podían vislumbrar gracias a la luz de la luna, la silueta de los dos guardias que se encontraban en las puertas del castillo, rodeando el muro que separaba a los habitantes del reino del bello jardín que protegían los empleados del rey.

– Hable de más… – Ariel murmuró sin mirar a la chica. Un susurro tan suave que fue una caricia provocada por una pluma.

– No… – Alana respondió con el mismo tono – No lo hiciste

Continuará…


N/A: Bueno eso es todo por, espero que les haya gustado el capítulo. No lo he decidido aún, creo creo que actualizar día por medio de momento suena bien, bueno para mí es noche de por medio porque actualizo por la noche así que... En fin, esto es de momento porque quiero subirlo bastante seguido y espero que lo estén disfrutando.

~ Comentarios:

- TsukihimePrincess: Jaja, no creo que Ariel sea ese tipo de persona, pero con el enfoque adecuado habría sido divertido verlo.

"Donde las palabras fallan, la música habla."
- Hans Christian Andersen

Dejen Review.
Se despide Lira12.